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domingo, 10 de agosto de 2025

FUNDACIÓN DE LA ERMITA DE SAN ROQUE DE OSEJA EN 1598-1599

El viernes 14 de septiembre de 2018 publiqué en este mismo blog el artículo titulado Más datos sobre la ermita de San Roque de Oseja de Sajambre (siglo XVI), en el que concluí lo siguiente:

 1º) Que la ermita no podía ser anterior a la primera mitad del siglo XVI, momento de la difusión del culto a San Roque por el norte peninsular.

2º) Que tenía que haberse construido en una de las epidemias de peste bubónica de dicho periodo, bien en la de 1582-83 o en la más mortífera que fue la que llegó por barco desde Flandes al puerto de Santander el 5 de noviembre de 1596, extendiéndose rápidamente por toda España desde la costa hacia el interior y desde el norte hacia el sur, sin que la mortandad empezara a disminuir hasta el año 1602.

3º) Que en el cercano pueblo de Las Rozas, de Cangas de Onís, se construyó una ermita dedicada a San Roque en 1599, en plena epidemia.

4º) Que en un Libro de Difuntos de Prioro, escrito entre 1597 y 1598, se describían las muchas muertes que estaba causando la peste en pleno mes de agosto de 1598, por lo que en dicho año el concejo de Sajambre ya estaba inmerso en el contagio.

5º) Que los documentos conservados en la Casa de la Familia Piñán indican que la ermita de San Roque de Oseja ya existía en los últimos años del siglo XVI, en concreto, entre después del mes de mayo de 1598 y 1600.

Pues bien, en una extensa carta autógrafa que el arcediano, Pedro Díaz de Oseja, escribió desde Roma el 4 de junio de 1622, editada en el año 2015, añadió como posdata lo siguiente: Anuncio un jubileo para señor San Roque. Si lo anuncia a mitad de 1622, hay que suponer que el año jubilar se celebraría a lo largo de 1623.

Pero, ¿por qué decidiría el papa Gregorio XV establecer un jubileo dedicado precisamente a San Roque? ¿Quizás para conmemorar la extensión del culto a este santo en España durante la epidemia finisecular, en la que tantas ermitas debieron construirse como apotropía contra la peste bubónica?  

Como se sabe, los jubileos ordinarios solían celebrarse cada 25 años. Si a 1622, que es cuando escribe el arcediano, se le restan 25 años, la fecha resultante es la de 1597, cuando ya moría gente en Laredo, Castro Urdiales y Ribadesella. Y si el jubileo se celebró a lo largo del año 1623, como se deduce de la misiva del arcediano, entonces el resultado es el año 1598, justo cuando la peste asolaba Prioro y la montaña oriental leonesa.

Este jubileo y el eco que de él hizo el arcediano en relación al San Roque sajambriego, sirve de fundamento sólido para vincular la fundación y construcción de la primitiva ermita de San Roque de Oseja con la llamada Peste Atlántica ya sin ninguna duda.

Por consiguiente, la erección de la primera ermita dedicada a San Roque, en Oseja de Sajambre, tuvo que suceder entre los meses de junio y diciembre de 1598 o en 1599, porque ya existía con total seguridad a inicios de 1600.

El Parque Nacional de Picos de Europa puede añadir los años 1598-1599 a los carteles que existen en el lugar de San Roque, como fecha de origen de la ermita, sin miedo a equivocarse.  De esto hace ahora 426 o 427 años. 


domingo, 1 de septiembre de 2024

LAS BOLERAS SAJAMBRIEGAS ANTES DE 1830

 

Índice: 1. Un poco de historia previa. 2. Boleras de Sajambre en los documentos anteriores a 1830.  


 1. Un poco de historia previa 


El juego de bolos o de birlos, como era conocido en el pasado (así en el Brocense), hunde sus raíces en la noche de los tiempos. Artefactos encontrados en el Neolítico hacen creer en la existencia de prácticas de puntería y precisión que serían los antecedentes más remotos de este entretenimiento, con variedades que se multiplicaron sin interrupción desde el antiguo Egipto hasta tiempos recientes en todas las culturas del Mediterráneo, primero, y de la Europa germánica después, y cuyo denominador común consistía en derribar objetos a distancia lanzando bolas, que primero fueron de piedra y más tarde de madera. 

Claudine Bouzonnet-Stella y Jacques Stella, Les quilles (1667). 
Fuente: Metropolitan Museum of Art.

En España, de oeste a este y de norte a sur, existieron distintas modalidades de juego como muestran las fuentes históricas y etnográficas; y lo mismo podría decirse de una gran parte del Occidente europeo. A nosotros nos interesa el estilo que se extendió por Asturias y norte de León y que, desgraciadamente, ha dejado poco rastro en la documentación antigua. De ahí que cuando aparece alguna evidencia, resulte más valiosa. Sin embargo, aunque sus huellas escritas sean exiguas, no son inexistentes. En las fuentes judiciales puede hallarse algún que otro testimonio y, como se verá en la segunda parte de este artículo, también en otro tipo de registros históricos. 

Las variedades del juego en León y en Asturias son consideradas de origen céltico y prerromano por algunos o configuradas a lo largo de la Edad Media por otros. Aquellos que niegan su existencia en el siglo XIII basándose en su ausencia en el Libro de los juegos de Alfonso X, copiado en Sevilla en el año 1283, se equivocan en su juicio porque esta obra se dedicó a lo que podríamos calificar, grosso modo, como juegos de mesa y naturalmente los bolos quedan al margen del objeto preferente del tratado alfonsí, que el rey identificó propiamente como libros del açedrex e tablas e dados, que solían jugarse sentados. No obstante, en el prólogo se mencionan otros juegos a caballo y a pie, en ambos casos de forma sucinta y genérica como se puede comprobar: "E los otros que se fazen de pie son assí como esgremir, luchar, correr, saltar, echar piedra o dardo, ferir la pellota e otros iuegos de muchas naturas en que usan los omnes los miembros por que sean por ello más rezios e reciban alegría" (f. 1r del original escurialense).  Ese "echar piedra o dardo" es una referencia genérica a todos los juegos del siglo XIII en los que se tiraban o lanzaban piedras, pues está claro que los  dardos se lanzan a distancia, y recordemos que, en los birlos, las bolas fueron de piedra durante mucho tiempo y todavía en la Edad Media. No hay duda, por tanto, que el juego de bolos quedó incluído de manera genérica en dicha expresión. 

Las menciones documentales del siglo XIV sobre birlos en otras latitudes peninsulares insisten en su práctica en la Edad Media hispana. A partir del XVI se prodigan las alusiones tanto en documentos, como en fuentes literarias, lo que ha hecho afirmar a algunos autores que es entonces cuando se difunde verdaderamente en España el juego de bolos o birlos (1).  Sin embargo, yo me pregunto hasta qué punto esta percepción no será falsa porque con anterioridad a 1500 las fuentes escritas son numéricamente muy inferiores a las conservadas con posterioridad al siglo XVI. Por eso, al aumentar el número y la variedad de fuentes escritas en la alta Edad Moderna, aumenta también el número de hallazgos documentales sobre el juego de bolos. Esto me parece significativo y debiera hacernos relativizar las afirmaciones negativas que se han formulado sobre la Edad Media para nuestro país.   

En esta primera parte de mi artículo voy a referirme a los tres casos más antiguos que conocemos en lo que fue el territorio del antiguo Reino de León que corresponden, en este caso, a Asturias y a la provincia de León, si bien mucho más tarde, ya a finales del siglo XVIII hay algún otro caso en tierras salmantinas. El primer testimonio histórico es ovetense, data del año 1495 y ha sido ampliamente repetido desde que se diera a conocer. El segundo es leonés, ha permanecido inédito hasta el momento y está fechado en el año 1549. El tercero también es inédito, vuelve a ser asturiano y está datado en el año 1554. Como se ve, los tres son muy cercanos cronológica y geográficamente. Ninguno de ellos informa sobre modalidades técnicas concretas que puedan distinguirse en la actualidad, pero sí sobre su existencia y difusión, sobre costumbres relacionadas con el juego o su ubicación en el espacio urbano y sobre aspectos sociales y hasta económicos de dicho entretenimiento. 

1495, Oviedo. Se ha transmitido en una querella interpuesta por Alonso de Quintanilla, contador mayor de los Reyes Católicos, contra Nuño Bernaldo el 17 de julio de 1495 por un agravio acaecido durante una partida de bolos que se había jugado en el campo de San Francisco. La noticia fue dada a conocer por Uría Ríu en 1949 y completada en el año 2000 por Ruiz Alonso (2).  El ultraje que terminó ante la justicia se describe en el documento: "Estando un día del mes de abrill  deste anno de nouenta e çinco en las octavas de Pascua, estando en el campo de San Françisco, que es fuera de la çibdad de Oviedo, que es çerca del monesterio de Santa Clara, mirando cómo Nunno Bernaldo... jugando a los byrlos que dixo el dicho Nunno Bernaldo que avía meado por las armas de Alonso de Quintanilla" (3). En este testimonio consta que apostaban vino y cabritos en las partidas, y se observa algo que sigue constatándose en la documentación posterior: jugaban juntos nobles y plebeyos.   

1549, Ponferrada. Una cincuentena de años después del conocido documento ovetense, en 1549 sucedió otro altercado que terminó en pleito criminal cuando “un día domingo, que se contaran doze días del mes de mayo del dicho año, estando ellos jugando los bolos en cuerpo y sin espadas algunas, en el camino real quanto ha de Las Heras de la dicha villa para La Cruz, extramuros della...” (4). Como en el caso anterior, la partida se juega fuera de las murallas de la ciudad, pero a juzgar por lo sucedido, dicho emplazamiento no debía quedar muy lejos del convento de San Agustín. La única puerta que queda en pie de lo que fue la muralla medieval de Ponferrada se conoce hoy como el Arco de las Heras, tras el cual se encuentra la plaza del Ayuntamiento, lugar en el que se localizaba antiguamente el convento de San Agustín. Así que uno de los lugares donde los ponferradinos del siglo XVI jugaban a los bolos debía estar bastante cerca de dicha puerta.  

Lo que sucedió fue lo siguiente. Tras personarse en la partida Cristóbal de León, su criado Pedro Doria y otros vecinos, todos armados, algunos jugadores les increparon diciéndoles que “qué avían de hazer armados de diversas armas, espadas, broqueles y cascos e piedras e cotas de malla”. La reacción de los aludidos consistió en agredir a Pedro Arias, cuando este estaba “andando en el exerziçio del dicho juego, avaxándose a tomar un bolo, el dicho Antonio Hernández, haziendo lo que le avía mandado el dicho Christóval de León, le tirara con una gran pedrada, con la qual le diera en las espaldas alevosamente”. Tras la pedrada llegaron los golpes y cuchilladas con las espadas: “e una le açertara en las espaldas de que le ronpiera cuero e carne e le avía salido mucha sangre”. El documento narra cómo el tal Pedro Arias se salvó de una muerte segura gracias a la concurrencia de gente que asistía a la partida, lo que le permitió huir y refugiarse en el convento de San Agustín. 

Como dijimos, al igual que en el caso ovetense de 1495, la partida se celebraba extramuros y había en ella una gran cantidad de gente, es decir, era un juego al gusto de la población y con amplia difusión social, lo que indica tradición. Como en 1495, entre jugadores y asistentes se entremezclaban los diferentes estamentos sociales, motivo de conflictos en uno y en otro caso.   

1554, Colloto (Oviedo). Poco después de aquella infausta partida en Ponferrada se documenta otra en Santa Eulalia de Colloto, en Oviedo, donde vemos cómo los habitantes del lugar jugaban en este caso junto a las tabernas, apostaban y eran los taberneros los que guardaban los bolos.

La información procede de otro pleito, ahora contra Juan de Cimadevilla, vecino de Oviedo, por ruidos y alborotos en su taberna a causa de los que jugaban a las cartas y a los bolos y por permitir apuestas “a dos reales de fruta y vino”. Es muy interesante desde una perspectiva económica el descargo de culpas que se argumenta sobre las cantidades apostadas. Se acusa también a María de Mercado porque “siendo la tavernera pública, en su casa avía dado naypes y bolos para jugar”. Al formularse la primera acusación se especifica que “avía en frequençia juego de naypes e volos e otros géneros de juegos e visto el daño e ayuntamiento de gentes e gastos e ruydos que suçedían por los taverneros de naypes e birlos y avía estado dentro de la taverna de Juan de Cimadevilla, en anocheciendo, mucha gente jugando a los naypes e junto a la casa, otros a los volos...” (5). 

Según la acusación, ambos contravenían una real provisión sobre los juegos en las tabernas y además estaban amancebados. De esto último se defienden argumentando falsedad y mala intención porque Juan de Cimadevilla tenía más de 60 años y María de Mercado más de 75. Seguramente y como era habitual en la época, María de Mercado sería viuda y habría heredado de su marido la taberna local.

