miércoles, 18 de julio de 2012

BARRIOS Y FAMILIAS DE PIO EN LOS SIGLOS XVII Y XVIII (y 3).


Lo que caracterizó socialmente al pueblo de Pio durante el Antiguo Régimen fue su elevado número de miembros del estado general. Por ejemplo, en los padrones de 1680, el 77’1% de los vecinos de Pio eran pecheros, frente al 16’6% de Ribota, por ejemplo.  Y en 1722, Pio poseía un 72’4% de miembros del estado llano, frente al 33’3% de Vierdes, al 11’7% de Ribota, al 5’8% de Oseja y al 0% de Soto. El descenso numérico se debe fundamentalmente a la emigración que se produce a principios del siglo XVIII.

Como se ve, el mayor porcentaje de hombres buenos o pecheros se concentra en el Tercio de Allende El Agua (Ribota, Vierdes y Pio). Esto se traduce en familias concretas. En Pio, los miembros del estado general eran los Redondo, los Del Collado, los De la Fuente, los Gargallo, los Hidalgo y los Mayón, registrado también como Bayón a partir de mediados del siglo XVIII. El 33’3% de pecheros de Vierdes en 1722 se debe al asentamiento en el lugar de familias apellidadas Redondo a lo largo del siglo XVII, mientras que los pecheros de Ribota y Oseja se apellidaban Andrés, Dobreganes, Martín, Bermejo y Varales en la misma época. 

El apellido más abundante de Pio en los siglos XVII y XVIII es el de Redondo y Pio fue su solar sajambriego. En los padrones del siglo XVI solo hay Redondos en dicho lugar, de manera que todo sajambriego que se apellide Redondo tiene algún ancestro en el pueblo de Pio.  

Va a resultar muy difícil, cuando no imposible, reconstruir las genealogías de las antiguas familias así apellidadas por dos razones principales. Primero porque no se conservan libros sacramentales de la parroquia para esta época (solo se conservan de Oseja y Soto). Y en segundo lugar porque la homonimia dificulta extraordinariamente la tarea. Así por ejemplo, en el siglo XVII nos encontramos con hermanos llamados Juan, Pedro y María de Redondo que tenían primos llamados Juan, Pedro y María de Redondo, hijos y sobrinos respectivamente de Juanes, Pedros y Marías de Redondo o nietos de Juanes, Pedros y Marías de Redondo.  

Para salvar las complicaciones que causaba la homonimia, a veces se nombraban los individuos con el segundo de sus apellidos, con sus lugares de residencia/procedencia, con motes, etc. He seleccionado como ejemplo los siguientes casos de Pio y Vierdes que aparecen en la documentación notarial y que fueron contemporáneos entre sí: Juan Redondo «Xan», Juan Redondo «Magüeto», Juan Redondo Toribio, Juan Redondo Calvín, Juan Redondo de La Nozaleda, Juan Redondo de Gracia, Juan Redondo de La Campana Juan Redondo, «Juan Redondo y su hijo Pedro». Pedro Redondo Collado, Pedro Redondo «Rojo» (o el Rojo), Pedro Redondo de Vierdes, Pedro Redondo «Tamarujo», Pedro Redondo, Pedro Redondo el viejo, Pedro Redondo el mozo. El problema es que estas designaciones no se respetan siempre y las más de las veces aparecen en los documentos como Juan Redondo o Pedro Redondo a secas.  

Otro aspecto que tiene relación con la extracción socioeconómica de la vecindad de Pio se observa en el Catastro de Ensenada de 1752. En dicha época no había ninguna casa con sala y/o aposentos en Pio. La habitación humana se hacía en la cocina. La única diferencia entre las viviendas más pobres y algunas algo menos modestas radicaba en la existencia del típico portal sajambriego o en algún espacio adicional, como una segunda cocina o un sótano. Por ejemplo, en 1752, únicamente la casa de Pedro Redondo Collado tenía dos portales, uno delante y otro detrás; y solo la casa de quien entonces figura como dueño de la pisa, Pedro Mayón, tenía dos cocinas. 

Un siglo antes, hacia mediados del siglo XVII y en su segunda mitad, la mayoría de los hórreos de Pio estaban cubiertos de paja y muchas de sus casas también, en una proporción mayor que en los restantes pueblos del valle.  
  

martes, 17 de julio de 2012

BARRIOS Y FAMILIAS DE PIO EN LOS SIGLOS XVII Y XVIII (2): El Pindal, La Cuesta, Joncevilla y La Piquera.


Lo que hoy se conoce como La Cuesta aparece en un inventario de 1714 como La Cuesta del Pindal, con la que lindaba la casa de Silvestre Gutiérrez. Y como barrio del Pindal se registra en el Catastro de Ensenada de 1752. Allí vivía, por ejemplo, Francisco Díaz: «una casa en el casco de el barrio de El Pindal en la que habita que se compone de cozina por lo alto, caballeriza y pajar», que lindaba con la casa arruinada de Pedro Mayón y con camino del concejo.

En El Pindal también vivía en 1752 Domingo Redondo, quien era asimismo dueño de otra casa en Joncevilla, topónimo que se documenta castellanizado como Hondos de Villa: «otra casa en el barrio de Ondos de Villa que se compone de caballeriza y pajar».  

