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sábado, 21 de junio de 2025

LA MEMORIA HISTÓRICA LEONESA MALTRATADA

El Oratorio de San Felipe Neri, en Cádiz, fue la sede de las Cortes que elaboraron la Constitución española de 1812. Por este motivo, esta iglesia es monumento histórico artístico desde 1907. 

Sus muros están plagados de placas conmemorativas de las distintas provincias españolas, incluidas las hispanoamericanas, en las que se recuerda a los representantes de cada una de ellas en las Cortes de Cádiz. Varias se colocaron en el aniversario de 1912, pero otras muchas se han ido poniendo después, tras la llegada de la democracia a España.

León no está. 

La provincia de León nunca ha querido poner una inscripción con el nombre de los cuatro diputados y, entre ellos, el sajambriego Joaquín Díaz Caneja, que no solo fue diputado, sino también uno de los secretarios que firmó la primera constitución democrática de España: Joaquín Díaz Caneja, diputado por León, secretarioUn hijo de Sajambre en la vanguardia del progresismo de la época. 

Esto es una vergüenza. 

Cuando busqué entre tantas placas la de León y comprobé su ausencia, pasé del estupor a la tristeza y a la indignación. Juro que se me cayeron las lágrimas. ¡¿Pero a qué se debe este olvido por parte de la provincia y Diputación de León?! ¿A mezquinas razones políticas? ¿Es que el PP ni siquiera quiere reconocer a sus hijos más ilustres en un hecho tan relevante para la Historia de España, fuera cual fuera la orientación política de dicha Constitución? 

¿O se debe, acaso, a simple dejadez? ¡¿Cómo es posible que nadie haya denunciado esto antes?! A mí me da una vergüenza enorme, gigantesca, ver allí epígrafes conmemorativos de toda la geografía peninsular y americana, menos el de la provincia de León. Por supuesto, Asturias está desde 1912 y con una inscripción bien grande y visible. 

Pero ¡¿por qué falta León?!  

Esto es un maltrato a la memoria histórica leonesa por parte de la Diputación de León y del Ayuntamiento de Oseja de Sajambre en el pasado, ya que los ayuntamientos también podían poner placas o, en su caso, mover los hilos para cofinanciar la inscripción entre la Diputación y otros ayuntamientos implicados. Por ejemplo, el de Vidanes o los lugares de origen de los restantes diputados leoneses.   


Oratorio de San Felipe Neri en Cádiz. Las inscripciones se extienden por los muros adyacentes, incluido el edificio donde hoy está el Centro de Interpretación. Fuente de la imagen: Wikipedia.


Última página de la Constitución de 1812. La última suscripción es la de "Joaquín Díaz Caneja, diputado por León, secretario". Como se ve, escribió "Díaz", no Díez como se ha publicado en algunos libros y artículos. 

martes, 20 de octubre de 2020

LOS LIBROS SACRAMENTALES ERRÓNEOS DE 1762 A 1774 DE LA PARROQUIA DE OSEJA Y SOTO

Mediante documento expedido en León el 21 de mayo de 1776, el tribunal eclesiástico del Obispado, en la persona de José Fernández de Velasco y Pantoja, arcediano de Triacastela, ordena al cura de Oseja y su anexo, Soto, que a la sazón era el sajambriego Lupercio Díaz de Oseja, que se corrijan y se rehagan todos los libros sacramentales que dejó su antecesor, Baltasar Fernández, difunto, por estar llenos de errores y omisiones. 

Esto afectó a todos los libros de bautizados, velados, casados y difuntos de los años comprendidos entre 1762 y 1774, es decir, durante todo el ejercicio del párroco Baltasar Fernández, por contener “errores sustanciales” y ausencias de partidas, siendo “conveniente enmendarlos y reintegrarlos con la nezesaria solemnidad” y actuar “con la devida celeridad y prontitud” para evitar todos los inconvenientes derivados.  

Para estas fechas, el contenido de los libros sacramentales estaba ya reglamentado y solía respetarse, salvo en casos de errores, olvidos e incompetencias de los párrocos; omisiones que se producían por enfermedad, ausencia o muerte de los curas; o por las dificultades sucedidas en períodos de epidemias y guerras. En el caso que nos ocupa, se trata de una absoluta y continuada negligencia de Baltasar Fernández durante todo el tiempo que estuvo al cargo de la parroquia de Oseja y de su anexo, Soto.  

