Mostrando entradas con la etiqueta Casa Piñán. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Casa Piñán. Mostrar todas las entradas

lunes, 5 de agosto de 2024

CASA PALACIO DE LOS PIÑÁN DE CUETO LUENGO EN OSEJA DE SAJAMBRE

1. CARÁCTER, ORIGEN y PROPIEDAD 


La Casa Piñán tuvo la categoría de palacio en la documentación de la época. Bajo dicha designación aparece, por ejemplo, en una tasación judicial que se efectuó en 1699 por orden de la Real Chancillería de Valladolid, en la que se lee: "...más tassa el dicho Facundo, maestro de carpintería, vigas principales, puertas, ventanas de la dicha cassa palacio, suelos, desbanes... Y más dos órrios, uno dentro y otro fuera pegado a dicha cassa palacio, con sus tejas...". 

Este palacio rural fue construido ex novo entre después de 1621 y antes de 1636 sobre un conjunto de tierras que el cura de Oseja y Soto, y comisario de la Inquisición, Domingo Piñán de Cueto Luengo, fue comprando a diferentes propietarios del lugar. Pongamos un ejemplo. A causa de una disputa familiar, nos enteramos que la madre de Gonzalo Piñán, sobrino del anterior, había accedido a compensar a María de Felipe en 1636 con una propiedad cuando “el Comisario Piñán trató de haçer la casa que hizo en el lugar de Oseja, en el término que está dicha casa tenía María de Phelipe una tierra y no se la quiso dar hasta que yo le di una tierra que mi padre me dio...”. Obsérvese que las referencias a la Casa Piñán están en pasado ("hizo") y en presente ("está dicha casa"), lo que significa que el palacio que nos ocupa se construyó antes de 1636 porque en dicha fecha ya había una casa en la tierra de María de Felipe. El inicio de las obras no sucedió antes de la llegada a Oseja de Domingo Piñán en 1621, por lo que la datación de esta construcción debe situarse entre 1621 y 1636. Ahora bien, en 1626 uno de los dos hórreos que pertenecieron a este palacio rural ya existía, aunque en este caso no sabemos si se construyó ex profeso o ya existía con anterioridad. Es más probable que se construyera con la casa, lo que nos daría una cronología de 1621-1626, pero no puede saberse con total seguridad. De ahí que sea más prudente establecer el período de construcción entre 1621 y 1636. Otros propietarios de tierras en el lugar en el que hoy se levanta la Casa Piñán se llamaron Pedro Díaz de Caldevilla, Alonso Redondo o Sancho Díaz. Por cierto, el Parque Nacional de Picos de Europa debiera corregir el error que se lee en uno de los carteles informativos del lugar de Oseja, en el que se escribió que la Casa Piñán es del siglo XVI, cuando lo es del siglo XVII. 

Es decir, no existió ninguna edificación previa en el lugar en el que se levantó la Casa Piñán, sino solamente las tierras de la ería de Palacio que, en aquellos tiempos, llegaban hasta dicho emplazamiento. De hecho, en el año 1662, las tierras de dicha ería, llamada "de Palacio", todavía ocupaban el lugar en el que hoy está la farmacia de Oseja, colindante con la casa de los Piñán de Cueto Luengo. Por tanto, es absolutamente falso que esta construcción fuera un antiguo monasterio, como escribió hace años Eutimio Martino sin ningún fundamento científico. Sabemos, incluso, que los vecinos de Oseja ayudaron al acarreto de los materiales durante su construcción, según costumbre: "que para hazer dicha capilla y casa ayudaron al acarreto los vecinos del concejo por ser costunbre en él (que) qualquiera que hiciese alguna obra el ayudarle (a) azer el acarreto de ella" (documento sin fecha, anterior a 1697). 

En la primera mitad del siglo XVII, cuando Domingo Piñán se instaló en Oseja (1621), el sitio donde se construyó esta casa se conocía como "El cuérano de Palacio". Este “palacio” del topónimo no está relacionado con la casona, ya que es muy anterior a su construcción y a la llegada de Domingo Piñán a Oseja. A su vez, el término "cuérano" es palabra del asturleonés oriental que puede significar dos cosas: lugar resguardado o parcelado con fincas de distintos propietarios. En este caso, tiene más sentido la segunda acepción. 

El palacio rural levantado por Domingo Piñán a comienzos del siglo XVII formó parte del mayorazgo familiar fundado en 1679 y perteneció a la línea principal del linaje, documentada como “Piñán de Cueto Luengo”. En la segunda mitad del siglo XIX se dejó de utilizar utilizar el apéndice nominativo “Cueto Luengo”, quedando limitado al actual Piñán. Los primeros en perder dicho apéndice de origen toponímico (Cueto Luengo es un despoblado de Soto) fueron los descendientes sajambriegos (en Oseja, Soto y Ribota) de las líneas ilegítimas, descendientes todas ellas de tres de los cuatro hijos varones del comisario Domingo Piñán, que fueron reconocidos por mandato judicial tras su muerte. La segunda generación ya empezó a prescindir del Cueto Luengo. Estos Piñán, que tuvieron como ancestros a los hijos bastardos del cura de Oseja y Soto, aparecen en los padrones solo como hidalgos. En cambio, los miembros de la línea principal fueron hidalgos notorios hasta el final del Antiguo Régimen y disfrutaron de una holgada situación económica, lo que les convirtió en los únicos rentistas del concejo. Asimismo, fue la principal casa diezmera hasta la abolición del Antiguo Régimen en 1834. Sus miembros desempeñaron oficios públicos y entroncaron con otros linajes destacados de Amieva, Burón y Liébana. Mantuvieron su mayorazgo desde 1679 hasta su supresión oficial en 1820.  De lo que no hay noticia hasta el momento es de que algún Piñán de Cueto Luengo llegara a ser merino mayor de Valdeburón, el oficio público más codiciado en la comarca, aunque casaron a hijas e hijos con consortes pertenecientes a familias en las que hubo merinos. 

2. LA CAPILLA DE SANTO DOMINGO 


El carácter de palacio de la Casa Piñán se completaba con la capilla señorial de Santo Domingo, que formaba parte del conjunto palaciego aunque se hubiera construido fuera del recinto cercado. Fue “una capilla de bóveda”, es decir, un recinto funerario con cripta que sirvió de panteón familiar y que, como gráficamente describen los documentos, mandó construir el propio Domingo Piñán “al mismo tiempo y con la misma manufactura” que su casa. Esto significa que los materiales de construcción y la fábrica fueron los mismos, o sea, madera y mampostería con sillares labrados en esquinas, puertas y ventanas. Un documento anterior a 1643 destaca la puerta de dicha capilla, aunque no describe su forma, quizás también en arco de medio punto.  En el mismo lugar se especifica que todo se hizo a expensas del comisario Domingo Piñán de Cueto Luengo, por eso la capilla lleva la advocación de santo Domingo, nombre de pila de su fundador y un elemento de ostentación para la posteridad. Tratamos sobre esto en otro lugar.  Solo tuvieron derecho a enterrarse allí los miembros de la línea principal del linaje: "no se entierran en dicha capilla más (que) los descendientes de la Cassa de Piñán y sus herederos" (documento anterior a 1697).  

