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domingo, 1 de septiembre de 2024

LAS BOLERAS SAJAMBRIEGAS ANTES DE 1830

 

Índice: 1. Un poco de historia previa. 2. Boleras de Sajambre en los documentos anteriores a 1830.  


 1. Un poco de historia previa 


El juego de bolos o de birlos, como era conocido en el pasado (así en el Brocense), hunde sus raíces en la noche de los tiempos. Artefactos encontrados en el Neolítico hacen creer en la existencia de prácticas de puntería y precisión que serían los antecedentes más remotos de este entretenimiento, con variedades que se multiplicaron sin interrupción desde el antiguo Egipto hasta tiempos recientes en todas las culturas del Mediterráneo, primero, y de la Europa germánica después, y cuyo denominador común consistía en derribar objetos a distancia lanzando bolas, que primero fueron de piedra y más tarde de madera. 

Claudine Bouzonnet-Stella y Jacques Stella, Les quilles (1667). 
Fuente: Metropolitan Museum of Art.

En España, de oeste a este y de norte a sur, existieron distintas modalidades de juego como muestran las fuentes históricas y etnográficas; y lo mismo podría decirse de una gran parte del Occidente europeo. A nosotros nos interesa el estilo que se extendió por Asturias y norte de León y que, desgraciadamente, ha dejado poco rastro en la documentación antigua. De ahí que cuando aparece alguna evidencia, resulte más valiosa. Sin embargo, aunque sus huellas escritas sean exiguas, no son inexistentes. En las fuentes judiciales puede hallarse algún que otro testimonio y, como se verá en la segunda parte de este artículo, también en otro tipo de registros históricos. 

Las variedades del juego en León y en Asturias son consideradas de origen céltico y prerromano por algunos o configuradas a lo largo de la Edad Media por otros. Aquellos que niegan su existencia en el siglo XIII basándose en su ausencia en el Libro de los juegos de Alfonso X, copiado en Sevilla en el año 1283, se equivocan en su juicio porque esta obra se dedicó a lo que podríamos calificar, grosso modo, como juegos de mesa y naturalmente los bolos quedan al margen del objeto preferente del tratado alfonsí, que el rey identificó propiamente como libros del açedrex e tablas e dados, que solían jugarse sentados. No obstante, en el prólogo se mencionan otros juegos a caballo y a pie, en ambos casos de forma sucinta y genérica como se puede comprobar: "E los otros que se fazen de pie son assí como esgremir, luchar, correr, saltar, echar piedra o dardo, ferir la pellota e otros iuegos de muchas naturas en que usan los omnes los miembros por que sean por ello más rezios e reciban alegría" (f. 1r del original escurialense).  Ese "echar piedra o dardo" es una referencia genérica a todos los juegos del siglo XIII en los que se tiraban o lanzaban piedras, pues está claro que los  dardos se lanzan a distancia, y recordemos que, en los birlos, las bolas fueron de piedra durante mucho tiempo y todavía en la Edad Media. No hay duda, por tanto, que el juego de bolos quedó incluído de manera genérica en dicha expresión. 

Las menciones documentales del siglo XIV sobre birlos en otras latitudes peninsulares insisten en su práctica en la Edad Media hispana. A partir del XVI se prodigan las alusiones tanto en documentos, como en fuentes literarias, lo que ha hecho afirmar a algunos autores que es entonces cuando se difunde verdaderamente en España el juego de bolos o birlos (1).  Sin embargo, yo me pregunto hasta qué punto esta percepción no será falsa porque con anterioridad a 1500 las fuentes escritas son numéricamente muy inferiores a las conservadas con posterioridad al siglo XVI. Por eso, al aumentar el número y la variedad de fuentes escritas en la alta Edad Moderna, aumenta también el número de hallazgos documentales sobre el juego de bolos. Esto me parece significativo y debiera hacernos relativizar las afirmaciones negativas que se han formulado sobre la Edad Media para nuestro país.   

En esta primera parte de mi artículo voy a referirme a los tres casos más antiguos que conocemos en lo que fue el territorio del antiguo Reino de León que corresponden, en este caso, a Asturias y a la provincia de León, si bien mucho más tarde, ya a finales del siglo XVIII hay algún otro caso en tierras salmantinas. El primer testimonio histórico es ovetense, data del año 1495 y ha sido ampliamente repetido desde que se diera a conocer. El segundo es leonés, ha permanecido inédito hasta el momento y está fechado en el año 1549. El tercero también es inédito, vuelve a ser asturiano y está datado en el año 1554. Como se ve, los tres son muy cercanos cronológica y geográficamente. Ninguno de ellos informa sobre modalidades técnicas concretas que puedan distinguirse en la actualidad, pero sí sobre su existencia y difusión, sobre costumbres relacionadas con el juego o su ubicación en el espacio urbano y sobre aspectos sociales y hasta económicos de dicho entretenimiento. 

1495, Oviedo. Se ha transmitido en una querella interpuesta por Alonso de Quintanilla, contador mayor de los Reyes Católicos, contra Nuño Bernaldo el 17 de julio de 1495 por un agravio acaecido durante una partida de bolos que se había jugado en el campo de San Francisco. La noticia fue dada a conocer por Uría Ríu en 1949 y completada en el año 2000 por Ruiz Alonso (2).  El ultraje que terminó ante la justicia se describe en el documento: "Estando un día del mes de abrill  deste anno de nouenta e çinco en las octavas de Pascua, estando en el campo de San Françisco, que es fuera de la çibdad de Oviedo, que es çerca del monesterio de Santa Clara, mirando cómo Nunno Bernaldo... jugando a los byrlos que dixo el dicho Nunno Bernaldo que avía meado por las armas de Alonso de Quintanilla" (3). En este testimonio consta que apostaban vino y cabritos en las partidas, y se observa algo que sigue constatándose en la documentación posterior: jugaban juntos nobles y plebeyos.   

1549, Ponferrada. Una cincuentena de años después del conocido documento ovetense, en 1549 sucedió otro altercado que terminó en pleito criminal cuando “un día domingo, que se contaran doze días del mes de mayo del dicho año, estando ellos jugando los bolos en cuerpo y sin espadas algunas, en el camino real quanto ha de Las Heras de la dicha villa para La Cruz, extramuros della...” (4). Como en el caso anterior, la partida se juega fuera de las murallas de la ciudad, pero a juzgar por lo sucedido, dicho emplazamiento no debía quedar muy lejos del convento de San Agustín. La única puerta que queda en pie de lo que fue la muralla medieval de Ponferrada se conoce hoy como el Arco de las Heras, tras el cual se encuentra la plaza del Ayuntamiento, lugar en el que se localizaba antiguamente el convento de San Agustín. Así que uno de los lugares donde los ponferradinos del siglo XVI jugaban a los bolos debía estar bastante cerca de dicha puerta.  

Lo que sucedió fue lo siguiente. Tras personarse en la partida Cristóbal de León, su criado Pedro Doria y otros vecinos, todos armados, algunos jugadores les increparon diciéndoles que “qué avían de hazer armados de diversas armas, espadas, broqueles y cascos e piedras e cotas de malla”. La reacción de los aludidos consistió en agredir a Pedro Arias, cuando este estaba “andando en el exerziçio del dicho juego, avaxándose a tomar un bolo, el dicho Antonio Hernández, haziendo lo que le avía mandado el dicho Christóval de León, le tirara con una gran pedrada, con la qual le diera en las espaldas alevosamente”. Tras la pedrada llegaron los golpes y cuchilladas con las espadas: “e una le açertara en las espaldas de que le ronpiera cuero e carne e le avía salido mucha sangre”. El documento narra cómo el tal Pedro Arias se salvó de una muerte segura gracias a la concurrencia de gente que asistía a la partida, lo que le permitió huir y refugiarse en el convento de San Agustín. 

Como dijimos, al igual que en el caso ovetense de 1495, la partida se celebraba extramuros y había en ella una gran cantidad de gente, es decir, era un juego al gusto de la población y con amplia difusión social, lo que indica tradición. Como en 1495, entre jugadores y asistentes se entremezclaban los diferentes estamentos sociales, motivo de conflictos en uno y en otro caso.   

1554, Colloto (Oviedo). Poco después de aquella infausta partida en Ponferrada se documenta otra en Santa Eulalia de Colloto, en Oviedo, donde vemos cómo los habitantes del lugar jugaban en este caso junto a las tabernas, apostaban y eran los taberneros los que guardaban los bolos.

La información procede de otro pleito, ahora contra Juan de Cimadevilla, vecino de Oviedo, por ruidos y alborotos en su taberna a causa de los que jugaban a las cartas y a los bolos y por permitir apuestas “a dos reales de fruta y vino”. Es muy interesante desde una perspectiva económica el descargo de culpas que se argumenta sobre las cantidades apostadas. Se acusa también a María de Mercado porque “siendo la tavernera pública, en su casa avía dado naypes y bolos para jugar”. Al formularse la primera acusación se especifica que “avía en frequençia juego de naypes e volos e otros géneros de juegos e visto el daño e ayuntamiento de gentes e gastos e ruydos que suçedían por los taverneros de naypes e birlos y avía estado dentro de la taverna de Juan de Cimadevilla, en anocheciendo, mucha gente jugando a los naypes e junto a la casa, otros a los volos...” (5). 