Por su parte, la zona de La Piquera de Pio estaba dedicada a tierras de cultivo en los siglos XVII y XVIII. Así, por ejemplo, en 1709:«yten otro carro de abono en la hería de Yandepalacio, do se diçe La Piquera».  

Pero la mayor parte de las casas y hórreos que se describen en los inventarios de bienes hechos en Pio no indican ninguna ubicación concreta, sino que se limitan a ser deslindados con los nombres de los dueños de las propiedades colindantes, lo que dificulta considerablemente el trabajo de reconstruir el antiguo plano de la población. No obstante, como los restantes pueblos de Sajambre, cada casa tenía delante el hórreo y junto a ella o en sus proximidades una huerta o un huerto. Las casas que no eran medianeras tenían antojanos por delante y por detrás.

En comparación con Ribota (y naturalmente con Oseja y Soto) se conservan pocos inventarios de bienes hechos en Pio y, entre los que conocemos, abundan los de familias muy pobres.  Esto se explica por el elevado número de miembros del estado general que vivían en Pio, en donde los hidalgos se limitaban a dos o tres familias apellidadas Diaz/Diez, González y Gutiérrez.  Trataremos esta cuestión con un poco más de detalle en el siguiente post. 

domingo, 15 de julio de 2012

BARRIOS Y FAMILIAS DE PIO EN LOS SIGLOS XVII Y XVIII (1): La Riba, El Collado y Llamedio.


La más antigua división del pueblo de Pio que encontramos en la documentación consiste en diferenciar a quienes vivían en la zona «de Arriba» de los que lo hacían en la «de Abajo». Esto sucede entre 1600 y 1620. 

En el mes de enero de 1666, el vecino de Pio Juan Redondo vende a Juan de la Puente “el casar de la casa de La Riva” que lindaba con su casa de morada. Desconozco si se conserva este topónimo y, en caso afirmativo, dónde se encuentra. 

Uno de los apellidos más característicos de Pio desde por lo menos el siglo XVI es el de Del Collado y parece que tuvo su origen en la toponimia menor del lugar. Así en un inventario de bienes fechado en 1715 se describe una casa de morada «en dicho lugar (Pio) que se dize El Collado, que linda con el camino real y con la hería que está pegada a ella». Y lo mismo en 1813 con «otro quarto de casa en el lugar de Pio a do dicen El Collado, según linda con Pablo y Miguel Díez». Tampoco sé dónde situar este lugar en el plano de la localidad actual y si puede coincidir con el emplazamiento antiguo en el que se levantaba la Casa de los Collado de Pio. 

La casa de familia Del Collado lindaba con la vivienda de Juan Gargallo en 1709: «primeramente ynbentariaron un quarto de cassa en la cassa de los Collados... linda con cassa de Juan Gargallo» y con la casa de Matías Redondo. De este último dice el Catastro de 1752 que poseía «una casa en el casco de este barrio, la que se compone de cozina por lo alto y caballeriza y pajar por lo bajo” que, a su vez, lindaba con camino del Concejo, con la vivienda de Juan Redondo y con la de Pedro Redondo.  Este camino del Concejo pudiera ser el que conducía a la ería de Yandepalacio como se verá a continuación. 

La casa de los Collado descrita en el siglo XVIII pudiera ser la misma que se documenta en 1667 como lindera de la vivienda de la familia De la Fuente: «Una casa de quatro vigadas que linda con Alonso del Collado y con el camino que va a Yandepalacio. Yten un orrio que el techo es de paxa que está delante de dicha casa. Una huerta cerrada de parez seca delante de dicha casa hacia la parte de la fuente... Yten un suelo de casar que está detrás de dicha casa que linda con el órrio de los Collados y casa de Alonso del Collado»

El hórreo de paja lo compartía Alonso del Collado con Juan del Collado, seguramente un pariente, que muere un año más tarde y cuya casa no se debía encontrar muy lejos de dicho hórreo, como era lo habitual en la tierra. El inventario post mortem nos dice que también la casa estaba cubierta de paja.  

A su vez, parece que los De la Fuente de Pio tomaron su apellido del manantial que existía junto a su casa de morada, como indica el documento anterior. El apellido De la Fuente, que ya aparece en los padrones de 1552 y que se mantendrá durante todo casi todo el siglo XVII en una única familia del pueblo de Pio, debió desaparecer a finales del 1600 o en las primeras décadas del siglo XVIII.  
 
El 6 de junio de 1667 está fechado el documento más antiguo que conozco hasta el momento en el que se menciona el barrio de Llamedio. Allí había vivido Juan de Varales Calvín y allí siguieron viviendo su viuda y sus hijos, en una casa techada de paja que se componía de una cocina, un pajar y un corral, en el que se levantaba un «orrio de techo asimismo de paxa, sitio en el barrio de Llamedio... linda con heredad de Domingo La Puente y ería del Hoyo».  La casa lindaba también con el Camino Real y su antojano con la vivienda de María de Mayón.

