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jueves, 19 de junio de 2025

COCINAS DE POBRES, COCINAS DE RICOS EN SAJAMBRE DURANTE LOS SIGLOS XVII Y XVIII (2): CONSUMO, CONFORT Y URBANIDAD EN UNA COMUNIDAD RURAL DE MONTAÑA

Ningún siglo es igual a otro. El continuismo rural es un mito producto del desconocimiento histórico. Solo hace falta pensar en cómo se vivía en Sajambre en la década de 1920 y cómo se vive ahora. Las diferencias son grandes para lo bueno y para lo malo, y así sucedió en todos los siglos. 

En el artículo anterior describí lo que dicen los documentos sobre las formas de vida de los sajambriegos en el siglo XVII, a través de los objetos domésticos y de consumo en las cocinas, que es el espacio habitado mejor descrito en los inventarios de bienes sajambriegos. El menaje resultó ser muy escaso en todas las viviendas y con una alta desigualdad entre los más ricos y todos los demás. No había categorías intermedias. Ese nivel básico generalizado no siempre fue sinónimo de pobreza, sino de ausencia total de elementos superfluos y suntuosos, o sea, de una inexistencia absoluta de objetos no necesarios, a los que nos tiene acostumbrados el consumismo moderno. Se vivía de una manera muy distinta a la actual, porque la mayoría de la gente no valoraba los objetos que no fueran imprescindibles para el trabajo o para la vida cotidiana. En las casas tenían lo que necesitaban y nada más. El valor se lo daban a las tierras, a los prados y a los animales. Por otra parte, tampoco hay que olvidar que el siglo XVII fue una época de crisis generalizada en toda España, por lo que las dificultades que pudieron tener los sajambriegos en esa época se agudizaron por la mala situación del reino. 

Pero pese a que el siglo XVII terminó con las secuelas de la gran crisis económica y el XVIII se inició con la Guerra de Sucesión (1701-1713), que diezmó demográficamente el valle y obligó a muchos sajambriegos a emigrar, pese a estas circunstancias adversas, se observa un paulatino cambio de mentalidad a partir de 1695 aproximadamente.  

Vimos cómo antes de esta fecha solo los ricos usaban manteles en las mesas para comer y solo ellos se servían de cubiertos para lo mismo. Los demás carecían de tales niveles de urbanidad y comían con las manos, con la escudilla de madera o ayudándose con el pan. Esta realidad seguirá existiendo y la escudilla para beber siguió usándose durante mucho tiempo. Tan extendida estaba esta costumbre, que los más pudientes las compraban de loza de Talavera, como el cura de Oseja y Soto en 1720, en cuyo documento se especifica el uso que se le daba: “una escodilla de Talavera con que se bebe” .  No hay vasos, ni copas en la vida cotidiana de la generalidad del valle. Solo en unas pocas viviendas que vuelven a concidir con los más acomodados: los clérigos y los Piñán de Cueto Luengo. No se utilizan en los hogares de la mayoría, salvo "la copa del concejo", de plata y con una función ritual y protocolaria, que aparece ocasionalmente guardada en casa de algún vecino. 

Sin embargo, a partir de 1695 se detecta una realidad cambiante, más parecida a lo que se lee en los documentos del siglo XVIII. Las innovaciones entran lentamente, ahora a través de los grupos medios de la sociedad rural formados por algunos que llegaron a alcanzar mejor situación, gracias a la práctica diversificada y combinada de las actividades agropecuarias y comerciales, estas últimas a través de la carretería y de la arriería. El cambio empieza a detectarse, incluso, en algún hogar más modesto. En cualquier caso, se sigue observando cómo otras modernidades penetran en el valle asimismo de mano de las élites locales. 

El porcentaje de uso de menaje variado en el siglo XVII, con algunas piezas más aparte de las estrictamente necesarias, era del 8’5%. Este mismo porcentaje en el siglo XVIII asciende al 27’6% de los casos. Con menaje variado no me refiero a un único caldero para el llar, sino a varios y de diferentes tamaños; cazos de distintos materiales, de hierro, de latón y de aleaciones como el peltre, con plomo y estaño; ollas metálicas y de barro; caballetes con mayor frecuencia para asar; herradas para transportar agua, así como más de una mesa o de un escaño. Cuando hay dos escaños en buen estado, uno suele colocarse cerca de la cama. 

También se documenta un número mayor de arcas porque hay más cosas que guardar, a veces entre tres y cinco, como las cinco que poseían los Díaz de la Caneja en su casa solariega de Oseja. En otras estancias de la vivienda aparecen también bancos de respaldo, escritorios y bufetes con cajones, ya no solo en casa de los Piñán de Cueto Luengo, donde había escribanos públicos, o de los Díaz de la Caneja, donde también había escribanos, sino, por ejemplo, en la casa de los Martino, de Soto. Son pequeñas diferencias que se extienden muy despacio, pero que hacen su aparición en el siglo XVIII. 

Al porcentaje anterior le sigue el 21’2% de hogares que ahora tienen manteles y servilletas en las mesas para comer, frente al mismo 8’5% del período anterior que, como vimos, se limitaba a la Casa Piñán y a los clérigos. 

Un 8’5% era también en el período anterior el porcentaje de casas con cualquier objeto de ostentación que podríamos calificar “de lujo”, o sea, jarras y platos de Talavera, salpimenteros o cubiertos de plata. Este mayor consumo aumenta de forma muy ligera a un 12’7% en el siglo XVIII, posiblemente porque hay información de más miembros del estamento clerical. No obstante, en 1709 se documenta un José Díaz, laico, que vivía en una casa con “cocina, sala, bodega y dos caballerizas”, sita en el barrio de Caldevilla, en Oseja, junto al palacio de los Piñán, que se hallaba bien abastecida y en la que existían dos escaños de nogal y de tejo y una cama de madera sin labrar. Este José Díaz poseía también “dos jarras de Talavera, la una ya quebrada” y acababa de construirse un hórreo junto a la casa y el huerto anexo. Pese a conservarse menor cantidad y diversidad de documentos que en el siglo precedente, son diferencias que se localizan con menor esfuerzo en el XVIII, lo que indica un tímido cambio en la manera de vivir y en la mentalidad de algunos hogares sajambriegos durante el 1700. 

En el siglo XVIII aparecen por primera vez en los inventarios de bienes de Sajambre los vasares y armarios en las cocinas para guardar los platos y las vasijas, pero las únicas casas en las que se incluye este mobiliario doméstico vuelven a ser las viviendas de los clérigos. Hasta el siglo XIX no se registran quixiellas o quijiellas para colar la ropa. 

