lunes, 4 de mayo de 2020

LA EMIGRACIÓN SAJAMBRIEGA ENTRE 1500 Y 1800


1. Introducción. 2. La emigración a América. 3. La emigración a Andalucía. 4. La emigración a Madrid. 5. Otros destinos. 6. Las causas de la emigración sajambriega en la Edad Moderna. 7. Conclusiones.



1. INTRODUCCIÓN


Como siempre en este blog, la información deriva directamente del contenido de los documentos conservados, advirtiendo al lector cuando lo que planteamos son hipótesis o interpretaciones personales.   Para este tema me he basado en la documentación que se conserva en archivos públicos y privados, como el General de Indias, el General de Simancas, el de la Real Chancillería de Valladolid, el Histórico Nacional, el Archivo General de la Administración, el Histórico de Asturias y el de la Casa Piñán.

Como es habitual, las fuentes no siempre son todo lo expresivas que nos gustaría, ya que en muchas ocasiones cuando los documentos aluden a aquellos que habían abandonado el concejo, lo hacen bajo expresiones genéricas del tipo “ausente”, “ausente del concejo”, “se ausentó de esta jurisdicción”, “se fue por el mundo”. Son expresiones que a veces abrevian la redacción notarial, pero en otros casos responden a un verdadero desconocimiento de la suerte corrida por los que abandonaron Sajambre. Así se observa, por ejemplo, en una declaración de testigos de 1677 cuando uno tras otro afirman que Pedro Alonso Calvo estaba “ausente desde hace tiempo del concejo”, “se fue hace mucho tiempo”, “hará más de veinticinco y veintiséis años que se fue”, pero nadie sabía dónde había ido, ni qué había sido de él en todo ese tiempo.

2.- LA EMIGRACIÓN A AMÉRICA


Empiezo por la emigración a América no por haber sido el destino más frecuente en la Edad Moderna, sino por ser el más tempranamente documentado en Sajambre.   

Como hablamos en otras ocasiones, en el año 1512 Gonzalo “asturiano” (como apodo), hijo de Diego González, vecino de Soto de Sajambre, se embarcó hacia la Nueva España en la nao de Pedro González Romero, junto a varios vecinos de la villa de Guadalupe. En esta época, el uso de las mayúsculas en los nombres propios no estaba regulado, de hecho lo normal era que los nombres de las personas no se iniciaran con letras mayúsculas. En este caso se escribe: gonçalo asturiano, donde el ‘asturiano’ ha de ser necesariamente un apodo, ya que a continuación se dice literalmente: hijo de Diego González, vezino de Soto de Seyame.  Por tanto, el apellido de este Gonzalo era ya el González del padre, por lo que el “asturiano” debía ser un apelativo relacionado con su origen en los confines del Principado o con su manera de hablar. 

Hasta el año 1699, es decir, 187 años después de aquel Gonzalo originario de Soto, no se registra otra noticia sobre el paso de un sajambriego a América. En realidad, en los casi 300 años que transcurrieron entre 1512 y 1808 solo existen 3 menciones documentales sobre viajes hacia las Indias. Aunque, como es evidente, la movilidad de sajambriegos hacia el nuevo continente debió ser algo mayor, estos poquísimos casos indican que, estadísticamente, la emigración local hacia los territorios americanos debió haber sido bastante pequeña en la Edad Moderna, produciéndose los desplazamientos más numerosos a partir de 1880, en el marco de la gran oleada de emigración en masa desde España.    

Después de aquel pionero que había nacido en Soto y que se embarcó en la temprana fecha de 1512, el siguiente leonés de la Montaña Oriental conocido fue Alonso de Vegacerneja, hijo bastardo de un clérigo del mismo nombre y de Urraca Díaz, quien en 1538 entró en América por La Florida. Después de esto hay que esperar al año 1569 para encontrar a un Rodrigo Díaz de Valdeón que murió en Panamá; Toribio de Domingo, del concejo de Valdeón, en 1589; Toribio Alonso, de Soto de Valdeón, que se embarcó como criado de un fraile asturiano en 1599; Ana de Valdeón en 1603, como criada de un sevillano;  y algunos más en el XVII y XVIII, como por ejemplo Francisco Gómez de Caso en 1615 o  Antonio Alonso Blanco Cosío, hijo de Joaquina Piñán de Cueto Luengo, casada en Valdeón, en 1796. No obstante, la escasez de gentes de estas latitudes norteñas en irse a las Indias en la primera mitad del siglo XVI no extraña al historiador, ya que sabemos que en los primeros momentos fueron sobre todo andaluces y extremeños los que se atrevieron a cruzar el Mar Océano, que era como se llamaba entonces el Atlántico.     

Como decíamos, tras 1512 es el año 1699 cuando un documento nos dice que un hijo de la vecina de Oseja, María de Granda, se había ido a la Nueva España.  Algo más de cien años después, en 1808, Alejandro Piñán de Cueto Luengo, vecino de Oseja, solicita al juez del concejo un certificado de hidalguía porque “teniendo como tengo determinado remitir a la Nueva España a mi hijo Alexandro, colegial en el Real Seminario Cantábrico de Guarnizo  conviene a su derecho y al mío en su nombre se certifique su condición de estado”. El colegio cántabro que se nombra había sido fundado por un pariente del estudiante (de origen lebaniego) que, a su vez, había hecho fortuna en América, al que nos referiremos más adelante.

Si la información sobre los que se fueron a América es escasa, más reducidos son los datos sobre los que volvieron. En Oseja existió una familia que llevó el apellido “Indiano”, en concreto los “Díaz Indiano”. Hoy sabemos con seguridad que dicho apellido empezó siendo un mote, porque un documento de 1671 especifica: “Pedro Díaz, dicho indiano”, es decir, “Pedro Díaz, llamado indiano”.   Este apelativo relacionado con este Pedro Díaz se registra en la documentación notarial sajambriega desde el año 1662, quedando memoria todavía, 11 años después, de que dicho “indiano” solo era un mote. Lo que sucedió es que, con el tiempo, acabó por convertirse en apellido, encontrando gente llamada “Díaz Indiano” en Oseja hasta 1822 por lo menos.   ¿Sería aquel primer Pedro Díaz “indiano” uno de los emigrantes a América que fueron y volvieron? ¿O le pondrían el mote por alguna otra razón? No podemos estar seguros, pero este es el único caso de “indianos reconocidos” en todo el valle de Sajambre con anterioridad a 1800. 

Ahora bien, lo que sucedió en Sajambre durante los siglos XVI, XVII y XVIII fue un fenómeno migratorio diferente. Debieron ser bastantes los que quisieron ir a América, sobre todo en los períodos de crisis, pero pocos lo consiguieron porque muchos se quedaron a medio camino.   

Para ir a América hacía falta dinero. Había que conseguir la licencia y, antes de eso, el acta notarial de estado y limpieza de sangre, que había que pagar. Después había que costear el pasaje y la alimentación a bordo, lo que no era barato, ni siquiera entre las modalidades más económicas (1). Los que se veían forzados a marcharse de Sajambre lo hacían para buscar una vida mejor y salían del concejo con unos pocos reales en el bolsillo, cuando no a la aventura. De manera que, antes de embarcarse hacia América, los sajambriegos necesitaban conseguir capital suficiente para financiarse. La estrategia consistió en avencindarse en ciudades prósperas y trabajar hasta ahorrar lo que se necesitaba para viajar al otro lado del mundo conocido.  Solo que, en el proceso, muchos terminaron quedándose en España. Nuestro fundamento para esta hipótesis es el número de sajambriegos documentados en Andalucía y el caso del hijo de María de Granda, vecina de Oseja, que en 1699 tenía un hijo  que se halla ausente en el Reino de Andalucía y dicen passó a la Nueba España”.   

