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domingo, 1 de septiembre de 2024

LAS BOLERAS SAJAMBRIEGAS ANTES DE 1830

 

Índice: 1. Un poco de historia previa. 2. Boleras de Sajambre en los documentos anteriores a 1830.  


 1. Un poco de historia previa 


El juego de bolos o de birlos, como era conocido en el pasado (así en el Brocense), hunde sus raíces en la noche de los tiempos. Artefactos encontrados en el Neolítico hacen creer en la existencia de prácticas de puntería y precisión que serían los antecedentes más remotos de este entretenimiento, con variedades que se multiplicaron sin interrupción desde el antiguo Egipto hasta tiempos recientes en todas las culturas del Mediterráneo, primero, y de la Europa germánica después, y cuyo denominador común consistía en derribar objetos a distancia lanzando bolas, que primero fueron de piedra y más tarde de madera. 

Claudine Bouzonnet-Stella y Jacques Stella, Les quilles (1667). 
Fuente: Metropolitan Museum of Art.

En España, de oeste a este y de norte a sur, existieron distintas modalidades de juego como muestran las fuentes históricas y etnográficas; y lo mismo podría decirse de una gran parte del Occidente europeo. A nosotros nos interesa el estilo que se extendió por Asturias y norte de León y que, desgraciadamente, ha dejado poco rastro en la documentación antigua. De ahí que cuando aparece alguna evidencia, resulte más valiosa. Sin embargo, aunque sus huellas escritas sean exiguas, no son inexistentes. En las fuentes judiciales puede hallarse algún que otro testimonio y, como se verá en la segunda parte de este artículo, también en otro tipo de registros históricos. 

Las variedades del juego en León y en Asturias son consideradas de origen céltico y prerromano por algunos o configuradas a lo largo de la Edad Media por otros. Aquellos que niegan su existencia en el siglo XIII basándose en su ausencia en el Libro de los juegos de Alfonso X, copiado en Sevilla en el año 1283, se equivocan en su juicio porque esta obra se dedicó a lo que podríamos calificar, grosso modo, como juegos de mesa y naturalmente los bolos quedan al margen del objeto preferente del tratado alfonsí, que el rey identificó propiamente como libros del açedrex e tablas e dados, que solían jugarse sentados. No obstante, en el prólogo se mencionan otros juegos a caballo y a pie, en ambos casos de forma sucinta y genérica como se puede comprobar: "E los otros que se fazen de pie son assí como esgremir, luchar, correr, saltar, echar piedra o dardo, ferir la pellota e otros iuegos de muchas naturas en que usan los omnes los miembros por que sean por ello más rezios e reciban alegría" (f. 1r del original escurialense).  Ese "echar piedra o dardo" es una referencia genérica a todos los juegos del siglo XIII en los que se tiraban o lanzaban piedras, pues está claro que los  dardos se lanzan a distancia, y recordemos que, en los birlos, las bolas fueron de piedra durante mucho tiempo y todavía en la Edad Media. No hay duda, por tanto, que el juego de bolos quedó incluído de manera genérica en dicha expresión. 

Las menciones documentales del siglo XIV sobre birlos en otras latitudes peninsulares insisten en su práctica en la Edad Media hispana. A partir del XVI se prodigan las alusiones tanto en documentos, como en fuentes literarias, lo que ha hecho afirmar a algunos autores que es entonces cuando se difunde verdaderamente en España el juego de bolos o birlos (1).  Sin embargo, yo me pregunto hasta qué punto esta percepción no será falsa porque con anterioridad a 1500 las fuentes escritas son numéricamente muy inferiores a las conservadas con posterioridad al siglo XVI. Por eso, al aumentar el número y la variedad de fuentes escritas en la alta Edad Moderna, aumenta también el número de hallazgos documentales sobre el juego de bolos. Esto me parece significativo y debiera hacernos relativizar las afirmaciones negativas que se han formulado sobre la Edad Media para nuestro país.   

En esta primera parte de mi artículo voy a referirme a los tres casos más antiguos que conocemos en lo que fue el territorio del antiguo Reino de León que corresponden, en este caso, a Asturias y a la provincia de León, si bien mucho más tarde, ya a finales del siglo XVIII hay algún otro caso en tierras salmantinas. El primer testimonio histórico es ovetense, data del año 1495 y ha sido ampliamente repetido desde que se diera a conocer. El segundo es leonés, ha permanecido inédito hasta el momento y está fechado en el año 1549. El tercero también es inédito, vuelve a ser asturiano y está datado en el año 1554. Como se ve, los tres son muy cercanos cronológica y geográficamente. Ninguno de ellos informa sobre modalidades técnicas concretas que puedan distinguirse en la actualidad, pero sí sobre su existencia y difusión, sobre costumbres relacionadas con el juego o su ubicación en el espacio urbano y sobre aspectos sociales y hasta económicos de dicho entretenimiento. 

1495, Oviedo. Se ha transmitido en una querella interpuesta por Alonso de Quintanilla, contador mayor de los Reyes Católicos, contra Nuño Bernaldo el 17 de julio de 1495 por un agravio acaecido durante una partida de bolos que se había jugado en el campo de San Francisco. La noticia fue dada a conocer por Uría Ríu en 1949 y completada en el año 2000 por Ruiz Alonso (2).  El ultraje que terminó ante la justicia se describe en el documento: "Estando un día del mes de abrill  deste anno de nouenta e çinco en las octavas de Pascua, estando en el campo de San Françisco, que es fuera de la çibdad de Oviedo, que es çerca del monesterio de Santa Clara, mirando cómo Nunno Bernaldo... jugando a los byrlos que dixo el dicho Nunno Bernaldo que avía meado por las armas de Alonso de Quintanilla" (3). En este testimonio consta que apostaban vino y cabritos en las partidas, y se observa algo que sigue constatándose en la documentación posterior: jugaban juntos nobles y plebeyos.   

1549, Ponferrada. Una cincuentena de años después del conocido documento ovetense, en 1549 sucedió otro altercado que terminó en pleito criminal cuando “un día domingo, que se contaran doze días del mes de mayo del dicho año, estando ellos jugando los bolos en cuerpo y sin espadas algunas, en el camino real quanto ha de Las Heras de la dicha villa para La Cruz, extramuros della...” (4). Como en el caso anterior, la partida se juega fuera de las murallas de la ciudad, pero a juzgar por lo sucedido, dicho emplazamiento no debía quedar muy lejos del convento de San Agustín. La única puerta que queda en pie de lo que fue la muralla medieval de Ponferrada se conoce hoy como el Arco de las Heras, tras el cual se encuentra la plaza del Ayuntamiento, lugar en el que se localizaba antiguamente el convento de San Agustín. Así que uno de los lugares donde los ponferradinos del siglo XVI jugaban a los bolos debía estar bastante cerca de dicha puerta.  