Según la acusación, ambos contravenían una real provisión sobre los juegos en las tabernas y además estaban amancebados. De esto último se defienden argumentando falsedad y mala intención porque Juan de Cimadevilla tenía más de 60 años y María de Mercado más de 75. Seguramente y como era habitual en la época, María de Mercado sería viuda y habría heredado de su marido la taberna local.

La real provisión que se menciona debió ser una de las muchas órdenes destinadas a evitar los alborotos y pendencias que este tipo de reuniones sociales traían consigo, especialmente el juego de cartas. Ya vimos hace tiempo en este mismo blog cómo en la Nochevieja de 1670, a causa de una partida de naipes en Oseja, un hijo de Tomás Díaz de la Caneja, llamado Pedro, había dado muerte a navajazos a su primo, Toribio Díaz, quien lo perdonó in articulo mortis, siendo desterrado del concejo el matador. Los casos anteriores de 1495 y 1549 son ejemplo de las disputas y problemas que podía acarrear una partida de bolos. Pero a diferencia de ellos, ahora observamos la ubicación de las boleras en el interior de la población y en la proximidad de las tabernas. La concurrencia seguía siendo nutrida. 

Aunque esta actividad lúdica no haya quedado suficientemente reflejada en los documentos del pasado, es obvio que siguió practicándose sin interrupción y en abundancia en Asturias y en León, por lo que Jovellanos aludió a su práctica en varios de sus escritos, como en la Memoria para el arreglo de la policía de los espectáculos y diversiones públicas y sobre su origen en España, de 1790, y dejó escrito que en la mayoría de los pueblos y lugares de Asturias hay siempre una bolera que es el sitio en donde se reúnen y juegan los vecinos”. Esto también es válido para Sajambre. 


2. Boleras de Sajambre en los documentos anteriores a 1830


Otra manera de documentar el juego de bolos consiste en rastrear pacientemente las delimitaciones de propiedades en contratos, transacciones y negocios diversos transmitidos en la documentación  notarial porque, de existir, las boleras podían utilizarse como referentes espaciales.  Utilizo como fuente para esta segunda parte la documentación notarial sajambriega de los escribanos públicos Gonzalo y Agustín Piñán de Cueto Luengo, José Díaz de Caldevilla y Juan Bautista Piñán. 

Lo lógico sería pensar que todos o la gran mayoría de los pueblos de Sajambre tuvieron boleras en la Edad Moderna y, desde luego, en la época de Jovellanos. Incluso en el siglo XIX y principios del XX se jugaba a los bolos en las majadas de todos los valles de Picos de Europa, práctica que sospecho más antigua. No obstante, en los documentos sajambriegos conservados de los siglos XVI, XVII, XVIII e inicios del XIX solo he encontrado boleras en Oseja y en Vierdes.    

1675, 1703, Oseja (barrio de Las Cortes). En el barrio de Las Cortes quedó el topónimo Huerta de la Bolera porque en dicho lugar se situó una de las boleras de la localidad, que se documenta en 1675. Esto no quiere decir que no pudiera ser anterior. En realidad, debió serlo. Lo que quiere decir es que en tal fecha aparece por primera vez en un registro escrito.   

Ahora bien, en ninguno de los documentos anteriores a 1830 aparece el topónimo Huerta de la Bolera tal y como existe en la actualidad. Lo que aparece es una casa o un hórreo que lindan con la bolera, con el camino de la bolera, etc. Es decir, la bolera del barrio de Las Cortes se usa como referente espacial para situar propiedades. Esto significa que dicha bolera estaba en uso.  

La noticia de 1675 procede del inventario de bienes de María de Cabrero, viuda de Pedro Díez de Viya, efectuado el 10 de septiembre. En él se dice que su casa de morada se situaba en el barrio de Las Cortes junto a los hórreos de Juan y José Bermejo, junto a la casa de los Acevedo y junto “al camino de la bolera”.  

Este camino de la bolera debía ser el mismo que conducía a los molinos de Carunde desde dicho barrio, ya que así aparece varias veces (1693, 1703, 1705, 1706) en documentos relativos a la casa más antigua de los Acevedo. La casa familiar de los Acevedo Villarroel (espero dedicarles un artículo en otra ocasión, sobre todo a los que salieron de Sajambre) o casa vieja se dividió en 1693 en cuatro partes: una pertenecía a Pedro de Acevedo y sus herederos, la segunda era de Gregorio de Acevedo y sus herederos, la tercera de María de Acevedo y de su marido, José Alonso, y la cuarta correspondió a Ana de Acevedo y a su marido, Agustín de Vega. Todo lindaba con la bolera y “con los caminos que van a los molinos de Carunde por bajo y por arriba”.   

Por esta razón, en el testamento de Pedro de Acevedo fechado en 1703 se identifica su vivienda como “la media casa de la bolera que se compone de caballeriça y pajar, bodega y portal que se partió con Juan Bermejo, y dicha casa y bodega es la parte de abajo y linda con casa y bodega de Roque Bermejo y con el camino real que ba a los molinos de Carunde”.   

En consecuencia, en el siglo XVII la bolera del barrio de Las Cortes y del adyacente barrio del Valleyo, que eran entonces, como saben bien los lectores de este blog, los emplazamientos más poblados de la villa, se situaba en medio del caserío y al borde de un camino. No era la vía principal de acceso a la localidad o camino real, como en el caso de Ponferrada, pero esta es una coincidencia que se observa en varios de los casos más antiguos.  

1812, Vierdes.  En un documento de cargo y data relativo a la actividad de Pedro Simón, vecino de Vierdes, durante la tutela de sus sobrinos menores de edad, escriturado el 2 de diciembre de 1812, en plena guerra contra los franceses, se incluyó “la huerta de la volera sita en este lugar, cerrada sobre sí, palmiento como dos carros y medio de abono, tasada en seiszientos y cinquenta reales”.  

Aquí “la bolera” vuelve a ser un referente espacial porque se escribe con minúscula, cuando a lo largo de todo el documento el escribano pone mayúsculas en los topónimos. No debe extrañar a nadie que hubiera huertas en medio de las aldeas, ya que la unidad de poblamiento sajambriego fue la de casa-hórreo-huerta, estando la última a menudo junto a las casas o en su parte trasera. Todavía quedan viviendas con esta disposición en el centro de las poblaciones del valle.  

Este Pedro pertenecía a la única familia apellidada Simón que existió en Vierdes en el siglo XIX, por lo que, si todavía quedan personas llamadas así con este origen, serán sus descendientes o de su hermano difunto, Matías Simón, ya que un tercer hermano, de nombre Toribio, se hallaba entonces prisionero en Francia al haber sido apresado en el sitio de Astorga (tendría que dedicar otro artículo a los héroes sajambriegos que fueron enviados a defender la ciudad de Astorga de los franceses). Pedro tuvo por hijos a Joaquín, Modesto e Isidoro. 

Nada más indica el documento sobre la bolera de Vierdes, pero posiblemente fue la misma que la que hoy existe en el centro de la localidad.  

1827, Oseja (barrio de Caldevilla). En la actualidad, la única bolera de Oseja se localiza en el barrio de Caldevilla, junto a la cabecera de la iglesia parroquial por un lado y frente a la Casa Piñán por otro, en lo alto del muro de contención que se construyó al edificarse la iglesia a mediados del siglo XIX, siendo inaugurada en el año 1855.  

En esta imagen de Google Maps se ve el muro de contención que rodea la iglesia de Oseja. 
Los árboles de la derecha ocultan la bolera actual. 

No sabemos con exactitud cuánto tiempo le llevó al obispo de Oviedo, Ignacio Díaz-Caneja y Sosa, construir la actual iglesia parroquial de Oseja y remodelar todo su entorno, aunque estoy convencida de que todo el proceso se podría detallar rastreando los planos y los documentos que deben conservarse, probablemente, en Oviedo. Si partimos de la creencia popular de que don Ignacio acometió la obra cuando ya era obispo, para lo que fue nombrado en 1848, habría que considerar que la nueva fábrica de la iglesia, el pórtico, el cementerio, el cercado del recinto y los muros de contención del perímetro por los lados del cementerio, de la bolera, del camino y de La Cortina debieron hacerse en esos siete años como marco cronológico general. En cambio, la noticia de una bolera en el barrio de Caldevilla es anterior a esa obra, en concreto de 1827, por lo que antes de los trabajos efectuados en la iglesia y en sus aledaños ya existía una bolera en Caldevilla. Pero, ¿dónde estaría entonces esa bolera? 