3. LA EMIGRACIÓN A ANDALUCÍA


Es muy posible que los sajambriegos de 1500, de 1600 y de 1700 emigraran a Andalucía con la idea de pasar, desde allí, a las prometedoras tierras americanas. Lo que sucedió fue que la mayoría terminó por quedarse en las prósperas ciudades andaluzas.  No solo existen documentos de sajambriegos avecindados en Andalucía, sino que apenas se conservan tres o cuatro certificados de limpieza de sangre, pese a existir muchísima documentación notarial del período, sobre todo de los siglos XVII y XVIII que es la época que registra un mayor movimiento de población.  Es decir, los datos conservados en positivo y en negativo apuntan a que muchos de los que salieron de Sajambre en 1500, 1600 y 1700 con la idea de irse a América se quedaron en las ciudades castellanas más prósperas de la época, como Sevilla, Madrid, Cádiz, etc.   

No debemos olvidar tampoco la emigración ilegal, que también existió en aquella época, sobre todo en los primeros tiempos. Pero incluso para eso hacía falta dinero (pagos y sobornos)  y la mayoría de los que salían de Sajambre no lo tenían. En el siglo XVIII, los castigos para los ilegales y para quienes admitían polizones en los barcos se endurecieron mucho, incluyendo la pena de muerte. Otra estrategia para cruzar la mar sin pagar el pasaje era enrolarse en alguna tripulación para abandonar el oficio una vez alcanzado el destino.  El rastreo de este tipo de información exige el acceso a otro tipo de fuentes que no vamos a llevar a cabo ni en esta ocasión, ni en el futuro, por lo que seguiremos centrándonos en lo que nos dicen los documentos notariales sajambriegos. 

En el siglo XVII, los siguientes sajambriegos están documentados en Sevilla: Juan Muñiz de Cueto Luengo, Pedro Muñiz, Francisco Muñiz, Domingo Muñiz, Santiago de Acevedo, Juan Fernández y, posiblemente, el hijo de María Granda documentado en 1699.

Juan Muñiz de Cueto Luengo, de quien no conocemos su origen y que era vecino de Sevilla (es decir, no era residente, ni morador, ni estaba de paso, sino que estaba avecindado en la ciudad de Sevilla), cancela en 1643 una deuda que tenía con el comisario Piñán. Varias décadas después, los hermanos Pedro y Francisco Muñiz, vecinos de Oseja e hijos de Miguel Muñiz y Lucía Prieto, eran vecinos de Sevilla en 1670 y 1672. Domingo Muñiz,  natural de Soto e hijo de Diego Muñiz y María González, vivía en la capital hispalense en 1675. En otros dos documentos de esta misma fecha (1675), Juan Fernández de Ribota, natural de dicha localidad sajambriega, estaba avecindado en la sevillana collación de Santa Catalina. Lo mismo le sucedió a Santiago de Acevedo, vecino de Oseja, en 1693, cuando regresó a Sajambre temporalmente para formalizar la división de la herencia familiar con sus hermanos. Y, con mucha probabilidad, también vivió en Sevilla, al menos algún tiempo, aquel hijo de María de Granda, cuyo nombre ignoramos y que terminó cruzando el gran océano hacia América.    

En el Siglo de Oro, Sevilla fue la ciudad más poblada, más rica y con mayores oportunidades de toda la Corona de Castilla, por lo que no es de extrañar que los sajambriegos más inquietos o necesitados se establecieran allí.  Además, hasta que la Casa de Contratación no se trasladó a Cádiz en el siglo XVIII, Sevilla era la puerta de América, es decir, por Sevilla debían pasar todos los que querían ir a América. Por lo que el hijo de María de Granda debió vivir, como mínimo, algún tiempo en Sevilla antes de poder embarcarse hacia la Nueva España, si lo hizo de forma legal.    

Como es natural, hubo contacto entre algunos de estos sajambriegos emigrados que vivían en Sevilla. Sabemos que Domingo Muñiz trató con Juan Fernández de Ribota, a quien vendió sus propiedades de Soto en la propia ciudad hispalense a espaldas de sus parientes sajambriegos, que iniciaron pleito por esta razón en cuanto se enteraron.   

En el siglo XVIII sabemos con seguridad que los siguientes sajambriegos estuvieron avecindados en Andalucía: Pedro Amigo (Oseja), un hijo de Francisca González y José Díaz de Caldevilla (Oseja), Juan Bautista Díaz de Caldevilla (La Pandiella, Oseja), Juan Alonso de la Mata (Quintana, Oseja), Cosme de Suero (Soto), Gregorio Díaz de Caldevilla (Oseja), Manuel de Suero (Oseja) y Santiago Fernández (Ribota).  En total, ocho sajambriegos afincados en Sevilla, Granada, Cádiz, Medina Sidonia y Andalucía sin precisar emplazamiento concreto desde el año 1706. 

En 1717, la Casa de la Contratación se trasladó a Cádiz y en 1718, 1719 y 1721 hay sajambriegos en la villa ducal de Medina Sidonia y en Cádiz capital, lo que insiste en la idea de que el plan original de algunos de estos emigrantes debió haber sido la de ir acortando el camino hacia el nuevo continente, aunque por diferentes circunstancias no todos llegaran a cruzar la mar.     

De entre todos estos casos, vamos a detenernos en el de Santiago Fernández, de Ribota, porque de él se conserva una carta muy expresiva dirigida a su mujer y a su hija, cuyo contenido voy a extractar. La misiva está fechada en Cádiz, el 26 de marzo de 1721 y dice así: 


Hesposa mía: mucho me olgará aquestas quatro letras te allen con mui buena salud en compañía de mi querida hija y le echo mi bendición con la de Dios, que la mía por lo de aora es mui buena. A Dios sus ynfinitas gracias. Para todo aquello que me quisieres mandar, que lo aré como me toca a mi propia obligación. Por quanto, esposa mía, en como he escritas varias cartas y que ninguna he tenido respuesta dellas, no puedo saver si será por causa de salud o del aborecimiento que me tienes o, quando menos, si será por causa de salud o algunos las retira(n) de la estafecta; y si yo supiere quién era, bueno castigo mereciera; y con esta ya ba de cinco. La maior soledad que tengo era saver de tu buena salud y juntamente de mi querida hija, a mi tía Bárbara y a mi tío Francisco le enbío muchas memorias. A Manuel Tames y su esposa, a mi compadre Luis Fernández y su espossa y a toda su familia muchas memorias, a Rosa de Rebes y a sus hermanas muchas memorias y a todos mis amigos y vecinos muchas memorias... 


Por un documento posterior del 15 de mayo de 1721 sabemos que este Santiago Fernández era natural de Ribota y había vivido en León antes de irse a Andalucía; había sido hijo de Pedro Fernández y de María Martínez, difuntos; y hermano de Domingo Fernández, todos vecinos de Ribota, así como su mujer, Olaya, y su hija.  Sabemos también que ninguno de los leoneses que se mencionan en la carta tenía noticia de que estaba en Andalucía y que manda a su amigo, Manuel de Tames, vecino de León, vender la herencia de sus padres a su hermano Domingo para entregarle el dinero de dicha venta a su mujer e hija, lo que hace sospechar que no tenía intención de regresar, seguramente porque tenía pensado irse a América.

El tal Santiago Fernández debía llevar ya bastante tiempo en Cádiz porque declara haber enviado cuatro cartas antes de la presente, de las que no obtuvo respuesta. Las causas que el propio Santiago achaca a este silencio de su esposa son interesantes porque, junto a sus dudas sobre el estado de salud de su familia, baraja la posibilidad de un “aborrecimiento” hacia su persona: ¿Una suerte de reconocimiento de la propia culpa por estar en la otra punta del reino?  Especula también sobre un posible robo de correspondencia y dispone, por último, que le entreguen 25 ducados a su mujer.  Todo esto hace pensar que la intención no declarada de Santiago Fernández era la de marcharse a América, dejando a su mujer y a su hija en Ribota. 

4. LA EMIGRACIÓN A MADRID


El establecimiento de la corte en la villa de Madrid debió ser un aliciente de prosperidad para muchos aldeanos de la periferia. Como ya se sabe, la corte fue itinerante durante toda la Edad Media, estableciéndose en Madrid de iure en 1561 y de facto en 1606.