La capilla de Santo Domingo se levantó frente al palacio, al otro lado del camino real que pasaba junto a la casa y en el lateral de la iglesia medieval de Santa María de Oseja que quedaba junto a la tribuna donde se lee el Evangelio, pero fuera de la estructura del templo: “fuera del cuerpo de la iglesia”, dicen las fuentes. Es decir, no fue una capilla en el interior del templo parroquial (como la de San Antonio, de los Díaz de Caldevilla), sino un edificio independiente, que poseía un altar con un retablo de madera de nogal (documentado en 1652) e imágenes de Santo Domingo de Guzmán y de la Virgen del Rosario. El interior se dividía en nave única y presbiterio, junto al cual había una especie de palco, elevado, que estaba reservado al asiento de los Piñán. En la cripta había tumbas "de piedra labrada". El conjunto debía tener ciertas dimensiones porque, en la descripción de algunos funerales, se especifica que una parte de la población entraba y asistía a los oficios religiosos. En estos casos, los Piñán colocaban un catafalco con el ataúd forrado de terciopelo negro, como era costumbre en las casas nobles de la época. 

Cuando se derribó esta capilla para construir la iglesia actual de Nuestra Señora de la Asunción en la primera mitad del siglo XIX, se incluyó una capilla de Santo Domingo dentro de la iglesia, desligada ya de cualquier dependencia. Hoy se conservan allí los restos mortales de Ignacio y Joaquín Díaz-Caneja y Sosa, trasladados en el siglo XX a dicho lugar. Ninguno de estos dos sajambriegos ilustres perteneció al linaje Piñán de Cueto Luengo, aunque su hermano mayor (José, el primogénito) casó con una Piñán “de la casa grande”, por lo que su descendencia sí habría adquirido derechos funerarios señoriales de haber existido para entonces. 

Por esta razón, es decir, por haber gozado los Piñán de un lugar privado de enterramiento, en el cementerio anexo a la iglesia actual, que todavía existe, a los Piñán principales, o sea, a los pertenecientes a la línea de los Cueto Luengo, se les dio un nicho permanente en un lugar distinto al resto de la feligresía.

3. LA FÁBRICA Y ENSERES DE LA CASA PALACIO SEGÚN LOS DOCUMENTOS ANTIGUOS CONSERVADOS 


La casa construida por Domingo Piñán entre 1621 y 1636 es un conjunto edilicio, compuesto de edificios y terrenos que, en origen, fue mayor que en la actualidad, ya que uno de sus límites era el camino que conduce al barrio de Quintana. Así que la propiedad de los Piñán llegaba hasta dicho camino por su parte superior. 

La casona señorial fue el típico palacio rural, completamente cercado, que se estructuraba alrededor de un patio central. Ese patio central es lo que hoy se llama la corralada o corral que, en el pasado, estuvo totalmente cerrado al exterior. Es decir, los muros que lo rodeaban impedían a los vecinos de Oseja ver el interior del recinto. A dicho patio se accedía por una puerta formada por un gran arco de medio punto, capaz de permitir la entrada de carros y carruajes, identificada como tal en los documentos familiares: "con sus entradas y salidas por azia la puerta del arco" (1726). 

Arco de entrada. Fuente: Sajambre rural.


Como solía ser habitual en estos casos, el interior estaba (y está) empedrado. En un lateral de la portalada se abría una pequeña ventana abocinada, con derrame externo, rematada también en arco de medio punto, que permitía a los habitantes de la casa observar el exterior sin ser vistos. La zona de residencia es un gran bloque rectangular, de dos pisos y desvanes, rodeado de edificios subsidiarios de carácter doméstico y agropecuario. En el pasado hubo un horno, bodegas, dos caballerizas, establos, todo “con sus recibimientos”, además de pajares y desvanes (en plural), “que todo linda uno con otro”. Así se describe desde 1652. Con el tiempo, se adaptaron algunos de estos espacios y se construyeron otros para habitación y uso de miembros de la familia. También existió desde antiguo la amplia portalada, cubierta por la prolongación de la techumbre, al estilo tradicional sajambriego.

Fuente de la fotografía: la autora.

El arco redondo o de medio punto es uno de los elementos arquitectónicos y visuales característicos de las casas de la hidalguía rural del norte peninsular en la Edad Moderna. Normalmente, se localizaba en las fachadas principales (puertas o ventanas). Pero, en este caso, se optó por colocarlos en el acceso a la propiedad, porque era lo que se veía desde fuera, ya que la puerta principal de la vivienda quedaba oculta por el muro que rodeaba y cerraba todo el conjunto. Al mismo tiempo, el considerable tamaño del arco de entrada es un evidente elemento de ostentación. Debe quedar claro que esta última expresión ha de entenderse siempre en el contexto de austeridad que caracterizó toda la arquitectura antigua sajambriega. Pero este arco es el de mayor tamaño que se conserva y no me extrañaría que también lo hubiera sido en el momento de la construcción de esta casona señorial. 


Hórreo, hoy caído, que ya existía en el año 1626 y que llegó intacto a finales del siglo XX; con pegollos de madera. Originalmente, se hallaba fuera del recinto cercado de la Casa Piñán. Se trasladó al construirse la carretera actual. 
Fuente de la fotografía: la autora (años 80 del siglo XX).


En la primera mitad del siglo XVII había un hórreo dentro del patio o "corral" que no es el que ahora está arruinado. No obstante, el que terminó cayendo se construyó también en el siglo XVII, seguramente al mismo tiempo que la casa, pues ya existía en el año 1626. Llegó intacto hasta finales del siglo XX. He hablado de él en otros artículos de este mismo blog. El hórreo que estaba dentro del patio tenía cuatro pegollos y el que hoy está derruído se hallaba fuera del recinto palaciego, aunque pegado al muro del patio como se describe en el inventario post mortem de Domingo Piñán, efectuado el 8 de julio de 1652: “Un órrio fuera de dicho corral, de piña y nuebe pies, pegado a la dicha casa y cerca del corral, que todo parte uno con otro y con el camino real por todas partes”. Este gran hórreo (propiamente es una panera) se metió dentro del corral cuando se construyó la carretera moderna sobre parte del trazado del antiguo camino real que cruzaba todo el pueblo y que, en este caso, separaba la Casa Piñán de la iglesia parroquial y de la capilla de Santo Domingo. Es posible que cerca de la antigua iglesia ya existiera una bolera antes de la construcción de la iglesia actual y de la remodelación del paisaje de dicho emplazamiento (espero dedicar un artículo a las boleras históricas de Sajambre).  

Como se ha dicho, el palacio de los Piñán es de fábrica rústica, con muros de mampostería, pero con una serie de características que lo distinguen del resto del caserío no solo de Oseja, sino de todo el valle de Sajambre. Lo que más destaca en el paisaje es su tamaño. Todavía en la actualidad, más de 400 años después de su construcción, la casona se distingue visualmente de forma notoria en el centro de la localidad y sigue siendo una de las más grandes del concejo. Su enorme cubrición de teja, con la prolongación del tejado hacia el portal, debió sobresalir en el caserío del momento, cuando muchas de las viviendas locales eran de pequeñas dimensiones y todavía se cubrían de paja. 

