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domingo, 1 de septiembre de 2024

LAS BOLERAS SAJAMBRIEGAS ANTES DE 1830

 

Índice: 1. Un poco de historia previa. 2. Boleras de Sajambre en los documentos anteriores a 1830.  


 1. Un poco de historia previa 


El juego de bolos o de birlos, como era conocido en el pasado (así en el Brocense), hunde sus raíces en la noche de los tiempos. Artefactos encontrados en el Neolítico hacen creer en la existencia de prácticas de puntería y precisión que serían los antecedentes más remotos de este entretenimiento, con variedades que se multiplicaron sin interrupción desde el antiguo Egipto hasta tiempos recientes en todas las culturas del Mediterráneo, primero, y de la Europa germánica después, y cuyo denominador común consistía en derribar objetos a distancia lanzando bolas, que primero fueron de piedra y más tarde de madera. 

Claudine Bouzonnet-Stella y Jacques Stella, Les quilles (1667). 
Fuente: Metropolitan Museum of Art.

En España, de oeste a este y de norte a sur, existieron distintas modalidades de juego como muestran las fuentes históricas y etnográficas; y lo mismo podría decirse de una gran parte del Occidente europeo. A nosotros nos interesa el estilo que se extendió por Asturias y norte de León y que, desgraciadamente, ha dejado poco rastro en la documentación antigua. De ahí que cuando aparece alguna evidencia, resulte más valiosa. Sin embargo, aunque sus huellas escritas sean exiguas, no son inexistentes. En las fuentes judiciales puede hallarse algún que otro testimonio y, como se verá en la segunda parte de este artículo, también en otro tipo de registros históricos. 

Las variedades del juego en León y en Asturias son consideradas de origen céltico y prerromano por algunos o configuradas a lo largo de la Edad Media por otros. Aquellos que niegan su existencia en el siglo XIII basándose en su ausencia en el Libro de los juegos de Alfonso X, copiado en Sevilla en el año 1283, se equivocan en su juicio porque esta obra se dedicó a lo que podríamos calificar, grosso modo, como juegos de mesa y naturalmente los bolos quedan al margen del objeto preferente del tratado alfonsí, que el rey identificó propiamente como libros del açedrex e tablas e dados, que solían jugarse sentados. No obstante, en el prólogo se mencionan otros juegos a caballo y a pie, en ambos casos de forma sucinta y genérica como se puede comprobar: "E los otros que se fazen de pie son assí como esgremir, luchar, correr, saltar, echar piedra o dardo, ferir la pellota e otros iuegos de muchas naturas en que usan los omnes los miembros por que sean por ello más rezios e reciban alegría" (f. 1r del original escurialense).  Ese "echar piedra o dardo" es una referencia genérica a todos los juegos del siglo XIII en los que se tiraban o lanzaban piedras, pues está claro que los  dardos se lanzan a distancia, y recordemos que, en los birlos, las bolas fueron de piedra durante mucho tiempo y todavía en la Edad Media. No hay duda, por tanto, que el juego de bolos quedó incluído de manera genérica en dicha expresión. 

Las menciones documentales del siglo XIV sobre birlos en otras latitudes peninsulares insisten en su práctica en la Edad Media hispana. A partir del XVI se prodigan las alusiones tanto en documentos, como en fuentes literarias, lo que ha hecho afirmar a algunos autores que es entonces cuando se difunde verdaderamente en España el juego de bolos o birlos (1).  Sin embargo, yo me pregunto hasta qué punto esta percepción no será falsa porque con anterioridad a 1500 las fuentes escritas son numéricamente muy inferiores a las conservadas con posterioridad al siglo XVI. Por eso, al aumentar el número y la variedad de fuentes escritas en la alta Edad Moderna, aumenta también el número de hallazgos documentales sobre el juego de bolos. Esto me parece significativo y debiera hacernos relativizar las afirmaciones negativas que se han formulado sobre la Edad Media para nuestro país.   

En esta primera parte de mi artículo voy a referirme a los tres casos más antiguos que conocemos en lo que fue el territorio del antiguo Reino de León que corresponden, en este caso, a Asturias y a la provincia de León, si bien mucho más tarde, ya a finales del siglo XVIII hay algún otro caso en tierras salmantinas. El primer testimonio histórico es ovetense, data del año 1495 y ha sido ampliamente repetido desde que se diera a conocer. El segundo es leonés, ha permanecido inédito hasta el momento y está fechado en el año 1549. El tercero también es inédito, vuelve a ser asturiano y está datado en el año 1554. Como se ve, los tres son muy cercanos cronológica y geográficamente. Ninguno de ellos informa sobre modalidades técnicas concretas que puedan distinguirse en la actualidad, pero sí sobre su existencia y difusión, sobre costumbres relacionadas con el juego o su ubicación en el espacio urbano y sobre aspectos sociales y hasta económicos de dicho entretenimiento. 

1495, Oviedo. Se ha transmitido en una querella interpuesta por Alonso de Quintanilla, contador mayor de los Reyes Católicos, contra Nuño Bernaldo el 17 de julio de 1495 por un agravio acaecido durante una partida de bolos que se había jugado en el campo de San Francisco. La noticia fue dada a conocer por Uría Ríu en 1949 y completada en el año 2000 por Ruiz Alonso (2).  El ultraje que terminó ante la justicia se describe en el documento: "Estando un día del mes de abrill  deste anno de nouenta e çinco en las octavas de Pascua, estando en el campo de San Françisco, que es fuera de la çibdad de Oviedo, que es çerca del monesterio de Santa Clara, mirando cómo Nunno Bernaldo... jugando a los byrlos que dixo el dicho Nunno Bernaldo que avía meado por las armas de Alonso de Quintanilla" (3). En este testimonio consta que apostaban vino y cabritos en las partidas, y se observa algo que sigue constatándose en la documentación posterior: jugaban juntos nobles y plebeyos.   

1549, Ponferrada. Una cincuentena de años después del conocido documento ovetense, en 1549 sucedió otro altercado que terminó en pleito criminal cuando “un día domingo, que se contaran doze días del mes de mayo del dicho año, estando ellos jugando los bolos en cuerpo y sin espadas algunas, en el camino real quanto ha de Las Heras de la dicha villa para La Cruz, extramuros della...” (4). Como en el caso anterior, la partida se juega fuera de las murallas de la ciudad, pero a juzgar por lo sucedido, dicho emplazamiento no debía quedar muy lejos del convento de San Agustín. La única puerta que queda en pie de lo que fue la muralla medieval de Ponferrada se conoce hoy como el Arco de las Heras, tras el cual se encuentra la plaza del Ayuntamiento, lugar en el que se localizaba antiguamente el convento de San Agustín. Así que uno de los lugares donde los ponferradinos del siglo XVI jugaban a los bolos debía estar bastante cerca de dicha puerta.  

Lo que sucedió fue lo siguiente. Tras personarse en la partida Cristóbal de León, su criado Pedro Doria y otros vecinos, todos armados, algunos jugadores les increparon diciéndoles que “qué avían de hazer armados de diversas armas, espadas, broqueles y cascos e piedras e cotas de malla”. La reacción de los aludidos consistió en agredir a Pedro Arias, cuando este estaba “andando en el exerziçio del dicho juego, avaxándose a tomar un bolo, el dicho Antonio Hernández, haziendo lo que le avía mandado el dicho Christóval de León, le tirara con una gran pedrada, con la qual le diera en las espaldas alevosamente”. Tras la pedrada llegaron los golpes y cuchilladas con las espadas: “e una le açertara en las espaldas de que le ronpiera cuero e carne e le avía salido mucha sangre”. El documento narra cómo el tal Pedro Arias se salvó de una muerte segura gracias a la concurrencia de gente que asistía a la partida, lo que le permitió huir y refugiarse en el convento de San Agustín. 

Como dijimos, al igual que en el caso ovetense de 1495, la partida se celebraba extramuros y había en ella una gran cantidad de gente, es decir, era un juego al gusto de la población y con amplia difusión social, lo que indica tradición. Como en 1495, entre jugadores y asistentes se entremezclaban los diferentes estamentos sociales, motivo de conflictos en uno y en otro caso.   

