Mostrando entradas con la etiqueta Mitos de Sajambre. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mitos de Sajambre. Mostrar todas las entradas

jueves, 19 de junio de 2025

COCINAS DE POBRES, COCINAS DE RICOS EN SAJAMBRE DURANTE LOS SIGLOS XVII Y XVIII (2): CONSUMO, CONFORT Y URBANIDAD EN UNA COMUNIDAD RURAL DE MONTAÑA

Ningún siglo es igual a otro. El continuismo rural es un mito producto del desconocimiento histórico. Solo hace falta pensar en cómo se vivía en Sajambre en la década de 1920 y cómo se vive ahora. Las diferencias son grandes para lo bueno y para lo malo, y así sucedió en todos los siglos. 

En el artículo anterior describí lo que dicen los documentos sobre las formas de vida de los sajambriegos en el siglo XVII, a través de los objetos domésticos y de consumo en las cocinas, que es el espacio habitado mejor descrito en los inventarios de bienes sajambriegos. El menaje resultó ser muy escaso en todas las viviendas y con una alta desigualdad entre los más ricos y todos los demás. No había categorías intermedias. Ese nivel básico generalizado no siempre fue sinónimo de pobreza, sino de ausencia total de elementos superfluos y suntuosos, o sea, de una inexistencia absoluta de objetos no necesarios, a los que nos tiene acostumbrados el consumismo moderno. Se vivía de una manera muy distinta a la actual, porque la mayoría de la gente no valoraba los objetos que no fueran imprescindibles para el trabajo o para la vida cotidiana. En las casas tenían lo que necesitaban y nada más. El valor se lo daban a las tierras, a los prados y a los animales. Por otra parte, tampoco hay que olvidar que el siglo XVII fue una época de crisis generalizada en toda España, por lo que las dificultades que pudieron tener los sajambriegos en esa época se agudizaron por la mala situación del reino. 

Pero pese a que el siglo XVII terminó con las secuelas de la gran crisis económica y el XVIII se inició con la Guerra de Sucesión (1701-1713), que diezmó demográficamente el valle y obligó a muchos sajambriegos a emigrar, pese a estas circunstancias adversas, se observa un paulatino cambio de mentalidad a partir de 1695 aproximadamente.  

Vimos cómo antes de esta fecha solo los ricos usaban manteles en las mesas para comer y solo ellos se servían de cubiertos para lo mismo. Los demás carecían de tales niveles de urbanidad y comían con las manos, con la escudilla de madera o ayudándose con el pan. Esta realidad seguirá existiendo y la escudilla para beber siguió usándose durante mucho tiempo. Tan extendida estaba esta costumbre, que los más pudientes las compraban de loza de Talavera, como el cura de Oseja y Soto en 1720, en cuyo documento se especifica el uso que se le daba: “una escodilla de Talavera con que se bebe” .  No hay vasos, ni copas en la vida cotidiana de la generalidad del valle. Solo en unas pocas viviendas que vuelven a concidir con los más acomodados: los clérigos y los Piñán de Cueto Luengo. No se utilizan en los hogares de la mayoría, salvo "la copa del concejo", de plata y con una función ritual y protocolaria, que aparece ocasionalmente guardada en casa de algún vecino. 

Sin embargo, a partir de 1695 se detecta una realidad cambiante, más parecida a lo que se lee en los documentos del siglo XVIII. Las innovaciones entran lentamente, ahora a través de los grupos medios de la sociedad rural formados por algunos que llegaron a alcanzar mejor situación, gracias a la práctica diversificada y combinada de las actividades agropecuarias y comerciales, estas últimas a través de la carretería y de la arriería. El cambio empieza a detectarse, incluso, en algún hogar más modesto. En cualquier caso, se sigue observando cómo otras modernidades penetran en el valle asimismo de mano de las élites locales. 

El porcentaje de uso de menaje variado en el siglo XVII, con algunas piezas más aparte de las estrictamente necesarias, era del 8’5%. Este mismo porcentaje en el siglo XVIII asciende al 27’6% de los casos. Con menaje variado no me refiero a un único caldero para el llar, sino a varios y de diferentes tamaños; cazos de distintos materiales, de hierro, de latón y de aleaciones como el peltre, con plomo y estaño; ollas metálicas y de barro; caballetes con mayor frecuencia para asar; herradas para transportar agua, así como más de una mesa o de un escaño. Cuando hay dos escaños en buen estado, uno suele colocarse cerca de la cama. 

También se documenta un número mayor de arcas porque hay más cosas que guardar, a veces entre tres y cinco, como las cinco que poseían los Díaz de la Caneja en su casa solariega de Oseja. En otras estancias de la vivienda aparecen también bancos de respaldo, escritorios y bufetes con cajones, ya no solo en casa de los Piñán de Cueto Luengo, donde había escribanos públicos, o de los Díaz de la Caneja, donde también había escribanos, sino, por ejemplo, en la casa de los Martino, de Soto. Son pequeñas diferencias que se extienden muy despacio, pero que hacen su aparición en el siglo XVIII. 

Al porcentaje anterior le sigue el 21’2% de hogares que ahora tienen manteles y servilletas en las mesas para comer, frente al mismo 8’5% del período anterior que, como vimos, se limitaba a la Casa Piñán y a los clérigos. 