En el inventario de bienes de José Rodríguez se describe una de sus propiedades de la siguiente forma: “En la casa de avitación de el padre del difunto, donde al presente vive su hermano, Santiago Rodríguez, en el barrio de Caldevilla, a la parte que de ella pertenece a la volera y hacia la de don Juan Piñán, tiene este difunto 80 reales de vellón”.  Esta bolera es, de nuevo, un referente espacial para identificar la parte de una casa orientada hacia dicho lugar. También es un referente espacial la “casa de don Juan Piñán”, que corresponde a la casa palacio de los Piñán de Cueto Luengo. Por tanto, la propiedad de los Rodríguez se encontraba en Caldevilla, cerca de la Casa Piñán y cerca de una bolera que estaba en uso. Por exigencias del juego, el lugar tenía que ser forzosamente llano y despejado, y sabemos que entre la iglesia y la Casa Piñán pasaba el camino real que procedía del Puerto de Pontón y que al lado del palacio de los Piñán había más caserío, con hórreos y con huertas. ¿Dónde se ubicaría exactamente aquella antigua bolera? 

En la documentación conservada de la Edad Moderna no se mencionan accidentes geográficos en el entorno de la iglesia, aunque relacionado con ello debe estar el “allizaze petrinia” del documento que delimita el coto del “monasterio” altomedieval de Santa María de Oselia. Un alizace es una hoya, foso o barranca y el epíteto petrinia especifica su carácter rocoso. Antes de la remodelación del siglo XIX existió una depresión o corte natural en el terreno, con roca o pared de piedra, que más tarde se aseguró con muros de contención, bajo la cual debió construirse el templo primitivo de Santa María de Oseya. Lo que está claro es que el actual muro de contención, sobre el que está la bolera, es del siglo XIX y que lo que hoy es el pórtico que rodea toda la iglesia fue aplanado y cercado en la misma época. También son de ese tiempo los restantes lienzos de muro, casi siempre de contención. De manera que la fisonomía del terreno antes de 1848 debió ser similar a la actual, con la iglesia situada en un nivel más bajo que el del resto del caserío de Caldevilla y en un lugar rodeado, al menos en tres de sus lados, por tajos rocosos naturales, en cuyo centro se edificó la iglesia prerrománica y en 1621-1636 la capilla funeraria de Santo Domingo.  Entre dicho emplazamiento y el caserío documentado discurría el tramo del camino real que bajaba del Puerto de Pontón. Así que la antigua bolera de Caldevilla de 1827 debió ubicarse a un lado de aquel camino, si no en el mismo lugar en el que hoy se halla, no muy lejos de allí. Lo que no sé es si la construcción de la carretera actual a finales del siglo XIX le afectó de algún modo y si entre los cultivadores sajambriegos del juego tradicional de los bolos se ha transmitido algún tipo de memoria al respecto. 

La mucha población que tuvo Sajambre con anterioridad a mediados del siglo XX y Oseja en particular, explican la existencia de dos boleras en momentos concretos, sobre todo considerando la distancia que existe entre los barrios de Caldevilla y de Las Cortes. Los dos eran también lugares muy poblados, junto con el barrio de Quintana, del que no se tiene noticia de bolera propia.  

 

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NOTAS

(1) J. G. Ruiz Alonso, Estudio de los bolos en Asturias: aspectos histórico-culturales, modalidades, elementos y materiales de juego. Tesis doctoral, Universidad de Granada, 2000, pp. 53-58.

(2) J. G. Ruiz Alonso, Estudio de los bolos en Asturias, pp. 66-67. 

(3) Archivo General de Simancas, Cámara de Castilla, núm. 10. 

(4) Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, Reg. Ejecutorias, 707, 13, ff. 1r-2v.

(5) Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, Reg. Ejecutorias, 823, 21, ff. 1r-3r.

 

sábado, 30 de enero de 2021

ENTRE SOTANAS ANDA EL JUEGO: estrategias de enriquecimiento y poder en los concejos de Sajambre y de Valdeón en los siglos XVII y XVIII. El intento de asesinato de un cura de Valdeón.

 

Las características socioeconómicas de los concejos leoneses de Sajambre y de Valdeón fueron muy similares en el pasado. Por eso, los mecanismos y las estrategias de enriquecimiento y poder son las mismas en uno y en otro municipio. Dada la pobreza de la zona, no se podía aspirar a mucho, pero sí existieron dos oficios ambicionados que siempre terminaban por reportar beneficios a las familias y, a menudo, a los linajes. Las ocupaciones eran la de cura y la de escribano público. 

No fue casualidad que estos quehaceres influyeran en el ascenso de varias familias de la región. Así sucedió con los Gómez de Caso en Burón, donde hubo curas y escribanos. Los Piñán de Cueto Luengo en Sajambre, con curas y escribanos. Los Díaz de Oseja asimismo en Sajambre, con escribano y curas. Los Díaz-Caneja sajambriegos, con escribanos y curas. Los Pesquera Pérez de Prado en Valdeón, con curas y escribanos. O los Ferrado de Vega en Amieva, con otros escribanos y más curas. Además, todos solían llevarse bastante bien entre sí, llegando a emparentar en varios casos, lo que resultaba muy útil para ampliar las redes de influencia y clientela.  

Los dos oficios (escribano y cura) tenían claras ventajas económicas con respecto al grueso de sus convecinos, quienes dependían de la fertilidad de la tierra, de la poco sustanciosa ganadería local y de la limitada actividad comercial. Además, tales ocupaciones proporcionaban poder debido a la respectiva autoridad del escribano y del cura.

Las ganancias de los antiguos notarios públicos no fueron desdeñables y el control sobre la población lo adquirían gracias a la información de primera mano que los vecinos plasmaban en las escrituras públicas que se formalizaban ante ellos: testamentos, deudas, obligaciones, préstamos hipotecarios, contratos diversos, cargas judiciales…  No olvidemos tampoco que en estos municipios pequeños, los escribanos públicos se encargaban también de escriturar la documentación municipal (función que con el tiempo desempeñaron los fieles de fechos y los secretarios de ayuntamiento) y la judicial, por lo que monopolizaban la información de los vecinos a título particular, la del ayuntamiento y la de todos los pleitos y conflictos judiciales.  

Por su parte, los curas recibían rentas por sus trabajos y por la práctica sacramental de sus parroquias, quedándose además con un porcentaje de los diezmos, lo que originó una acumulación de excedentes que solían dedicar a la reventa, pese a sentir sus beneficios disminuidos en las épocas de malas cosechas. Estas ganancias se unían a su total exención del pago de impuestos, al contrario que los laicos, pues ni siquiera los hidalgos quedaban exentos de los tributos eclesiásticos. El conjunto se incrementaba con los intereses derivados del dinero que prestaban, normalmente mediante la “venta” de censos, una expresión eufemística que servía para enmascarar la actividad financiera del clero, porque en la Edad Moderna “el clero se convirtió en uno de los principales prestamistas del mundo rural” (1).   También fueron varios los que, al final de sus vidas, fundaron “obras pías”,  una antigua institución que servía para evadir impuestos y beneficiar a la parentela en mayor o en menor medida, según fuera la envergadura de las respectivas haciendas y fundaciones. En palabras de un documento sajambriego de 1818 “para que con su aumento se remediasen los descendientes y parientes más pobres”.  Entre 1650 y 1850 hubo en Sajambre obras pías documentadas, de fundación laica y eclesiástica, entre los Díaz de Oseja (Oseja), los González (Oseja), los Viya (Soto), los Simón (Ribota), los Granda (Ribota), los Muñiz (Oseja), los Mayón (Pio), los Redondo Collado (Vierdes), los Acevedo (Oseja) o los Díaz de la Caneja (Oseja).  Algunos curas locales desempeñaron otras tareas, también con provecho económico, como capellanes, notarios apostólicos u oficios inquisitoriales (recuérdese el caso de nuestro Domingo Piñán), etc.  

Las haciendas del clero rural se resentían en las crisis de subsistencia por el impago de los diezmos o por su disminución. Pero, al menos en el caso del concejo de Sajambre y, por lo que sé, también en el de Valdeón, el balance siempre fue positivo para los párrocos. De aquellos de los que conservamos testamento, se observa una acumulación de prados y tierras, ganados, rentas diversas y riqueza patrimonial que sobrepasa, con mucho, la de sus feligreses y que en más de un caso se equipara a la de los Piñán de Cueto Luengo.  Muy pobre no debió ser el curato de Oseja y Soto cuando Pedro Díaz, el que con el tiempo se convirtió en arcediano, pleiteara durante 13 años por su propiedad.

A esta desahogada situación económica de los curas de Sajambre y Valdeón, se sumaba su relevante posición social, por pertenecer al principal estamento privilegiado de la sociedad del Antiguo Régimen, y una alta dosis de poder derivada de su peso social, de su prestigio moral y de la autoridad que poseían, nada más y nada menos, que sobre las almas de sus feligreses y, con ellas, sobre su salvación o condenación eternas.  ¡Qué mayor poder iba a existir, para aquellas gentes tan crédulas, que tener la última palabra sobre la condenación eterna (o no) de un individuo!    

Estas realidades de poder se mantuvieron durante tanto tiempo en el mundo rural que no es de extrañar que, hasta bien avanzado el siglo XX, la cúspide de la élite local estuviera formada por el alcalde, el secretario de ayuntamiento (que sustituye al escribano) y el cura.   