1554, Colloto (Oviedo). Poco después de aquella infausta partida en Ponferrada se documenta otra en Santa Eulalia de Colloto, en Oviedo, donde vemos cómo los habitantes del lugar jugaban en este caso junto a las tabernas, apostaban y eran los taberneros los que guardaban los bolos.

La información procede de otro pleito, ahora contra Juan de Cimadevilla, vecino de Oviedo, por ruidos y alborotos en su taberna a causa de los que jugaban a las cartas y a los bolos y por permitir apuestas “a dos reales de fruta y vino”. Es muy interesante desde una perspectiva económica el descargo de culpas que se argumenta sobre las cantidades apostadas. Se acusa también a María de Mercado porque “siendo la tavernera pública, en su casa avía dado naypes y bolos para jugar”. Al formularse la primera acusación se especifica que “avía en frequençia juego de naypes e volos e otros géneros de juegos e visto el daño e ayuntamiento de gentes e gastos e ruydos que suçedían por los taverneros de naypes e birlos y avía estado dentro de la taverna de Juan de Cimadevilla, en anocheciendo, mucha gente jugando a los naypes e junto a la casa, otros a los volos...” (5). 

Según la acusación, ambos contravenían una real provisión sobre los juegos en las tabernas y además estaban amancebados. De esto último se defienden argumentando falsedad y mala intención porque Juan de Cimadevilla tenía más de 60 años y María de Mercado más de 75. Seguramente y como era habitual en la época, María de Mercado sería viuda y habría heredado de su marido la taberna local.

La real provisión que se menciona debió ser una de las muchas órdenes destinadas a evitar los alborotos y pendencias que este tipo de reuniones sociales traían consigo, especialmente el juego de cartas. Ya vimos hace tiempo en este mismo blog cómo en la Nochevieja de 1670, a causa de una partida de naipes en Oseja, un hijo de Tomás Díaz de la Caneja, llamado Pedro, había dado muerte a navajazos a su primo, Toribio Díaz, quien lo perdonó in articulo mortis, siendo desterrado del concejo el matador. Los casos anteriores de 1495 y 1549 son ejemplo de las disputas y problemas que podía acarrear una partida de bolos. Pero a diferencia de ellos, ahora observamos la ubicación de las boleras en el interior de la población y en la proximidad de las tabernas. La concurrencia seguía siendo nutrida. 

Aunque esta actividad lúdica no haya quedado suficientemente reflejada en los documentos del pasado, es obvio que siguió practicándose sin interrupción y en abundancia en Asturias y en León, por lo que Jovellanos aludió a su práctica en varios de sus escritos, como en la Memoria para el arreglo de la policía de los espectáculos y diversiones públicas y sobre su origen en España, de 1790, y dejó escrito que en la mayoría de los pueblos y lugares de Asturias hay siempre una bolera que es el sitio en donde se reúnen y juegan los vecinos”. Esto también es válido para Sajambre. 


2. Boleras de Sajambre en los documentos anteriores a 1830


Otra manera de documentar el juego de bolos consiste en rastrear pacientemente las delimitaciones de propiedades en contratos, transacciones y negocios diversos transmitidos en la documentación  notarial porque, de existir, las boleras podían utilizarse como referentes espaciales.  Utilizo como fuente para esta segunda parte la documentación notarial sajambriega de los escribanos públicos Gonzalo y Agustín Piñán de Cueto Luengo, José Díaz de Caldevilla y Juan Bautista Piñán. 

Lo lógico sería pensar que todos o la gran mayoría de los pueblos de Sajambre tuvieron boleras en la Edad Moderna y, desde luego, en la época de Jovellanos. Incluso en el siglo XIX y principios del XX se jugaba a los bolos en las majadas de todos los valles de Picos de Europa, práctica que sospecho más antigua. No obstante, en los documentos sajambriegos conservados de los siglos XVI, XVII, XVIII e inicios del XIX solo he encontrado boleras en Oseja y en Vierdes.    

1675, 1703, Oseja (barrio de Las Cortes). En el barrio de Las Cortes quedó el topónimo Huerta de la Bolera porque en dicho lugar se situó una de las boleras de la localidad, que se documenta en 1675. Esto no quiere decir que no pudiera ser anterior. En realidad, debió serlo. Lo que quiere decir es que en tal fecha aparece por primera vez en un registro escrito.   

Ahora bien, en ninguno de los documentos anteriores a 1830 aparece el topónimo Huerta de la Bolera tal y como existe en la actualidad. Lo que aparece es una casa o un hórreo que lindan con la bolera, con el camino de la bolera, etc. Es decir, la bolera del barrio de Las Cortes se usa como referente espacial para situar propiedades. Esto significa que dicha bolera estaba en uso.  

La noticia de 1675 procede del inventario de bienes de María de Cabrero, viuda de Pedro Díez de Viya, efectuado el 10 de septiembre. En él se dice que su casa de morada se situaba en el barrio de Las Cortes junto a los hórreos de Juan y José Bermejo, junto a la casa de los Acevedo y junto “al camino de la bolera”.  

Este camino de la bolera debía ser el mismo que conducía a los molinos de Carunde desde dicho barrio, ya que así aparece varias veces (1693, 1703, 1705, 1706) en documentos relativos a la casa más antigua de los Acevedo. La casa familiar de los Acevedo Villarroel (espero dedicarles un artículo en otra ocasión, sobre todo a los que salieron de Sajambre) o casa vieja se dividió en 1693 en cuatro partes: una pertenecía a Pedro de Acevedo y sus herederos, la segunda era de Gregorio de Acevedo y sus herederos, la tercera de María de Acevedo y de su marido, José Alonso, y la cuarta correspondió a Ana de Acevedo y a su marido, Agustín de Vega. Todo lindaba con la bolera y “con los caminos que van a los molinos de Carunde por bajo y por arriba”.   

Por esta razón, en el testamento de Pedro de Acevedo fechado en 1703 se identifica su vivienda como “la media casa de la bolera que se compone de caballeriça y pajar, bodega y portal que se partió con Juan Bermejo, y dicha casa y bodega es la parte de abajo y linda con casa y bodega de Roque Bermejo y con el camino real que ba a los molinos de Carunde”.   

En consecuencia, en el siglo XVII la bolera del barrio de Las Cortes y del adyacente barrio del Valleyo, que eran entonces, como saben bien los lectores de este blog, los emplazamientos más poblados de la villa, se situaba en medio del caserío y al borde de un camino. No era la vía principal de acceso a la localidad o camino real, como en el caso de Ponferrada, pero esta es una coincidencia que se observa en varios de los casos más antiguos.  

1812, Vierdes.  En un documento de cargo y data relativo a la actividad de Pedro Simón, vecino de Vierdes, durante la tutela de sus sobrinos menores de edad, escriturado el 2 de diciembre de 1812, en plena guerra contra los franceses, se incluyó “la huerta de la volera sita en este lugar, cerrada sobre sí, palmiento como dos carros y medio de abono, tasada en seiszientos y cinquenta reales”.  

Aquí “la bolera” vuelve a ser un referente espacial porque se escribe con minúscula, cuando a lo largo de todo el documento el escribano pone mayúsculas en los topónimos. No debe extrañar a nadie que hubiera huertas en medio de las aldeas, ya que la unidad de poblamiento sajambriego fue la de casa-hórreo-huerta, estando la última a menudo junto a las casas o en su parte trasera. Todavía quedan viviendas con esta disposición en el centro de las poblaciones del valle.  

Este Pedro pertenecía a la única familia apellidada Simón que existió en Vierdes en el siglo XIX, por lo que, si todavía quedan personas llamadas así con este origen, serán sus descendientes o de su hermano difunto, Matías Simón, ya que un tercer hermano, de nombre Toribio, se hallaba entonces prisionero en Francia al haber sido apresado en el sitio de Astorga (tendría que dedicar otro artículo a los héroes sajambriegos que fueron enviados a defender la ciudad de Astorga de los franceses). Pedro tuvo por hijos a Joaquín, Modesto e Isidoro. 