Por este motivo, el tribunal eclesiástico del Obispado de León dispone el inmediato “embargo de los vienes que ubiere dejado (Baltasar Fernández) con qualquiera otros frutos y rentas a él pertenecientes, los quales se depositen en persona segura y abonada a la  disposición del tribunal”, haciendo responsable a Lupercio Díaz de Oseja de la refacción de todos los asientos de los mencionados libros sacramentales, ante la presencia de testigos que fueran indicando los errores y su corrección, y dejando constancia escrita de sus testimonios.

Esta refacción de los libros de bautizados, matrimonios y difuntos de los vecinos de Oseja y Soto entre 1762 y 1774 afectó, por ejemplo, a varios miembros de la familia de Ignacio y Joaquín Díaz-Caneja, con partidas de bautismo y de defunción que se conservan hoy en el Archivo Histórico Diocesano de León y que son defectuosas. En realidad, afectó a todas las familias de Oseja y de Soto en alguna manera en aquellos casos de bautizados, casados y difuntos entre 1762 y 1774.  

Los libros sacramentales (mal) hechos por Baltasar Fernández se conservan hoy en el Archivo Histórico Diocesano de León. En el Archivo de la Casa Piñán, de Oseja de Sajambre, solo hay una refacción parcial de los bautismos de Oseja, con inclusión de la declaración de testigos, siguiendo las pautas formales que ordena la disposición judicial, en un legajo de 75 folios de papel, donde se reproducen (corregidas) algunas partidas comprendidas entre los años 1767 a 1774, indicando los errores del párroco anterior y subsanándolos. Es decir, de todas las correcciones ordenadas por el tribunal leonés, solo se conserva ese legajo de 75 folios, si es que también se llegaron a enmendar los restantes libros sacramentales afectados, porque por lo que yo llegué a ver, los libros que se conservan en León con estas fechas son los defectuosos, no sus correcciones.  Es fácil saber si nos encontramos ante la versión defectuosa o ante su corrección con un vistazo rápido, sin detenernos a leer los contenidos, fijándonos en quién firma el asiento: si el que firma es Baltasar Fernández será la partida defectuosa y si firma Lupercio Díaz de Oseja será su corrección.  Dicho de otra forma, hay que desconfiar de todo aquello que esté  escrito y/o firmado por Baltasar Fernández.

Por la enumeración de errores que dicho legajo contiene, sabemos que Baltasar Fernández no llevó nunca una anotación puntual de la administración de los sacramentos en Oseja y en Soto, anotando a menudo las partidas de bautismo semanas y meses después de la celebración del sacramento, muy probablemente de memoria, sin haber tomado o conservado notas, por lo que se equivocaba de forma reiterada en el nombre de los bautizados, en los nombres de los padres, padrinos y abuelos, en las fechas de los nacimientos  y bautizos y, en el peor de los casos, ni siquiera apuntaba las partidas de bautismo.  A juzgar por lo que dice el documento del tribunal eclesiástico leonés, debemos pensar que hizo lo mismo con los libros de velados, casados y difuntos.   

Esta incompetencia manifiesta del cura párroco de Oseja debió originar muchísimos conflictos y no pocos trastornos, sobre todo en la celebración de los matrimonios de Oseja y de Soto de aquellos años, porque, en la sociedad de la Edad Moderna, una de las finalidades de los libros sacramentales era el registro detallado de la consanguinidad y afinidad de los feligreses, tanto del parentesco carnal, como de la cognación espiritual que adquirían, en este caso, los padrinos de un bautizado (sucedía lo mismo en la confirmación). Recuérdese que en aquella época se consideraba incesto el parentesco y la afinidad hasta el cuarto grado y que, debido al alto nivel de endogamia que existía en el mundo rural, eran muchos los que se veían obligados a solicitar una dispensa apostólica para poder casarse. En la segunda mitad del siglo XVIII, era obligación del párroco indagar en la consanguinidad y afinidad de los contrayentes antes de autorizar la celebración de un matrimonio, lo que se hacía en base a la información que transmitían los libros sacramentales.   

En este legajo de 75 folios hay además otro tipo de información histórica, que no he deshilvanado del todo por falta de tiempo, pero del que voy a poner un ejemplo para terminar.

El documento de la Casa Piñán demuestra que el linaje Díaz-Caneja, de Oseja, ya había emparentado con los Sosa de Vidanes antes del casamiento de Tomás Díaz con María de Sosa. Un tío del Tomás que fue padre de Ignacio y de Joaquín ya estaba casado con una Sosa de Vidanes que, a su vez, fue tía de la mujer de Tomás. Según esto y los cánones de la época, hubo relación de afinidad entre Tomás Díaz de la Caneja y María de Sosa, por lo que debieron necesitar dispensa papal para contraer matrimonio. Espero poder indagar más sobre ese personaje femenino (fuentes hay) para dedicarle una entrada independiente más adelante.   