Lo que sucedió fue lo siguiente. Tras personarse en la partida Cristóbal de León, su criado Pedro Doria y otros vecinos, todos armados, algunos jugadores les increparon diciéndoles que “qué avían de hazer armados de diversas armas, espadas, broqueles y cascos e piedras e cotas de malla”. La reacción de los aludidos consistió en agredir a Pedro Arias, cuando este estaba “andando en el exerziçio del dicho juego, avaxándose a tomar un bolo, el dicho Antonio Hernández, haziendo lo que le avía mandado el dicho Christóval de León, le tirara con una gran pedrada, con la qual le diera en las espaldas alevosamente”. Tras la pedrada llegaron los golpes y cuchilladas con las espadas: “e una le açertara en las espaldas de que le ronpiera cuero e carne e le avía salido mucha sangre”. El documento narra cómo el tal Pedro Arias se salvó de una muerte segura gracias a la concurrencia de gente que asistía a la partida, lo que le permitió huir y refugiarse en el convento de San Agustín. 

Como dijimos, al igual que en el caso ovetense de 1495, la partida se celebraba extramuros y había en ella una gran cantidad de gente, es decir, era un juego al gusto de la población y con amplia difusión social, lo que indica tradición. Como en 1495, entre jugadores y asistentes se entremezclaban los diferentes estamentos sociales, motivo de conflictos en uno y en otro caso.   

1554, Colloto (Oviedo). Poco después de aquella infausta partida en Ponferrada se documenta otra en Santa Eulalia de Colloto, en Oviedo, donde vemos cómo los habitantes del lugar jugaban en este caso junto a las tabernas, apostaban y eran los taberneros los que guardaban los bolos.

La información procede de otro pleito, ahora contra Juan de Cimadevilla, vecino de Oviedo, por ruidos y alborotos en su taberna a causa de los que jugaban a las cartas y a los bolos y por permitir apuestas “a dos reales de fruta y vino”. Es muy interesante desde una perspectiva económica el descargo de culpas que se argumenta sobre las cantidades apostadas. Se acusa también a María de Mercado porque “siendo la tavernera pública, en su casa avía dado naypes y bolos para jugar”. Al formularse la primera acusación se especifica que “avía en frequençia juego de naypes e volos e otros géneros de juegos e visto el daño e ayuntamiento de gentes e gastos e ruydos que suçedían por los taverneros de naypes e birlos y avía estado dentro de la taverna de Juan de Cimadevilla, en anocheciendo, mucha gente jugando a los naypes e junto a la casa, otros a los volos...” (5). 

Según la acusación, ambos contravenían una real provisión sobre los juegos en las tabernas y además estaban amancebados. De esto último se defienden argumentando falsedad y mala intención porque Juan de Cimadevilla tenía más de 60 años y María de Mercado más de 75. Seguramente y como era habitual en la época, María de Mercado sería viuda y habría heredado de su marido la taberna local.

La real provisión que se menciona debió ser una de las muchas órdenes destinadas a evitar los alborotos y pendencias que este tipo de reuniones sociales traían consigo, especialmente el juego de cartas. Ya vimos hace tiempo en este mismo blog cómo en la Nochevieja de 1670, a causa de una partida de naipes en Oseja, un hijo de Tomás Díaz de la Caneja, llamado Pedro, había dado muerte a navajazos a su primo, Toribio Díaz, quien lo perdonó in articulo mortis, siendo desterrado del concejo el matador. Los casos anteriores de 1495 y 1549 son ejemplo de las disputas y problemas que podía acarrear una partida de bolos. Pero a diferencia de ellos, ahora observamos la ubicación de las boleras en el interior de la población y en la proximidad de las tabernas. La concurrencia seguía siendo nutrida. 

Aunque esta actividad lúdica no haya quedado suficientemente reflejada en los documentos del pasado, es obvio que siguió practicándose sin interrupción y en abundancia en Asturias y en León, por lo que Jovellanos aludió a su práctica en varios de sus escritos, como en la Memoria para el arreglo de la policía de los espectáculos y diversiones públicas y sobre su origen en España, de 1790, y dejó escrito que en la mayoría de los pueblos y lugares de Asturias hay siempre una bolera que es el sitio en donde se reúnen y juegan los vecinos”. Esto también es válido para Sajambre. 


2. Boleras de Sajambre en los documentos anteriores a 1830


Otra manera de documentar el juego de bolos consiste en rastrear pacientemente las delimitaciones de propiedades en contratos, transacciones y negocios diversos transmitidos en la documentación  notarial porque, de existir, las boleras podían utilizarse como referentes espaciales.  Utilizo como fuente para esta segunda parte la documentación notarial sajambriega de los escribanos públicos Gonzalo y Agustín Piñán de Cueto Luengo, José Díaz de Caldevilla y Juan Bautista Piñán. 

Lo lógico sería pensar que todos o la gran mayoría de los pueblos de Sajambre tuvieron boleras en la Edad Moderna y, desde luego, en la época de Jovellanos. Incluso en el siglo XIX y principios del XX se jugaba a los bolos en las majadas de todos los valles de Picos de Europa, práctica que sospecho más antigua. No obstante, en los documentos sajambriegos conservados de los siglos XVI, XVII, XVIII e inicios del XIX solo he encontrado boleras en Oseja y en Vierdes.    

1675, 1703, Oseja (barrio de Las Cortes). En el barrio de Las Cortes quedó el topónimo Huerta de la Bolera porque en dicho lugar se situó una de las boleras de la localidad, que se documenta en 1675. Esto no quiere decir que no pudiera ser anterior. En realidad, debió serlo. Lo que quiere decir es que en tal fecha aparece por primera vez en un registro escrito.   

Ahora bien, en ninguno de los documentos anteriores a 1830 aparece el topónimo Huerta de la Bolera tal y como existe en la actualidad. Lo que aparece es una casa o un hórreo que lindan con la bolera, con el camino de la bolera, etc. Es decir, la bolera del barrio de Las Cortes se usa como referente espacial para situar propiedades. Esto significa que dicha bolera estaba en uso.  

La noticia de 1675 procede del inventario de bienes de María de Cabrero, viuda de Pedro Díez de Viya, efectuado el 10 de septiembre. En él se dice que su casa de morada se situaba en el barrio de Las Cortes junto a los hórreos de Juan y José Bermejo, junto a la casa de los Acevedo y junto “al camino de la bolera”.  