Nada más indica el documento sobre la bolera de Vierdes, pero posiblemente fue la misma que la que hoy existe en el centro de la localidad.  

1827, Oseja (barrio de Caldevilla). En la actualidad, la única bolera de Oseja se localiza en el barrio de Caldevilla, junto a la cabecera de la iglesia parroquial por un lado y frente a la Casa Piñán por otro, en lo alto del muro de contención que se construyó al edificarse la iglesia a mediados del siglo XIX, siendo inaugurada en el año 1855.  

En esta imagen de Google Maps se ve el muro de contención que rodea la iglesia de Oseja. 
Los árboles de la derecha ocultan la bolera actual. 

No sabemos con exactitud cuánto tiempo le llevó al obispo de Oviedo, Ignacio Díaz-Caneja y Sosa, construir la actual iglesia parroquial de Oseja y remodelar todo su entorno, aunque estoy convencida de que todo el proceso se podría detallar rastreando los planos y los documentos que deben conservarse, probablemente, en Oviedo. Si partimos de la creencia popular de que don Ignacio acometió la obra cuando ya era obispo, para lo que fue nombrado en 1848, habría que considerar que la nueva fábrica de la iglesia, el pórtico, el cementerio, el cercado del recinto y los muros de contención del perímetro por los lados del cementerio, de la bolera, del camino y de La Cortina debieron hacerse en esos siete años como marco cronológico general. En cambio, la noticia de una bolera en el barrio de Caldevilla es anterior a esa obra, en concreto de 1827, por lo que antes de los trabajos efectuados en la iglesia y en sus aledaños ya existía una bolera en Caldevilla. Pero, ¿dónde estaría entonces esa bolera? 

En el inventario de bienes de José Rodríguez se describe una de sus propiedades de la siguiente forma: “En la casa de avitación de el padre del difunto, donde al presente vive su hermano, Santiago Rodríguez, en el barrio de Caldevilla, a la parte que de ella pertenece a la volera y hacia la de don Juan Piñán, tiene este difunto 80 reales de vellón”.  Esta bolera es, de nuevo, un referente espacial para identificar la parte de una casa orientada hacia dicho lugar. También es un referente espacial la “casa de don Juan Piñán”, que corresponde a la casa palacio de los Piñán de Cueto Luengo. Por tanto, la propiedad de los Rodríguez se encontraba en Caldevilla, cerca de la Casa Piñán y cerca de una bolera que estaba en uso. Por exigencias del juego, el lugar tenía que ser forzosamente llano y despejado, y sabemos que entre la iglesia y la Casa Piñán pasaba el camino real que procedía del Puerto de Pontón y que al lado del palacio de los Piñán había más caserío, con hórreos y con huertas. ¿Dónde se ubicaría exactamente aquella antigua bolera? 

En la documentación conservada de la Edad Moderna no se mencionan accidentes geográficos en el entorno de la iglesia, aunque relacionado con ello debe estar el “allizaze petrinia” del documento que delimita el coto del “monasterio” altomedieval de Santa María de Oselia. Un alizace es una hoya, foso o barranca y el epíteto petrinia especifica su carácter rocoso. Antes de la remodelación del siglo XIX existió una depresión o corte natural en el terreno, con roca o pared de piedra, que más tarde se aseguró con muros de contención, bajo la cual debió construirse el templo primitivo de Santa María de Oseya. Lo que está claro es que el actual muro de contención, sobre el que está la bolera, es del siglo XIX y que lo que hoy es el pórtico que rodea toda la iglesia fue aplanado y cercado en la misma época. También son de ese tiempo los restantes lienzos de muro, casi siempre de contención. De manera que la fisonomía del terreno antes de 1848 debió ser similar a la actual, con la iglesia situada en un nivel más bajo que el del resto del caserío de Caldevilla y en un lugar rodeado, al menos en tres de sus lados, por tajos rocosos naturales, en cuyo centro se edificó la iglesia prerrománica y en 1621-1636 la capilla funeraria de Santo Domingo.  Entre dicho emplazamiento y el caserío documentado discurría el tramo del camino real que bajaba del Puerto de Pontón. Así que la antigua bolera de Caldevilla de 1827 debió ubicarse a un lado de aquel camino, si no en el mismo lugar en el que hoy se halla, no muy lejos de allí. Lo que no sé es si la construcción de la carretera actual a finales del siglo XIX le afectó de algún modo y si entre los cultivadores sajambriegos del juego tradicional de los bolos se ha transmitido algún tipo de memoria al respecto. 

La mucha población que tuvo Sajambre con anterioridad a mediados del siglo XX y Oseja en particular, explican la existencia de dos boleras en momentos concretos, sobre todo considerando la distancia que existe entre los barrios de Caldevilla y de Las Cortes. Los dos eran también lugares muy poblados, junto con el barrio de Quintana, del que no se tiene noticia de bolera propia.  

 

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NOTAS

(1) J. G. Ruiz Alonso, Estudio de los bolos en Asturias: aspectos histórico-culturales, modalidades, elementos y materiales de juego. Tesis doctoral, Universidad de Granada, 2000, pp. 53-58.

(2) J. G. Ruiz Alonso, Estudio de los bolos en Asturias, pp. 66-67. 

(3) Archivo General de Simancas, Cámara de Castilla, núm. 10. 

(4) Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, Reg. Ejecutorias, 707, 13, ff. 1r-2v.

(5) Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, Reg. Ejecutorias, 823, 21, ff. 1r-3r.

 

domingo, 6 de noviembre de 2016

LA CASA RECTORAL DE OSEJA DE SAJAMBRE: SU HISTORIA

Lo que llegó al siglo XX como casa rectoral en Oseja de Sajambre fue, en su origen, una vivienda particular que pasó por diferentes manos, que se transmitió como herencia patrimonial y a la que le perdemos la pista en el año 1720.

Su primer dueño conocido fue Juan Manuel de Posada Arnero, cura de Oseja y Soto entre 1665 y 1699. Este Juan Manuel de Posada, emparentado con los Posada del concejo de Llanes, aunque originario del de Onís, cambió su beneficio curado de Pinos de Babia con Francisco de Orcasitas y se instaló en Sajambre el 1 de abril de 1665. Vivió en Oseja 34 años, entre dicho mes de abril de 1665 y mediados de diciembre de 1699, cuando murió.  

Sabemos que, con anterioridad a 1677, había comprado lo que hoy es la casa rectoral a un propietario anterior. En su testamento del 14 de diciembre de 1699 se la dejó en herencia a su sobrino, Manuel de Posada Arnero, quien la vendió en 1718 y en 1720 pasó al poder de un nuevo propietario particular. Veámoslo.  

Una de las primeras cosas que hacían todos los curas al llegar a su nueva parroquia era empezar a comprar propiedades de todo tipo: casas, huertas, tierras, prados. Y el cura Posada no fue una excepción. Entre esas adquisiciones se encuentra un «un güerto y un casar» en el barrio de Las Cortes.

En la documentación sajambriega, el término casar se utiliza para designar a los edificios en ruinas, empleando a veces la más precisa expresión de «casar caído». El mismo significado existe en el asturiano oriental, en concreto en Llanes (1).  

La ubicación exacta de ese casar, que se encontraba en lo que entonces era el barrio de Las Cortes, la proporciona un documento del 23 de marzo de 1677. En él quedó constancia de cómo el cura Posada compraba a Damián Díez de Oseja «una tierra en la hería de Palaçio donde dicen El Çinplono», de cuatro carros de abono, que lindaba «con heredad de Pedro Amigo y güerto y casar del comprador» (2). Luego, dicho casar se encontraba al lado del Cimploño, que hoy también linda con la casa rectoral.

Años más tarde, en 1718, la propiedad había crecido y era algo diferente. El casar se había transformado en una vivienda, los cuatro carros de abono del Cimploño eran ya ocho y había un hórreo delante de la casa.  El sobrino del cura Posada, a la sazón dueño de dicha propiedad, la vende el 3 de abril de 1718. El documento de venta dice así:

En el lugar de Osexa, concejo de Saxambre, tres días del mes de abril deste año de mil setecientos y diez y ocho, ante mí, el escribano público y testigos parezió presente Manuel de Possada Harnero, vecino del lugar de Soto, deste dicho concejo, único y unibersal heredero que es y quedó del señor Juan Manuel de Possada Harnero, su tío, que santa gloria haya, cura que fue deste dicho lugar, como consta del testamento y última dispusición con que murió, que pasó por su testimonio del presente escribano que da fee.