Un 8’5% era también en el período anterior el porcentaje de casas con cualquier objeto de ostentación que podríamos calificar “de lujo”, o sea, jarras y platos de Talavera, salpimenteros o cubiertos de plata. Este mayor consumo aumenta de forma muy ligera a un 12’7% en el siglo XVIII, posiblemente porque hay información de más miembros del estamento clerical. No obstante, en 1709 se documenta un José Díaz, laico, que vivía en una casa con “cocina, sala, bodega y dos caballerizas”, sita en el barrio de Caldevilla, en Oseja, junto al palacio de los Piñán, que se hallaba bien abastecida y en la que existían dos escaños de nogal y de tejo y una cama de madera sin labrar. Este José Díaz poseía también “dos jarras de Talavera, la una ya quebrada” y acababa de construirse un hórreo junto a la casa y el huerto anexo. Pese a conservarse menor cantidad y diversidad de documentos que en el siglo precedente, son diferencias que se localizan con menor esfuerzo en el XVIII, lo que indica un tímido cambio en la manera de vivir y en la mentalidad de algunos hogares sajambriegos durante el 1700. 

En el siglo XVIII aparecen por primera vez en los inventarios de bienes de Sajambre los vasares y armarios en las cocinas para guardar los platos y las vasijas, pero las únicas casas en las que se incluye este mobiliario doméstico vuelven a ser las viviendas de los clérigos. Hasta el siglo XIX no se registran quixiellas o quijiellas para colar la ropa. 

Las cocinas de los sajambriegos siguieron estando impregnadas de humo en el siglo XVIII, lo que, en su lado práctico, servía para curar los productos de la matanza. El escaño continuaba alrededor del llar, con el gran caldero colgando de las llarias o clamiyeras de hierro y con algunas tayuelas para sentarse. En cambio, la cocina baja de la Casa Piñán responde al modelo de las casas señoriales. Seguía siendo la única de chimenea de todo el valle, con varias trébedes de distinto tamaño para colocar las ollas, con vasares, platos de madera y vajilla de loza, cubertería de plata, copas de vidrio, almireces de bronce o cacillos; con la matanza curándose en dependencias distintas a la cocina y con el horno para amasar fuera de dicho espacio, en una estancia independiente. Estas cocinas libres de humo no llegaron a las restantes casas sajambriegas hasta bien entrado el siglo XIX y, en algunos casos, hasta principios del XX. 

Entre los nuevos objetos que se encuentran ahora en las mesas más acomodadas, que – insisto – siguen siendo las de los clérigos y los Piñán de Cueto Luengo, se encuentran los potes de tabaco y las chocolateras, tan características del siglo XVIII. Habrá que esperar al año 1856 para encontrar una chocolatera en casa de Víctor Acevedo, vecino de Oseja. 

La otra cara de esta misma moneda es la pobreza, que seguía estando bastante extendida. Por ejemplo, en 1721 el bien más preciado del mobiliario y enseres domésticos que tenía Juan de Granda, vecino de Vierdes, era un escaño destartalado.

CONCLUSIONES 

La principal conclusión que se extrae de esta documentación es que la memoria que llegó al siglo XX como creencia de lo que fue la vida tradicional en Sajambre, en lo que respecta al contenido de las casas de morada, no es anterior al siglo XIX y, para muchos casos, más bien la segunda mitad de dicho siglo. 

Esta realidad es absolutamente paralela a lo que se ha estudiado en Asturias. Lo que se “cree o creyó recordar” como vida popular no sobrepasa el 1800 o 1850 y lo que se considera propio de las casas tradicionales no es anterior a esa misma época.  

miércoles, 21 de diciembre de 2011

A LA BÚSQUEDA DEL SAJAMBRIEGO PERDIDO


¿A qué me refiero con este título? A la “Leyenda de los dos hermanos” y al sajambriego que “llegó a ser virrey de Nápoles”. Como ya dijimos en otras ocasiones, en dicha leyenda hay dos cosas totalmente seguras: que los dos hermanos no fueron tales y que ninguno de ellos llegó a ser virrey de Nápoles. Pero... ¿existió algún fundamento real para asignar tan alto honor a un humilde sajambriego por mucho que la tradición lo engrandeciera con el correr de los siglos? Esta es la búsqueda a la que me refiero.

Quiso la casualidad que en una de mis lecturas históricas me topase con un dato que despertó mi interés de inmediato. Tras documentarme y empezar a indagar puedo ofrecer una pista que habrá que considerar en el futuro para confirmarla o descartarla. Déjenme que les ponga en situación.

Durante la Guerra de Nápoles (1501-1504), hubo un incidente que pasó a la historia como El desafío de Barletta, acaecido el 20 de septiembre del año 1502, cuando 11 franceses se batieron en un duelo ecuestre al estilo medieval con 11 españoles. Los once soldados españoles formaban parte de las huestes de Don Gonzalo Fernández de Córdoba, más conocido como el Gran Capitán. Entre aquellos 11 valientes que lucharon sin descanso durante cinco horas había un caballero llamado Rodrigo Piñán. Junto a él, combatió Gonzalo de Aller, un asturiano (o de origen asturiano) que fue el único español hecho prisionero y el celebérrimo Diego García de Paredes.

El suceso fue relatado por los cronistas de la época e incorporado por fray Prudencio de Sandoval a la Vida del Emperador Carlos V (1). Pese a terminar en tablas, los combatientes españoles fueron aclamados como héroes y se cubrieron de gloria, de prestigio guerrero y de fama. Y cuando terminada la guerra, el Gran Capitán se convirtió en el primer virrey de Nápoles, recompensó con altos cargos, títulos y honores a quienes habían combatido a su lado. Nada extraño sería que Don Gonzalo Fernández de Córdoba hubiera otorgado alguna distinción a aquel Rodrigo Piñán que se contaba entre sus caballeros más valientes.  Sin ir más lejos, su famoso, imbatible y aguerrido compañero de armas, Diego García de Paredes, fue nombrado por el Gran Capitán marqués de Colonetta.