Este camino de la bolera debía ser el mismo que conducía a los molinos de Carunde desde dicho barrio, ya que así aparece varias veces (1693, 1703, 1705, 1706) en documentos relativos a la casa más antigua de los Acevedo. La casa familiar de los Acevedo Villarroel (espero dedicarles un artículo en otra ocasión, sobre todo a los que salieron de Sajambre) o casa vieja se dividió en 1693 en cuatro partes: una pertenecía a Pedro de Acevedo y sus herederos, la segunda era de Gregorio de Acevedo y sus herederos, la tercera de María de Acevedo y de su marido, José Alonso, y la cuarta correspondió a Ana de Acevedo y a su marido, Agustín de Vega. Todo lindaba con la bolera y “con los caminos que van a los molinos de Carunde por bajo y por arriba”.   

Por esta razón, en el testamento de Pedro de Acevedo fechado en 1703 se identifica su vivienda como “la media casa de la bolera que se compone de caballeriça y pajar, bodega y portal que se partió con Juan Bermejo, y dicha casa y bodega es la parte de abajo y linda con casa y bodega de Roque Bermejo y con el camino real que ba a los molinos de Carunde”.   

En consecuencia, en el siglo XVII la bolera del barrio de Las Cortes y del adyacente barrio del Valleyo, que eran entonces, como saben bien los lectores de este blog, los emplazamientos más poblados de la villa, se situaba en medio del caserío y al borde de un camino. No era la vía principal de acceso a la localidad o camino real, como en el caso de Ponferrada, pero esta es una coincidencia que se observa en varios de los casos más antiguos.  

1812, Vierdes.  En un documento de cargo y data relativo a la actividad de Pedro Simón, vecino de Vierdes, durante la tutela de sus sobrinos menores de edad, escriturado el 2 de diciembre de 1812, en plena guerra contra los franceses, se incluyó “la huerta de la volera sita en este lugar, cerrada sobre sí, palmiento como dos carros y medio de abono, tasada en seiszientos y cinquenta reales”.  

Aquí “la bolera” vuelve a ser un referente espacial porque se escribe con minúscula, cuando a lo largo de todo el documento el escribano pone mayúsculas en los topónimos. No debe extrañar a nadie que hubiera huertas en medio de las aldeas, ya que la unidad de poblamiento sajambriego fue la de casa-hórreo-huerta, estando la última a menudo junto a las casas o en su parte trasera. Todavía quedan viviendas con esta disposición en el centro de las poblaciones del valle.  

Este Pedro pertenecía a la única familia apellidada Simón que existió en Vierdes en el siglo XIX, por lo que, si todavía quedan personas llamadas así con este origen, serán sus descendientes o de su hermano difunto, Matías Simón, ya que un tercer hermano, de nombre Toribio, se hallaba entonces prisionero en Francia al haber sido apresado en el sitio de Astorga (tendría que dedicar otro artículo a los héroes sajambriegos que fueron enviados a defender la ciudad de Astorga de los franceses). Pedro tuvo por hijos a Joaquín, Modesto e Isidoro. 

Nada más indica el documento sobre la bolera de Vierdes, pero posiblemente fue la misma que la que hoy existe en el centro de la localidad.  

1827, Oseja (barrio de Caldevilla). En la actualidad, la única bolera de Oseja se localiza en el barrio de Caldevilla, junto a la cabecera de la iglesia parroquial por un lado y frente a la Casa Piñán por otro, en lo alto del muro de contención que se construyó al edificarse la iglesia a mediados del siglo XIX, siendo inaugurada en el año 1855.  

En esta imagen de Google Maps se ve el muro de contención que rodea la iglesia de Oseja. 
Los árboles de la derecha ocultan la bolera actual. 

No sabemos con exactitud cuánto tiempo le llevó al obispo de Oviedo, Ignacio Díaz-Caneja y Sosa, construir la actual iglesia parroquial de Oseja y remodelar todo su entorno, aunque estoy convencida de que todo el proceso se podría detallar rastreando los planos y los documentos que deben conservarse, probablemente, en Oviedo. Si partimos de la creencia popular de que don Ignacio acometió la obra cuando ya era obispo, para lo que fue nombrado en 1848, habría que considerar que la nueva fábrica de la iglesia, el pórtico, el cementerio, el cercado del recinto y los muros de contención del perímetro por los lados del cementerio, de la bolera, del camino y de La Cortina debieron hacerse en esos siete años como marco cronológico general. En cambio, la noticia de una bolera en el barrio de Caldevilla es anterior a esa obra, en concreto de 1827, por lo que antes de los trabajos efectuados en la iglesia y en sus aledaños ya existía una bolera en Caldevilla. Pero, ¿dónde estaría entonces esa bolera? 

En el inventario de bienes de José Rodríguez se describe una de sus propiedades de la siguiente forma: “En la casa de avitación de el padre del difunto, donde al presente vive su hermano, Santiago Rodríguez, en el barrio de Caldevilla, a la parte que de ella pertenece a la volera y hacia la de don Juan Piñán, tiene este difunto 80 reales de vellón”.  Esta bolera es, de nuevo, un referente espacial para identificar la parte de una casa orientada hacia dicho lugar. También es un referente espacial la “casa de don Juan Piñán”, que corresponde a la casa palacio de los Piñán de Cueto Luengo. Por tanto, la propiedad de los Rodríguez se encontraba en Caldevilla, cerca de la Casa Piñán y cerca de una bolera que estaba en uso. Por exigencias del juego, el lugar tenía que ser forzosamente llano y despejado, y sabemos que entre la iglesia y la Casa Piñán pasaba el camino real que procedía del Puerto de Pontón y que al lado del palacio de los Piñán había más caserío, con hórreos y con huertas. ¿Dónde se ubicaría exactamente aquella antigua bolera? 

