martes, 20 de octubre de 2020

LOS LIBROS SACRAMENTALES ERRÓNEOS DE 1762 A 1774 DE LA PARROQUIA DE OSEJA Y SOTO

Mediante documento expedido en León el 21 de mayo de 1776, el tribunal eclesiástico del Obispado, en la persona de José Fernández de Velasco y Pantoja, arcediano de Triacastela, ordena al cura de Oseja y su anexo, Soto, que a la sazón era el sajambriego Lupercio Díaz de Oseja, que se corrijan y se rehagan todos los libros sacramentales que dejó su antecesor, Baltasar Fernández, difunto, por estar llenos de errores y omisiones. 

Esto afectó a todos los libros de bautizados, velados, casados y difuntos de los años comprendidos entre 1762 y 1774, es decir, durante todo el ejercicio del párroco Baltasar Fernández, por contener “errores sustanciales” y ausencias de partidas, siendo “conveniente enmendarlos y reintegrarlos con la nezesaria solemnidad” y actuar “con la devida celeridad y prontitud” para evitar todos los inconvenientes derivados.  

Para estas fechas, el contenido de los libros sacramentales estaba ya reglamentado y solía respetarse, salvo en casos de errores, olvidos e incompetencias de los párrocos; omisiones que se producían por enfermedad, ausencia o muerte de los curas; o por las dificultades sucedidas en períodos de epidemias y guerras. En el caso que nos ocupa, se trata de una absoluta y continuada negligencia de Baltasar Fernández durante todo el tiempo que estuvo al cargo de la parroquia de Oseja y de su anexo, Soto.  

Por este motivo, el tribunal eclesiástico del Obispado de León dispone el inmediato “embargo de los vienes que ubiere dejado (Baltasar Fernández) con qualquiera otros frutos y rentas a él pertenecientes, los quales se depositen en persona segura y abonada a la  disposición del tribunal”, haciendo responsable a Lupercio Díaz de Oseja de la refacción de todos los asientos de los mencionados libros sacramentales, ante la presencia de testigos que fueran indicando los errores y su corrección, y dejando constancia escrita de sus testimonios.

Esta refacción de los libros de bautizados, matrimonios y difuntos de los vecinos de Oseja y Soto entre 1762 y 1774 afectó, por ejemplo, a varios miembros de la familia de Ignacio y Joaquín Díaz-Caneja, con partidas de bautismo y de defunción que se conservan hoy en el Archivo Histórico Diocesano de León y que son defectuosas. En realidad, afectó a todas las familias de Oseja y de Soto en alguna manera en aquellos casos de bautizados, casados y difuntos entre 1762 y 1774.  

Los libros sacramentales (mal) hechos por Baltasar Fernández se conservan hoy en el Archivo Histórico Diocesano de León. En el Archivo de la Casa Piñán, de Oseja de Sajambre, solo hay una refacción parcial de los bautismos de Oseja, con inclusión de la declaración de testigos, siguiendo las pautas formales que ordena la disposición judicial, en un legajo de 75 folios de papel, donde se reproducen (corregidas) algunas partidas comprendidas entre los años 1767 a 1774, indicando los errores del párroco anterior y subsanándolos. Es decir, de todas las correcciones ordenadas por el tribunal leonés, solo se conserva ese legajo de 75 folios, si es que también se llegaron a enmendar los restantes libros sacramentales afectados, porque por lo que yo llegué a ver, los libros que se conservan en León con estas fechas son los defectuosos, no sus correcciones.  Es fácil saber si nos encontramos ante la versión defectuosa o ante su corrección con un vistazo rápido, sin detenernos a leer los contenidos, fijándonos en quién firma el asiento: si el que firma es Baltasar Fernández será la partida defectuosa y si firma Lupercio Díaz de Oseja será su corrección.  Dicho de otra forma, hay que desconfiar de todo aquello que esté  escrito y/o firmado por Baltasar Fernández.

Por la enumeración de errores que dicho legajo contiene, sabemos que Baltasar Fernández no llevó nunca una anotación puntual de la administración de los sacramentos en Oseja y en Soto, anotando a menudo las partidas de bautismo semanas y meses después de la celebración del sacramento, muy probablemente de memoria, sin haber tomado o conservado notas, por lo que se equivocaba de forma reiterada en el nombre de los bautizados, en los nombres de los padres, padrinos y abuelos, en las fechas de los nacimientos  y bautizos y, en el peor de los casos, ni siquiera apuntaba las partidas de bautismo.  A juzgar por lo que dice el documento del tribunal eclesiástico leonés, debemos pensar que hizo lo mismo con los libros de velados, casados y difuntos.   

Esta incompetencia manifiesta del cura párroco de Oseja debió originar muchísimos conflictos y no pocos trastornos, sobre todo en la celebración de los matrimonios de Oseja y de Soto de aquellos años, porque, en la sociedad de la Edad Moderna, una de las finalidades de los libros sacramentales era el registro detallado de la consanguinidad y afinidad de los feligreses, tanto del parentesco carnal, como de la cognación espiritual que adquirían, en este caso, los padrinos de un bautizado (sucedía lo mismo en la confirmación). Recuérdese que en aquella época se consideraba incesto el parentesco y la afinidad hasta el cuarto grado y que, debido al alto nivel de endogamia que existía en el mundo rural, eran muchos los que se veían obligados a solicitar una dispensa apostólica para poder casarse. En la segunda mitad del siglo XVIII, era obligación del párroco indagar en la consanguinidad y afinidad de los contrayentes antes de autorizar la celebración de un matrimonio, lo que se hacía en base a la información que transmitían los libros sacramentales.   

En este legajo de 75 folios hay además otro tipo de información histórica, que no he deshilvanado del todo por falta de tiempo, pero del que voy a poner un ejemplo para terminar.

El documento de la Casa Piñán demuestra que el linaje Díaz-Caneja, de Oseja, ya había emparentado con los Sosa de Vidanes antes del casamiento de Tomás Díaz con María de Sosa. Un tío del Tomás que fue padre de Ignacio y de Joaquín ya estaba casado con una Sosa de Vidanes que, a su vez, fue tía de la mujer de Tomás. Según esto y los cánones de la época, hubo relación de afinidad entre Tomás Díaz de la Caneja y María de Sosa, por lo que debieron necesitar dispensa papal para contraer matrimonio. Espero poder indagar más sobre ese personaje femenino (fuentes hay) para dedicarle una entrada independiente más adelante.   

Resumiendo, todos aquellos que hayan sacado información de alguna partida de bautismo, matrimonio o defunción de vecinos de Oseja y de Soto entre los años 1762 y 1774, de los libros sacramentales que se conservaron en Sajambre hasta que fueron depositados en León, que sepan que es muy probable que las notas tomadas sean erróneas o contengan errores.  

miércoles, 23 de septiembre de 2020

TABERNAS DE SAJAMBRE ENTRE 1667 Y 1898

 

En 1579 y 1581, los sajambriegos declararon a las autoridades fiscales del reino que no existía taberna o mesón alguno en todo el valle. Sin embargo, casi un siglo después, en la segunda mitad del siglo XVII sabemos que existían tabernas en Oseja, Soto y Ribota.  Estos establecimientos se abrían donde existía tráfico de viajeros, como se dice en algunos documentos que tratan del tema. Así en uno de ellos, fechado en 1716, se escribió:   

…Conbiene aya tabernas públicas para los que transiten de unos tránsitos a otros y, particularmente, la debe de aber en el lugar de Oseja, como cabeça de jurisdiçión, y lugar de Soto, como más ymmediato a subir y bajar puerto.

El camino real, el paso de Pontón y, sobre todo, la capitalidad de Oseja hacían de esta villa el lugar principal para la existencia de una taberna. Como se dice en 1716, el tránsito por Beza justificaba la de Soto. Y en la segunda mitad del siglo XVII hubo una tercera en Ribota, seguramente gracias a la entrada y salida de gentes por el camino del Beyo. Sin embargo, a lo largo del siglo XVIII la taberna de Ribota terminó desapareciendo.  

Hasta 1818 y quizás durante más tiempo, todas las tabernas de Sajambre dependían de las asambleas vecinales, siendo los regidores y vecinos los encargados de arrendarlas al mejor postor.  El arrendamiento se renovaba cada año, siempre con condiciones.  En épocas de dificultades económicas resultaba complicado formalizar los contratos. Por ejemplo, durante la Guerra de Sucesión y en la inmediata posguerra, es decir, en los años 1714 y 1716, no hubo quien quisiera hacerse cargo de las tabernas sajambriegas, conservándose documentos sobre los perjuicios que esto causaba.