Y como tal, usando de su derecho y el que en este casso le compete, de su voluntad sin apremio ni fuerza alguna, otorga que bende, en benta real por juro de heredad para siempre xamás del mundo, a don Francisco Rodríguez de Reyero, cura de dicho lugar, que sea para el susodicho y quien su derecho hubiere en qualquiera manera, es a saber: la su casa propia que tiene en el barrio de Las Escortes de dicho lugar de Oseja, con el órrio de quatro aguadas que está delante de dicha casa y la güerta de ortoliza que está inmediato a dicho órrio y casa, con más la tierra del Cimploño que está pegada a dicha casa, que serán ocho carros de abono, más o menos, lo que fuesse.

Que dicha cassa, toda ella, órrio, güerta de hortoliza con dicha tierra linda con el camino real, cassa de herederos de Santiago de Açebedo y Miguel de Açebedo. Y dicha tierra linda con heredad de Francisco Piñán, herederos de Tomás Díaz de la Caneja y del presente escribano. Todo lo referido lo bende con las entradas y salidas, derechos, aziones y serbidumbres quantos a, tiene y les perteneze según los heredó del dicho su tío, gozó y posseyó el susodicho después de su muerte. Cuyos bienes los bende libres de zensso, tributo, anibersario ni otra ninguna carga, que no la tienen, por preçio y quantía de doze mil reales de vellón en que los susodichos fueron ajustados, bueno a bueno, cuya cantidad confesó el otorgante aberlo rezibido antes de ahora, en hacienda raíz en dicho lugar de Soto, bacas, bueyes, pan y dinero que le dio, que con un mil y zien reales de vellón que tiene de zenso sobre sus vienes dicho otorgante, y sobre los que vende con los réditos caídos hasta primero de junio deste presente año.

Ajustada y liquidada la quenta en presencia de los testigos y del presente escribano con un mil y setezientos y diez reales que puso de presente con espeçie de oro, plata, calderilla y todo reducido a vellón que rizibió el dicho otorgante de mano del dicho don Francisco, conprador, oy día de la fecha en presensia de los testigos… (siguen las cláusulas de cierre acostumbradas).

Y la otorgó ante el presente escribano y testigos que lo fueron: Manuel Díaz de la Caneja, Alexandro Piñán y Manuel Díaz de Coco. Y lo firmó de su nonbre junto con dos testigos, que el otro no, porque dixo no saber escribir. Y en fee de ello lo firmé. Entre renglones “lo difiere”, balga.

Manuel de Possada Harnero (rúbrica).  Alegandro Piñán de Cueto Luengo (rúbrica). Manuel Díaz de la Caneja (rúbrica).

Ante mí, Agustín Piñán de Cueto Luengo (rúbrica).

El camino real que se menciona entre los linderos de la propiedad era una prolongación del camino real de Pontón que, desde Caldevilla, pasaba junto al muro del corral de los Piñán de Cueto Luengo, y servía para comunicar el barrio alto de Oseja (Caldevilla) con el de Las Cortes, siguiendo en parte el trayecto de la actual carretera (3).  

Es decir, estamos –sin ninguna duda- ante lo que llegó a nuestros días como Casa Rectoral y propiedad del Obispado de León, que el cura Posada reconstruyó a partir de una vivienda anterior en ruinas, dotó de hórreo cubierto a cuatro aguas y compró lo que era la tierra del Cimploño, en el Palacio, que lindaba por arriba con la propiedad de los Díaz-Caneja, cuya casa solariega también limitaba con la ería de Palacio. Así que  no sería extraño que la fábrica antigua que llegó a finales del siglo XX fuera la que el cura Posada construyó entre los años 1677 y 1699.

En 1718, la venta se hace al cura Francisco Rodríguez de Reyero, que ya llevaba 19 años viviendo en Oseja y que muere poco después mientras estaba en Infiesto (Asturias). En su inventario post mortem, fechado el 26 de julio de 1720, se dice que dicho cura no dejó ningún pariente en Sajambre, sino algunos otros que vivían en los lugares de Riaño y Villayandre y «que actualmente están gobernando su casa».

En su inventario de bienes, la vivienda y propiedades adyacentes aparecen descritas así: «la casa en que bibía dicho difunto que se compone de dos salas, bodega, cozina y caballeriza y pajar, que linda de un lado con el camino real y güerta que está pegada a ella. Yten un órrio de quatro aguadas y nuebe pies que está delante de dicha casa, que linda con ella y con casa de Azebedo... Yten ynbentariaron la tierra del Zinploño, que está pegada a la casa de dicho difunto...que linda de un lado con casa del difunto y con la zerradura». Como se ve, se trata de las mismas propiedades que siguen siendo bienes de carácter particular.

Dos días después, mediante auto judicial fechado el 28 de julio de 1720, se hace entrega de todos los bienes del cura Reyero a quien se presentó como su heredero legítimo, con documento notarial hecho ante Gabriel de Vega, escribano público del número del concejo asturiano de Piloña. Dicho heredero fue Juan Rodríguez Reyero, vecino de Riaño y hermano del difunto.

Entre esos bienes, que ahora pasaban al poder de un vecino de Riaño, iba la casa de Las Cortes, la huerta, la panera de nueve pegollos y la tierra del Cimploño. Lo que  ya no sabemos es cuándo pasaron estas propiedades a manos del Obispado de León.

NOTAS
(1)  Xosé Lluis García Arias, Diccionario general de la lengua asturiana, en línea:

(2)  Elena E. Rodríguez Díaz, Notas y cuadernos de notas de los Piñán, escribanos públicos de Sayambre (1659-1721), Academia de la Llingua Asturiana - Universidad de Oviedo, 2015, p.164.
(3) El camino real de Pontón y Beza tenía ramificaciones que comunicaban los cinco pueblos de Sajambre entre sí y, en Oseja, dos brazos principales: uno que se dirigía hacia el barrio de Quintana y el otro que cruzaba el barrio de Caldevilla hacia el de Las Cortes. Este segundo brazo bordeaba la pared de la corralada de los Piñán, donde también había un hórreo propiedad de la misma familia. Ese hórreo es el que hoy está en ruinas dentro del corralón y fue trasladado allí cuando dicho tramo del camino real se asfaltó y se incorporó a la carretera nacional de Sahagún a Las Arriondas.  

lunes, 13 de diciembre de 2010

EL BARRIO DE LAS CORTES DE OSEJA: la Casa Rectoral.

La casa rectoral de Oseja es uno de los edificios antiguos que ha llegado hasta la actualidad, aunque en las últimas décadas haya sufrido la mutilación de varios arcos. Aparece mencionada varias veces en los protocolos antiguos como linde de alguna casa o de alguna tierra y descrita en los inventarios de bienes de sus inquilinos.

La casa rectoral se hallaba dentro del barrio de Las Cortes de Oseja de Sajambre, y junto al Camino Real, como dice un documento que veremos en un momento. En 1718 el edificio se componía de dos salas, varios aposentos repartidos en dos pisos, cocina, bodega, caballeriza y pajar. Sin duda, debía ser una de las viviendas más nobles que poseyó el antiguo barrio de Las Cortes, en donde los característicos muros de rústica mampostería se adornaban con arcos de medio punto en de la fachada y un espacio interior compartimentado y decorado con cortinajes, bargueños, sillas torneadas, camas con dosel, arcas de maderas nobles, cuadros, espejos, candelabros, relojes, tallas de madera, etc. Recuerden el contenido de los inventarios de bienes de algunos clérigos de esta época.