La real provisión que se menciona debió ser una de las muchas órdenes destinadas a evitar los alborotos y pendencias que este tipo de reuniones sociales traían consigo, especialmente el juego de cartas. Ya vimos hace tiempo en este mismo blog cómo en la Nochevieja de 1670, a causa de una partida de naipes en Oseja, un hijo de Tomás Díaz de la Caneja, llamado Pedro, había dado muerte a navajazos a su primo, Toribio Díaz, quien lo perdonó in articulo mortis, siendo desterrado del concejo el matador. Los casos anteriores de 1495 y 1549 son ejemplo de las disputas y problemas que podía acarrear una partida de bolos. Pero a diferencia de ellos, ahora observamos la ubicación de las boleras en el interior de la población y en la proximidad de las tabernas. La concurrencia seguía siendo nutrida. 

Aunque esta actividad lúdica no haya quedado suficientemente reflejada en los documentos del pasado, es obvio que siguió practicándose sin interrupción y en abundancia en Asturias y en León, por lo que Jovellanos aludió a su práctica en varios de sus escritos, como en la Memoria para el arreglo de la policía de los espectáculos y diversiones públicas y sobre su origen en España, de 1790, y dejó escrito que en la mayoría de los pueblos y lugares de Asturias hay siempre una bolera que es el sitio en donde se reúnen y juegan los vecinos”. Esto también es válido para Sajambre. 


2. Boleras de Sajambre en los documentos anteriores a 1830


Otra manera de documentar el juego de bolos consiste en rastrear pacientemente las delimitaciones de propiedades en contratos, transacciones y negocios diversos transmitidos en la documentación  notarial porque, de existir, las boleras podían utilizarse como referentes espaciales.  Utilizo como fuente para esta segunda parte la documentación notarial sajambriega de los escribanos públicos Gonzalo y Agustín Piñán de Cueto Luengo, José Díaz de Caldevilla y Juan Bautista Piñán. 

Lo lógico sería pensar que todos o la gran mayoría de los pueblos de Sajambre tuvieron boleras en la Edad Moderna y, desde luego, en la época de Jovellanos. Incluso en el siglo XIX y principios del XX se jugaba a los bolos en las majadas de todos los valles de Picos de Europa, práctica que sospecho más antigua. No obstante, en los documentos sajambriegos conservados de los siglos XVI, XVII, XVIII e inicios del XIX solo he encontrado boleras en Oseja y en Vierdes.    

1675, 1703, Oseja (barrio de Las Cortes). En el barrio de Las Cortes quedó el topónimo Huerta de la Bolera porque en dicho lugar se situó una de las boleras de la localidad, que se documenta en 1675. Esto no quiere decir que no pudiera ser anterior. En realidad, debió serlo. Lo que quiere decir es que en tal fecha aparece por primera vez en un registro escrito.   

Ahora bien, en ninguno de los documentos anteriores a 1830 aparece el topónimo Huerta de la Bolera tal y como existe en la actualidad. Lo que aparece es una casa o un hórreo que lindan con la bolera, con el camino de la bolera, etc. Es decir, la bolera del barrio de Las Cortes se usa como referente espacial para situar propiedades. Esto significa que dicha bolera estaba en uso.  

La noticia de 1675 procede del inventario de bienes de María de Cabrero, viuda de Pedro Díez de Viya, efectuado el 10 de septiembre. En él se dice que su casa de morada se situaba en el barrio de Las Cortes junto a los hórreos de Juan y José Bermejo, junto a la casa de los Acevedo y junto “al camino de la bolera”.  

Este camino de la bolera debía ser el mismo que conducía a los molinos de Carunde desde dicho barrio, ya que así aparece varias veces (1693, 1703, 1705, 1706) en documentos relativos a la casa más antigua de los Acevedo. La casa familiar de los Acevedo Villarroel (espero dedicarles un artículo en otra ocasión, sobre todo a los que salieron de Sajambre) o casa vieja se dividió en 1693 en cuatro partes: una pertenecía a Pedro de Acevedo y sus herederos, la segunda era de Gregorio de Acevedo y sus herederos, la tercera de María de Acevedo y de su marido, José Alonso, y la cuarta correspondió a Ana de Acevedo y a su marido, Agustín de Vega. Todo lindaba con la bolera y “con los caminos que van a los molinos de Carunde por bajo y por arriba”.   

Por esta razón, en el testamento de Pedro de Acevedo fechado en 1703 se identifica su vivienda como “la media casa de la bolera que se compone de caballeriça y pajar, bodega y portal que se partió con Juan Bermejo, y dicha casa y bodega es la parte de abajo y linda con casa y bodega de Roque Bermejo y con el camino real que ba a los molinos de Carunde”.   

En consecuencia, en el siglo XVII la bolera del barrio de Las Cortes y del adyacente barrio del Valleyo, que eran entonces, como saben bien los lectores de este blog, los emplazamientos más poblados de la villa, se situaba en medio del caserío y al borde de un camino. No era la vía principal de acceso a la localidad o camino real, como en el caso de Ponferrada, pero esta es una coincidencia que se observa en varios de los casos más antiguos.  

1812, Vierdes.  En un documento de cargo y data relativo a la actividad de Pedro Simón, vecino de Vierdes, durante la tutela de sus sobrinos menores de edad, escriturado el 2 de diciembre de 1812, en plena guerra contra los franceses, se incluyó “la huerta de la volera sita en este lugar, cerrada sobre sí, palmiento como dos carros y medio de abono, tasada en seiszientos y cinquenta reales”.  

Aquí “la bolera” vuelve a ser un referente espacial porque se escribe con minúscula, cuando a lo largo de todo el documento el escribano pone mayúsculas en los topónimos. No debe extrañar a nadie que hubiera huertas en medio de las aldeas, ya que la unidad de poblamiento sajambriego fue la de casa-hórreo-huerta, estando la última a menudo junto a las casas o en su parte trasera. Todavía quedan viviendas con esta disposición en el centro de las poblaciones del valle.  

Este Pedro pertenecía a la única familia apellidada Simón que existió en Vierdes en el siglo XIX, por lo que, si todavía quedan personas llamadas así con este origen, serán sus descendientes o de su hermano difunto, Matías Simón, ya que un tercer hermano, de nombre Toribio, se hallaba entonces prisionero en Francia al haber sido apresado en el sitio de Astorga (tendría que dedicar otro artículo a los héroes sajambriegos que fueron enviados a defender la ciudad de Astorga de los franceses). Pedro tuvo por hijos a Joaquín, Modesto e Isidoro. 

Nada más indica el documento sobre la bolera de Vierdes, pero posiblemente fue la misma que la que hoy existe en el centro de la localidad.  

1827, Oseja (barrio de Caldevilla). En la actualidad, la única bolera de Oseja se localiza en el barrio de Caldevilla, junto a la cabecera de la iglesia parroquial por un lado y frente a la Casa Piñán por otro, en lo alto del muro de contención que se construyó al edificarse la iglesia a mediados del siglo XIX, siendo inaugurada en el año 1855.  

En esta imagen de Google Maps se ve el muro de contención que rodea la iglesia de Oseja. 
Los árboles de la derecha ocultan la bolera actual. 

No sabemos con exactitud cuánto tiempo le llevó al obispo de Oviedo, Ignacio Díaz-Caneja y Sosa, construir la actual iglesia parroquial de Oseja y remodelar todo su entorno, aunque estoy convencida de que todo el proceso se podría detallar rastreando los planos y los documentos que deben conservarse, probablemente, en Oviedo. Si partimos de la creencia popular de que don Ignacio acometió la obra cuando ya era obispo, para lo que fue nombrado en 1848, habría que considerar que la nueva fábrica de la iglesia, el pórtico, el cementerio, el cercado del recinto y los muros de contención del perímetro por los lados del cementerio, de la bolera, del camino y de La Cortina debieron hacerse en esos siete años como marco cronológico general. En cambio, la noticia de una bolera en el barrio de Caldevilla es anterior a esa obra, en concreto de 1827, por lo que antes de los trabajos efectuados en la iglesia y en sus aledaños ya existía una bolera en Caldevilla. Pero, ¿dónde estaría entonces esa bolera? 

En el inventario de bienes de José Rodríguez se describe una de sus propiedades de la siguiente forma: “En la casa de avitación de el padre del difunto, donde al presente vive su hermano, Santiago Rodríguez, en el barrio de Caldevilla, a la parte que de ella pertenece a la volera y hacia la de don Juan Piñán, tiene este difunto 80 reales de vellón”.  Esta bolera es, de nuevo, un referente espacial para identificar la parte de una casa orientada hacia dicho lugar. También es un referente espacial la “casa de don Juan Piñán”, que corresponde a la casa palacio de los Piñán de Cueto Luengo. Por tanto, la propiedad de los Rodríguez se encontraba en Caldevilla, cerca de la Casa Piñán y cerca de una bolera que estaba en uso. Por exigencias del juego, el lugar tenía que ser forzosamente llano y despejado, y sabemos que entre la iglesia y la Casa Piñán pasaba el camino real que procedía del Puerto de Pontón y que al lado del palacio de los Piñán había más caserío, con hórreos y con huertas. ¿Dónde se ubicaría exactamente aquella antigua bolera? 

En la documentación conservada de la Edad Moderna no se mencionan accidentes geográficos en el entorno de la iglesia, aunque relacionado con ello debe estar el “allizaze petrinia” del documento que delimita el coto del “monasterio” altomedieval de Santa María de Oselia. Un alizace es una hoya, foso o barranca y el epíteto petrinia especifica su carácter rocoso. Antes de la remodelación del siglo XIX existió una depresión o corte natural en el terreno, con roca o pared de piedra, que más tarde se aseguró con muros de contención, bajo la cual debió construirse el templo primitivo de Santa María de Oseya. Lo que está claro es que el actual muro de contención, sobre el que está la bolera, es del siglo XIX y que lo que hoy es el pórtico que rodea toda la iglesia fue aplanado y cercado en la misma época. También son de ese tiempo los restantes lienzos de muro, casi siempre de contención. De manera que la fisonomía del terreno antes de 1848 debió ser similar a la actual, con la iglesia situada en un nivel más bajo que el del resto del caserío de Caldevilla y en un lugar rodeado, al menos en tres de sus lados, por tajos rocosos naturales, en cuyo centro se edificó la iglesia prerrománica y en 1621-1636 la capilla funeraria de Santo Domingo.  Entre dicho emplazamiento y el caserío documentado discurría el tramo del camino real que bajaba del Puerto de Pontón. Así que la antigua bolera de Caldevilla de 1827 debió ubicarse a un lado de aquel camino, si no en el mismo lugar en el que hoy se halla, no muy lejos de allí. Lo que no sé es si la construcción de la carretera actual a finales del siglo XIX le afectó de algún modo y si entre los cultivadores sajambriegos del juego tradicional de los bolos se ha transmitido algún tipo de memoria al respecto. 

La mucha población que tuvo Sajambre con anterioridad a mediados del siglo XX y Oseja en particular, explican la existencia de dos boleras en momentos concretos, sobre todo considerando la distancia que existe entre los barrios de Caldevilla y de Las Cortes. Los dos eran también lugares muy poblados, junto con el barrio de Quintana, del que no se tiene noticia de bolera propia.  

 

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NOTAS

(1) J. G. Ruiz Alonso, Estudio de los bolos en Asturias: aspectos histórico-culturales, modalidades, elementos y materiales de juego. Tesis doctoral, Universidad de Granada, 2000, pp. 53-58.

(2) J. G. Ruiz Alonso, Estudio de los bolos en Asturias, pp. 66-67. 

(3) Archivo General de Simancas, Cámara de Castilla, núm. 10. 

(4) Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, Reg. Ejecutorias, 707, 13, ff. 1r-2v.

(5) Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, Reg. Ejecutorias, 823, 21, ff. 1r-3r.

 

martes, 20 de octubre de 2020

LOS LIBROS SACRAMENTALES ERRÓNEOS DE 1762 A 1774 DE LA PARROQUIA DE OSEJA Y SOTO

Mediante documento expedido en León el 21 de mayo de 1776, el tribunal eclesiástico del Obispado, en la persona de José Fernández de Velasco y Pantoja, arcediano de Triacastela, ordena al cura de Oseja y su anexo, Soto, que a la sazón era el sajambriego Lupercio Díaz de Oseja, que se corrijan y se rehagan todos los libros sacramentales que dejó su antecesor, Baltasar Fernández, difunto, por estar llenos de errores y omisiones. 

Esto afectó a todos los libros de bautizados, velados, casados y difuntos de los años comprendidos entre 1762 y 1774, es decir, durante todo el ejercicio del párroco Baltasar Fernández, por contener “errores sustanciales” y ausencias de partidas, siendo “conveniente enmendarlos y reintegrarlos con la nezesaria solemnidad” y actuar “con la devida celeridad y prontitud” para evitar todos los inconvenientes derivados.  