Los arrendatarios solían ser vecinos de la localidad, normalmente dos, aunque también podían adjudicarse a gente de fuera. Así, en 1715 la taberna de Soto fue entregada a Domingo Casado, vecino de Vegacerneja.  

Las condiciones que se repiten en los contratos de arrendamiento son la de vender todo tipo de vino traído en las carreterías, mencionándose el mosto, el vino “nuevo” (o joven), el vino añejo, el blanco, el tinto, el de Tudela o el de Rueda y la de vender según los precios que se ajustaban tres veces al año en Burón: 

… A regimiento que se açe en la villa de Burón, cabeça desta Merindad, por nuebe regidores, cuyo regimiento se açe tres beçes en el año al bino nuebo y un regimiento en março, otro y otro en últimos de San Juan, cuyos tienpos son para conoçer lo alto y bajo que puede andar onde se coge. Y conforme a los tales regimientos nos hemos gobernado en este concejo, y de ymmemorial tiempo a esta parte no se arrendó taberna en este conçejo que no fuese a regimiento de Baldevurón.

Asimismo, se exigía que los adjudicatarios se comprometieran a estar abastecidos de género en todo momento, bajo pena de ser multados si el desabastecimiento se prolongaba más allá de tres días.  En el siglo XVII dicha multa ascendía a cinco cántaras de vino pagadas a las asambleas vecinales propietarias de las tabernas. En no pocas ocasiones, los vecinos que acumulaban más excedentes revendieron vino a las tabernas para garantizar su abastecimiento. Esos vecinos con excedentes suficientes para dicha reventa solían ser los miembros de la familia Piñán de Cueto Luengo.  

El último requisito que se repite en los contratos sajambriegos desde el siglo XVII es la prohibición de que los particulares pudieran vender vino en sus casas, a espaldas a la taberna, bajo las siguientes penas en 1667:

Y lo mismo que nadie pueda vender vino, salvo ellos. Y si alguien lo hiciera pague 5 cántaras de vino, 3 para el lugar y 3 para los taberneros

De hecho, entre los años 1801 y 1803 se desarrolló pleito porque el vecino de Oseja, llamado Manuel Piñán, se dedicaba a vender vino de forma particular en su casa y a menor precio que en la taberna. Gracias a documentos como este, tenemos constancia de cómo los asturianos venían a comprar vino a Sajambre.

Muchas de las menciones documentales a las tabernas sajambriegas son de carácter genérico, pero gracias a varios registros más explícitos podemos proporcionar los nombres de algunos taberneros anteriores a 1900.

1667: Pedro González y Damián Díaz, taberna de Oseja, vecinos de Oseja.

1671: Julián Díez de Caldevilla, taberna de Oseja, vecino de Oseja.

1672: Simón y Lupercio Díez, taberna de Ribota, vecinos de Ribota.

1713: Toribio Díaz de Oseja y Pedro Alonso Tielve, taberna de Oseja, vecinos de Oseja.

1716: Domingo Casado, taberna de Soto, vecino de Vegacerneja.

1801: Agustín Piñán de Cueto Luengo, taberna de Oseja, vecino de Oseja.

1818: José Alonso Díaz y Manuel de Mendoza, taberna de Oseja, vecinos de Oseja.

1826: José Calvo y Bartolomé Alonso, taberna de Oseja, vecinos de Oseja.

En la Gaceta de Madrid, antecedente del actual BOE, se publicó la notificación del expediente administrativo por fraude fiscal, incoado el 23 de septiembre de 1898 y fallado el 29 de julio de 1901 contra “el tabernero de Oseja de Sajambre”, llamado Juan Díaz.

miércoles, 27 de mayo de 2020

LA VENTA DE TABACO EN SAJAMBRE: DE LOS INICIOS EN 1660 AL ESTANCO DE 1893


ÍNDICE: 1. Introducción. 2. Los estancos del tabaco de los concejos de Sajambre y Valdeón en el siglo XVII. 3. Cosme de Acevedo. 4. Consumo y consumidores de tabaco en Sajambre durante los siglos XVII y XVIII. 5. El estanco de tabaco y timbre de José Piñán en 1893. 



1. INTRODUCCIÓN



En 1636 el tabaco americano se convirtió en un monopolio en el reino de Castilla,  en 1638 en el reino de León y en 1707 en el de Aragón. Los monopolios fiscales fueron “rentas estancadas” o, genéricamente, “estancos”, lo que implicaba la existencia de un comercio regulado y con precios oficiales. La venta al por mayor se llevaba a cabo en las tercenas (almacenes tabaqueros) y al por menor en los llamados estanquillos, a los que acudía la gente para adquirir pequeñas cantidades destinadas al consumo personal.  Con anterioridad a 1730, la explotación del tabaco se gestionó a través de arrendamientos al mejor postor y los puntos de venta se establecían mediante contratos de obligación.   

El éxito del tabaco en España fue rápido, aunque la mayor difusión entre las clases populares se produjo a partir de 1700. Durante el siglo XVII, la planta americana, que se transformaba en la primitiva fábrica sevillana de la collación de San Pedro, era consumida en polvo (rapé) por las élites, mientras que entre las clases bajas se prefería el tabaco de mascar. Ahora bien, una serie de circunstancias frenaron el consumo popular del tabaco en el 1600. Por un lado, se le culpó de haber sido la causa de una epidemia y por otro, contaba con la oposición de una parte de la Iglesia católica, ya que los papas Urbano VIII en 1624 e Inocencio X en 1650 publicaron sendas bulas en las que se amenazaba con la excomunión a los consumidores de tabaco, prohibiciones que no se levantaron hasta 1725 cuando los pontífices se percataron de los pingües beneficios económicos que reportaba el tabaco. La orden de los jesuitas fue una firme defensora de las ‘virtudes’ del cultivo americano. 

Pero nada de esto afectó a Sajambre ni, por lo que parece, a la región de Riaño, donde ya se consumía tabaco en el año 1660. 

2.- LOS ESTANCOS DEL TABACO DE LOS CONCEJOS DE SAJAMBRE Y VALDEÓN EN EL SIGLO XVII



En efecto, el 24 de enero de 1660, un vecino de Oseja llamado Cosme de Acevedo arrendó por un año “los estancos del tavaco, de hoxa y polvo, de los concejos de Saxambre y Baldeón por cantidad de ocho ducados”, incluidos “los alfoçes de Santa Marina y Caín del dicho Concejo de Baldeón”, a un clérigo de Pedrosa del Rey no ordenado in sacris que tenía por nombre Juan Gutiérrez, con la obligación de satisfacer la renta en dos pagas: una por San Juan y la otra al final del año.  El contrato de arrendamiento se hizo ante tres testigos: un laico llamado Alonso de Redondo y dos clérigos, Julián Rodríguez y Pedro Piñán (de Cueto Luengo). 

Por un documento posterior sabemos que Cosme de Acevedo siguió poseyendo los estancos de Sajambre y Valdeón en 1661 y en 1662, arrendado primero a Juan Gutiérrez y más tarde a Miguel Gutiérrez, asimismo vecino de Pedrosa, por lo que debía estar emparentado con el anterior.  

El 19 de febrero de 1662, Cosme de Acevedo subarrienda el derecho de vender tabaco en Valdeón a Domingo Marcano, vecino del concejo de Piloña en el Principado de Asturias, por 7 ducados que hacían 77 reales de vellón, nuevamente en dos pagas: una por San Juan (junio) y la otra por San Martino (noviembre).  Literalmente, el documento dice que Cosme de Acevedo 


“...dava y dio en arriendo el estanco del tavaco del dicho conçejo de Baldeón con sus alfozes, Santa Marina y Caín, a Domingo Marcano, veçino del conçejo de Piloña, Principado de Asturias, para que por sí mismo u persona en su nonbre lo pueda vender en dicho conçejo y alfozes referidos en la forma que el dicho Cosme de Acevedo lo tiene por este presente año...”.