He estado rastreando una posible relación entre este Rodrigo Piñán con los Piñán de Toledo, buscando la perpetuación del recuerdo del héroe en la onomástica familiar y no he encontrado el nombre de Rodrigo en ninguno de los documentos que se conservan de los siglos XVI y XVII. Tampoco he hallado dicho nombre entre los Piñán de Sajambre, pero en este caso conservamos muy pocos documentos familiares de la etapa comprendida entre 1500 y 1580, así que no puede afirmarse nada con total seguridad. Y tampoco he localizado hasta el momento el nombre de Rodrigo en la documentación del siglo XVI que se conserva sobre los Piñán de Polvoredo.   

Así las cosas, me pregunto: ¿será ésta una pista válida? ¿Estaremos empezando a desbrozar el camino que nos permita acabar de comprender la leyenda más famosa de Sajambre?    

FELICES FIESTAS a todos mis lectores.

_____________________________
NOTAS
(1) “En este año movieron guerra los franceses en Nápoles a los españoles sobre los términos, que les costó caro. Y fue el desafío -tan nombrado- en Trana, entre once franceses y once españoles a caballo, sobre decir los franceses que los españoles no eran hombres de a caballo sino de a pie, y que su rey tenía mejor derecho a Nápoles. Fueron los españoles Diego García de Paredes, que rindió a su contrario; Diego de Vera, que después fue muy conocido por lo de Argel y Fuenterrabía; el alférez Segura, y Moreno su hermano, Andrés de Olivera, Gonzalo de Arévalo, Jorge Díaz Portugués, Oñate, Martín de Triesta, mayordomo del Gran Capitán; Rodrigo Piñán; Gonzalo de Aller, que por su desventura fue rendido, aunque era muy valiente. Los jueces fueros venecianos; no se declaró la vitoria por ninguna parte”: Fray Prudencio de Sandoval, Historia de la vida y hechos del Emperador Carlos V, ed. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Alicante, 2003, n. XII.  

jueves, 16 de junio de 2011

¿CÓMO Y CUÁNDO SE FORMÓ LA MEMORIA SOBRE EL ARCEDIANO? (y 4)

A los 20 años de la muerte del Arcediano nadie recordaba ya a las personas de sus padres, Diego Díaz y Juana Fernández, y las referncias sobre esta última son confusas e inexactas incluso entre los que llegaron a conocerla en su vejez.  La identificación que se hace del apellido Fernández de Gracia Díaz con el Fernández sajambriego se produce porque nadie recordaba ya que la madre del Arcediano no era sajambriega, sino que procedía del concejo de Cabrales y que el patronímico Fernández que portaban sus hijas nada tenía que ver con el Fernández asentado en Sajambre mucho antes de que llegara la propia Juana.    

Se observa también que el apellido materno del Arcediano sólo consigue perdurar en la memoria de las dos generaciones siguientes a la muerte de Pedro Díaz y sólo en el pueblo de Oseja, aunque incluso aquí la memoria sobre las hermanas es endeble, pues algún testigo ya confunde a Gracia (casada en Soto) con María (casada en Oseja).    

Los recuerdos y, especialmente, los olvidos que se detectan en una época tan cercana todavía a la figura del Arcediano ilustran sobre la fragilidad de la memoria local, una memoria que además partía viciada por transmitirse de manera errónea que el origen de la madre del Arcediano era sajambriego.   

He aquí una prueba muy cercana al Arcediano que demuestra cómo el principal problema de la memoria, sea ésta individual o colectiva (eso que llamamos tradición oral), es el de su fiabilidad. Además de la fragilidad que el Arcipreste de Hita retrató en el prólogo a su Libro del Buen Amor como “memoria de omne deleznadera es”,  los historiadores actuales que más han trabajado sobre estos asuntos, como Pierre Nora, saben muy bien que la memoria se encuentra en evolución permanente, siendo inconscientes quienes la transmiten de sus deformaciones progresivas y de su vulnerabilidad a las manipulaciones(1). Por eso, memoria no es sinónimo de historia.  

Pero es que, además, sobre cualquier hecho nunca existe una única memoria, sino varias. Y sobre los parientes cercanos del Arcediano debió existir en 1675 otra memoria que no quedó reflejada en este documento: la memoria familiar.  De la investigación inquisitorial sobre Diego de la Caneja se excluyen intencionadamente a los que pudieran estar emparentados con él o a los que llevaran el apellido Caneja, fueran o no parientes directos. De hecho, una de las preguntas del interrogatorio (la número seis) estaba destinada a asegurar que no existiera ningún vínculo entre el interesado y los testigos.  

Quizás entre los descendientes directos de Gracia y María, hermanas del Arcediano, la memoria familiar fuese algo más precisa. Pero lo que es evidente es que los recuerdos familiares no sobrepasaron los límites del linaje y no fueron apropiados por el resto de los vecinos del valle, ya que ni uno solo de los 51 testigos sajambriegos (incluidos el escribano y los curas) manifiestan ni siquiera haber “oído decir” que la madre de Gracia Díaz era de Cabrales, que el padre había sido escribano o que la madre se llamaba Juana.    

