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lunes, 19 de septiembre de 2011

LA RECONSTRUCCIÓN DE LA IGLESIA DE SOTO A COSTA DEL ARCEDIANO

A la memoria de M.E.D.P.

La que posiblemente fue la iglesia medieval de Soto llegó hasta el año 1642, fecha en la que “la capilla mayor y cuerpo y campanario de la dicha parroquial del dicho lugar se está cayendo y se tiene necesidad de haçerle todo de nuevo”.  De manera que el párroco, vecinos y mayordomo, reunidos a concejo, se ponen de acuerdo con un maestro de cantería para reconstruirla, todo bajo los auspicios de Don Pedro Diaz de Oseja, arcediano de Villaviciosa en la Iglesia de Oviedo desde 1621. El contrato toma forma el 24 de septiembre ante el notario apostólico y cura de Oseja y Soto, el comisario don Domingo Piñán de Cueto Luengo, quien además era originario del lugar. 

Aquel concejo estuvo formado por Marcos de Mendoza, juez ordinario, Cosme de Suero, regidor, Juan González el viejo, procurador de dicho concejo y lugar, Domingo Sánchez, mayordomo de la iglesia de Soto, Juan de Mendoza el viejo, Pedro de Suero, Juan Alfonso de Coco, Diego Fernández Muñiz, Toribio Diez, Juan González el mozo, Pedro de Vega el mozo, Pablo de Palacio, Lucas González, Julián González, Juan Caneja, Juan Sánchez, Juan Fernández del Corral, Juan de Mendoza, su hijo Pedro de Mendoza y Pedro Diez Revuelta. Estuvieron presentes como testigos: el canónigo, Diego de la Caneja, sobrino del Arcediano; el cura de Ribota y sus anejos, Julián Gómez; y el escribano público del número, Sancho Diez. 

El maestro de cantería contratado fue Pedro de Bada, vecino del lugar de Nueva, en el concejo de Llanes y Principado de Asturias, que se comprometió a “haçer toda la dicha obra, ansí de la capilla mayor del cuerpo de la dicha yglesia y su campanario con las traças y condiçiones y modos que se le pidiesen por parte del cura y vecinos del dicho lugar”.   

Sánchez Martín define la traza como “la primera planta o diseño que se propone o idea del artífice para la fábrica de algún edificio u otra obra”(1). Desde el siglo XVI existían libros de trazas útiles para varias profesiones relacionadas con la construcción, como libros de trazas de cantería o libros de trazas de carpintería, que proporcionaban modelos y ayudaban a solucionar problemas. Pero nuestro Pedro de Bada no hubo de leerlos, ni de guiarse por ellos, porque en el documento que analizamos se declara analfabeto.  Así que “las trazas” que aquí se nombran fueron –como se dice- una serie de indicaciones dictadas por el cura, por los vecinos ¿y también por el Arcediano? 

En realidad, el Arcediano fue quien corrió con los gastos de toda la obra según se declara: “Y en quanto a la cantidad y prezio de dinero en que se ha de haçer dicha obra, ansí los dichos vecinos de Soto, como el dicho Pedro de Vada la ponen en manos del señor Doctor Don Pedro Diez de Oseja, arcediano de Villaviciosa y canónigo de la santa Yglesia de la ziudad de Oviedo, para que su merçed en vista de la misma obra lo tase y mande [por] entrambas partes, ansí los veçinos como el dicho Pedro de Vada, maestro de cantería. Y caso que dicho señor arcediano no q[quiera o] pueda venir a la vista y tasazión de la dicha obra desde aora para entonçes,  son conformes dichos vecinos de Soto y dicho Pedro de Vada en que vean la dicha obra quatro hombres honrrados, dos de los vecinos y dos de parte del dicho Pedro de Vada, los quales lo vean y tasen por entrambas partes”.  