La renta establecida en este subarrendamiento de 1662 (7 ducados) casi igualaba los 8 ducados que le había costado al sajambriego su arrendamiento del punto de venta conjunto de Sajambre y Valdeón dos años antes.  Esto debe indicar el aumento en el consumo de tabaco en ambos concejos, lo que es coherente con el incremento en las cantidades generales de tabaco importado a España desde América que, desde comienzos del siglo  XVII, no hizo más que acrecentarse (1). 

En el siglo XVII, ser arrendador de las rentas del tabaco, aunque fuera de un pequeño estanquillo, proporcionaba ventajas económicas y otorgaba prestigio social, gracias a una serie de exenciones y privilegios que estos oficios llevaban implícitos. En otros lugares de la Península, se conocen auténticas estrategias familiares para rentabilizar económica y socialmente el arrendamiento del tabaco. La continuidad del apellido Gutiérrez en Pedrosa da a entender que una familia del lugar, así llamada, pudo haber intentado medrar gracias al negocio del tabaco. Y en Sajambre lo intentó un miembro del linaje de los Acevedo (originarios de Corniero y establecidos en Sajambre desde el siglo XVI),  que culminaron su táctica de engrandecimiento social cuando adquirieron el estado de hidalgos a finales del siglo XVII. Tanto los Gutiérrez en Pedrosa, como Cosme de Acevedo en Oseja, mantuvieron el negocio del tabaco activo y rentable al menos durante 3 años (1660, 1661, 1662) y, a juzgar por el crecimiento de las rentas, posiblemente bastante más, quizás hasta la reforma de la Real Hacienda a principios del siglo XVIII, cuando se suprimió el sistema de arrendamientos.   

Pero ¿qué sabemos de este vecino de Oseja llamado Cosme de Acevedo?


3.- COSME DE ACEVEDO



El Cosme que nos interesa nació en Oseja en el año de 1612. Fue hijo de Diego de Acevedo Villarroel, natural de Corniero y fallecido el 8 de septiembre de 1633; hermano de Miguel y Juan de Acevedo. Cosme se casó dos veces, una con Catalina de Santos, natural de Soto e hija de Juan de Santos y Catalina de Cueto Luengo, cuya familia había vivido más de 24 años en dicho lugar de Cueto Luengo.  El matrimonio engendró, al menos, a Pedro, quien el 8 de septiembre de 1661, participó en el sorteo celebrado para sustituir a un desertor sajambriego en la guerra con Portugal, lo que indica claramente que eran tratados como pecheros. Más tarde contrajo segundas nupcias con Juliana Fernández Santos. En total tuvo 5 hijos: Pedro, Santiago, Martín, María y Ana de Acevedo. 

Su primogénito, Pedro, fue administrador de la Casa de la Caneja, oficio que pasó a su hijo, el primer Luis de Acevedo, compañero de andanzas y pendencias de Leonardo García de Mendoza. Desde finales del siglo XVII, esta familia de Acevedos (hubo otras) vivieron en el barrio del Valleyo, por debajo de Las Cortes. En concreto, su casa lindaba con la bolera que existía en el lugar, es decir, lo que hoy se llama La Huerta de la Bolera. Dicha casa había pertenecido con anterioridad a María de Granda, natural de Oseja. 

Un año antes de hacerse con los estancos del tabaco de Sajambre y Valdeón, en 1659, Cosme de Acevedo fue regidor de Oseja. En las pruebas testificales de un juicio celebrado en 1662 declara tener 50 años, lo que nos permite calcular su fecha de nacimiento y la edad que tenía cuando se hizo cargo de la venta de tabaco en los concejos de Sajambre y de Valdeón.  Murió antes de 1693. 


4.- CONSUMO Y CONSUMIDORES DE TABACO EN SAJAMBRE DURANTE LOS SIGLOS XVII Y XVIII 



Al ser el tabaco un producto perecedero y de ocio, como es lógico no suele aparecer en los inventarios de bienes de ningún vecino de Sajambre de los siglos XVII y XVIII. Pero el aumento de las rentas en menos de tres años indica que debía estar bastante extendido, por lo menos el tabaco de hoja para mascar, que era el preferido por las clases populares de la época. El uso debió ir en aumento, como sucedió en toda España, a lo largo del siglo XVIII. 

Al contrario del tabaco de mascar, el tabaco en polvo o rapé fue considerado en el siglo XVII un producto de lujo propio de las clases acomodadas. Y esto sí quedó reflejado en algún inventario post mortem sajambriego. En concreto, en el de un cura. 

Se trata del párroco de Oseja y Soto, Francisco Rodríguez Reyero, que murió en el año 1720 y que, a juzgar por su inventario de bienes, debía ser todo un sibarita en el entorno en el que vivía. Entre los objetos de su casa había “un pote de echar tavaco”, que era un recipiente característico para guardar el rapé (FOTO 1).  En su casa había también otros productos culinarios caros, auténticas delicatessen de la época, como el azafrán, la pimienta y el chocolate. 

FOTO 1. Pote para guardar tabaco en polvo o rapé


Como se ve, los que consumían rapé tenían recipientes para guardarlo, cosa que no sucedía si lo que se usaba era el tabaco de mascar. De ahí que el silencio de los inventarios de los laicos siga apuntando, indirectamente, a dicha modalidad de consumo.  


5.- EL ESTANCO DE TABACO Y TIMBRE DE JOSÉ PIÑÁN EN 1893



Aunque no se han conservado otros documentos, en Oseja debió seguir existiendo un punto de venta de tabaco a lo largo de los siglos XVIII y XIX porque la demanda fue creciente y porque volvemos a documentarlo en el año 1893. Para entonces el estanco abarcaba ya la venta unificada de tabaco, franqueo para la correspondencia y pólizas para los documentos oficiales (se establecieron en 1856), así como papel sellado.  

En el año 1636 se hizo obligatorio el uso de papel sellado para todas las escrituras públicas y privadas con una finalidad tributaria. Como el tabaco, el papel sellado se vendía en estancos específicos para ello. 

El primer estanco de papel de Sajambre, del que tenemos noticia, data del año 1668 y fue establecido por Pedro Alonso Llano, “vecino de Oseja, estanquero del papel sellado deste concexo de Saxambre y lugares de su jurisdiçión”, que se abastecía de género en la casa del estanquero mayor de la ciudad de León.  Esta información aparece en un testimonio notarial que está roto y del que solo se conservan doce renglones, la fecha la sabemos gracias al sello entintado del papel (FOTO 2).  Otros documentos sajambriegos de 1712 y de 1715 se refieren también a la existencia en Oseja de un estanco de papel sellado. 

FOTO 2. Papel sellado de 1668


Sobre este Pedro Alonso Llano apenas sabemos nada porque se pierde en la nebulosa de los Alonso, a no ser que aparezca con su segundo apellido. Es lo que sucede en dos casos: en 1661 cuando se documenta como regidor de Oseja y, en 1680, cuando declara como testigo en un juicio.   

Volvamos al año de 1893.

En aquel tiempo, el estanco de tabaco, timbre y papel sellado lo tenía José Piñán. No sé exactamente quién fue este José Piñán, más allá de que tuvo que pertenecer al linaje de los Piñán de Cueto Luengo, porque sus papeles se han conservado en el Archivo de la Casa entre los documentos familiares y que pudo ser la misma persona que el José Piñán que se documenta como alcalde en 1898.  Entre sus papeles, “Don José Piñán” aparece como “encargado de la expendeduría de Oseja”, que se abastecía en Riaño en la casa de Antonio González.   

Entre el 20 de agosto y el 29 de diciembre de 1893, es decir, en 4 meses, el estanco de José Piñán facturó 1.975 pesetas y 90 céntimos solo de tabaco, sin contar los franqueos y el papel sellado, repartido de la siguiente manera: 


Tabaco picado común =  231 kilos

Cigarros fuertes = 6.720 unidades

Cigarros entre fuertes = 40 unidades

Cigarros de marca chica = 140 unidades

"Cigarrillos papel" = 3.750 unidades



Una cosa que se observa muy bien es cómo las ventas se duplicaban en Navidad, sobre todo de tabaco picado, que era la modalidad más consumida. De estas ventas, el estanquero se llevaba el 3% que, en este caso, fueron 59 pesetas y 27 céntimos. Como ganancia de José Piñán habría que sumar el porcentaje correspondiente de la venta de sellos y de papel sellado. 

