miércoles, 23 de febrero de 2011
UN SUSTO PARA EL PRIOR DE PEDROSA
miércoles, 16 de febrero de 2011
¿ASESINATO EN LA FAMILIA DEL ARCEDIANO PEDRO DÍAZ DE OSEJA?
Uno de los sobrinos del Arcediano de Villaviciosa en la Iglesia de Oviedo, don Pedro Díaz de Oseja, se llamó Pedro de la Caneja y fue hijo de su hermana Gracia casada en Soto de Sajambre (1).
Pedro de la Caneja nació en Soto en el año 1602 y murió prematuramente alrededor o poco antes de 1644, fecha en la que su mujer aparece ya como viuda en una carta autógrafa que el Arcediano dirige a Domingo Piñán de Cueto Luengo (Archivo de la Casa Piñán, Sección Familiar, Correspondencia, carp. 1, n.1).
Esta muerte fue causa de un pleito que en el año 1670 andaba por altas instancias y del que, hasta el momento, solo sé de un documento conservado en los protocolos notariales del Archivo de la Casa Piñán. Se trata de una carta de poder, datada el 26 de julio de 1670, que posee breve pero suficiente información para conocer una parte de la querella criminal interpuesta tras la muerte de quien fuera sobrino del Arcediano Pedro Díaz y padre del Arcediano Diego de la Caneja.
El pleito se inició ante la sospecha del asesinato de Pedro de la Caneja en el lugar de Amieva, culpando de dicho crimen al yerno del difunto, Leonardo García. La acusación la formula uno de los hijos de la víctima, llamado Juan de la Caneja, que era vecino de la ciudad de Oviedo.
El acusado era el cuñado del acusador y marido de Francisca de la Caneja, ambos vecinos de Soto y muy probablemente originario él mismo del concejo de Amieva. Leonardo García es quien otorga poder en 1670 a Diego de Villar, procurador del número de la ciudad de Oviedo, para que actúe en su nombre ante el gobernador del Principado y ante los señores del Consejo Real “sobre el libelo infamatorio que le levantó diciendo había muerto a Pedro de la Caneja, padre del dicho Juan de la Caneja” (Archivo de la Casa Piñán, Sec. Notarial, Sajambre, Gonzalo Piñán de Cueto Luengo, leg.1670).
Este Juan de la Caneja es el cuarto hijo de Pedro a quien aluden los documentos familiares que se conservan en los protocolos notariales sajambriegos sin mencionar jamás su nombre. Se habla así de cuatro hermanos o de la herencia entre cuatro herederos, pero solo se registran los nombres de tres de los hermanos.
La acusación contra Leonardo García no prosperó (desconocemos los pormenores) porque en el caso contrario habría quedado incapacitado de por vida para ejercer cargos públicos y en el año 1677 era, nada más y nada menos, que Merino Mayor de la Merindad de Valdeburón.
Entre lo que todavía falta por saber sobre esta familia se halla la cuestión de en qué momento y por qué razón Pedro de la Caneja se traslada a vivir al lugar y Concejo de Amieva. Lo único que podemos decir es que no parece influir en ello su casamiento, ya que su mujer procedía de Valdeón. Son varios los documentos que se refieren a esta vecindad amievense, como por ejemplo uno del 4 de junio de 1662, en el que sus propios hijos hablan de su padre como "Pedro de la Canexa, difunto, vecino que fue del Concejo de Amieva y natural de Soto de Sajambre" (Archivo de la Casa Piñán, Not., Saj., Gonzalo Piñán leg.1662, ff.36rº-37vº). Lo mismo sucede en la carta de poder que aquí presentamos: “diciendo había muerto a Pedro de la Caneja, padre del dicho Juan de la Caneja, ya difunto, vecino que fue del lugar de Amieva, Concejo de Amieva” (Archivo de la Casa Piñán, Sec. Notarial, Sajambre, Gonzalo Piñán de Cueto Luengo, leg.1670). Tras su muerte, la viuda se desplaza a Oviedo para vivir con su hijo el canónigo y Arcediano, Diego de la Caneja.
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NOTAS
(1) Estoy reconstruyendo su descendencia en
http://lacasadelabolera.blogspot.com/p/linaje-del-arcediano-pedro-diaz-en-soto.html
domingo, 28 de noviembre de 2010
BREVE TIPOLOGÍA DEL INSULTO UTILIZADO EN SAJAMBRE DURANTE EL SIGLO XVII (y 3).