Además, en aquella sociedad en la que el honor era mucho más importante que el dinero, reconocer que se llevaba un apellido no sajambriego y además tan extendido por todo el reino como Fernández (o sea, de solar no conocido) suponía una inmediata sospecha y una obligación legal de demostrar su origen.  Lo más útil era, por tanto, olvidar todo lo que pudiera despertar cualquier duda.  De manera que aunque las primeras generaciones del mismo linaje pudieran haber recordado el origen cabraliego de Juana Fernández, no debieron poseer ningún interés en transmitirlo, con lo que su memoria no trascendió y terminó perdiéndose.  Aunque no fuera cierto, se transmitió en cambio lo que interesaba: que Juana Fernández era sajambriega.

La asimilación de la vida del Arcediano con la “Leyenda de los dos hermanos” hubo de ser muy posterior a 1675, cuando ya no quedaba nadie que recordara que el Arcediano no había tenido hermanos varones. Se mire por donde se mire, la historia desmiente la tradición. La biografía del Arcediano que hizo el padre Martino desmintió la tradición, la indagación sobre la formación de los recuerdos de la familia del Arcediano desmiente la tradición y la creencia en que los dos hermanos que se separaron en Pontón llegaran a triunfar en la carrera eclesiástica, el uno, y en la de las armas, el otro, llegando a ser “virrey de Nápoles” resulta ser gran fantasía, porque se conocen a la perfección todos los virreyes de Nápoles y no hay lugar para ningún sajambriego ni por asomo. Tampoco hay lugar en ninguno de los restantes virreinatos. Lo que sí puede afirmarse es que la tradición no puede ser anterior al siglo XVI porque antes de esta fecha no existió la institución del virreinato.   

La “Leyenda de los dos hermanos” no es historia y ni siquiera es tampoco memoria. Es un relato mítico que debió ir formándose con la fantasía popular alimentada en las noches de jila.  


------------------------------------------
NOTA
(1) Pierre Nora, Les lieux de mémoire, reed. París, 1997, vol.1, p.25. 
     Sobre la deformación de la tradición oral tenemos fresco un ejemplo reciente: ¿quién recordaba en Soto que la “tradición” sobre el argao que cayó de Beza y que destruyó el antiguo pueblo había tenido su origen, en realidad, en las teorías de Moisés Díaz-Caneja formuladas en 1929? Nadie. No recordaban al autor, pero recordaban la teoría. Por eso, los vecinos de Soto afirman: “dicen” que el antiguo pueblo estuvo en El Piquero y “dicen” que lo destruyó un argao que cayó de Beza. Ambas afirmaciones en el mismo plano, porque en el siglo XX la tradición oral sobre el antiguo pueblo del Piquero ‘se enriqueció’ transformándose con la apropiación que el pueblo hizo de algo que nunca formó parte de la ‘memoria’ local. Es un ejemplo de las deformaciones que sufre la memoria oral a lo largo de los siglos. 

 

lunes, 13 de junio de 2011

¿CÓMO Y CUÁNDO SE FORMÓ LA MEMORIA SOBRE EL ARCEDIANO?

III.  

Los sajambriegos que coincidieron con el Arcediano y con su madre en edad adulta declaran haber conocido a Gracia y a su marido, pero dicen no saber nada de los restantes antepasados: “y no tiene noticias de más altos ascendientes” es expresión que se repite entre los testigos con edades comprendidas entre los 80 y los 90 años. Únicamente Felipa Alonso, de 90 años,  mujer de Juan Alonso Blanco y vecina de Soto de Valdeón manifiesta haber conocido a la bisabuela materna del pretendiente. Pero ni los más viejos de Valdeón, ni tampoco los de Sajambre se acuerdan de los padres del Arcediano.   

Lo único que declaran estos sajambriegos de más de 80 años es que a Gracia Díaz se la conocía también por Gracia Fernández, un apellido que todos consideran sajambriego: “que conoció más de diez años a Jusepe de la Caneja y Gracia Díez de Oseja, la qual también se llamaba Fernández y por ambos apellidos era natural de dicho lugar de Oseja” (f.56vº); “dijo que también le toca el apellido Fernández y que se llamaba de uno y otro modo, pero que ambos son muy calificados en este lugar” (f.49vº). 

Los sajambriegos que testifican con 70 años de edad declaran haber conocido a Gracia Díaz, pero no son capaces de decir nada sobre sus padres. Ellos reconocen asimismo que Gracia se hacía llamar también Fernández y que el tal era un apellido sajambriego: “dijo que llamaban también a la susodicha Fernández, que los hay en este lugar, y que uno y otro son muy calificados y la tocan, aunque no tiene noticia de más ascendientes” (f.54vº, de 70 años); “dijo que a la susodicha la llamaban también María Fernández y que ambos apellidos son de este lugar y ambos muy calificados” (f.56rº, de 74 años).  Nótese en este último testimonio la confusión con la otra hermana del Arcediano, llamada María y casada en Oseja que, muy posiblemente, también adoptó el apellido Fernández de su madre.   

En cuanto a los testigos de 60 años en 1675 y alrededor de 40 a la muerte del Arcediano, unos dicen haber conocido a Gracia “siendo mancebo” (un vecino de Soto de 65 años) y otros declaran no haberla conocido pero haber oído hablar de ella: “pero oyó decir a sus padres que la susodicha Gracia fue natural de este lugar” (f.58vº, un vecino de Oseja de 60 años); “los oyó nombrar mucho” (un vecino de Soto de 56 años). 