Para estas fechas, el contenido de los libros sacramentales estaba ya reglamentado y solía respetarse, salvo en casos de errores, olvidos e incompetencias de los párrocos; omisiones que se producían por enfermedad, ausencia o muerte de los curas; o por las dificultades sucedidas en períodos de epidemias y guerras. En el caso que nos ocupa, se trata de una absoluta y continuada negligencia de Baltasar Fernández durante todo el tiempo que estuvo al cargo de la parroquia de Oseja y de su anexo, Soto.  

Por este motivo, el tribunal eclesiástico del Obispado de León dispone el inmediato “embargo de los vienes que ubiere dejado (Baltasar Fernández) con qualquiera otros frutos y rentas a él pertenecientes, los quales se depositen en persona segura y abonada a la  disposición del tribunal”, haciendo responsable a Lupercio Díaz de Oseja de la refacción de todos los asientos de los mencionados libros sacramentales, ante la presencia de testigos que fueran indicando los errores y su corrección, y dejando constancia escrita de sus testimonios.

Esta refacción de los libros de bautizados, matrimonios y difuntos de los vecinos de Oseja y Soto entre 1762 y 1774 afectó, por ejemplo, a varios miembros de la familia de Ignacio y Joaquín Díaz-Caneja, con partidas de bautismo y de defunción que se conservan hoy en el Archivo Histórico Diocesano de León y que son defectuosas. En realidad, afectó a todas las familias de Oseja y de Soto en alguna manera en aquellos casos de bautizados, casados y difuntos entre 1762 y 1774.  

Los libros sacramentales (mal) hechos por Baltasar Fernández se conservan hoy en el Archivo Histórico Diocesano de León. En el Archivo de la Casa Piñán, de Oseja de Sajambre, solo hay una refacción parcial de los bautismos de Oseja, con inclusión de la declaración de testigos, siguiendo las pautas formales que ordena la disposición judicial, en un legajo de 75 folios de papel, donde se reproducen (corregidas) algunas partidas comprendidas entre los años 1767 a 1774, indicando los errores del párroco anterior y subsanándolos. Es decir, de todas las correcciones ordenadas por el tribunal leonés, solo se conserva ese legajo de 75 folios, si es que también se llegaron a enmendar los restantes libros sacramentales afectados, porque por lo que yo llegué a ver, los libros que se conservan en León con estas fechas son los defectuosos, no sus correcciones.  Es fácil saber si nos encontramos ante la versión defectuosa o ante su corrección con un vistazo rápido, sin detenernos a leer los contenidos, fijándonos en quién firma el asiento: si el que firma es Baltasar Fernández será la partida defectuosa y si firma Lupercio Díaz de Oseja será su corrección.  Dicho de otra forma, hay que desconfiar de todo aquello que esté  escrito y/o firmado por Baltasar Fernández.

Por la enumeración de errores que dicho legajo contiene, sabemos que Baltasar Fernández no llevó nunca una anotación puntual de la administración de los sacramentos en Oseja y en Soto, anotando a menudo las partidas de bautismo semanas y meses después de la celebración del sacramento, muy probablemente de memoria, sin haber tomado o conservado notas, por lo que se equivocaba de forma reiterada en el nombre de los bautizados, en los nombres de los padres, padrinos y abuelos, en las fechas de los nacimientos  y bautizos y, en el peor de los casos, ni siquiera apuntaba las partidas de bautismo.  A juzgar por lo que dice el documento del tribunal eclesiástico leonés, debemos pensar que hizo lo mismo con los libros de velados, casados y difuntos.   

Esta incompetencia manifiesta del cura párroco de Oseja debió originar muchísimos conflictos y no pocos trastornos, sobre todo en la celebración de los matrimonios de Oseja y de Soto de aquellos años, porque, en la sociedad de la Edad Moderna, una de las finalidades de los libros sacramentales era el registro detallado de la consanguinidad y afinidad de los feligreses, tanto del parentesco carnal, como de la cognación espiritual que adquirían, en este caso, los padrinos de un bautizado (sucedía lo mismo en la confirmación). Recuérdese que en aquella época se consideraba incesto el parentesco y la afinidad hasta el cuarto grado y que, debido al alto nivel de endogamia que existía en el mundo rural, eran muchos los que se veían obligados a solicitar una dispensa apostólica para poder casarse. En la segunda mitad del siglo XVIII, era obligación del párroco indagar en la consanguinidad y afinidad de los contrayentes antes de autorizar la celebración de un matrimonio, lo que se hacía en base a la información que transmitían los libros sacramentales.   

En este legajo de 75 folios hay además otro tipo de información histórica, que no he deshilvanado del todo por falta de tiempo, pero del que voy a poner un ejemplo para terminar.

El documento de la Casa Piñán demuestra que el linaje Díaz-Caneja, de Oseja, ya había emparentado con los Sosa de Vidanes antes del casamiento de Tomás Díaz con María de Sosa. Un tío del Tomás que fue padre de Ignacio y de Joaquín ya estaba casado con una Sosa de Vidanes que, a su vez, fue tía de la mujer de Tomás. Según esto y los cánones de la época, hubo relación de afinidad entre Tomás Díaz de la Caneja y María de Sosa, por lo que debieron necesitar dispensa papal para contraer matrimonio. Espero poder indagar más sobre ese personaje femenino (fuentes hay) para dedicarle una entrada independiente más adelante.   

Resumiendo, todos aquellos que hayan sacado información de alguna partida de bautismo, matrimonio o defunción de vecinos de Oseja y de Soto entre los años 1762 y 1774, de los libros sacramentales que se conservaron en Sajambre hasta que fueron depositados en León, que sepan que es muy probable que las notas tomadas sean erróneas o contengan errores.  

sábado, 9 de noviembre de 2019

UN PLEITO ENTRE EL MONASTERIO DE SAHAGÚN Y LA PARROQUIA DE OSEJA Y SOTO EN 1752


El monasterio de San Benito de Sahagún fue patrono de la parroquia de Santa María de Oseja y de su anexo, Soto, desde la Edad Media, en razón de su antigua dependencia altomedieval, desde que la condesa Elvira Fernández entregara Santa María de Oselia al monasterio de los Santos Facundo y Primitivo.  Es decir, lo que terminó convirtiéndose en la parroquia de Oseja fue originalmente de propiedad privada y laica, perteneciendo seguramente a los bienes patrimoniales del conde de Cea Fernando Bermúdez (padre de doña Elvira) o a los de su abuelo Bermudo Núñez.     

Debido a esta antigua dependencia, el cenobio benedictino ejerció derechos de patronato durante el resto de la Edad Media y la Edad Moderna. Por eso, en 1300, cuando el templo ya era una parroquia, Santa María de Oselia entregaba cada año 2 libras de cera, 1 carro y 12 escudillas de madera al monasterio de Sahagún. Puede leerse el contenido de este documento en una de las páginas de este mismo blog (doc. núm. 1).    

Por lo que sabemos, esta situación se mantuvo sin cambios hasta el año 1752, tras haber denunciado el monasterio de Sahagún al cura de Oseja, lo que dio inicio a un pleito que terminó por apelación en el tribunal de la nunciatura de Madrid el 20 de octubre de 1752. 

En aquellos tiempos el párroco de Oseja y su anexo, Soto, era Joaquín de Sosa y Tovar, que llegó a Sajambre en 1737 y permaneció allí hasta 1758 o 1759, cuando ingresó como monje en la Orden de San Basilio de Valladolid. Sabemos que esto último ya había sucedido el 7 de enero de 1759.    

Joaquín de Sosa fue uno de los 14 hijos de don José de Sosa Vallapadierna y Canseco y de María Josefa de Tovar Gil, de Vidanes. Nació en dicha localidad leonesa el 9 de abril de 1710 y con 27 años llegó a Oseja para encargarse de la parroquia, junto con su hermana María Javiera, que le atendía y que 13 años después se casó con el sajambriego Tomás Díaz de la Caneja, de cuyo matrimonio fueron hijos Ignacio y  Joaquín Díaz-Caneja.  Joaquín de Sosa murió en el convento de los Santos Mártires (Cosme y Damián) de Valladolid en 1805.    

Los dos documentos conservados no cuentan la razón exacta de por qué, en 1752, el cura de Oseja se negó a entregar a Sahagún  un carro nuevo de madera con sus ruedas, doce escudillas de madera nuevas y dos libras de cera.  El montante de las rentas es la misma cantidad que se registra en el año 1300, si bien en aquella ocasión no se especificaba que el carro tuviera que llevar ruedas y que todo fuera de obra ”nueva”, sino simplemente que Oseja y Soto debían dar a Sahagún cada anno dos libras de çera et un carro et XII escudiellas

La reiteración de las ruedas del carro y de la condición de nuevo que debía tener lo que reclamaba Sahagún pudo ser el motivo de la rebeldía de los parroquianos de Oseja y Soto, que no querían ver sus cargas acrecentadas. 

Desconocemos las razones que pudieron fundamentar las exigencias de Sahagún, pero no cuesta imaginar la resistencia de los sajambriegos a pagar más de lo que les correspondía, asfixiados como estuvieron durante toda la Edad Media y la Edad Moderna por el pago de las elevadas cargas fiscales que debían satisfacer, tanto a la Iglesia (diezmos y rentas de patronato), como al rey. En los documentos de los siglos XVII y XVIII hay constantes quejas sobre la pobreza endémica de la tierra, los muchos inconvenientes para pagar los impuestos y las numerosas dificultades para satisfacer las obligaciones contraídas por una sociedad que vivió permanentemente endeudada.

Si lo que argumentamos fue la causa del pleito, los vecinos de Oseja y Soto debieron haber entregado a Sahagún un carro viejo sin ruedas, doce escudillas seguramente usadas y dos libras de cera de sus colmenas, de ahí la insistencia de los documentos en que el carro tuviera ruedas y en que todo fuera de obra nueva y, por tanto, sin usar.    

De otro lado, en estos dos testimonios jurídicos de 1752 se ve claramente cómo la feligresía de Soto seguía dependiendo de la parroquia matriz de Oseja. Editamos, a continuación, los dos documentos conservados en el Archivo de la Casa Piñán.

1
1752, marzo, 2. León.
Copia notarial de la sentencia en la que el tribunal eclesiástico del Obispado de León desestima la demanda del monasterio de Sahagún contra Joaquín de Sosa y Tovar, cura párroco de Santa María de Oseja y su anejo, Soto, sobre el pago de las rentas por razón de patronato de un carro nuevo con sus ruedas, doce escudillas nuevas de madera y dos libras de cera. 

Oseja de Sajambre, Archivo de la Casa Piñán, ff.1r-v. Papel de tina con humedad y deteriorado por los bordes, lo que afecta al texto en algunos lugares. Cosido al n.2 y a otro documento diocesano de 1776 de distinto contenido.

En el pleito y causa libr[ad]o que ante nos ha pendido y pende entre partes, de la una el reverendo padre abad y monjes del real monasterio de San Benito de la billa de Sahagún y Joseph Feyjoo, su procurador; y a la otra don Joachin de Sosa y Tobar, cura rector de la parroquial de Santa María de los lugares de Osexa y Soto, conzejo de Sajanbre, y Manuel Martínez, su procurador, sobre que dicho don Joachin de Sosa pague a dicho monasterio por razón de patronato en cada un año un carro nuebo de madera con sus ruedas, doce escudillas de madera nuebas y dos libras de zera, y sobre lo demás declarado por una y otra parte, visto, hallamos, atentos los autos y sus méritos a que en lo nezesario nos referimos, que por lo que de ellos resulta, debemos declarar y declaramos que los dichos reverendo padre abad y monjes de dicho real monasterio de San Benito de la billa de Sahagún no han probado su acción y demanda como la propusieron y debían, y que dicho cura de Osexa ha justificado sus escepziones en bastante forma. En cuia consecuenzia absolvemos y damos por libre a el referido don Joachin de Sosa de la demanda que se le ha puesto por parte de dicho real monasterio de Sahagún; y no hacemos condenación de costas (...) a dicha [ci]tada parte que las por sí causadas y las [co]/(f.1v) munes por mitad. Y por esta nuestra sentencia difinitivamente juzgando, así lo declaramos, pronunziamos, firmamos y mandamos. 

Licenciado don Christóbal de Villalva. 

Es copia de la sentencia original que oy día de la fecha se dio y pronunció en el pleyto que en ella se expresa, el que queda en mi poder y oficio a que me refiero. Y en fee de ello, de pedimiento de la parte de el cura del lugar de Oseja, yo el notario maior lo signo y firmo en León, a dos de marzo de mil setezientos cinquenta y dos, en testimonio de verdad. 