Como ya hemos hablado de los escribanos en otras ocasiones, vamos a tratar ahora sobre los curas y vamos a hacerlo a través de los Pérez de Prado, de Valdeón, uno de cuyos miembros fue contemporáneo del arcediano (Pedro Díaz), del comisario (Domingo Piñán) y víctima de una conspiración que tuvo como finalidad su asesinato.       

Los Pérez de Prado procedían de Puertas, en el concejo asturiano de Cabrales, y se instalaron en Valdeón cuando García Pérez de Prado obtuvo el curato de Soto antes de 1632. Este García Pérez de Prado permaneció en dicha localidad hasta los años centrales del siglo. En la documentación sajambriega, el 4 de junio de 1657 todavía aparece como cura párroco de San Pedro de Soto y, en la de Valdeón, sigue figurando como tal en 1658. Debió morir antes del 16 de noviembre de 1665, fecha en la que ya se registra como párroco de Soto su pariente Agustín Pérez de Prado.  Estuvo a punto de morir en 1632, cuando un grupo de vecinos de Valdeón conspiraron para asesinarlo.      

Lo cierto es que los actos de violencia contra la Iglesia y los clérigos no fueron infrecuentes en esta zona. En 1494 dos sajambriegos, llamados Pedro del Campo y Gonzalo Díaz, se atrincheraron en la iglesia de Oseja contra los clérigos locales. En 1535 el arcipreste de Burón fue asesinado. En 1632 existió una conspiración para matar al cura de Soto de Valdeón y, a finales del siglo, dos sajambriegos intentaron asesinar al prior de Pedrosa. A esto se unen las denuncias contra los abusos cometidos por los curas locales a causa de cobrar derechos abusivos a sus feligreses. Es lo que hicieron los vecinos de Valdeburón contra un clérigo local en 1536 y los vecinos de Oseja y Soto en 1671 contra el cura Juan Manuel de Posada Arnero, que fue condenado por dicho motivo.   

En el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid se conserva la documentación del pleito interpuesto por García Pérez de Prado, cura propio de Soto de Valdeón, tras el intento de asesinato del que había sido víctima durante la romería de la Virgen de Corona en el año 1632. Los acusados por el cura fueron Pablo de Bulnes, Sancho Díez y Juan de Caldevilla, vecinos de Valdeón, Juan González de Prada, juez ordinario del mismo concejo, y Lorenzo Cueto, alcalde de la Santa Hermandad, es decir, de la policía de la época, el cual había convencido a Pablo de Bulnes y Juan de Caldevilla para ejecutar “el dicho delicto, provocándoles y asegurándoles que no serían castigados y que antes les ampararían y favorecerían”.  

Las causas de este intento de asesinato premeditado y planificado no quedan nada claras, más allá de mencionar la enemistad y odio que le tenían” al cura, en concreto Pablo de Bulnes, quien había servido en su casa y había sido despedido. No obstante, el despido de un simple criado no parece causa suficiente para una conspiración de esta envergadura, en la que parece que pudieron estar implicados un juez y el jefe de policía.     

La sucesión de los hechos fue la siguiente:

El día de la romería a la hermita  de Nuestra Señora de Corona, que está en un monte yermo, media legua poco más o menos de distancía del dicho lugar a donde mi parte avía dicho missa aquel día, por su devoción y por ser la dicha hermita fieligresía de la yglessia parrochial del dicho lugar de adonde el susudicho era cura (Soto de Valdeón), y después avía comido en conpanía de otros sacerdotes, y aviendo acavado de comer el susodicho, se avía puesto a dormir en el canpo y ribera muy cerca del río que por allí pasava. Y estando ansí durmiendo y desocupado, avían ydo los dichos Pablo de Bulnes y Juan de Caldebilla, aviéndose quedado distante algunos passos el dicho Juan de Caldebilla para ayudar al dicho Pablo de BulnesEl dicho Pablo de Bulnes avía cometido al dicho licenciado García Pérez de Prado y con un palo mui grande que llebaba con yntento de matar, le avía dado muchos palos en la caveça, que le avía echo quatro heridas muy grandes... y le avía sacado mucha sangre, aviéndose sin sentido. Y avía acometido a acavarle de matar aogándole en el dicho río y echarle en él y arrojarle a él, y le avía dado muchos golpes con pies y manos, y avían echado en el agua de dicho río, a donde sin falta expirara si quien acasso lo avían sentido no ubiera dado boçes y sacara de allí a su parte, a quien el dicho Pablo de Bulnes dejó por muerto, abiéndole asistido e faborecido dicho Juan de Caldebilla…” (2).

En otro pasaje del mismo documento se detalla el intento de asesinato y las heridas causadas: aprovechando que el cura se había echado la siesta, Pablo de Bulnes le asestó varios golpes en la cabeza con un palo dejándolo medio inconsciente. A continuación, para asegurarse de su muerte, lo arrastró hasta el río e intentó ahogarle. En esta situación siguió dándole golpes con piedras, manos y pies en la cara y en la espalda y, cuando el cura estaba a punto de morir, apareció una moza que empezó a gritar y acabó sacando a la víctima del agua para luego llevarla a su casa, donde permaneció en la cama, en peligro de muerte, durante algún tiempo.

Estando García de El Prado, clérigo, cura de la yglesia de San Pedro de Soto, descansando por la tarde cerca del río caudal que pasaba por çerca de la dicha hermita, Pablo de Bulnes, natural de el dicho concejo, con acuerdo y bajo pensado y alebosamente, avía ydo a donde estava el dicho cura que quería dormir y le avía dado con un palo en lo alto de la caveça, que le ronpió cuero y carne, de que avía quedado desatinado. Y biéndose ansí, le avían echado dentro de un poço… el dicho Pablo avía tomado mucha cantidad de piedras y con ellas le tirava y le dava en la caveça, y le avía echo muchas heridas en las espaldas y cara, de los quales dichos males e tratamientos estava a punto de muerte. Y le avría muerto si no (fuera) por una moça que avía llegado e dado boçes…  que a dicho cura que le avía sacado de la agua y llamó quienes tomasen la sangre y curasen las dichas heridas… en su casa donde estava en una cama muy malo, a peligro de muerte...” (3).    

Dice el documento que, una vez que el pueblo se enteró de lo sucedido y llevaron al cura a su casa, y el juez y el alcalde de la Santa Hermandad asistieron a la víctima disimulando su culpa. Se narra también la detención de Pablo de Bulnes, que se había escondido en una casa de Los Llanos. Lo apresaron y encerraron en la cárcel pública, pero el juez implicado y Sancho Díez facilitaron su fuga.  

La sentencia fue dictada en Valladolid, el 22 de septiembre de 1633, tras probarse la implicación de Pablo de Bulnes y Juan de Caldevilla, ordenando la inmediata incautación de bienes de ambos reos. Del primero se dice que se deja la sentencia al arbitrio de los alcaldes del crimen y al segundo se le condena al pago de 10.000 maravedís a entregar al cura en concepto de indemnización, a la satisfacción de las costas del pleito y a destierro de Valdeón durante 4 años, a más de 5 leguas del contorno de dicho concejo.   

La acusación a cinco vecinos, entre los que había autoridades concejiles, y la condena solo a dos de ellos, hace sospechar la existencia de posibles tensiones, seguramente de poder, entre el cura de Soto y las autoridades municipales. Como dijimos, este García Pérez de Prado se recuperó de sus heridas y continuó al frente de la parroquia de Soto de Valdeón, al menos, hasta 1658, asomándose a los documentos sajambriegos por su actividad prestamista. Por ejemplo, le debían dinero varios miembros de los primeros Díaz-Caneja, de Oseja.  

A García Pérez de Prado le sustituye en la parroquia de Soto un pariente suyo: Agustín Pérez de Prado que, según dice un documento de 1653, había nacido en el concejo asturiano de Cabrales y residía por entonces en la ciudad de León. Este Agustín también prestó dinero a vecinos de Sajambre, en concreto a algunos de Ribota en 1665, a otros de Oseja en 1671 y en 1670, el pueblo entero de Oseja se endeudó con él por 54’5 cargas de trigo y centeno para cubrir las necesidades de cereal panificable. En 1673 el encargado de cobrar en Sajambre lo que sus vecinos debían a Agustín Pérez de Prado fue Isidro Piñán, uno de los cinco hijos bastardos del cura Domingo Piñán, al que conocemos por haber sido el primer maestro elemental documentado en Sajambre (anterior a la fundación de la escuela del Arcediano) y por haber trabajado como aprendiz en la escribanía de los Piñán. Isidro Piñán acabaría tomando hábitos y convirtiéndose en notario apostólico, como su padre.

Agustín Pérez de Prado fundó en Soto de Valdeón una capilla que aparece en los documentos sajambriegos y valdeoneses con dos advocaciones. En 1672 se registra como la capilla del Rosario, en 1710 como la capilla del Carmen y en 1712, nuevamente como la capilla de Nuestra Señora del Rosario, al frente de la cual Agustín colocó a otro pariente llamado Fernando García Pérez de Prado.  Según un documento de 1672, esta capilla sirvió de modelo para la reconstrucción de la ermita de Corona que se hizo por esas fechas.  