Entre los insultos dirigidos a la mujer encontramos también los destinados a ridiculizar las peculiaridades físicas, como en aquel caso ya publicado en el que se atacó a una tullida de poca estatura tratándola de “pastruco y culo en tierra” (1668, Oseja).
Otro insulto frecuente era el que se refería a la deslealtad, pues a la mujer se le exigía fidelidad en mayor medida que al varón, al residir en la honestidad de la mujer toda la honra de una familia:
1699, Oseja: “...y començó con altas y desentonadas boçes a tratar mal de palabra a María Díaz, madre del querellante, tratándola de traydora...”.
Se utilizan también insultos que cuestionan la mencionada honra y que se entienden muy bien en una sociedad en la que el honor era un elemento fundamental de diferenciación social. Los insultos se consideraban doblemente graves si iban dirigidos a una “dueña”, es decir, a una mujer de hidalga condición. En aquella época no tenía el mismo peso ante la ley insultar a un villano que a un noble, ya que al villano o pechero se le suponía inclinado a las bajezas humanas por su condición inferior.
1676, Oseja: “...la dicha Ana González llegó a apañar unas mançanas al pie de un mançano en el Rivero” y que los acusados “trabaron ruido y pendençia con dicha Ana González... y la trataron de ladrona y de traidora... De que dixo se sentía agraviado por ser como es la dicha Ana González, su muger, dueña honesta y recoxida, de buena vida y costunbres, fama y opinión y honrado proçeder...”.
1664, Oseja: “...entraron en su casa y le maltrataron a Dominga Bermexa, su muger, y la arrastraron el rexidor y el juez, y Tomás Díaz estava a la puerta diçiendo que a aquella picarona la arrastrasen y le sacaron una niña en un tribreço de casa...”.
1659, Oseja: Marta Díaz, moza y natural de Oseja, “se atravesó de palabras con Inés Díez, mi muger, estando delante de casa de Juan Gutiérrez, con ánimo de afrentarla. Le dixo que era una testimoniera y que su alma estava en los infiernos, y que le avía usurpado de una quarta de paño que le avía dado a guardar la maior parte della para guarneçer los cuerpos de las hixas, y que era una bandolera, villana, mal naçida y otras palabras afrentosas..., siendo como es noble, de buena vida, fama y costunbres”.
Y para terminar, vamos a asistir a un suceso acaecido en Soto de Sajambre que sirve de verdadero compendio de insultos dirigidos a la mujer, pues en él están presentes la fealdad, la suciedad, la blasfemia, la deshonra, la bajeza, la inmundicia, el crimen y, por supuesto, la brujería.
1699, Soto: El altercado se produjo entre los vecinos de Soto, Pedro Piñán, de 54 años, y María de Coco, viuda de Pedro de Viya, quienes “habían tenido palabras feas injuriosas y de ellas resultó el asirse el uno del otro. Y de la questión que tubieron parezió ser herido Pedro Piñán en la cabeza, de que podrá resultar maior daño mediante dicha herida es mui grande y está en el zelebro de dicha cabeza, y el que la tiene está lixiado de humor gálico y encamado en su cama”.
¿Pero qué fue lo que se dijeron y qué fue lo que pasó para que Pedro Piñán acabara con la cabeza abierta?
Versión de los hechos de Pedro Piñán: “Dijo el confesante que mediante bibía en casa de la dicha María de Coco, le dixeran ziertos vecinos del lugar de Soto le quería echar de la dicha su casa al confesante, abiéndosela mandado asta el mes de agosto. Y que sin aberle dicho nada abía ydo buscar la susodicha al señor juez para echarlo de ella. Y abiendo hecho el reparo de la poca estimazión que hazía del confesante, pues abía sido juez hordinario en dicho Conzejo el año pasado y asimismo hombre de razón, se abía dado por sentido sobre que le dijo que daba mal de comer al marido y por essa causa se le abía muerto. Y esto fue después que la dicha María de Coco le quebró la cabeza con una piedra, tratándole de barrendero de calles y que andaba lanbiendo por el Conzejo. Así lo declaró por el juramento que tiene fecho”.