Delante de la casa había un hórreo de nueve pies cubierto por un tejado a cuatro aguas. Junto al hórreo, una huerta de hortaliza que limitaba con el Camino Real y con casas de otros vecinos de Oseja. Y detrás de la vivienda, la tierra del Cimploño, situada en la ería de Palacio, que limitaba con la propiedad del tatarabuelo de Ignacio y Joaquín Díaz-Caneja, con tierra de Francisco Piñán y con heredad de los Piñán de Cueto Luengo.

En los siglos XVII y parte del XVIII fue una propiedad privada sometida al derecho de herencia, vendida y comprada. El primer inquilino que conocemos fue el cura de Oseja y Soto Juan Manuel de Posada Arnero que estuvo 34 años al frente de la parroquia y murió en el año 1699. En 1677 había comprado a Damián Díaz de Oseja “la tierra del Cimploño, situada en la hería de Palacio” por 550 reales de vellón. Y a su muerte, la casa, el hórreo, la huerta y la tierra del Cimploño, de ocho carros de abono de suelo, fue heredado por su sobrino Manuel de Posada, que había echado raíces en Soto.

Estos documentos proporcionan además fechas de referencia para empezar a ajustar la datación del edificio. De momento, es el año de 1677 la fecha más antigua.

En el año 1718, Manuel de Posada Arnero vende la propiedad heredada de su tío en 1699 al cura de la misma parroquia, Francisco Rodríguez de Reyero, en estos términos:

En el lugar de Osexa, concejo de Saxambre, tres días del mes de abril deste año de mil setecientos y diez y ocho, ante mí, el escribano público y testigos parezió presente Manuel de Posada Harnero, vecino del lugar de Soto deste dicho Concejo, único y universal heredero que es y quedó del señor Juan Manuel de Posada Harnero, su tío, que santa gloria haya, cura que fue deste dicho lugar, como consta del testamento y última dispusición con que murió, que pasó por su testimonio del presente escribano que da fee.

Y como tal, usando de su derecho y el que en este caso le compete de su voluntad, sin apremio ni fuerza alguna, otorga que vende, en venta real por juro de heredad para siempre xamás del mundo, a don Francisco Rodríguez de Reyero, cura de dicho lugar, que sea para el susodicho y quien su derecho hubiere en qualquiera manera, es a saber: la su casa propia que tiene en el barrio de Las Escortes de dicho lugar de Oseja, con el órrio de quatro aguadas que está delante de dicha casa y la güerta de hortoliza que está inmediato a dicho órrio y casa, con más la tierra del Cimploño que está pegada a dicha casa, que serán ocho carros de abono , más o menos, lo que fuesse.

Que dicha cassa, toda ella, órrio, güerta de hortoliza con dicha tierra linda con el Camino Real, casa de herederos de Santiago de Açebedo y Miguel de Açebedo, y dicha tierra (Cimploño) linda con heredad de Francisco Piñán, herederos de Tomás Díaz de la Caneja y del presente escribano.

Todo lo referido lo vende con las entradas y salidas, derechos, aziones y serbidumbres quantos ha, tiene y les pertenece según los heredó del dicho su tío, gozó y poseyó el susodicho después de su muerte.., por preçio y quantía de doze mil reales de vellón en que los susodichos fueron ajustados, bueno a bueno, cuya cantidad confesó el otorgante haberlo rezibido antes de ahora, en hacienda raíz en dicho lugar de Soto, vacas, bueyes, pan y dinero que le dio, que con un mil y zien reales de vellón que tiene de zenso sobre sus bienes dicho otorgante y sobre los que vende con los réditos caídos hasta primero de junio deste presente año.

Ajustada y liquidada la quenta en presencia de los testigos y del presente escribano con un mil y setezientos y diez reales que puso de presente con espeçie de oro, plata, calderilla y todo reducido a vellón, que ricibió el dicho otorgante de mano del dicho don Francisco, comprador, hoy día de la fecha, en presencia de los testigos... (Oseja de Sajambre, Archivo de la Casa Piñán, Notarial, Agustín Piñán de Cueto Luengo, leg.1718/1).

miércoles, 8 de diciembre de 2010

EL BARRIO DEL VALLEYO DE OSEJA DE SAJAMBRE (4): una obra molesta junto al camino de Carunde.

El 28 de agosto de 1674 las Justicias de Sajambre aceptaban la querella presentada por los vecinos de Oseja contra José Bermejo, por culpa de la casa que estaba construyendo con la ayuda de su hermano, Juan, a las afueras del barrio y junto al camino de Carunde.

A causa de su emplazamiento, de los escombros amontonados en el camino y de una esquina que sobrepasaba los límites establecidos por el concejo o asamblea vecinal de Oseja, vemos a los carros y a las vacas atascándose, a los vecinos yendo a moler de noche, a los muchachos y a las mozas pasando asustados por un lugar tenebroso en el que los árboles quitaban la luz, tropezando con la obra, rompiendo las vasijas, derramándoseles la cibera o grano por moler. El documento no puede ser más expresivo y en él podemos contemplar el tránsito que tenía este "Camino de Carunde" en el siglo XVII. Para facilitar la lectura de estos párrafos actualizo la ortografía del documento original:

“...habiéndole dado al dicho acusado y a Juan Bermejo, su hermano, los vecinos de este dicho lugar un pedazo de suelo para armar dos vigadas de casa, y lo tomaron señalado y amojonado con calidad y condición que no sacarían la lizaza, ni lienzo de paredes, ni esquina ninguna, ni armadura de portal fuera de aquello que se le señaló para dichas dos vigadas de casa y no más.

Y ahora parece que el dicho acusado a pesar y contra la voluntad de dichos vecinos intenta armar un portal fuera de los límites y mojones señalados; y sacando la parte por la parte que corresponde al camino de carro que va para la ería de La Cortina y Cuestas de Carunde, tierras detrás del molín y Cueto de Moneo; y echando tierra en el dicho camino de carro, de suerte que no puede pasar ninguno cargado ni ligero por junto a la esquina de dicha casa con la multitud de tierra que echó en él.

Por lo cual no se puede asistir al servicio de dichas tierras, ni a los molinos, que la mayor parte de ellos se sirven por dicho camino. Y de noche tropiezan en la tierra que se echó en el dicho camino. Y al pasar, con el portal que intenta hacer, cuando van del lugar para los molinos, corre grandísimo peligro de dar de noche las mozas y muchachos que van cargados de cibera para moler, para el abasto y sustento de sus casas, el tropezar en la esquina de dicho portal. Y rompen las vasijas en que llevan el pan, vaciándose todo por el suelo. Y pasan con grandisimo trabajo en aquel paso todas las personas que van de noche a dichos molinos, por estar en sitio muy tenebroso para de noche, metido entre unos árboles que quitan mucho la claridad.

Y ansimismo de quedar el camino tan apretado, con la pared y esquina del portal escontra la pared que cierra la ería de Cobilones, se puede redundar graves daños en los ganados mayores y menores de este lugar, que de ordinario arriman por el dicho camino abajo para los pastos de Carunde, las Cuestas, términos de la Ebrada, Las Cruces y Monarga, de suerte que cuando pasan y se encuentran en dicho camino, se pueden apretar y matar unos reses a otros escontra la esquina de dicha casa o la pared que cierra dicha ería de Cobilones por quedar el camino tan apretado, que debiendo de dejarlo para que quepan los carros, el uno para el servicio de dichas tierras y el otro para el de la dicha su casa, apenas cabe un carro”.

El regidor de Oseja, José Díaz de Caldevilla, que es quien escribe de su puño y letra este documento, solicita la paralización inmediata de la obra y la prisión para José Bermejo con grilletes de hierro en la cárcel pública del Concejo “en donde debe estar hasta en tanto quede limpio y desembargado el dicho camino de la grande multitud de tierra que echó en él, de suerte que puedan pasar los carros libremente y sin peligro por él. Y que dé fianzas de no hacer otro edificio alguno en dicho portal”.

Otrosí digo que el dicho acusado pretende armar dicho portal de noche. Y por estar como está en la parte donde hace tanto daño, fuera del lugar y al salido de él, no le ve nadie armarle, pido y suplico a vuestra merçed se sirva poner coto y embargo en el dicho portal y su obra, y que no prosiga en hacer en él ningún otro edificio, antes demuela todo lo hecho”.