La zona de residencia principal tuvo sala, varios aposentos y dos cocinas, una, alta de humo, y otra, baja de chimenea. Esta última es la primera que se documenta en Sajambre. La de chimenea se describe en 1652. La de humo sigue documentándose en 1722 como “cozinas alta y baja”. 

Parte trasera de la sección de vivienda del palacio rural de los Piñán de Cueto Luengo en Oseja de Sajambre, construido por Domingo Piñán después de 1621 y antes de 1636. Fuente de la fotografía: la autora.

A diferencia de la puerta de acceso al recinto, para la entrada principal a la vivienda se eligió una solución adintelada, de una sola hoja y buen tamaño, con molduras cultas en las esquinas, aunque muy sencillas. Los otros elementos nobles, al exterior, son los sillares labrados de las esquinas y ventanas superiores y, sobre todo, los vanos abocinados con derrame externo del piso bajo. Este tipo de ventana no tenía una función militar (la tendría si el derrame hubiera sido interno), sino que fue un recurso arquitectónico que se puso de moda en el siglo XVI como adorno de casas acomodadas, que servía para otorgar una apariencia de antigüedad a la construcción que, evidentemente, no era tal. En la misma época, algunos palacios y casonas norteñas también construyeron torres que imitaban a las medievales con la misma finalidad, la de simular antigüedad y, en consecuencia, ostentación social del estatus alcanzado. 

El conjunto tiene una apariencia rústica por la austeridad en la ornamentación de los muros exteriores del edificio, algo nada extraño en casonas y palacios rurales de la Cordillera Cantábrica en los siglos XVI y XVII, porque con la escasez de vanos abiertos en la planta baja se protegían del frío y de las inclemencias metereológicas. Es en el piso superior donde se abren los huecos de mayor tamaño que son siempre ventanas adinteladas, formadas por sillares y sillarejos con una leve moldura voladiza. Sin embargo, en el interior de la casa estas ventanas cuadradas se presentan bajo arco escarzano con poyos laterales que aprovechan el grosor de los muros. Es lo que se describía en un documento del año 1726 como "la sala con sus ventanas de asiento". 

La gran sala del piso alto era el lugar vividero por excelencia, como lo indica el mobiliario antiguo y ciertas características arquitectónicas. Como hemos dicho, las ventanas abocinadas al exterior se cobijan bajo arcos escarzanos en el interior con poyos de piedra. Estas ventanas de asiento eran otro elemento distintivo de las casas señoriales y de las residencias palaciegas de los siglos XVI y XVII, que servían simplemente para contemplar la calle y en este caso, además, la entrada y salida de la iglesia. Su presencia en edificaciones del norte de España suele ser posterior a los siglos XIV y XV, lo que constituye una fecha de referencia para la datación de otros edificios del lugar en los que también existieron ventanas de asiento. A fin de aclarar algunas “leyendas urbanas”, digamos que difícilmente podía ser éste un aspecto propio de una construcción defensiva cuando acompañaba a una ventana que abría un hueco en el muro haciéndolo más vulnerable. No, en todos estos casos se trataba tan sólo de un lujo característico de una casona señorial o de un labrador acomodado.  

Tras la muerte repentina del comisario Piñán el día de San Juan de 1652, había dentro de la casa una biblioteca con más de 80 volúmenes y los ajuares siguientes: 

Primeramente, dos bufetes grandes y uno pequeño que son tres, de nogal, sin caxón. Más tres bancos de respaldar de dicha madera, más tres tauretes y una silla de madera de nogal, digo, que son dos, más un caxón de escritorio con quinçe caxas para meter papeles y otro caxonçillo de serbiçio, todo pegado uno de otro. 

Más siete arcas mayores y menores de echar pan. Más çinco jarros y pichetes de estaño, de una açunbre y media y de puchera. Más tres taças de plata y una jarra de plata y una olla de estaño oro pelada que haçe una puchera. Más doçe cuchares de plata y dos tenedores. Más un salero de plata y dos de Talabera. Más dos almireçes con sus manos. Más çinco candeleros, tres mayores y dos menores. Más tres ollas de metal i hierro que llaman jitanas. Más quatro calderos y una caldera de cobre, y los calderos de hierro. 

Más un cofre de echar ajuar. Más ocho quadros puestos y serbiendo dentro de la sala de dicha casa de morada, mayores y menores dichos quadros. 

Más dos caços de cobre y una tarta y una caçuela todo de cobre. Más dos açeiteras de estaño. 

Más un par de escobixas de linpiar sonbreros y ropa. Más una guitarra y un espexo. Más los jaeçes del caballo con todo adereço de silla, freno y coxín, y todo recado neçesario. Más dos benablos y una alabarda. Más dos escopetas, una de a caballo y otra de bolatería. 

Más doçe cuchillos en dos caxas. Más nuebe queros de traer bino que llaman pellexos. Más cinco carrales de traer bino, mayores y menores. Más tres doçenas de platos y escudillas de Talabera. Más un pipotillo de echar binagre. Más unas tenaças y un martillo de herrar. Más tres badillos y una sartén y dos cujares de fierro, dos achas y dos oçes, y media doçena de açadas, y una osoria. Más quatro doçenas de escudillas y platos de madera, ordinario de casa. Más tres heradas (sic) de traer agua. 

Ropa blanca. 
Primeramente, dos mesas de manteles alemaniscos, unos pequeños y otros grandes, con quatro serbilletas de la misma tela y otra serbilla (sic) en una pieça, que es decorada a los manteles grandes alemaniscos, de largo todo hermano. Más unos manteles ordinarios de lienço, de cada día, con media doçena de paños del mesmo lienço. Más otros dos paños de manos labrados de ilo leonado y negro, de manos. Más seis almoadas de costura ordinaria. Más dos escarpetas y sobremesas de lanilla labradas y buena labor, berdes y paxiças. Más siete sábanas de lienço de la tierra y seis cobertores anbos blancos, y tres quadras de pellexo. 

Bestidos del cuerpo del difunto. 
Dos jubones de damasquillo, de lana y otro de tela de garapiña, con mangas de sarga. Una sotana negra de paño fino negro. Más dos ferreruelos negros de paño fino de Segobia. Más una loba negra de paño negro de Segobia guarneçida con galón negro. Más una sotanilla de gorgerán de seda, con su çeñidor de seda. Más una sotana y capa de albornod blanco de camino. Más una capa de paño de Segobia. Más una capa de paño pardo biexa. Más un capotillo de paño de Ágreda pardillo, largo, forrado de bayeta cabellada. Más tres pares de grellescos de paño, unos biejos y los dos pares nuebos. Más dos pares de medias de paño de lo mismo que los calçones, hermano. Más unas polainas de rodillera. Más unos çapatos de cordobán nuebos. Más dos pares de medias de seda (1). 

Aparte de esto, se incluyeron en el inventario de 1652 todos los granos de los hórreos, aperos de labranza, carros, caballerías y, naturalmente, los restantes bienes muebles (ganado), inmuebles (casas, prados, tierras, huertas) y rentas. Una de las huertas es la que está en la parte posterior del edificio, que también estuvo cercada y cerrada al exterior.  