Este «Calvín» aquí documentado coincide en el siglo con un Juan «Calveto» que vivió en Ribota en las décadas de 1650 y 1660, y que está profusamente documentado en el Archivo de la Casa Piñán. La inspiración popular bien pudo basarse en tales apellidos para inventarse la rima sobre Barbarona que llegó como tradición oral al siglo XX: «Calvín, Calveto, / allá me tiro en tu carreto / peinando el mi moñeto».  ¿Datarán estos versos del siglo XVII? ¿Podríamos fechar con ellos la perduración en la creencia de este ser fabuloso en dicha época?   
 

lunes, 9 de julio de 2012

EL ENNOBLECIMIENTO DE UN LINAJE SAJAMBRIEGO: EL CASO DE LOS ACEVEDO.


En 1684 se tachó a los Acevedo de los padrones de 1680 en donde figuraban como pecheros, como puede leerse en este fragmento de los mismos sin dificultad (Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, Protocolos y Padrones, 65, n.7).
Pinchar en la foto para verla ampliada.

De los Acevedo de Oseja ya hemos hablado aquí en varias ocasiones y sus orígenes están reconstruidos en la página genealógica de este blog. Lo que vamos a hacer ahora es describir cómo consiguieron pasar del estado pechero al estado noble.  Para ello contamos con varios documentos originales conservados en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid y en el Archivo de la Casa Piñán. 

Los Acevedo actuales descienden de quienes, procedentes de Corniero, se instalaron en Sajambre como criados. En la segunda mitad del siglo XVII lo fueron de la Casa de la Caneja. Estas familias cotizaron, al menos durante los 80 primeros años del siglo XVII, como pecheros sin haber protestado ni reclamado nunca por ello. Sin embargo, después de todo ese tiempo, o más (cfr. con la página de Genealogía), empiezan a insistir sobre su hidalguía y pleitean por ella hasta conseguirla. Pero ¿cómo pudieron unos criados y campesinos de tierra pobre costear un pleito tan largo y convertirse en hidalgos? Veámoslo.  

1. A comienzos del año 1684 llega a Oseja una real provisión diciendo que los Acevedo son hidalgos y ordenando que se les acepte como tales, borrando su nombre de los padrones en donde aparecen como pecheros. En Oseja se ven obligados a hacerlo ante las justicias locales y reales allí personadas y dentro de la casa del escribano, Manuel Díaz de la Caneja:
 
       «Abrió el archivo de sus papeles y, habiéndole abierto, en él hallé un protocolo y padrón con su comisión para hacerle por cabeza del año de mil seiscientos y ochenta, según consta dél... en él hallé a los dichos Gregorio de Acebedo y consortes». Y para dar cumplimiento a la real provisión  «borré y tildé del estado pechero en que estaban asentados los dichos Gregorio, Pedro, Santiago y Miguel de Acebedo y sus hijos, cuya diligencia se hizo en presencia de su merced el señor juez».    

Conservamos estos padrones con todos los miembros de ese linaje tachados (ver FOTO).  
2.  Inmediatamente después de este suceso, los hidalgos y los pecheros de Oseja deciden unirse para apelar al rey porque, según ellos, los Acevedo se habían ennoblecido a base de falsos testimonios conseguidos mediante sobornos hechos a su favor por Manuel Díaz de la Caneja, escribano público de Sajambre, que como vimos en otras ocasiones estaba al servicio de la Casa de la Caneja: «a quien dieron los susodichos (los Acevedo) mucha cantidad de dinero a quien, como hombre poderoso que es en el concejo, atemorizó a los vecinos de dicho concejo para que lo declarasen así y sobornó a otros».  

3.  El fiscal real ordena que se inicie una investigación. Durante su desarrollo y ante los oficiales del rey que acuden a Sajambre, declaran hidalgos y pecheros contra los Acevedo diciendo que siempre estuvieron inscritos en todos los padrones como pecheros; que siempre pagaron sus impuestos y que nunca protestaron por ello durante más de 80 años; y que aunque dicen descender del estado noble de la villa de Corniero y aunque vienen de allí, no es verdad que sean descendientes de la nobleza de dicho lugar. 

4.  Al comprobar los oficiales del rey que, efectivamente, en todos los padrones que entonces conservaban en Sajambre los Acevedo aparecían como pecheros desde muy atrás en el tiempo, recomiendan revisar los autos y documentos previos. 

5.  Ante una situación tan peligrosa que ponía en riesgo los privilegios conseguidos, los Acevedo se defienden y se justifican diciendo que es verdad que estuvieron inscritos como pecheros mucho tiempo, durante el cual pagaron impuestos como tales, pero que esto fue porque les obligaron los vecinos de Oseja, quienes los consideraron así solo porque eran pobres, pero que ellos siempre fueron hidalgos, aunque no presentan ningún testigo de dicho lugar que lo ratifique. 

6.  Los vecinos de Oseja consiguen demostrar con documentos que dicha argumentación era mentira porque, en padrones que aportan como prueba y que no se han conservado, los Acevedo aparecían como «pecheros cuantiosos», es decir, pecheros ricos. Esta demostración anula totalmente los argumentos de los Acevedo, por lo que los vecinos de Oseja piden al rey que se revoquen las decisiones anteriores y los vuelvan a declarar pecheros.

7. Ante una situación tan delicada y viéndose abocados a perder el pleito, los Acevedo cambian de procurador y... ¿a que no se imaginan a quién nombran como su nuevo representante legal ante el presidente y oidores de la Real Chancillería de Valladolid? Pues a nuestro viejo amigo Don Leonardo García de Mendoza, hijo de Leonardo García, Merino Mayor de Valdeburón entre 1677 y 1680, y de Doña Francisca de la Caneja, cabeza de la Casa de la Caneja, parientes todos ellos de los Goméz de Caso de Burón y de dos arcedianos de la Iglesia de Oviedo.  

