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miércoles, 17 de noviembre de 2010

LA PISA DEL RÍO AGÜERAS: fecha de construcción, localización y residuos contaminantes.

El Catastro de Ensenada dice que de todos los molinos que había en Sajambre en el año 1752 uno era un batán o molino de enfurtir paños. Este batán o pisa se movía con la fuerza del río Agüeras, que los documentos hacen pasar por Pío, y en época del Catastro pertenecía a un vecino de dicho lugar, llamado Pedro Mayón, entre cuyas propiedades se describe:

MOLINO DE BATANES
Tiene asimismo un molino de batanes, el que está situado en río de Las Güeras y su labor es nuebe meses del año. De una sola rueda, que linda a todos quatro ayres con pasto común” (Oseja de Sajambre, Archivo Municipal, lib.1, f.656 rº).

En Asturias, lo normal era que los batanes trabajaran ininterrumpidamente hasta los meses de verano, época en la que cesaba la actividad porque al disminuir el caudal de los ríos, el agua canalizada resultaba insuficiente para mover con fuerza los mazos del molino. Quizás por este motivo, el cura de Oseja, Francisco Rodríguez Reyero, había llevado a finales del mes de julio de 1720 dos telas de sayal “a pisar en el Concejo de Valdeón” (ver post del jueves 4 de noviembre de 2010).

El mecanismo de este ingenio hidráulico era muy sencillo. En el río que aquí se llama Agüeras se construyó una presa y desde ella el agua era conducida por un canal en pendiente hecho de madera de roble, cuya caída hacía girar una rueda que accionaba los mazos con los que se golpeaban los paños para fortalecerlos. Por lo que parece, la canalización cruzaba el camino que iba hacia las tierras de La Portiella y Moneo.

Este batán o pisa se había establecido en Sajambre en el año 1664 por iniciativa de una mujer llamada Catalina de la Puente que, por lo que sabemos, se casó dos veces, la segunda de ellas en el año 1674. Cuando se construye el batán todavía estaba vivo su primer marido: Juan Gómez, vecino de Ribota. Los sajambriegos ya saben de qué familia estamos hablando. El hijo mayor de Juan y Catalina, que tendría unos diez u once años en 1664, se llamaba Pedro Gómez, un nombre que se ha ido repitiendo en esta familia hasta la actualidad (Archivo de la Casa Piñán, Sección Notarial, Gonzalo Piñán de Cueto Luengo, legs.1664 y 1674).

Poco después de entrar en funcionamiento el batán, se producen conflictos con los vecinos de Ribota, quienes acaban quejándose a las Justicias del Concejo por los trastornos que les causaba la pisa “que fundó Catalina de la Puente”. Las razones argumentadas fueron las siguientes:

1) La presa construída disminuía el riego de algunas fincas.
2) Los residuos del abatanado ensuciaban el agua, no pudiéndose por esta causa lavar la ropa, la carne u otras cosas en el río.
3) Se había invadido el camino que iba hacia las erías de La Portiella y Moneo, impidiendo a algunos vecinos de Ribota el acceso a sus tierras de labor.

Oigamos directamente a los afectados a través de su portavoz, el cura de Ribota:

Julián Rodríguez, cura de Rivota y sus anexos, ante vuestra merced parezco por mí y en nonbre de los demás vecinos a quienes toca y puede tocar el perjuicio de la fundación de la pissa de sayal, que fundó en el dicho lugar Catalina de la Puente, vecina dél, por causa del agua que quita a algunas heredades para su riego. Y asimismo para la limpieza de la ropa, carne y otras cosas, de que no se puede usar por estar llena de pelanbre del sayal. Y asimismo por atrabesar el camino por donde yo y dichas mis partes tenemos el serbicio para la agricultura de las tierras de la ería de La Portiella y la de Moneo, de que se sigue gran perjuicio al dicho lugar, el qual protesto pedir a su tienpo. Y aunque la susodicha alega tiene derecho por aver fundado sin contradición y, por esa causa, averse querellado de Secilia Martínez, mi criada, por dicir le abía quitado el agua de dicha pissa, digo, señor, que al tienpo y quando se hizo el edificio de dicha pressa, yo estava ausente, lo qual ofrezco provar, y a vuestra merced suplico me conceda el término probatorio...” (Archivo de la Casa Piñán, Sección Notarial, Gonzalo Piñán de Cueto Luengo, leg.1664).

Nada sabemos, por el momento, sobre la manera en la que se resolvió o cerró este conflicto, pero la pisa siguió funcionando. Lo cierto es que, a pesar de los inconvenientes que provoca toda actividad industrial, la existencia de un batán en Sajambre era algo beneficioso para la población porque permitía el abastecimiento local de telas suficientemente resistentes para el vestido y el abrigo, sin tener que recurrir a los batanes asturianos o valdeones.

Unos cuarenta años después de la noticia anterior, a principios del siglo XVIII, el dueño de la pisa o pisón era Lorenzo Gutiérrez, vecino de Pío, heredada tras su fallecimiento por su mujer María Alonso, quien muere en el año 1715 “y dizen fue en la bentta de Pontón y estar enterrada en el lugar de Retuertto”. En su inventario de bienes se incluye “una pissa de pissar lana que está en el río caudal que baja de Las Agüeras, término de dicho lugar” de Pío (Archivo de la Casa Piñán, Sección Notarial, Agustín Piñán de Cueto Luengo, leg.1715).