Seguramente en su testamento, Agustín Pérez de Prado dejó fundada además una obra pía, quizás “de estudiantes”, que se menciona a veces en los documentos notariales de Sajambre. Así en 1710, Toribio Rodero e Inguanzo, vecino del lugar de Puertas, en el concejo de Cabrales, era el “patrono y lexítimo presentero de las memorias y obras pías que fundaron los licenciados don Garzía y don Agustín Pérez de Prado, de buena memoria, curas que fueron en la parroquial de Soto, concejo de Baldión” y acude a Sajambre para cobrar deudas de censos que dejaron a su muerte Pedro Amigo Mayón, el viejo y el joven. En 1712, los últimos descendientes del linaje del Arcediano en Soto de Sajambre traspasaron varios censos que tenían en contra de vecinos de Sajambre “a la obra pía que fundó el licenciado Don Agustín Pérez de Prado, cura que fue de la parroquial de San Pedro en Soto, en el concejo de Baldión”, en la persona de su patrono Miguel Pérez de Pesquera.  O en 1805, la “obra pía de estudiantes del concejo de Baldeón” todavía tenía censos contra vecinos de Oseja.

A finales del siglo XVII, los Pérez de Prado, de Soto, entroncaron con los Pesquera, también de Valdeón: ya mencionamos a Miguel Pérez de Pesquera en 1712; en 1753 y 1755 aparece en la documentación sajambriega Miguel Pesquera Pérez de Prado, escribano público del concejo de Valdeón, quien solicita permiso para ejercer en dicha escribanía pública del número en el año 1717, documento que se conserva en Sajambre; y en 1768, 1771 y 1772, el titular de dicha escribanía fue Sebastián de Pesquera y Pérez de Prado.

Como se ve, curas y escribanos en otro linaje que tuvo relevancia social en la región, aunque su historia tendrá que completarse con la documentación que se conserve de Valdeón y de Cabrales.    

NOTAS

(1)  Elena Catalá, “Mi familia tiene un cura. El clero patrimonial en la España del Antiguo Régimen”, Nuevo Mundo. Mundos nuevos, 2008, p.25.

(2)  Valladolid, Archivo de la Real Chancillería, Registro de Ejecutorias, caja 2585, doc. 75, de 1633.  

(3) Ibidem.

viernes, 4 de diciembre de 2020

LAS «FAKE NEWS» EN EL SAJAMBRE DEL SIGLO XVI Y LA LLEGADA DE LOS PIÑÁN A VALDEBURÓN

 

Eso que en la modernidad de las redes sociales se conoce con la expresión anglosajona de fake news no es otra cosa que bulos, infundios y patrañas que alimentan lo que en esta sociedad nuestra también llamamos desinformación. El cóctel que forman las noticias falsas y la manipulación constante de la realidad es lo que los filósofos han denominado (a mi parecer, de forma obscena) como “posverdad”, cuando no es más que una mentira. Vaciar de contenido y de significado las palabras que identifican conceptos importantes (como verdad, mentira, libertad, fascismo, democracia) es otra estrategia perversa del mundo actual.  

Los bulos no son solo cosa del presente. También se utilizaron en el pasado como arma política. Lo que resulta novedoso en el mundo de hoy es la enorme extensión y la gran rapidez que la desinformación llega a adquirir entre una población arrogante, mayoritariamente carente de sentido crítico que, por estar escolarizada y tener a su alcance la información inmediata de internet y de los medios de comunicación, se considera culta cuando no lo es. Esta confusión constante entre información y cultura, que campa a sus anchas en los estercoleros que son las redes sociales, es un mal tremendamente peligroso.  Un ejemplo de este peligro es la situación creada en los Estados Unidos de América tras el reciente proceso electoral, con un presidente abonado a la posverdad, por estar acostumbrado a que la mentira siempre le haya sido rentable.  Ya sabemos que es un patán integral y el mejor ejemplo que se me ocurre de que cultura y dinero no van emparejados. Pero si grave es (y mucho) que semejante ser haya sido elegido presidente de la nación más poderosa del mundo, más grave es que le haya votado una masa crédula, por ignorante, o a la que no le importa que se mienta, se manipule y se tergiverse. Lo más triste y demoledor es que no se trata solo de un mal propio de ese país americano, sino también de Europa y, por supuesto, de España. En Estados Unidos es un indicio más de la decadencia imparable en la que está inmerso el Tío Sam y en Europa, un síntoma aterrador del mundo al que nos dirigimos.  

En el pasado, la difusión de nuevas o noticias de uno u otro color fue forzosamente más lenta y limitada, pues circulaban de boca en boca y con los medios de transporte de la época.  También se difundieron mentiras y, en algunos momentos, se organizaron conspiraciones para propagar bulos que pusieran en peligro la paz de los pueblos.  

Durante su reinado, Felipe II sufrió varios atentados contra su vida y, en otras tantas ocasiones, quedó documentada la circulación de bulos, con los que sus enemigos perseguían la desestabilización política del reino.  Uno de los primeros se extendió por la Península en los últimos días del año 1563 y primeros de 1564, intentando hacer creer a la población que el monarca había sido asesinado. 

En el Archivo de la Casa Piñán se ha conservado un documento que retrata la llegada del bulo a Sajambre y las medidas que adoptaron sus autoridades ante una noticia que creyeron cierta.  El estudio de este documento y su edición íntegra han sido recientemente publicados por mí en un libro (1), de tal forma que en este caso me voy a limitar a resumir su contenido, quedando en la publicación la restante información y la transcripción íntegra del texto principal y de los añadidos.  Incluyo también en este post (no en el artículo publicado) nuevos datos sobre el linaje Piñán en Valdeburón.    

El 27 de diciembre de 1563 se levantó acta notarial en la localidad de Sames, en el concejo asturiano de Amieva, de cómo el alcalde de la Santa Hermandad y cinco sajambriegos más habían llegado a dicha población “persiguiendo a unos hombres que habían matado al rey”. 

Esos cinco sajambriegos debían ser los cuadrilleros, es decir, los miembros de la Santa Hermandad o policía de la época. Su jefe era el “alcalde de la Santa Hermandad”, cargo que se renovaba por elección todos los años a principios del mes de enero. Entre ellos había representantes de las cuatro asambleas vecinales del valle, es decir, de Oseja, Soto, Ribota y Vierdes-Pio.

Uno de los representantes de Soto fue “Piñán”, a secas, sin nombre de pila. Se trata de Gonzalo Piñán, el primero que conocemos con este nombre avecindado en Sajambre y documentado en Soto desde 1545, que no debe confundirse con otro Gonzalo Piñán que fue vecino de Polvoredo en los años 1553 y 1554.  Los documentos conservados en ambos casos no nos permiten saber si estaban emparentados, aunque lo sospecho. 

Ahora bien, si los documentos no proporcionan información directa sobre el origen del Piñán de Polvoredo, sí la dan indirecta, de tal manera que es probable que los Piñán de Polvoredo y los de  Sajambre ya estuvieran emparentados en el siglo XVI. Lo que es casi seguro es que los Piñán de Polvoredo no son originarios de dicho lugar. Lo explico.    

Del Gonzalo de Polvoredo se conservan varios documentos, entre ellos una ejecutoria del rey Carlos I, fechada en Valladolid, el 17 de junio de 1554, en la que se dice que

Gonçalo Pinan vezino del dicho lugar de Polboredoes hombre hijodalgo notorio de padre y solar conozido, debengar quinientos sueldos segúnd fuero de España… y los dichos sus padre y agüelo y cada uno de ellos en su tiempo, en los lugares donde bibieron y moraron, que estobieron syempre en posesión de hombres hijosdalgo e de no pechar ni pagar ellos, ni alguno de ellos en pedidos, ni monedas, ni en otros ningunos pechos ni tributos reales, ni conçejales e abiéndoles sido guardadas al dicho su parte y a los sus padre y agüelo todas las honrras, franquezas, esençiones e libertades que a los hotros hombres hijosdalgo suelen y deben y acostumbrar ser guardadas…

Una real ejecutoria es la sentencia final de un pleito dirimido ante el rey en última instancia. Este pleito lo fue de hidalguía y lo solicitó Gonzalo Piñán porque el concejo de Polvoredo no le reconocía su estado noble y le obligaba a pagar impuestos. Esto era habitual cuando se cambiaba de residencia de un municipio a otro. Es decir, la incoación de este pleito de hidalguía fue necesaria, posiblemente, porque este Gonzalo Piñán se había mudado a Polvoredo procedente de otro concejo. Los documentos no dicen de cuál.  

Al mismo tiempo que este Gonzalo Pinán o de Piñán vivía en Polvoredo, desde 1545 se documenta otro Gonzalo Pinán, Penán o de Piñán en Soto de Sajambre, considerado hidalgo en los padrones de 1552. El sajambriego murió entre 1584 y 1595 dejando, al menos, cinco hijos en el valle: Catalina, María, Juan, Pedro y Gonzalo. Este último vivió, casó y murió en Soto de Sajambre.