Como condiciones del contrato, el pueblo y el cura se comprometen a pagar los gastos de los desplazamientos del maestro y sus oficiales, y “el acarreto de piedra, cal, arena y más  ma[teriales], ansimismo la leña para los caleros”. Por su parte y como era habitual desde la Edad Media, el artesano se compromete a poner los materiales en forma de “cantos y piedra y toba, y cavar las pozas de los caleros y cargarlos y cortar la leña”.  Se obliga también a estar siempre presente en la obra, salvo en caso de enfermedad, en cuyo supuesto lo podría sustituir su yerno. 

Por lo que vamos sabiendo, por los espacios arquitectónicos que se nombran y por la contratación de un cantero sin la presencia de ningún arquitecto en la refacción, el edificio debía de ser muy sencillo. Tanto la estructura de la iglesia medieval, como ésta que se empieza a reconstruir en el otoño de 1642 tuvo que responder a los esquemas característicos de las iglesias rurales de la zona. La suponemos con una única nave de cubierta adintelada, seguramente de madera; cabecera cuadrada; paredes encaladas y suelo de tierra para facilitar los enterramientos; con su capilla mayor para el altar, quizás separada de la nave por un arco apoyado sobre pilares, que un documento de 1668 llama estribo; con lienzos exteriores de mampostería y sillares labrados en vanos y esquinas; con un campanario, quizás de una sola campana; y con un pórtico cubierto que la rodeaba, sostenido por pilares de madera y suelo también de tierra. Un pórtico que en el año 1668 se cierra para su uso como lugar de reunión del concejo, cabildo o asamblea vecinal, acomodando a su alrededor poyos de piedra recubiertos de tabla para asiento de los vecinos. 

Esta reconstrucción de la iglesia de Santa María de Soto hecha en 1642-1643 debió llegar hasta el año 1883, momento en el que se levanta la fábrica actual. 

Por otra parte, sabíamos que el Arcediano había dejado dinero para el cuidado de las iglesias de Oseja y de Soto en sus últimas voluntades(2), pero lo que no sabíamos es que hubiera intervenido en ellas antes de su testamento de 1665. Este documento del Archivo de la Casa Piñán prueba que lo hizo en Soto, como otros del mismo fondo prueban que también lo hizo en Oseja.

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(1) F. J. Sánchez Martín, Estudio del léxico de la geometría aplicada a la técnica del Renacimiento, ed. Universidad de Salamanca, 2009, p.826.
(2) “Ytem mando se den y paguen en cada un año perpetuamente a la fábrica de la yglesia parroquial de Santa María de Oseja y a la de Santa María de Soto, donde yo fui cura, ocho ducados, quatro cada una”.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

EL ROBO DE LA VIRGEN DE SOTO (1658-1660): nuevos datos sobre el ladrón.

Vimos en el post del 3 de octubre de 2010, que la imagen de la Virgen con el Niño que el canónigo D. Diego de la Caneja envió a Soto había sido interceptada y raptada por Sebastián de Asiego, “veçino del lugar y conçexo de Parres, recoxió dicha ymagen y la puso en su capilla, diciendo la quería para sí”. Y aunque el concejo de Soto se la había pedido enviándole una orden del propio canónigo (“y aunque por parte deste dicho lugar se remitió por dicha ymagen con horden de dicho canónigo”), Sebastián de Asiego se negaba a devolverla (“no la ha querido, ni quiere dar”). Esto sucedía a finales del mes de diciembre del año 1660.

Me preguntaba en dicho post quién sería este Sebastián de Asiego que se atraveía a desafiar al canónigo Caneja y si tendría condición clerical. Un documento de 1659 proporciona algo de luz para empezar a desvelar este misterio y nos permite conocer la identidad de dicho Sebastián de Asiego. No se trataba de un clérigo, aunque en el asunto pudo haber estado implicado un eclesiástico. El contenido del documento es el siguiente.