Por último, los más jóvenes, con 40 años en 1675, declaran no haber conocido ni a los padres (Pedro de la Caneja), ni a los abuelos paternos (José y Gracia) ni maternos y únicamente los vecinos de Oseja siguen teniendo alguna referencia de Gracia Díaz: “oyó decir que la susodicha fue natural de este lugar” (de 40 años); “oyó decir que el susodicho fue de Soto y ella de este lugar” (de 44 años); “oyó decir que el susodicho fue de Soto y ella de este lugar y esto lo oyó a su padre que murió viejo” (de 41 años). Sin embargo, ninguno de ellos sabe ya que Gracia Díaz se apellidaba también Fernández.   

Dejo mis comentarios para el siguiente post.

¿CÓMO Y CUÁNDO SE FORMÓ LA MEMORIA SOBRE EL ARCEDIANO?

II.

Cuando en 1675,  Don Diego de la Caneja, arcediano de Villaviciosa, sucesor de Don Pedro Díaz de Oseja y sobrino suyo,  solicita entrar en la Inquisición, los oficiales del Santo Oficio encabezados por el comisario de Sahagún efectúan una exhaustiva investigación genealógica sobre la limpieza de sangre del pretendiente a oficial de la Suprema, de sus padres, de sus abuelos y de los restantes ascendientes de los que tuvieran noticia los testigos reunidos al efecto. 

Gran parte de la información recogida en este tipo de documentos se basaba en la memoria de los testigos, cuyos testimonios inclinaban la balanza cuando se carecía de pruebas documentales o éstas eran insuficientes. La investigación de 1675 ocupó 132 páginas y en ella intervienieron como testigos 100 personas, de las siguientes procedencias: 12 de la ciudad de Oviedo; 37 del concejo de Valdeón y 51 del concejo de Sajambre, perteneciendo estas últimas a los lugares de Oseja (24), Soto (15) y Vierdes (12).  

Cada uno de ellos testificará lo que recuerde por haberlo vivido (memoria personal) o lo que sabe por haberlo oído (tradición oral).  Para el caso que nos ocupa, interesa fijar la atención en lo que se declare sobre los parientes más cercanos al Arcediano, es decir, sobre la abuela paterna llamada Gracia, hermana de Don Pedro Díaz de Oseja, y sobre sus padres, porque en tales testimonios se encontrará lo que los sajambriegos perpetuaron por memoria sobre la familia del Arcediano y, en particular, sobre su madre, a la que las leyendas de Sajambre otorgaron un mayor protagonismo.   

El interés principal de los inquisidores fue el de recabar la información que necesitaban de “hombres ancianos y noticiosos”, para lo cual se presentan declaraciones de hombres y mujeres con edades comprendidas entre los 90 y los 39 años de edad, varios de ellos contemporáneos del Arcediano en la última etapa de su vida. Puede decirse que entre los testigos interrogados en 1675 existieron individuos pertenecientes -grosso modo- a tres generaciones:

1ª) Los que a la muerte del Arcediano en 1655 tenían entre 60 y 70 años y a la muerte de la madre de éste en 1627 contaban con 32 y 42 años. Son los que declaran con edades comprendidas entre los 80 y los 90 años.

2ª) Los que a la muerte del Arcediano tenían entre 40 y 50 años y a la muerte de su madre, entre 12 y 22.

3ª) Los que a la muerte del Arcediano contaban con 20 años de edad y no llegaron a conocer a Juana Fernández, madre de Gracia, María y Pedro Díaz de Oseja.

Lo primero que se observa es que la memoria sobre los parientes más próximos a la figura del Arcediano es más intensa en Sajambre que en Valdeón y mucho más fuerte en Oseja que en Soto de Sajambre o en Vierdes. 

Se observa también que no existe equivalencia entre lo recordado en Oseja con respecto a la abuela Gracia y lo recordado en Prada de Valdeón con respecto al abuelo Juan González de Prada. En Oseja todos saben quién fue Gracia, la hubieran conocido personalmente o no, mientras que en Prada sólo saben quién fue Juan 3 de los 12 vecinos de este lugar que declaran y los tres por haberlo tratado personalmente o por habérselo oído a un hermano llamado Gutierre González de Prada.  Es decir, parece que esta familia pasó mucho más desapercibida en Valdeón que en Sajambre.

Hasta este punto todo resulta bastante previsible, pero ¿qué recordaban exactamente los 51 sajambriegos veinte años después de la muerte del Arcediano? Continuaremos en el siguiente post.  


sábado, 11 de junio de 2011

¿CÓMO Y CUÁNDO SE FORMÓ LA MEMORIA SOBRE EL ARCEDIANO?

I.

A los siglos XIX y XX llegó una ‘memoria’ sobre uno de los hijos más ilustres de Sajambre entremezclada con leyendas locales.  Pero, ¿qué sabemos sobre esta memoria? ¿Acaso se nutrió de recuerdos fidedignos transmitidos de generación en generación? ¿O la realidad se fue desfigurando a medida que se mitificaba la figura del Arcediano? La prueba de que dicha mitificación existió es la atribución de la “Leyenda de los dos hermanos” a la vida del Arcediano.

La respuesta a algunas de las preguntas anteriores la proporcionó el padre Martino en 1987 tras biografiar al arcediano de Villaviciosa, Pedro Díaz de Oseja, y al obispo de Oviedo, Ignacio Díaz-Caneja, en su libro titulado "Hombres de Sajambre. La leyenda de los dos hermanos". En él demostró que dicha leyenda no se refería ni a uno, ni al otro, concluyéndose por tanto que la memoria sajambriega sobre la familia del Arcediano que se menciona en dicha leyenda (la madre y un hermano) no se basó en recuerdos, sino que fue el resultado de una construcción mitológica.  