Los siguientes registros conservados al respecto penetran ya en el siglo XX, cuando en 1941 se documenta un estanco en Oseja y en 1945, seguía habiendo uno en Oseja y otro más en Soto.  Entre medias debieron existir otros establecimientos de estas características en Oseja, casi ininterrumpidamente desde 1660 porque, al menos, en 1886 consta que no habia estanco en Sajambre, pero sí en Valdeón, propiedad de Jerónimo Marcos. José Piñán debió abrir el suyo  poco después.


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NOTAS

(1) Por ejemplo, en 1609 llegaron a España desde las Indias 15.328 libras de tabaco; en 1610, 63.401 libras; en 1611, 183.526 libras; en 1612, 327.218 libras... Santiago de Luxán y Óscar Bergasa, “La institucionalización del modelo tabaquero español 1580-1636. La creación del estanco del tabaco en España”, Vegueta, 7 (2003), p.138.



lunes, 4 de mayo de 2020

LA EMIGRACIÓN SAJAMBRIEGA ENTRE 1500 Y 1800


1. Introducción. 2. La emigración a América. 3. La emigración a Andalucía. 4. La emigración a Madrid. 5. Otros destinos. 6. Las causas de la emigración sajambriega en la Edad Moderna. 7. Conclusiones.



1. INTRODUCCIÓN


Como siempre en este blog, la información deriva directamente del contenido de los documentos conservados, advirtiendo al lector cuando lo que planteamos son hipótesis o interpretaciones personales.   Para este tema me he basado en la documentación que se conserva en archivos públicos y privados, como el General de Indias, el General de Simancas, el de la Real Chancillería de Valladolid, el Histórico Nacional, el Archivo General de la Administración, el Histórico de Asturias y el de la Casa Piñán.

Como es habitual, las fuentes no siempre son todo lo expresivas que nos gustaría, ya que en muchas ocasiones cuando los documentos aluden a aquellos que habían abandonado el concejo, lo hacen bajo expresiones genéricas del tipo “ausente”, “ausente del concejo”, “se ausentó de esta jurisdicción”, “se fue por el mundo”. Son expresiones que a veces abrevian la redacción notarial, pero en otros casos responden a un verdadero desconocimiento de la suerte corrida por los que abandonaron Sajambre. Así se observa, por ejemplo, en una declaración de testigos de 1677 cuando uno tras otro afirman que Pedro Alonso Calvo estaba “ausente desde hace tiempo del concejo”, “se fue hace mucho tiempo”, “hará más de veinticinco y veintiséis años que se fue”, pero nadie sabía dónde había ido, ni qué había sido de él en todo ese tiempo.

2.- LA EMIGRACIÓN A AMÉRICA


Empiezo por la emigración a América no por haber sido el destino más frecuente en la Edad Moderna, sino por ser el más tempranamente documentado en Sajambre.   

Como hablamos en otras ocasiones, en el año 1512 Gonzalo “asturiano” (como apodo), hijo de Diego González, vecino de Soto de Sajambre, se embarcó hacia la Nueva España en la nao de Pedro González Romero, junto a varios vecinos de la villa de Guadalupe. En esta época, el uso de las mayúsculas en los nombres propios no estaba regulado, de hecho lo normal era que los nombres de las personas no se iniciaran con letras mayúsculas. En este caso se escribe: gonçalo asturiano, donde el ‘asturiano’ ha de ser necesariamente un apodo, ya que a continuación se dice literalmente: hijo de Diego González, vezino de Soto de Seyame.  Por tanto, el apellido de este Gonzalo era ya el González del padre, por lo que el “asturiano” debía ser un apelativo relacionado con su origen en los confines del Principado o con su manera de hablar. 

Hasta el año 1699, es decir, 187 años después de aquel Gonzalo originario de Soto, no se registra otra noticia sobre el paso de un sajambriego a América. En realidad, en los casi 300 años que transcurrieron entre 1512 y 1808 solo existen 3 menciones documentales sobre viajes hacia las Indias. Aunque, como es evidente, la movilidad de sajambriegos hacia el nuevo continente debió ser algo mayor, estos poquísimos casos indican que, estadísticamente, la emigración local hacia los territorios americanos debió haber sido bastante pequeña en la Edad Moderna, produciéndose los desplazamientos más numerosos a partir de 1880, en el marco de la gran oleada de emigración en masa desde España.    

Después de aquel pionero que había nacido en Soto y que se embarcó en la temprana fecha de 1512, el siguiente leonés de la Montaña Oriental conocido fue Alonso de Vegacerneja, hijo bastardo de un clérigo del mismo nombre y de Urraca Díaz, quien en 1538 entró en América por La Florida. Después de esto hay que esperar al año 1569 para encontrar a un Rodrigo Díaz de Valdeón que murió en Panamá; Toribio de Domingo, del concejo de Valdeón, en 1589; Toribio Alonso, de Soto de Valdeón, que se embarcó como criado de un fraile asturiano en 1599; Ana de Valdeón en 1603, como criada de un sevillano;  y algunos más en el XVII y XVIII, como por ejemplo Francisco Gómez de Caso en 1615 o  Antonio Alonso Blanco Cosío, hijo de Joaquina Piñán de Cueto Luengo, casada en Valdeón, en 1796. No obstante, la escasez de gentes de estas latitudes norteñas en irse a las Indias en la primera mitad del siglo XVI no extraña al historiador, ya que sabemos que en los primeros momentos fueron sobre todo andaluces y extremeños los que se atrevieron a cruzar el Mar Océano, que era como se llamaba entonces el Atlántico.     

Como decíamos, tras 1512 es el año 1699 cuando un documento nos dice que un hijo de la vecina de Oseja, María de Granda, se había ido a la Nueva España.  Algo más de cien años después, en 1808, Alejandro Piñán de Cueto Luengo, vecino de Oseja, solicita al juez del concejo un certificado de hidalguía porque “teniendo como tengo determinado remitir a la Nueva España a mi hijo Alexandro, colegial en el Real Seminario Cantábrico de Guarnizo  conviene a su derecho y al mío en su nombre se certifique su condición de estado”. El colegio cántabro que se nombra había sido fundado por un pariente del estudiante (de origen lebaniego) que, a su vez, había hecho fortuna en América, al que nos referiremos más adelante.

Si la información sobre los que se fueron a América es escasa, más reducidos son los datos sobre los que volvieron. En Oseja existió una familia que llevó el apellido “Indiano”, en concreto los “Díaz Indiano”. Hoy sabemos con seguridad que dicho apellido empezó siendo un mote, porque un documento de 1671 especifica: “Pedro Díaz, dicho indiano”, es decir, “Pedro Díaz, llamado indiano”.   Este apelativo relacionado con este Pedro Díaz se registra en la documentación notarial sajambriega desde el año 1662, quedando memoria todavía, 11 años después, de que dicho “indiano” solo era un mote. Lo que sucedió es que, con el tiempo, acabó por convertirse en apellido, encontrando gente llamada “Díaz Indiano” en Oseja hasta 1822 por lo menos.   ¿Sería aquel primer Pedro Díaz “indiano” uno de los emigrantes a América que fueron y volvieron? ¿O le pondrían el mote por alguna otra razón? No podemos estar seguros, pero este es el único caso de “indianos reconocidos” en todo el valle de Sajambre con anterioridad a 1800. 

Ahora bien, lo que sucedió en Sajambre durante los siglos XVI, XVII y XVIII fue un fenómeno migratorio diferente. Debieron ser bastantes los que quisieron ir a América, sobre todo en los períodos de crisis, pero pocos lo consiguieron porque muchos se quedaron a medio camino.   

Para ir a América hacía falta dinero. Había que conseguir la licencia y, antes de eso, el acta notarial de estado y limpieza de sangre, que había que pagar. Después había que costear el pasaje y la alimentación a bordo, lo que no era barato, ni siquiera entre las modalidades más económicas (1). Los que se veían forzados a marcharse de Sajambre lo hacían para buscar una vida mejor y salían del concejo con unos pocos reales en el bolsillo, cuando no a la aventura. De manera que, antes de embarcarse hacia América, los sajambriegos necesitaban conseguir capital suficiente para financiarse. La estrategia consistió en avencindarse en ciudades prósperas y trabajar hasta ahorrar lo que se necesitaba para viajar al otro lado del mundo conocido.  Solo que, en el proceso, muchos terminaron quedándose en España. Nuestro fundamento para esta hipótesis es el número de sajambriegos documentados en Andalucía y el caso del hijo de María de Granda, vecina de Oseja, que en 1699 tenía un hijo  que se halla ausente en el Reino de Andalucía y dicen passó a la Nueba España”.   