Versión de los hechos de María de Coco: “Respondió que el día que refiere la causa de ofiçio, al salir de la iglesia, dijera el Pedro Piñán, en presencia del bicario y de otros muchos zircunstantes, que era una bruja piojossa, hambrienta, y que mataba el marido de hambre, y que quando estaba en la iglesia nominaba a los santos, y que ponía allí a su hija que era como un piojo, con una cara que parezía un topo... Llegando a su casa se encontró con el dicho Pedro Piñán y la comenzó tratar nuebamente mal de palabras diziendo que era una bruja merdosa, cuchina, echizera. De que se dio por mui sentida. Y sin embargo de lo referido le dixo el susodicho que se cagaba en ella toda y que la abía de llebar al río. Y biendo tan malas razones le dijera: ‘Señor Pedro Piñán, ¿cómo me trata tan mal siendo así que soi muger de bien? Y que ella nunca abía andado barriendo calles como el susodicho’. Y entonzes se bino a ella y le dio enpellones, quitándole la toca y montera que traía en la cabeza y el pelo de ella. Y si no fuera Manuela Díaz, la llebaba mui maltratada. Y por andar a golpes con la confesante, diera con la cabeza en la solera que tienen los pies del órrio. Que la susodicha no le diera con tal piedra. Así lo declaró por el juramento que tiene fecho” (Archivo de la Casa Piñán, Notarial, Agustín Piñán de Cueto Luengo leg. 1699).
sábado, 27 de noviembre de 2010
BREVE TIPOLOGÍA DEL INSULTO UTILIZADO EN SAJAMBRE DURANTE EL SIGLO XVII (2).
A la mujer se le insulta menos que al varón pero se le agrede más. En la documentación judicial sajambriega abundan las querellas por injurias dirigidas a varones y las querellas por agresiones físicas a mujeres, que suelen denunciar padres, hermanos o maridos.
La agresión física a una mujer va acompañada de insultos que a menudo se resumen bajo las expresiones genéricas de haber sido tratadas “mal de palabra” o “con palabras feas e injuriosas”, para centrarse el notario en describir el acto violento objeto de la denuncia. Dejaremos para otro artículo algunas de estas agresiones, aunque ya nos referimos a una del año 1814 en el post del miércoles 16 de junio de 2010 (“Un episodido de violencia de género en el año 1814”, clasificado bajo las etiquetas Edad Contemporánea y Escenas cotidianas), que sigue siendo excepcional por el hecho de haber presentado la denuncia la propia víctima.
En los insultos dirigidos a las mujeres por parte de los hombres en la época del Arcediano hay dos constantes que son la ausencia de limpieza y el apelativo de bruja. Llamar a una mujer sucia o cochina, como a un hombre puerco, en aquella sociedad carente de los más básicos fundamentos de higiene es, cuando menos, paradójico. Pero refieriéndose a la mujer, estas acusaciones tenían un significado mucho más amplio, porque la suciedad llevaba implícita la impureza y la impureza se asociaba a la actividad sexual. Llamar a una mujer sucia y llamarla puta era prácticamente la misma cosa.
Vamos a analizar estos insultos y algunos otros a través de dos casos muy sabrosos. El contenido de uno ya lo conocemos por haber sido publicado en el post del 28 de septiembre de 2010, al que me remito. Ahora me limitaré a analizar aquellas acusaciones contra las hermanas Cabrero, de Oseja, en el contexto de la mentalidad de la época para comprender su dimensión. El otro caso elegido se desarrolla en Soto entre dos vecinos de la localidad llamados María de Coco y Pedro Piñán que, tras muchos insultos, acabó con sangre.
En el post del 28 de septiembre pasado habíamos hablado del intento de desprestigio de las hermanas Ana y Dominga Cabrero, de Oseja, por quienes habían usurpado parte de sus propiedades. El contenido de la denuncia es el resultado de una meditada planificación y de una intencionada y muy interesada necesidad de desacreditar a estas dos mujeres de Oseja.
En varios documentos posteriores a la denuncia aparecen las hermanas Cabrero, sus maridos y descendientes, con todos sus derechos intactos y sin haber quedado mella alguna en su honra y consideración social. Es por esto que deducimos el fallo contrario a quienes las habían acusado de “brujas, megas, hechiceras” y de otras culpas deleznables.
Las acusaciones que les hicieron eran las peores que se podían formular contra una mujer en la sociedad de aquella época: rebeldes e ingobernables, fornicadoras, inductoras reincidentes de adulterio, hechiceras y brujas, considerando que la acusación de brujería llevaba implícita la de herejía.