Pero entonces, ¿cuándo se iniciaría dicho proceso? ¿Inmediatamente después de su muerte o tiempo más tarde?  ¿Permite la documentación conocida rastrear qué fue lo que los sajambriegos recordaron o no recordaron sobre la familia del Arcediano en los 356 años que nos separan de la fecha de su muerte?   

La respuesta es afirmativa porque existen algunos documentos en los que se recogen recuerdos y memorias individuales. Utilizando como fuente uno de estos documentos, vamos a conocer en esta ocasión lo que se recordaba en Sajambre sobre la familia del Arcediano 20 años después de su fallecimiento. El resultado es interesante porque lo aquí conocido o recordado es el punto de partida para lo que se empezaba a convertir entonces en tradición oral sobre la familia de Pedro Díaz de Oseja.  


jueves, 19 de febrero de 2009

MITOLOGÍA DE SAJAMBRE (2): LA FUENTE EL INFIERNO.

En toda sociedad humana, lo que evoluciona siempre con más lentitud es la mentalidad. Como parte de los componentes supraestructurales, lo que antaño fueron arraigadas creencias religiosas perduran en el tiempo durante cientos, miles de años, aunque las religiones de las que formaron parte hayan sido sustituidas por otras recién llegadas. Así se han conservado vestigios de antiguos credos anteriores al Cristianismo una veces como designaciones toponímicas, otras como elementos folklóricos y festivos, otras como supersticiones y otras como aspectos asimilados e incorporados a la nueva religión dominante. Rastreando tales evidencias y confrontándolas con las fuentes históricas (escritas y arqueológicas) se puede conocer el trasfondo mental y reconstruir las creencias religiosas de nuestros antepasados.

El capítulo 2º de este artículo sobre Mitología Sajambriega va a estar dedicado a buscar indicios de las prácticas y creencias religiosas antiguas que hayan podido quedar en la toponimia, en las supersticiones y en las costumbres populares sajambriegas.

El Cristianismo denomina “superstición” a cualquier creencia sobrenatural ajena a las suyas propias (léase al padre Feijóo). Pero para antropólogos e historiadores las supersticiones son evidencias de antiguas prácticas rituales y credos religiosos desaparecidos que se han perpetuado de esta manera en el imaginario popular. En su Debate con Maximino, el propio San Agustín consideraba que las supersticiones eran supervivencias de la idolatría pagana, incluyéndose en el concepto “pagano” los dioses grecorromanos y las muchas divinidades de origen diverso que veneraban los pueblos del Mundo Antiguo.

En los círculos cultos, los intelectuales cristianos combatieron el Paganismo con argumentos filosóficos y teológicos, aunque para combatirlo entre el pueblo llano las medidas debían ser otras. Junto a las leyes imperiales de destrucción de templos y prohibición de rituales no cristianos (gentilitia superstitio) que se inauguran tras el Edicto de Milán y se intensifican tras el Decreto teodosiano, la principal estrategia fue la demonización de todo lo no cristiano, de tal manera que lo que antes había sido sagrado pasaba ahora a ser maldito, una auténtica obra del demonio como siglos después seguiría afirmando Santo Tomás de Aquino.

Los castigos, como una forma de control social en este sentido, han quedado en lugares llamados Cueva del Purgatorio o Salto del Diablo (Julio Concepción Suárez, “Toponimia y poder religioso”, Actas del III Congreso de Historia de las Religiones, Oviedo 2002, 41-64). En Sajambre existe una Riega o Fuente El Infierno. Este hermoso topónimo parece indicar que dicho manantial debió haber sido un lugar sagrado para los sajambriegos en algún momento de su historia. Recordemos por ejemplo que, entre los antiguos cántabros,  no existían templos edificados, pues todos los santuarios eran emplazamientos naturales.

domingo, 1 de febrero de 2009

MITOLOGÍA DE SAJAMBRE (I.5): EL SANCINOJO, EL PELLITERO Y LOS MOROS.

EL SANCINOJO
Se trata de un ser fabuloso sin ojos o falto de vista (Vocabulario sajambriego, 489). En las mitologías astur, cántabra y vasca pervive el recuerdo del gigante de un solo ojo (Cíclope, Polifemo) que se dedicaba a asustar a las gentes. Creo posible que el mito sajambriego perdiera su único ojo por el camino y que nos encontremos ante una variante del Patarico astur, el Ojáncano cántabro o el Tártalo vasco. Más difícil me parece que podamos hallarnos ante una adaptación de Hodr, el dios ciego del invierno y la oscuridad, cuya única mención llenaba de terror a los hombres del Norte.

EL PELLITERO
Hombre o ser imaginario que corta las manos a los chicos que las tengan manchadas o ennegrecidas con peros o escuendios de nueces verdes hurtadas o comidas sin permiso paterno (Vocabulario sajambriego, 414).