3. LA EMIGRACIÓN A ANDALUCÍA


Es muy posible que los sajambriegos de 1500, de 1600 y de 1700 emigraran a Andalucía con la idea de pasar, desde allí, a las prometedoras tierras americanas. Lo que sucedió fue que la mayoría terminó por quedarse en las prósperas ciudades andaluzas.  No solo existen documentos de sajambriegos avecindados en Andalucía, sino que apenas se conservan tres o cuatro certificados de limpieza de sangre, pese a existir muchísima documentación notarial del período, sobre todo de los siglos XVII y XVIII que es la época que registra un mayor movimiento de población.  Es decir, los datos conservados en positivo y en negativo apuntan a que muchos de los que salieron de Sajambre en 1500, 1600 y 1700 con la idea de irse a América se quedaron en las ciudades castellanas más prósperas de la época, como Sevilla, Madrid, Cádiz, etc.   

No debemos olvidar tampoco la emigración ilegal, que también existió en aquella época, sobre todo en los primeros tiempos. Pero incluso para eso hacía falta dinero (pagos y sobornos)  y la mayoría de los que salían de Sajambre no lo tenían. En el siglo XVIII, los castigos para los ilegales y para quienes admitían polizones en los barcos se endurecieron mucho, incluyendo la pena de muerte. Otra estrategia para cruzar la mar sin pagar el pasaje era enrolarse en alguna tripulación para abandonar el oficio una vez alcanzado el destino.  El rastreo de este tipo de información exige el acceso a otro tipo de fuentes que no vamos a llevar a cabo ni en esta ocasión, ni en el futuro, por lo que seguiremos centrándonos en lo que nos dicen los documentos notariales sajambriegos. 

En el siglo XVII, los siguientes sajambriegos están documentados en Sevilla: Juan Muñiz de Cueto Luengo, Pedro Muñiz, Francisco Muñiz, Domingo Muñiz, Santiago de Acevedo, Juan Fernández y, posiblemente, el hijo de María Granda documentado en 1699.

Juan Muñiz de Cueto Luengo, de quien no conocemos su origen y que era vecino de Sevilla (es decir, no era residente, ni morador, ni estaba de paso, sino que estaba avecindado en la ciudad de Sevilla), cancela en 1643 una deuda que tenía con el comisario Piñán. Varias décadas después, los hermanos Pedro y Francisco Muñiz, vecinos de Oseja e hijos de Miguel Muñiz y Lucía Prieto, eran vecinos de Sevilla en 1670 y 1672. Domingo Muñiz,  natural de Soto e hijo de Diego Muñiz y María González, vivía en la capital hispalense en 1675. En otros dos documentos de esta misma fecha (1675), Juan Fernández de Ribota, natural de dicha localidad sajambriega, estaba avecindado en la sevillana collación de Santa Catalina. Lo mismo le sucedió a Santiago de Acevedo, vecino de Oseja, en 1693, cuando regresó a Sajambre temporalmente para formalizar la división de la herencia familiar con sus hermanos. Y, con mucha probabilidad, también vivió en Sevilla, al menos algún tiempo, aquel hijo de María de Granda, cuyo nombre ignoramos y que terminó cruzando el gran océano hacia América.    

En el Siglo de Oro, Sevilla fue la ciudad más poblada, más rica y con mayores oportunidades de toda la Corona de Castilla, por lo que no es de extrañar que los sajambriegos más inquietos o necesitados se establecieran allí.  Además, hasta que la Casa de Contratación no se trasladó a Cádiz en el siglo XVIII, Sevilla era la puerta de América, es decir, por Sevilla debían pasar todos los que querían ir a América. Por lo que el hijo de María de Granda debió vivir, como mínimo, algún tiempo en Sevilla antes de poder embarcarse hacia la Nueva España, si lo hizo de forma legal.    

Como es natural, hubo contacto entre algunos de estos sajambriegos emigrados que vivían en Sevilla. Sabemos que Domingo Muñiz trató con Juan Fernández de Ribota, a quien vendió sus propiedades de Soto en la propia ciudad hispalense a espaldas de sus parientes sajambriegos, que iniciaron pleito por esta razón en cuanto se enteraron.   

En el siglo XVIII sabemos con seguridad que los siguientes sajambriegos estuvieron avecindados en Andalucía: Pedro Amigo (Oseja), un hijo de Francisca González y José Díaz de Caldevilla (Oseja), Juan Bautista Díaz de Caldevilla (La Pandiella, Oseja), Juan Alonso de la Mata (Quintana, Oseja), Cosme de Suero (Soto), Gregorio Díaz de Caldevilla (Oseja), Manuel de Suero (Oseja) y Santiago Fernández (Ribota).  En total, ocho sajambriegos afincados en Sevilla, Granada, Cádiz, Medina Sidonia y Andalucía sin precisar emplazamiento concreto desde el año 1706. 

En 1717, la Casa de la Contratación se trasladó a Cádiz y en 1718, 1719 y 1721 hay sajambriegos en la villa ducal de Medina Sidonia y en Cádiz capital, lo que insiste en la idea de que el plan original de algunos de estos emigrantes debió haber sido la de ir acortando el camino hacia el nuevo continente, aunque por diferentes circunstancias no todos llegaran a cruzar la mar.     

De entre todos estos casos, vamos a detenernos en el de Santiago Fernández, de Ribota, porque de él se conserva una carta muy expresiva dirigida a su mujer y a su hija, cuyo contenido voy a extractar. La misiva está fechada en Cádiz, el 26 de marzo de 1721 y dice así: 


Hesposa mía: mucho me olgará aquestas quatro letras te allen con mui buena salud en compañía de mi querida hija y le echo mi bendición con la de Dios, que la mía por lo de aora es mui buena. A Dios sus ynfinitas gracias. Para todo aquello que me quisieres mandar, que lo aré como me toca a mi propia obligación. Por quanto, esposa mía, en como he escritas varias cartas y que ninguna he tenido respuesta dellas, no puedo saver si será por causa de salud o del aborecimiento que me tienes o, quando menos, si será por causa de salud o algunos las retira(n) de la estafecta; y si yo supiere quién era, bueno castigo mereciera; y con esta ya ba de cinco. La maior soledad que tengo era saver de tu buena salud y juntamente de mi querida hija, a mi tía Bárbara y a mi tío Francisco le enbío muchas memorias. A Manuel Tames y su esposa, a mi compadre Luis Fernández y su espossa y a toda su familia muchas memorias, a Rosa de Rebes y a sus hermanas muchas memorias y a todos mis amigos y vecinos muchas memorias... 


Por un documento posterior del 15 de mayo de 1721 sabemos que este Santiago Fernández era natural de Ribota y había vivido en León antes de irse a Andalucía; había sido hijo de Pedro Fernández y de María Martínez, difuntos; y hermano de Domingo Fernández, todos vecinos de Ribota, así como su mujer, Olaya, y su hija.  Sabemos también que ninguno de los leoneses que se mencionan en la carta tenía noticia de que estaba en Andalucía y que manda a su amigo, Manuel de Tames, vecino de León, vender la herencia de sus padres a su hermano Domingo para entregarle el dinero de dicha venta a su mujer e hija, lo que hace sospechar que no tenía intención de regresar, seguramente porque tenía pensado irse a América.

El tal Santiago Fernández debía llevar ya bastante tiempo en Cádiz porque declara haber enviado cuatro cartas antes de la presente, de las que no obtuvo respuesta. Las causas que el propio Santiago achaca a este silencio de su esposa son interesantes porque, junto a sus dudas sobre el estado de salud de su familia, baraja la posibilidad de un “aborrecimiento” hacia su persona: ¿Una suerte de reconocimiento de la propia culpa por estar en la otra punta del reino?  Especula también sobre un posible robo de correspondencia y dispone, por último, que le entreguen 25 ducados a su mujer.  Todo esto hace pensar que la intención no declarada de Santiago Fernández era la de marcharse a América, dejando a su mujer y a su hija en Ribota. 