El primer sajambriego que podemos situar en Madrid es una mujer que había nacido en Soto y que se llamaba Juana González de Coco. Gracias al Archivo de la Casa Piñán hoy sabemos algo más de esta sajambriega de lo que se conocía en época de Moisés Díaz-Caneja, cuando escribió que nada se podía decir sobre ella más allá de lo que aparecía en el testamento del arcediano de Villaviciosa, Pedro Díaz de Oseja, de 1665.   

Juana González de Coco posiblemente terminó viviendo en Madrid por razón de casamiento. El nombre de su marido fue el de Bartolomé Guerrero y murió antes de 1624; ella misma murió en 1625. Cuando Juana hizo testamento debía tener una posición económica bastante desahogada porque dejó 500 ducados para la dotación de una capellanía en Soto, la de la Virgen del Populo, que debía encomendarse siempre a clérigos de su linaje. El primero que ocupó dicho beneficio, por orden de la propia benefactora, fue su sobrino (así se declara una y otra vez en varios documentos) Domingo Piñán de Cueto Luengo.    

Domingo Piñán, notario apostólico, cura que llegó a ser de Oseja y Soto, y comisario de la Inquisición, fue hijo de un Gonzalo Piñán (el segundo de este nombre) y de una Juana González de Coco, también natural de Soto, pero que no puede ser la fundadora de la capellanía. En un mismo documento se dice que la madre del comisario era Juana González de Coco y la tía del comisario era Juana González de Coco, documentándose él siempre como “sobrino” (no como hijo) de la benefactora. La primera siempre aparece como viuda de Gonzalo Piñán, vecina de Soto, y la segunda como viuda de Bartolomé Guerrero y vecina de Madrid. Estamos, por tanto, ante dos personas con el mismo nombre, que eran parientes entre ellas, tal vez primas hermanas o tía y sobrina. Entre sus respectivos fallecimientos discurrieron 10 años, ya que la madrileña (quizás la tía) murió en Madrid en 1625 y la madre del comisario (quizás la sobrina)  falleció en Soto en 1635.

Por tanto, los Piñán de Cueto Luengo  fueron los parientes más cercanos en el valle del matrimonio que formó Bartolomé Guerrero con Juana González de Coco.  El testamento original de esta Juana González de Coco constaba de 9 folios escritos por las dos caras y, a la muerte del comisario Piñán en 1652, apareció entre los papeles de su casa.

Hay otro sajambriego que prosperó en la villa y corte de Madrid por aquellos mismos años y del que conocemos parte de su cursus honorum. Se trata de  Cosme Díaz de Caldevilla, originario de Oseja por los cuatro costados.  A comienzos del siglo XVII ya estaba en Madrid sirviendo como criado en la corte, donde conoció a una doncella de la duquesa de Osuna con la que se casó hacia 1624. Después de esto, pasó a servir como soldado en la guardia real, llegando a ser capitán de caballería. Tuvo dos hijas llamadas Clara e Isabel y un nieto que llegó a ser caballero de la Orden de Santiago.  

En 1667 vivía en Madrid Juan Alonso, de Oseja, y en 1674 Juan de Viya, natural de Soto. Este último es la misma persona que en 1676 pagó siete reales de a ocho (de plata) a Domingo Debia (o de Hevia), cochero del rey que, por su apellido, debía ser asturiano, a no ser que fuera pariente del propio Viya, ya que el apellido sajambriego se registra en los documentos del Archivo Piñán con las siguientes variantes antiguas: De Biia, Debia o De Viia, siendo el “De Viya” la forma más moderna.  

En 1675 también residían en la villa y corte de Madrid los hermanos Domingo, Bernardo y Juan de Acevedo, así como su medio hermano Gregorio de Acevedo, todos hijos de Juan de Acevedo y María Martínez, y naturales de Oseja.

En 1705 sigue documentándose en Madrid un Domingo de Acevedo Villarroel, natural de Oseja.  También emigró a Madrid en 1715 Pedro Amigo, cuando tenía 40 años, dejando a su mujer en Oseja con una niña de pecho; y los dos hijos varones de Dominga Amigo, también vecinos de Oseja, dejaron a su madre impedida y sola en el pueblo para irse a los Madriles.   

5. OTROS DESTINOS


Al observar los desplazamientos permanentes de los sajambriegos con anterioridad al siglo XIX se constatan muchas residencias en el entorno más próximo, donde se iban a vivir por matrimonio o relaciones familiares las más de las veces. Dada la situación fronteriza de Sajambre, ese entorno cercano se corresponde con diversas localidades y comarcas de las actuales provincias de León, Santander, Principado de Asturias y Palencia, pues hay sajambriegos documentados que vivían en Guardo, Liébana, Amieva, Ponga, Cangas de Onís, Margolles, Parres, Ribadesella, Gozón, Avilés, Oviedo, León, Riaño, Valdeón, etc. Vamos a poner solo algunos ejemplos.

El caso más antiguo que he podido documentar hasta el momento es el de un Alonso de Vierdes que vivió en Oviedo en el año 1501. También los jovenzuelos que llevó el Arcediano a servirle en Oviedo un siglo después, como le sucedió a un hijo de Julián Díaz de la Caneja, llamado después Julián Díaz de Ribota cuando sustituyó a su padre en la escribanía pública del concejo. En el lugar de Perdones, parroquia de Santiago de Ambiedes y concejo asturiano de Gozón, vivió en 1662 Pedro Díaz de Caldevilla, natural de Soto, y en la misma fecha era vecino de Avilés Domingo Díaz de la Caneja, con su mujer Juana Menéndez, hija bastarda de Pablo Díaz de la Caneja, cura y hermano del primer Tomás Díaz de la Caneja. En Moraleja del Vino (Zamora) se estableció Pedro Díaz de Caldevilla, natural de Oseja, entre 1660 y 1670.  Lorenza Díez de Oseja vivió en Otero, jurisdicción de Guardo, en 1786, al casarse con un vecino local.  Fausta Díaz de la Caneja vivió en Margolles a finales del siglo XVIII, etc.   

6. LAS CAUSAS DE LA EMIGRACIÓN SAJAMBRIEGA EN LA EDAD MODERNA


Algunos de los traslados de residencia anteriores estuvieron justificados por casamiento, como dijimos, pero también por motivos laborales. Así, Manuel Díaz de la Caneja vivió algún tiempo en el concejo asturiano de Parres mientras ejerció como escribano público del número en dicho municipio a principios del siglo XVIII. Lo mismo les sucedió a los familiares que atendían a aquellos curas que salieron del valle a sus destinos parroquiales, toda vez que en tales casos solían ser mozas solteras, parientes desfavorecidos o huérfanos que, de esa manera, se aseguraban el sustento. Este fue el caso de los que acompañaron a Pablo Díaz de la Caneja a la parroquia asturiana de Santiago de Ambiedes (Gozón). Estaban también los miembros de las criazones, es decir, todos aquellos que fueron criados (mantenidos) por algún eclesiástico, como hizo el Arcediano con varios jóvenes de Sajambre.    

No obstante, las principales razones para emigrar fueron la pobreza y la guerra, sobre todo la primera, consecuencia también de cualquier conflicto bélico.  Un documento de 1586 describe Sajambre como un concejo questá entre riscos y peñas... y es tierra muy pobre y miserable, lo que se repite de vez en cuando en las fuentes notariales de los siglos XVI, XVII y XVIII, como aquel otro de 1721 que describe el valle como una tierra asquerosa y montuosa; o el de 1713, en el que los más pobres se quejan diciendo que la tierra es áspera y fragosa, no ai en ella perssonas acaudaladas que puedan dar limosna para poderse mantener.    

La pobreza estaba causada por las características del medio montañoso: muy agreste y con una climatología adversa, donde los inviernos eran largos y con muchas nieves; con tierras de muy mala calidad por ser los suelos ácidos y poco profundos, no aptos para la agricultura; y una actividad ganadera que resultaba claramente insuficiente para cubrir las necesidades de la población local. Los intercambios comerciales, mediante la carretería y la arriería, solo parecen haber tenido un cierto desarrollo (con acumulación de excedentes) durante un período corto e intermitente entre los siglos XVII y XVIII, por lo que cualquier causa que distorsionase aquel frágil equilibrio convertía la situación en algo dramático.    