8.  «Don Leonardo García de la Caneja y Mendoza» se persona ante la Audiencia real y habla en defensa de los Acevedo presentando como prueba un reconocimiento de hidalguía que la propia Chancillería había dado a Domingo de Acevedo, vecino de la villa de Madrid, hijo de Juan de Acevedo y María Martínez, y nieto de Diego de Acevedo y María Canin, vecinos que fueron del concejo de Sajambre y parientes de los Acevedo que pleitean. 

9. Los vecinos de Oseja desconfían, preguntando por qué utilizan ahora este documento y no antes. Argumentan malicia y falsedad. 

10.  Ante este nuevo testimonio, la Real Chancillería otorga la razón a los Acevedo emitiendo una ejecutoria a su favor en el año 1697. 

11. Pasado un tiempo, los vecinos de Oseja volverán a apelar, los padrones volverán a enviarse a Valladolid y un nuevo pleito se extenderá hasta el año 1704, cuya ejecutoria no se conserva. A los Acevedo se les reconocerá su hidalguía y, a partir de entonces, se mantendrán en el estado noble sin más sobresaltos.  

En sus reclamaciones, los pecheros de Oseja se quejaban porque, al haberse hecho hidalgos los Acevedo, se incrementarían las cargas fiscales que sobre ellos recaían. Esto, que puede ser una buena razón para los pecheros, no explica la reacción de los hidalgos, quienes respaldaron siempre al estado general enfrentándose a los Acevedo. ¿Cuáles pudieron ser sus razones?

La ayuda de los miembros de la Casa de la Caneja, de la que los Acevedo fueron fieles servidores, debió ser decisiva en su ennoblecimiento. Parece bastante claro que gracias a la Casa de la Caneja se remata el pleito de hidalguía en 1697 y, posiblemente, gracias a ellos se gana definitivamente en 1702/1704. 

Mientras tanto, Doña Francisca de la Caneja recompensaba a Luis de Acevedo traspasándole dos censos suyos, gracias a los cuales éste se convirtió en acreedor de vecinos de Oseja adquiriendo poder (no solo económico) con ello. Y al poco de haber asegurado su hidalguía en 1704, vemos a Gregorio, a Luis o a Fernando de Acevedo ocupando oficios públicos en Oseja y en el ayuntamiento que antes no podían ejercer por pertenecer al estado llano.  

Por ejemplo, el 30 de diciembre del mismo año de 1704 Luis de Acevedo presenta un informe jurídico en el que se argumenta sobre su capacidad para desempeñar el oficio de alcalde de la Santa Hermandad. Este Luis de Acevedo que pretendía convertirse en el "jefe de policía" local es el mismo que había acompañado a Leonardo García de Mendoza cuando ambos fueron a arcabucear al prior de Pedrosa y el mismo que se había enfrentado con malos modos al pueblo de Oseja tras ser increpado por entrampar intencionadamente el Camino Real.

Ciertamente, resultaba ser una gran ventaja para la Casa de la Caneja tener en el gobierno local a hombres de su total confianza. Quizás fuera ésta una de las razones que explican el rechazo rotundo (y persistente durante 20 años de pleito) de «todos» los vecinos de Oseja (nobles y pecheros) a aceptar a los Acevedo como hidalgos.   

sábado, 23 de junio de 2012

DATACIÓN "ANTE QUEM" DE LA CASA CANDAMO DE SOTO DE SAJAMBRE


Ya estamos en condiciones de avanzar un paso más y proporcionar una fecha ante quem en la historia de lo que llegó al siglo XX llamándose Casa Candamo y que perteneció con anterioridad a los Caneja que fueron descendientes directos del matrimonio formado por José de la Caneja y Gracia Fernández, hermana a su vez de Don Pedro Díaz de Oseja, arcediano de Villaviciosa en la Iglesia de Oviedo.  

La casona está ya claramente documentada en deslindes del año 1652, por lo que el edificio había tenido que terminarse con anterioridad a esta fecha. La construcción debía ser de importancia para el lugar porque también dio nombre a las tierras adyacentes que pertenecían a diversos dueños: «palmiento de dos carros de abono en la Casa de La Canexa, que linda con casa de Toribio Díaz y con casa de La Caneja», también de 1652.  

Esta información da la razón a Don Moisés Díaz-Caneja: «creemos pues que esta casa grande se construyó en la primera mitad del siglo XVII». Por tanto, la casa se terminó varios años antes de la muerte del arcediano Don Pedro Díaz.  

Lo que no parece acertado es que fuera obra de los dos canónigos llamados Diego de la Caneja, sino únicamente del primero y mayor de ellos, ya que el segundo solo tenía 20 años (como mucho) en 1652, y esto siempre que a ellos fuera debida esta casa, sobre lo cual todavía no conocemos documentos que lo confirmen y no pueda descartarse una intervención del Arcediano.   