4. LA EMIGRACIÓN A MADRID


El establecimiento de la corte en la villa de Madrid debió ser un aliciente de prosperidad para muchos aldeanos de la periferia. Como ya se sabe, la corte fue itinerante durante toda la Edad Media, estableciéndose en Madrid de iure en 1561 y de facto en 1606.

El primer sajambriego que podemos situar en Madrid es una mujer que había nacido en Soto y que se llamaba Juana González de Coco. Gracias al Archivo de la Casa Piñán hoy sabemos algo más de esta sajambriega de lo que se conocía en época de Moisés Díaz-Caneja, cuando escribió que nada se podía decir sobre ella más allá de lo que aparecía en el testamento del arcediano de Villaviciosa, Pedro Díaz de Oseja, de 1665.   

Juana González de Coco posiblemente terminó viviendo en Madrid por razón de casamiento. El nombre de su marido fue el de Bartolomé Guerrero y murió antes de 1624; ella misma murió en 1625. Cuando Juana hizo testamento debía tener una posición económica bastante desahogada porque dejó 500 ducados para la dotación de una capellanía en Soto, la de la Virgen del Populo, que debía encomendarse siempre a clérigos de su linaje. El primero que ocupó dicho beneficio, por orden de la propia benefactora, fue su sobrino (así se declara una y otra vez en varios documentos) Domingo Piñán de Cueto Luengo.    

Domingo Piñán, notario apostólico, cura que llegó a ser de Oseja y Soto, y comisario de la Inquisición, fue hijo de un Gonzalo Piñán (el segundo de este nombre) y de una Juana González de Coco, también natural de Soto, pero que no puede ser la fundadora de la capellanía. En un mismo documento se dice que la madre del comisario era Juana González de Coco y la tía del comisario era Juana González de Coco, documentándose él siempre como “sobrino” (no como hijo) de la benefactora. La primera siempre aparece como viuda de Gonzalo Piñán, vecina de Soto, y la segunda como viuda de Bartolomé Guerrero y vecina de Madrid. Estamos, por tanto, ante dos personas con el mismo nombre, que eran parientes entre ellas, tal vez primas hermanas o tía y sobrina. Entre sus respectivos fallecimientos discurrieron 10 años, ya que la madrileña (quizás la tía) murió en Madrid en 1625 y la madre del comisario (quizás la sobrina)  falleció en Soto en 1635.

Por tanto, los Piñán de Cueto Luengo  fueron los parientes más cercanos en el valle del matrimonio que formó Bartolomé Guerrero con Juana González de Coco.  El testamento original de esta Juana González de Coco constaba de 9 folios escritos por las dos caras y, a la muerte del comisario Piñán en 1652, apareció entre los papeles de su casa.

Hay otro sajambriego que prosperó en la villa y corte de Madrid por aquellos mismos años y del que conocemos parte de su cursus honorum. Se trata de  Cosme Díaz de Caldevilla, originario de Oseja por los cuatro costados.  A comienzos del siglo XVII ya estaba en Madrid sirviendo como criado en la corte, donde conoció a una doncella de la duquesa de Osuna con la que se casó hacia 1624. Después de esto, pasó a servir como soldado en la guardia real, llegando a ser capitán de caballería. Tuvo dos hijas llamadas Clara e Isabel y un nieto que llegó a ser caballero de la Orden de Santiago.  

En 1667 vivía en Madrid Juan Alonso, de Oseja, y en 1674 Juan de Viya, natural de Soto. Este último es la misma persona que en 1676 pagó siete reales de a ocho (de plata) a Domingo Debia (o de Hevia), cochero del rey que, por su apellido, debía ser asturiano, a no ser que fuera pariente del propio Viya, ya que el apellido sajambriego se registra en los documentos del Archivo Piñán con las siguientes variantes antiguas: De Biia, Debia o De Viia, siendo el “De Viya” la forma más moderna.  

En 1675 también residían en la villa y corte de Madrid los hermanos Domingo, Bernardo y Juan de Acevedo, así como su medio hermano Gregorio de Acevedo, todos hijos de Juan de Acevedo y María Martínez, y naturales de Oseja.

En 1705 sigue documentándose en Madrid un Domingo de Acevedo Villarroel, natural de Oseja.  También emigró a Madrid en 1715 Pedro Amigo, cuando tenía 40 años, dejando a su mujer en Oseja con una niña de pecho; y los dos hijos varones de Dominga Amigo, también vecinos de Oseja, dejaron a su madre impedida y sola en el pueblo para irse a los Madriles.   

5. OTROS DESTINOS


Al observar los desplazamientos permanentes de los sajambriegos con anterioridad al siglo XIX se constatan muchas residencias en el entorno más próximo, donde se iban a vivir por matrimonio o relaciones familiares las más de las veces. Dada la situación fronteriza de Sajambre, ese entorno cercano se corresponde con diversas localidades y comarcas de las actuales provincias de León, Santander, Principado de Asturias y Palencia, pues hay sajambriegos documentados que vivían en Guardo, Liébana, Amieva, Ponga, Cangas de Onís, Margolles, Parres, Ribadesella, Gozón, Avilés, Oviedo, León, Riaño, Valdeón, etc. Vamos a poner solo algunos ejemplos.

El caso más antiguo que he podido documentar hasta el momento es el de un Alonso de Vierdes que vivió en Oviedo en el año 1501. También los jovenzuelos que llevó el Arcediano a servirle en Oviedo un siglo después, como le sucedió a un hijo de Julián Díaz de la Caneja, llamado después Julián Díaz de Ribota cuando sustituyó a su padre en la escribanía pública del concejo. En el lugar de Perdones, parroquia de Santiago de Ambiedes y concejo asturiano de Gozón, vivió en 1662 Pedro Díaz de Caldevilla, natural de Soto, y en la misma fecha era vecino de Avilés Domingo Díaz de la Caneja, con su mujer Juana Menéndez, hija bastarda de Pablo Díaz de la Caneja, cura y hermano del primer Tomás Díaz de la Caneja. En Moraleja del Vino (Zamora) se estableció Pedro Díaz de Caldevilla, natural de Oseja, entre 1660 y 1670.  Lorenza Díez de Oseja vivió en Otero, jurisdicción de Guardo, en 1786, al casarse con un vecino local.  Fausta Díaz de la Caneja vivió en Margolles a finales del siglo XVIII, etc.   

6. LAS CAUSAS DE LA EMIGRACIÓN SAJAMBRIEGA EN LA EDAD MODERNA


Algunos de los traslados de residencia anteriores estuvieron justificados por casamiento, como dijimos, pero también por motivos laborales. Así, Manuel Díaz de la Caneja vivió algún tiempo en el concejo asturiano de Parres mientras ejerció como escribano público del número en dicho municipio a principios del siglo XVIII. Lo mismo les sucedió a los familiares que atendían a aquellos curas que salieron del valle a sus destinos parroquiales, toda vez que en tales casos solían ser mozas solteras, parientes desfavorecidos o huérfanos que, de esa manera, se aseguraban el sustento. Este fue el caso de los que acompañaron a Pablo Díaz de la Caneja a la parroquia asturiana de Santiago de Ambiedes (Gozón). Estaban también los miembros de las criazones, es decir, todos aquellos que fueron criados (mantenidos) por algún eclesiástico, como hizo el Arcediano con varios jóvenes de Sajambre.    

No obstante, las principales razones para emigrar fueron la pobreza y la guerra, sobre todo la primera, consecuencia también de cualquier conflicto bélico.  Un documento de 1586 describe Sajambre como un concejo questá entre riscos y peñas... y es tierra muy pobre y miserable, lo que se repite de vez en cuando en las fuentes notariales de los siglos XVI, XVII y XVIII, como aquel otro de 1721 que describe el valle como una tierra asquerosa y montuosa; o el de 1713, en el que los más pobres se quejan diciendo que la tierra es áspera y fragosa, no ai en ella perssonas acaudaladas que puedan dar limosna para poderse mantener.    

La pobreza estaba causada por las características del medio montañoso: muy agreste y con una climatología adversa, donde los inviernos eran largos y con muchas nieves; con tierras de muy mala calidad por ser los suelos ácidos y poco profundos, no aptos para la agricultura; y una actividad ganadera que resultaba claramente insuficiente para cubrir las necesidades de la población local. Los intercambios comerciales, mediante la carretería y la arriería, solo parecen haber tenido un cierto desarrollo (con acumulación de excedentes) durante un período corto e intermitente entre los siglos XVII y XVIII, por lo que cualquier causa que distorsionase aquel frágil equilibrio convertía la situación en algo dramático.    