Los cuatro jinetes del Apocalipsis cabalgaron libremente por Sajambre entre 1500 y 1800. La peste azotó varias veces el municipio, siendo muy agresiva la de finales del siglo XVI, pero también hubo otras muchas epidemias en el XVII y en el XVIII.  La Guerra de Sucesión (1701-1714) devastó la Península, sobre todo entre 1706 y 1711, dejando cerca de un millón de muertos y un panorama desolador en Sajambre. El hambre campó a sus anchas durante todo el Antiguo Régimen y la muerte fue omnipresente a causa de las crisis de subsistencia, la guerra y la peste.      

Algunos de los sajambriegos que están documentados en América y en Andalucía pertenecieron a familias que aparecen como pobres en diferentes documentos de los siglos XVI y XVII, como los Amigo, los Muñiz, los Martínez y algunos de los Acevedo y de los Granda; otros fueron segundones o hijos bastardos, que se buscaron la vida como pudieron; otros huérfanos, otros jóvenes, menores de 25 años, que intentaron mejorar su existencia más allá de las montañas.   

La realidad general del concejo de Sajambre era la que se describe en el Castro de Ensenada cuando se afirma que la tierra solo producía pan para la mitad del año. Habría que precisar que ese grano panificable que solo daba para seis meses era además de baja calidad, a menudo terciado, es decir, se hacía un pan cocido con mezcla de harinas de escanda, cebada y centeno, o incluso con harina de arvejos. El pan blanco, con trigo de calidad, había que importarlo. Es por esto que las tierras de Sajambre en la Edad Moderna bien pueden describirse con el título de la célebre película de Luis Buñuel “tierra sin pan”.  A esta situación endémica hay que sumar las crisis de subsistencia que se retratan en varios documentos: 


...Debido a la pobreza de los años passados y pressentes ser fatales... de que nos hallamos faltos de alimento... Por lo mucho que han padecido y padecen por la falta de granos que hubo en esta tierra, por la estrechez de ella y lo asquerosa que es... Por los años pasados y presentes fortuitos que an corrido por falta de granos que hubo en esta tierra, por lo escasso de ellos... 


Junto a la pobreza y el hambre, la guerra. Centrémonos en el ejemplo de la Guerra de Sucesión, que ocupó casi 15 años (1701-1714) y que provocó una de las épocas de mayor emigración en la historia de Sajambre. Oigamos lo que declara Juan Martín, vecino de Oseja, cuando se vió obligado a vender su casa y todas sus propiedades en 1715: 


Mediante se necesita pagar los tributos y aberes de su magestad por las urgencias de la guerra que cada día nos está costando y para los débitos que está debiendo y los dichos sus hermanos para el alimento de la dicha su hermana caduca e imposibilitada... 


Este Juan Martín se hallaba solo en Oseja con una hermana inválida, porque sus otros hermanos, Marcos y Pedro, se habían marchado del concejo.   

Las mismas urgencias de la guerra, que aquí se mencionan, fueron las que multiplicaron las levas militares entre 1701 y 1714, algunas de cuyas órdenes se conservan entre los protocolos notariales de dichos años y fueron también las que hicieron que en 1711 muchos sajambriegos se quejaran de no tener ningunos ganados muebles de que nos baler. La guerra fue también la causa principal de la gigantesca sangría demográfica que se ve muy bien en los padrones municipales de 1715, donde la población, numéricamente muy disminuida, se componía de ancianos, viudas, solteras, huérfanos y menores de edad, y donde muchas casas estaban cerradas porque sus dueños se habían marchado de Sajambre. He aquí una muestra:  


[Oseja:] Pedro Amigo está casado, fuesse a tierra de Madrid, tendrá de edad de quarenta años. Dejó en su cassa a su muger con una niña del pecho... María Amigo, biuda, tiene consigo dos nietos guërfanos de edad de nuebe a once años...  Dominga Amigo, biuda, tiene dos hijos, fuéronse a los Madriles, dejáronla sola, es bieja y mui pobre. Gregorio Díaz de Caldebilla, viudo, tiene tres hijos y dos hijas que se fueron a Granada...  Joseph Alonso está cassado, es mui biejo, que pasa de setenta años, tiene una hija, está por casar... Micaela Alonso, biuda, tiene consigo quatro hijos, dos barones y dos hembras, los barones ninguno llega a treze años. Françisco Díaz, viudo, tiene quatro hijos, dos se fueron por el mundo... María de Bega, moza, soltera, no a tomado estado, pasa de más de çinquenta años, está sola en cassa. Captalina Rodríguez, moza, no a tomado estado, tiene más de çinquenta y ocho años, asiste sola en su cassa. María Barales, moza, soltera, de edad de quarenta y ocho años, asiste en su cassa sola y sin compañía...  


[Soto:] Ana Moñiz, biuda, es bieja caduca,  tiene consigo una hija llamada María, viuda, una nieta y un nieto de edad de diez y ocho años. Manuela Martino, biuda, tiene tres hijos, que el mayor no llega a ocho años... María González, viuda, tiene quatro hijos, que el mayor no llega a diez años. Ysabel de Bega, biuda, tiene dos hijos, barón y hembra, que el mayor no llega a ocho años... María González, llamada La Paussa, biuda, tiene dos hijas y un hijo de edad de diez años... María de Suero, moza, de edad de diez y ocho años, dejola su padre en casa sola y se fue por el mundo... Gregorio Francisco, Antonio de Palacio, Francisco Díaz de Coco, Ignacio Alonso ausentáronse deste concejo, dejaron sus casas ynabitables... 


[Vierdes:] Bernarda Redondo y Francisca Díaz, mozas, están solas en su cassa... Captalina del Collado tiene consigo una hija y dos hijos, de edad de veinte y quatro a veinte años, el mayor se fue


[Pio:]  Juan Gargallo tiene siete hijos y los seis barones y el que más no llega a captorce años, fuese por el mundo. La viuda de Pedro Redondo Rojo tiene quatro hijos menores, fuesse por el mundo con ellos, dejó su casa ynabitable... María Díaz, viuda, tiene una hija y un hijo consigo y un hijo que tenía se fue por el mundo y otro tiene en serbiçio de su magestad. María e Isabel Redondo, mozas, asisten en su cassa solas. Joseph y María González, hermanos, guërfanos, son menores de catorze, está con ellos una tía llamada María González, moza, aliméntase a ella y a sus sobrinos.... Juan Gargallo y su hijo de edad de diez y ocho a veinte años ausentáronse..


[Ribota:] Domingo Fernández, declarante, está cassado, tiene dos hijos y dos hijas, él es ya mui biejo, uno de los hijos es de edad de diez y ocho años y el otro de seis años... Ana Sánchez, biuda, tiene dos hijas... Julián Díaz, biudo, biejo caduco, tiene tres hijos de edad de captorze a veinte y quatro años y dos hijas. Ambrosio Díaz y su mujer, Dominga de la Vega, y su hija se fueron. Ana de Diego, viuda de Pedro Díaz, tiene çinco hijas y un hijo de edad de quinze años, tiene consigo a su madre.  Ynés de Palaçio, asiste sola en su cassa, es moza soltera...


En aquel año de 1715 la población de Sajambre había disminuido un 25’8% respecto a la de 1680, pero las consecuencias de la guerra y la extrema necesidad de la que se hacen eco los documentos de aquella época no hicieron otra cosa que agudizar los males, por lo que a las hambrunas y muertes acompañó también un aumento de la emigración. Para hacerse una idea de la enorme calamidad de aquellos años, ofrezco una tabla comparativa del número de vecinos de cada pueblo de Sajambre antes de la guerra (en 1680), recién terminado el conflicto (en 1715) y en la posguerra (en 1725):  


1680: Oseja (89), Soto (42), Ribota (30), Pio y Vierdes (48).

1715: Oseja (25), Soto (11) Ribota (6), Pio (7), Vierdes (5).

1725: Oseja (18), Soto (7), Ribota (6), Pio (8’5), Vierdes (4).