Las cocinas de los sajambriegos siguieron estando impregnadas de humo en el siglo XVIII, lo que, en su lado práctico, servía para curar los productos de la matanza. El escaño continuaba alrededor del llar, con el gran caldero colgando de las llarias o clamiyeras de hierro y con algunas tayuelas para sentarse. En cambio, la cocina baja de la Casa Piñán responde al modelo de las casas señoriales. Seguía siendo la única de chimenea de todo el valle, con varias trébedes de distinto tamaño para colocar las ollas, con vasares, platos de madera y vajilla de loza, cubertería de plata, copas de vidrio, almireces de bronce o cacillos; con la matanza curándose en dependencias distintas a la cocina y con el horno para amasar fuera de dicho espacio, en una estancia independiente. Estas cocinas libres de humo no llegaron a las restantes casas sajambriegas hasta bien entrado el siglo XIX y, en algunos casos, hasta principios del XX. 

Entre los nuevos objetos que se encuentran ahora en las mesas más acomodadas, que – insisto – siguen siendo las de los clérigos y los Piñán de Cueto Luengo, se encuentran los potes de tabaco y las chocolateras, tan características del siglo XVIII. Habrá que esperar al año 1856 para encontrar una chocolatera en casa de Víctor Acevedo, vecino de Oseja. 

La otra cara de esta misma moneda es la pobreza, que seguía estando bastante extendida. Por ejemplo, en 1721 el bien más preciado del mobiliario y enseres domésticos que tenía Juan de Granda, vecino de Vierdes, era un escaño destartalado.

CONCLUSIONES 

La principal conclusión que se extrae de esta documentación es que la memoria que llegó al siglo XX como creencia de lo que fue la vida tradicional en Sajambre, en lo que respecta al contenido de las casas de morada, no es anterior al siglo XIX y, para muchos casos, más bien la segunda mitad de dicho siglo. 

Esta realidad es absolutamente paralela a lo que se ha estudiado en Asturias. Lo que se “cree o creyó recordar” como vida popular no sobrepasa el 1800 o 1850 y lo que se considera propio de las casas tradicionales no es anterior a esa misma época.  

domingo, 21 de marzo de 2021

EL CULTIVO DE LA ESCANDA EN SAJAMBRE

 

En casi todas las panaderías actuales de Asturias se vende pan de escanda tras haberse recuperado un alimento tradicional de la región. De hecho, la escanda o trigo silvestre de invierno, fue la única variedad que podía cultivarse en los suelos pobres y ácidos de estas tierras septentrionales y montañosas porque, a diferencia del trigo común, la escanda se adapta muy bien a los suelos poco profundos y a los climas fríos y húmedos. Su cultivo obligaba a un mayor trabajo y atención durante todo el año, especialmente por la necesidad de eliminar constantemente las malas hierbas, pero proporcionaba un cereal panificable más digerible y nutritivo por su alto contenido proteico que otros tipos de granos también utilizados para el consumo humano en el pasado, como la cebada.

La siembra se hacía a voleo en los últimos días del otoño, normalmente en el mes de diciembre, utilizando las semillas con su cáscara. Se recolectaba en verano, separando las espigas de la caña que se ponían a secar en el hórreo entre una y dos semanas hasta, finalmente, aislar la cáscara del grano.   

La escanda podía ser de los tipos Triticum dicoccoides o Triticum spelta,  de los que existe evidencia en el norte peninsular desde la Edad del Hierro. Estas fueron las únicas variedades de trigo que podían cultivarse en Sajambre por las características de sus suelos. Por eso, cuando en muchos documentos solo se habla de tierras sembradas de “trigo”, usándose el término como voz genérica sin especificar variedad, debe entenderse que se trata de escanda. Además, cuando se menciona el tipo, siempre es escanda.     

En Sajambre se han conservado registros escritos del cultivo de la escanda desde el año 1179 hasta el siglo XIX, sin que sepamos con seguridad cuándo dejó de cultivarse. Quizás esto sucediera en la época decimonónica, tras la introducción de la patata, la mayor extensión del cultivo del maíz y un mayor aporte de cereales de la Meseta. Pero con certeza no lo sabemos, como tampoco sabemos si en épocas de hambrunas o dificultades económicas se recuperó su cultivo.  

La documentación judicial proporciona algunos de los casos más expresivos, como en las denuncias y querellas presentadas el 19 de enero del año 1666, cuando el vecino de Oseja, Pedro Díaz de Caldevilla, “se querelló de los dueños de las seves y xetos de Hu de Cossia, que está senbrada de escanda, y por estar patentes se destruyó el pan, mandó el juez dé información y que se bayan a ver las seves. Fueronlos a ver Luis Alonso, de hedad de 62 años, Matheo 42 y Cosme Díaz de 50 años. Dixeron estar avierto un xeto de Torivio de Suero, otro del querellante, Bernavé otro, Pedro Simón y yerno de Pedro Redondo otro”.  O sea, por quedar abiertos los cierres de Juncusía se destruyó el sembrado de escanda que tenía Pedro Díaz de Caldevilla.

El mismo año de 1666, el 1 de marzo, Juan Díaz de Vega, vecino de Soto, se querelló del “beçero y guarda de las cabras del barrio de Las Escortes, del lugar de Osexa, por dicir le destruyeron con la veçería de las cabras de dicho barrio la tierra de Monarga de este querellante que, al presente, tiene senbrada de escanda, y se quitaron más de dos fanegas de escanda del fruto”, es decir, que la escanda sembrada en Monarga en el mes de diciembre ya había germinado y tenía espigas o grano a principios del mes de marzo.

A estos sembrados de Oseja y Soto, se suman los de Ribota, los de Pio o los de Vierdes, como este otro caso documentado el 31 de marzo de 1677 en una prueba testifical: “…si es verdad que el año próximo pasado de setenta y çinco… abrió la dicha hería de Teba que estaba sembrada de escanda y muy nacida, metió en dicha hería su ganado a pastar dicha escanda a bista de toda la beçindaz”.  Nuevamente, en marzo la escanda estaba "muy nacida".