Se sigue la orden para el inicio de la averiguación y el auto de embargo en estos términos: “el dicho José Bermejo, ni persona de su orden, de cantería ni carpintería, no edifique en dicha obra, pena de diez mil maravedís”. Lupercio Díaz, juez ordinario. (Archivo de la Casa Piñán, Notarial, Gonzalo Piñán de Cueto Luengo, leg.1670).


domingo, 5 de diciembre de 2010

EL BARRIO DEL VALLEYO DE OSEJA DE SAJAMBRE (3): La Cortina, las Cuestas de Carunde, La Bolera.

Pasado El Vallejo existía otro lugar denominado La Cortina, que para distinguirlo del que se encontraba en el barrio de Caldevilla lo llamaban “La Cortina de Carunde”.

1679: “Yten ynbentariaron una tierra, suelo de quatro carros de abono, en término de Carunde, a do diçen La Cortina” (Archivo de la Casa Piñán, Notarial, Gonzalo Piñán de Cueto Luengo, leg.1679).

1693: “...más le tocó la mitad del carro de abono de La Cortina de Carunde, que frontea con tierra del presente escrivano” (Archivo de la Casa Piñán, Notarial, José Diaz de Caldevilla, leg.1679).

1670: “...por la parte que corresponde al camino de carro que va para la ería de La Cortina y Cuestas de Carunde” (Archivo de la Casa Piñán, Notarial, Gonzalo Piñán de Cueto Luengo, leg.1670).

Deduzco que estas Cuestas de Carunde son los desniveles que se extienden hacia el fondo del valle, que debían estar después de pasado el caserío del Vallejo y las tierras de labor cercadas a las que llamaban La Cortina. El “camino de carro” que se menciona es siempre el mismo camino, lo que cambia es la orientación de la mirada de quien escribe. Así, visto desde arriba, desde Las Cortes o El Vallejo el camino se dirigía a La Cortina y a las Cuestas de Carunde. En cambio, visto desde abajo, situándonos en algún lugar de La Cortina o del propio Vallejo, el camino iría hacia abajo pero también hacia arriba, o sea, hacia la bolera:

1675-09-10: “Yten ynventariaron la güerta de junto a dicha cassa que linda con la cassa y camino de la bolera. Yten ynventariaron una tierra de tres carros de abono en La Cortina de Carunde, que linda con heredad de Juan de Vega y Josephe Díaz, vecinos de dicho lugar, y con el camino de Carunde” (Archivo de la Casa Piñán, Notarial, Gonzalo Piñán de Cueto Luengo, leg.1675). Este fragmento forma parte del inventario post mortem de María de Cabrero, viuda de Pedro Díaz de Viya, que eran vecinos del barrio del Vallejo.

Por tanto, parece deducirse que desde la huerta y la casa de la difunta “se subía a la bolera” y desde La Cortina “se bajaba a Carunde”. En consecuencia, que dicha casa se situaba más abajo de la bolera.

La bolera (todavía con minúscula) era el lugar destinado a este juego tradicional en el antiguo pueblo de Oseja, que es lo que hoy se conoce como la Huerta de La Bolera. La actual no es anterior al año 1855.

Por lo que vamos sabiendo, en el Vallejo del barrio de Las Cortes vivieron familias apellidadas Granda, Acebedo, Bermejo, Vega, Alonso, Martín, Díaz de Viya o Cabrero. Por ejemplo:

1675-03-01: “Primeramente, ynventariaron la cozina de la morada de dicha María Martín, que es una bodega que está pendiente, en portalada de la casa de la continua morada en que vive Gregorio de Acevedo, linda con la cocina de dicho Gregorio de Acevedo y con el camino de los molinos de Carunde”. Por encima de esta casa había otra que se menciona en los deslindes, “con su portalada y antoxanos”.

Otra de las familias que vivieron en el Vallejo fue la de los Acebedo, quienes en el año 1693 tenían allí una casa nueva (comprada a María de Granda) pegada a otra vieja, con su huerta y con su hórreo (Archivo de la Casa Piñán, Notarial, José Díaz de Caldevilla, leg.1693). En el inventario de bienes de Luis de Acebedo, de 1703, después de describir las casas del Valleyo leemos lo siguiente:

1703: “Yten ynbentariaron la media casa de la bolera que se conpone de caballeriza y pajar, bodega y portal, que se partió con Juan Bermejo. Y dicha casa y bodega es por la parte de abajo. Y linda con cassa y bodega de Roque Bermejo y con el camino que ba a los molinos de Carunde” (Archivo de la Casa Piñán, Notarial, Agustín Piñán de Cueto Luengo, leg.1703).

Estos Bermejo que vivían en un edificio de propiedad compartida con los Acebedo en el año 1703, habían intentado edificar una casa independiente a las afueras del barrio del Vallejo en el año 1674. Sobre su construcción se conserva una crónica muy detallada que dejo para el siguiente post.

jueves, 2 de diciembre de 2010

EL BARRIO DEL VALLEYO DE OSEJA DE SAJAMBRE (2): los molinos de Carunde.

Los dos lugares llamados de la misma manera (Vallejo) que existían en Oseja solían distinguirse denominando a uno “El Ballejo de Trecoro” (1675) o “en la ería de Las Quadriellas, do se dize El Ballejo” (1711) y, así mismo, relacionando al segundo con lugares que le eran cercanos, como el camino de los molinos, La Cortina, las Cuestas de Carunde o La Bolera. Vamos a hacer un recorrido general por las descripciones de estos parajes que aparecen en los documentos, algunos de los cuales están hoy totalmente cubiertos de vegetación.

Para el Catastro de Ensenada (1752), Carunde se encontraba dentro del término del barrio de Las Cortes (Oseja de Sajambre, Archivo Municipal, Libro I, f.288rº) y durante el siglo XVII y primera mitad del XVIII allí existieron cuatro molinos con seguridad y posiblemente alguno más. Los vecinos de Oseja tenían también el del Buseco, del que hablaremos cuando lleguemos al barrio de Quintana.

El documento más antiguo que habla de los molinos de Carunde se conserva tan deteriorado que no se puede ver la fecha, pero he podido leer que fue escriturado por Sancho Díaz de Ribota cuando Domingo Piñán ya era cura de Oseja y Soto, por lo que debe colocarse después de 1621 y antes del 31 de diciembre de 1633 por lo que diré en un momento. Se trata de una venta que hace una familia de Oseja (imposible ver los nombres) de “la mitad del molino de Carunde con su molinera y aderezos como (...)mos y poseemos, parada y antoxanos que pa[rte] con los hered[eros] (...) Domingo Alonso, Juan Redondo y María de Biya [...]” (Archivo de la Casa Piñán, Sección Notarial, Sancho Díaz de Ribota, leg.1600-1633).

El mencionado 31 de diciembre de 1633, el Comisario Piñán compra una parte del “molín de Carunde” a Juan Redondo, vecino de Pío e hijo de Juan de Viya, y más tarde adquiere también la parte de Domingo Alonso (Archivo de la Casa Piñán, Sección Notarial, Sancho Díaz de Ribota, leg.1600-1633). Este molino se incorporará al Mayorazgo fundado por Gonzalo Piñán de Cueto Luengo y permanecerá en la familia hasta la Edad Contemporánea.

En el Catastro de Ensenada de 1752, al describir las propiedades de Agustín Piñán de Cuetoluengo, se dice: “Molino arinero. Tiene un molino que llaman Carundo (sic) que / muele el año entero, que linda a los quatro aires con río caudal y pasto común. Otro molino en dicho sitio, el que no muele por estar arruynado y linda de todos quatro ayres con el río dicho y pasto común de ninguna utilidad” (Oseja de Sajambre, Archivo Municipal, Libro 1, ff.151vº-152rº).

Y en un documento de 1794, de partida o división de los bienes no incluidos en el Mayorazgo, se lee: “Item para el mismo Don Alejandro se bajan quinientos reales por los desmejoros del molino arinero perteneciente al Mayorazgo de que es poseedor... Hay un molino arinero en el río de Carunde perteneciente a esta hermandad, ya desmoronado, que sólo hay la parada; y está a convención de todos estos hermanos la dejan al hermano Agustín graciosamente para que lo tenga por suyo propio” (Archivo de la Casa Piñán, Sección Familiar, caja 3).