El 6 de octubre de 1659, el cura párroco de Oseja y Soto, el bachiller Francisco de Orcasitas, se obliga a pagar a Sebastián de Asiego, vecino y regidor perpetuo del Concejo de Parres, 160 reales de los intereses de un censo (préstamo hipotecario) de 200 ducados que debían tres vecinos de Soto. Al efectuar esta escritura de obligación, el cura sajambriego se compromete con su persona y bienes (“de lo qual obligo mi persona y todos mis bienes espirituales y temporales, presentes y futuros”) a pagar puntualmente dichos réditos el día de San Martín del mes siguiente a la escrituración del documento y de no hacerlo “quiero y consiento ser executado en mi persona y bienes” (Archivo de la Casa Piñán, Notarial, Gonzalo Piñán de Cueto Luengo, leg.1659, ff.42rº-vº).

¿Habrá alguna relación entre esta obligación y el robo de la Virgen? ¿Quiso interpretar Sebastián de Asiego que la imagen sagrada formaba parte de los bienes del cura de Soto? ¿Se apropiaría de ella porque el párroco no pagó o no pudo pagar esta deuda?

De entrada, el documento nos permite identificar plenamente al ladrón. Sebastián de Asiego era en aquellos días regidor perpetuo del Concejo de Parres, un cargo municipal que había comprado por 260 ducados en el año 1636(1). Era persona poderosa y económicamente destacada en la región. Fundó un mayorazgo en Parres, poseía propiedades en Parres y Cangas de Onís y fue beneficiario de varios censos.

En el protocolo de 1659 del Archivo de la Casa Piñán, Sebastián de Asiego actúa conjuntamente con Luisa Díez, viuda de Cosme Sánchez, y natural de Soto de Sajambre. No queda claro si su función es la de representante de la viuda o si compartía las rentas del censo por algún motivo. Los deudores eran los tres hermanos de Luisa: el licenciado Lupercio Díez, Juan Díez y Damián Díez, todos vecinos de Soto. El cura del lugar, Francisco de Orcasitas, ayuda a sus parroquianos haciendo suya la deuda y comprometiéndose con su persona y bienes a saldarla en el plazo de un mes.

Las fechas están muy cercanas entre sí como para que no hubiera existido alguna relación entre estos hechos. Pero, por ahora, hay que dejarlo en una conjetura a la espera de localizar nuevos documentos con más información.


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NOTAS
(1) Ángeles Faya Díaz, “Gobierno municipal y venta de oficios en la Asturias de los siglos XVI y XVII”, Hispania LXIII/1, n.213 (2003), pp.75-136; p.128.

sábado, 20 de noviembre de 2010

LA FESTIVIDAD DE SAN PEDRO (1 de agosto) Y EL CRISTO DE SOTO.

Reliquia que se conserva en la basílica romana de San Pedro ad Víncula.

LA FESTIVIDAD DE SAN PEDRO, EL 1 DE AGOSTO.

Tres documentos del siglo XVII mencionan la celebración en Sajambre del día de San Pedro a primeros de agosto.

Ribota, 1659: “...en uno de los días del agosto pasado, el día de San Pedro”.
Ribota, 1664: “...el día de San Pedro que es a primero de agosto deste presente año”.
Oseja, 1662: “...para el día de San Pedro de agosto, primero día del mes de agosto, que primero viene”.

En el santoral católico, el 1 de agosto se celebra la fiesta de las Cadenas de San Pedro, reliquia que la emperatriz bizantina Eudoxia regaló al Papa León I y que se venera en la iglesia romana de San Pietro in Vincoli. Se cree que el 1 de agosto fue la fecha de consagración de dicho templo.

¿Sería ésta la advocación a la que estaba dedicada la ermita de San Pedro de Orzales?
La respuesta es SÍ, véase el post del 15 de marzo de 2011:
http://lacasadelabolera.blogspot.com/2011/03/definitivamente-la-fiesta-de-san-pedro.html


EL CRISTO DE SOTO.