Según el estado actual de nuestro conocimiento, podemos resumir la historia de la Casa Candamo de la siguiente manera: 
  
1. La construcción se concluyó antes del 8 de julio de 1652, todavía en vida del arcediano Don Pedro Díaz de Oseja. En esta época se conoce como la Casa de La Caneja 

 2. Si fue obra de los Caneja (y el Arcediano no tuvo nada que ver en ello), la mansión fue edificada (o reedificada) por un hijo de Gracia, el canónigo llamado Diego de la Caneja, nacido después del 20 de octube de 1601.

 3. Junto con otras propiedades, la casona se incluye en 1658 en un vínculo eclesiástico con cargo de misas de aniversario y mantenimiento de los objetos sagrados, que se hace a favor de su sobrina, Dña. Francisca de la Caneja y sus descendientes. 

4. Fue el lugar de residencia de esta Francisca de la Caneja y su marido, Don Leonardo García, Merino Mayor de Valdeburón, así como de su hijo Don Leonardo García de Mendoza.

5. Empieza a llamarse Casa Candamo cuando una hija de Leonardo García de Mendoza, llamada Ángela María García de Mendoza, contrae segundas nupcias en 1738 con Melchor González de Candamo.

6. El caserón perteneció a Gaspar González de Candamo, hijo de Melchor, y a Bernardo Antonio González de Candamo en 1771. 

7. En 1817 pertenece a Don José Valdés Miranda, vecino del concejo de Piloña.

8. En 1858 su dueño es D. Ramón de Valdés.

9. A finales del siglo XIX es reedificada tras la compra que de ella hizo Francisco Díaz-Caneja Martino, «el Menor», por 1250 pts.

10. Además de esta obra más o menos reciente, hay que suponer la existencia de otras reformas a lo largo de los años transcurridos desde la primera mitad del siglo XVII porque el aspecto original de la casona no tenía nada que ver con lo que llegó a la actualidad.

La Casa Candamo situada en el barrio de La Caneja, frente a la bolera de Soto, se hallaba en 1752 en el interior de una corralada como correspondía a las casas de importancia en el valle. En dicho corral había también dos hórreos, uno de seis y otro de nueve pies o pegollos.  El edificio de vivienda tenía dos plantas. Al piso bajo se accedía a través del característico portal sajambriego sustentado por pilares de madera y la planta se componía de bodega y tres caballerizas. En el piso superior se encontraban la cocina (posiblemente de humo), una sala, cinco habitaciones y dos corredores. Con seguridad, los corredores fueron un añadido posterior a la construcción original de la primera mitad del siglo XVII.

miércoles, 6 de junio de 2012

LOS DOCUMENTOS SOBRE LA REPARACIÓN DE LA ERMITA DE SAN ROQUE EN EL AÑO 1703


1.
En su libro de La Montaña de Valdeburón de 1980, el padre Martino dio a conocer un documento del año 1703 en regesto (n.169), sin editarlo, por el que el pueblo de Oseja vendía dos términos comunales, uno en Trecoro y otro en Las Vallejas de Berrunde, para poder costear la reparación de la ermita de San Roque. 

Esto es correcto en lo que se refiere a la finalidad que perseguían los vecinos de Oseja de conseguir fondos para financiar la obra de San Roque, aunque no se trata de un documento de venta, sino de dos documentos distintos y de diferente naturaleza jurídica. 

En el primero de ellos (efectivamente) se vende «un pedaço de término común en Trecoro» que está «metido montte y con grandes árboles yntratables para poderlos cultibar» a Juan Fernández y su mujer, María Díaz de Caldevilla, vecinos de Oseja, por mil reales de vellón.  Pero en el segundo documento no se vende ninguna propiedad en Las Vallejas, sino lo que es más interesante: se empeña.  

El receptor del término empeñado es Martín Alonso, vecino de Oseja, quien «presta» por ello 200 reales a la comunidad vecinal. A cambio, Martín Alonso podrá disfrutar de dicho prado durante un tiempo limitado: el que tarden los vecinos de Oseja en devolverle los 200 reales prestados («y que durante que no se los buelban, gozará y posseherá dicho término que enpeñan. Y que no le perturbarán en el gozo y possessión de dicho término asta la redençión de la dicha cantidad»).

En el apartado 4º de este artículo edito tales documentos, omitiendo únicamente el desarrollo formulístico de las cláusulas finales del primer instrumento, por su extensión y porque no aporta nada relevante. En cambio, el segundo documento, de más corta redacción, está transcrito en su integridad. Lo contenido entre corchetes se debe a las dificultades de lectura originadas por la apretada costura del legajo.

2.
En ambos documentos se dice que lo obtenido de las propiedades vendidas y empeñadas se destina al pago de la reforma de la «ermita y atrio» de San Roque por «estar yntratable para la deçencia del dicho santuario». Al contrario de lo que se escribió en el documento sobre la ermita de San Pelayo de Pio, aparece aquí el atrio o pórtico que no tenía la de San Pelayo y que sigue teniendo la de San Roque. 

Quizás la arquitectura que ha llegado a nuestros días mantenga elementos de la obra hecha en aquel año de 1703. Tampoco sabemos durante cuánto tiempo ha estado el suelo invadiendo los muros de la ermita, si los 300 años que nos separan de 1703 o menos.  

Según se ve en la primera foto, en la actualidad el suelo sobrepasa el zócalo a partir de la mitad de los muros laterales. La segunda foto muestra el nivel de sedimentación 70 años antes.  