LOS MOROS
En Sajambre, al igual que en Asturias, resulta muy habitual escuchar que algo es de cuando los Moros. Algunos explican esta tradición diciendo que se trata de la creencia en que los musulmanes, en su rápida huída de Asturias, dejaron tesoros escondidos en la tierra.
Sin embargo, esta tradición oral no es exclusiva de Asturias, sino que se encuentra en todo el norte cantábrico y también se atribuye a estos mismos Moros los restos de antiguas construcciones, de determinados emplazamientos y de boleras de oro que existen en algunas cuevas.
En realidad, la leyenda no alude a los seguidores del Profeta que llegaron a la Península en el año 711, sino que se refiere a una raza primigenia de seres mágicos que construyeron dólmenes y castros, que trabajaban el oro que ellos mismos extraían de la tierra y que escondían tesoros, como las citadas boleras de oro. Cuenta la tradición valdeonesa que en Corona hay una cueva en la que se guarda una bolera de oro... de cuando los Moros.

MITOLOGÍA DE SAJAMBRE (I.4): LA BERRONERA, EL CUÉLEBRE, LOS DUENDES Y LAS JIANAS.

LA BERRONERA
El Vocabulario sajambriego (2001, 95) aporta dos acepciones. En el primer caso se trataba de un ser que habitaba en antros o sitios lóbregos. En el segundo, se utilizaba como sinónimo de coco, duende o trasgo.
La etimología del término no parece estar relacionada con la voz “berrón, na” que define a un niño/a que llora mucho y ruidosamente (ibídem), sino con los topónimos El Berrón (Asturias), la Playa del Berrón (Cantabria), El Berrón (Burgos), El Berrón (Vizcaya) o la mina de la Berrona, situada al sur de la provincia de Badajoz. Quizás, la pista para rastrear el origen, hoy por hoy desconocido, de todos estos topónimos la proporcione el personaje fabuloso sajambriego y el último de los nombres de lugar mencionados, ya que pocas cosas hay más lóbregas que una mina.
Volvemos a encontrarnos con la supervivencia de una divinidad femenina, quizá de carácter infernal y similar a las lamias, que vivía en cuevas (véase Barbarona) o en el inframundo y que, en el mejor de los casos, se identifica con los duendes y los trasgus.

EL CUÉLEBRE
El mito del dragón o serpiente alada que custodia tesoros y lugares encantados está presente en Sajambre con el nombre astur del monstruo. Vivía en las más tenebrosas y profundas simas y cavernas de bosques y montañas. Dice el Vocabulario sajambriego (p.166) que engullía a las personas y a los animales atrayéndolos con su vista. Es, como se sabe, un mito muy extendido en todas las culturas de la Tierra.

LOS DUENDES
“Es muy familiar entre los sajambriegos y en sus conversaciones, aunque ya tan sólo festivamente” (Vocabulario sajambriego, 199). En cambio, en 1959 Ángel Fernández González había recogido la tradición de que los duendes asustados corrían a esconderse en las cuevas de Llareya o Gurimaldo en el término de Oseja.

LAS JIANASEn la toponimia queda la Cueva de las Jianas y en la tradición oral la leyenda del Pozo Agustinos o de las Agustinas, en donde las jianas hacían la colada y la lejía enturbiaba las aguas del manantial de Igüeyo (Vocabulario sajambriego, 309). A medio camino entre las Xanas asturianas y las Anjanas cántabras se sitúan las Jianas sajambriegas. En todos los casos, son restos de un antiguo culto a las divinidades acuáticas femeninas, que los griegos llamaron ninfas. El esposo o hijo de la jiana se ha conservado en la majada o Collada de Jián.

lunes, 26 de enero de 2009

MITOLOGÍA DE SAJAMBRE (I.3): BARBARONA

En el Vocabulario sajambriego (2001, 89) se dice que Barbarona era una mujer fantasma que poseía tal fuerza que era capaz de parar con la mano el rodezno del molino más potente, se tiraba al fondo de los valles y las simas desde las más elevadas montañas sin hacerse daño, se dedicaba a asustar a las gentes a las que se les aparecía en cuanto empezaban a hablar de ella. Algunos la consideraban real, aunque loca embrujada y otros afirmaban haberla escuchado o haberla visto. Las mujeres que iban al molino del Buseco y se preguntaban temerosas “¿Estará acá Barbarona?”, escuchaban su respuesta “Acá estó, acá estó, agarrada al rodezno’l molín”. Y cuando un vecino de Oseja, llamado el tío Calvo, pasaba con su carro por debajo de la cueva de Burdió vio a Barbarona asomada en lo alto de la peña diciéndole: “Calvín, calveto, / allá me tiro en tu carreto / peinando el mi moñeto”. Y cuando el tío Calvo se dio la vuelta, pudo ver a Barbarona en el carro peinando su cabellera.
Hasta aquí la leyenda registrada en la citada obra. Cualquier conocedor de las religiones antiguas peninsulares ha podido constatar ya el extraordinario trasfondo mítico de esta tradición. Veamos cuál es.
En primer lugar, el hecho de que Barbarona fuese un ser al que se le tenía miedo nos indica que nos encontramos ante un mito precristiano.
En segundo lugar, la leyenda contiene muchos de los atributos que caracterizan a la Diosa Madre indoeuropea (ástures y cántabros eran pueblos indoeuropeos) y que según Julio Caro Baroja (Ritos y mitos inequívocos, 1974) son los siguientes:
1) Es una mujer selvática y montaraz.
2) Posee una fuerza sobrehumana.
3) Es rubia, blanca y hermosa.
4) Es cruel y de carácter viril.
5) Vive en las cuevas.
6) Asusta y reduce a los caminantes para luego seducirles.
7) Mata a sus amantes despeñándolos.
8) Se traslada a grandes distancias sólo con un paso, y se hace ver en simas y precipicios.
A esto hay que añadir que, en la interpretación vasca del mito, este ser vuela y a veces se la ve peinando su cabellera.
La leyenda sajambriega no nos dice nada sobre el aspecto físico de Barbarona, por lo que no sabemos si quizás fue perdiendo su belleza original según se fue transformando en un ser cruel por efecto de las religiones que la combatían. Sea como fuere, son muchos los elementos que coinciden.
Su nombre, Barbarona, nos lleva directamente al punto 4. La mención explícita a su fuerza, al punto 2. Sus andanzas por riscos y peñas, al punto 1. El miedo que causa a las gentes, al punto 6. El punto 8 y la interpretación vasca están presentes cuando se lanza desde lo más alto al fondo de los valles, lógicamente volando. Asimismo, encontramos un paralelismo entre la versión vasca y la leyenda sajambriega cuando se aparece a los humanos peinando su cabellera. Y muy posiblemente también viviera en cuevas. Recordemos que se halla junto a la Cueva de Burdió cuando asusta al tío Calvo; y cerca del molino del Buseco, en donde se aparece a las mujeres de Oseja, existe una gran cueva con el mismo nombre. No parece una casualidad la mención de estos dos lugares (con cuevas) en esta leyenda.
Y, por último, la Diosa Madre es también la diosa de la fecundidad y de la tierra. A Barbarona le gustan los molinos, lugar en el que se transforman los frutos de la agricultura, lugar al que se llevan los productos que entrega a los humanos la Madre (diosa) Tierra.
Creo que este mito está relacionado con el siguiente que estudiaremos: el de la Berronera.