Con el tiempo, los escribanos públicos de la familia tuvieron en esta casa su oficina de trabajo, al menos desde 1659. No se detalla el lugar exacto en el que ejercían su oficio el notario titular, los escribientes y los aprendices, aunque había bancos de respaldo, mesas de trabajo, arcas y escritorios para guardar los documentos y los registros notariales.  

___________________________

NOTAS

(1) Valladolid, Archivo de la Real Chancillería, Pleitos Civiles, Alonso Rodríguez (D), caja 419, n. 1. Expediente presentado por el escribano público del número y del concejo de Sajambre, Manuel Díaz de la Caneja, en el pleito entre los herederos de Marcos Piñán y del comisario de la Inquisición, Domingo Piñán de Cueto Luengo. El expediente está fechado en Oseja el 31 de mayo de 1683 y contiene varios documentos desde 1636 a lo largo de 646 páginas.   

viernes, 4 de diciembre de 2020

LAS «FAKE NEWS» EN EL SAJAMBRE DEL SIGLO XVI Y LA LLEGADA DE LOS PIÑÁN A VALDEBURÓN

 

Eso que en la modernidad de las redes sociales se conoce con la expresión anglosajona de fake news no es otra cosa que bulos, infundios y patrañas que alimentan lo que en esta sociedad nuestra también llamamos desinformación. El cóctel que forman las noticias falsas y la manipulación constante de la realidad es lo que los filósofos han denominado (a mi parecer, de forma obscena) como “posverdad”, cuando no es más que una mentira. Vaciar de contenido y de significado las palabras que identifican conceptos importantes (como verdad, mentira, libertad, fascismo, democracia) es otra estrategia perversa del mundo actual.  

Los bulos no son solo cosa del presente. También se utilizaron en el pasado como arma política. Lo que resulta novedoso en el mundo de hoy es la enorme extensión y la gran rapidez que la desinformación llega a adquirir entre una población arrogante, mayoritariamente carente de sentido crítico que, por estar escolarizada y tener a su alcance la información inmediata de internet y de los medios de comunicación, se considera culta cuando no lo es. Esta confusión constante entre información y cultura, que campa a sus anchas en los estercoleros que son las redes sociales, es un mal tremendamente peligroso.  Un ejemplo de este peligro es la situación creada en los Estados Unidos de América tras el reciente proceso electoral, con un presidente abonado a la posverdad, por estar acostumbrado a que la mentira siempre le haya sido rentable.  Ya sabemos que es un patán integral y el mejor ejemplo que se me ocurre de que cultura y dinero no van emparejados. Pero si grave es (y mucho) que semejante ser haya sido elegido presidente de la nación más poderosa del mundo, más grave es que le haya votado una masa crédula, por ignorante, o a la que no le importa que se mienta, se manipule y se tergiverse. Lo más triste y demoledor es que no se trata solo de un mal propio de ese país americano, sino también de Europa y, por supuesto, de España. En Estados Unidos es un indicio más de la decadencia imparable en la que está inmerso el Tío Sam y en Europa, un síntoma aterrador del mundo al que nos dirigimos.  

En el pasado, la difusión de nuevas o noticias de uno u otro color fue forzosamente más lenta y limitada, pues circulaban de boca en boca y con los medios de transporte de la época.  También se difundieron mentiras y, en algunos momentos, se organizaron conspiraciones para propagar bulos que pusieran en peligro la paz de los pueblos.  

Durante su reinado, Felipe II sufrió varios atentados contra su vida y, en otras tantas ocasiones, quedó documentada la circulación de bulos, con los que sus enemigos perseguían la desestabilización política del reino.  Uno de los primeros se extendió por la Península en los últimos días del año 1563 y primeros de 1564, intentando hacer creer a la población que el monarca había sido asesinado. 

En el Archivo de la Casa Piñán se ha conservado un documento que retrata la llegada del bulo a Sajambre y las medidas que adoptaron sus autoridades ante una noticia que creyeron cierta.  El estudio de este documento y su edición íntegra han sido recientemente publicados por mí en un libro (1), de tal forma que en este caso me voy a limitar a resumir su contenido, quedando en la publicación la restante información y la transcripción íntegra del texto principal y de los añadidos.  Incluyo también en este post (no en el artículo publicado) nuevos datos sobre el linaje Piñán en Valdeburón.    

El 27 de diciembre de 1563 se levantó acta notarial en la localidad de Sames, en el concejo asturiano de Amieva, de cómo el alcalde de la Santa Hermandad y cinco sajambriegos más habían llegado a dicha población “persiguiendo a unos hombres que habían matado al rey”. 

Esos cinco sajambriegos debían ser los cuadrilleros, es decir, los miembros de la Santa Hermandad o policía de la época. Su jefe era el “alcalde de la Santa Hermandad”, cargo que se renovaba por elección todos los años a principios del mes de enero. Entre ellos había representantes de las cuatro asambleas vecinales del valle, es decir, de Oseja, Soto, Ribota y Vierdes-Pio.

Uno de los representantes de Soto fue “Piñán”, a secas, sin nombre de pila. Se trata de Gonzalo Piñán, el primero que conocemos con este nombre avecindado en Sajambre y documentado en Soto desde 1545, que no debe confundirse con otro Gonzalo Piñán que fue vecino de Polvoredo en los años 1553 y 1554.  Los documentos conservados en ambos casos no nos permiten saber si estaban emparentados, aunque lo sospecho. 

Ahora bien, si los documentos no proporcionan información directa sobre el origen del Piñán de Polvoredo, sí la dan indirecta, de tal manera que es probable que los Piñán de Polvoredo y los de  Sajambre ya estuvieran emparentados en el siglo XVI. Lo que es casi seguro es que los Piñán de Polvoredo no son originarios de dicho lugar. Lo explico.    

Del Gonzalo de Polvoredo se conservan varios documentos, entre ellos una ejecutoria del rey Carlos I, fechada en Valladolid, el 17 de junio de 1554, en la que se dice que

Gonçalo Pinan vezino del dicho lugar de Polboredoes hombre hijodalgo notorio de padre y solar conozido, debengar quinientos sueldos segúnd fuero de España… y los dichos sus padre y agüelo y cada uno de ellos en su tiempo, en los lugares donde bibieron y moraron, que estobieron syempre en posesión de hombres hijosdalgo e de no pechar ni pagar ellos, ni alguno de ellos en pedidos, ni monedas, ni en otros ningunos pechos ni tributos reales, ni conçejales e abiéndoles sido guardadas al dicho su parte y a los sus padre y agüelo todas las honrras, franquezas, esençiones e libertades que a los hotros hombres hijosdalgo suelen y deben y acostumbrar ser guardadas…

Una real ejecutoria es la sentencia final de un pleito dirimido ante el rey en última instancia. Este pleito lo fue de hidalguía y lo solicitó Gonzalo Piñán porque el concejo de Polvoredo no le reconocía su estado noble y le obligaba a pagar impuestos. Esto era habitual cuando se cambiaba de residencia de un municipio a otro. Es decir, la incoación de este pleito de hidalguía fue necesaria, posiblemente, porque este Gonzalo Piñán se había mudado a Polvoredo procedente de otro concejo. Los documentos no dicen de cuál.  