 Foto reciente de la ermita de San Roque (fotografía de E. Rivero Granda).

Foto sacada en la década de 1940. Compárense el nivel del suelo en relación 
al zócalo en una y otra fotografía, y la ausencia de ventana.

Como se ve, existen diferencias entre ambas fotografías en este sentido pero no son demasiado llamativas. De manera que la sedimentación que se observa ha de ser más antigua.

Aparte de esto, la fotografía de los años 40 demuestra que debió existir alguna otra intervención porque este muro tiene en la actualidad una ventana que no aparece en la fotografía antigua:

Aquí se observa la ventana que no aparece en la foto de los años 40. Gracias, Josefina, por la imagen y    la información.  

Dicha intervención hubo de ser parcial, quizás limitada solo al vano, ya que de otra manera no se explicaría el engrosamiento del suelo. En este momento, no tengo suficientes datos para determinar si dicha ventana era antigua y permaneció tapiada durante algún tiempo o si se abrió con posterioridad a los años 40 y si existen registros documentales que aclaren el hecho. Tampoco sé si por el tipo de ventana, por las características de los muros o por los materiales utilizados puede deducirse algo útil. Así que dejaremos este asunto pendiente para otra ocasión. 

3. 
En las reformas de San Roque participó el mismo cantero al que se contrata tres meses antes para trasladar la ermita de San Pelayo: Antonio García Álvarez. Interviene también Pedro Ribero, que aparecía como testigo en el documento de Pio. Y como carpintero trabajó en San Roque un artífice distinto al contratado en Pio que llevaba por nombre Juan del Puerto. Los dos canteros eran vecinos del concejo de Llanes, aunque nada sabemos al respecto sobre Juan del Puerto. 

4.

DOCUMENTO nº 1
1703, noviembre, 7. Oseja.
El pueblo de Oseja, reunido en concejo, vende a Juan Fernández y a su mujer, vecinos del lugar, un pedazo de término comunal en Trecoro a cambio de 1000 reales que se destinarán al reparo de la ermita y atrio de San Roque.

       Archivo de la Casa Piñán, Sección 1,  leg.1703.

En el lugar de Oseja, concejo de Sajanbre, a siete días del mes de nobienbre de mil setecientos y tres años, ante mi escribano y testigos que abajo yrán declarados, parescieron presentes Domingo Díaz de Caldebilla, rejidor, Manuel Díaz de la Caneja, escribano, Gregorio Díaz de Oseja, Juan Alonso Tielbe, Marcos Alonsso, Juan Díaz de Caldebilla, Martín Alonsso, Juan Alonsso de Quintana, Pedro de Suero Piñán, Lorenzo Alonsso de la Mata, Agustín Díaz de Caldebilla, Gregorio de Azebedo, Juan de Bega, mayor, Juan de Bega, menor, Agustín de Bega, Manuel de Possada, Pedro Díaz de Caldebilla, mayor, Pedro Díaz de Caldebilla, menor, Agustín Moñiz, Josseph Alonsso, Lorenzo Alonsso Tielbe, Josseph Barales, Marcos Barales, Pedro Díaz de Coco, Luis de Acevedo Billarruel, Julián de Bega, Roque Bermejo, Pedro de Vega, Francisco Díaz de Caldebilla, todos vecinos destte dicho lugar, juntos de mancomún, con renunciación de leyes de la mancomunidad como en ellas se contiene, que no les balgan. 

Y estando en la parte y sitio acostunbrados, como lo tienen de costunbre, de se juntar para azer y conferir las cosas tocanttes a la utilidad de la república, a son de canpana tañida que yo, el escribano, doi fee aberla oido, y por los demás ausentes, güérfanos y biudas de dicho lugar, presentaron caución de racto, grato e mutante pacto de que estarán y pasan por lo contenido en esta escritura, so espresa obligación de sus personas y bienes y de los propios y rentas que les tocan o tocar pueden. 

Y dijeron que mediante la hermita y atrio de San Roque estaba yndecentte para el adorno del santto, por cuya causa los vecinos de dicho lugar reformaron dicha hermita con canteros y carpinteros. Y para la refición de ella dijeron y otorgaron que benden en benta real por espacio de el término limitado que les pareciere a Juan Fernández y María Díaz de Caldebilla, su muger, vecinos de dicho lugar, que sea para los susodichos y sus hijos, herederos y causantes, y para quien de los unos y los // otros hubiere boz, causa, título o raçón a lo aber y heredar en qualquiera manera, es a saber: un pedaço de término común en el término de La Huquera, que se dice Trecoro, que linda de un lado con prado de los conpradores y del otro frontea con el río caudal y del otro con el Cerrisço de La Maeda y parez que hiço los herederos de Juan Martínez «Pasos».  

Y se lo benden libre de censo, tributo, anibersario, ni otra ninguna carga por precio y quantía de mil reales de bellón en que los dichos otorgantes y conprador fueron ajustados, bueno a bueno, por estar dicho término metido montte y con grandes árboles yntratables para poderlos cultibar.  