Santiago de Robles (rúbrica).

2
1752, noviembre, 6. Madrid.
Copia expedida a petición de Joaquín de Sosa y Tovar del decreto de la nunciatura de Madrid, de 20 de octubre de 1752, que confirma la sentencia judicial del tribunal eclesiástico de León, desestimando la demanda del monasterio de Sahagún contra la parroquia de Santa María de Oseja y Soto. 

Oseja de Sajambre, Archivo de la Casa Piñán, ff.2r-3r. Afectado por la humedad y por algunas roturas del soporte en los bordes del folio. Cosido al n.1 y a otro documento diocesano de 1776 de distinto contenido.

Don Francisco Agustín de Lorza y Aguirre, notario oficial mayor y archivista del tribunal de la Nunciatura de su Santidad en estos reynos de España, zertifico que en este dicho tribunal se ha seguido pleyto por apelación entre partes, de la una el reverendo padre abad y monges de el real monasterio de San Benito de la villa de Sahagún y de la otra, don Joachín de Sossa y Thovar, cura rector de la parrochial de los lugares de Santa María de Oseja y Soto, en el conzejo de Sajambre, sobre que este pague a dicho monasterio por razón de patronato en cada un año un carro nuebo de madera con sus ruedas, doce escudillas de madera nuebas y dos libras de cera, en el qual pleyto, haviéndose alegado por las partes, estando concluso legítimamente y citados los procuradores de las partes para su vista y determinación por vista de los autos por Monseñor Ilustrísimo Nuncio se dio y proveyó el de el thenor siguiente:

En la villa de Madrid, a veinte de octubre, año de mil setecientos y cinquenta y dos. Vistos estos autos y proceso por el ilustrísimo y reverendísimo señor don Henrrique Enrríquez, arzobispo de Nacianzo, nuncio y collector general apostólico en estos reynos de /(f.2v) España, que son entre partes, de la una el reverendo padre abad y monges del real monasterio de San Benito de la villa de Sahagún y de la otra, don Joachín de Sossa y Thovar, cura rector de la parrochial de los lugares de Santa María de Oseja y Soto, en el conzejo de Sajambre, sobre que este pague a dicho monasterio por razón de patronato en cada un año un carro nuebo de madera con sus ruedas, doce escudillas de madera nuebas y dos libras de cera, dijo que confirmava y confirmó la sentencia difinitiva en este playto y caussa dada por el ordinario eclesiástico de León, su pronunciación en dos de marzo pasado de este presente año, en todo y por todo según y cómo en ella se contiene. Assí lo proveyó y mandó su ilustrísima y lo firmó el señor auditor. Acrolino Zervini, auditor. Por mandado de su illustrísima don Manuel de Ypenza. 

El qual auto se notificó en veinte y cinco del mismo mes de octubre a los procuradores de las partes, y por la de dicho padre abad y monges del monasterio de San Benito de Sahagún, en treinta de dicho mes de octubre se presentó petición apelando dicho auto de este tribunal, y por de /(f.3r) creto de su ilustrísima de el mismo día se le otorgó en ambos efectos para ante su santidad con término de quatro mes (sic). Según lo referido parece del mencionado pleyto que queda en esta secretaría de justicia, a que me remito. 

Y para que conste en virtud de decreto proveído por su ilustrísima, oy día de la fecha, a petición presentada en nonbre de el referido don Joachín, doy la presente que firmo en Madrid, a seis de nobiembre, año de mil setecientos y cinquenta y dos. 

Francisco Agustín de Lorza y Aguirre (rúbrica). 

[Al dorso:] Sentencia confirmada en la nunciatura a favor de el cura de Osexa y Soto de Saxambre.



lunes, 3 de diciembre de 2018

LAS DEVOCIONES MARIANAS EN SAJAMBRE (1600-1830)


A Lourdes Vega Rodríguez




Índice del artículo: 1.- Los documentos. 2.- La revitalización del culto mariano en los siglos XVI y XVII. 3.- La devoción a la Virgen María en Sajambre. 4.- De Santa María de Oseja y Santa María de Soto a la Asunción y las Nieves. 5.- Devociones marianas en el siglo XVII. 6.- Devociones marianas en el siglo XVIII. 7.- Devociones marianas a principios del siglo XIX. 8.- La devoción mariana en la onomástica femenina. 9.- La sacralización del paisaje.  10.- La influencia de la carretería.  11.- La influencia asturiana. 12.- La influencia leonesa. 13.- Otras influencias.  



1.- LOS DOCUMENTOS


Lo primero que quiero dejar claro son las fuentes en las que me he basado para este artículo. Los principales documentos que transmiten información de esta naturaleza son los protocolos notariales y la documentación eclesiástica. La investigación ha sido sistemática en el primer caso y parcial en el segundo.

Los documentos que más datos proporcionan son los testamentos y esto por dos razones. Primero porque existían unas cláusulas obligatorias en todas las últimas voluntades de la Edad Moderna que eran las mandas pías, donde se destinaba una parte de los bienes de cada uno a misas y oficios religiosos. Esto sucedía porque los católicos de la época creían que tras la muerte las almas iban al purgatorio, donde los pecados mundanos se purgaban antes cuanto más rezasen los vivos por los difuntos. Como ya vimos en otra ocasión en este mismo blog, esto suponía una enorme desigualdad ante la muerte en la mentalidad de aquellas gentes y un suculento negocio para la Iglesia.

En Sajambre había muchos que no tuvieron medios para testar. En el Libro de Difuntos de Domingo Piñán, que está editado íntegramente, se observa cómo algunos debieron dejar sus últimas voluntades de forma oral y cómo otros las pusieron por escrito recurriendo a algún vecino caritativo que supiera escribir, sin tener que recurrir al trabajo de un profesional que cobraba por su actividad gráfica.   

Por estudios realizados en otros lugares de la actual provincia de León, sabemos que, en general, menos del 50% de la población rural o urbana de la Edad Moderna acostumbraba a dejar sus últimas voluntades por escrito ante un notario público. Por ejemplo, en el siglo XVIII menos del 50% en la ciudad de León; menos del 40% en el Bierzo; un 36’8% en La Bañeza o un 33’9% en Ponferrada (1). 

Entre los que tenían medios para pagar el trabajo de un escribano público, los había que solo podían costear los oficios fúnebres y una o dos misas. Pero entre los que podían diversificar su fortuna, en mayor o en menor medida según el estatus de cada uno,  aparecían siempre las «misas votivas» que además eran obligatorias.  

Esta es la segunda razón por la que los testamentos son una fuente muy interesante para acercarse a la religiosidad popular. En las misas votivas, los creyentes instituían encargos de misas dedicadas a sus principales devociones, por lo que esta manda piadosa sirve de termómetro histórico para valorar la presencia y difusión de una u otra devoción a lo largo del tiempo. Los más humildes se veían forzados a apelar solo a las advocaciones generales de la Virgen. En Sajambre, esto sucede de forma general con Nuestra Señora de los Ángeles, intermediaria por excelencia en la carrera de salvación.  Pero los que podían, dedicaban misas a santos y a diferentes advocaciones cristológicas y marianas, donde tenían especial presencia los cultos locales.

Para esta ocasión, he hecho una revisión sistemática de todos los testamentos redactados in extenso que se conservan de Sajambre y que arrancan del año 1600 hasta la década de 1820 inclusive. De la segunda mitad del siglo XVI existe mucha documentación notarial y judicial, pero ningún testamento.

Aparte de los protocolos notariales, los testamentos también pueden aparecer en los expedientes judiciales. Cuando existía algún pleito por herencias, a veces había que aportar las últimas voluntades familiares, con lo cual en un archivo como el de la Real Chancillería de Valladolid podemos encontrar testamentos e inventarios de bienes. En este caso, he efectuado una revisión amplia de las fuentes conocidas, aunque no descarto encontrar más documentos en futuras consultas.   

La segunda fuente de información son los documentos eclesiásticos, fundamentalmente los libros sacramentales de difuntos y las visitas pastorales, en las que se inspeccionaban los templos de un lugar y el estado de las imágenes que en ellos existían. He revisado varias visitas en el Archivo Histórico Diocesano de León y varios libros sacramentales. Aquí interesan, sobre todo, los libros de difuntos porque llegará un momento en el que se obligue a los párrocos a resumir el contenido de las últimas voluntades, especialmente todas aquellas mandas que implicasen una obligación para los párrocos o legados para la Iglesia. 

El problema es que esto no se generaliza en España hasta bien entrado el siglo XVIII, porque a diferencia de los libros de bautismos, el control escrito de los decesos no fue obligatorio hasta el Concilio de Trento y durante toda la segunda mitad del siglo XVI y el siglo XVII existió una enorme indefinición diplomática en este tipo de documentos parroquiales. Quienes estén interesados en un acercamiento a esta problemática pueden consultar mi libro del año 2016, disponible on line, sobre uno de los registros de difuntos más antiguos de Sajambre, que contiene las muertes de adultos de la parroquia de Oseja y Soto entre los años 1623 y 1649.   

Del siglo XVII se conservan dos libros de difuntos de Sajambre, los dos de la parroquia de Oseja y su anexo, Soto: uno en el Archivo Histórico Diocesano de León y el otro, en el Archivo de la Casa Piñán, que es el que está editado y disponible on line en abierto. Ambos han sido analizados al completo. Pero ninguno recoge las misas votivas y, en el mejor de los casos, esto se hace solo de forma cuantitativa o genérica, sin indicar a qué devociones iban dedicadas. De manera que para acercarnos a lo que nos interesa en el siglo XVII solo contamos con los testamentos y con los documentos de visitas pastorales. Todos han sido utilizados.   

Del siglo XVIII se conservan ya varios libros de difuntos del valle que he revisado de forma parcial hasta el momento, puesto que esto supone un desplazamiento a León que no siempre puedo hacer. Por tanto, la información que aporta la documentación notarial de esta época podrá completarse con las fuentes parroquiales. No obstante, como la serie de libros de difuntos no está completa y el número de testamentos conservados es amplio en este momento, los resultados pueden ser representativos.  

Del siglo XIX solo he utilizado testamentos de las dos primeras décadas y no he revisado ningún libro sacramental. En consecuencia, los datos de este período han de tomarse como indicativos, pero nunca como conclusivos. 

2.- LA REVITALIZACIÓN DEL CULTO MARIANO EN LOS SIGLOS XVI Y XVII


En el mundo católico de la Edad Moderna se produjo una enorme difusión orquestada de los cultos marianos, con la fundación y construcción de numerosos santuarios y ermitas como respuesta al protestantismo, que ponía en duda la virginidad de María. En ese contexto tienen origen muchos templos marianos peninsulares y la revitalización y difusión de cultos ya existentes en el período medieval.

De esta época procede con seguridad la ermita de Saúgo, entre Amieva y Sajambre, que construyó el arcediano, don Pedro Díaz de Oseja, hacia 1642.

Es posible también que la fundación de la ermita de Arcenorio sea posterior a 1500, ya que los documentos que existen del siglo XV no mencionan ninguna presencia religiosa en el lugar.  

Y el culto a la Virgen de Pontón, cuya ermita no es anterior a 1424, debió empezar a difundirse fuera del término municipal de Burón a partir del siglo XVI.

3.- LA DEVOCIÓN A LA VIRGEN MARÍA EN SAJAMBRE


La advocación genérica a la Virgen María se documenta en Sajambre desde principios del siglo XI. Santa María fue el nombre de la iglesia más antigua del valle que terminó por convertirse en parroquia. Santa María de Oselia, más tarde Oseya/ Oseja se mantuvo con dicha denominación hasta el siglo XIX. Su anexo, la iglesia de Soto, fue también de Santa María durante la misma época.

En la documentación conservada vemos cómo todos los sajambriegos de la Edad Moderna, hombres y mujeres, se encomendaban a la Virgen en el momento más difícil de sus vidas: cuando se preparaban para la muerte. En ella confiaban como intermediaria entre los fieles devotos y su Hijo. Incluso en los testamentos de quienes no tenían bienes suficientes para diversificar sus ofrendas en las mandas piadosas, existía siempre al menos una misa dedicada a «María santísima» o a la «Virgen santísima».

Fuera del registro escrito quedaban los sajambriegos más humildes, que no tenían medios para costear un testamento escriturado por un notario, ni tampoco para pagar al clérigo local otra cosa que la misa de su entierro y, como mucho, el cabo de año. Vista la tendencia local, podemos imaginar a los fieles más pobres encomendándose de palabra y de intención a la Virgen María, lo que en la mentalidad de la época era poco consuelo, puesto que se creía que cuantas menos misas se rezaran por un difunto, más tiempo tardaría este en salir del purgatorio.    

En las devociones genéricas de los siglos XVII, XVIII y XIX destaca claramente Nuestra Señora de los Ángeles, llamada también la Reina de los Ángeles y la Reina del Cielo.  