Al mismo tiempo que este Gonzalo Pinán o de Piñán vivía en Polvoredo, desde 1545 se documenta otro Gonzalo Pinán, Penán o de Piñán en Soto de Sajambre, considerado hidalgo en los padrones de 1552. El sajambriego murió entre 1584 y 1595 dejando, al menos, cinco hijos en el valle: Catalina, María, Juan, Pedro y Gonzalo. Este último vivió, casó y murió en Soto de Sajambre.

Hay tres factores que me llevan a hipotetizar un parentesco entre estos Piñanes ya en el siglo XVI. Uno es la homonimia, muy frecuente en las familias de aquella época, pudiendo ser estos dos Gonzalos primos, o tío y sobrino. El segundo factor es la peculiaridad del apellido, poco común entonces y ahora, que confluye en dos núcleos familiares asentados en lugares tan cercanos como son Polvoredo y Sajambre.  El tercero es que los dos Gonzalos fueron hidalgos notorios de solar conocido. 

Volviendo al bulo sobre el asesinato de Felipe II. Uno de los cuadrilleros que llegaron hasta Amieva fue Gonzalo Piñán, junto a otros sajambriegos que también se nombran en el documento, en seguimiento de unas personas que abían muerto al rei, nuestro señor, con sus armas. Persiguiendo a tales sospechosos llegaron hasta Sames, donde se encontraron con cuatro vecinos de Caño que venían desde el concejo de Cangas de Onís y que también se nombran. Ante el notario que levantó el acta, dejaron constancia de cómo todo el oriente de Asturias hasta Oviedo estaba ya avisado de dicha muerte.  

En el artículo explico el procedimiento policial, según las leyes de la época, que obligaba a los concejos a perseguir a los malhechores y cómo los sajambriegos lo aplicaron en este caso; me detengo también en el recorrido que se describe en el propio documento y que no fue otro que el del camino real desde Oseja hasta Sames por el puerto de Beza, donde se habla de la venta de Saúgu, convirtiéndose esta noticia en la más antigua, hasta la fundación de la ermita y del albergue de caminantes por el Arcediano casi un siglo después; y trato sobre los desgraciados a los que se debió acusar infundadamente de un crimen que, en realidad, no se había cometido. Entonces, como ahora, las noticias falsas tenían víctimas y consecuencias nefastas. No me extiendo sobre ello porque, como digo, está publicado en el mencionado trabajo.  

El bulo empezó a correr por la Península en los últimos días de diciembre de 1563. Los propios contemporáneos del hecho creyeron que se había difundido a partir de tres focos simultáneos: uno en Castilla, otro en Aragón y el tercero en Cataluña. Pero este documento demuestra que en Asturias y en el norte de León la difusión de la falsa muerte de Felipe II fue bastante anterior en el tiempo a la región levantina y que el foco castellano no debió estar muy alejado de Asturias y Valdeburón.

El desmentido del atentado no empezó a circular por España hasta los días 4 y 5 de enero de 1564. En circunstancias normales, tras conocerse el carácter falso de la noticia, el acta notarial hecha en Sames habría sido destruida por no tener validez. Pero en este caso se conservó. ¿Por qué?

El acta se levantó en Sames a petición de los sajambriegos, para que quedara constancia de que habían cumplido las leyes; y los sajambriegos se llevaron dicho documento a su concejo. El hecho de que se haya conservado en el Archivo de la Casa Piñán, con notas dorsales de Gonzalo Piñán I, indica sin ninguna duda que el acta notarial quedó en poder de dicho Gonzalo Piñán, manteniéndose en el archivo familiar de Soto, hasta que en 1636 Domingo Piñán de Cueto Luengo trasladara dicho archivo al palacio que se había hecho construir en Oseja.

¿Y por qué se lo quedaría Gonzalo Piñán si lo lógico habría sido que se lo quedara el alcalde de la Santa Hermandad, como máximo responsable policial que era?

Pues no lo sabemos, pero sospecho que porque el Piñán era la única persona alfabetizada de toda la cuadrilla.

¿Y por qué se conservó el documento en lugar de destruirse, que era lo que correspondía en tal caso?

Pues por culpa del tocino y las coricias.

El primer Gonzalo Piñán sajambriego aprovechó el espacio dejado en blanco al dorso del documento para usarlo como “libro de cuentas”, escribiendo de su propia mano varias notas contables sobre viajes a Oviedo, cebada, lechones, pucheras de vino, tocinos, coricias y otras cosas que había gastado y pagado a diferentes personas, como Sancho de Quintana o Juan Prieto.  

Estos apuntes de la economía doméstica de un sajambriego de mediados del siglo XVI permitieron la conservación de un curioso documento que, en otras circunstancias, se habría destruido.

 

NOTAS

(1) Elena E. Rodríguez Díaz, “El bulo de la muerte de Felipe II (1563) en el oriente de Asturias y norte de León”, en Elena E. Rodríguez Díaz y Antonio C. García Martínez (eds.), Historia y Archivos. Estudios en homenaje a Dña. Remedios Rey de las Peñas, Universidad de Huelva, 2020, pp. 297-309.   

martes, 8 de diciembre de 2015

CASAS DE HIDALGOS EN SAJAMBRE


Durante el Antiguo Régimen, la mayor parte de la población del valle de Sajambre (un 74% en el siglo XVII) perteneció al estamento nobiliario, aunque en el escalafón más bajo de la nobleza: el de los hidalgos. Ninguno ellos tuvo título nobiliario y la mayor parte trabajaron para ganarse la vida, a causa de su bajo nivel económico y de la escasa productividad de la tierra.  Todos los hidalgos y una parte de los pecheros eran propietarios de los bienes raíces que trabajaban. Sin embargo, las propiedades solían ser pocas, de baja calidad y de exigua extensión, debido al minifundio imperante en la zona y a la mala calidad de los suelos. Únicamente, los que acumularon una mayor riqueza patrimonial pudieron tener algunas rentas. Todos los demás (la mayoría) trabajaban con sus propias manos. 

Los hidalgos de mejor posición en la comunidad vivían en casas que destacaban en el caserío por su tamaño y por algunas características de construcción que servían como elementos distintivos de ostentación de su estatus. Vamos a hacer un recorrido por lo que vamos sabiendo sobre las casas de hidalgos en el Sajambre de los siglos XVI, XVII y XVIII.   

1. PALACIOS 


CASA PIÑÁN DE OSEJA 

El palacio documentado más antiguo que existió en Sajambre fue la Casa Piñán. Bajo la designación y categoría de palacio aparece en los documentos oficiales de la época. Por ejemplo, en una tasación que se efectúa en 1699 por orden de la  Real Chancillería de Valladolid. En ella leemos:  ...más tassa el dicho Facundo, maestro de carpintería, vigas principales, puertas, ventanas de la dicha cassa palacio, suelos, desbanes... Y más dos órrios, uno dentro y otro fuera pegado a dicha cassa palacio, con sus tejas... (1).