Cien años antes, entre 1579 y 1584, todos los vecinos de Sajambre declararon su productividad anual ante el escribano del rey, Diego Fernández de Cueto Luengo, en un documento que fue enviado a la Hacienda regia por orden de Felipe II.  Las declaraciones al completo se conservan en el Archivo General de Simancas. En ellas puede verse cómo todos los vecinos de Sajambre, excepto los pobres de solemnidad, sembraban escanda. Proporciono, a continuación, un par de ejemplos de cada pueblo. Como se verá, se les pregunta por su producción anual en seis años, que corresponden a 1579, 1580, 1581, 1582, 1583 y 1584. Con respecto al cereal panificable que daba la tierra declaran lo siguiente.   

OSEJA

Pedro de Gonçalo, vecino del dicho lugar de Osexa, y Juan de Gonçalo, su hijo, que biben y moran juntos y tienen sus bienes juntos en una cassa, y dixeron que senbraron cada uno de los dichos seis años tres fanegas (1) descanda  y dos de zebada, de los quales coxieron cada año a razón de quatro fanegas cada una, que suman diez y ocho cargas descanda en los seis años y doçe cargas de zebada”. 

Suero de Vierdes, vecino de Oseja, “senbró una fanega de escanda y otra hanega de zevada. Coxió a raçón de quatro hanegas de cada hanega, que son en los seis años seis cargas de escanda y seis de zevada”.

PIO

Juan de Redondo, padre, y Juan de Redondo, hijo, “senbraron en cada uno de los seis años dos hanegas de escanda y zebada. Coxieron cada un año de cada hanega quatro, que suman en los seis años quarenta y ocho hanegas de todo pan”.

Alonso del Collado, padre, y Alonso del Collado, hijo, “en cada uno de los seis años sembraron dos hanegas de pan de escanda y media de zebada. Cogió en cada un año dos cargas y media de pan que son quinçe cargas en los seis años”.  

SOTO

Gonzalo Piñán “de los seis años sembró dos hanegas de escanda y una de zebada. Cogió cada año tres cargas de pan, que suman diez y ocho cargas en los seis años”.

Diego de la Caneja, “senbró una fanega de escanda y una de zebada. Cogió cada año dos cargas de pan”.

RIBOTA

Juan Fernández, “senbró el año de setenta y nuebe y los demás años de los seis que se haze la aberiguación, senbró dos hanegas de pan, una de escanda y otra de zebada; y coxió en cada coxeta de las dichas seis coxetas dos cargas”.

Pedro Díez, es pobre, “en cada uno de los seis años sembró media hanega de escanda. Cogió cada año media carga”.

VIERDES

Juan de Biya, “en cada uno de los seis años senbró media hanega de escanda, cogió cada año media carga que son tres cargas en los seis años”.

Juan Díez “en cada uno de los seis años senbró hanega y media de pan, una hanega de escanda y media de zebada. Cogió cada año desto carga y media de pan”.  


Obsérvese, en este último caso (y en otros anteriores), cómo el término “pan” se usa como voz genérica para todo tipo de cereal panificable y compruébese también cómo, entonces, hacían pan (seguramente mezclado) con cebada. La cebada para consumo humano sigue documentándose en Sajambre en la primera mitad del siglo XIX. 

El genérico “pan” se usó con mucha frecuencia en la documentación desde la Edad Media. Véase a continuación cómo se sigue empleando “pan”, nuevamente como sinónimo de escanda, en una denuncia hecha en Pio durante el mes de noviembre de 1668, cuando Juan Redondo se querelló criminalmente de Mateo Redondo “por dicir que dicho día andavan las bacas y bueies de Matheo Redondo y su madre en las tierras de escanda de La Mata del Corral”, por lo que  su dueño, Juan Redondo, increpó a Mateo “qué cómo traía su ganado en los panes”, a lo que el otro le respondió “colérico, que érase mucha en ora mala para él y para sus barvas” y, acto seguido, lo apaleó.  Varios testigos fueron declarando uno a uno, entre ellos Catalina de Redondo, de 40 años, quien dijo “que andavan las bacas de Matheos en la tierra de Juan Redondo senbrada de escanda”… y como ella los demás.

La escanda abunda en los documentos judiciales del siglo XVII, a los que también podemos añadir lo que el comisario, Domingo Piñán de Cueto Luengo, guardaba en el hórreo cuando murió, de repente, un 24 de junio de 1652. En la sección Pan de casa de un inventario hecho con motivo de un pleito familiar, se dice “çinco cargas de escanda en espigas en el órrio de afuera. Una carga de çebada. Çinco cargas de çenteno”. El “hórreo de fuera” es el mismo que hoy está caído en el corral de la Casa Piñán.  

Unos años antes, el 31 de marzo de 1609, el cura de Ribota, Julián Gómez, dejó escrito el siguiente apunte: “Respondió Francisca, viuda, y dixo que biera llevar a Francisca, hija de Juan Fernández, dos quartos de escanda, más llevó la dicha dos pieças de çecina”. 

La escanda también figura en algunos inventarios post mortem, aunque en tales casos muy pocas veces se relaciona con las cosechas locales. Sí sucede, por ejemplo, en un caso de 1669, cuando Matías Piñán de Cueto Luengo pidió ejecución por impago de su salario contra los bienes de su suegra, María de la Puente, recién fallecida, en cuyo inventario se precisa:  más la collecha de çebada, escanda, habas y de todo pan”.  Esta alusión a “la cosecha de escanda” nos lleva al cultivo local, pero en otros casos, como los de 1675 de María de la Fuente, viuda de Pedro de Redondo, vecina de Pio, que tenía a su muerte media fanega de escanda (junto con centeno, maíz, arvejos, habas y cebada) en el hórreo; o el de María Martín, viuda de Juan de Acevedo, vecina de Oseja, quien tenía a su vez “diez quartos de maíd y dos de escanda”,  nos dejan en la duda sobre la vía de abastecimiento, es decir, si estas cantidades procedían de los sembrados sajambriegos o dicho grano había sido importado.

Efectivamente, como el pan de escanda formaba parte de la dieta tradicional sajambriega desde antiguo, en los momentos de carencia de cereal, no solo se buscaba y se compraba trigo común más allá de Pontón, también se adquiría escanda en la vecina Asturias.  Así, en el año 1664, un vecino de Vierdes llamado Domingo Díaz se comprometió a pagar a Juan del Collado, cura de la iglesia de Sebarga (Amieva), 530 reales por 16 fanegas de maíz, a 20 reales la fanega, y siete de escanda, a 30 reales la de escanda. En otro documento del 11 de marzo de 1668 también quedó registrada otra compra similar en concejo vecino, cuando siete vecinos de Oseja se obligaron con Pedro de Diego, vecino del lugar de Amieva, por 667 reales de vellón, que le pasan a deber por 19 fanegas de escanda y 9 de maíz.  En 1677, Damián Díaz de la Caneja compró cuatro fanegas de escanda a Alonso de la Predia, residente en Triongo (Cangas de Onís). O en 1684, Lorenzo Gutiérrez, Toribio Redondo y Pedro Cabrero, vecinos de Pio, se obligaron con el abad del monasterio de San Pedro de Villanueva (Cangas de Onís) por ocho fanegas de maíz, a 15 reales cada una, y fanega y media de escanda, a 22 reales la fanega.