La qual dicha cantidad se aplicó para el edificio y reparo de dicho santuario. Y los dio y entregó dicho conprador antes y primero de la fecha desta escriptura a Anttonio García y a Juan del Puerto y a Pedro Ribero, personas peritas de cantería y carpintería que hicieron dicha hermita. Y en raçón de la entrega que de presentte no parece a mayor abundamiento, renunziaron las leyes de la ejecución del engaño non numerata pecunia, prueba, paga y más del casso como en ellas se contiene, que no les balgan. Y de dicha cantidad otorgaron carta de pago rasa, finiquito en toda forma y se obligaron de no les pedir la dicha cantidad en ningún tienpo del mundo, por confesar como confesaron estar satisfechos dichos maestros. Y luego que esta escriptura es fecha y otorgada se desisten y apartan...  //...

Siendo testigos: Gregorio Alonsso Tielbe y Lorenço Barales y Mathías Piñán, naturales destte dicho lugar, a los quales y otorgantes yo, escribano doi fee conozco. Y lo firmaron los que supieron, y por los que no uno destos, de que doi fee y lo firmo.

Manuel Díaz de la Caneja (rúbrica). Gregorio Díaz de Oseja (rúbrica). Agustín Díaz de Caldevilla (rúbrica). Lorenzo Alonso de la Mata (rúbrica). Pedro de Suero (rúbrica). Manuel de Posada Harnero (rúbrica). Testigo, Lorenco Barales (rúbrica). Testigo, Matías Piñán de Queto Luengo (rúbrica). Luis de Acebedo Billarruel (rúbrica).
Ante mí, Agustín Piñán de Cueto Luengo (rúbrica). 


DOCUMENTO nº 2
1703, noviembre, 8. Oseja.
El pueblo de Oseja, reunido en concejo, empeña un término en Las Vallejas de Berrunde por 200 reales, entregándose a Martín Alonso, vecino del lugar, para que lo disfrute mientras no se le devuelvan los doscientos reales prestados. El dinero se destina a las obras de reforma de la ermita de San Roque.

      Archivo de la Casa Piñán, Sección 1, leg.1703.

En el lugar de Oseja, concejo de Sajanbre, a ocho días del mes de nobienbre de mil setecientos y tres años, ante mi escribano y testigos que abajo yrán declarados, parescieron presentes Domingo Díaz de Caldebilla, rejidor destte dicho lugar, Manuel Díaz de la Caneja, escribano, entranbos por su magestad, Dios le guarde, Gregorio Díaz de Oseja, Juan Alonso Tielbe, Juan Díaz de Caldebilla, Juan Díaz de la Caneja, Manuel Díaz de la Caneja, menor, Lucas y Agustín Díaz de Caldebilla, hermanos, Francisco Díaz de Caldebilla, Josseph Alonso, Pedro Díaz de Caldebilla, mayor, Juan de Bega, mayor, Lorenço Alonsso Tielbe, Juan Alonsso, Pedro de Bega, Agustín de Bega, Luis de Azevedo, Billarruel, Pedro Amigo Piñán, todos vecinos dél, juntos y de mancomún, con renunciación de leyes de la mancomunidad como en ellas se contiene, que no les balgan. Y doi fee son la mayor y más sana parte de los vecinos de dicho lugar. Y por los ausentes, güérfanos y biudas presentaron caución de racto, grato e mutante pacto de que estarán y passarán por lo contenido en esta escritura a son de canpana tañida de que yo, el escribano, doi fee aberla oido. 

Y dijeron que mediante este presente año los vecinos de dicho lugar espresados se animaron al reparo y edificio de la hermita y atrio del señor San Roque por estar yntratable para la deçencia del dicho santuario, por cuya causa Anttonio García y Pedro Ribero y Juan del Puerto, maestros peritos del arte de cantería y carpintería, adornaron dicha hermitta y atrio, y por los pocos medios que los otorganttes //y demás vecinos de dicho lugar tienen, enpeñaron un pedaço de [tér]mino común a Martín Alonsso, vecino dél, por el tiempo limi[ta]do que les pareciere, por cantidad de ducientos reales q[ue] presttó a dichos vecinos y les dio en nonbre de ellos a dichos más[...]. De que se dieron por contentos y entregados de dicha cantidad [por] conoçer están satisfechos dichos maestros. 

Y de ellos les dieron [y o]torgaron carta de pago rassa, finiquito en toda for[ma]. Y se obligaron de que no le pedirán la dicha cantidad en ningún tiempo ni le perturbarán en la possesión del dicho p[eda]ço de término que enpeñan. 

El qual está sitio en el balle [de] Berrunde, que se dice Las Ballexas. Y linda con dicho balle y r[ío] caudal y con la cañada de los ganados bacunos. 

Y se lo enpeñan por los dichos ducientos reales. Y que durante que no se los bu[el]ban, gozará y posseherá dicho término que enpeñan. Y que no le perturbarán en el gozo y possessión de dicho término asta la redençión de la dicha cantidad. Y asimismo pagarán [...] los edificios y mejoramientos que en ello hubiere hecho. 

Y par[a] que mejor lo cunplirán, obligaron sus personas y bienes, [pre]sentes y futuros, y los propios y rentas de dicho lugar que les to[can] o tocar pueden con poder que dieron a las justiçias de su magestad conpetentes para que se lo hagan cunplir como sentencia definitiba passada en cosa juzgada. Renunziaron las leyes de su fabor y la minoridad de dicho lugar, con la general del derecho en forma. 