En la documentación conservada de la Edad Moderna no se mencionan accidentes geográficos en el entorno de la iglesia, aunque relacionado con ello debe estar el “allizaze petrinia” del documento que delimita el coto del “monasterio” altomedieval de Santa María de Oselia. Un alizace es una hoya, foso o barranca y el epíteto petrinia especifica su carácter rocoso. Antes de la remodelación del siglo XIX existió una depresión o corte natural en el terreno, con roca o pared de piedra, que más tarde se aseguró con muros de contención, bajo la cual debió construirse el templo primitivo de Santa María de Oseya. Lo que está claro es que el actual muro de contención, sobre el que está la bolera, es del siglo XIX y que lo que hoy es el pórtico que rodea toda la iglesia fue aplanado y cercado en la misma época. También son de ese tiempo los restantes lienzos de muro, casi siempre de contención. De manera que la fisonomía del terreno antes de 1848 debió ser similar a la actual, con la iglesia situada en un nivel más bajo que el del resto del caserío de Caldevilla y en un lugar rodeado, al menos en tres de sus lados, por tajos rocosos naturales, en cuyo centro se edificó la iglesia prerrománica y en 1621-1636 la capilla funeraria de Santo Domingo.  Entre dicho emplazamiento y el caserío documentado discurría el tramo del camino real que bajaba del Puerto de Pontón. Así que la antigua bolera de Caldevilla de 1827 debió ubicarse a un lado de aquel camino, si no en el mismo lugar en el que hoy se halla, no muy lejos de allí. Lo que no sé es si la construcción de la carretera actual a finales del siglo XIX le afectó de algún modo y si entre los cultivadores sajambriegos del juego tradicional de los bolos se ha transmitido algún tipo de memoria al respecto. 

La mucha población que tuvo Sajambre con anterioridad a mediados del siglo XX y Oseja en particular, explican la existencia de dos boleras en momentos concretos, sobre todo considerando la distancia que existe entre los barrios de Caldevilla y de Las Cortes. Los dos eran también lugares muy poblados, junto con el barrio de Quintana, del que no se tiene noticia de bolera propia.  

 

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NOTAS

(1) J. G. Ruiz Alonso, Estudio de los bolos en Asturias: aspectos histórico-culturales, modalidades, elementos y materiales de juego. Tesis doctoral, Universidad de Granada, 2000, pp. 53-58.

(2) J. G. Ruiz Alonso, Estudio de los bolos en Asturias, pp. 66-67. 

(3) Archivo General de Simancas, Cámara de Castilla, núm. 10. 

(4) Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, Reg. Ejecutorias, 707, 13, ff. 1r-2v.

(5) Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, Reg. Ejecutorias, 823, 21, ff. 1r-3r.

 

viernes, 4 de diciembre de 2020

LAS «FAKE NEWS» EN EL SAJAMBRE DEL SIGLO XVI Y LA LLEGADA DE LOS PIÑÁN A VALDEBURÓN

 

Eso que en la modernidad de las redes sociales se conoce con la expresión anglosajona de fake news no es otra cosa que bulos, infundios y patrañas que alimentan lo que en esta sociedad nuestra también llamamos desinformación. El cóctel que forman las noticias falsas y la manipulación constante de la realidad es lo que los filósofos han denominado (a mi parecer, de forma obscena) como “posverdad”, cuando no es más que una mentira. Vaciar de contenido y de significado las palabras que identifican conceptos importantes (como verdad, mentira, libertad, fascismo, democracia) es otra estrategia perversa del mundo actual.  

Los bulos no son solo cosa del presente. También se utilizaron en el pasado como arma política. Lo que resulta novedoso en el mundo de hoy es la enorme extensión y la gran rapidez que la desinformación llega a adquirir entre una población arrogante, mayoritariamente carente de sentido crítico que, por estar escolarizada y tener a su alcance la información inmediata de internet y de los medios de comunicación, se considera culta cuando no lo es. Esta confusión constante entre información y cultura, que campa a sus anchas en los estercoleros que son las redes sociales, es un mal tremendamente peligroso.  Un ejemplo de este peligro es la situación creada en los Estados Unidos de América tras el reciente proceso electoral, con un presidente abonado a la posverdad, por estar acostumbrado a que la mentira siempre le haya sido rentable.  Ya sabemos que es un patán integral y el mejor ejemplo que se me ocurre de que cultura y dinero no van emparejados. Pero si grave es (y mucho) que semejante ser haya sido elegido presidente de la nación más poderosa del mundo, más grave es que le haya votado una masa crédula, por ignorante, o a la que no le importa que se mienta, se manipule y se tergiverse. Lo más triste y demoledor es que no se trata solo de un mal propio de ese país americano, sino también de Europa y, por supuesto, de España. En Estados Unidos es un indicio más de la decadencia imparable en la que está inmerso el Tío Sam y en Europa, un síntoma aterrador del mundo al que nos dirigimos.  

En el pasado, la difusión de nuevas o noticias de uno u otro color fue forzosamente más lenta y limitada, pues circulaban de boca en boca y con los medios de transporte de la época.  También se difundieron mentiras y, en algunos momentos, se organizaron conspiraciones para propagar bulos que pusieran en peligro la paz de los pueblos.  

Durante su reinado, Felipe II sufrió varios atentados contra su vida y, en otras tantas ocasiones, quedó documentada la circulación de bulos, con los que sus enemigos perseguían la desestabilización política del reino.  Uno de los primeros se extendió por la Península en los últimos días del año 1563 y primeros de 1564, intentando hacer creer a la población que el monarca había sido asesinado. 

En el Archivo de la Casa Piñán se ha conservado un documento que retrata la llegada del bulo a Sajambre y las medidas que adoptaron sus autoridades ante una noticia que creyeron cierta.  El estudio de este documento y su edición íntegra han sido recientemente publicados por mí en un libro (1), de tal forma que en este caso me voy a limitar a resumir su contenido, quedando en la publicación la restante información y la transcripción íntegra del texto principal y de los añadidos.  Incluyo también en este post (no en el artículo publicado) nuevos datos sobre el linaje Piñán en Valdeburón.    

El 27 de diciembre de 1563 se levantó acta notarial en la localidad de Sames, en el concejo asturiano de Amieva, de cómo el alcalde de la Santa Hermandad y cinco sajambriegos más habían llegado a dicha población “persiguiendo a unos hombres que habían matado al rey”. 

Esos cinco sajambriegos debían ser los cuadrilleros, es decir, los miembros de la Santa Hermandad o policía de la época. Su jefe era el “alcalde de la Santa Hermandad”, cargo que se renovaba por elección todos los años a principios del mes de enero. Entre ellos había representantes de las cuatro asambleas vecinales del valle, es decir, de Oseja, Soto, Ribota y Vierdes-Pio.

Uno de los representantes de Soto fue “Piñán”, a secas, sin nombre de pila. Se trata de Gonzalo Piñán, el primero que conocemos con este nombre avecindado en Sajambre y documentado en Soto desde 1545, que no debe confundirse con otro Gonzalo Piñán que fue vecino de Polvoredo en los años 1553 y 1554.  Los documentos conservados en ambos casos no nos permiten saber si estaban emparentados, aunque lo sospecho. 