Asturiano debía ser también un Don Pedro que se documenta en 1669 y en 1671 (el arcediano Pedro Díaz de Oseja ya había muerto); quizás fuese el "Pedro de Diego, vecino de Amieva" que había vendido escanda a otros sajambriegos en 1668. La cuestión es que el escribano público, Gonzalo Piñán de Cueto Luengo, dejó cuenta anotada de las cantidades de escanda y maíz por las que se endeudaron vecinos de Sajambre y de Valdeón en los meses de abril y mayo de 1669: “Llevó José Díaz, mi primo, cédula de nueve fanegas de pan (seis de maíd y tres de escanda). Otorgó obligación Pedro Piñán, del concejo de Baldeón, a favor de don Pedro por dos fanegas de escanda, plaço San Lucas. Pedro Moñiz, dos celemines de escanda y quatro de maíd y Piñán, quatro fanegas de maíd y dos de escanda, plaço San Martín, 400 mrs de salario… El mismo día otorgó obligaçión Torivio de Vega por dos de maíd y una de escanda… Torivio del Collado llevó cédula para dos de maíd y una de escanda. En Osexa a dos de mayo otorgó obligación Julián Díez, mi primo, por tres fanegas de maíd y dos fanegas de escanda. Pedro de la Mata, tres de maíz y una de escanda”. 

Dos años más tarde, el mismo escribano público dejó anotado: “Memorial  de los que quieren tomar la escanda y maíd del señor don Pedro son los siguientes: Primeramente Vitorio Alonso, doce, digo catorçe, fanegas. Domingo Piñan, quatro fanegas. Xardos, dos fanegas. Cristóbal Gonçález, tres fanegas”… y así hasta ocho vecinos más del lugar de Oseja.  En aquel caso la fanega de maíz se vendía a 18 reales y la de escanda a 35 reales de vellón.    

Los inventarios de bienes, las obligaciones y las adquisiciones de escanda fuera de Sajambre atestiguan su consumo, pero las fuentes que mejor documentan los sembrados del valle son los testimonios judiciales, en los que interesaba la precisión para tipificar bien los delitos, cuantificar los daños y señalar culpables. Por eso, al conservar mucha documentación judicial del siglo XVII, podemos registrar muy bien el cultivo local de la escanda. En cambio, no sucede lo mismo en el siglo XVIII. No porque no existiera dicho cultivo, sino por las características de los documentos conservados.

En el Catastro de Ensenada de 1752 solo se habla de tierras de ínfima calidad sembradas de “pan” o de “trigo” entre otros cultivos de Sajambre, sin más especificaciones. Pero estamos forzados a entender que dicho grano debía ser el único que podía cultivarse en la tierra, o sea, el Triticum spelta o el Triticum dicoccoides, algo que el escribano llegado de la corte, ajeno al habla del lugar, identificó simplemente como trigo.  

De otro lado, en la documentación privada del siglo XVIII, los escribanos públicos de Sajambre, Agustín Piñán de Cueto Luengo, José Antonio Díaz de la Caneja o Francisco de Mendoza, también suelen utilizar términos o expresiones castellanas genéricas para referirse al cereal panificable (como “pan”, “tierras de pan coger” o “cargas de todo pan”), lo que unido a la casi inexistencia de documentos emanados de la justicia ordinaria de esta época, son factores que nos impiden observar con detalle lo sucedido en dicho siglo.

De manera que los panes tradicionales consumidos en Sajambre en el pasado fueron el pan de escanda, seguramente desde la Edad del Hierro; el pan de mijo, también desde muy antiguo, que ya no se cultivaba en el siglo XVI; el pan de maíz o borona, tras su introducción en el valle a principios del siglo XVII; el pan de cebada “terciado” con centeno y escanda local, o con trigo común importado de la meseta, o con maíz, una práctica que se documenta hasta la segunda mitad del siglo XIX. Junto a todo ello, el pan de carestía, en el que también se mezclaba la harina de arvejos.  

El pan blanco, hecho exclusivamente con harina de trigo común, que llegaba a Sajambre gracias a la carretería y a las compras hechas más allá de Pontón, solo fue habitual en las mesas de los más ricos antes de la segunda mitad del siglo XIX.  

 

NOTAS

(1) La fanega equivalía a 42 kilos; 4 fanegas hacían 1 carga, o sea, cada carga eran 168 kilos. Equivalencias extraídas de Laureano M. Rubio Pérez (coord.), Historia de León. Edad Moderna, Universidad de León, 1999, p. 501.  

 

miércoles, 23 de septiembre de 2020

TABERNAS DE SAJAMBRE ENTRE 1667 Y 1898

 

En 1579 y 1581, los sajambriegos declararon a las autoridades fiscales del reino que no existía taberna o mesón alguno en todo el valle. Sin embargo, casi un siglo después, en la segunda mitad del siglo XVII sabemos que existían tabernas en Oseja, Soto y Ribota.  Estos establecimientos se abrían donde existía tráfico de viajeros, como se dice en algunos documentos que tratan del tema. Así en uno de ellos, fechado en 1716, se escribió:   

…Conbiene aya tabernas públicas para los que transiten de unos tránsitos a otros y, particularmente, la debe de aber en el lugar de Oseja, como cabeça de jurisdiçión, y lugar de Soto, como más ymmediato a subir y bajar puerto.

El camino real, el paso de Pontón y, sobre todo, la capitalidad de Oseja hacían de esta villa el lugar principal para la existencia de una taberna. Como se dice en 1716, el tránsito por Beza justificaba la de Soto. Y en la segunda mitad del siglo XVII hubo una tercera en Ribota, seguramente gracias a la entrada y salida de gentes por el camino del Beyo. Sin embargo, a lo largo del siglo XVIII la taberna de Ribota terminó desapareciendo.  