Resumiendo, todos aquellos que hayan sacado información de alguna partida de bautismo, matrimonio o defunción de vecinos de Oseja y de Soto entre los años 1762 y 1774, de los libros sacramentales que se conservaron en Sajambre hasta que fueron depositados en León, que sepan que es muy probable que las notas tomadas sean erróneas o contengan errores.  

miércoles, 17 de septiembre de 2014

SAJAMBRIEGOS QUE FUERON MERINOS MAYORES DE LA MERINDAD DE VALDEBURÓN




De los 23 Merinos Mayores de Valdeburón que tengo documentados hasta el día de hoy, 6 fueron sajambriegos. El número debió ser algo mayor, aunque al conservarse incompleta la serie documental debemos conformarnos con lo que nos van brindando los testimonios escritos del pasado.  

El cargo de Merino Mayor fue el más codiciado de la comarca y el que mayor prestigio social y poder político reportaba tanto a quien lo ostentaba, como a su familia. 

Su función era exclusivamente judicial, en grado de apelación o juez de segunda instancia, que diríamos hoy. Además, tenía derecho a un porcentaje de las multas impuestas, por lo que el cargo también reportaba notables ingresos a su titular. Solo podía ser desempeñado por nobles y, según los privilegios de la Merindad, era elegido por los concejos, excepto en los períodos en los que formó parte del Principado de Asturias.

Como se va ver muy claramente en la relación que adjunto, quienes desempeñaron el cargo pertenecieron a familias que se casaron entre sí, formando redes de poder. Los sajambriegos distinguidos con dicho honor, documentados hasta el momento, fueron los siguientes.

1666: DON LEONARDO GARCIA, vecino de Soto y marido de Dña. Francisca de la Caneja, descendiente del Arcediano Don Pedro Díaz de Oseja.


Hidalgo notorio, natural del concejo de Amieva, casó con la hermana del arcediano de Villaviciosa, Don Diego de la Caneja. Una hija suya emparentó con los Gómez de Caso de Burón al contraer matrimonio con el tercer Alonso Gómez de Caso, otra de las familias con Merinos Mayores de Valdeburón. Vivía en la casa que poseía su mujer en Soto, llamada con el tiempo la Casa Candamo. Ocupó varios oficios públicos en Sajambre.


1677: DON LEONARDO GARCIA, vecino de Soto, natural del Amieva y marido de Dña. Francisca de la Caneja, descendiente del Arcediano Don Pedro Díaz de Oseja.

1679: DON LEONARDO GARCIA, vecino de Soto, natural del Amieva y marido de Dña. Francisca de la Caneja, descendiente del Arcediano Don Pedro Díaz de Oseja.

Antes de 1698: JUAN DE MARTINO, vecino y natural de Soto. 


De condición hidalga, aunque sin la categoría de notorio. Casado con María Fernández, en su inventario post mortem se dice que dejó por hijos menores a “Juan, Manuela, Rosa, María y Ana Martínez” (los Martino de Soto a veces aparecen en los documentos como Martínez). Esta Rosa Martínez o De Martino es la abuela de Ignacio y Joaquín Díaz-Caneja y Sosa y, por tanto, el Juan de Martino que había sido Merino Mayor fue bisabuelo de los célebres hermanos sajambriegos.

Vivió en una casa compuesta de “cocina, sala, aposentos, bodega y portal, y establos, que en todo son seis bigadas de casa con su portal al lado de atrás, según linda con el río caudal y con los güertos que están al lado de arriba de dicha casa y con casa de los herederos de Pedro Alonso”. Es uno de los pocos sajambriegos laicos que tenían varios censos a su favor, préstamos que hace abundantemente a partir de 1663. Murió en junio de 1699.


1698: DON LEONARDO GARCÍA DE LA CANEJA Y MENDOZA, vecino y natural de Soto.


También llamado Leonardo García de Mendoza. Hijo de Don Leonardo García y Francisca de la Caneja, descendiente del Arcediano Don Pedro Díaz de Oseja y miembro de la Casa de la Caneja. Ocupó varios oficios públicos en Sajambre. Por lo que sé hasta el momento, los miembros de la Casa de la Caneja igualan a los Gómez de Caso, de Burón, en el número de veces que fueron elegidos para ocupar el cargo de Merino Mayor de la Merindad de Valdeburón.