Ahora bien, si los documentos no proporcionan información directa sobre el origen del Piñán de Polvoredo, sí la dan indirecta, de tal manera que es probable que los Piñán de Polvoredo y los de  Sajambre ya estuvieran emparentados en el siglo XVI. Lo que es casi seguro es que los Piñán de Polvoredo no son originarios de dicho lugar. Lo explico.    

Del Gonzalo de Polvoredo se conservan varios documentos, entre ellos una ejecutoria del rey Carlos I, fechada en Valladolid, el 17 de junio de 1554, en la que se dice que

Gonçalo Pinan vezino del dicho lugar de Polboredoes hombre hijodalgo notorio de padre y solar conozido, debengar quinientos sueldos segúnd fuero de España… y los dichos sus padre y agüelo y cada uno de ellos en su tiempo, en los lugares donde bibieron y moraron, que estobieron syempre en posesión de hombres hijosdalgo e de no pechar ni pagar ellos, ni alguno de ellos en pedidos, ni monedas, ni en otros ningunos pechos ni tributos reales, ni conçejales e abiéndoles sido guardadas al dicho su parte y a los sus padre y agüelo todas las honrras, franquezas, esençiones e libertades que a los hotros hombres hijosdalgo suelen y deben y acostumbrar ser guardadas…

Una real ejecutoria es la sentencia final de un pleito dirimido ante el rey en última instancia. Este pleito lo fue de hidalguía y lo solicitó Gonzalo Piñán porque el concejo de Polvoredo no le reconocía su estado noble y le obligaba a pagar impuestos. Esto era habitual cuando se cambiaba de residencia de un municipio a otro. Es decir, la incoación de este pleito de hidalguía fue necesaria, posiblemente, porque este Gonzalo Piñán se había mudado a Polvoredo procedente de otro concejo. Los documentos no dicen de cuál.  

Al mismo tiempo que este Gonzalo Pinán o de Piñán vivía en Polvoredo, desde 1545 se documenta otro Gonzalo Pinán, Penán o de Piñán en Soto de Sajambre, considerado hidalgo en los padrones de 1552. El sajambriego murió entre 1584 y 1595 dejando, al menos, cinco hijos en el valle: Catalina, María, Juan, Pedro y Gonzalo. Este último vivió, casó y murió en Soto de Sajambre.

Hay tres factores que me llevan a hipotetizar un parentesco entre estos Piñanes ya en el siglo XVI. Uno es la homonimia, muy frecuente en las familias de aquella época, pudiendo ser estos dos Gonzalos primos, o tío y sobrino. El segundo factor es la peculiaridad del apellido, poco común entonces y ahora, que confluye en dos núcleos familiares asentados en lugares tan cercanos como son Polvoredo y Sajambre.  El tercero es que los dos Gonzalos fueron hidalgos notorios de solar conocido. 

Volviendo al bulo sobre el asesinato de Felipe II. Uno de los cuadrilleros que llegaron hasta Amieva fue Gonzalo Piñán, junto a otros sajambriegos que también se nombran en el documento, en seguimiento de unas personas que abían muerto al rei, nuestro señor, con sus armas. Persiguiendo a tales sospechosos llegaron hasta Sames, donde se encontraron con cuatro vecinos de Caño que venían desde el concejo de Cangas de Onís y que también se nombran. Ante el notario que levantó el acta, dejaron constancia de cómo todo el oriente de Asturias hasta Oviedo estaba ya avisado de dicha muerte.  

En el artículo explico el procedimiento policial, según las leyes de la época, que obligaba a los concejos a perseguir a los malhechores y cómo los sajambriegos lo aplicaron en este caso; me detengo también en el recorrido que se describe en el propio documento y que no fue otro que el del camino real desde Oseja hasta Sames por el puerto de Beza, donde se habla de la venta de Saúgu, convirtiéndose esta noticia en la más antigua, hasta la fundación de la ermita y del albergue de caminantes por el Arcediano casi un siglo después; y trato sobre los desgraciados a los que se debió acusar infundadamente de un crimen que, en realidad, no se había cometido. Entonces, como ahora, las noticias falsas tenían víctimas y consecuencias nefastas. No me extiendo sobre ello porque, como digo, está publicado en el mencionado trabajo.  

El bulo empezó a correr por la Península en los últimos días de diciembre de 1563. Los propios contemporáneos del hecho creyeron que se había difundido a partir de tres focos simultáneos: uno en Castilla, otro en Aragón y el tercero en Cataluña. Pero este documento demuestra que en Asturias y en el norte de León la difusión de la falsa muerte de Felipe II fue bastante anterior en el tiempo a la región levantina y que el foco castellano no debió estar muy alejado de Asturias y Valdeburón.

El desmentido del atentado no empezó a circular por España hasta los días 4 y 5 de enero de 1564. En circunstancias normales, tras conocerse el carácter falso de la noticia, el acta notarial hecha en Sames habría sido destruida por no tener validez. Pero en este caso se conservó. ¿Por qué?

El acta se levantó en Sames a petición de los sajambriegos, para que quedara constancia de que habían cumplido las leyes; y los sajambriegos se llevaron dicho documento a su concejo. El hecho de que se haya conservado en el Archivo de la Casa Piñán, con notas dorsales de Gonzalo Piñán I, indica sin ninguna duda que el acta notarial quedó en poder de dicho Gonzalo Piñán, manteniéndose en el archivo familiar de Soto, hasta que en 1636 Domingo Piñán de Cueto Luengo trasladara dicho archivo al palacio que se había hecho construir en Oseja.

¿Y por qué se lo quedaría Gonzalo Piñán si lo lógico habría sido que se lo quedara el alcalde de la Santa Hermandad, como máximo responsable policial que era?

Pues no lo sabemos, pero sospecho que porque el Piñán era la única persona alfabetizada de toda la cuadrilla.

¿Y por qué se conservó el documento en lugar de destruirse, que era lo que correspondía en tal caso?

Pues por culpa del tocino y las coricias.

El primer Gonzalo Piñán sajambriego aprovechó el espacio dejado en blanco al dorso del documento para usarlo como “libro de cuentas”, escribiendo de su propia mano varias notas contables sobre viajes a Oviedo, cebada, lechones, pucheras de vino, tocinos, coricias y otras cosas que había gastado y pagado a diferentes personas, como Sancho de Quintana o Juan Prieto.  

Estos apuntes de la economía doméstica de un sajambriego de mediados del siglo XVI permitieron la conservación de un curioso documento que, en otras circunstancias, se habría destruido.