Hay tres factores que me llevan a hipotetizar un parentesco entre estos Piñanes ya en el siglo XVI. Uno es la homonimia, muy frecuente en las familias de aquella época, pudiendo ser estos dos Gonzalos primos, o tío y sobrino. El segundo factor es la peculiaridad del apellido, poco común entonces y ahora, que confluye en dos núcleos familiares asentados en lugares tan cercanos como son Polvoredo y Sajambre.  El tercero es que los dos Gonzalos fueron hidalgos notorios de solar conocido. 

Volviendo al bulo sobre el asesinato de Felipe II. Uno de los cuadrilleros que llegaron hasta Amieva fue Gonzalo Piñán, junto a otros sajambriegos que también se nombran en el documento, en seguimiento de unas personas que abían muerto al rei, nuestro señor, con sus armas. Persiguiendo a tales sospechosos llegaron hasta Sames, donde se encontraron con cuatro vecinos de Caño que venían desde el concejo de Cangas de Onís y que también se nombran. Ante el notario que levantó el acta, dejaron constancia de cómo todo el oriente de Asturias hasta Oviedo estaba ya avisado de dicha muerte.  

En el artículo explico el procedimiento policial, según las leyes de la época, que obligaba a los concejos a perseguir a los malhechores y cómo los sajambriegos lo aplicaron en este caso; me detengo también en el recorrido que se describe en el propio documento y que no fue otro que el del camino real desde Oseja hasta Sames por el puerto de Beza, donde se habla de la venta de Saúgu, convirtiéndose esta noticia en la más antigua, hasta la fundación de la ermita y del albergue de caminantes por el Arcediano casi un siglo después; y trato sobre los desgraciados a los que se debió acusar infundadamente de un crimen que, en realidad, no se había cometido. Entonces, como ahora, las noticias falsas tenían víctimas y consecuencias nefastas. No me extiendo sobre ello porque, como digo, está publicado en el mencionado trabajo.  

El bulo empezó a correr por la Península en los últimos días de diciembre de 1563. Los propios contemporáneos del hecho creyeron que se había difundido a partir de tres focos simultáneos: uno en Castilla, otro en Aragón y el tercero en Cataluña. Pero este documento demuestra que en Asturias y en el norte de León la difusión de la falsa muerte de Felipe II fue bastante anterior en el tiempo a la región levantina y que el foco castellano no debió estar muy alejado de Asturias y Valdeburón.

El desmentido del atentado no empezó a circular por España hasta los días 4 y 5 de enero de 1564. En circunstancias normales, tras conocerse el carácter falso de la noticia, el acta notarial hecha en Sames habría sido destruida por no tener validez. Pero en este caso se conservó. ¿Por qué?

El acta se levantó en Sames a petición de los sajambriegos, para que quedara constancia de que habían cumplido las leyes; y los sajambriegos se llevaron dicho documento a su concejo. El hecho de que se haya conservado en el Archivo de la Casa Piñán, con notas dorsales de Gonzalo Piñán I, indica sin ninguna duda que el acta notarial quedó en poder de dicho Gonzalo Piñán, manteniéndose en el archivo familiar de Soto, hasta que en 1636 Domingo Piñán de Cueto Luengo trasladara dicho archivo al palacio que se había hecho construir en Oseja.

¿Y por qué se lo quedaría Gonzalo Piñán si lo lógico habría sido que se lo quedara el alcalde de la Santa Hermandad, como máximo responsable policial que era?

Pues no lo sabemos, pero sospecho que porque el Piñán era la única persona alfabetizada de toda la cuadrilla.

¿Y por qué se conservó el documento en lugar de destruirse, que era lo que correspondía en tal caso?

Pues por culpa del tocino y las coricias.

El primer Gonzalo Piñán sajambriego aprovechó el espacio dejado en blanco al dorso del documento para usarlo como “libro de cuentas”, escribiendo de su propia mano varias notas contables sobre viajes a Oviedo, cebada, lechones, pucheras de vino, tocinos, coricias y otras cosas que había gastado y pagado a diferentes personas, como Sancho de Quintana o Juan Prieto.  

Estos apuntes de la economía doméstica de un sajambriego de mediados del siglo XVI permitieron la conservación de un curioso documento que, en otras circunstancias, se habría destruido.

 

NOTAS

(1) Elena E. Rodríguez Díaz, “El bulo de la muerte de Felipe II (1563) en el oriente de Asturias y norte de León”, en Elena E. Rodríguez Díaz y Antonio C. García Martínez (eds.), Historia y Archivos. Estudios en homenaje a Dña. Remedios Rey de las Peñas, Universidad de Huelva, 2020, pp. 297-309.   

domingo, 1 de diciembre de 2019

BREVE HISTORIA DE ARCENORIO Y DE SU ERMITA MARIANA


Índice: 1.- Introducción. 2.- El siglo XII. 3.- Los siglos XIV y XV. 4.- El siglo XVII. 5.- El siglo XVIII (1701-1751). 6.- El siglo XVIII (1752-1801). 7.- El siglo XIX. 8.- Conclusiones.

1.- INTRODUCCIÓN  


El puerto de Arcenorio (1530 msnm) es uno de los pasos naturales de la Cordillera Cantábrica que sirvió de límite y comunicación entre Asturias y León.  Pertenece al concejo asturiano de Ponga y limita con los concejos leoneses de Sajambre y Acebedo. 

Las rutas desde Asturias y desde las tierras de León han de seguir las siguientes trayectorias para llegar a dicho lugar: 

§  Desde San Juan de Beleño (Ponga, AS) – Les Bedules – Bosque de Peloño – Horcada de la Guaranga (1.370 m) – Arcenorio.
§  Desde Pio de Sajambre (LE) – Yaete – Collada La Campa (1580 msnm) – Arcenorio.
§  Desde La Uña (Acevedo, LE) – Puerto de La Fonfría (1640 msnm) – Arcenorio.

2.- EL SIGLO XII  


Por su situación fronteriza, la noticia escrita más antigua procede precisamente de una delimitación histórica, la que se establece hacia el año 1120 en el entorno del obispo Pelayo de Oviedo y que ha transmitido el cartulario conocido como Liber Testamentorum (1). En ella se enumeran los términos que definían la divisoria entre las diócesis de Oviedo y de León que, en la parte que nos interesa, dice así: 

... per Penna Rubea, per Panes, per Traue, per Lumba de Tauro, per Mensa Pelagii, per Ueza, per Erzinorium, per Uentanella, per Anneliona, per pando de Carral, per Carisia et descendit ad Campo Longo secus flumen Uernisga...

... por Peñarrubia (Cantabria), Panes (Peñamellera Baja), El Trabe (Cabrales), La Loma del Toro (Áliva), la Mesa de Pelayo, Beza (Sajambre), Arcenorio (Ponga), Ventaniella (Ponga), La Nalona (Puerto de Tarna, Caso), Pando de Carral, La Carisia (Aller) y desciende a Campolongo junto al río Bernesga (Villamanín)...

Es decir, a inicios del siglo XII el puerto seco de Arcenorio era un lugar individualizado y conocido a uno y a otro lado de las montañas, que se identificaba mediante un fitotopónimo derivado del latín *ilicinorium, lugar donde abunda la *ilicinam, o sea, la encina (Quercus ilex), (2).

Esto significa que, cuando se asignó un nombre a este lugar de la Cordillera Cantábrica, los naturales de la tierra hablaban latín, por lo que tal cosa no pudo suceder antes del siglo I.

Y si las voces del pasado llegan hasta nosotros gracias a los escritos que transmiten las inscripciones, los libros y los documentos, no menos interesante resulta analizar los silencios.  Y en el siglo XII hubo dos silencios importantes.    

En la época del obispo Pelayo de Oviedo (1101-1130, m. 1153) no se incluyó ninguna iglesia o ermita situada en Arcenorio en las actualizaciones de propiedades que dicho obispo se dedicó a hacer en los documentos copiados en el Liber Testamentorum, ni tampoco se mencionó el lugar en su obra histórica relacionándolo con algún suceso legendario, como cuenta una tradición oral que ha de ser –forzosamente- muy posterior. 

Los silencios en la obra de Pelayo de Oviedo sucedieron porque en tales años Erzinorium solo debía ser un paso de montaña dedicado, como mucho, a la explotación ganadera de los comarcanos.  

3.- LOS SIGLOS XIV Y XV  


En el siglo XIV existe otro silencio relevante. En 1385 se llevó a cabo un estadismo diocesano en la sede oventense por orden del obispo don Gutierre de Toledo (1377-1389), que se plasmó en el códice diplomático conocido como Libro Becerro. En ningún lugar se menciona una iglesia o ermita en Arcenorio, ni tampoco en la documentación de la Catedral de Oviedo sobre el concejo de Ponga.

La siguiente voz del pasado nos llega desde el año 1488, a finales del siglo XV.

En los registros de la cancillería real castellana, que se guardan en el Archivo General de Simancas, se ha conservado la copia íntegra de un documento otorgado por los Reyes Católicos en la ciudad de Valladolid, el 20 de noviembre de 1488, en el que se reconoce al concejo de Sajambre su derecho a pacer, rozar y cortar en el puerto de Arcenorio. El documento, con su reproducción fotográfica y su transcripción paleográfica completa, ha sido editado y comentado en una página de este mismo blog, titulada Edición Documental con el núm. 2.   