Los Piñán fueron, por tanto, dueños de dos molinos en Carunde y la familia Acebedo Villarroel era a su vez propietaria de otros dos molinos en el mismo lugar, como cuenta un documento del año 1703: “Yten ynbentariaron un molino en el río de Carunde que está ynmediato a otro molino del dicho Gregorio de Azevedo y linda con al riega de La Lejía” (Archivo de la Casa Piñán, Notarial, Agustín Piñán de Cueto Luengo, leg.1703). Ya me dirán ustedes si esta “riega de La Lejía” sigue existiendo con este nombre o no. Cincuenta años más tarde, en época del Catastro de Ensenada, un Luis de Acebedo y un Pedro de Acebedo seguían siendo dueños de molinos activos en Oseja.

En el año 1675, José Díaz de Caldevilla presenta las cuentas del periodo en el que fue tutor y administrador de los bienes de María de Cabrero, menor de edad, entre los que se encontraba “la renta del molino de Carunde”, propiedad de los Cabrero (Archivo de la Casa Piñán, Notarial, Gonzalo Piñán de Cueto Luengo, leg.1675). Podía ser alguno de los molinos anteriores o podía tratarse de un quinto molino.

El camino que pasaba por El Vallejo iba a Carunde por un lado y continuaba hacia el barrio de Caldevilla por el otro. Cuando el Arcediano, Pedro Díaz de Oseja, deslinda su casa en el barrio de Las Cortes dice:

1655: “...según linda la dicha casa, hórrios y huerta con el camino que va desde El Vallejo a Caldevilla”.

Era uno de los ramales del Camino Real que cruzaba el valle y comunicaba los cinco pueblos entre sí:

1699: “Primeramente ynbentariaron la casa en que bivía... según linda con el Camino Real que ba para los molinos de Carunde”.

Seguiremos.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

EL BARRIO DEL VALLEYO DE OSEJA DE SAJAMBRE (1).

Retomamos la descripción del antiguo pueblo de Oseja con otro capítulo. Le corresponde el turno al barrio de Las Cortes. Las Cortes fue uno de los cuatro distritos en los que se dividió la localidad durante el Antiguo Régimen a efectos administrativos (junto con Caldevilla, La Pandiella y Quintana) y tuvo una extensión mucho mayor que en la actualidad debido a la mayor densidad demográfica de épocas pasadas.

En los siglos XVI y XVII, el caserío de Las Cortes resbalaba por la ladera hacia el fondo del valle, siendo sus límites la Casa Rectoral y el Palacio de Arriba, el barrio de Quintana, el Palacio de Abajo y la Piedra Bellida, así como la zona del Vallejo o Valleyo.

Por la información que he podido recabar (muchas gracias a todos los que han colaborado), no queda memoria de un lugar denominado Valleyo o Vallejo en Las Cortes o en sus proximidades. Por un lado, no me extraña, porque observo que en Oseja pasó lo mismo que en Soto.

En épocas de un nivel demográfico elevado, el pueblo de Soto se extendía hasta Cueto Luengo. Con el tiempo, la gente olvidó ese nombre antiguo pero de padres a hijos se repetía que “por la zona del Piquero” había estado (sabe Dios cuándo) el “viejo pueblo de Soto”. En Oseja nadie sabe dónde estaba este otro Valleyo o Vallejo, pero las ruinas de algunas casas que llegaron hasta el siglo XX sirvieron para mantener el recuerdo de que “allá pa’bajo de Las Cortes” había estado (sabe Dios cuándo) “el viejo pueblo de Oseja”.

No hay nada más relativo en este mundo que el concepto de tiempo. Para unos, algo “viejo” es lo hecho en la infancia propia o en la juventud de los padres. Para otros, en la época de los abuelos o bisabuelos. En la escala de medievalistas o modernistas, el tiempo se mide por cientos de años, mientras que los historiadores del Mundo Antiguo cuentan por miles. El cómputo de los prehistoriadores puede llegar a los cientos de miles e, incluso, millones de años; mientras que los astrónomos cuentan por miles de millones. Para mi sobrina adolescente, George Clooney es un abuelito y para el más pequeño, la vieja soy yo.

Lo malo de la tradición oral es que nunca se sabe en qué escala se está midiendo el tiempo. El antropólogo cultural busca códigos de desciframiento en el presente para argumentar una interpretación. El historiador busca documentos del pasado para poder fundamentar sus afirmaciones. Una de las cosas que ya ha permitido nuestro proyecto de ordenar el Archivo de la Casa Piñán de Oseja de Sajambre es poder demostrar con pruebas documentales que existió población en Cueto Luengo durante los siglos XVI y XVII. Pues bien, ahora vamos a poder demostrar también que sucedió lo mismo en el “barrio del Vallejo” durante la misma época. En ambos casos, parece que fue en el 1700 cuando se inicia el abandono de tales lugares, destinándose a partir de entonces sólo a la explotación agropecuaria.

El abandono estuvo causado por el elevado y continuado aumento demográfico que se produjo a lo largo de todo el siglo XVIII en Europa, lo que provocó una imposibilidad real de alimentar a la población. En lugares como Sajambre, en los que no existían buenas condiciones para el desarrollo de la agricultura, la gente no tuvo otra salida que la emigración. Desde las primeras décadas del siglo XVIII empiezan a despoblarse casas y barrios en todo Sajambre. La mayoría emigraba a Andalucía, seguramente esperando la oportunidad para embarcarse hacia América.

Los documentos notariales describen la zona del Valleyo o Vallejo con casas, huertas y hórreos hasta tal punto que, a veces, se habla de el barrio del Valleyo. La zona así llamada arrancaba de lo que hoy es la Huerta de La Bolera y continuaba hacia el fondo del valle siguiendo la línea que marcaba el camino de Carunde.

Como en otras ocasiones, me veo obligada a dividir la información que poseo en varias partes. Dejo por ahora estos cuatro pasajes documentales.

1677, Oseja: venta de “la mitad de toda la cassa en que al presente bive la dicha María de Granda, mi sovrina, situada en este dicho lugar de Osexa, donde diçen el Ballexo, de piedra, madera y texa, con todos sus antoxanos y servidunbres..., según linda con cassa de la conpradora y con el camino que ba para los molinos” (Archivo de la Casa Piñán, Notarial, Gonzalo Piñán de Cueto Luengo, leg.1677).

1679, Oseja: “Primeramente ynbentariaron la cassa de su continua morada, de piedra, madera y teja, situada en el barrio del Balleyo deste lugar, según linda con la cortina que está debajo de dicha casa, y con el camino que ba para Carundi por dos partes. Yten ynbentariaron la cortina que está pegada a la dicha casa, con su güerto, que todo ello está cercado de parez seca, según linda con la dicha cassa y con el camino que ba para Carundi” (Archivo de la Casa Piñán, Notarial, Gonzalo Piñán de Cueto Luengo, leg.1679).

1693, Oseja: “Tocó a Pedro de Acebedo por razón de manda que le hizieron los dichos sus padres la cozina donde al pressente vibe, de la casa nueba del Balleyo” (Archivo de la Casa Piñán, Notarial, José Díaz de Caldevilla, leg.1693). En una descripción de esta misma casa del año 1703 se dice que “linda con los caminos que ban a los molinos de Carunde por bajo y arriva” (Archivo de la Casa Piñán, Notarial, Agustín Piñán de Cueto Luengo, leg.1703).

viernes, 12 de septiembre de 2008

LA CASA DEL CONDE DERRUIDA



Por su estado ruinoso, la Casa del Conde, de Oseja, ha sido derruida casi en su totalidad, aunque la mitad del arco de la fachada norte siga resistiendo en frágil equilibrio.

El derribo permite observar
muy bien el derrame interno de las aspilleras, con una función defensiva.

domingo, 22 de junio de 2008

LA CASA DEL CONDE (III): EL MURO LATERAL

La Casa del Conde: aspilleras, moldura conopial
y puerta con arco de medio punto.