4.- DE SANTA MARÍA DE OSEJA Y SANTA MARÍA DE SOTO A LA ASUNCIÓN Y LAS NIEVES


Mientras las iglesias de Oseja y de Soto permanecieron juntas, dependiendo la de Soto de la de Oseja, su advocación se mantuvo intacta: Santa María en ambos casos.   

En 1781 Soto se convirtió en vicaría perpetua, aunque todavía no tuviera la categoría plena de parroquia. Por eso, siguió teniendo la misma advocación de Santa María, como consta en fuentes de la década de 1780, entre ellas un libro administrativo de 1784 que en el año 1925 se conservaba en Soto y que ofrecía el siguiente encabezamiento: 

Libro de tazmías que compró D. Matías García el año de 1784 para esta parroquia de Santa María de Soto, segregada de Oseja, de quien era su hijuela, y el dicho primer poseedor como vicario in perpetuum de ella (2). 

No obstante, la asignación a Soto de un vicario o clérigo ayudante del párroco de Oseja supuso la transición hacia la independencia parroquial definitiva que llegaría en el siglo XIX.

El mejor cronista que tuvo Soto, don Moisés Díaz-Caneja, canónigo y archivero de la Catedral de Oviedo, supuso que la independencia total y el nacimiento de la parroquia de Soto de Sajambre sucedieron en el año 1815. Con el rigor que le caracterizaba, basó esta hipótesis (y así lo explicó) en el hecho documentado de que el primer párroco conocido fuera Andrés del Otero, quien entró como tal en 1815, frente al clérigo anterior, Matías García, que llegó como vicario en 1784 (3).  No obstante, don Moisés también dejó escrito que, en su época, los vecinos de Soto consideraban a Matías García como su primer párroco.

A la luz de las fuentes con las que contamos a día de hoy y que desconocía don Moisés, es muy probable que tengamos que dar la razón a los vecinos de Soto.

En su testamento del año 1805, Isabel González, vecina de Soto, dejó establecida 

A Nuestra Señora de las Nieves, patrona de este lugar, una misa cantada luego que yo fallezca, quanto antes se pudiere.

Este cambio de advocación coincide con otro coetáneo en la iglesia de Oseja, que empieza a llamarse a partir de entonces de Nuestra Señora de la Asunción, nuestra soberana patrona. No parece casual esta doble y coincidente distinción, con un doble y bien distinto patronazgo.  Algo debió suceder alrededor de 1805 (o antes) que obligó a establecer una diferenciación nominal clara entre las iglesias de Oseja y de Soto.

Lo que creemos que sucedió pudo haber sido el cambio institucional que supuso el nacimiento de la parroquia de Soto. Dicha transformación, ya consolidada en 1805, acaeció en la época del cura Matías García, quien entró como vicario en 1784 y seguramente murió como párroco en 1815.   

Ahora bien, ¿por qué se eligieron estas dos advocaciones para Soto y para Oseja cuando ambas completaron su proceso de independencia la una de la otra?

Los documentos callan para el caso de Soto que, no obstante, coincide con otros emplazamientos peninsulares donde abundan las nieves. Pero en Oseja pudo haber existido una cierta devoción a la Virgen de la Asunción en épocas anteriores al siglo XIX, aunque no estuviera muy extendida. Esta afirmación la hago porque en el testamento del vecino del barrio de Quintana, de Oseja, Pedro Alonso de la Mata, datado en 1675, leemos lo siguiente:
Yten mando otra misa de deboción en amor a Nuestra Señora de la Asunción

Aunque el culto a la Asunción de la Virgen ya existía en España mucho antes de que Pío XII estableciera el dogma católico en 1950, en Sajambre no vuelve a aparecer en otros casos del siglo XVII, ni del XVIII. Pero también hay que considerar que los testamentos del Archivo de la Casa Piñán son solo una parte (la que se ha conservado) de todos los que se pusieron por escrito, porque la serie de registros notariales sajambriegos está incompleta. Tampoco hay que olvidar a quienes no testaron y lo dicho sobre los libros sacramentales.  De ahí que no descarto volver a toparme con esta devoción en otros documentos de Oseja.

En la actualidad, existen 53 iglesias dedicadas a la Asunción en la provincia de León y solo 4 dedicadas a la Virgen de las Nieves (4).

5.- DEVOCIONES MARIANAS EN EL SIGLO XVII


En el 100% de los testamentos del 1600 se dedican misas a la Virgen de Covadonga (Cangas de Onís) y a la Virgen de la Velilla (La Mata de Monteagudo).

Le siguen en importancia y en alto porcentaje, la Virgen de Guía (probablemente Llanes) y Nuestra Señora del Rey Casto (Oviedo).

En menor medida, la Virgen del Rosario, Nuestra Señora de Pontón (Burón), la Virgen del Buen Suceso (Lastres) y la Virgen de Arcenorio (Ponga).

Con menciones aisladas, la Virgen de la Soledad, la Virgen de la Merced, Nuestra Señora de los Remedios, la Virgen de Guadalupe (Cáceres), la Virgen del Camino (Valverde de la Virgen, León), la Virgen de Valvanera (La Rioja), la Virgen de la Cerca (Segovia), el Pilar de Zaragoza y Nuestra Señora del Risco (Ávila).   

La Virgen de Covadonga se documenta como Quadonga y Cuadonga, Coadonga, Ubadonga, Quobadonga y Cobadonga (5), variantes que atestiguan la pronunciación asturiana de este topónimo en Sajambre. La veneración a Nuestra Señora de Cuadonga fue absolutamente general en los cinco pueblos del valle durante toda la Edad Moderna, algo que no extrañará a ningún sajambriego, ya que la devoción sigue viva en la actualidad.

Como bien se sabe, la Señora de la cova d’onnika o de la cova Dominica está estrechamente ligada al origen del Reino de Asturias y a la resistencia local contra los invasores musulmanes  en el siglo VIII. Según la tradición, fue el rey Alfonso I quien mandó construir una iglesia dentro de la cueva, de madera y en voladizo, que llegó hasta el año 1777.

De manera que cuando los sajambriegos instituyeron dotaciones de misas a Nuestra Señora de Cuadonga «en su santa casa», estaban encargando la celebración del oficio litúrgico dentro del templo primitivo que perduró hasta el reinado de Carlos III. Al no conservarse testamentos del siglo XVI, no sabemos con certeza cuándo se inició el culto, aunque bien podría haber sucedido en la misma Edad Media, dada la cercanía geográfica y los muchos contactos con Asturias.

La existencia de ermitas de advocación mariana en La Mata de Monteagudo (León) data de la Alta Edad Media y el santuario que hoy lleva el nombre de la Virgen de la Velilla fue construido por el marqués de Prado en el siglo XVIII, aunque la tradición sitúa la leyenda de su fundación en el siglo XV.    

Como en el caso de Covadonga, no sabemos con seguridad cuándo se inició esta devoción en Sajambre. Pero debido a los vínculos con la demarcación bajomedieval de «las montañas de Aguilar y Monteagudo», es más que posible que el culto a la Virgen de la Velilla proceda, por lo menos, de dicha época.   

La Virgen de Guía que se veneró en Sajambre pudo ser la de Llanes (Asturias), la de Ribadesella (Asturias) o la de Santa María del Páramo (León). Descartamos la de Vidanes porque no se documenta con esta advocación hasta el siglo XIX. La del Páramo empieza a documentarse con este nombre en el año 1663 (6), siendo la devoción sajambriega más antigua: el primer caso documentado se fecha en 1649. La llanisca ya existía con ese nombre en el año 1515, cuando se funda su ermita que termina de construirse en 1516. La de Ribadesella es muy posterior a la de Llanes. Su ermita es de principios del siglo XVII o muy finales del XVI (6b). En esa época, los sajambriegos ya efectuaban viajes a la Meseta y posiblemente ya se encomendaban a la que era la patrona de los trajineros, carreteros, mensajeros, correos y viajeros en general.  Asimismo, considerando lo que tardaban en extenderse algunos cultos locales, hay muchas más probabilidades de que la devoción sajambriega haya tenido su origen en la más antigua, es decir, más en la de Llanes que en la de Ribadesella, a lo que hay que añadir que las relaciones  entre los sajambriegos y los llaniscos fueron más intensas que las que tuvieron con los riosellanos, como veremos más adelante.  

Otro de los cultos difundidos por todo el valle fue el de Nuestra Señora del Rey Casto, que se expresa con las variantes de Recastro/ Re Castro y, sobre todo, Ricastro. A menudo se especifica «Nuestra Señora del Rey Castro que está en la ciudad de Obiedo» y no pocas veces las misas votivas se instituyen con la obligación de celebrarse «en su santa casa».   

La iglesia ovetense a la que se refieren los testamentos sajambriegos fue la basílica prerrománica de Santa María, construida en el siglo IX por Alfonso II (791-842), que albergó el primitivo Panteón Real de los monarcas asturianos y de los primeros reyes leoneses en el nártex de la basílica. El edificio, adyacente a la iglesia de San Salvador, fue incorporado a la Catedral de Oviedo con la construcción en 1705 de la Capilla de Nuestra Señora del Rey Casto. Desde entonces, los restos mortales de los reyes asturianos se guardan en nichos barrocos protegidos por una reja junto a las puertas de la nueva capilla y en el interior de la Catedral de San Salvador de Oviedo.

En algunos casos se menciona Nuestra Señora de Pontón, pero en menor medida de lo que sería de esperar. Aunque el albergue para caminantes de Pontón ya existía en el siglo XII, no parece que la ermita se construyera antes del siglo XV.

Lo que sucede con la Virgen de Arcenorio es otra de las cosas que sorprenden mucho: su devoción se limita a los vecinos de Pio y Vierdes, y no existe entre los restantes pueblos de Sajambre. Incluso no todos los que vivían en Pio y Vierdes mencionan a la Virgen de Arcenorio en sus testamentos, ni siquiera todos los que establecen un nutrido conjunto de misas devocionales se acuerdan de Nuestra Señora de Arcenorio.

Según las fuentes conservadas, el primer testamento que dota misas a la Virgen del Rosario es del año 1649. En dicho año ya debía existir el altar dedicado a esta imagen que se documenta en la antigua iglesia parroquial de Oseja en 1667. En el año 1711 se renueva, tras describirse como viejo y en mal estado.

El culto a la Virgen del Rosario empezó a difundirse a partir de 1573, cuando el Papa Gregorio XIII instituyó la fiesta de Nuestra Señora del Rosario, en recuerdo de la ayuda que prestó a las huestes cristianas en la batalla de Lepanto (1571), cuya victoria se le atribuyó.   

Existe constancia de este culto en La Puerta en la temprana fecha de 1575, con la fundación de la capellanía del Rosario que terminaría por dar nombre a la antigua iglesia parroquial de San Pedro, cuyo edificio se trasladó al nuevo Riaño, donde actualmente se encuentra. Al otro lado de la Cordillera, existió una cofradía del Santo Rosario en Ribadesella desde 1596 (7). Así que la devoción pudo empezar en Sajambre antes incluso de 1649.

Aparece ahora el culto a la Virgen del Buen Suceso de Lastres, que seguiremos viendo en el siglo XVIII. Pero ¿por qué Lastres? Pues porque los sajambriegos acudían a esta villa marinera por razones comerciales. Por ejemplo, en 1636, algunos vecinos de Soto están documentados allí vendiendo pieles, seguramente de animales salvajes (8). 

Entre las devociones que se mencionan solo una o dos veces en este siglo, se encuentra la Virgen del Camino, situada en la antigua localidad de Valverde del Camino, llamada hoy Valverde de la Virgen, a poco más de 12 kilómetros de la ciudad de León. Su culto se originó en los primeros años del 1500 gracias al hallazgo de la imagen en 1505. No empezó a tener cierta importancia en Sajambre hasta el siglo XIX. Esta es otra de las cosas que sorprenden.

Otra de las devociones menores que seguirá documentándose en siglos posteriores es la de la Virgen medieval de Valvanera (La Rioja). A su vez, los transportes de almagre hasta Ávila se reflejan en la devoción a Nuestra Señora del Risco, que volveremos a ver más adelante.  

Excepcionales son la Virgen de Guadalupe del lugar del mismo nombre en Cáceres, a no ser que corresponda a algunas ermitas del sur de la provincia de León; la Virgen de los Remedios , la Bien Aparecida (Cantabria) y la segoviana Nuestra Señora de la Cerca, también medieval, que debió estar relacionada (como la del Risco) con el comercio del almagre.  La primera se  menciona dos veces, una en 1613, en Oseja, y otra en 1666 en el testamento de Juan de Coco, vecino de Soto. La segoviana y la de Los Remedios solo una vez: respectivamente en la última voluntad de Toribio Díez y en la de Pedro Alonso de la Mata, ambos vecinos de Oseja.  