Por lo que se dice en dicho testimonio escrito, el concejo de Ponga debía haber iniciado el proceso de apropiación de lo que era hasta entonces (como argumentan los sajambriegos y reconocen los Reyes Católicos) un puerto mancomunado entre Ponga y Sajambre.  Eso dio pie a la protesta de los sajambriegos ante los reyes, reconociendo los monarcas los derechos de Sajambre a la explotación ganadera del puerto de Arcenorio:

...el dicho conçejo e omes buenos del dicho logar de Sajanbre han estado y están en la dicha posesyón de paçer e roçar e cortar en el dicho puerto de Arzenorio, desde el dicho tienpo a esta parte, justa e pacíficamente, por justos e derechos tytulos... (1488).

En el siglo XV y principios del XVI existían ya conflictos entre Burón y Sajambre por los terrenos mancomunados de Pontón; entre Valdeón y Burón por el término limítrofe de Llavarís; y entre Valdeón, Amieva y Sajambre por Carombo, testigo del aprovechamiento mancomunado de muchos de los puertos  de montaña que existió en esta región desde la Edad Media y que llegó con el mismo estatus jurídico al siglo XX.

En ningún lugar del documento de 1488 se alude a la existencia de una iglesia o ermita en el emplazamiento y menos aún de un albergue para caminantes, posiblemente porque todavía no se había construido ni lo uno, ni lo otro. De haber existido, habrían tenido derechos de aprovechamiento para su funcionamiento y manutención, como los tuvo el casero de Pontón durante toda la Edad Media, y se habrían mencionado en un documento que trataba, precisamente, sobre la explotación compartida del lugar.

En este sentido, en los testimonios conservados sobre el conflicto por el aprovechamiento de Llavarís suele aparecer el casero y la venta de Pontón o hacerse alguna alusión a la existencia de intereses de una tercera persona jurídica en el lugar (3).   

Así que es probable que la ermita de Arcenorio no sea anterior al año 1488 y que en dicha época, el lugar siguiera siendo solo una majada compartida entre los vecinos de Ponga y los vecinos de Sajambre. No debe extrañar este particular si nos remitimos a los hechos y no a la fabulación de los mitos locales. En el puerto de Pontón hubo albergue de caminantes de protección real desde el siglo XII y, sin embargo, no existió ermita alguna antes de 1425 con seguridad. En la vertiente asturiana del puerto de Beza, hubo una venta en el siglo XVI, pero la ermita de la Virgen de Saúgu fue fundada por el arcediano Pedro Díaz de Oseja en el año 1643.  Si esto sucedió en dos lugares por los que pasaba una vía intensamente transitada desde la Alta Edad Media, qué no pasaría con una senda secundaria y mucho menos frecuentada. 

4.- EL SIGLO XVII  


Todos los documentos posteriores a 1488 y anteriores al Catastro de Ensenada de 1752 que hablan de Arcenorio se han conservado en los protocolos notariales del concejo de Sajambre. De haber llegado a la actualidad los del concejo de Ponga, nos habrían clarificado muchas cosas. Pero eso no ha sucedido.

Lo que desconozco es si en el Archivo de la Catedral de Oviedo o en el Histórico Diocesano se conservan documentos de visitas pastorales anteriores a 1752 que puedan retratar la situación de los templos de Ponga. Si así fuera, estas fuentes tendrían que estudiarse.  

Por el momento, los únicos documentos conocidos proceden de Sajambre y están fechados en los años 1666, 1667, 1671, 1693, 1695 y 1699.

Se trata de testamentos otorgados por vecinos del concejo de Sajambre que dejan misas votivas a Nuestra Señora de Arcenorio o Alcenorio. El más antiguo pertenece a un habitante del pueblo de Pio, conocido como Xan Redondo. Excepto en un caso de un vecino de Oseja, todos los demás corresponden a hombres y mujeres de Vierdes y, sobre todo, de Pio, la localidad sajambriega que se encuentra más cerca del puerto de Arcenorio.

Es decir, la noticia más antigua conocida hasta el momento sobre la existencia de un templo mariano en Arcenorio data del año 1666; se ha transmitido gracias a la devoción de los sajambriegos; y se conserva en el Archivo de la Casa Piñán de Oseja de Sajambre, aunque ha sido editada en Oviedo por mí misma (4).

En la línea central: ...a la Birgen de Cobadonga, otra a Nuestra Señora de Arçenorio, otra... (Pio de Sajambre, 1666). Pinchar en la imagen para aumentarla.

5.- EL SIGLO XVIII (1701-1751)  


Las noticias documentales de la primera mitad del siglo XVIII siguen conservándose en los archivos sajambriegos. Entre 1711 y 1787, la Virgen de Arcenorio continúa asomándose a los testamentos de los vecinos de vecinos de Pio de Sajambre.

Pero en este período por primera vez se menciona al casero de Arcenorio. Es decir, por vez primera encontramos una evidencia documental de la existencia de una venta o casería en Arcenorio en el año 1711, porque este es el término que desde la Edad Media se asignaba en la zona a los encargados de estos establecimientos; así sucedió en Pontón y en Ventaniella. En el caso de haber sido el simple encargado del mantenimiento del templo que albergaba la imagen de la Virgen desde por lo menos 1666, el escribano se habría referido -con mayor propiedad- al mayordomo y no al casero.     

La mención aparece en una memoria de deudas que el vecino de Pio, Juan de la Puente, dejó tras hacer testamento, donde estableció dos misas por su alma dedicadas a la Birgen de Arzenorio. El conjunto fue otorgado en Pio de Sajambre, el 17 de julio de 1711, ante el escribano público del número Agustín Piñán de Cueto Luengo. En la citada relación, Juan de la Puente declara:   

...Más sesenta reales que le di (al cura de su parroquia, Toribio Díaz Prieto) en otra ocassión sobre pique que tubimos sobre si los abía de cobrar del cassero de Arzenorio o de mí, y para obiar ynconbenientes los pagué yo... (Pio de Sajambre, 1711).

En el memorial de deudas vemos que Juan de la Puente había sido el responsable local de la reparación de la ermita de San Pelayo de Pío, para lo que el poderoso cura de Ribota, Vierdes y Pío, don Toribio Díaz Prieto, había prestado 34 reales; que había sido regidor del Tercio de Allende El Agua en 1711 y había arrendado puertos; que comerciaba con colmenas, vacas y bueyes, que vendía a uno y a otro lado de las montañas; que acudía a las carreterías de la Tierra de Campos palentina (Ampudia), de lo que debía al cura 12 reales en razón de diezmos pendientes; y que a causa de negocios comunes que no se especifican, ya tenía pagado al cura 336 reales por 24 cántaras de vino. Por otros documentos del Archivo de la Casa Piñán, también sabemos que en varias ocasiones los vecinos de Ribota, Vierdes y Pio encargaron a este mismo Juan de la Puente la compra de grano panificable al por mayor en épocas de escasez, sobre todo en 1699 y 1700.

De manera que parece que este vecino de Pio se desenvolvía bastante bien en el terreno comercial; y comercial debió ser su relación con el casero de Arcenorio y con Toribio Díaz Prieto.  Quizás por algún préstamo hecho a ambos por el religioso o por cualquier obligación de estos para con el cura.  Lamentablemente, las fuentes conservadas no permiten precisar la naturaleza de la asociación mercantil que existió entre los sajambriegos y el casero de Arcenorio en 1711. ¿Estaría relacionada con el tránsito de gentes que cruzaban de Asturias a León, y viceversa, por el puerto pongueto?

Si había una venta o casería en Arcenorio en 1711 es porque debía existir algún trasiego de viajeros. Sin embargo, las fuentes conservadas no parecen otorgar a este camino demasiada relevancia, quizás porque dicho tránsito no era importante.

Dicen los ponguetos que la senda que atravesaba dicho puerto se llamó desde una época incierta el camín de los arrieros, según unos (5), y el camín de la sal, según otros. Lo uno por haber sido utilizada por trajineros de Ponga y lo otro, por transportarse por esta vía los pescados salados asturianos que se vendían en la Meseta.   

En 1752, el Catastro de Ensenada registra la existencia de unos pocos vecinos de Ponga que llevaban palas a vender a Castilla, nada comparable al 100% de los vecinos de Sajambre que efectuaban dos, y hasta tres, viajes al año a la Meseta para vender sus manufacturas.

En Sajambre y en otros archivos peninsulares se conserva mucha documentación de la segunda mitad del siglo XVII y de la primera del siglo XVIII que sirve para estudiar el intercambio comercial que se desarrolló entre Asturias y León en la zona oriental de ambas regiones, donde se documentan muy bien los caminos y los senderos más transitados por leoneses y asturianos, incluidos los vecinos de Ponga. 

Así sucede, por ejemplo, en un caso de 1689, donde vemos a los vecinos del Viego pongués protestar ante el rey porque los de Amieva, a la altura de Sebarga habían ocupado el camino real por donde pasamos a Castilla, solicitando se diera noticia del hecho a escrivanos del número de dicho concejo de Amieba, Parres, Ponga, Cangas y Sajanbre (6), como correspondía al cruzar por tales concejos el camino real al que se alude, que no era otro que el que iba desde Ribadesella a Castilla por Beza y Pontón.