Además de la gran disminución de vecinos, en 1715 se observa también una composición familiar propia de los efectos de una guerra. En las casas abiertas predominaban los ancianos, las mujeres, las viudas, los huérfanos, los tullidos y los menores de edad, y en Pio todavía había 3 jóvenes sirviendo en el ejército. El documento de 1725 solo proporciona el número de vecinos de cada localidad, sin más detalles, pero está claro que la recuperación demográfica no se consiguió en una década, lo que explicaría un aumento en la emigración. Esta debacle demográfica fue acompañada de una durísima crisis económica,  de tal envergadura que incluso los Piñán de Cueto Luengo se vieron obligados a alquilar una parte de su casa palacio de Caldevilla para sanear sus rentas.  Solo en el período comprendido entre 1706 y 1725 ha quedado documentada la emigración de casi 40 sajambriegos, repartidos de la siguiente manera: 18 personas en Oseja, 5 en Soto, 5 en Ribota, 1 en Vierdes y 9 en Pio.    

Además de los desplazados por la pobreza y por la guerra hubo también desterrados, desertores, prófugos y delincuentes que terminaron sus días lejos de Sajambre.

En 1490 los Reyes Católicos perdonaron a los omizianos (delincuentes sentenciados y huidos) de Valdeburón que habían servido como peones en la Guerra de Granada durante más de cuatro meses a su costa (2).  En 1671 fue expulsado del valle un hijo del primer Tomás Díaz de la Caneja por haber asesinado a su primo a navajazos durante una disputa por una partida de naipes. En 1661 Pedro Bermejo, vecino de Oseja, es declarado desertor por haberse fugado y no poder ser habido. En 1705 se condena a Juan Simón por desertor y se dicta orden de búsqueda y captura. En 1709 muere Catalina de Viya, identificada como la viuda del desertor, Pedro Simón, vecino de Ribota, quien tras fugarse del ejército nunca volvió por el valle; y lo mismo sucedió con otros reclutas sajambriegos en 1661, 1666, 1690, 1699, 1703, 1707...

Los desertores y los prófugos fueron también un rasgo endémico de los ejércitos del Antiguo Régimen a causa de las levas forzosas (3). Los soldados reclutados de manera obligada en Sajambre fueron siempre pecheros, solteros y nunca nadie pudo cambiar su suerte por un pago en metálico.  Durante bastante tiempo los desertores retornaban a sus lugares de origen, donde sus parientes y amigos los ocultaban. Conocedores de esta situación, las autoridades militares acudían a los municipios para buscar a los fugados reclamándolos bajo determinadas penas. Caso de no encontrarlos, eran sustituidos por otros mozos del mismo pueblo.   

A mediados del siglo XVII, durante la guerra con Portugal, los concejos de Valdeón y de Sajambre participaron en una de las levas con la aportación conjunta de un único soldado. Tras el sorteo de rigor, salió un sajambriego que terminó desertando.  Cuando las autoridades militares reclamaron al desertor, al no encontrarlo, volvieron a sortear y salió un mozo de Valdeón. Después de esto, el concejo de Valdeón inició pleito con el de Sajambre al haber perdido a uno de sus vecinos por culpa del desertor sajambriego.

La frecuencia de las deserciones provocó la imposición de penas muy duras (castigos corporales, galeras, muerte) contra los infractores. Por eso, muchos de los desertores y también algunos prófugos se vieron obligados a marcharse del valle y a no regresar nunca, como aquel vecino de Ribota, llamado Pedro Simón, que desertó durante la Guerra de Sucesión.

7. CONCLUSIONES


La mayor afluencia de sajambriegos a América se inserta en la emigración en masa de españoles al otro lado del océano que sucedió entre 1880 y 1930. En los documentos disponibles en el portal de archivos públicos españoles, los emigrantes sajambriegos que arribaron a tierras americanas de forma legal (4) durante aquella oleada empiezan a registrarse en el año 1889. La primera ficha corresponde a Félix de Martino que pisó tierra mexicana el 3 de junio de 1889. El buque que lo llevó pertenecía a la Compañía Trasatlántica Española y se llamaba Alfonso XIII (primero de este nombre), había salido del puerto de Santander y había hecho escala en Nueva York, La Habana, Veracruz (México) y Progreso (Yucatán, México).   

Pero con anterioridad a 1800 también existieron movimientos de población transitoria y definitiva que todavía no son bien conocidos. En este artículo hemos transmitido algunas de las noticias que vamos encontrando en las fuentes conservadas y algunas de las conclusiones que de ellas se derivan. Naturalmente, la historia no está completa, pero es un comienzo.

Parece bastante claro que en la mentalidad sajambriega de la Edad Moderna se hallaba presente la ilusión americana y que algunos intentaron llevarla a la práctica, sobre todo, en momentos de mayor adversidad. Pero las muchas oportunidades que brindaban ciudades como Madrid o Sevilla dejaron a muchos de aquellos emigrantes sin salir de los reinos de España.   

Más difícil es documentar en la época pre-estadística los casos de quienes fueron y volvieron al cabo de los años. Quizás el caso de aquel Pedro Díaz al que apodaron “indiano” antes de 1662 fuera uno de los primeros.  No podemos estar seguros. Lo que debió suceder en bastantes casos es que los contemporáneos nunca llegaran a tener noticia de la suerte corrida por muchos de los que abandonaron el valle. Y entre los que regresaban, ¿cuándo empezaron los indianos a establecer fundaciones y obras pías en sus localidades natales? Por lo que sabemos, en los alrededores de Sajambre las fundaciones de indianos acaudalados empiezan a registrarse en el siglo XVIII.   

Uno de ellos fue el lebaniego Alejandro Rodríguez de Cosgaya, que fundó una considerable obra educacional en 1749, germen de lo que habría de ser el Real Seminario Cantábrico de Educación, primero, e Instituto de Educación más tarde, el segundo de España tras el de Gijón que fundó Jovellanos (5). Los Piñán de Cueto Luengo, de Oseja, emparentaron con los Rodríguez de Cosgaya, por lo que poseyeron derechos en la fundación. Otro indiano destacado fue Pedro Alonso Díaz, natural del concejo de Cabrales, que se convirtió en uno de los hombres más ricos de Nueva España, mandó construir la iglesia de Inguanzo en 1780 y fue nombrado Marqués de Santa Cruz de Inguanzo por Carlos IV.  Habrá que esperar algo más de un siglo para encontrar a un indiano enriquecido que se comporte en Sajambre como tiempo atrás hicieran otros indianos de la región. Naturalmente, me estoy refiriendo a Félix de Martino.  Pero su historia ya es conocida y, además, queda lejos de los límites cronológicos establecidos para este artículo.     

Los principales motivos de la emigración fueron el hambre y la guerra, pero los movimientos de población también tuvieron otras causas, como las relaciones familiares, las razones laborales o eludir el servicio militar. Algunas originaron desplazamientos de corto alcance (comarcal o regional), mientras que otras provocaron movimientos de larga distancia, principalmente, a Andalucía, Madrid y América.   

Una de las épocas que más emigración debió provocar en la Edad Moderna fue la Guerra de Sucesión, cuyas nefastas consecuencias demográficas y económicas se prolongaron en Sajambre más allá de 1725, cuando los vecinos de Oseja pasaron de 89 a 18, los de Soto de 42 a 11 o los de Ribota de 30 a 6.  En lugares cercanos, como Asturias, la crisis de comienzos del siglo XVIII no se superó hasta mediados de la centuria. 

---------------------------



NOTAS

(1) Sobre el coste y las modalidades de pasajes a América en los primeros tiempos, Sergio M. Rodríguez Lorenzo, “El contrato de pasaje en la carrera de Indias (1561-1622)”, Historia mexicana, 66, n.3 (2017), pp. 1479-1571.  

(2) Los omizianos de Valdeburón combatieron bajo mando asturiano, Mª Jesús Suárez Álvarez, “Aportaciones asturianas a la guerra de Granada”, Asturiensia Medievalia, 1 (1972), pp.313, 318.