Todas estas injurias estaban relacionadas y apuntaban hacia una misma cosa: la brujería. De ahí el interés de los agresores por dejar bien claro este matiz en su denuncia. Para explicarlo voy a utilizar textos extraídos del Malleus maleficarum, maleficas et earum haeresim framea conterens, título que significa “El martillo de las brujas, para aplastar a las brujas y sus herejías con poderosa arma”. La obra fue editada por primera vez en Alemania en el año 1486 y reeditada en toda Europa durante los siglos XVI y XVII con gran éxito. Es un tratado teológico para comprender la naturaleza de las brujas, saber reconocerlas y poder combatirlas.
Me interesa además hacer una advertencia para poder sumergirnos en la manera de pensar que tenían los sajambriegos en el siglo XVII. En la mentalidad barroca no existe separación física entre lo real y lo espiritural. Los ángeles y los demonios convivían con los humanos en el mismo plano porque se creía que había una conexión real entre ambos mundos. Las gentes de aquellos siglos (víctimas y verdugos) vivían aterrorizadas por la presencia del Diablo y lo creían a pies juntillas, como en el mundo actual hay personas absolutamente convencidas de que estamos siendo visitados por extraterrestres.
Las hermanas Cabrero son acusadas de no querer someterse a la autoridad masculina “para mejor vivir a su libertad”. Y el Malleus maleficarum, definiendo el comportamiento de las brujas, afirma: “es un defecto natural en ellas no querer ser gobernadas, sino seguir sus movimientos sin ninguna traba; éste es todo su cuidado y en ello ocupa toda su memoria” (I Parte, cuestión VI).
Las hermanas Cabrero son acusadas de promiscuas, fornicadoras y causantes de adulterio. La fornicación y el adulterio ya eran pecado en sí mismos, pero además entre las muchas afirmaciones al respecto, en el Malleus maleficarum leemos: “Todas estas cosas de brujería provienen de la pasión carnal, que es insaciable en estas mujeres... De aquí que para satisfacer sus pasiones, se entreguen a los demonios” (I Parte, cuestión VI).
La explicación teológica de aquellos tiempos al adulterio, es decir, a la ruptura de un matrimonio que había sido santificado por un sacramento, era que sólo podía deberse a la acción demoníaca: “aunque el matrimonio sea obra de Dios porque fue instituido por Él, es a veces destruido por la acción del Diablo” (I Parte, cuestión VII). “El amor loco proviene de los demonios, pero también de los maleficios de las brujas... Los demonios, por medio de las brujas, pueden excitar y obsesionar los corazones de los hombres hacia el amor o el odio” (II Parte, cap.3). A las Cabrero se las acusa también de amancebamiento y de haber tenido relaciones ilícitas con hombres casados: “Hay tres géneros de vicios principales que parecen reinar sobre todo en las mujeres malas: la infedelidad, la ambición y la lujuria... Entre los tres, el último es dominante porque es insaciable... Son más ardientes para satisfacer sus pasiones depravadas, como son las adúlteras, las fornicadoras, las concubinas” (I Parte, cuestión VI).
Con sus hechizos, las brujas “arrastraban a los hombres a un amor desordenado”, porque uno de los medios que elegía el Maligno para llegar a un hombre era rendirlo a los brazos de un súcubo o de una bruja convertida en su amante. En aquella mentalidad, tener amantes suponía un riesgo real de caer en poder del demonio.
Se comprenderá un poco mejor ahora que la causa y la consecuencia lógica de no querer obedecer a sus hermanos, tener amantes y haber fornicado con hombres casados era la de ser bruja.
Si la acusación hecha a las hermanas Cabrero hubiera tenido éxito, el efecto inmediato hubiera sido la separación fulminante de la comunidad. Aunque también es verdad que los inquisidores españoles solían juzgar estos casos de manera bastante racional. Por eso, en España apenas hubo condenas a muerte por brujería ni en la Edad Media, ni tampoco en la Edad Moderna.
martes, 23 de noviembre de 2010
BREVE TIPOLOGÍA DEL INSULTO UTILIZADO EN SAJAMBRE DURANTE EL SIGLO XVII (1).
1665-08-05, Soto: “... dixo a Cosme de Mendoza que era un puerco sucio y save que se enoxó de estas palabras Cosme de Mendoça, y Juan Díez dixo que no le dava más que se enoxase, que no”.
1665-08-05, Soto: “... y viniendo con ellos de Campos le trató de puerco, çurrón casquero en dos o tres ocasiones y que le enoxó como de Mendoza de dichas palabras y le dixo le avía de quebrantar las muelas si otra vez se lo decía”.