Este palacio rural fue construido ex novo entre 1626 y 1639 sobre un conjunto de tierras que el cura de Oseja y Soto, y comisario de la Inquisición, Domingo Piñán de Cueto Luengo, fue comprando a diferentes propietarios sajambriegos.  Pongamos un ejemplo. A causa de una disputa familiar, nos enteramos que la madre de Gonzalo Piñán, sobrino del anterior, había accedido a compensar a María de Felipe en 1636 con una propiedad cuando el Comisario Piñán trató de haçer la casa que hizo en el lugar de Oseja, en el término que está dicha casa tenía María de Phelipe una tierra y no se la quiso dar hasta que yo le di una tierra que mi padre me dio... Otros propietarios de tierras en el lugar en el que hoy se levanta la Casa Piñán se llamaron Pedro Díaz de Caldevilla, Alonso Redondo o  Sancho Díaz (2).

Es decir, no existió ninguna construcción previa en el lugar en el que se levantó la Casa Piñán (que está muy bien documentada en el archivo familiar), sino solamente las tierras de la ería de Palacio que, en aquellos tiempos, llegaban hasta dicho emplazamiento. De hecho, en el año 1662, las tierras del Palacio todavía ocupaban el lugar en el que  hoy está la farmacia de Oseja (3).

En la primera mitad del siglo XVII, cuando Domingo Piñán llega a Oseja, el sitio donde se construyó la casa de los Piñán de Cueto Luengo se conocía como El Cuérano de Palacio. "Cuérano" es una palabra del asturleonés oriental, muy utilizada en Cabrales y en Liébana, que puede significar dos cosas: o lugar resguardado, o parcelado con fincas de distintos propietarios (4). En este caso, ambos sentidos coinciden, sobre todo el segundo.

En consecuencia, el origen de la Casa Piñán está sobradamente documentado, de manera que no ha lugar a especulación alguna. Las fuentes conservadas demuestran la inexactitud de quien afirmó, sin ningún fundamento científico, que dicha casa había sido un monasterio medieval. Sabemos, incluso, que los vecinos de Oseja ayudaron al acarreto de los materiales durante su construcción, según costumbre de la tierra, que todo lo cuentan casi al detalle los documentos conservados. Se trata de un palacio rural propio de una labrador acomodado, que además acogía a la rama principal de un linaje de hidalgos notorios. La corralada era el patio del palacio, con la estructura interior propia de los palacios rurales de la época. No hay nada medieval, ni eclesiástico, en esta construcción que, además, está muy bien documentada.  

El carácter de palacio de la Casa Piñán se completaba con la capilla señorial de Santo Domingo que servía de panteón familiar y que, como gráficamente describen las fuentes, mandó construir el propio Domingo Piñán "al mismo tiempo y con la misma manufactura" que su casa. Esta capilla se levantaba frente al palacio, al lado de la antigua iglesia de Santa María de Oseja, pero fuera de su estructura. Es decir, no fue una capilla interior de la iglesia, sino un edificio independiente, que poseía en su interior un altar con un retablo de madera de nogal y varias tumbas de piedra labrada. Todo está documentado.  

El palacio rural de los Piñán es de fábrica rústica, con muros de mampostería, pero tiene una serie de características que lo distinguen del resto del humilde caserío no solo de Oseja, sino de todo el valle. En primer lugar, su tamaño. Todavía en la actualidad, 400 años después, la casa de vivienda, de planta rectangular, es una de las más grandes del concejo.

A ello hay que sumar la corralada, rodeada por un muro que, en su origen, estaba totalmente cerrada al exterior, es decir, era propiamente un patio que impedía a los habitantes de Oseja ver el interior. A dicho patio se accedía por una puerta formada por un gran arco de medio punto, capaz de permitir la entrada de carros y carruajes.  Como solía ser habitual en estos casos, el interior estaba (y está) empedrado. En un lateral de la portalada se abría una pequeña ventana abocinada, con derrame externo, rematada también en arco de medio punto, que permitía a los habitantes de la casa observar el exterior sin ser vistos.  

El arco redondo o de medio punto es uno de los elementos arquitectónicos y visuales característicos de las casas de la hidalguía rural. Normalmente, se localizaba en las fachadas principales (puertas o ventanas). Pero, en este caso, se optó por colocarlos en el acceso a la propiedad, porque era lo que se veía desde fuera, ya que la puerta principal quedaba oculta por el muro que rodeaba y cerraba todo el recinto. Al mismo tiempo, el considerable tamaño del arco de entrada es un claro elemento de ostentación. Quede claro que esta expresión debe entenderse siempre en el contexto de austeridad que caracteriza toda la arquitectura antigua sajambriega.  De hecho, este arco es el de mayor tamaño que se conserva y no me extrañaría que también lo hubiera sido en el momento de la construcción de esta casona señorial. 

Para la puerta principal de la vivienda se elige una solución adintelada, de buen tamaño y con molduras cultas en las esquinas, aunque nuevamente muy sencillas. Los otros elementos nobles, al exterior, son los sillares de las esquinas y ventanas superiores y, sobre todo, los vanos abocinados con derrame externo del piso bajo. Este tipo de ventana no tenía una función militar (la tendría si el derrame hubiera sido interno), sino que fue un recurso arquitectónico que se puso de moda en el siglo XVI como adorno de casas nobles y que servía para otorgar una apariencia de antigüedad a la construcción que, evidentemente, no era tal. Del mismo modo, en la misma época, algunos palacios y casonas norteñas construyeron torres que imitaban a las medievales y que no tenían ninguna función defensiva, sino simplemente de mera ostentación. 

En su interior, la casa palacio de los Piñán tiene otra serie de elementos característicos, en los que no me voy a detener, porque quiero centrarme únicamente en uno de ellos, que debió ser una verdadera novedad en el Sajambre de la época. Me refiero a la primera cocina de chimenea que se documenta en Sajambre. La Casa Piñán tuvo dos cocinas: una alta, de humo, y otra baja, de chimenea. La de chimenea se describe ya en el inventario de bienes del comisario Domingo Piñán de Cueto Luengo. 

En los siglos XVII y XVIII, la propiedad de los Piñán de Cueto Luengo en el barrio de Caldevilla de Oseja fue mayor que en la actualidad, pues llegaba hasta el camino real de arriba, es decir, hasta lo que hoy es la calle que va al barrio de Quintana.    

2. CASAS SOLARIEGAS 


CASA DE LOS DÍAZ/DÍEZ DE CALDEVILLA EN OSEJA

El elemento más representativo de la casa solariega es el blasón, situado en alguna de las fachadas principales. Sabemos que en Oseja existieron casas blasonadas, aunque no se conserva ninguna. La mejor documentada pertenecía la familia Díaz de Caldevilla y tenía dos elementos edilicios típicos de la casa hidalga: 1) el escudo de armas y 2) una torre o torreón, que destacaba visualmente en el entorno.  