(3) Sobre esta característica de los antiguos ejércitos, véase Enrique Martínez Ruiz, “El ejército en los perfiles institucionales de la nueva Monarquía borbónica”, en Guerra de Sucesión española, Madrid, 2014,  en especial p.62.

(4) En el mismo portal se especifica que la emigración española de carácter ilegal  a América entre 1880 y 1930 fue de un 20%.   

(5) Celia Valbuena y Benito Madariaga, “Panorama general de la enseñanza en la provincia de Santander”, en Los antiguos centros docentes españoles, San Sebastián, 1975, p. 240.

lunes, 6 de abril de 2020

MODALIDADES GANADERAS EN SAJAMBRE: LA TRANSTERMINANCIA Y LA TRASHUMANCIA ESTACIONAL INVERSA


1. Introducción: La transterminancia y la trashumancia inversa. 2. La «marina». 3. La época de los desplazamientos. 4. El ganado trashumante y sus propietarios. 5. La organización y el coste. 6. Edición de un documento sajambriego del siglo xvii.



1.- Introducción: La transterminancia y la trashumancia inversa

En la actualidad la ganadería sajambriega practica la transterminancia, es decir, el desplazamiento de los ganados entre términos del propio concejo: del fondo de los valles en los meses fríos a las majadas de altura en la época cálida. La transterminancia ganadera se refiere, por tanto, a movimientos de corto recorrido entre distintos términos jurisdiccionales, dentro de un mismo concejo/pueblo, entre dos o más pueblos o, como mucho, entre un municipio y otro.   

Las ordenanzas municipales históricas de Sajambre dejan claro que los ganados de cada pueblo debían pastar en sus respectivos términos vecinales, excepto en los lugares mancomunados entre pueblos o municipios. Así sabemos que no solo Carombo era mancomundado entre Valdeón, Sajambre y Amieva, sino también Pontón entre Sajambre y Burón en el siglo XV, y Arcenorio entre Ponga y Sajambre en la misma época. Quedan documentos también sobre el aprovechamiento  mancomunado de determinados emplazamientos entre Vierdes, Pio y Ribota, incluso con pleitos entre ellos por prendadas injustas de ganado, cuando alguno de estos pueblos intentaba apropiarse de antiguos términos comunes.

Esa fue la realidad que llegó a la época más reciente y, en consecuencia, la mejor conocida, incluidos los cambios que han traído los tiempos más modernos. Me refiero a que hasta el siglo XX inclusive los pastores dormían en las majadas, pero ya no pernoctan en los chozos, sino que bajan a dormir a los pueblos, están motorizados y usan la telefonía móvil para combatir el aislamiento.  Pues bien, además de la antigua transterminancia tradicional de corto recorrido, en el pasado se practicó también la trashumancia estacional de media distancia (40-100 km), bajo la modalidad de la trashumancia inversa o trashumancia descendente. Esto sucedió antes de la generalización de los piensos para el ganado vacuno y cuando el forraje almacenado en los pajares no era suficiente para alimentar al ganado durante todo el invierno.   

Hay que tener en cuenta que no hablamos solo de la cabaña tradicional (vacas, cabras y ovejas), porque antes de la Época Contemporánea el ganado tuvo una presencia mucho mayor en la vida de las sociedades rurales: además de vacas, cabras y ovejas, para arar la tierra se necesitaban bueyes, para la arriería rocines y para el transporte caballos. La posesión de bueyes de yugo y caballerías estaba bastante extendida, de tal manera que todavía en la segunda mitad del siglo XVIII el 60% de los sajambriegos mantenía rocines y caballos de albarda para el transporte de mercancías, con lo que completaban sus economías domésticas. Así que durante los inviernos había que alimentarlos a todos. A todo esto hay que añadir los largos inviernos de la Pequeña Edad del Hielo, que ocupó toda la Edad Moderna hasta mediados del siglo XIX, y la carencia endémica de cereal, porque la cebada se mezclaba con otros granos para fabricar pan terciado (trigo/escanda, centeno y cebada) que consumían los humanos, no los animales, algo que en Sajambre siguió haciéndose hasta la década de 1820, por lo menos.   

Bajo aquellas circunstancias, los sajambriegos practicaron una transterminancia y una trashumancia inversa, llevando el ganado a pastar a la marina durante los inviernos. 

La trashumancia inversa es conocida desde muy antiguo, estando documentada en Italia durante la época romana, en Francia durante la Edad Media o entre los seminómadas norteafricanos que llevaban sus ganados a la costa en la época invernal, todo ello como residuos históricos de un primitivo nomadismo que existió en la Prehistoria desde Oriente Próximo hacia los extremos de Europa occidental y que tan bien explicó Fernand Braudel. En España hay constancia documental de cómo en el siglo XI el ganado burgalés invernaba en los pastizales de la región costera santanderina. A tiempos más recientes llegaron los pastores del Pirineo aragonés que acudían a las tierras bajas de la cuenca del Ebro en los inviernos o los roncaleses a la ribera navarra. Es el mismo comportamiento de otros concejos montañosos de Asturias, León, Cantabria o País Vasco, como el conocido el caso de los vaqueiros de alzada que invernaban en Navia y Luarca; de los ganados que bajaban de las montañas de Caso y Ponga hacia Siero, Villaviciosa y Gijón; de los pastores pasiegos que se movían hacía las tierras bajas de la marina cántabra o de los de Torrestío (San Emiliano) en la Babia leonesa que invernaban en la costa asturiana (1).  

Los datos más antiguos que se conservan en Sajambre sobre movimientos de ganado a la marina proceden de principios de 1600 y se encuentran entre los documentos del archivo familiar de los Piñán. En general, son noticias sueltas transmitidas en libros de cuentas y en inventarios de bienes, aunque existe un testimonio más extenso relativo a Oseja y a Soto que vamos a editar en el presente artículo.    

2.- La «marina»


Cuando los documentos hablan de «vacas en la marina» no hay que pensar solo en lugares de costa, sino especialmente en valles de baja altitud y clima más benévolo, donde no se conocían las largas nevadas invernales y donde se podía asegurar una alimentación suficiente para la cabaña ganadera. 

Entre 1621 y 1652, el comisario de la Inquisición y cura de Oseja y Soto, Domingo Piñán de Cueto Luengo, hacía llevar su ganado vacuno al concejo asturiano de Llanes, sin que haya quedado registrado a qué lugar en concreto. Y el 9 de febrero de 1675, María Martín, viuda de Juan de Acevedo, vecina de Oseja, tenía una vaca y un añojo en el lugar de Dego, situado en la parroquia de Huera de Dego, concejo de Parres (Asturias), que está a poco más de dos kilómetros de la villa de Cangas de Onís. Y en 1718, Juan Antonio de la Villa y Posada, casado con la última descendiente de la Casa de la Caneja en Soto, tenía su ganado vacuno en las tierras bajas del concejo de Ponga ya en el mes de noviembre, a cargo de un pastor de Viego, llamado Juan Francisco Alonso.

Las tierras asturianas de Ponga, Parres y Llanes son las únicas referencias toponímicas de las que tenemos noticia, porque la mayor parte de los documentos se limitan a mencionar la localización genérica en «la marina» o en «las bajuras». Por ejemplo,  cinco caveças de ganado bacuno en la marina, en esta manera: una baca preñada, un novillo toral y dos novillas torales y una baca escosa, son cinco (Juan de Vega, de Quintana) o  dos novillas torales están al presente en la marina (María Alonso, viuda del escribano Tomás Díaz de Oseja o de la Caneja). 

Yten ynventariaron un / par de bueyes de yugo, y dos bacas parideras, la una / preñada y la otra con un xato, y dos novillas torales / están al presente en la marina, un novillo capa/do y un anoxo... (1675, enero, 21. Oseja). 

3.- La epóca de los desplazamientos


Los documentos fechados que hablan en tiempo presente de cabezas de ganado estantes en la marina fueron hechos durante los meses de noviembre (1 caso), enero, febrero y marzo.   