En el año 1696 existía en el altar mayor de la iglesia de Soto una imagen de Nuestro Señor a la que una feligresa, llamada Catalina Alonso, viuda de Pedro Simón, le dedica misas en su testamento: “Iten mando se digan por mi ánima tres misas a Nuestro Señor y es mi boluntad se digan en el altar mayor de esta santa yglesia de Soto donde está su imagen” (Archivo de la Casa Piñán, Notarial, Agustín Piñán, leg. 1699).


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NOTAS
* Este post hace el número 400.

domingo, 3 de octubre de 2010

EL ROBO DE LA VIRGEN DE SOTO Y LAS DILIGENCIAS PARA SU RECUPERACIÓN (1658-1660).

Imagen de la Virgen Madre, talla de 1658. Iglesia parroquial de Nuestra Señora de las Nieves (Soto de Sajambre).


A Benjamín Martino, que habría
disfrutado con esta historia.
In memoriam.



Por lo que sabíamos hasta el momento, la elegante imagen de la Virgen y el Niño que se encuentra en el altar mayor de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de las Nieves, de Soto de Sajambre, fue donada por los canónigos Diego de la Caneja, tío y sobrino, en el año 1658 al vecindario de la localidad sajambriega, según relató el padre Martino siguiendo el contenido de un documento conservado en un archivo privado(1).

Pero ahora sabemos que dos años después de la fecha del anterior documento, la imagen de la Virgen Madre todavía no había llegado a Soto. ¿La causa? Aparentemente, un robo. En el año 1660 continuaban las diligencias para su rescate.

En el protocolo de Gonzalo Piñán de Cueto Luengo correspondiente al año 1660 se conserva el documento en el que me baso para hacer esta afirmación. Por desgracia, se trata de uno de los registros notariales del siglo XVII que se hallan en mal estado de conservación, faltando bastantes fragmentos por rotura del soporte y estando otros severamente afectados por la humedad.

El papel roto es imposible de recuperar y sólo en pasajes muy concretos se puede deducir alguna palabra. La humedad hizo que la tinta se fuera diluyendo hasta casi desaparecer en la mitad superior de cada página, lo que afectó a una parte considerable del documento. Pese a ello, en algunos lugares he podido recuperar varios renglones gracias al tratamiento informático de la imagen. Entre paréntesis aparecerá lo que se ha perdido por completo y entre corchetes lo que se restaura, se deduce o se podría recuperar aplicando, por ejemplo, luz ultravioleta sobre el documento original.

Lo que se conserva en el Archivo de la Casa Piñán de Oseja de Sajambre es una carta de poder otorgada el día 2[1] de diciembre de 1660, mediante la cual el Pueblo de Soto, reunido a concejo, comisiona a Juan de Granda, a Toribio de Viya y quizás a una tercera persona para que acudan a la capital del Principado, supuestamente a denunciar el robo de una imagen de Nuestra Señora que les pertenecía por donación del bachiller don Diego de la Caneja, canónigo de la catedral de Oviedo, y con la que se había quedado Sebastián de Asiego, vecino del concejo de Parres en el Principado de Asturias.

Por culpa del mal estado de conservación no queda del todo clara la misión de los representantes nombrados por la Junta Vecinal de Soto y tampoco nos acabamos de enterar del todo sobre las circunstancias de la sustracción de la imagen. Tal y como está redactado el documento, no parece que se debiera al robo de ningún facineroso, sino más bien al hurto de la imagen por parte de algún intermediario en la entrega o por alguien que la interceptó antes de su llegada a Soto de Sajambre.