El escudo era el de los Díaz y los Díez, pues en Sajambre estos patronímicos eran el mismo apellido, con un mismo origen genealógico, como se documenta claramente en boca de los propios sajambriegos en el año 1699 (5). El escudo estaba debajo de la torre y el conjunto se localizaba en el barrio de Las Cortes, de Oseja. No me extiendo porque ya hemos tratado esto en entradas anteriores. 

CASA DE LOS PIÑÁN DE CUETO LUENGO EN SOTO 

En el año 1595 la casa solariega de los Piñán se localizaba detrás de lo que es La Cortina, de la que eran propietarios en gran parte y con la que lindaban; y llegaba hasta el camino real que atravesaba el pueblo, a la altura de la iglesia, que sigue siendo el camino vecinal actual. Era una muy buena propiedad que, en 1636, poseía una gran corralada cercada, o sea un patio, con dos viviendas, una huerta y tres hórreos en su interior, portaladas, varios aposentos en una de las viviendas y otras dependencias (6).  

No sabemos si esta casona tenía escudos heráldicos, pero lo que sí sabemos es que eran propietarios de una torre que, en el año 1636, estaba en ruinas. Al igual que en el caso de los Díaz o Díez de Caldevilla, la propiedad o construcción de casas solariegas junto a torres fue característico de las casonas señoriales de Asturias y Cantabria en el siglo XVI.

La propiedad de los Piñán de Cueto Luengo en Soto es la mejor de todas las que se documentan en dicho lugar durante la segunda mitad del siglo XVI y primera del XVII, y, como se observa, también poseía una gran corralada. En realidad, era la única que existía en Soto en dicha época.  

3. CASONAS 


CASA CANDAMO EN SOTO

Un ejemplo claro de casona rural sajambriega es la Casa Candamo de Soto, construida no antes de mediados del siglo XVII, que también poseyó arcos de medio punto, como todavía puede verse. Según el Catastro de 1752, la casa se componía de portal, bodega y tres caballerizas por lo bajo, cocina, una sala, cinco cuartos, dos corredores y pajar por lo alto, además de dos corrales junto a la casa. Así pues, una vez más, corral y arcos.

CASA PIÑÁN DE CUETO LUENGO EN LA PANDIELLA (OSEJA)

Por su parte, los hermanos Pedro y Matías Piñán de Cueto Luengo poseyeron una casa en el barrio de La Pandiella, que lindaba con la Cárcel, por lo que sabemos más o menos dónde estaba. Esta casa también tenía una corralada y, al menos, una puerta de arco por donde se sirve el establo de los susodichos, que era una puerta prinçipal que tiene dicha casa por donde se serbía dicho establo della (1658). De nuevo, corralada (patio) y arco.

CASA DE TORIBIO DÍEZ PRIETO EN RIBOTA DE ABAJO

Toribio Díez Prieto fue cura de Ribota y su anexo, Vierdes, hasta el año 1712, en que murió. Construyó una casona en La Vega del Soto, junto al río Seya, que dejó a sus sobrinos de Prioro, localidad de la que era natural, aunque fundó una capellanía, cuyos administradores fueron los miembros de su familia y los Gómez de Ribota.

Contó con una capilla privada bajo la advocación del santo de su nombre, como era habitual en estos casos. La capilla y el conjunto residencial estuvo cercado por un muro, donde también existía una corralada (patio), en la que había una huerta y dos hórreos. No sabemos si tuvo arcos, aunque no nos extrañaría que así fuera, dadas las características señoriales del conjunto y la función visual de dichos elementos en la arquitectura de los más acomodados. 


CASA DE JUAN MANUEL DE POSADA ARNERO EN OSEJA

La actual casa rectoral de Oseja la construyó Juan Manuel de Posada Arnero, cura de Oseja y Soto, y en su testamento se la dejó a su sobrino, porque formaba parte de su patrimonio personal. El sobrino la vendió a principios del siglo XVIII.

Se construyó como una casona rural, podemos decir que al estilo de la tierra. La propiedad fue mayor que en la actualidad y el antojano cercado que hoy conserva no es más que una parte mínima de su antigua corralada, dentro de la cual estaba el hórreo. Esta casa, construida en la segunda mitad del siglo XVII, también conserva ventanas con arco de medio punto. 

4. PEQUEÑAS CASAS DE HIDALGOS


Además de esto, están las casas que no destacaban por su tamaño y que no poseían la corralada o patio señorial, pero tenían algún arco de medio punto. 

Una es la conocida como Casa Amancia, en Oseja, con arco en la puerta principal, que tuvo otro en una ventana y que se levanta en el barrio más noble de la localidad. Otras dos se conservan en los barrios de La Pandiella y El Coto.






En estos últimos casos, las construcciones son muy sencillas, de pequeñas dimensiones y tan solo destacan del resto por los arcos de sus fachadas.

En Oseja y Soto también quedan restos de caserones en ruinas con arcos en puertas y ventanas que deben interpretarse en este contexto.

Un caso de Oseja todavía conservaba, al menos la última vez que yo lo vi, el arranque de un arco en lo que parecía una puerta. Me refiero a las ruinas que se hallan en el barrio de Quintana, junto a la ería de Palacio. No sé a quién pertenece ese caserón, pero la casa antigua de los Díaz-Caneja, también bastante bien documentada en testamentos e inventarios de bienes desde mediados del siglo XVII, lindaba con la ería del Palacio y el camino del Ribero.   

Tampoco sé a quién pertenece el caserón de Soto con un pequeño arco por ventana, que se ve en la fotografía inferior.



En cualquier caso, todas estas casas pertenecieron a labradores hidalgos o pecheros que, en algún momento, lograron una mejor posición económica, sin llegar nunca al nivel de los propietarios de palacios o casonas señoriales, y quisieron distinguirse  de sus vecinos mediante el uso de un elemento arquitectónico distintivo, como fue el arco, que situaban intencionadamente en lugares visibles de sus viviendas. Como en otros lugares, la actividad de la carretería pudo facilitar el enriquecimiento de algunos pecheros, quienes también podrían haberse permitido la construcción de una puerta en arco para sus residencias. 

5. PARA FINALIZAR

 

 

El arco deja de utilizarse a partir de 1800 y las corraladas siguieron construyéndose, para entonces ya sin ningún significado señorial. Fueron disminuyendo de tamaño y mudando su significado social y su función, destinándose a guardar el carro y poco más.  Estos casos más recientes tienen ya muy poco que ver con los patios de los palacios rurales de los siglos XVI y XVII.

Pero en los siglos XVI, XVII y XVIII los palacios sajambriegos solían tener un patio cercado y cerrado al exterior, que se designa en los documentos con el término asturleonés de corralada, siempre con el sentido de espacio grande cerrado sobre sí. Es paradigmático el de los Piñán, de Caldevilla (Oseja). Aquí la corralada o patio servía de cohesión para el conjunto de vivienda y los restantes anexos con función agropecuaria que existían dentro de dicho recinto cercado. En su interior se distribuían las viviendas principales, las viviendas secundarias, los hórreos (al menos uno), establos (a veces llamados caballerizas), hornos (bodegas), pajares (o tenadas) y, a veces, capillas.  Es decir, lo que se documenta como corralada es exactamente lo mismo que el patio de los palacios y casonas señoriales de Asturias, Cantabria y  del resto de la provincia de León durante la Edad Moderna.  En los pueblos de Vierdes y Pio no se documenta ningún elemento constructivo de estas características durante todo este periodo.