1665-08-14, Oseja: “Se querelló Cosme Redondo de Domingo Bermejo por decir le trató el domingo pasado de perro y dixo le avía de hacer echar del Concejo. Mandó el juez dé información”.
1667-05-08, estando a concejo en Ribota: “... y públicamente me inbió mucho nora mala y me trató de puerco, camarón, palabras injuriosas de que me siento agraviado’’.
Se utiliza también la deformidad física o intelectual, considerando que en aquella sociedad precientífica eran muchos los que hacían caso a lo que se predicaba desde el púlpito: que la deformidad y las enfermedades eran castigos divinos por los pecados de los progenitores.
1660-05-15, Soto: “...es ansí que el dicho Vernardo Díez, acusado, tomándose con él palabras delante de su casa, le dixo que era un puerco sucio, çurrón, tullido y cambrioso y otras palabras injuriosas...”.
No sé cuál puede ser el significado de “cambrioso”, quizás un derivado de “cambrón”, al que Covarrubias define como un género de espino usado en cercas y cierres.
1665-08-05, Soto: “Juró Melchor Díaz de 35 años, diçe que lo que save es que el domingo llamó el dicho Juan Díez a Cosme de Mendoza de mentecato, hixo de otro y que qué havía de hacer más que un mentecato hixo de otro, y le dixo que tuviese vergüença...”.
El origen social (inferior) es un insulto que sirve para deshonrar al hidalgo o para resaltar lo más negativo en el caso de pertenecer el agredido al estado general.
1665-01-21, Oseja: “...dixo que el dicho Juan de Barales era un puerco, villano, mal nacido, Venedico”.
Lo más interesante en este caso es la aparición de Venedico. Explico ahora este asunto, aunque en la clasificación que estoy haciendo encajaría mejor en el último apartado.
Venedico es el proxeneta que sufre su condena eterna en el infierno de Dante. Resulta imposible imaginar la existencia de una cultura literaria en aquel Sajambre más allá de la que pudiera poseer el clérigo de la localidad. Ni siquiera en el escribano Tomás Díaz, que fue en este caso el que insultaba, porque los notarios públicos de ámbito rural nunca destacaron por su nivel cultural.
Más bien creo que nos encontramos ante un personaje negativo de carácter arquetípico popularizado por los sermones. Ya San Vicente Ferrer se servía de imágenes del Dante y desde el siglo XV, los predicadores no dejaron de recurrir a las descripciones del Paraíso y del Infierno del genial florentino.
Como mucho, pudo saberse de Venedico por los pliegos de cordel u otros impresos populares que difundían entre el público rural una literatura culta vulgarizada. Eran versiones muy resumidas y con un lenguaje muy sencillo de obras cultas a las que los campesinos accedían gracias a las “lecturas oídas”.
En otra ocasión, fue Tomás Díaz el insultado, ahora mediante acusaciones que ponían en duda su honradez y profesionalidad:
1664-08-21, Oseja: “...y Andrés Díaz, acusado, se fue adonde estava el dicho Thomás Díez y, cólerico, le dixo ‘que pagase él avía al rey y que avía de ajustar quién hacía testimonios falsos y que era un falsario. Palabras que pareçieron feas y torpes a este testigo por ser el dicho Thomás Díaz hidalgo prinçipal, y escrivano fiel y leal y de toda confiança, y que a sus papeles se les da entera fe y crédito en juiçio y fuera de él, sin que se aya visto cosa en contrario”.
Las injurias menos utilizadas entre los hombres son las que se refieren a los comportamientos sexuales de los agraviados y sus familias.
1668-07-07, Pío: “Dice Mathías Gutiérrez que estava segando con Domingo La Fuente y vió que Juan Redondo vino con la guadaña lebantada contra el Domingo y se la posó sovre la caveça y le llamó xavalina, cornudazo, y que jurava a Dios y a una cruz que si fuera de noche le avía quitar el [...] Y queriendo ir apartarlos, le tiró un golpe con la guadaña”.
1672-04-24, Pío: “...Y dixo públicamente en el lugar de Vierdes que Pedro de Redondo acostunbrado estava de meter las hixas devaxo de los honbres casados para que las albardasen... Juró en Pío Pedro Gutiérrez, de 32 años, dice que... dixo Christóbal de Pedro Redondo, que acostunbrado estava a enrrocinar sus hixas y meterlas devaxo de honbres casados”.
Y Venedico.