 

NOTAS

(1) Elena E. Rodríguez Díaz, “El bulo de la muerte de Felipe II (1563) en el oriente de Asturias y norte de León”, en Elena E. Rodríguez Díaz y Antonio C. García Martínez (eds.), Historia y Archivos. Estudios en homenaje a Dña. Remedios Rey de las Peñas, Universidad de Huelva, 2020, pp. 297-309.   

jueves, 14 de junio de 2018

LOS CAMINOS HISTÓRICOS DE SAJAMBRE: PERIODIZACIÓN DE LAS OBRAS EN LA SENDA DEL ARCEDIANO


Gracias a las fuentes escritas que vamos reuniendo, cada vez podemos documentar mejor los caminos históricos que cruzaban Sajambre y la parte leonesa de lo que hoy es el Parque Nacional de Picos de Europa. En esta ocasión, vamos a centrarnos en una parte del antiguo Camino Real, que se conoce como Senda del Arcediano, por haber sido remodelada por el arcediano de la catedral de Oviedo, llamado Pedro Díaz de Oseja (c.1580-1665). 

No voy a referirme a la historia de dicho camino real, por haberlo hecho en otros lugares. Lo que voy a hacer ahora es una síntesis de lo que vamos sabiendo sobre el tramo mencionado.

PRIMERA ETAPA: ANTES DE 1642  


En su testamento del año 1665, don Pedro Díaz de Oseja manifestaba que él ya había gastado parte de su fortuna en arreglar los caminos principales que atravesaban su Sajambre natal. Los documentos conservados confirman estas palabras. Sabemos que las obras de lo que, con el tiempo, se habría de llamar Senda del Arcediano se habían iniciado antes del año 1642 y que, para entonces, se estaba trabajando en el término del concejo de Amieva (Asturias), junto a la majada de Saúgu.

En dicho lugar existió una venta desde el siglo XVI, pero en aquella fecha de 1642 el Arcediano costeaba la construcción de una hospedería para caminantes y la capilla anexa, dedicada a la Virgen María, que se documenta a partir de 1642 y que seguía existiendo a mediados del siglo XVIII. El albergue y la capilla ya estaban terminados a finales del mes de septiembre de 1642.

SEGUNDA ETAPA: 1643-1701  


Consta que en el año 1643 se estaba trabajando en el término de Soto de Sajambre y que la mano de obra era local. Es decir, que los vecinos de dicho lugar colaboraron en el empedrado y remodelación del camino real a su paso por dichas tierras. 

En los 58 años que mediaron entre 1643 y 1701 se avanzó en la obra comprendida entre los términos de Soto y los de Berrunde, ya en Oseja. Dicho de otra manera, se tardó 58 años en cubrir la distancia entre Beza/Soto y la Portilla de Berrunde. Como se verá, tal cantidad de años no fue producto solo de las dificultades de la orografía, sino especialmente de la resistencia de los canónigos de la catedral de Oviedo a financiar las obras.  

TERCERA ETAPA: 1701-1708  


En el año 1701, el Concejo de Sajambre contrata a un perito de cantería para trabajar en las pedreras de Berrunde, en concreto, para continuar la obra entre la Portilla de Berrunde y Los Trabanzos. Este perito de cantería era de Llanes (Asturias) y se llamaba Martín Sánchez del Toro. Los sajambriegos le pagaban 3’5 reales por cada braza al cuadrado (1). No puede saberse si los sajambriegos tuvieron capacidad para costear un total de 82’85 brazas anuales, a partir del presupuesto que poseían de 220 reales al año, ya que en esa financiación había que incluir también el coste del trabajo en el camino del Beyo que se realizaba simultáneamente al del camino real. 

Del documento se deduce que este “perito” trabajaba con más gente, seguramente ayudantes y aprendices. Por documentos posteriores sabemos que la mano de obra no cualificada estuvo formada por vecinos del concejo de Sajambre, lo que confirma lo detectado en el documento de 1643.  Una vez terminado el trabajo de empedrado, este debía ser inspeccionado por «personas peritas del oficio o las que el concejo nombrare».   

El problema fue que los albaceas testamentarios del Arcediano, que fueron los canónigos de la catedral de Oviedo, se retrasaban en el libramiento de los 20 ducados de vellón anuales (220 reales) que estaban obligados a enviar a Sajambre para la obra de los caminos. En el mes de junio de 1708, la catedral de Oviedo debía a Sajambre 180 ducados, es decir, el equivalente a 9 años. La petición que el notario público del Número, Agustín Piñán de Cueto Luengo, traslada a los señores canónigos, en representación de los vecinos de Sajambre y que se ha conservado en el archivo de su familia, permite conocer la parte del camino en la que se estaba trabajando desde el año 1701: «desde la Portilla que llaman de Berrunde hasta el collado do dizen Los Trabanzos».   


CUARTA ETAPA: DESPUÉS DE 1708 


El 24 de junio de 1708 todavía no se había llegado a Los Trabanzos. Hacía ya 43 años que había muerto el Arcediano y más de 66 años desde que se habían iniciado los trabajos de remodelación del camino real.  Desde Los Trabanzos al Collado de Pontón quedaba todavía un buen trecho que, además, tenía bastante dificultad por el desnivel que debía salvarse.

Hay que recordar que en el presupuesto disponible se debía incluir el trabajo en el camino del Beyo, lo que ralentizaba el avance de la obra en la Senda del Arcediano. No obstante, en el año 1708, el camino del Beyo estaba casi terminado, a falta tan solo de un puente.

Si a todo esto se suma que los canónigos de la catedral de Oviedo solían demorarse en los pagos, no sería nada arriesgado suponer que esta obra caminera sufriera varios retrasos.  Por tanto, no me extrañaría que lo que hoy se conoce como Senda del Arcediano tardara alrededor de un siglo en concluirse.

Por último, toda la obra que hoy se observa y se conserva a lo largo de este tramo, es decir, entre el Collado de Angón y el Collado de Pontón, data de esta remodelación descrita. Dado el estado actual de la investigación, no creo que pueda detectarse en la Senda del Arcediano nada anterior a la Edad Moderna. Del camino medieval no debe quedar nada. Para buscar indicios materiales anteriores al siglo XVII se debe investigar en tramos de este camino real diferentes al sajambriego. 