Omitimos la relación de vecinos de Soto asistentes a la reunión vecinal y las cláusulas finales de la carta de poder:

[Sepan quantos] por esta pública escriptura de poder vieren como nos, los vecinos y moradores del lugar de Soto, concexo de Saxambre, en la Merindad de Baldeburón, estando juntos en nuestro concexo [a son de] canpana tañida, según lo tenemos de costunbre para las cosas tocantes y concernientes a la utilidad del dicho lugar, especialmente su merçed de Cosme de Suero, juez hordinario... (se enumeran los vecinos presentes a concejo), todos juntos, unánimes y conformes, nemine discrepante, otorgamos y conocemos que por quanto el bachiller don Diego de la Canexa, canónigo de la Santa Yglesia de Oviedo y natural deste dicho lugar y conçexo, nos hiço oferta y mandó el prototipo y imagen de Nuestra Señora para la parroquia deste dicho lugar, y aviendo sido por nosotros açeptada la dicha oferta, el dicho canónigo nos remitió dicha imagen. Y veniendo dirixida a este dicho lugar, Sebastián de Asiego, veçino del lugar y conçexo de Parres, recoxió dicha ymagen y la puso en su capilla, diciendo la quería para sí. Y aunque por parte deste dicho lugar se remitió por dicha ymagen con horden de dicho canónigo, no la a querido, ni quiere dar. Por ende, usando de la dicha oferta por nos açeptada, dicimos y realmente otorgamos que damos nuestro poder cunplido quan bastante se requiere y en (...) es neçesario y más pueda y deva valer, con todas las (...) Derecho neçesarias, de suerte q[ue] por falta de(...) a Juan de Granda, r(...), Torivio de Vi[ya] (...)m[ero] de la qu[e](...) / (...) especialmente para que puedan parecer y pare[scan] (...) [...] de dicha ciudad y Principado y [...] nuestro señor y señor de su Real Consexo y ante [...] qualesquier juezes, justicias de el rei, nuestro señor, y pedir en forma al dicho [...] [de ... y más ... efecto se ... dada y se nos] entregue y para ello [...] (continúan las cláusulas acostumbradas hasta llegar a la fecha) Otorgamos ansí en el dicho lugar de Soto, del dicho concexo, a veinte y [uno del] mes de diciembre del año de mil y seiscientos y sesenta, estando pre[sentes p]or testigos: el bachiller Francisco de Horcasitas, cura del dicho lugar [...] y Gregorio [de A]cevedo, vecinos del dicho con[cexo] (...) en el [dicho lu]gar de Soto, a los quales (...) [firmaron los que] supieron y por los [que no, un testigo a ruego] (...)" (Archivo de la Casa Piñán, Notarial, Protocolos, Gonzalo Piñán 1660).

Desgraciadamente, no sabemos cómo se resolvió el conflicto. ¿Recuperó Soto la imagen que le había regalado don Diego de la Caneja? ¿O la que hoy se conserva en su iglesia parroquial es otra también antigua, pero distinta de la que fue donada originariamente? ¿Por qué no intervino el Arcediano de inmediato, pues entonces ya era la cabeza del Arcedianazgo al que estaba supeditado el concejo de Parres? Y si intervino, ¿por qué no tuvo éxito? ¿Quién era este ladrón llamado Sebastián de Asiego?

Y si los vecinos de Soto consiguieron finalmente su objetivo y recuperaron la imagen, ¿cuánto tiempo en total tardaría esta Virgen “peregrina” en llegar a Soto desde que salió de Oviedo en el año 1658?


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NOTAS
(1) Eutimio Martino, La Montaña de Valdeburón, ed. Universidad Pontificia de Comillas, Madrid 1980, n.147, p.115.

jueves, 17 de septiembre de 2009

EL PUEBLO DE SOTO ENTRE 1550 Y 1830 (3-2): la iglesia.

3. La parroquia.
Soto no fue parroquia independiente hasta el siglo XIX, sino que formó unidad parroquial con la iglesia matriz de Oseja: “cura de Osexa y su anexo Soto”, dicen una y otra vez los documentos. Así lo constató en su día el padre Martino cuando trabajó con la documentación diocesana (Montaña de Valdeburón, ns.78, 84, 85, 107, 147, 191, 205, 255), y así lo estoy viendo yo en la documentación judicial, concejil, notarial y particular. Un documento con la autoridad del Catastro de Ensenada de 1752, certifica dicha realidad al intitular a Joaquín de Sosa y Tovar “cura párrocho de este lugar y su anexo del varrio de Soto” (ver entrada sobre el Catastro en este mismo blog).