Los cuatro jinetes del Apocalipsis cabalgaron libremente por Sajambre entre 1500 y 1800. La peste azotó varias veces el municipio, siendo muy agresiva la de finales del siglo XVI, pero también hubo otras muchas epidemias en el XVII y en el XVIII.  La Guerra de Sucesión (1701-1714) devastó la Península, sobre todo entre 1706 y 1711, dejando cerca de un millón de muertos y un panorama desolador en Sajambre. El hambre campó a sus anchas durante todo el Antiguo Régimen y la muerte fue omnipresente a causa de las crisis de subsistencia, la guerra y la peste.      

Algunos de los sajambriegos que están documentados en América y en Andalucía pertenecieron a familias que aparecen como pobres en diferentes documentos de los siglos XVI y XVII, como los Amigo, los Muñiz, los Martínez y algunos de los Acevedo y de los Granda; otros fueron segundones o hijos bastardos, que se buscaron la vida como pudieron; otros huérfanos, otros jóvenes, menores de 25 años, que intentaron mejorar su existencia más allá de las montañas.   

La realidad general del concejo de Sajambre era la que se describe en el Castro de Ensenada cuando se afirma que la tierra solo producía pan para la mitad del año. Habría que precisar que ese grano panificable que solo daba para seis meses era además de baja calidad, a menudo terciado, es decir, se hacía un pan cocido con mezcla de harinas de escanda, cebada y centeno, o incluso con harina de arvejos. El pan blanco, con trigo de calidad, había que importarlo. Es por esto que las tierras de Sajambre en la Edad Moderna bien pueden describirse con el título de la célebre película de Luis Buñuel “tierra sin pan”.  A esta situación endémica hay que sumar las crisis de subsistencia que se retratan en varios documentos: 


...Debido a la pobreza de los años passados y pressentes ser fatales... de que nos hallamos faltos de alimento... Por lo mucho que han padecido y padecen por la falta de granos que hubo en esta tierra, por la estrechez de ella y lo asquerosa que es... Por los años pasados y presentes fortuitos que an corrido por falta de granos que hubo en esta tierra, por lo escasso de ellos... 


Junto a la pobreza y el hambre, la guerra. Centrémonos en el ejemplo de la Guerra de Sucesión, que ocupó casi 15 años (1701-1714) y que provocó una de las épocas de mayor emigración en la historia de Sajambre. Oigamos lo que declara Juan Martín, vecino de Oseja, cuando se vió obligado a vender su casa y todas sus propiedades en 1715: 


Mediante se necesita pagar los tributos y aberes de su magestad por las urgencias de la guerra que cada día nos está costando y para los débitos que está debiendo y los dichos sus hermanos para el alimento de la dicha su hermana caduca e imposibilitada... 


Este Juan Martín se hallaba solo en Oseja con una hermana inválida, porque sus otros hermanos, Marcos y Pedro, se habían marchado del concejo.   

Las mismas urgencias de la guerra, que aquí se mencionan, fueron las que multiplicaron las levas militares entre 1701 y 1714, algunas de cuyas órdenes se conservan entre los protocolos notariales de dichos años y fueron también las que hicieron que en 1711 muchos sajambriegos se quejaran de no tener ningunos ganados muebles de que nos baler. La guerra fue también la causa principal de la gigantesca sangría demográfica que se ve muy bien en los padrones municipales de 1715, donde la población, numéricamente muy disminuida, se componía de ancianos, viudas, solteras, huérfanos y menores de edad, y donde muchas casas estaban cerradas porque sus dueños se habían marchado de Sajambre. He aquí una muestra:  


[Oseja:] Pedro Amigo está casado, fuesse a tierra de Madrid, tendrá de edad de quarenta años. Dejó en su cassa a su muger con una niña del pecho... María Amigo, biuda, tiene consigo dos nietos guërfanos de edad de nuebe a once años...  Dominga Amigo, biuda, tiene dos hijos, fuéronse a los Madriles, dejáronla sola, es bieja y mui pobre. Gregorio Díaz de Caldebilla, viudo, tiene tres hijos y dos hijas que se fueron a Granada...  Joseph Alonso está cassado, es mui biejo, que pasa de setenta años, tiene una hija, está por casar... Micaela Alonso, biuda, tiene consigo quatro hijos, dos barones y dos hembras, los barones ninguno llega a treze años. Françisco Díaz, viudo, tiene quatro hijos, dos se fueron por el mundo... María de Bega, moza, soltera, no a tomado estado, pasa de más de çinquenta años, está sola en cassa. Captalina Rodríguez, moza, no a tomado estado, tiene más de çinquenta y ocho años, asiste sola en su cassa. María Barales, moza, soltera, de edad de quarenta y ocho años, asiste en su cassa sola y sin compañía...  


[Soto:] Ana Moñiz, biuda, es bieja caduca,  tiene consigo una hija llamada María, viuda, una nieta y un nieto de edad de diez y ocho años. Manuela Martino, biuda, tiene tres hijos, que el mayor no llega a ocho años... María González, viuda, tiene quatro hijos, que el mayor no llega a diez años. Ysabel de Bega, biuda, tiene dos hijos, barón y hembra, que el mayor no llega a ocho años... María González, llamada La Paussa, biuda, tiene dos hijas y un hijo de edad de diez años... María de Suero, moza, de edad de diez y ocho años, dejola su padre en casa sola y se fue por el mundo... Gregorio Francisco, Antonio de Palacio, Francisco Díaz de Coco, Ignacio Alonso ausentáronse deste concejo, dejaron sus casas ynabitables... 


[Vierdes:] Bernarda Redondo y Francisca Díaz, mozas, están solas en su cassa... Captalina del Collado tiene consigo una hija y dos hijos, de edad de veinte y quatro a veinte años, el mayor se fue


[Pio:]  Juan Gargallo tiene siete hijos y los seis barones y el que más no llega a captorce años, fuese por el mundo. La viuda de Pedro Redondo Rojo tiene quatro hijos menores, fuesse por el mundo con ellos, dejó su casa ynabitable... María Díaz, viuda, tiene una hija y un hijo consigo y un hijo que tenía se fue por el mundo y otro tiene en serbiçio de su magestad. María e Isabel Redondo, mozas, asisten en su cassa solas. Joseph y María González, hermanos, guërfanos, son menores de catorze, está con ellos una tía llamada María González, moza, aliméntase a ella y a sus sobrinos.... Juan Gargallo y su hijo de edad de diez y ocho a veinte años ausentáronse..


[Ribota:] Domingo Fernández, declarante, está cassado, tiene dos hijos y dos hijas, él es ya mui biejo, uno de los hijos es de edad de diez y ocho años y el otro de seis años... Ana Sánchez, biuda, tiene dos hijas... Julián Díaz, biudo, biejo caduco, tiene tres hijos de edad de captorze a veinte y quatro años y dos hijas. Ambrosio Díaz y su mujer, Dominga de la Vega, y su hija se fueron. Ana de Diego, viuda de Pedro Díaz, tiene çinco hijas y un hijo de edad de quinze años, tiene consigo a su madre.  Ynés de Palaçio, asiste sola en su cassa, es moza soltera...


En aquel año de 1715 la población de Sajambre había disminuido un 25’8% respecto a la de 1680, pero las consecuencias de la guerra y la extrema necesidad de la que se hacen eco los documentos de aquella época no hicieron otra cosa que agudizar los males, por lo que a las hambrunas y muertes acompañó también un aumento de la emigración. Para hacerse una idea de la enorme calamidad de aquellos años, ofrezco una tabla comparativa del número de vecinos de cada pueblo de Sajambre antes de la guerra (en 1680), recién terminado el conflicto (en 1715) y en la posguerra (en 1725):  


1680: Oseja (89), Soto (42), Ribota (30), Pio y Vierdes (48).

1715: Oseja (25), Soto (11) Ribota (6), Pio (7), Vierdes (5).

1725: Oseja (18), Soto (7), Ribota (6), Pio (8’5), Vierdes (4).