Pues bien, hasta el momento, la ruta por Valdemagán (1700 msnm) y Arcenorio no está documentada en Sajambre antes del siglo XIX.

En cambio, existen registros desde el año 1668, en los que vemos a los sajambriegos transportando sardinas y salmones hacia la Meseta, que se salaban durante los meses cálidos para su conservación y se cubrían con nieve y hielo en los meses invernales. Pero todas estas cargas, que transportaban recuas de bueyes y caballerías, transitaban por el camino real que venía de Ribadesella y Amieva hacia Valdeburón (7). Nunca se documenta la zona de Arcenorio con tales finalidades. 

6.- EL SIGLO XVIII (1752-1801)  


En las Respuestas Generales del Catastro de Ensenada que se empezaron a poner por escrito en San Juan de Beleño el 10 de mayo de 1752 y se terminaron el día 25 del mismo mes, se dice que en Arcenorio existía un molino que utilizaba el casero de dicho lugar:

...Otro (molino) de Nuestra Señora de Arzenorio, sito en este término, que es de la misma vezindad (Viego). Regulan  su producto en media fanega de maíz que ymportaran las maquilas de el casero de dicho santuario, que es el que solamente muele en él por estar distante de la poblazión... (8).

Otro molino había también en Ventaniella para disfrute de su casero (9). 

El 5 de agosto de 1783 están fechados dos Informes sobre caminos de Jovellanos, donde se trata sobre la carretera que se pretendía abrir entre Asturias y Castilla. Entre las opciones propuestas se menciona la de un presbítero llamado Juan Antonio Monasterio, quizás de origen pongueto, quien plantea “abrir comunicación de Asturias con Castilla por el puerto de Arcenorio desde León a Rivadesella”. Además de Arcenorio, se discute también la posibilidad de hacerlo por Beza, Ventaniella, Piedrafita, La Mesa y Pajares. Lo que sucedió fue que el 8 de abril de 1771 ya se había decidido construir la carretera por Pajares, poniéndose la primera piedra en 1782 (10). 

7.- EL SIGLO XIX  


En el Diccionario geográfico de Sebastián de Miñano y Bedoya, publicado entre 1826 y 1829, al hablar del concejo de Ponga solo se menciona la ermita y el albergue de Ventaniella, cuyo casero debía ser un pechero y estaba obligado a tocar la campana en los días de niebla para guiar a los caminantes. Arcenorio solo se cita aquí como un puerto que se arrendaba para pastos durante los veranos. 

Pero en la voz Casielles, del tomo II editado en 1826, puede leerse lo siguiente:

Situado malísimamente en terreno montañoso, rodeada de peñascos, sus caminos ásperos y escabrosos, a la derecha del río Biamón; confina por el N. con la parroquia de Biego, por S. con el término del concejo de Valdeburón, en Castilla, por E. con los del concejo de Valdeón y por O. con la parroquia de Biego (...) En el puerto de Arcenorio, término de esta feligresía, y camino que dirige a Castilla, hay una alberguería para socorro de los transeúntes, cuya casa debe siempre habitar un plebeyo. Su obligación es abrir las puertas a los pasageros, y pagando hacerles caldo. Se gobierna por 5 vicarios, bajo la protección del diocesano. Toda esta feligresía se comprendía antiguamente en la Biego, pero se erigió en parroquia con aprobación de la cámara y del diocesano. Dista 6 leguas de la villa de Infiesto, y 13 de la ciudad de Oviedo.

He aquí por tanto el origen de muchas confusiones modernas de montañeros y aficionados a la Historia cuando asignan al casero de Arcenorio las competencias que eran propias del casero de Ventaniella.

Como el de Ventaniella, el casero de Arcenorio debía pertenecer al estado general, evitando con ello que ningún miembro de la población hidalga tuviera que vivir en parajes tan remotos y aislados. Pero a diferencia de Ventaniella, las obligaciones del casero de Arcenorio se limitaban a dar cobijo a los viajeros y a proporcionar caldo caliente a quienes se lo pagaran.

Sobre la forma de regir la ermita que aquí se menciona, habría que indagar en las fuentes eclesiásticas diocesanas y parroquiales de los siglos XVIII, XIX y XX, sin olvidar las visitas pastorales de toda la Edad Moderna.   

Escueta vuelve a ser la atención que ofrece el Diccionario de Pascual Madoz, del año 1850. En el tomo 16 y en la entrada correspondiente a la parroquia de Viego (Ponga) se lee lo siguiente:

Atraviesa por esta feligresía un camino carretero que conduce a Castilla por el puerto llamado Arcenorio, existiendo en medio del puerto una capilla (la Natividad de Nuestra Señora), en cuyo día se celebra en ella misa y en el sitio se realiza una feria de ganados.

Nada dice ya de la alberguería, ¿habría dejado de existir definitivamente en 1850 o su información era incompleta? 

8.- CONCLUSIONES  


Esto es lo que transmiten las fuentes históricas que conocemos a día de hoy con anterioridad a 1900. Como se ha visto, hace falta más investigación, sobre todo en los archivos eclesiásticos, que podría acometer algún alumno asturiano de Historia en algún Trabajo Fin de Grado o Fin de Máster.

Mientras tanto hay que decir que, en este caso, la ermita mariana parece haber sido anterior a la alberguería, aunque parece difícil que la capilla dedicada a la Natividad de la Virgen, cuya fiesta se celebra el 8 de septiembre por ser la fecha de consagración de la iglesia de Santa Ana de Jerusalén, existiera con anterioridad a 1500. 

Basílica de Santa Ana en Jerusalén,  construida junto a la piscina de Betesda y consagrada un 8 de septiembre del siglo V, origen de la celebración cristiana del natalicio de la Virgen María (fotografía de la autora).
Se venera desde el siglo V como lugar del nacimiento de la Virgen María (fotografía de la autora).
 Pinchar en las imágenes para aumentarlas.


Es más probable que la ermita de Arcenorio se levantara durante el impulso dado por el Concilio de Trento para revitalizar el culto mariano en la Europa de la Contrarreforma, inventándose a posteriori una leyenda totalmente falsa sobre el lugar y sobre la cercana Collada La Campa sajambriega. 

Lo que está claro es que en 1666 ya existía la ermita y en 1711 una alberguería que perduró, al menos, hasta 1826, aunque quizás ya no estuviera activa en 1850. Al margen de esto, hay que suponer la existencia de fluctuaciones que habrían afectado a la venta de Arcenorio, según las variaciones demográficas y las necesidades de la población local, como sabemos que sucedió en la venta de Pontón, lugar que estaba despoblado en 1715.    

En cualquier caso, la documentación que vamos recuperando anterior a 1900 no apunta a un trasiego intenso de gentes por esta vía de comunicación entre Asturias y León, sino a un mayor uso de los pasos de la Cordillera que se situaban en Tarna, Ventaniella, Pontón y Beza. 

La construcción de la carretera de Sahagún a Las Arriondas por El Pontón a finales del siglo XIX terminaría por confinar a Arcenorio a los límites locales, aunque los comarcanos de uno y otro lado de las montañas hayan seguido acudiendo a la romería de su ermita cada 8 de septiembre hasta la actualidad. 

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NOTAS
1.- Oviedo, Archivo de la Catedral, ms. 1, f.7v.
2.- Xosé Lluis García Arias, Pueblos asturianos: el porqué de sus nombres, en línea, voz L’Ancina / L’Ercina
3.- Elena E. Rodríguez Díaz, Valdeón: Historia y Colección Diplomática, RIDEA, Oviedo, 2000, docs. ns. 42 y 43.
4.- Elena E. Rodríguez Díaz, Notas y cuadernos de notas de los Piñán, escribanos públicos de Sayambre (1659-1721), Academia de la Llingua Asturiana – Universidá d’Uviéu, 2015, p.226.
5.- Ana Fernández Suárez, Diego Ruiz de la Peña Ruiz y Faustino Suárez Antuña, Asturias concejo a concejo. Ponga, RIDEA, Oviedo, 2009, p.57.
6.- Valladolid, ARCh, R. E., caja 3028, n.37.
7.- Elena E. Rodríguez Díaz, “La Senda del Arcediano y el camino del Beyo: nuevos documentos para su historia”, Boletín de Letras del RIDEA, 2010 y Elena E. Rodríguez Díaz, “Carreteros y arrieros de Sajambre. El intercambio de mercancías en la montaña oriental leonesa (ss. XVI-XVIII)”, Estudios Humanísticos. Historia, 2015.
8.- Simancas, AG, C.E., R.G., lib.367, f.342r-v.
9.- Ventaniella: ...término de la parroquia de Sobrefoz, propio de el santuario de Nuestra Señora de este nombre, que solo muele quinze días de el año para el casero de dicho santuario que habita en aquel paraje, ibídem.
10.- Joaquín Ocampo y Suárez-Valdés, “Caminos y economía II: Jovellanos y la carretera de Castilla”, Cuadernos de Estudios del siglo XVIII, ns.10-11, 2002, pp.75-91.