MITOLOGÍA DE SAJAMBRE (I.2): EL (RE)NUBERU.

Aunque desde hace casi 100 años no hay recuerdo en Sajambre del Nuberu, sabemos que este personaje mitológico formó parte de las creencias populares del valle, como se comprobará en un instante.
El Nuberu o Reñubeiru, también llamado Xuan Cabrito en Asturias, es un genio maligno que gobierna las tormentas, el rayo y el granizo, se desplaza montado encima de las nubes, se dedica a causar males a los hombres y a las cosechas y tiene la apariencia de un viejo barbado, vestido con pieles de cabra y sombrero de ala ancha. El Nuberu puede ahuyentarse asustándolo con el repique de las campanas o conjurándolo para que se aleje o cambie su trayectoria.
Tres elementos que llegaron hasta el siglo XX sirven para atestiguar la antigua creencia en este ser:
1. En el acervo lingüístico sajambriego, la palabra “renobera” que significa “mujer malvada” es una clara transposición femenina del término Reñubeiru (el nuberu) galaico (ver El habla y la cultura popular de Oseja de Sajambre, 169).
2. Hasta mediados del siglo XX existía la creencia en Sajambre de que tocar las campanas servía para alejar las tormentas. Este hecho fue registrado como contemporáneo por Ángel Fernández en el libro anteriormente citado de 1959.
3. Hasta la misma centuria, a veces se aludía a la posibilidad de “conjurar la nube” para que descargase el granizo en otro lugar, lo que yo misma he escuchado en conversaciones con habitantes de Sajambre.

martes, 25 de noviembre de 2008

MITOS DE SAJAMBRE: "AQUÍ NUNCA HUBO ANALFABETOS"

1. Con este artículo inicio una nueva sección dedicada a explicar o a buscar el origen de algunos MITOS (antiguos o modernos) que se prodigan en el valle, y comienzo con una afirmación recurrente y frecuentísima entre las gentes de estas tierra: "Aquí nunca hubo analfabetos".

2. Para comprobar su veracidad, lo primero que debemos hacer es cuestionar lo que significa en esta afirmación la palabra "NUNCA", porque ¿se refiere a las presentes generaciones? ¿A todo el siglo XX? ¿O a mucho más tiempo quizás? En una conversación mantenida con gentes de Oseja durante este verano había quien extendía tal afirmación "al menos, hasta el siglo XIX". Cuando los documentos medievales querían aludir a algo muy antiguo, utilizaban esta hermosa expresión: "hasta que memoria de hombres no alcanza". En este caso y de ser cierto lo que nos ocupa, sería más probable que este "nunca" (que a los vecinos de Oseja les gusta enfatizar) se limite a la memoria reciente. No obstante, me dispongo a comprobarlo documentalmente.
De otro lado, la historia local ha venido insistiendo en la importancia que tuvo para la educación del lugar la fundación que hizo el Arcediano de Villaviciosa,

Pedro Díaz de Oseja, en el año 1665 al incluir entre sus mandas testamentarias la dotación de una escuela elemental en Oseja. ¿Se referirá, acaso, la tradición oral a que a partir de la época de dicha fundación desaparecieron los analfabetos? ¿Podrá atestiguarse un "efecto Arcediano" en este asunto?

3. Para comprobarlo, decidí indagar en las fuentes documentales que mencionan la capacidad de firmar de otorgantes y testigos en un período amplio de tiempo, que establecí entre los años 1500 y 1880, aunque cabe señalar que este objetivo se ve condicionado por dos factores: a) al tratarse de una etapa preestadística, tendremos que servirnos de un muestreo; y b) el número de fuentes útiles condiciona el número final de individuos computados y su cronología. Según esto, los resultados han sido obtenidos de un total de 78 documentos que aportan información sobre 619 individuos (545 hombres y 74 mujeres). El exiguo número de mujeres se debe a la incapacidad jurídica que les fue impuesta por las sociedades patriarcales (por no decir otra cosa).