Además de la gran disminución de vecinos, en 1715 se observa también una composición familiar propia de los efectos de una guerra. En las casas abiertas predominaban los ancianos, las mujeres, las viudas, los huérfanos, los tullidos y los menores de edad, y en Pio todavía había 3 jóvenes sirviendo en el ejército. El documento de 1725 solo proporciona el número de vecinos de cada localidad, sin más detalles, pero está claro que la recuperación demográfica no se consiguió en una década, lo que explicaría un aumento en la emigración. Esta debacle demográfica fue acompañada de una durísima crisis económica,  de tal envergadura que incluso los Piñán de Cueto Luengo se vieron obligados a alquilar una parte de su casa palacio de Caldevilla para sanear sus rentas.  Solo en el período comprendido entre 1706 y 1725 ha quedado documentada la emigración de casi 40 sajambriegos, repartidos de la siguiente manera: 18 personas en Oseja, 5 en Soto, 5 en Ribota, 1 en Vierdes y 9 en Pio.    

Además de los desplazados por la pobreza y por la guerra hubo también desterrados, desertores, prófugos y delincuentes que terminaron sus días lejos de Sajambre.

En 1490 los Reyes Católicos perdonaron a los omizianos (delincuentes sentenciados y huidos) de Valdeburón que habían servido como peones en la Guerra de Granada durante más de cuatro meses a su costa (2).  En 1671 fue expulsado del valle un hijo del primer Tomás Díaz de la Caneja por haber asesinado a su primo a navajazos durante una disputa por una partida de naipes. En 1661 Pedro Bermejo, vecino de Oseja, es declarado desertor por haberse fugado y no poder ser habido. En 1705 se condena a Juan Simón por desertor y se dicta orden de búsqueda y captura. En 1709 muere Catalina de Viya, identificada como la viuda del desertor, Pedro Simón, vecino de Ribota, quien tras fugarse del ejército nunca volvió por el valle; y lo mismo sucedió con otros reclutas sajambriegos en 1661, 1666, 1690, 1699, 1703, 1707...

Los desertores y los prófugos fueron también un rasgo endémico de los ejércitos del Antiguo Régimen a causa de las levas forzosas (3). Los soldados reclutados de manera obligada en Sajambre fueron siempre pecheros, solteros y nunca nadie pudo cambiar su suerte por un pago en metálico.  Durante bastante tiempo los desertores retornaban a sus lugares de origen, donde sus parientes y amigos los ocultaban. Conocedores de esta situación, las autoridades militares acudían a los municipios para buscar a los fugados reclamándolos bajo determinadas penas. Caso de no encontrarlos, eran sustituidos por otros mozos del mismo pueblo.   

A mediados del siglo XVII, durante la guerra con Portugal, los concejos de Valdeón y de Sajambre participaron en una de las levas con la aportación conjunta de un único soldado. Tras el sorteo de rigor, salió un sajambriego que terminó desertando.  Cuando las autoridades militares reclamaron al desertor, al no encontrarlo, volvieron a sortear y salió un mozo de Valdeón. Después de esto, el concejo de Valdeón inició pleito con el de Sajambre al haber perdido a uno de sus vecinos por culpa del desertor sajambriego.

La frecuencia de las deserciones provocó la imposición de penas muy duras (castigos corporales, galeras, muerte) contra los infractores. Por eso, muchos de los desertores y también algunos prófugos se vieron obligados a marcharse del valle y a no regresar nunca, como aquel vecino de Ribota, llamado Pedro Simón, que desertó durante la Guerra de Sucesión.

7. CONCLUSIONES


La mayor afluencia de sajambriegos a América se inserta en la emigración en masa de españoles al otro lado del océano que sucedió entre 1880 y 1930. En los documentos disponibles en el portal de archivos públicos españoles, los emigrantes sajambriegos que arribaron a tierras americanas de forma legal (4) durante aquella oleada empiezan a registrarse en el año 1889. La primera ficha corresponde a Félix de Martino que pisó tierra mexicana el 3 de junio de 1889. El buque que lo llevó pertenecía a la Compañía Trasatlántica Española y se llamaba Alfonso XIII (primero de este nombre), había salido del puerto de Santander y había hecho escala en Nueva York, La Habana, Veracruz (México) y Progreso (Yucatán, México).   

Pero con anterioridad a 1800 también existieron movimientos de población transitoria y definitiva que todavía no son bien conocidos. En este artículo hemos transmitido algunas de las noticias que vamos encontrando en las fuentes conservadas y algunas de las conclusiones que de ellas se derivan. Naturalmente, la historia no está completa, pero es un comienzo.

Parece bastante claro que en la mentalidad sajambriega de la Edad Moderna se hallaba presente la ilusión americana y que algunos intentaron llevarla a la práctica, sobre todo, en momentos de mayor adversidad. Pero las muchas oportunidades que brindaban ciudades como Madrid o Sevilla dejaron a muchos de aquellos emigrantes sin salir de los reinos de España.   

Más difícil es documentar en la época pre-estadística los casos de quienes fueron y volvieron al cabo de los años. Quizás el caso de aquel Pedro Díaz al que apodaron “indiano” antes de 1662 fuera uno de los primeros.  No podemos estar seguros. Lo que debió suceder en bastantes casos es que los contemporáneos nunca llegaran a tener noticia de la suerte corrida por muchos de los que abandonaron el valle. Y entre los que regresaban, ¿cuándo empezaron los indianos a establecer fundaciones y obras pías en sus localidades natales? Por lo que sabemos, en los alrededores de Sajambre las fundaciones de indianos acaudalados empiezan a registrarse en el siglo XVIII.   

Uno de ellos fue el lebaniego Alejandro Rodríguez de Cosgaya, que fundó una considerable obra educacional en 1749, germen de lo que habría de ser el Real Seminario Cantábrico de Educación, primero, e Instituto de Educación más tarde, el segundo de España tras el de Gijón que fundó Jovellanos (5). Los Piñán de Cueto Luengo, de Oseja, emparentaron con los Rodríguez de Cosgaya, por lo que poseyeron derechos en la fundación. Otro indiano destacado fue Pedro Alonso Díaz, natural del concejo de Cabrales, que se convirtió en uno de los hombres más ricos de Nueva España, mandó construir la iglesia de Inguanzo en 1780 y fue nombrado Marqués de Santa Cruz de Inguanzo por Carlos IV.  Habrá que esperar algo más de un siglo para encontrar a un indiano enriquecido que se comporte en Sajambre como tiempo atrás hicieran otros indianos de la región. Naturalmente, me estoy refiriendo a Félix de Martino.  Pero su historia ya es conocida y, además, queda lejos de los límites cronológicos establecidos para este artículo.     

Los principales motivos de la emigración fueron el hambre y la guerra, pero los movimientos de población también tuvieron otras causas, como las relaciones familiares, las razones laborales o eludir el servicio militar. Algunas originaron desplazamientos de corto alcance (comarcal o regional), mientras que otras provocaron movimientos de larga distancia, principalmente, a Andalucía, Madrid y América.   

Una de las épocas que más emigración debió provocar en la Edad Moderna fue la Guerra de Sucesión, cuyas nefastas consecuencias demográficas y económicas se prolongaron en Sajambre más allá de 1725, cuando los vecinos de Oseja pasaron de 89 a 18, los de Soto de 42 a 11 o los de Ribota de 30 a 6.  En lugares cercanos, como Asturias, la crisis de comienzos del siglo XVIII no se superó hasta mediados de la centuria. 

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NOTAS

(1) Sobre el coste y las modalidades de pasajes a América en los primeros tiempos, Sergio M. Rodríguez Lorenzo, “El contrato de pasaje en la carrera de Indias (1561-1622)”, Historia mexicana, 66, n.3 (2017), pp. 1479-1571.  

(2) Los omizianos de Valdeburón combatieron bajo mando asturiano, Mª Jesús Suárez Álvarez, “Aportaciones asturianas a la guerra de Granada”, Asturiensia Medievalia, 1 (1972), pp.313, 318.

(3) Sobre esta característica de los antiguos ejércitos, véase Enrique Martínez Ruiz, “El ejército en los perfiles institucionales de la nueva Monarquía borbónica”, en Guerra de Sucesión española, Madrid, 2014,  en especial p.62.

(4) En el mismo portal se especifica que la emigración española de carácter ilegal  a América entre 1880 y 1930 fue de un 20%.   

(5) Celia Valbuena y Benito Madariaga, “Panorama general de la enseñanza en la provincia de Santander”, en Los antiguos centros docentes españoles, San Sebastián, 1975, p. 240.