Hasta 1818 y quizás durante más tiempo, todas las tabernas de Sajambre dependían de las asambleas vecinales, siendo los regidores y vecinos los encargados de arrendarlas al mejor postor.  El arrendamiento se renovaba cada año, siempre con condiciones.  En épocas de dificultades económicas resultaba complicado formalizar los contratos. Por ejemplo, durante la Guerra de Sucesión y en la inmediata posguerra, es decir, en los años 1714 y 1716, no hubo quien quisiera hacerse cargo de las tabernas sajambriegas, conservándose documentos sobre los perjuicios que esto causaba.

Los arrendatarios solían ser vecinos de la localidad, normalmente dos, aunque también podían adjudicarse a gente de fuera. Así, en 1715 la taberna de Soto fue entregada a Domingo Casado, vecino de Vegacerneja.  

Las condiciones que se repiten en los contratos de arrendamiento son la de vender todo tipo de vino traído en las carreterías, mencionándose el mosto, el vino “nuevo” (o joven), el vino añejo, el blanco, el tinto, el de Tudela o el de Rueda y la de vender según los precios que se ajustaban tres veces al año en Burón: 

… A regimiento que se açe en la villa de Burón, cabeça desta Merindad, por nuebe regidores, cuyo regimiento se açe tres beçes en el año al bino nuebo y un regimiento en março, otro y otro en últimos de San Juan, cuyos tienpos son para conoçer lo alto y bajo que puede andar onde se coge. Y conforme a los tales regimientos nos hemos gobernado en este concejo, y de ymmemorial tiempo a esta parte no se arrendó taberna en este conçejo que no fuese a regimiento de Baldevurón.

Asimismo, se exigía que los adjudicatarios se comprometieran a estar abastecidos de género en todo momento, bajo pena de ser multados si el desabastecimiento se prolongaba más allá de tres días.  En el siglo XVII dicha multa ascendía a cinco cántaras de vino pagadas a las asambleas vecinales propietarias de las tabernas. En no pocas ocasiones, los vecinos que acumulaban más excedentes revendieron vino a las tabernas para garantizar su abastecimiento. Esos vecinos con excedentes suficientes para dicha reventa solían ser los miembros de la familia Piñán de Cueto Luengo.  

El último requisito que se repite en los contratos sajambriegos desde el siglo XVII es la prohibición de que los particulares pudieran vender vino en sus casas, a espaldas a la taberna, bajo las siguientes penas en 1667:

Y lo mismo que nadie pueda vender vino, salvo ellos. Y si alguien lo hiciera pague 5 cántaras de vino, 3 para el lugar y 3 para los taberneros

De hecho, entre los años 1801 y 1803 se desarrolló pleito porque el vecino de Oseja, llamado Manuel Piñán, se dedicaba a vender vino de forma particular en su casa y a menor precio que en la taberna. Gracias a documentos como este, tenemos constancia de cómo los asturianos venían a comprar vino a Sajambre.

Muchas de las menciones documentales a las tabernas sajambriegas son de carácter genérico, pero gracias a varios registros más explícitos podemos proporcionar los nombres de algunos taberneros anteriores a 1900.

1667: Pedro González y Damián Díaz, taberna de Oseja, vecinos de Oseja.

1671: Julián Díez de Caldevilla, taberna de Oseja, vecino de Oseja.

1672: Simón y Lupercio Díez, taberna de Ribota, vecinos de Ribota.

1713: Toribio Díaz de Oseja y Pedro Alonso Tielve, taberna de Oseja, vecinos de Oseja.

1716: Domingo Casado, taberna de Soto, vecino de Vegacerneja.

1801: Agustín Piñán de Cueto Luengo, taberna de Oseja, vecino de Oseja.

1818: José Alonso Díaz y Manuel de Mendoza, taberna de Oseja, vecinos de Oseja.

1826: José Calvo y Bartolomé Alonso, taberna de Oseja, vecinos de Oseja.

En la Gaceta de Madrid, antecedente del actual BOE, se publicó la notificación del expediente administrativo por fraude fiscal, incoado el 23 de septiembre de 1898 y fallado el 29 de julio de 1901 contra “el tabernero de Oseja de Sajambre”, llamado Juan Díaz.

miércoles, 27 de mayo de 2020

LA VENTA DE TABACO EN SAJAMBRE: DE LOS INICIOS EN 1660 AL ESTANCO DE 1893


ÍNDICE: 1. Introducción. 2. Los estancos del tabaco de los concejos de Sajambre y Valdeón en el siglo XVII. 3. Cosme de Acevedo. 4. Consumo y consumidores de tabaco en Sajambre durante los siglos XVII y XVIII. 5. El estanco de tabaco y timbre de José Piñán en 1893. 



1. INTRODUCCIÓN



En 1636 el tabaco americano se convirtió en un monopolio en el reino de Castilla,  en 1638 en el reino de León y en 1707 en el de Aragón. Los monopolios fiscales fueron “rentas estancadas” o, genéricamente, “estancos”, lo que implicaba la existencia de un comercio regulado y con precios oficiales. La venta al por mayor se llevaba a cabo en las tercenas (almacenes tabaqueros) y al por menor en los llamados estanquillos, a los que acudía la gente para adquirir pequeñas cantidades destinadas al consumo personal.  Con anterioridad a 1730, la explotación del tabaco se gestionó a través de arrendamientos al mejor postor y los puntos de venta se establecían mediante contratos de obligación.   

El éxito del tabaco en España fue rápido, aunque la mayor difusión entre las clases populares se produjo a partir de 1700. Durante el siglo XVII, la planta americana, que se transformaba en la primitiva fábrica sevillana de la collación de San Pedro, era consumida en polvo (rapé) por las élites, mientras que entre las clases bajas se prefería el tabaco de mascar. Ahora bien, una serie de circunstancias frenaron el consumo popular del tabaco en el 1600. Por un lado, se le culpó de haber sido la causa de una epidemia y por otro, contaba con la oposición de una parte de la Iglesia católica, ya que los papas Urbano VIII en 1624 e Inocencio X en 1650 publicaron sendas bulas en las que se amenazaba con la excomunión a los consumidores de tabaco, prohibiciones que no se levantaron hasta 1725 cuando los pontífices se percataron de los pingües beneficios económicos que reportaba el tabaco. La orden de los jesuitas fue una firme defensora de las ‘virtudes’ del cultivo americano. 

Pero nada de esto afectó a Sajambre ni, por lo que parece, a la región de Riaño, donde ya se consumía tabaco en el año 1660. 