6.- DEVOCIONES MARIANAS EN EL SIGLO XVIII


En el 100% de los testamentos del 1700 aparecen la Virgen de Covadonga (Cangas de Onís), la Virgen de la Velilla (La Mata de Monteagudo), la Virgen de Belén (Oseja) y la Virgen del Rosario (Sajambre).

Ya sabemos que la devoción a la Virgen de Belén se debe a una imagen de la Virgen con el Niño que existió en la ermita de San Roque, de Oseja, con posterioridad a 1700. En las proximidades de Sajambre, el mayor índice de veneración hacia la Virgen de Belén o Virgen de la Leche, que es lo mismo, sucedió en aquella época en la vecina Cantabria.   

Sigue venerándose la Virgen del Rosario, con altar en la iglesia de Oseja desde 1649 por lo menos. En el año 1711 un miembro de la familia Díaz-Caneja costea un altar nuevo por hallarse roto el antiguo. El donante fue Toribio Díaz, casado con Ana Díaz, hermana de Tomás Díaz de la Caneja, abuelo de Ignacio y Joaquín Díaz-Caneja y Sosa. En su testamento de 1711, expedido por el escribano público de Valdeón, José Antonio Blanco Cosío, encarga también un frontal donde debía constar su nombre y apellido: 

Yten mando por mi devozión, vn frontal que sea de toda satisfación a la Virgen Santísima del Rosario para que esté con más adorno y assí mismo una ara para que se pueda dezir missa en dicho altar, mediante la que tiene está quebrada, y el día que se aze la dilixenzia de el Ánima se gane yndulugenzia. Y dicho frontal a de tener un rótulo, que lo dí yo por mi devozión, poniendo mi nombre y connonbre. Que luego que aya fallecido, el señor cura se obligue a mandarlo hazer y comprar dicha ara. Y lo pague, el coste que tubiere uno  y otro, de mis bienes.

En 1752 ya existía otro altar dedicado a esta advocación en la iglesia de Vierdes, como se comprueba al hablar de la carga de una misa de aniversario que tenía un prado perteneciente a un vecino de Pio: 

La carga y grabamen de una libra de zera que sirbe para alumbrar a Nuestra Señora de El Rosario, sita en la parrochial de Santa Marina, por razón de anibersario” (9). 

En la iglesia actual de Vierdes existe una imagen moderna de la Virgen del Rosario, que testimonia la pervivencia de esta devoción hasta la actualidad.

En un 75% aproximadamente de los testamentos sajambriegos del siglo XVIII, aparecen Nuestra Señora del Rey Casto (Oviedo) y Nuestra Señora de Pontón (Burón). Sigue siendo potente el culto a esta Virgen asturiana que, desde 1705, se veneraba ya dentro de la Catedral de Oviedo.

En 1700 aumenta la devoción a la Virgen de Pontón. Esto es lo que se esperaba en la época anterior, pero no fue así. Por el momento, no podemos explicar el porqué de la (casi) ausencia de este culto en el siglo XVII, época que está bastante bien documentada. Quizás haya que relacionarlo con algún período de decadencia y abandono, de lo que pudiera ser indicio el contenido de la visita pastoral de 1639 cuando se dice que el edificio de la ermita estaba bien reparado, pero que no era decente ni el altar, ni la imagen de la Virgen ni su adorno, ordenando el juez visitador lo siguiente:

Mandose comprar un frontal de guadamecí (e) encaxar en laltar el ara. Que se entierre una imagen antigua que está en el altar, que se aga un ávito de buen lienzo, que se tomen las quentas del ganado en la forma ordinaria (10). 

Es decir, se ordena que se aderece el altar, que tenía el ara removida, lo que indica descuido del interior del templo. Se manda también que se quite la imagen de la Virgen que allí había por estar vieja y ajada. Como las tallas de las iglesias no podían destruirse por su carácter sagrado, cuando se hallaban en malas condiciones se ordenaba que se ocultasen bajo tierra para dejar que la Naturaleza completara el proceso de degradación. Siempre he pensado que el hallazgo ‘fortuito’ de Vírgenes enterradas, que inmediatamente se atribuía a un suceso milagroso, debió tener su explicación, en más de un caso, en esta antigua costumbre eclesiástica que, por cierto, hunde sus raíces en la tradición judía.

Se ordena asimismo que «se haga un hábito de buen lienzo», no sé si para vestir a la Virgen o para cubrir el altar. En cualquiera de los dos casos, esta descripción habla de abandono ¿quizás por falta de devociones y ofrendas?

Algo menos que las anteriores, pero asimismo bien representadas, están ahora la Virgen de Arcenorio (Ponga), la de Valvanera (La Rioja), la de Guía (seguramente Llanes)  y la del Buen Suceso (Lastres). La devoción a la Virgen de Arcenorio sigue estando presente en las últimas voluntades de algunos vecinos de Vierdes y de Pio.

Con una o dos menciones solamente nos encontramos a la Divina Peregrina de Sahagún, la Virgen de la Zarza (Villamañán), la Virgen del Camino (León), la Virgen del Brezo (Palencia), Nuestra Señora de Alconada (Palencia), Nuestra Señora de la Peña de Francia (Salamanca),  Nuestra Señora del Risco (Ávila), Nuestra Señora de Atocha (Madrid), la Virgen del Sagrario (Toledo), el Pilar de Zaragoza, la Virgen de las Angustias (León), la Virgen de la Consolación, la Virgen de Montserrat, Nuestra Señora del Carmen (Vierdes) y la Virgen de Corona (Valdeón).   

En el testamento de María Fernández, mujer de José Redondo Mayón, vecinos de Pio, fechado en el año 1787, se instituye la celebración de una misa en el Carmen de Vierdes. Por tanto, en dicha fecha de 1787 ya existía la ermita de Nuestra Señora del Carmen. Pero la primera vez que un sajambriego dedica misas a la devoción del Monte Carmelo sucede en Soto en el año 1711. Ahora bien, no parece que esto tenga relación con el establecimiento más temprano de esta advocación en Vierdes, porque con anterioridad a 1787 no encontramos ninguna dedicación a la Virgen del Carmen entre los vecinos de la feligresía de Santa Marina de Vierdes. En cambio, sigue apareciendo en los testamentos del siglo XIX.

Los valdeoneses que testan en Sajambre se acuerdan siempre de la Virgen de Corona, como Pedro Domingo, natural de Caldevilla, en 1613 o Pablo de Riero, originario de Los Llanos de Baldión, en 1720. La documentación notarial nos cuenta que los sajambriegos acudían a la romería de la Virgen de Corona, pero la dedicación de misas entre ellos es mucho más escasa. Solo la encontramos entre aquellos que tuvieron algún vínculo con Valdeón. Al margen de esto, la hallamos en muy pocas circunstancias, como en el caso de la anteriormente citada María Fernández, de Pio, quien quizás fuera natural del concejo vecino o tuviera alguna conexión que no quedó reflejada en los documentos.   

Las primeras menciones documentales a la ermita de Corona que conocemos hasta el momento son de principios del siglo XVII, en concreto de una partida de defunción del año 1613 que aparece en un libro de difuntos sajambriego. Yo misma proporcioné esta noticia en un post publicado en este mismo blog el 16 de febrero del año 2016. Esto no quiere decir que no existiera con anterioridad, sino que no se han conservado o no se conocen aún (me inclino por esto último) documentos en los que aparezcan menciones a la Virgen de Corona.

Lo que sí sabemos es que en el siglo XII ya existía un templo en el lugar de Corona, pero no estaba dedicado a la Virgen, sino a San Isidoro y había sido construido por los monjes del monasterio de Santa Marina de Valdeón (11). A este respecto digo lo mismo que manifesté en la conferencia que impartí el pasado mes de junio de 2018 en el marco de las celebraciones del centenario del Parque Nacional de Picos de Europa, a las que fui invitada en León: considerando lo bien que se describe toda la zona de Corona en los documentos de finales del siglo XI y del siglo XII que se guardan en el Archivo de la Catedral de León, no creo que existiera otro templo en dicho lugar más que el único que se menciona, el de San Isidoro, que sin ningún género de dudas fue fundado y construido por los monjes benedictinos de Santa Marina de Valdeón, como los mismos documentos expresan de forma precisa.  Dicho de otro modo, el templo cristiano más antiguo del lugar valdeonés de Corona fue levantado entre los años 1081 y 1113 por los monjes de Santa Marina de Valdeón con la advocación de San Isidoro.  

7.- DEVOCIONES MARIANAS A PRINCIPIOS DEL SIGLO XIX


En este breve período de 20 años siguen siendo protagonistas indiscutibles la Virgen de Covadonga, la Virgen del Rosario y la Virgen de Belén. Desaparece la Virgen de la Velilla.

Medianamente representadas están Nuestra Señora de la Zarza (Villamañán), Nuestra Señora del Brezo (Palencia), la Virgen de Arcenorio (Ponga), la Virgen de Guía, la Virgen del Camino (León) y el Pilar de Zaragoza. Esta última con más misas que en épocas anteriores, por haberse revitalizado el culto al Pilar como resultado de la importancia del sitio de Zaragoza durante la Guerra de la Independencia.

La Virgen de la Zarza, de Villamañán (León), ya venerada en Sajambre en el siglo XVIII, hunde sus raíces en el siglo XIV cuando la leyenda atribuye el hallazgo de la imagen a un pastor del lugar. También encontramos misas de devoción a la Virgen del Brezo en los siglos XVIII y XIX. En este caso se trata de un culto de la montaña palentina, a escasos kilómetros de Guardo, asimismo de origen medieval y con una Virgen que también se apareció a pastores.

Con una o dos menciones: Nuestra Señora del Risco (Ávila), la Divina Peregrina (Sahagún), la Virgen del Carmen de Vierdes, Nuestra Señora de los Montesclaros (Palencia), la Virgen del Valle (Palencia), la Virgen del Henar (Segovia) y la Virgen de Montserrat.

La devoción a la Virgen del Risco se atestigua en Sajambre desde el año 1697, se incrementa en el siglo XVIII y se mantiene en las primeras décadas del XIX. Su imagen se veneró en el monasterio de Nuestra Señora del Risco, situado en plena Sierra de Ávila y hoy abandonado. Según leyenda del siglo XIV, nuevamente es un pastor el que encuentra una imagen de la Virgen en una cueva. La advocación y la devoción a la Virgen del Risco arrancan de principios del siglo XVI (1505).    

La Divina Peregrina de Sahagún ya se veneraba en Oseja en el año 1701, cuando se nombra como la Gloriosa Peregrina de Sahagún. Su imagen se guardó en lo que fue convento franciscano en el siglo XIII, a las afueras de la villa, aunque la imagen fue hecha alrededor de 1687 por La Roldana, bautizada Luisa Roldán. Poco tiempo después, un miembro de los Piñán de Cueto Luengo que fue clérigo (Pedro Piñán) instituyó varias misas de devoción a la Peregrina de Sahagún, que siguió documentándose en Sajambre aunque de forma bastante minoritaria.

8.- LA DEVOCIÓN MARIANA EN LA ONOMÁSTICA FEMENINA


La antroponimia cambia con el tiempo. En todas las épocas ha habido modas y tendencias en este sentido. Tenemos próximas las épocas de las Vanesas, las Lauras y las Paulas y más cerca todavía las Albas o las Ainhoas. Pues igual sucedió en el pasado, aunque con menor variedad de nombres que en la actualidad y, sobre todo, con una evolución más lenta.

Sin embargo, en lo que se refiere a las advocaciones marianas,  el único nombre con el que se bautizaba a las mujeres en España durante toda la Edad Moderna fue el de María.   

Hay que esperar al siglo XIX para que se empiecen a bautizar niñas con advocaciones marianas concretas, como la del Carmen. Es tendencia general en España. Sin embargo, en la documentación sajambriega manejada no he encontrado ninguna advocación mariana usada como nombre de pila. Quizás el fenómeno se detecte en los libros sacramentales que, como manifesté al inicio de este trabajo, no he utilizado en esta ocasión.

9.- LA SACRALIZACIÓN DEL PAISAJE


Al igual que en otros muchos lugares de la geografía peninsular, también en los alrededores de Sajambre hay templos marianos en lo alto de las montañas que, al mismo tiempo, coinciden con límites entre concejos: la de Arcenorio, entre Sajambre y Ponga, y en el linde entre el Principado y León; la de Pontón (junto al puerto del mismo nombre) entre Sajambre y Burón; la antigua de Saúgu (junto al puerto de Beza) entre Amieva y Sajambre, en las proximidades de la frontera entre Asturias y León.