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NOTAS


(1) El documento dice claramente “braza”. Está editado en Elena E. Rodríguez Díaz, “La Senda del Arcediano y el camino del Beyo: nuevos documentos para su historia”, Boletín de Letras del Real Instituto de Estudios Asturianos, 175-176 (Oviedo, 2010), pp.95-116. También se habla del camino real en Elena E. Rodríguez Díaz, “Carreteros y arrieros de Sajambre. El intercambio de mercancías en la Montaña Oriental leonesa (ss. XVI-XVIII)”, Estudios Humanísticos. Historia, 14 (León, 2015), pp.39-71.

martes, 24 de enero de 2017

SOBRE LA CONSTRUCCIÓN DE LA CARRETERA DE LOS BEYOS, LA ESCUELA DE OSEJA Y LOS ACCESOS A BEZA



1.     Sobre la construcción de la carretera del Desfiladero de los Beyos.


En el Archivo de la Casa Piñán se conserva un documento fechado en Sames (Amieva), el 12 de septiembre de 1871, escrito y firmado por José María Carbajal, que nos permite datar con exactitud la construcción de la carretera que atraviesa el Desfiladero de los Beyos (Asturias-León), en el tramo comprendido entre Vidosa (Ponga) y Cobarcil (Sajambre).

El documento se inicia así:

Inventario general de las herramientas y efectos que existen en la casa de las obras de los trozos 11 y 12 de la carretera de Sahagún, pertenecientes a la Sociedad Crédito Leonés, con expresión de sus precios para la venta”.  

Esta lista se extiende a lo largo de dos cuartillas de papel, apaisadas y cosidas entre sí, donde se enumeran los utensilios con sus cantidades y calidades. Lo que no se llegó a apuntar fueron los precios para la venta, como se dice en el encabezamiento. Al haberse conservado entre los papeles antiguos de los Piñán, es probable que esta familia comprara, al menos, una parte del  material que aquí aparece. 

Tales tramos corresponden a los trayectos de Puente Vidosa al Puente Angoyo (el 11), en el Principado de Asturias, y del Puente Angoyo a Cobarcil (el 12), ya en el concejo de Sajambre. Es decir, estas cuatro páginas describen las herramientas que se utilizaron para tallar en la peña la carretera que atraviesa el Desfiladero de los Beyos y para construir los puentes de piedra que van salvando el curso del río Sella/Seya, que hasta entonces eran de madera.

Carretera N-625 a su paso por el Desfiladero de los Beyos. Fuente: la autora. 

Carretera N-625 a su paso por el Desfiladero de los Beyos. Fuente: la autora.

 
Sabemos que el proyecto final de estos tramos se redactó en el año 1861, que en 1864 (no antes de agosto) se adjudicó la contrata de la obra, que en 1866 ya se estaba trabajando y que a principios de septiembre de 1871 una parte de la obra ya estaba terminada. 

Entre las piezas que se enumeran aparecen fraguas portátiles, yunques y martillos, llaves inglesas, tenazas, limas, punzones y clavos, “ciento diez y nueve arrobas de tornillaje bueno de diferentes tamaños” (1 tonelada y 349’34 kilos), maromas, cadenas, escuadras, una angarilla, atacadores, cubos, poleas de madera, cuñas, barras y varillas de hierro, barrenos, azadas, palas, picachones, “cuatro aros de hierro de sujetar cambas de ruedas de carro”, cojinetes para la grúa, siete “ruedas con sus ejes para whagón”, “dos ruedas grandes de hierro para carro”, media tonelada de llanta, una rueda de afilar, 12 arrobas de acero (136 kg), ejes, 18 arrobas de hierro (204 kg), un tronzador, ganchos, cestos, un carro grande y otro mediano, 50 tablas de roble de 2’10 mts de largo, “madera de las cimbras de Belganza” (hoy Puente Berganza), “madera de las cimbras de La Huera”, tres botellones de ácido sulfúrico, “una casa de piso bajo y principal de 15 mts de largo por 7’30 de ancho (mediana)” o “una chabola piso terreno de 12 mts de largo por 6’60 de ancho (ruinosa)”.  Todo en buen, mediano y mal estado. 

La sociedad financiera que se menciona, Crédito Leonés, fue la adjudicataria de la contrata, lo que sucede en el año 1864, poco después de la fundación y autorización  de esta sociedad bancaria leonesa (1). 

2.     Sobre la construcción de la nueva escuela de Oseja.


La enseñanza de las primeras letras está documentada en Oseja desde el año 1662. El primer lugar donde se impartió clase fue la Casa Piñán e Isidro Piñán de Cueto Luengo, uno de los hijos del comisario (2), fue el primer maestro conocido.

Algunos años después, en su testamento de 1665, Pedro Díaz de Oseja fundaba y dotaba una escuela elemental junto a su casa del barrio de Las Cortes, que ya funcionaba en el año 1667 y cuyo primer maestro fue José Díaz de Caldevilla, pariente del fundador. Este local siguió en uso para dicho fin hasta que se edificó la nueva escuela de Oseja a principios del siglo XX.

Dicha construcción fue una consecuencia de la aplicación del Real Decreto de 16 de noviembre de 1906, redactado durante la época en la que Amalio Gimeno y Cabañas (1852-1936) fue ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes. La ley disponía la creación gradual de nuevas escuelas de primera enseñanza, a razón de un máximo de mil por año. Los ayuntamientos debían aportar locales e instalaciones (3) y, con el tiempo, se facilitaron subvenciones para aquellos lugares, sin medios suficientes, en los que se debían construir escuelas de nueva planta.

Este fue el caso de Oseja de Sajambre y la prensa histórica nos facilita los datos (4). En diciembre de 1910, el rotativo La Educación hizo pública la tramitación del expediente para la concesión de ayudas a dicho efecto. Oseja aparece en el documento.


 Fuente: Biblioteca Nacional de España.


A finales de agosto de 1913, la Gaceta de Instrucción Pública y Bellas Artes, publicaba la relación de Ayuntamientos favorecidos con ayudas públicas para la construcción de escuelas de Primera Enseñanza, entre los que estaba Oseja de Sajambre.


 Fuente: Biblioteca Nacional de España. Nótese el Peñameyera escrito con /y/.


Soto tenía escuela (de fundación privada) desde 1907 y, aunque en Oseja había maestro, las clases seguían impartiéndose –como se ha dicho- en el viejo edificio del barrio de Las Cortes. Lo sabemos con certeza porque se conserva una fotografía, de los últimos años del siglo XIX o de principios del siglo XX, presidida por el maestro Isidoro Alcalde Miguel, que falleció en el año 1910 (5).

De manera que la construcción de los edificios destinados a la escuela de Oseja, todavía utilizados a día de hoy, debió terminarse después de 1913.