2.- LOS ESTANCOS DEL TABACO DE LOS CONCEJOS DE SAJAMBRE Y VALDEÓN EN EL SIGLO XVII



En efecto, el 24 de enero de 1660, un vecino de Oseja llamado Cosme de Acevedo arrendó por un año “los estancos del tavaco, de hoxa y polvo, de los concejos de Saxambre y Baldeón por cantidad de ocho ducados”, incluidos “los alfoçes de Santa Marina y Caín del dicho Concejo de Baldeón”, a un clérigo de Pedrosa del Rey no ordenado in sacris que tenía por nombre Juan Gutiérrez, con la obligación de satisfacer la renta en dos pagas: una por San Juan y la otra al final del año.  El contrato de arrendamiento se hizo ante tres testigos: un laico llamado Alonso de Redondo y dos clérigos, Julián Rodríguez y Pedro Piñán (de Cueto Luengo). 

Por un documento posterior sabemos que Cosme de Acevedo siguió poseyendo los estancos de Sajambre y Valdeón en 1661 y en 1662, arrendado primero a Juan Gutiérrez y más tarde a Miguel Gutiérrez, asimismo vecino de Pedrosa, por lo que debía estar emparentado con el anterior.  

El 19 de febrero de 1662, Cosme de Acevedo subarrienda el derecho de vender tabaco en Valdeón a Domingo Marcano, vecino del concejo de Piloña en el Principado de Asturias, por 7 ducados que hacían 77 reales de vellón, nuevamente en dos pagas: una por San Juan (junio) y la otra por San Martino (noviembre).  Literalmente, el documento dice que Cosme de Acevedo 


“...dava y dio en arriendo el estanco del tavaco del dicho conçejo de Baldeón con sus alfozes, Santa Marina y Caín, a Domingo Marcano, veçino del conçejo de Piloña, Principado de Asturias, para que por sí mismo u persona en su nonbre lo pueda vender en dicho conçejo y alfozes referidos en la forma que el dicho Cosme de Acevedo lo tiene por este presente año...”.


La renta establecida en este subarrendamiento de 1662 (7 ducados) casi igualaba los 8 ducados que le había costado al sajambriego su arrendamiento del punto de venta conjunto de Sajambre y Valdeón dos años antes.  Esto debe indicar el aumento en el consumo de tabaco en ambos concejos, lo que es coherente con el incremento en las cantidades generales de tabaco importado a España desde América que, desde comienzos del siglo  XVII, no hizo más que acrecentarse (1). 

En el siglo XVII, ser arrendador de las rentas del tabaco, aunque fuera de un pequeño estanquillo, proporcionaba ventajas económicas y otorgaba prestigio social, gracias a una serie de exenciones y privilegios que estos oficios llevaban implícitos. En otros lugares de la Península, se conocen auténticas estrategias familiares para rentabilizar económica y socialmente el arrendamiento del tabaco. La continuidad del apellido Gutiérrez en Pedrosa da a entender que una familia del lugar, así llamada, pudo haber intentado medrar gracias al negocio del tabaco. Y en Sajambre lo intentó un miembro del linaje de los Acevedo (originarios de Corniero y establecidos en Sajambre desde el siglo XVI),  que culminaron su táctica de engrandecimiento social cuando adquirieron el estado de hidalgos a finales del siglo XVII. Tanto los Gutiérrez en Pedrosa, como Cosme de Acevedo en Oseja, mantuvieron el negocio del tabaco activo y rentable al menos durante 3 años (1660, 1661, 1662) y, a juzgar por el crecimiento de las rentas, posiblemente bastante más, quizás hasta la reforma de la Real Hacienda a principios del siglo XVIII, cuando se suprimió el sistema de arrendamientos.   

Pero ¿qué sabemos de este vecino de Oseja llamado Cosme de Acevedo?


3.- COSME DE ACEVEDO



El Cosme que nos interesa nació en Oseja en el año de 1612. Fue hijo de Diego de Acevedo Villarroel, natural de Corniero y fallecido el 8 de septiembre de 1633; hermano de Miguel y Juan de Acevedo. Cosme se casó dos veces, una con Catalina de Santos, natural de Soto e hija de Juan de Santos y Catalina de Cueto Luengo, cuya familia había vivido más de 24 años en dicho lugar de Cueto Luengo.  El matrimonio engendró, al menos, a Pedro, quien el 8 de septiembre de 1661, participó en el sorteo celebrado para sustituir a un desertor sajambriego en la guerra con Portugal, lo que indica claramente que eran tratados como pecheros. Más tarde contrajo segundas nupcias con Juliana Fernández Santos. En total tuvo 5 hijos: Pedro, Santiago, Martín, María y Ana de Acevedo. 

Su primogénito, Pedro, fue administrador de la Casa de la Caneja, oficio que pasó a su hijo, el primer Luis de Acevedo, compañero de andanzas y pendencias de Leonardo García de Mendoza. Desde finales del siglo XVII, esta familia de Acevedos (hubo otras) vivieron en el barrio del Valleyo, por debajo de Las Cortes. En concreto, su casa lindaba con la bolera que existía en el lugar, es decir, lo que hoy se llama La Huerta de la Bolera. Dicha casa había pertenecido con anterioridad a María de Granda, natural de Oseja. 

Un año antes de hacerse con los estancos del tabaco de Sajambre y Valdeón, en 1659, Cosme de Acevedo fue regidor de Oseja. En las pruebas testificales de un juicio celebrado en 1662 declara tener 50 años, lo que nos permite calcular su fecha de nacimiento y la edad que tenía cuando se hizo cargo de la venta de tabaco en los concejos de Sajambre y de Valdeón.  Murió antes de 1693. 


4.- CONSUMO Y CONSUMIDORES DE TABACO EN SAJAMBRE DURANTE LOS SIGLOS XVII Y XVIII 



Al ser el tabaco un producto perecedero y de ocio, como es lógico no suele aparecer en los inventarios de bienes de ningún vecino de Sajambre de los siglos XVII y XVIII. Pero el aumento de las rentas en menos de tres años indica que debía estar bastante extendido, por lo menos el tabaco de hoja para mascar, que era el preferido por las clases populares de la época. El uso debió ir en aumento, como sucedió en toda España, a lo largo del siglo XVIII. 

Al contrario del tabaco de mascar, el tabaco en polvo o rapé fue considerado en el siglo XVII un producto de lujo propio de las clases acomodadas. Y esto sí quedó reflejado en algún inventario post mortem sajambriego. En concreto, en el de un cura. 