El otro aspecto característico es el  arco de medio punto, que servía para establecer una distinción entre iguales en una sociedad en la que dominaba el estamento nobiliario. Esa diferencia venía dada por la hacienda o patrimonio acumulado.   Las casas más principales poseyeron patio y arco o arcos. Las más modestas entre las mejores se limitaron a la presencia de arcos en sus fachadas. 

Otra casa hidalga que debió tener su origen en una casa fuerte bajomedieval (siglo XV) fue la llamada Casa del Conde, situada en el barrio de Las Cortes, en Oseja, que poseyó aspilleras con derrame interno (función defensiva) y un arco de medio punto en una ventana de considerable tamaño para la localidad. Esta ventana fue uno de los muchos añadidos que sufrió dicho edificio y, en la parte más antigua del mismo, existió también una estrecha puerta de arco redondo, con dovelas pequeñas, más parecida (aunque no exactamente igual) a la de La Torre de Caldevilla, que tampoco llegó intacta al siglo XX, pero que poseyó una indiscutible fábrica bajomedieval.   

Por último, otro elemento arquitectónico, ahora  en el interior de las viviendas, que también marcaba distinción con las casas tradicionales de la mayoría de la población, es lo que en los documentos se define como ventanas de asiento. Es decir, poyos de piedra pegados a los vanos, que servían para sentarse a contemplar el exterior. Estas ventanas tampoco tuvieron ninguna función militar, sino que pertenecieron a una clase social que podía disfrutar de momentos de ocio y que, en el medio rural, fueron utilizadas por hidalgos acomodados a partir del siglo XVI. 

La Casa Piñán conserva ventanas de asiento, que se describen en los documentos antiguos. Llegué a oír que la Casa Amancia, de Oseja, también tenía una ventana de este tipo. Y en las fuentes aparece un caso en el testamento de Cristóbal González, vecino de Oseja y marido de María Alonso, natural de Caldevilla de Valdeón. En él deja a sus nietos la cocina con su sala de la mi casa nueba, con sus altos y bajos, entradas y salidas, y ventana de asiento que tiene (1695). Esos nietos se llamaban Francisco y Tomás Alonso, hijos de Tomás Alonso y de Juliana González.  

--------------------

NOTAS
(1) Año 1699: ...Más tassan todo el molino que llaman de Carunde, que es del dicho palacio y cassa los dichos dos maestros de cantería y carpintería... Más tassa el dicho Facundo, maestro de carpintería, vigas principales,  puertas y ventanas de la dicha cassa palacio, suelos, desbanes..., más dos orrios, uno dentro y otro fuera, pegado a dicha cassa palacio, con sus tejas..., publicado en Elena E. Rodríguez Díaz, Notas y cuadernos de notas de los Piñán, escribanos públicos de Sayambre (1659-1721), ed. Academia de la Llingua Asturiana – Universidad de Oviedo, 2015, p.11.
(2) Ibídem, p.9, nota 7.
(3) Toda esta información y la que menciono a continuación sobre la Casa Piñán está publicada con mayor detalle en el libro citado anteriormente, ibídem, pp.7-18.
(4) Xosé Lluis García Arias, Diccionario general de la lengua asturiana, voz cuéranu, on line: http://mas.lne.es/diccionario/palabra/15386
(5) Elena E. Rodríguez Díaz, “El proceso de imposición de modelos lingüísticos en la Edad Moderna: el caso del patronímico Díaz/Díez en Sayambre”, Lletres asturianes. Boletín de l’Academia de la Llingua Asturiana, 113, 2015, pp.45-63:
(6) Esta información también puede leerse con más detalle en la obra citada en la nota 1.  

martes, 18 de noviembre de 2014

EL APELLIDO PIÑÁN EN EL SIGLO XIII


Recientemente, he localizado 5 testimonios documentales, que son los más antiguos hasta el momento, del apellido Piñán.  Se hallan en documentos fechados en los años 1236, 1239 (2 casos), 1245 y 1248. Proceden de los fondos del monasterio de San Vicente de Oviedo.   
                                                                                                                                                                                                                                                                                                            
1236, abril, 4. Oviedo.
María Pétriz y su familia venden a Sancho Fernándiz y su mujer la mitad de la casa que fue de sus padres, situada enfrente del camino que va al Pontón de Mercado, en la ciudad de Oviedo (1).

Al delimitar la propiedad, vemos que ésta se localizaba “inter casas de monasterio Sancti Vincencio et inter casa de Pinnan”, claramente Piñán. 


1239, noviembre, 1. Oviedo.
Sancho Fernándiz y su mujer venden a Pedro Rubio el quiñón de una casa que estaba en la calle de La Noceda, en la ciudad de Oviedo (2).

Entre los testigos de esta venta se encuentra Dominico Pinnan, es decir, Domingo Piñán.


1239, noviembre, 1. Oviedo.
Dominga, hija de Pedro Lorénciz, vende a Pedro Rubio y a su mujer la parte de una casa que perteneció a sus padres en La Noceda (3).

Entre los testigos aparece un Iohannes Pinnan, o sea, un Juan Piñán. 


1245, noviembre, 30. Oviedo.
Los hermanos Miguel y Menén Fernándiz de Rañeces retiran una demanda que habían puesto contra el monasterio de San Vicente de Oviedo por una propiedad en Las Regueras (4).

Entre quienes confirman el hecho se encuentra Iohannes Pinnan (Juan Piñán). 


1248, marzo, 21. Oviedo.

Benita, viuda de Ioanini, su hija y sus nietos pactan con sus parientes para que lleven lo que habían heredado en Olivares (Oviedo), que era un aforamiento de San Vicente, a cambio de quedar con la mitad de la fruta que se recogiera (5).

Entre los testigos aparece Domingo Yannes Pinán, es decir, Domingo Yañez Piñán. 


*


Todas estas grafías antiguas (Pinnan, Pinan) se registran también en los documentos sajambriegos desde 1526 para referirse a los Piñán de Cueto Luengo.

Y aunque Juan y Domingo fueron nombres muy frecuentes, tanto en la Edad Media como en la Edad Moderna, estos casos asturianos son los testimonios más antiguos de dos de las designaciones que llevaron varios miembros de la familia Piñán de Cueto Luengo en los siglos XVI y XVII, entre ellos el propio comisario de la Inquisición y cura de Oseja y Soto, Don Domingo Piñán. 


-----------------------------
NOTAS
(1)   Celia Álvarez Arias y Miguel Metzeltin, Documentos orixinales del monasteriu de San Vicente d’Uviéu, t. I (1231-1238), Uviéu, 2008, n.75.
(2)  Andrea M. Miranda Duque y Celia Álvarez Arias, Documentos orixinales del monasteriu de San Vicente d’Uviéu, t. II (1239-1250), Uviéu, 2008, n.112.
(3)  Ibídem, n.113.
(4)  Ibídem, n.247.
(5)  Ibídem, n.301.