Una parroquia y dos iglesias unidas por vínculos administrativos. Ésa fue la realidad hasta el siglo XIX. Y lo que esta realidad supuso fue, entre otras cosas, que los diezmos se pagaban al cura titular, o sea, al cura de Oseja y que éste debía desplazarse a Soto a dar misa y celebrar los bautizos, las bodas o los entierros, aunque los registros de la administración de los sacramentos quedaran archivados en la parroquia matriz hasta 1723. Por eso, cuando en 1821 los oficiales reales que investigaban sobre la limpieza de sangre de los Díaz-Caneja y Sosa necesitaron buscar las partidas de bautismo de sus antepasados, nacidos en Soto en 1682, el ya entonces cura párroco de Soto les aclara que los documentos que buscan no están en Soto, sino en Oseja porque “el referido lugar de Soto havía estado sugeto a la parroquial de Santa María de Oseja, con solo un párroco, y que allí devían permanecer todas las fees sacramentales" (AHN, Est.-Carlos III, exp. 1819).

Así y sólo así debemos interpretar los testamentos cuando dicen:

1625, Juana de Vega: “...que mis carnes sean sepultadas en la yglesia parroquial de Santa María Soto, onde yo soi parroquiana, en la parte que pareçiese a mis herederos y testamentarios...” (Domingo Piñán de Cueto Luengo, 1625-02-25).

1645, Inés Díaz: “... que me entierren en la parroquial deste lugar, en la parte que pareciere a mis testamentarios y herederos...” (Domingo Piñán de Cueto Luengo, 1645-03-10).

1649, Jerónima Díaz: sea “...sepultada en la iglesia parroquial de Santa María de Soto, donde soi parroquiana, en la sepultura y lugar que se señalare y si lo ubiere en la capilla, será en la capilla” (Domingo Piñán de Cueto Luengo, 1649-04-28).

1712, María Díaz de Coco: “... y fue sepultada en la parroquial de Santa María de este lugar” de Soto (Agustín Piñán de Cueto Luengo, 1713-02-03).

Todas estas mujeres están identificando la iglesia con la parroquia (puntos 2º y 3º), al ser la iglesia de Soto uno de los dos templos que formaban la unidad parroquial. Pero ninguna de estas menciones u otras similares significan que Soto ya se hubiera independizado de Oseja en tales fechas. En 1714, Dominga Alonso lo expresa mejor: ...”que mi cuerpo sea sepultado en la yglesia de dicho lugar de Soto, donde yo soy parroquial...” (Archivo Piñán, 1714-05-31).

Durante todo este tiempo la advocación de la iglesia de Soto es la misma que la de la iglesia matriz: Santa María. Y cuando se produce la separación de los dos templos y cada uno de ellos pasa a constituirse en una unidad administrativa independiente, las autoridades diocesanas las distinguen también en sus respectivas advocaciones marianas: la parroquia (e iglesia) de Oseja pasa a designarse como Nuestra Señora de la Asunción y la parroquia (e iglesia) de Soto como Nuestra Señora de las Nieves. Tanto en Oseja, como en Soto, estas advocaciones empiezan a documentarse en el siglo XIX:

1805, Isabel González: que “mi cuerpo sea enterrado en esta yglesia parroquial, en la sepultura más decente y desocupada que eligiere mi párroco y testamentarios... Ytem mando a Nuestra Señora de las Nieves, patrona de este lugar, se le diga una misa cantada luego que yo fallezca, quanto antes se pudiere” (José Antonio Díaz de la Caneja, 1805-02-26).

1813, Félix de Posada: que “mi cuerpo sea sepultado en esta parroquial de Nuestra Señora de las Niebes, en donde el señor cura y mis testamentarios les acomode” (Archivo Pian, 1813-03-10).