En el mismo documento aparece el emplazamiento del batán como topónimo: “Yten medio carro de yerba en do se dize La Pissa, que linda de un lado con prado de Isidro Gargallo y de otro lado con el río caudal” (Archivo de la Casa Piñán, Sección Notarial, Agustín Piñán de Cueto Luengo, leg.1715).

Actualmente existen lugares llamados La Pisa y el Prao La Pisa, que también mencionan otros documentos de 1600. Lo que no sé con seguridad es en término de qué pueblo debe situarse esta descripción de la pisa, si en Pío o en Ribota.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

EL PUEBLO DE PÍO CON ANTERIORIDAD A 1814 (2-1): molinos e iglesias.

En una venta efectuada el 13 de enero de 1660 se nombra como lugar de emplazamiento del prado que es objeto de la transacción “la Güera del Molino”, situada junto al río caudal, o sea, junto a la corriente principal. Y a comienzos de 1714, el vecino de Pío, Silvestre Gutiérrez, poseía un molino que se describe de la siguiente manera:

Un molino prósimo a moler en el río de Las Agüeras, que es todo suyo y muy bueno, y está sobre sí y no tiene con quien partir” (Archivo Piñán, 1714-01-25).

Parece, por tanto, que la instalación era nueva y que Silvestre era su único dueño. No sé si se trata de una refacción del molino documentado en 1660 o si son dos diferentes. Seguro los naturales de Pío lo distinguirán mejor que yo.

Como ya sabemos, en Pío existió un templo dedicado a San Pelayo, de cuya fundación no se tiene noticia alguna.

En el año 1980, el padre Martino informaba de la localización de la primera referencia a dicha ermita, que aparecía en un documento del año 1703. Desde entonces y hasta el día de hoy, este documento fue el único conocido que hablaba del San Pelayo de Pío. Recordaré que se trata del contrato que los vecinos del lugar establecieron con carpinteros y canteros de Llanes para trasladar y reconstruir el templo: “...en disposición de mudar la hermita del glorioso San Pelayo del lugar donde se alla al dicho lugar de Pío, por estar dicha hermita muy deteriorada. Todos los vecinos, unánimes y conformes, ajustaron la obra de la dicha hermita... sin alterar ni inobar” (1).

Según parece deducirse de la redacción, el emplazamiento original no se hallaba dentro de lo que entonces era el pueblo de Pío, sino (como quiere la tradición) por debajo del caserío y junto al camino de Vierdes. Cabe suponer que este lugar y algunas tierras de sus alrededores fuera lo que en el año 1676 se conocía como “el Balle de San Pelayo, deste lugar de Pió”, en donde los lugareños poseían prados que limitaban “con heredad de la Obra Pía que fundó el Doctor Osexa, arcediano que fue de Villaviciosa y con heredad de Phelipe de Redondo, vecino deste lugar de Pió” (Archivo Piñán, Gonzalo Piñán de Cueto Luengo, 1676-04-04). En documentos posteriores seguiremos encontrándonos con el topónimo. Sirva de ejemplo uno de 1814 en el que se escribe: “Yten declaro que la jaza de San Pelayo que yo poseo en la pradería de Campo Labagua, término de este lugar...”.

El deterioro del que habla el testimonio de 1703 nos hace suponer la mucha antigüedad de la ermita y los nuevos documentos que vamos conociendo nos permiten adelantar su datación. Como está sucediendo con otros templos del valle, también en este caso podemos proporcionar información novedosa al respecto.

El topónimo anterior de 1676 ya nos lleva al siglo XVII, pero todavía podemos ir una década más atrás. En el testamento que Juan Redondo (a quien por cierto llamaban Xan) escritura en el año 1667 aparece una misa dedicada “al señor San Pelallo” (Archivo Piñán, Gonzalo Piñán de Cueto Luengo, 1667-01-13), testimonio que se convierte, por ahora, en el más antiguo, aunque estoy segura de que según vayamos teniendo acceso a nuevos documentos podremos ir adelantando la datación de todos los templos del valle.

A partir de este momento, el culto a San Pelayo se refleja de distintas maneras en las mandas testamentarias de los vecinos de Pío. En su testamento de 1712, don Toribio Díaz Prieto dispone que se entregue una vaca a San Pedro de Orzales y “otra baca al glorioso San Pelayo, y no más que fallezca se entreguen a los mayordomos que fuessen de dichos santuarios las bacas referidas, que assí es mi boluntad” (Archivo Piñán, Agustín Piñán de Cueto Luengo, 1712-03-10). Como era natural y como mandaban las ordenanzas del Concejo, lo que el cura de Ribota califica de santuario tenía su propio mayordomo.

Otro caso es el de María Fernández de Mendoza, natural de Cordiñanes, que vivía en Pío por haberse casado con José Redondo Mayón y que hace testamento en el año 1787. En su encargo de misas votivas no se olvida de Santa Eulalia de Valdeón ni de la Virgen de Corona, pero además ordena la celebración de una misa por su alma en “San Pelayo, en su santa cassa”. Y lo mismo sucede con otro José Redondo, viudo de Marina Redondo, que en 1814 sigue encargando misas “al glorioso San Pelayo”.

La ermita de San Pelayo debía ser una obra de mampostería, seguramente de una única nave que, como dice el documento de 1703, tenía una bóveda con huecos y macizos, un campanario para una única campana y una puerta en el medio, sin duda rematada en arco. La imagino parecida a San Pedro de Orzales, aunque posiblemente de tamaño más reducido.


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NOTAS
(1) Eutimio Martino, La Montaña de Valdeburón, Madrid 1980, n.168, pp.128-129.