Esto podría indicar que, quizás, los sajambriegos fueron capaces de alimentar a sus vacas con la hierba empajarada hasta finales del mes de diciembre, viéndose obligados a trasladar los ganados a las tierras bajas a partir de enero, sin descartar que los más pudientes llevaran sus cabañas a la marina a comienzos de la estación fría, como hicieron los miembros de la Casa de la Caneja en Soto desde noviembre.

4.- El ganado trashumante y sus propietarios


El ganado que se desplazaba a las tierras bajas (o marina) era siempre ganado vacuno, nunca se documentan animales  menudos. Naturalmente, en el siglo XVII el traslado se hacía a pie por las sendas y caminos de la época. 

Por los documentos conservados, no parece que todos los vecinos de Sajambre llevaran sus vacas a las  baxuras, ya que son pocos los inventarios de bienes hechos en invierno en los que ha quedado constancia de esta antigua práctica. Esto puede tener una doble explicación. Por un lado, hay que suponer que no todos los vecinos tuvieron suficientes medios económicos para ello, lo que suele corresponder al mismo tiempo a sajambriegos que tuvieron pocos o ningún vacuno en propiedad. Por otro lado, una parte importante del ganado vacuno del término municipal se poseía en régimen de comuña (o aparcería ganadera), por lo que es posible que fuera la parte más pudiente la que corriera con estos gastos, a cambio de prestaciones de la otra parte que no han quedado reflejadas en los documentos.  

También parece que no siempre se llevaba todo el ganado que se poseía a las tierras bajas, como muestra el ejemplo de la fotografía, que corresponde a la viuda del que fuera escribano público Tomás Díaz de Oseja, bautizado Díaz de la  Caneja.

Según la información que se conserva, los propietarios que se beneficiaron de este tipo de trashumancia de media distancia fueron vecinos de Oseja, Soto y Ribota, lo que tampoco quiere decir que otros de Vierdes y Pio no lo hicieran, sino que de ellos no se conservan documentos. Asimismo, los individuos de Soto y Oseja que se mencionan en el documento que vamos a editar pertenecieron todos al estado noble (hidalgos). Lo mismo sucede con aquellos otros de los que existen documentos notariales. Ahora bien, esto tampoco resulta determinante, a juzgar por el alto número de población hidalga (cerca del 75%) que existió en Sajambre durante el siglo XVII.  

5.- La organización y el coste


Sabemos que, a finales del siglo XVII, las vacas que se desplazaban a la marina asturiana desde Sajambre solían ir acompañadas por un pastor del pueblo correspondiente, aunque habría que pensar en más de un responsable cuando los rebaños tuviesen cierta envergadura, tal y como sucedía en otros lugares de la Península. Naturalmente esto costaba dinero.

No sabemos con exactitud cuál sería el coste total de llevar vacas a pastar a la marina porque la información documental que poseemos al respecto es parcial. Pero suponemos que dependía del tiempo de permanencia, del número de animales, de la distancia de ida y de la distancia de vuelta, de la calidad de los pastos y de lo que cobrasen los dueños de los prados. En 1602 Gonzalo Piñán pagó doce ducados (132 reales de plata aproximadamente o 4.500 maravedís) por llevar las bacas de la marina a Sajambre, que me costó sacar las que estaban allí.  En aquel año de 1602, dicho transporte unidireccional les costó a los Piñán lo mismo que 12 cántaras de vino, o sea, el equivalente a cerca de 200 litros de vino a precio de la época.   

En 1665 otro miembro de la familia Piñán demandó a Pedro Díaz de Álvaro por 4 reales de una vaca que habían llevado a la marina y que el segundo les adeudaba. Esto indica que una de las diversas actividades económicas de los Piñán en la Edad Moderna consistió en facilitar el transporte y la estancia de sus vacas y de las de otros sajambriegos a lugares de bajura (en este caso no se dice dónde).   

En el documento que vamos a editar a continuación, se ve cómo existieron dos tarifas, cuya diferencia parece tener alguna relación con el pastor que guiaba el rebaño, porque las 18 vacas de Soto y las 56 de Oseja que estuvieron a cargo de Toribio de Vega costaron unos 6 o 6’3 reales por cabeza, mientras que otras 37 vacas, de las que no consta el nombre del pastor responsable, salían a 3 reales por animal.  Este Toribio de Vega fue miembro de la familia Vega, del barrio de Quintana en Oseja.

6.- Edición de un documento sajambriego del siglo XVII


El documento que presentamos se intitula Memorial de las vacas que entraron en la marina, carece de fecha y se conserva en el Archivo de la Casa Piñán. Aunque no está datado, tuvo que haberse escrito entre 1667 y 1700, dado que algunas de las personas que se mencionan son claramente identificables con quienes aparecen en padrones y documentos notariales de dicho período. 

[1667-1700]

Relación de vecinos de Soto y Oseja que tenían vacas en la marina, con indicación del número de animales, nombre de los propietarios, precio y nombre del pastor responsable


A.      Oseja de Sajambre, Archivo de la Casa Piñán.  Apunte privado hecho en un folio de papel común escrito por las dos caras. Muy afectado por la humedad y roto por la derecha.



(Cruz)

Memorial de las vacas que entraron en la marina.

Soto. 
Primeramente, Julián Díaz dos vacas, 006 reales.
Vitorio Díaz siete vacas, 021 reales.
Juan Sánchez dos, seis reales.
Cosme Amigo ocho, veinte y cuatro reales.
Bernardo cuatro vacas, doce reales.
Melchor Díaz tres, son nueve reales.
El señor juez tres, otros nueve.
Julián Goncález ocho, deve veinte y cuatro reales.

De las que andan a cargo de Toribio de Vega, de Soto y Oseja.

Primeramente, Juan de Martino nueve cavecas, que son cinquenta y siete reales.
Juan Simón tres vacas, diez y ocho reales, digo diez y nueve.
Juan de Mendoza tres vacas, son diez y nueve reales.
Pedro de Suero dos, que son seis reales y veinte y cuatro maravedís.
Juan Díez de Bulnes una, seis reales y doce maravedís.

Oseja.
Oseja. Cosme de Acevedo tres vacas, son diez y nueve reales.
Juan Alonso de Quintana tres, lo mismo.
Juan Díez de Quintana, hijo del secretario, siete cabecas, cuarenta y quatro y medio.
Pedro de la Mata seis cavecas, trainta y ocho reales y un cuarto.
De Juan de Vega tres, son diez y nueve reales y uno ochavo.
De Juan Díez Escarramán tres, lo mismo. //
[Chris]tóbal Goncález cuatro, veinte y cinco reales y medio.
Pedro Goncález cuatro, lo mismo.
Joseph Goncález tres, diez y nueve reales.
Pedro Alonso seis, pagó.
Catalina Goncález dos, doce reales y veinte y medio maravedís.
Damián Díaz cuatro, veinte y cinco reales y medio.
Toribio Alonso cinco, pagó.
Mateo Francisco tres, diez y nueve reales y uno ochavo.

Suma todo quinientos y tres reales y no más salvo yerro de cuenta.


------------------------------------------------



NOTAS

(1) Fernand Braudel, El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en época de Felipe II, París, 1949, 1966, cap. I. Manuel Corbera Millán, “Organización de los espacios de pasto en la montaña atlántica: los nombres, las formas y las funciones”, Ería, 93 (2013), p.227.



miércoles, 25 de marzo de 2020

ANTONIO MUÑOZ MOLINA, EL REGRESO DEL CONOCIMIENTO


ANTONIO MUÑOZ MOLINA ha publicado hoy en el diario El País este espléndido texto que, como excepción a lo que es habitual en este blog, extracto, enlazo y recomiendo encarecidamente.

EMPIEZA ASÍ:

"La realidad nos ha forzado a situarnos en el terreno hasta ahora muy descuidado de los hechos: los hechos que se pueden y se deben comprobar y confirmar, para no confundirlos con delirios o mentiras; los fenómenos que pueden ser medidos cuantitativamente, con el máximo grado de precisión posible. Nos habíamos acostumbrado a vivir en la niebla de la opinión, de la diatriba sobre palabras, del descrédito de lo concreto y comprobable, incluso del abierto desdén hacia el conocimiento.  El espacio público y compartido de lo real había desaparecido en un torbellino de burbujas privadas, dentro de las cuales cada uno, con la ayuda de una pantalla de móvil, elaboraba su propia realidad a medida, su propio universo cuyo protagonista y cuyo centro era él mismo, ella misma...".