Si seguimos hacia el Oeste, el mismo fenómeno se repite en la ermita de Nuestra Señora de Ventaniella, entre Ponga y La Uña, y nuevamente entre Asturias y León; en la de Riosol (al pie del Puerto de Tarna) entre Maraña y La Uña, también cercana a la raya entre León y Asturias; en la ermita de Nuestra Señora de Pruneda, entre Babia y Luna; o en la iglesia colegiata de Santa María de Arbas, entre Villablino y Lena, también en las cercanías de la divisoria de Asturias y León.

Puede pensarse que la valdeonesa de Corona se aparta de dicho modelo, ya que se halla en el fondo del valle del mismo nombre. Pero la función fronteriza que no se entiende hoy, tuvo lógica en el pasado, al ubicarse entre los términos del antiguo concejo señorial de Caín y el realengo de Valdeón.

Como hemos dicho, el problema de Corona estriba en que, hoy por hoy, no podemos documentar la existencia de esta advocación mariana en el lugar antes del año 1613.  Pero su localización geográfica me sirve de base para plantear la siguiente hipótesis sobre su fundación o cambio de advocación (si consideramos el antiguo templo de San Isidoro): que esto sucediera cuando todavía existía una división jurisdiccional entre los concejos de Caín y de Valdeón.

10.- LA INFLUENCIA DE LA CARRETERÍA


Los viajes comerciales que los sajambriegos hicieron en los siglos XVII, XVIII y XIX a Tierra de Campos, a Castilla, a Cantabria y a Asturias dejaron su impronta en la devoción mariana. Es decir, los carreteros y los arrieros de Sajambre se vieron influenciados por algunos de los cultos de aquellos lugares que más frecuentaron. Me los imagino encomendándose a las Vírgenes locales para culminar sin sobresaltos ni accidentes los distintos tramos de sus recorridos por las tierras meseteñas. Me los imagino también siendo receptivos a las historias milagrosas que se debían contar por aquellos lugares, transmitidas oralmente o por lecturas oídas de las relaciones de sucesos en los lugares que atravesaban o en los que pernoctaban.

En mi trabajo sobre la carretería histórica, publicado por la Universidad de León en el año 2015, puede verse una relación de los trayectos documentados que frecuentaban los sajambriegos con sus carros o con sus recuas de acémilas (12). Todas las referencias que aquí hagamos, pueden comprobarse en dicha fuente.

Los caminos de León quedaron reflejados en la Divina Peregrina de Sahagún; en Nuestra Señora de la Zarza, de Villamañán; en la Virgen del Camino de León que, como dijimos, no empieza a ser importante hasta una época tardía; en la Virgen de las Angustias, de León; y quizás (no lo tengo claro) en un par de templos titulados de Nuestra Señora de Guadalupe que existieron en el sur de la provincia de León durante la Edad Moderna (13).

Las sendas palentinas arrancan de Villafría de la Peña, junto a Guardo, donde se localiza el santuario de Nuestra Señora del Brezo. Siguiendo hacia el Este, encontramos a Nuestra Señora de los Montesclaros, en las tierras de Aguilar de Campoo. En dirección Sur, los sajambriegos asumen la devoción a la Virgen del Valle, de Saldaña, y la de Nuestra Señora de Alconada, venerada en el monasterio cisterciense del mismo nombre, en Ampudia, muy cerca de Torremormojón, donde los de Sajambre se documentan en varias ocasiones a principios del siglo XVII.

La ruta sajambriega del almagre llegaba a Segovia, a Ávila y a Hoyocasero, al pie de la Sierra de Gredos. De aquellos viajes proceden las devociones a las segovianas Virgen de la Cerca y Virgen de Henar (de 1580) y a la abulense Virgen del Risco.

El santuario de Nuestra Señora del Risco se sitúa -precisamente- en el camino entre Ávila y la Sierra de Gredos, junto a Amavida, en plena ruta de los carreteros como recuerda la literatura contemporánea. La Virgen del Henar, cuyo culto arranca del año 1580, se localiza junto a la villa de Cuéllar, entre las tierras de Valladolid y Segovia, asimismo transitadas por los carreteros de Sajambre. Finalmente, no por casualidad la iglesia medieval de la Virgen de la Cerca se halla en Madrona, justo en el camino entre Segovia y Ávila, es decir, en uno de los trayectos que debieron seguir los sajambriegos en los transportes de almagre por las tierras de Castilla.

Como se ve, de aquellos viajes no solo traían mercadurías y productos de primera necesidad, como el cereal panificable. Traían también influencias culturales de otros lugares de España, reflejadas aquí en manifestaciones de la religiosidad popular de la época.

Cuanto más profundizo en la historia de Sajambre anterior a 1800, más compruebo la inexactitud de un tópico creado en el siglo XX, cuando periodistas y escritores sin conocimiento extrapolaron la realidad de los años finales del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX al pasado, cometiendo con ello un tremendo error histórico. El tópico al que me refiero es el del «aislamiento».

Pues bien, si el mencionado aislamiento puede definir la situación de Valdeón en la segunda mitad del siglo XIX y primera del XX, no sirve para el Sajambre anterior a la construcción de la carretera de los Beyos. En realidad, no sirve para ninguna época de la historia moderna y contemporánea de Sajambre. Lo explico.

Con anterioridad a la construcción de lo que hoy es la carretera nacional 625, que cruza Sajambre de Sur a Norte, el valle estaba atravesado por el Camino Real que conectaba Ribadesella con la Meseta, por el que transitaron gentes de uno y de otro lado de la Cordillera desde la Alta Edad Media. Pero es que además, en casi todas las casas de todos los pueblos de Sajambre se realizaban al año dos viajes como mínimo (a veces tres) a Asturias, Cantabria, Palencia, León, Zamora, Valladolid, Segovia, Ávila, llegando en ocasiones hasta Madrid. Incluso hubo épocas en las que las recuas sajambriegas viajaban también durante los inviernos.

Esto es lo que muestran una y otra vez los documentos de los siglos XIX, XVIII, XVII y segunda mitad del siglo XVI.  Viajando así de forma continuada durante más de 300 años, no se está aislado. Y cuando el viejo camino real cayó en desuso por la apertura de otras vías de comunicación más cómodas entre León y Asturias, se empezó a construir la carretera actual que sirvió y sirve a Sajambre de principal conexión con el Norte y el Sur de la región. 

Para finalizar digamos que los viajes de los sajambriegos por la Península estaban presididos por la devoción a la Virgen de Guía, patrona de trajineros, carreteros, mensajeros, correos, marineros y de todos aquellos que se veían obligados a viajar por tierra o por mar para desempeñar sus oficios. 



 11.- LA INFLUENCIA ASTURIANA


Potentísima presencia de la Virgen de Covadonga desde principios del 1600 y la única devoción que se mantiene desde que tenemos fuentes hasta la actualidad con idéntica fuerza. A ningún sajambriego de hoy le extrañará esta afirmación y todos ellos deben saber que el culto a Nuestra Señora de Covadonga en Sajambre es una tradición muy antigua y sólidamente arraigada.

En segundo lugar se situaría la Virgen de Guía si consideramos las asturianas de Llanes o Ribadesella y no la leonesa de Santa María del Páramo. Muy venerada en Sajambre durante los siglos XVII, XVIII y XIX.   

Si acudimos a los documentos, encontramos más argumentos a favor de las asturianas, pues hasta el momento no conocemos ningún testimonio que muestre la relación de los sajambriegos con el lugar de Santa María del Páramo, La Bañeza o sus alrededores. En cambio, contamos con muchísimos testimonios que hablan de los vínculos con Llanes y los llaniscos y otros que muestran la relación con Ribadesella, que era donde finalizaba el camino real que cruzaba Sajambre y donde los sajambriegos compraban salmones para vender en Valdeburón. No obstante, a juzgar por la realidad que ofrecen las fuentes documentales conservadas, la relación con Llanes parece que fue bastante mayor que la de Ribadesella, siendo además el culto el más antiguo de la región. 

Las fuentes notariales, judiciales y eclesiásticas testimonian la frecuente presencia de vecinos de Llanes en Sajambre y de sajambriegos en las tierras del concejo asturiano.  Por Sajambre pasaron canteros llaniscos, como Pedro de Vada, de la localidad de Nueva; tejeros llaniscos; carpinteros llaniscos, como Juan Sordo Cubillas y Pedro Díaz, vecinos que dixeron ser del lugar de Soberrón del conçejo de Llanes, carpinteros y estantes en este dicho lugar (Oseja, 1698); trabajadores llaniscos, como Julián de Cortina, vecino de Posada, conçejo de Llanes... quando vino de baquerín, de cargar los carros” (Soto, 1640).   

Muchos cruzaban Sajambre por el camino real y más de uno terminó preso por entrar en los prados de Berrunde a destiempo, como hizo Juan Antonio Porrúa en 1705 con sus cinco caballerías y sus cinco cargas de vino, que acabaron incautadas y el infractor encarcelado en Oseja. Entre los viajeros y transeúntes del camino real muchos hicieron parada en Soto o en Oseja, algunos para descansar o refrescar las caballerías, otros para comerciar y otros para morir, como Juan García de Llanes en 1660; o como Diego Díaz, vecino del Rioseco llanisco, que mientras estaba de paso por Soto actuó como testigo en un documento de 1665, al igual que Pedro Ruiz Colsa, vecino de la villa de Llanes, en 1662 y que Pedro Bustillo, del mismo lugar, en 1668. Los viajes compartidos sirvieron en más de una ocasión para que llaniscos declarasen como testigos en pleitos y querellas interpuestas contra sajambriegos. Al haber sido intenso el tráfico por el camino real, la documentación nos permite saber lo que costaba alquilar un rocín para cubrir la distancia entre Llanes y Soto, y las fluctuaciones de precios que sufrió el servicio entre el siglo XVII y el siglo XVIII (de 15 a 19 reales y medio).

Durante los inviernos, el comisario Piñán llevaba todas sus vacas «a la marina» de Llanes, donde también envió a estudiar a su sobrino, el escribano Gonzalo Piñán de Cueto Luengo. Otros se casaron con llaniscos y llaniscas. Otros compraban y vendían en Llanes e incluso acudían a sus escribanías públicas para dar forma escrita a algunos documentos particulares. Del otro lado, hubo llaniscos que avalaron a sajambriegos, como Juan Carrera, vecino del lugar de Poo, que en 1677 actuó como fiador de los hermanos de Oseja, Juan y Damián Alonso Díez. Otros, en cambio, fueron prestamistas, como en 1665 Juan García, vezino de Río Caliente en el conçejo de Llanes; Sebastián Fernández Arnero, acreedor de vecinos de Soto y Ribota en 1670 o Diego Fernández Arnero en 1672.  Otros llegaron acompañando a sus familiares clérigos, como Manuel de Posada Arnero, un cangués de ascendencia llanisca que fue confirmado en Oseja y avecindado en Soto en 1714, cuando se casó con Juana Díez. Moriría joven, en 1723, dejando huérfanos a sus hijos María, Teresa y Juan Manuel, de quien descienden todos los Posada de Soto.

Estos son ejemplos. La relación es mucho más extensa porque existió un flujo humano constante, de ida y vuelta, entre Llanes y Sajambre durante toda la Edad Moderna.

En cambio, no contamos con ningún documento notarial o judicial que demuestre la relación de los sajambriegos con Santa María del Páramo y que, de existir, debió ser casual o muy minoritaria. En consecuencia, existen muchas más probabilidades de que nos encontremos ante la Virgen de Guía del concejo de Llanes. 

La evolución decreciente del culto sajambriego a Nuestra Señora del Rey Casto me parece muy interesante. Según lo que hemos visto, la Virgen de Ricastro está muy presente en la religiosidad popular sajambriega del siglo XVII, disminuyendo en el XVIII y desapareciendo en el XIX, aunque habría que contrastar esta última observación con las fuentes eclesiásticas.  De todas formas, esta evolución decreciente podría ser indicativa de la antigüedad de la devoción: ¿medieval quizás?

Lo que no puede discutirse es que Nuestra Señora del Rey Casto y la Virgen de Covadonga son elementos innegables de la más antigua tradición asturiana, con la que se identificaron los habitantes de Sajambre en el pasado. Y el culto a la Virgen del Rey Casto establece un vínculo claro con la ciudad de Oviedo y con los reyes asturianos.   

A mucha distancia y con menor relevancia hay que colocar a la Virgen de Arcenorio y a la del Buen Suceso de Lastres. Otras Vírgenes del Oriente de Asturias ni se mencionan.  

Extraña mucho lo que sucede con Arcenorio, limitado exclusivamente a los vecinos de Pio y Vierdes, y ni siquiera aparece en todos los testamentos con misas de devoción. Al contrario que con la Virgen del Recastro, el culto a la Virgen de Arcenorio aumenta según avanza el siglo XVII y el XVIII, lo que puede ser indicio de una menor antigüedad de la ermita.   