Se trata del párroco de Oseja y Soto, Francisco Rodríguez Reyero, que murió en el año 1720 y que, a juzgar por su inventario de bienes, debía ser todo un sibarita en el entorno en el que vivía. Entre los objetos de su casa había “un pote de echar tavaco”, que era un recipiente característico para guardar el rapé (FOTO 1).  En su casa había también otros productos culinarios caros, auténticas delicatessen de la época, como el azafrán, la pimienta y el chocolate. 

FOTO 1. Pote para guardar tabaco en polvo o rapé


Como se ve, los que consumían rapé tenían recipientes para guardarlo, cosa que no sucedía si lo que se usaba era el tabaco de mascar. De ahí que el silencio de los inventarios de los laicos siga apuntando, indirectamente, a dicha modalidad de consumo.  


5.- EL ESTANCO DE TABACO Y TIMBRE DE JOSÉ PIÑÁN EN 1893



Aunque no se han conservado otros documentos, en Oseja debió seguir existiendo un punto de venta de tabaco a lo largo de los siglos XVIII y XIX porque la demanda fue creciente y porque volvemos a documentarlo en el año 1893. Para entonces el estanco abarcaba ya la venta unificada de tabaco, franqueo para la correspondencia y pólizas para los documentos oficiales (se establecieron en 1856), así como papel sellado.  

En el año 1636 se hizo obligatorio el uso de papel sellado para todas las escrituras públicas y privadas con una finalidad tributaria. Como el tabaco, el papel sellado se vendía en estancos específicos para ello. 

El primer estanco de papel de Sajambre, del que tenemos noticia, data del año 1668 y fue establecido por Pedro Alonso Llano, “vecino de Oseja, estanquero del papel sellado deste concexo de Saxambre y lugares de su jurisdiçión”, que se abastecía de género en la casa del estanquero mayor de la ciudad de León.  Esta información aparece en un testimonio notarial que está roto y del que solo se conservan doce renglones, la fecha la sabemos gracias al sello entintado del papel (FOTO 2).  Otros documentos sajambriegos de 1712 y de 1715 se refieren también a la existencia en Oseja de un estanco de papel sellado. 

FOTO 2. Papel sellado de 1668


Sobre este Pedro Alonso Llano apenas sabemos nada porque se pierde en la nebulosa de los Alonso, a no ser que aparezca con su segundo apellido. Es lo que sucede en dos casos: en 1661 cuando se documenta como regidor de Oseja y, en 1680, cuando declara como testigo en un juicio.   

Volvamos al año de 1893.

En aquel tiempo, el estanco de tabaco, timbre y papel sellado lo tenía José Piñán. No sé exactamente quién fue este José Piñán, más allá de que tuvo que pertenecer al linaje de los Piñán de Cueto Luengo, porque sus papeles se han conservado en el Archivo de la Casa entre los documentos familiares y que pudo ser la misma persona que el José Piñán que se documenta como alcalde en 1898.  Entre sus papeles, “Don José Piñán” aparece como “encargado de la expendeduría de Oseja”, que se abastecía en Riaño en la casa de Antonio González.   

Entre el 20 de agosto y el 29 de diciembre de 1893, es decir, en 4 meses, el estanco de José Piñán facturó 1.975 pesetas y 90 céntimos solo de tabaco, sin contar los franqueos y el papel sellado, repartido de la siguiente manera: 


Tabaco picado común =  231 kilos

Cigarros fuertes = 6.720 unidades

Cigarros entre fuertes = 40 unidades

Cigarros de marca chica = 140 unidades

"Cigarrillos papel" = 3.750 unidades



Una cosa que se observa muy bien es cómo las ventas se duplicaban en Navidad, sobre todo de tabaco picado, que era la modalidad más consumida. De estas ventas, el estanquero se llevaba el 3% que, en este caso, fueron 59 pesetas y 27 céntimos. Como ganancia de José Piñán habría que sumar el porcentaje correspondiente de la venta de sellos y de papel sellado. 

Los siguientes registros conservados al respecto penetran ya en el siglo XX, cuando en 1941 se documenta un estanco en Oseja y en 1945, seguía habiendo uno en Oseja y otro más en Soto.  Entre medias debieron existir otros establecimientos de estas características en Oseja, casi ininterrumpidamente desde 1660 porque, al menos, en 1886 consta que no habia estanco en Sajambre, pero sí en Valdeón, propiedad de Jerónimo Marcos. José Piñán debió abrir el suyo  poco después.


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NOTAS

(1) Por ejemplo, en 1609 llegaron a España desde las Indias 15.328 libras de tabaco; en 1610, 63.401 libras; en 1611, 183.526 libras; en 1612, 327.218 libras... Santiago de Luxán y Óscar Bergasa, “La institucionalización del modelo tabaquero español 1580-1636. La creación del estanco del tabaco en España”, Vegueta, 7 (2003), p.138.



domingo, 12 de mayo de 2019

LOS DERECHOS DE APROVECHAMIENTO DE YAETE A PLEITO: UNA SENTENCIA JUDICIAL DE 1715 (II)


En el año 1715, los lugares de Pio, Vierdes y Ribota pleiteaban por sus respectivos derechos de pasto en la majada de Yaete. En el Archivo de la Casa Piñán se conserva solo la sentencia de dicho pleito, dictada por el juez ordinario del concejo de Sajambre. Vamos a ver primero el contenido del documento, para analizarlo a continuación.

El pleito terminó ante el juez local porque Ribota pretendía apropiarse de la majada de Yaete, dejando para Pio y Vierdes los puertos de Valdemagán y Jián. Por su parte, Pio y Vierdes argumentaban que tanto Yaete, como Valdemagán y Jián eran de aprovechamiento mancomunado entre los tres lugares. Pero oigámosles a ellos directamente: 

RIBOTA: que los ganados de Pio y Bierdes fueran al salido de Baldemagán y Hián y no se entrometieran en el salido de Yete que corresponde al lugar de Ribota.