TERMINA ASÍ
"... Nos ha hecho falta una calamidad como la que ahora estamos sufriendo para descubrir de golpe el valor, la urgencia, la importancia suprema del conocimiento sólido y preciso, para esforzarnos en separar los hechos de los bulos y de la fantasmagoría y distinguir con nitidez inmediata las voces de las personas que saben de verdad, las que merecen nuestra admiración y nuestra gratitud por su heroísmo de servidores públicos. Ahora nos da algo de vergüenza habernos acostumbrado o resignado durante tanto tiempo al descrédito del saber, a la celebración de la impostura y la ignorancia".


EL ARTÍCULO ENTERO NO PUEDE SER MÁS ACERTADO... DONDE TAMBIÉN ESTÁ "LA HISTORIA" Y SUS CONSTANTES TERGIVERSACIONES DE AZULES, ROJOS Y AMARILLOS... 

GRACIAS, ANTONIO, POR EXPRESAR CON TAN EXACTAS PALABRAS LO QUE DESDE HACE MUCHO TIEMPO PENSAMOS (Y SUFRIMOS) MUCHOS.

https://elpais.com/elpais/2020/03/24/opinion/1585071202_661178.html

sábado, 8 de febrero de 2020

ZAMARRÓN Y ZAMARRONES EN SAJAMBRE


Estamos en el mes del carnaval y quiero transmitir lo que conozco en Sajambre sobre una costumbre ancestral, extendida por la Península y común a la cultura rural de Asturias, Cantabria, León, Zamora y Salamanca.   

Es imposible hacer una síntesis, en un espacio como este, de lo mucho que se ha escrito y publicado sobre lo que se denomina zamarrones en esta parte de España, aunque sigue siendo referencia obligada el estudio del carnaval de Julio Caro Baroja (1).

Hay noticia de la palabra y del concepto desde muy atrás en el tiempo. Sirvan de muestra los siguientes casos, que no son los únicos que existen.      

Época romana, Antigüedad Tardía y Edad Media, Julio Caro Baroja: Ya los primeros Padres de la Iglesia, latinos y griegos, se encontraron que en todo el ámbito del Imperio Romano, desde comienzo de año, es decir, desde enero, hasta avanzada la estación, hasta la Primavera, solían salir máscaras, sobre todo en las barriadas rurales en los pueblos, precisamente con cencerros, con cucuruchos, con trajes estrambóticos, y hay una cantidad considerable de sermones y de cánones penitenciarios y de disposiciones religiosas cristianas contra estas prácticas” (2).   

Siglo XIII. Alfonso X, Partida VII, Título 6º (De los infamados), ley 4ª: "Otrosí son enfamados (infames)  los juglares e los remedadores e los facedores de los zaharrones que públicamente antel pueblo cantan o bailan o facen juego por precio que les den”.    

Siglo XV. Las máscaras de los çaharrones o buharrachos se documentan en la traducción que Pedro Díaz de Toledo hizo en 1447 de Platón.   

1540-1553. Repertorio universal de las leyes de Castilla, reproduce la disposición de las Partidas: “Y, ansimesmo, son infames... los hazedores de los çaharrones que públicamente andan por el pueblo, y cantan, y baylan, y hazen juegos”.     

Año 1601. Francisco del Rosal, Diccionario etimológico, Biblioteca Nacional de España, T-127, p. 193: "çagarrones, que otros dicen çaarrones o çaharrones y çarraones, son figuras ridículas de enmascarados que acostumbran ir detrás de las fiestas, procesiones o máscaras para detener y espantar la canalla enfadosa de muchachos que en semejantes fiestas inquietan y enfadan, y assí, para más horror de éstos, los visten en hábitos y figura de diablo, por lo qual en Zamora los gagarrones son llamados diablícalos".  

1611. Sebastián de Covarrubias, Tesoro de la lengua castellana o española, p.390 (f.261v): "çaharrón, el momarrache o botarga que en tiempo de carnabal sale con mal talle y mala figura, haciendo ademanes algunas vezes de espantarse de los que topa, y otras de espantarlos” (3).  

¿Y en Sajambre qué? 

Para empezar, existen los siguiente topónimos: la Cuenya del Zamarrón o Cuenya Alta del Zamarrón y el arroyo del Zamarrón, tal y como se citan en un deslinde municipal de 1928; todos situados cerca de la divisoria con Amieva. 

En 1444 se documenta el Argayo del Çamarrón en el mismo lugar (4).    

Además José Díaz y Díaz-Caneja en su Vocabulario sajambriego (voz zamarrón) escribió lo siguiente:

«Zamarrón. m. Disfrazado o enmascarado en general, de ordinario zafia y extravagantemente ataviado, objeto de irrisión o mofa general. Ú. m. en pl. para designar a los que por carnavales son acompañados o seguidos por las cencerradas tradicionales. Si estos zamarrones, de origen inmemorial en Sajambre, no difieren mucho de los de otras poblaciones y comarcas, mucho se ha fantaseado respecto a ellos. Apenas pueden ser reconocidos en los textos consultados, en ninguno o casi ninguno de los cuales llevan exactamente esta denominación tradicional sajambriega» (p.564).  

«Apenas pueden ser reconocidos en los textos consultados», dice mi tío abuelo. Menos mal que, a día de hoy, conocemos muchos más ‘textos’ que en su época. 

En el Archivo de la Casa Piñán hay un documento hecho en Ribota en el año 1667, donde se registra el uso de la palabra «camarón» como insulto. 

Ésa es la ortografía del escribano, que puede y debe interpretarse como çamarrón porque en muchas ocasiones la misma persona escribe: Goncalo por Gonçalo, Goncález por Gonçález, cardo por çardo, tiera por tierra, incurido por incurrido y muchos otros casos similares. Todo esto (c/ç y r/rr) es propio de la ortografía de los siglos XV, XVI y XVII en esta zona geográfica y en otras partes de España.     

Recordemos ahora la grafía del topónimo de 1444 que se registra en un documento hecho por mano del escribano público Diego Díez de Valdeón en escritura gótica cursiva cortesana: Argayo del Çamarrón. O con más precisión: ÇamaRon, donde la R mayúscula situada en el medio de una palabra escrita con minúsculas representa siempre el sonido fuerte de la erre castellana en las escrituras de la Baja Edad Media (para más señas, la tipificación gótica de la R capital romana muy usada en las cursivas y en las híbridas castellanas).    

Aunque el término çamarrón (camaron) aparezca escrito en singular en el documento de 1667, lo interesante del caso es que se menciona en un instrumento judicial porque se usó para insultar a un vecino de Ribota, definiéndolo el propio demandante como palabra injuriosa, por lo que no puede tener otro significado que el de «objeto de irrisión o mofa general», que he destacado en la definición del Vocabulario sajambriego, junto con el carácter infamante que poseyeron los zamarrones desde las Partidas de Alfonso X. 

En consecuencia, este caso de 1667 es el registro documental más antiguo de Sajambre y quizás sea también el más antiguo de la comarca de Riaño, donde la palabra zamarrón se usó con un significado muy cercano al de los zamarrones carnavalescos.    


---------------------------------------
NOTAS

1.- Julio Caro Baroja, El Carnaval. (Análisis histórico-cultural), Taurus, Madrid, 1979.

2.- Manuel Garrido Palacios, “Itzea 1976. Conversaciones con Don Julio Caro Baroja al hilo de los Carnavales de Zubieta, Ituren y Lanz (Navarra)”, Revista Folklore, 181 (1996). 

3.- Edición facsímil del impreso de 1611 preparada por Martín de Riquer y editada en Barcelona en 1943.

4.- Elena E. Rodríguez Díaz, Valdeón: Historia y colección diplomática, Oviedo, 2000, n.35, p.317.