1699: DON LEONARDO GARCÍA DE LA CANEJA Y MENDOZA, vecino y natural de Soto.



1705: GREGORIO DÍAZ DE OSEJA, vecino y natural de Oseja.


Nacido en 1652, es de quien menos datos poseo hasta el momento. Era hermano de Pablo Díaz de Oseja, hijo de Lupercio Díaz de Oseja (fallecido en 1705) y nieto de Julián Díaz de Oseja, quien había construido una capilla funeraria para su familia, llamada de San Antonio, en el lado izquierdo de la iglesia de Santa María de Oseja, donde desde entonces se enterraron los de este apellido.  


1742: TOMÁS DÍAZ DE LA CANEJA Y DÍAZ DE CALDEVILLA, vecino y natural de Oseja.  Durante su gobierno fue Teniente de Merino Mayor, Don Melchor González de Candamo, vecino de Soto, casado con una hija de Don Leonardo García de Mendoza y, para entonces, cabeza visible de la Casa de la Caneja.


Hijo de Juan Díaz de la Caneja y nieto de Tomás Díaz de la Caneja, el que se hizo llamar Díaz de Oseja y fuera escribano público del número y del ayuntamiento del Concejo de Sajambre. Este Tomás Díaz de la Caneja casó con Rosa de Martino, hija del que también fue Merino Mayor de Valdeburón, Juan de Martino.
Por consiguiente, los hermanos Ignacio y Joaquín Díaz-Caneja y Sosa fueron nietos y bisnietos de Merinos Mayores de Valdeburón. 


Antes de 1777: MARCOS ALONSO-TIELVE, vecino y natural de Oseja.


Ya era anciano cuando se le eligió como Merino Mayor, pero el hecho se recordó con orgullo en la familia. Los Alonso-Tielve, asentados en Oseja, eran originarios de Tielve, en el concejo asturiano de Cabrales y antes de llegar a Sajambre se instalaron en Valdeón. Su solar sajambriego fue el barrio de La Pandiella, de Oseja, y su casa estaba situada entre las actuales escuelas y El Campo. A partir de mediados del siglo XIX pierden el apéndice toponímico de su apellido pero siguen documentándose en Oseja. Sus descendientes sajambriegos llegan al siglo XX. Los Alonso-Tielve desempeñaron otros oficios públicos en Sajambre (regidores, jueces, fieles de fechos, etc).


lunes, 21 de mayo de 2012

BARRIOS Y FAMILIAS DE RIBOTA ENTRE LOS SIGLOS XV Y XVIII (3): la casa de San Juan y la casa de La Lastra.


LA CASA DE SAN JUAN

En un documento del año 1668 leemos: 

«Digo que teniendo yo una cassa que llaman de San Juan en el lugar de Ribota deste Concejo, mía propia, con una cortina y güerta a la gaxa y bocero de dicha cassa, que dicha cassa y cortina parte y confina con cassa y eredad de erederos de Antonio Díez y el rivero que llaman de La Llongar y el Hoyo de San Juan». 

Esta casa que se describe era la que heredaron los hijos del escribano Sancho Díaz de Ribota y su mujer, Juliana de la Caneja, y en la que vivieron los que se quedaron en Ribota. 

El matrimonio engendró a Julián, Miguel, Cosme, Pablo, Tomás, Lupercio, Alonso, Ana y Luisa Díaz de la Caneja. Julián vivió en Ribota y sustituyó a su padre en la escribanía pero murió antes de 1659; Cosme murió antes de 1662; Miguel se fue de Sajambre; Pablo se convirtió en clérigo y murió en el año 1662;  Tomás sustituyó a su hermano en la escribanía, se casó en Oseja y se fue a vivir a la casa de su mujer en Quintana haciéndose llamar a partir de entonces Tomás Díaz de Oseja (ancestro de Ignacio y Joaquín); Ana y Alonso casaron en Oseja, hijo del último será el díscolo Manuel Díaz de la Caneja, del que tanto hemos hablado en este blog; y Luisa se casó con Cosme Sánchez yéndose a vivir a Soto, de donde era el marido. En la casa familiar de Ribota solo quedó Lupercio y su mujer Marta Díaz. 

Los hijos del escribano recibieron de sus difuntos padres propiedades por todo el Concejo, pero los hermanos que se marcharon de Ribota fueron vendiendo lo que allí les había tocado a Lupercio, en tanto que éste vendió a Tomás y a Alonso las propiedades que su mujer, Marta Díaz, había heredado en Oseja. Cuando Luisa enviudó, dejó Soto y se volvió a Ribota para vivir con su hermano en «la casa de San Juan». 