PIO y VIERDES: los vecinos de dicho lugar de Pio y Bierdes se oponen diziendo que el salido de Yete es de dichos lugares propio como del de Ribota, y que el dicho lugar de Ribota tiene el mismo salido y derecho a los dichos puertos de Yete, Baldemagán y Hián que los dichos dos lugares a los salidos del dicho lugar de Ribota 

Ante esta disputa, el juez concejil dicta la siguiente sentencia: 

SENTENCIA JUDICIAL: porque dichos lugares an tenido sus alturas y diferentes questiones y ninguno de ellos a alegado cossa en justiçia, mediante son agrabiados los vecinos de dicho lugar de Ribota, por bía de buen gobierno, dijo que mandaba y mandó que los dichos vecinos de los dichos lugares de Pio y Bierdes salgan a pastar con sus ganados a los salidos de Baldemagán y Hian, y el lugar de Ribota salgan al salido de Yete que es el que le corresponde

Es decir, el juez se pone totalmente del lado de Ribota, considerándola la parte agraviada; ordena a Pio y Vierdes limitarse a pastar en Valdemagán y Jián; y reconoce a Ribota su único derecho a pastar en la majada de Yaete. Como sanción establece que lo cunplan cada uno de dichos lugares, pena de cinquenta reales aplicados para refiçión de cárzel y gastos de justizia por mitad.  En la justificación que esgrime el juez de porque «ninguno de ellos ha alegado cosa en justicia», quizás subyazca la inexistencia de documentos escritos sobre los derechos de unos y otros.   

El 11 de junio de 1715, el escribano de ayuntamiento notificó la sentencia a la parte perdedora: leí de berbo ad berbun y notefiqué dicho auto a Clemente de Granda, Cosme de Granda, Ambrossio Redondo, vecinos del lugar de Bierdes, y a Juan Gargallo, Thorivio Mayón y Ysidro Gargallo, vecinos del lugar de Pio, diputados por los dichos lugares todo en sus personas que lo oyeron. Y Clemente de Granda, vecino de dicho lugar de Vierdes, por sí y en nonbre del dicho lugar y de los vecinos de Pio, dijo que hablando debidamente apelaba de dicho auto para donde le conbeniesse. O sea que en el mismo acto de notificación de la sentencia, los vecinos de Pio y Vierdes dejaron constancia de su desacuerdo y anunciaron su apelación.

No se conserva dicha apelación, pero lo que existe en esta sentencia es un clarísimo abuso de poder: el juez era de Ribota.   

El juez que dictó esta sentencia se llamaba Feliciano Andrés y en los padrones de 1715 aparece viviendo en Oseja: El señor Feliciano Andrés, juez, biudo, de edad de quarenta años, no tiene familia.  Pero el linaje de los Andrés era de Ribota. 

En el mismo padrón de 1715, en Ribota viven Tomás Andrés y sus hijos. En el padrón de 1680, en Ribota viven los siguientes: Pedro Andrés, Juan Andrés, Bernabé Andrés, un segundo Pedro Andrés y su hijo Pedro, un tercer Pedro Andrés y su hijo Pedro, Cosme Andrés y sus hijos. En los restantes pueblos del valle no hay ningún Andrés de apellido.

Los Andrés, que aparecen bastante en los protocolos notariales, fueron un linaje de pecheros que llegaron a Sajambre después de 1555 y se asentaron en Ribota. El tal Feliciano Andrés procedía, por tanto, de Ribota aunque en el año 1715 viviera en Oseja.  Su sentencia es parcial y abusiva, y así lo atestiguan documentos posteriores, en los que vemos que Vierdes y Pio siguieron teniendo derecho a pastorear sus ganados en el puerto de Yaete.

Uno de esos documentos son las ordenanzas falsas de 1711. Este documento del Archivo Municipal es un falso diplomático, aunque quizás tenga partes históricas auténticas. Lo que hay de verdad y de mentira en un documento que dice ser de 1701, en una página, y de 1711 en otra, cuando en realidad se hizo 100 años después, no podremos saberlo con total seguridad hasta que podamos contrastar las fuentes fidedignas de los siglos XVIII y principios del XIX con el contenido de estas ordenanzas para detectar anacronismos. Algunos ya los conocemos, pero no al cien por cien.

Por tanto, hemos de considerar lo que dicen estas ordenanzas apócrifas como algo propio de la primera mitad del siglo XIX (tengo sospechas de en qué época pudieron copiarse, pero todavía no lo sé con seguridad). En el artículo 6º, intitulado Majadas del pueblo de Rivota: las privativas y comunes, se dice: Asimismo declaramos que este dicho pueblo tiene las majadas o puertos altos los siguientes: Llamarge, Yaete mancomunadas con los pueblos de Vierdes y Pio 

Por su parte, en las Ordenanzas Municipales de 1872, Valdemagán y Jián son majadas de verano privativas de los pueblos de Pio y Vierdes (cap. 20, art. 112) y Yaete es mancomunada entre Ribota, Vierdes y Pio (cap.21, art.114). 

Por tanto, el intento de Ribota en 1715 de suprimir la mancomunidad de Yaete a su favor no tuvo éxito, al menos, a largo plazo. Lo que no sabemos es durante cuánto tiempo estuvo vigente la sentencia de Feliciano Andrés.

Este hecho se enmarca en el contexto de los muchos intentos de apropiamiento de términos comunales por particulares y de lugares mancomunados por alguna de las partes implicadas que se documentan en la zona desde la Edad Media. Recuérdense los conflictos por Llavarís entre Valdeón y Burón o por Carombo entre Sajambre, Valdeón y Amieva.   

Otra cosa es cómo aparece en este documento el topónimo Yaete. Está claramente escrito con /y/ griega, pero bajo una variante distinta a la que estamos acostumbrados: Yete.


...por los dichos vecinos del dicho lugar de Pio y Bierdes...el salido de Yete es de dichos lugares propio como...

 
...los salidos de Baldemagán y Hian...al salido de Yete que es el que le...

El documento está escrito por mano del notario titular, que fue Agustín Piñán de Cueto Luengo, y el Yete se repite tres veces, por lo que no es error de pluma.  Esto indica que a comienzos del siglo XVIII, en Sajambre se decía Yaete y Yete. Lo que yo no sé es si todavía se dice así en algún lugar del concejo o, quizás, en Pio que es donde se ha conservado la lengua patrimonial hasta la actualidad. Lo pregunto desde aquí.

De otro lado, como se ve en la segunda imagen, se escribe Hián para un Jián, porque en castellano la /h/ es muda, pero en la lengua local la /h/ se aspira para un H.ian, que suena más o menos como Jián. Por consiguiente, el topónimo así escrito trasluce la pronunciación leonesa (no la castellana).  Esto es muy frecuente en la documentación notarial y municipal de los siglos XVI y XVII de esta zona leonesa y del Oriente de Asturias, hasta tal punto que entre aquellas personas con menor nivel de formación o de competencia gráfica se producen muchas confusiones ortográficas, llegando a escribirse cosas como husticia (por justicia) o ahustar (por ajustar).