1813, María Díaz de Caldevilla: que “mi cuerpo sea sepultado en esta parroquial de Nuestra Señora de las Niebes, en la sepultura más cómoda que al señor cura y mis testamentarios les acomode” (Archivo Piñán, 1813-04-06).

Pero cuando los párrocos tenían desplazarse largas distancias para atender a sus fieles, el obispado les dotaba en ocasiones de un vicario, o sea, de un ayudante. Por lo que sabemos, esto sucede en Soto a partir de 1723 (E. Martino, Valdeburón, n.191), momento a partir del cual la iglesia dependiente empieza a guardar sus propios libros de Bautismos, de Casados, de Defunciones y quizás también de Fábrica y de Capellanías, aunque siga formando una única parroquia con la iglesia de Oseja. En la época del Catastro (1752), el ayudante del párroco era “don Luperzio Díaz de Oseja, vicario de cura”.
Al haberse desgajado del curato de Oseja y tener éste por patrono al monasterio de Sahagún, la nueva parroquia de Soto dependerá también de Sahagún hasta la Desamortización, aunque hacía ya bastante tiempo que el monasterio leonés no tenía más derecho que el de presentación de los curas.

4. La iglesia como sede de una capellanía.
La capellanía de la Virgen del Pópulo que doña Juana González de Coco fundó en el año 1625 y que el Arcediano de Villaviciosa, don Pedro Díaz de Oseja, transformó en 1665 estaba adscrita al templo o iglesia (punto 2º) de Santa María. Es decir, las misas que el capellán estaba obligado a celebrar por el alma de los fundadores (dos a la semana hasta 1665 y 3 a partir de entonces), las daba dentro de la iglesia de Soto. Pero este capellán no era cura de dicha iglesia (punto 1º), sino un clérigo al servicio de una institución privada (punto 4º) que era administrada por un patrono o mayordomo particular.

Sobre esta fundación privada ya he iniciado un artículo que espero completar a lo largo del presente curso académico.

PRÓXIMA ENTRADA: los barrios de La Caneja, Vallobal y otros lugares documentados.

martes, 15 de septiembre de 2009

EL PUEBLO DE SOTO ENTRE 1550 Y 1830 (3-1): la iglesia.






Para entendernos en este apartado es necesario distinguir bien 4 cosas diferentes pero relacionadas entre sí: 1º) la iglesia como comunidad de fieles que celebra los ritos cristianos en un especio destinado a este uso. 2º) La fábrica de la iglesia, es decir, su materialidad, su edificio. 3º) La parroquia, o sea, la institución eclesiástica que administra la vida espiritual de los feligreses. Y 4º) otras instituciones piadosas que dependían o podían estar adscritas a la institución parroquial y que celebraban sus ritos dentro del templo (cofradías, capellanías, etc).

Soto tuvo iglesia (punto 1º) desde sus orígenes cristianos pero no tuvo parroquia (punto 3º) hasta principios del siglo XIX y su fábrica o edificio (punto 2º) fue distinto al que actualmente podemos contemplar. Además, en el templo (punto 2º) se hacían oficios religiosos privados o por iniciativa privada (punto 4º), celebrados por clérigos distintos al cura de la parroquia (punto 4º). Para hablar de la iglesia de Soto vamos a tratar de seguir este orden.

1. La feligresía de Soto.
La iglesia de Soto se fundó en la Edad Media, aunque no fue parroquia independiente hasta el siglo XIX. La tradición oral de que los de Soto bajaban a misa a San Pedro de Ribota no tiene que ver con la antigua realidad. Imagínense ustedes lo que habría supuesto para los vecinos de Soto (de todas las edades y condiciones) tener que desplazarse hasta San Pedro de Orzales en pleno invierno, con los temporales y las abundantes nieves del lugar, para acudir a misa y a los correspondientes oficios religiosos todas las semanas o varias veces en semana. Es impensable. No. La tradición oral se refiere a una costumbre mucho más reciente.