El documento citado al inicio, aunque incompleto, relata el conflicto de Luisa Díaz de la Caneja con Juan de la Puente y precisa mejor la situación de esta casa que lindaba con El Hoyo de San Juan y con La Llongar:

«Juan de la Puente, por ser enemigo mío capital y verme probe y sin fuerzas, puso quexa de mí ante vuestra merced, diçiendo que yo le debo servidunbre por dicha cortina para otra eredad que llaman La Güerta de San Juan, todo lo qual es maliçiosamente intentado».

Así pues, esta casa se hallaba entre El Hoyo y la Huerta de San Juan, deduzco que en las proximidades de la vieja iglesia.  

Ya sabemos que una cortina son tierras de labranza cercadas por un muro, en este caso de un único dueño, pero ¿qué son «la gaja y bocero» en cuya dirección parece que se hallaban dicha cortina y la huerta?  

Dudo mucho que un ayudante de escribano rural en pleno siglo XVII hubiese escrito «bocero» pensando en una pronunciación latina para un «boquero». Tendría que haber estudiado «gramática» el muchacho, lo que correspondía en la época al segundo nivel de la enseñanza. Pero por entonces en Sajambre, lo único que podía cursarse era el grado elemental. De otro lado, aunque he revisado vocabularios y diccionarios, no alcanzo a saber qué puede significar la palabra «gaxa» (debe leerse gaja)  que precede al «bocero».  

Únicamente, en el «Vocabulario de la Montaña» que ha editado la Revista Comarcal encuentro dos términos que pudieron haberse utilizado de manera metafórica: «bocera», una herida o fisura que sale en la boca; y «gajar» como sinónimo de desgarrar o romper rasgando. ¿Tendría aquella casa alguna grieta claramente distinguible que se utiliza en el documento como referencia espacial? ¿O alguien sabe de algún significado mejor para estas dos palabras de la antigua lengua sajambriega

LA CASA DE LA LASTRA

Una lastra o llastra es una piedra grande y plana que debió existir (o existe, esto no lo sé) en el lugar de Ribota así llamado y que dio nombre a una casa y a sus moradores. En diferentes documentos de 1664 1665 y 1667, entre los más antiguos, leemos:

«...sobre deçir el camino peonil por donde se yba a la casa de La Lastra» (1665); «la media casa de La Lastra» (1665); «en el camino y senda que ba para la casa de La Lastra... y ocupó el antojano de dicha casa con una partida de leña» (1667); «en dicho lugar do se dice La Lastra, la qual dicha casa de La Lastra...» (1706); etc.

Quienes vivieron allí, llevaron como indicación de procedencia en su nombre un «de La Lastra»: 

«Pedro Díaz de La Lastra» nacido en 1625, quizás el padre de «Pedro Díaz de La Lastra, el moço, vezino del lugar de Ribota» (1664); «Pedro Díaz de La Lastra, el viejo» (1665); «Juana Díaz de La Lastra» (1665); «Pedro Díaz de la Lastra por sí, Pedro, Julián y Damián Díaz, sus hijos» (1670); «Manuel Díaz de La Lastra, hidalgo notorio» (1715); «la biuda de Pedro Díaz deLa Lastra que se llama Ysabel Díaz, dueña notoria» (1715); «Ana Díaz, biuda de Julián Díaz de La Lastra, dueña notoria» (1715); etc.  

En 1706 muere un Pedro Díaz de la Caneja, cuya vivienda estaba pegada a la casa palacio que construyó en Ribota Don Toribio Díaz Prieto. A fin de quedarse con la propiedad, Díaz Prieto se la cambió por otra casa en La Lastra, que se había comprado con los bienes de la mujer de Pedro Díaz.  Según esto, es muy posible que a este Pedro Díaz le sorprendiera la muerte en medio de la transacción (situación de la que pudo aprovecharse Díaz Prieto), pues la casa se incluye en el inventario de sus bienes aclarando que había sido cambiada con el cura de Ribota.

En un pleito de 1667 sobre un problema de servidumbres de paso leemos:

«Que es verdad que entre la casa de Pedro Díaz de La Lastra y el güerto de Pedro Díez avía un camino por donde se servía la casa de La Lastra, yva y venía la xente a dicha casa y los ganados de los vecinos y ansimismo tiene ocupado el antoxano de la cassa de La Lastra con el llinero». 

La casa era de dos pisos y se componía de cocina, pajar y establo, con un huerto de hortaliza en la parte de atrás y un hórreo pegado a la casa. Se hallaba junto al Camino Real.