12.- LA INFLUENCIA LEONESA


Por encima de todas las Vírgenes leonesas destaca la de la Velilla en los siglos XVII y XVIII. Y aunque en los testamentos que he manejado del siglo XIX la Señora de La Mata de Monteagudo desaparezca, me consta que el culto llegó al siglo XX, porque a mi abuela sajambriega había que llevarla todos los veranos a Covadonga y a la Velilla.   

La poca importancia devocional que parece haber tenido la Virgen de Pontón es un aspecto a tener en cuenta. El culto es mayor en el siglo XVIII que en el XVII (pese a estar mejor documentado el siglo XVII) y vuelve a disminuir en el XIX. De todas formas, nunca igualó ni a la Velilla, ni a Covadonga, ni al Rey Casto, ni siquiera a la Virgen de Guía. Esto llama mucho la atención, porque pertenecía al concejo que era cabeza de la Merindad y su ermita se levanta casi en los límites de Sajambre.  

En el conjunto de documentos utilizados, la presencia de la Virgen del Camino es anecdótica y solo el culto a Nuestra Señora de la Zarza de Villamañán parece que aumenta ligeramente desde los últimos años del siglo XVII. A mi parecer, la Divina Peregrina de Sahagún, la Virgen del Camino e, incluso, la de la Zarza llegaron al alma de los sajambriegos por sus viajes a Tierra de Campos.

En 1711, Juan Díaz de la Caneja, abuelo de Ignacio y Joaquín, instituye misas de devoción a la Virgen de las Angustias y a la Virgen de la Consolazión, Virgen de los consoladores remediadora de afligidos, apareciendo estas dos advocaciones una detrás de otra en el documento. Considero que la primera debe referirse a la imagen del siglo XVI que se venera en la Catedral de León y  la segunda seguramente también estuvo relacionada con la Pulchra Leonina.

Lo que más sorprende con respecto a las Vírgenes de la ciudad de León es que, a diferencia de Oviedo, no exista devoción por ningún culto mariano anterior al siglo XVI. Parece que los sajambriegos no se identificaron con ninguna tradición religiosa medieval vinculada a la ciudad de León. Y aquí he de decir que lo mismo sucede con las advocaciones cristológicas y con el santoral registrado en las mismas fuentes: no existe ninguna santa o santo propios del calendario leonés.  Únicamente, fuera de la capital, se veneraba el Cristo de Villaquejida que, no por casualidad, es devoción e imagen de Tierra de Campos.

13.- OTRAS INFLUENCIAS


Aunque en la Edad Moderna existieron dos iglesias dedicadas a Nuestra Señora de Guadalupe en el sur de la provincia de León, como ya hemos mencionado, creo que el culto sajambriego se refiere a la Virgen extremeña, teniendo el mismo origen que las de Montserrat, Peña de Francia, Valvanera, Atocha, el Sagrario de Toledo y el Pilar de Zaragoza.

Su fundamento estaría en la popularidad que adquirieron en la España barroca las colecciones de milagros que circularon en forma de pliegos sueltos y que se leían en voz alta tanto durante los sermones y los oficios religiosos, como en otros espacios públicos. Estas colecciones de milagros marianos tienen origen en la Edad Media. Recuérdense en Castilla, las Cantigas de Santa María de Alfonso X o los Milagros de Nuestra Señora de Gonzalo de Berceo. Sin embargo, lo que llegó al público popular y mayoritariamente analfabeto de la Edad Moderna fueron versiones vulgarizadas y simplonas de colecciones previamente copiadas en manuscritos o dadas a la imprenta.

Los milagros de la Virgen cacereña de Guadalupe empezaron a recopilarse de forma manuscrita en la Baja Edad Media, pero la divulgación se alcanzó con la imprenta a partir del siglo XVI (1575 y 1596). Por eso, no extraña que la misa de devoción más antigua dedicada a la Virgen de Guadalupe en Sajambre date del año 1613. Así mismo, en 1604 se publicó la historia y milagros de la Virgen de Atocha (14), en 1614 los milagros de Nuestra Señora de la Peña de Francia y en 1627 la versión castellana de los de Nuestra Señora de Montserrat (15), que correrían igual suerte que la extremeña en la vulgarización de sus apariciones y actuaciones en el mundo.   

A lo largo del siglo XVII verán la luz muchos pliegos sueltos, formados por 2 o 4 folios, que contenían una selección de milagros marianos abreviados y en lenguaje accesible para todo tipo de oyente (muchas veces versificados), entre los que se encontraba el antecedente de la prensa periódica: las llamadas Relaciones de sucesos.

Una variedad de estas Relaciones de sucesos contenía lo que hoy tildaríamos de puro amarillismo: sucesos extraordinarios, prodigios, crímenes y atrocidades, descripción dramatizada de autos de fe, seres monstruosos, epidemias y desastres naturales, donde se entremezclaba la realidad, a menudo exagerada, con la fabulación. Entre toda esa frivolidad, se incluían milagros acaecidos gracias a la intervención de algún santo o de Nuestra Señora de Guadalupe, de la de Montserrat o de la salmantina Virgen de la Peña de Francia, cuyo culto no es anterior al siglo XVI. Tan populares fueron estas historias que llegaron a existir diferentes versiones de un mismo suceso milagroso intercambiable entre diversas Vírgenes o con cualquier otro agente sobrenatural.  No importaba demasiado, porque lo que se pretendía era encender la piedad popular y difundir modelos de comportamiento.

De hecho, todas estas ‘noticias’ fueron un vehículo de adoctrinamiento y propaganda por los contenidos subyacentes de carácter político y moral, que bajo formas de prodigios, sucesos truculentos, sensacionalismos y escenas dramatizadas en exceso calaban con rapidez entre las clases bajas fácilmente impresionables. Esta fue también la estrategia general de todo el discurso barroco y su puesta en escena (sermones, procesiones, autos de fe, teatro religioso...), utilizada para inculcar las ideas contrarreformistas en la población ‘anulando el entendimiento, cautivando los sentidos’ (16) y sirviéndose así de las pulsiones más viscerales.   

No hay duda que los sajambriegos de los siglos XVII y XVIII (que no brillaban precisamente por su cultura) consumieron milagros y martirios, transformándolos en devociones a las lejanas Vírgenes de Guadalupe, de Montserrat o de la Peña de Francia, cuyos milagros se reproducían con frecuencia en los pliegos populares de la España barroca.   

También la devoción a la madrileña y asimismo milagrera Virgen de Atocha debió estar relacionada con las Relaciones de sucesos, aunque ahora con las noticias que se publicaban sobre los miembros de la monarquía hispana.  Como se sabe, la familia real fue devota de esta imagen desde el traslado de la corte a Madrid en 1561, pasando el santuario a formar parte del patrimonio real desde 1602 e intensificándose el culto durante el siglo XVII.  

La veneración por la Virgen de Valvanera que se documenta en Sajambre desde 1675 debió tener un origen similar, ya que los hechos milagrosos atribuidos a la imagen riojana se empezaron a divulgar por las ediciones impresas de finales del siglo XVI y otras posteriores de los siglos XVII y XVIII.

Por su parte, la historia de la Virgen del Sagrario de Toledo se difundió gracias a una comedia de Pedro Calderón de la Barca, estrenada en 1637 y titulada Origen, pérdida y restauración de la Virgen del Sagrario. Su conocimiento pudo llegar a los sajambriegos a través de cualquiera de las vías que hemos ido mencionando en este artículo: homilías, sermones, lecturas oídas, sin descartar la asistencia a algún corral de comedias en sus viajes por Tierra de Campos y Castilla (Zamora, Valladolid, Segovia).   

Cuando en 1640 la Virgen del Pilar restituyó a Miguel Pellicer la pierna que este había perdido en un accidente, el hecho corrió como la pólvora por todo el reino, declarándose como milagro poco después. Fue el comienzo de la extensión del culto al Pilar por toda España. La primera mención a esta Virgen en Sajambre data del año 1677.

Como se ha podido ver, las devociones de los sajambriegos en la Edad Moderna se nutrían de cultos locales y de cultos de otras procedencias: Asturias, León, Palencia, Segovia, Ávila, Salamanca, La Rioja, Cáceres, Toledo, Zaragoza, Madrid y Cataluña. Muy propio de una ‘sociedad aislada’ ¿verdad?

Por mucha influencia que pudieran haber tenido los párrocos locales y los predicadores itinerantes, la relación de devociones marianas que coinciden exactamente con las rutas comerciales de los sajambriegos no son casualidad. Por el contrario, son muestra de un hecho muy concreto: el intercambio cultural que existió entre los sajambriegos y las tierras que frecuentaron en los siglos XVII, XVIII y en las primeras décadas del siglo XIX, que hemos observado aquí desde el punto de vista de la religiosidad popular. 

También se aprecia una gran diversidad de cultos marianos, lo que es característico de la España de la Contrarreforma. Primero, por una mayor presencia de la religiosidad en las sociedades del pasado y, segundo, por la alta difusión de las devociones marianas como resultado de las políticas eclesiásticas derivadas de las controversias teológicas con el Protestantismo. Ya el Concilio de Trento incidió en la defensa del culto a la Virgen María, pero a partir de 1600 se procedió a desarrollar intensamente la piedad mariana entre los fieles, aun a sabiendas de que muchas veces la devoción cristiana se entremezclaba con prácticas y concepciones supersticiosas.  De hecho, el culto mariano se convirtió en uno de los estandartes que diferenciaban a la Europa católica de la luterana. En términos de religión y a diferencia de las ciudades, la Ilustración influyó poco en el medio rural por situarse al margen de la cultura erudita y de las principales corrientes intelectuales.   


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NOTAS

(1) Juan Manuel Bartolomé Bartolomé, «Las actitudes religiosas colectivas ante la muerte», en Laureano M. Rubio Pérez (coord.), La Historia de León, vol. III: Edad Moderna, Universidad de León, 1999, p.478.
(2) Moisés Díaz-Caneja Piñán, Apuntes descriptivos y reseña histórica del lugar de Soto de Sajambre, manuscrito inédito, 1925-1938, p.112.
(3) Ibídem, p.113.
(4) Manuel Olano Pastor, «Fiesta y religiosidad», en Laureano M. Rubio Pérez (coord.), La Historia de León, vol. III: Edad Moderna, Universidad de León, 1999, p.455.
(5) Elena E. Rodríguez Díaz, Notas y cuadernos de notas de los Piñán, escribanos públicos de Sayambre (1659-1721), Academia de la Llingua Asturiana – Universidad d’Uviéu, 2015, p.231.
(6) Cándido Santiago Álvarez, «La advocación mariana de Nuestra Señora de la Virgen de la Guía en la villa de Santa María del Páramo (León)», Revista Folklore, 399 (2015), on line. Última consulta: 2018-11-29.
(6b) Juana M. Gil López, "Zona costera oriental. Colunga, Caravia, Ribadesella, Llanes y Ribadedeva", Liño, 4 (1983), pp.767-768.
(7) Florentino Fernández Álvarez, Santuarios marianos de Asturias, Madrid, 1990, p.45.
(8) Elena E. Rodríguez Díaz, «Carreteros y arrieros de Sajambre. El intercambio de mercancías en la montaña oriental leonesa (ss. XVI-XVIII)», Estudios Humanísticos. Historia, 14 (2015), pp.59-60.
(9) Oseja de Sajambre, Archivo Municipal, lib. 1, f. 587r.
(10) León, Archivo Histórico Diocesano, Fondo General, carp. 7, n.37, f.58v.
(11) Elena E. Rodríguez Díaz, Valdeón: Historia y colección diplomática. El occidente de Picos de Europa en la Edad Media, Real Instituto de Estudios Asturianos, Oviedo, 2000, pp. 92-93 y 214-216.
(12) Elena E. Rodríguez Díaz, «Carreteros y arrieros de Sajambre», ob. cit., pp.46-48.
(13) Manuel Olano Pastor, «Fiesta y religiosidad», en Laureano M. Rubio Pérez (coord.), La Historia de León, vol. III: Edad Moderna, Universidad de León, 1999, p.466.
(14) Jeffrey Schrader, La Virgen de Atocha. Los Austrias y las imágenes milagrosas, Ayuntamiento de Madrid, 2006, p.22.
(15) Silvia Canalda i Llobet, «La imatge barroca de la Mare de Déu de Montserrat», en S. Canalda y C. Fontcuberta (eds.), Imatge, devoció i identitat a l’época moderna (segles XVI-XVIII), Universitat Autónoma de Barcelona, 2013, p. 85.
(16) Palma Martínez-Burgos García, “Imágenes emocionadas. Devoción e identidad en la España moderna”, en S. Canalda y C. Fontcuberta (eds.), Imatge, devoció i identitat a l’época moderna (segles XVI-XVIII), Universitat Autónoma de Barcelona, 2013, p.18.