Arco conopial de La Casa del Conde.
Oseja de Sajambre.

Espero sepan disculparme si cometo alguna imprecisión en la orientación de los muros, pues no hallo estos datos en mis anotaciones. Cuando vaya a Sajambre este verano revisaré estas cosas brújula en mano. Voy a referirme ahora al lienzo más interesante de todos, que puede verse en la primera fotografía de este segundo artículo.
El muro parece manifestar al exterior la existencia de tres pisos o, en su caso, de dos pisos de gran altura. El carácter compacto y cerrado de la pared no deja de recordarnos el aspecto de una casa fuerte medieval. Como es habitual en toda la región, el aparejo sigue siendo la mampostería, conservando rastros de haber estado revocado en alguna ocasión. Ofrece una puerta y varias ventanas que paso a describir.
La puerta se compone de sillares trabajados y dovelas que conforman un arco de medio punto. La estrechez del vano y las escasas dimensiones del dovelaje indican que nos hallamos ante una construcción de notable antigüedad. A ello apuntan también las ventanas que se abren en forma de angostas saeteras constituidas por tres sillares en cada caso (el superior y los laterales), así como una ventana cuadrada con una moldura labrada en forma de arco conopial, que puede verse asimismo en la fotografía adjunta.
El arco conopial (véase el post "La Casa del Conde II") se introduce con el estilo isabelino o gótico tardío, es decir, en las décadas finales del siglo XV, durante el reinado de los Reyes Católicos. Molduras labradas de la misma manera que este arco las encontramos en varios edificios de Cantabria y del oriente de Asturias, como sucede con la casa nº 36 de la Calle Mayor de Llanes, datada en el siglo XV; la Torre de Sámano (Cantabria), datada a principios del siglo XVI; o la reutilización que de una moldura similar se hizo en un palacio del siglo XVII, el de los González Cutre de Caravia. En cambio y a diferencia de la Torre de Sámano, el dovelaje de la puerta de Oseja nos forzaría a adelantar la cronología al siglo XV.
Si sólo fuera por las características arquitectónicas que reúne este lienzo, deberíamos afirmar que nos encontramos ante una casa fuerte bajomedieval. Sin embargo, dos hechos desentonan en esta primera apreciación. Por un lado, su planta rectangular, de marcada horizontalidad, propia de las casonas del siglo XVI en la comarca. Y por otro, la puerta adintelada de la fachada norte y el gran arco con dovelaje desarrollado que es característica omnipresente en la arquitectura del siglo XVI de esta región peninsular.
Existe, no obstante, una posibilidad muy extendida también en los casos catalogados y estudiados en la vecina Asturias, que se refiere a una probable remodelación efectuada en el siglo XVI al objeto, quizás, de adecuar una antigua casa fuerte a la nueva función de vivienda señorial. Se explicaría así el gran espacio abierto en dicho muro y rematado en arco de medio punto, que no tendría sentido en una torre con funciones militares.
En el magnífico inventario arquitectónico de todos los concejos asturianos llevado a cabo por el Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Oviedo a lo largo de los años 1981, 1982 y 1983 (publicado en estos tres números de la Revista Liño), se constatan para esta región dos etapas principales de reconstrucción edilicia que, no sería nada raro, se hubieran dejado sentir también en Sajambre. La una en los siglos XII y XIII, cuando los templos prerrománicos son sustituidos por otros de fábrica románica (como ya vimos en otros artículos, es característico de la zona un marcado conservadurismo arquitectónico que obliga siempre a retrasar las cronologías). Y la otra, a lo largo del siglo XVI, cuando se reconstruyen viejos edificios medievales para adaptarlos a nuevas funciones y diferentes usos.
En este contexto, podrían tener perfecta cabida dos hechos: 1º) la construcción (ex novo) en los siglos XIII-XV de la iglesia de San Pedro de Orzales (hipótesis que sólo la arqueología podría confirmar); y 2º) la readaptación del edificio que nos ocupa que habría pasado de ser una casa fuerte bajomedieval a una casona señorial en los albores del Renacimiento.
Próximo capítulo: Sobre Condes y Palacios.

La Casa del Conde (II): arcos conopiales.

Arco conopial

Arco conopial. Sámano (Cantabria).

Arco conopial. Cieza (Cantabria).

viernes, 20 de junio de 2008

LA CASA DEL CONDE (I): LA FACHADA NORTE.



En algunos de los pueblos del valle se conservan viejas casas de fábrica antigua que pueden datarse, unas con más exactitud que otras, antes o después del 1.700. El pueblo que conserva un mayor número de ellas es Oseja. Con la intención de ir describiéndolas poco a poco, empezaré por hablar del caserón que se conoce desde antiguo como La Casa del Conde, sito en el lugar de La Llana.
Y comienzo por este edificio porque a pesar de haber sido la construcción privada más destacada de todas, excepción hecha de la casa solariega de los Piñán, es también la peor conservada. En su fachada norte mantuvo hasta hace unos años un magnífico arco de medio punto, de considerables dimensiones, que acabó derrumbándose ante la indiferencia de vecinos y autoridades.
El caserón, perteneciente a varios dueños por la fragmentación de la transmisión hereditaria, fue construido a finales del siglo XV o, con más probabilidad, en el siglo XVI. Como en el caso de la ermita de San Pedro, es nuevamente un arco que se abre en uno de sus muros el que nos permitirá datar este edificio con relativa precisión. Pero vayamos por partes.
La Casa del Conde es un bloque de planta rectangular, con cubierta a dos aguas, que en su cara norte lleva adosada una pequeña vivienda tradicional de dos pisos, con corredor y horno de pan. Este último edificio no perteneció a la estructura originaria del caserón señorial que nos disponemos a analizar, sino que es bastante posterior en el tiempo. El hecho se apreciaba sin dificultad antes del derrumbe del arco mencionado, no sólo por el diferente tipo de construcción, sino especialmente porque los muros de la casa más reciente invadían gran parte de las jambas de dicho arco.
El dibujo que ofrecemos de esta fachada fue publicado en El habla y la cultura popular de Oseja de Sajambre, de Ángel Fernández González, editado por el Instituto de Estudios Asturianos en el año 1959. El resto de las observaciones están basadas en mis anotaciones personales y en fotografías antiguas que mi tío, José Díaz y Díaz-Caneja, fue efectuando a edificios que él consideraba -con fundamentado criterio- de posible interés histórico.
A excepción del arco y de, al menos dos puertas, el edificio tiene pocos vanos y, cuando los hay, acostumbran a ser ventanucos escasos y aspilleras. Aunque estas troneras o aspilleras son características de las construcciones defensivas, en esta zona de las montañas cantábricas pueden tener también una razón de ser muy diferente. Más que una función militar, los angostos vanos servían para proteger a la vivienda del frío y de las inclemencias de los largos y rigurosos inviernos. Debemos tener en cuenta además que durante los siglos XV y XVI sólo las iglesias y los palacios más suntuosos podían permitirse cerrar sus ventanas con vidrios y, aun en los siglos XVII y XVIII, los cristales seguían siendo un lujo inalcanzable para la mayor parte de la población. Serán los avances de la industrialización del siglo XIX lo que abaratará los costes de la fabricación del vidrio, porque mientras tanto las ventanas seguían cubriéndose con paños o con pergamino. En tierras frías y de severa climatología, como es el caso, la característica edilicia por antonomasia era abrir la menor cantidad posible de vanos en los muros de las casas. Es por esto que dicha peculiaridad arquitectónica se convierte, en sí misma, en un indicio de antigüedad.
Las dimensiones del monumental arco tantas veces mencionado equivalían casi a un piso entero y se componía de dovelas y jambas monolíticas, al uso de la tierra. Cada una de las piezas de los arcos, de las aspilleras y de las puertas son sillares trabajados, al igual que los esquinales, mientras que el resto de los paramentos está hecho de mampostería. Junto al gran arco de medio punto, la fachada presenta una puerta adintelada y una diminuta ventana a la altura del piso bajo de la casona.
Próximo capítulo: La Casa del Conde (II), el muro lateral.