Menos admisible resulta cualquier fantasía que suponga el desplazamiento de los vecinos de Soto (a misa o a concejo) hasta las tierras de Amieva, para lo que era imprescindible atravesar el Puerto de Beza. No. La vida religiosa se organizó en Soto y la vida administrativa también.

2. El edificio de la iglesia.
La fábrica actual de la iglesia de Soto de Sajambre data de finales del siglo XIX (1883-1885) y fue hecha a iniciativa del sobrino del obispo don Ignacio, llamado D. Domingo Díaz-Caneja, con la participación del pueblo. Posee planta de cruz latina, un campanario rematado en pequeña cúpula y un atrio cubierto que se sustenta mediante pilares de madera sobre muro al modo tradicional.

Cabe pensar (no hay memoria, ni indicio en contrario) que la ubicación de la antigua iglesia de Santa María de Soto fuese la misma que hoy ocupa el edificio actual. Pero, desde luego, su fábrica no lo era.

La actual iglesia de Soto, al igual que ocurre con la de San Juan Bautista de Ribota, está construida a imitación de la de Oseja, pero es de suponer que la fábrica antigua fuera fiel a la estructura tradicional de las iglesias y capillas de la región.

Al estar administrativamente supeditada a Oseja durante toda la Edad Media y la Edad Moderna, el templo debía tener dimensiones modestas, de una única nave, con bóveda de cañón en el ábside, tal vez con alguna capilla lateral, puerta con arco de medio punto de dovelas pequeñas, alguna ventana abocinada o en arco en alguno de sus muros y un atrio cubierto con un tejadillo a una sola agua sostenido por pilares de madera. En el siglo XVII, se habría añadido a la fachada una espadaña con una campana.

Del edificio anterior a la fábrica del siglo XIX se conserva el retablo del altar mayor y su imagen principal, supuestamente donados en 1658 por los canónigos de la Iglesia de Oviedo llamados ambos Diego de la Caneja (E. Martino, Valdeburón, n.147).

Se trata de un retablo típicamente barroco con tres cuerpos tallados en madera dorada cubierta con profusión de motivos vegetales entrelazados. El cuerpo superior está formado por el ático en donde se sitúa el habitual Calvario.

El segundo cuerpo se compone de tres calles. En la calle central y bajo arco de medio punto se sitúa una talla de la Virgen del Pópulo, coronada y vestida con ampuloso ropaje, en el que destaca el realista tratamiento de los pliegues en el manto azul que cubre su túnica. Como sucede en el icono de la Madonna col Bambino que se venera en la iglesia romana de la Piazza del Popolo, la Virgen sostiene en sus brazos al Niño Jesús también coronado. La calle principal está flanqueada por dos calles laterales divididas en dos espacios ocupados, respectivamente, por una pintura y una imagen colocada bajo pequeño arco de medio punto. Las tallas representan al Sagrado Corazón y a San Antonio de Padua. Las entrecalles están formadas por columnas barrocas con decoración vegetal de racimos de uvas y hojas de parra. El cuerpo central se protege con guardapolvos constituídos por columnas decoradas con tambores de estrías dispuestos en zigzag.

El tercer cuerpo está formado por un banco y un sotobanco, mucho menos recargados en su ornamentación. Delante del banco más cercano al suelo se sitúa el Sagrario.

Este retablo es el más antiguo de todos los conservados en Sajambre.

Como era usual en la época, la población de Soto se hacía enterrar en su iglesia y, al igual que sucede en Oseja, encontramos quien ordena ser sepultado en el altar mayor. Es lo que Dominga Alonso deja dispuesto en el año 1714: “que mi cuerpo sea sepultado en la yglesia de dicho lugar de Soto, donde yo soy parroquial (sic), en la Capilla Mayor, donde ubiere lugar desocupado” (Archivo Piñán, 1714-05-31).

PRÓXIMA ENTRADA: la iglesia (3-2).