3.     Sobre los accesos a Beza y Carombo


En el Archivo de la Casa Piñán se conserva un poder especial otorgado por el concejo de Sajambre a Pedro Gómez, vecino de Ribota, a Alejandro Piñán, vecino de Oseja, y a Tomás Alonso, vecino de Burón, para que representaran a Sajambre en el pleito que se mantenía con el concejo de Valdeón sobre el acceso a la Collada de Beza. La disputa se hallaba en segunda instancia, al haber apelado los de Valdeón al merino mayor de Valdeburón, por lo que hay que suponer una primera sentencia desfavorable a Valdeón emitida por el juez ordinario de Sajambre.

La carta de poder fue hecha en Oseja, el 8 de marzo de 1806, ante Fulgencio Raimundo Pesquera Pérez de Prado, “escribano público del número y Ayuntamiento del Real Concejo de Baldeón por su Majestad, que Dios guarde, avilitado para actuar en el de Sajambre, según Real Provisión que obra en mi oficio y rexistro de escrituras públicas del año pasado próximo”. 

Los otorgantes son los miembros del Ayuntamiento de Sajambre en 1806, “salvo el medio tercio de Vierdes y Pio”, o sea, el juez ordinario, Pedro Simón, Don José Díaz de la Caneja y Sosa, Isidoro de Martino y Gregorio Fernández, regidores, “pero con la advertencia que el Gregorio solo otorga por sí y por el lugar de Rivota, que es el medio tercio de Allende la Agua”;  Don José Antonio Díaz de la Caneja, Blas Díez y Manuel de Bulnes, diputados por el tercio de Oseja; Cayetano  Blanco, Thomás de la Caneja e Ignacio de Posada, diputados por el tercio de Soto; Pedro Gómez y Francisco de Granda, diputados por el lugar de Ribota; y Domingo de Granda, por sí y como procurador síndico general del concejo. 

Según estos sajambriegos, el motivo de la demanda de Valdeón contra Sajambre era “la composición de una senda que figura deben existir y trabesar por las Cuestas de la Olla de este concejo a la Collada de Veza, cuya composición nunca ha sido, ni debe ser de cargo de los otorgantes, ni su representado vecindario, ni menos se debe tener por camino cruzero, ni de las qualidades que figuran los vecinos de Baldeón. Y quando debiera merecer el camino, digo nombre de vereda o trocha transitable, que se niega, nunca debe el vecindario de Sajambre contribuir a compostura ni aderezo alguno que pueda necesitar”. 

Por lo que se ve, parece que los vecinos de Valdeón habían denunciado a los de Sajambre por no querer arreglar el sendero que iba por El Olla o Loya en dirección a la Collada de Beza, asignándole los de Valdeón la categoría de camino cuando, a decir de los sajambriegos, no era otra cosa que una vereda o trocha.   

La ruta debía ser utilizada por los vecinos de Valdeón para enlazar en la Collada de Beza con el camino real que se dirigía a Asturias, tras entrar en Sajambre por El Frade desde la Vega de Llos. Pero seguramente también les servía para acceder y transitar por Carombo. No en vano por allí tenían derecho de paso los vecinos de Amieva para llegar desde Beza al lugar mancomunado entre estos tres concejos que fue Monte Carombo, lo que hacían a través de El Olla/Loya y el Camín de los Rocinos (6):

Yten declaramos que los vecinos de Amieva an de tener paso para sus ganados mayores desde Beza a Barcinera por la Olla, desde el día veynte de mayo de cada año asta el de San Martino, y se entiende todo el concejo de Amieva, con advertencia de que en el término común de Valdeón y Sajambre no se podrán prendar hasta pasadas de seis cavezas de Amieva que anden desmandadas o sin pastor” (7).  

Los sajambriegos se niegan en rotundo a reparar y mejorar la senda del Olla/Loya, así como a considerar el lugar como camino crucero 

Como sucede a menudo con la documentación judicial que conserva el Archivo de la Casa Piñán, nos quedamos sin conocer el desenlace del pleito. Pero los conflictos por el estado de los caminos y la construcción de otros nuevos en la zona continuó, al menos, hasta el 7 de octubre de 1920, cuando se registra una sentencia de la Jefatura del Distrito Forestal de León contra el alcalde de Posada de Valdeón

con motivo de la construcción arbitraria de un camino en el monte de Gichello, nº 490 del Catálogo de los de Utilidad pública de esta provincia, en el que se declara que este monte pertenece exclusivamente a los pueblos del Ayuntamiento de Oseja de Sajambre” (8).


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NOTAS
(1) Sobre el precedente de la banca leonesa que fue la Sociedad de Crédito Leonés, ver J. J. Porras, J. Cayón, J. Courel y H. Keudell, Empresas y emprendedores leoneses, León, 2006. Edición digital: Fundación Saber.es.
(2) Me refiero al comisario de la Inquisición, Domingo Piñán de Cueto Luengo (h.1590-1652), cura de Oseja y Soto entre 1621 y 1652. Sobre su vida y los cinco hijos que tuvo, ver E. E. Rodríguez Díaz, Prácticas de escritura de un párroco rural leonés del siglo XVII. El Libro de Difuntos de Domingo Piñán, Sevilla, 2016, pp.19-35. Sobre Isidro Piñán y su actividad como maestro, barbero, escribiente, clérigo y notario apostólico, ver E. E. Rodríguez Díaz, Notas y cuadernos de notas de los Piñán, escribanos públicos de Sayambre (1659-1721), Oviedo, 2015, pp.21-22.
(3) A. Jiménez-Landi Martínez,  La Institución Libre de Enseñanza y su ambiente, Madrid, 1996,  pp.27-28.
(4) Madrid, Biblioteca Nacional de España: Hemeroteca Digital.
(5) Alcalá de Henares, Archivo General de la Administración, Ministerio de Hacienda, exp. PF-207.
(6) El Camino de los Rocinos es una castellanización clara. En cambio, los documentos sajambriegos lo expresan en un correcto leonés: El Camín de los Rocinos.
(7) Oseja de Sajambre, Archivo del Ayuntamiento, Sentencia arbitral fechada en Vegabaño, el 9 de agosto de 1800, f.5r. Transmitida como copia notarial hecha ante el escribano público de Burón, Juan Bautista Gómez de Caso, y fechada en Lario, el 24 de noviembre de 1801 (ff.1r-12r). Forman parte de un expediente de 21 folios con 11 documentos de 1800-1869.
(8) Oseja de Sajambre, Archivo del Ayuntamiento, Actas de deslindes municipales de 1927-1928, f.10v.