Siendo testigos de dicho lugar: Pedro de Suero, Anttonio García y Julián de Bega, estantes y naturales en estte dicho lugar. A los quales y otorgantes yo, escribano doi fee conozco. Y lo firmaron los que supieron y por los que no, un testigo. Y en fe dello lo firmé.

Lucas Díaz de Caldevilla (rúbrica). Manuel Díaz de la Caneja (rúbrica). Gregorio Díaz de Oseja (rúbrica). Agustín Díaz de Caldevilla (rúbrica). //Lorenzo Alonso (rúbrica). Pedro Amigo Piñán (rúbrica). Manuel Díaz de la Caneja (rúbrica). Pedro Díaz de Caldevilla (rúbrica). Luis de Acebedo Billarruel (rúbrica). Antonio García Álbarez (rúbrica).
Ante mí, Agustín Piñán de Cueto Luengo (rúbrica).

lunes, 28 de mayo de 2012

BARRIOS Y FAMILIAS DE RIBOTA ENTRE LOS SIGLOS XV Y XVIII (y 5).


Sobre Ribota habría que hablar de muchas cosas más, como del Quintanal habitado desde 1411, en donde vivió la familia Martínez durante los siglos XV, XVI y parte del XVII. 

Habría que hablar de la familia Gómez que llegan a Ribota de la mano de Julián Gómez, párroco del lugar y contemporáneo del Arcediano.  Y de los Simón, y de los Andrés, y de los Granda y de los Díaz. 

Habría que hablar de los dos Caminos Reales que se juntan en la localidad: el Camino Real de Pontón que discurre por todo el fondo del valle hasta enlazar con el Camino Real del Beyo en Covarcil, esa obra de ingeniería sajambriega que está por estudiar. Y habría que hablar también del ramal del Camino Real que subía por Monarga hacia Soto.

Habría que hablar del camino de Niajo que se documenta desde principios del siglo XVII, de las casas y casares con techo de paja que había en La Espinera,  en La Escareda, en Songa y en La Yana del Arguyo. Habría que hablar de La Cortina o cortinas de Ribota. En 1711 era un prado lo que se nombra como La Cortina de Rumiyar y en otro documento de 1712 se habla del uso como prado de un lugar llamado La Cortina, sin más precisiones.     

Habría que hablar de los lugares del barrio de Arriba y de que su poblamiento no es antiguo. Apenas hay menciones concretas a viviendas en el barrio alto durante la Edad Moderna. Únicamente en un par de casos de 1711 y 1721 se dice que las casas de morada se hallaban entre el camino de San Pedro y el camino de Soto (1711) o junto al camino que iba a San Pedro (1721), pero sin poder precisar mucho más. 

Habría que hablar también del terrazgo cerealístico de Santa Gracia, La Viña, Tablero, La Vega, Moneo, La Mata, Tamancia, etc.  Pero por el momento quiero terminar deteniéndome solo en dos topónimos:  Ondinas y El Taraniello de Moneo.  

 “Yten un carro de yerba donde diçen Hondinas término de dicho lugar que linda [...] obra pía que fundó el doctor Osexa, arçediano que fue de Villaviçiosa, y con el río de San Pedro. Yten una tierra de quatro carros de abono en El Taraniello de Moneo” (1660). “Yten ynventriaron una tierra de dos carros de avono en El Taraniello de Moneo” (1669). “Yten ynventariaron una tierra de dos carros de abono en Hondinas, camino de San Pedro” (1669). En 1828 seguían formando parte de la Obra Pía del Arcediano los lugares de El Pradón de Ondinas, La Canga de Ondinas y La Haza de Ondinas.  

El Taraniello de Moneo es como El Taraniello de Vierdes y como tantos otros lugares del norte y, en particular, de la región de Picos de Europa, llamados igual. ¿Son topónimos relacionados con la abundancia de piedra? ¿O existiría en Moneo otro antiguo santuario al aire libre dedicado al dios céltico del trueno?  ¿Y Ondinas? ¿Cómo entender este topónimo que se repite, por ejemplo, en La Ondina de Pen del vecino concejo de Amieva? ¿Es acaso un derivado del ondar euskérico (“arena”) según dice mi amigo Ramón(1)? ¿Hay arena en el Ondinas de Ribota? ¿O hemos de suponerlo latino en su «hondura»? ¿No es el lugar sajambriego muy semejante al río que fluye bajo el castañedo llamado Ondines en Villaviciosa(2)? 

No puedo proporcionar respuestas, no las tengo. Aunque al recordar la presencia constante de lo acuático en Ribota, me gusta imaginar a los antiguos sajambriegos temiendo el acecho de los genios femeninos del agua, las ondinas, por estos parajes solitarios.   

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NOTAS
(1) R. Sordo Sotres, Notas gramaticales y toponimia no latina en Asturias, cantabria, León y Palencia, 1997, p.155.
(2) R. Sordo Sotres, Toponimia de Asturias, Cantabria y León, s.l., s.f., p.349.

viernes, 25 de mayo de 2012

BARRIOS Y FAMILIAS DE RIBOTA ENTRE LOS SIGLOS XV Y XVIII (4): La Pandiella, La Casiella, Güérgula, La Puente.


LA PANDIELLA

Cerca de la Casa de La Lastra se encuentra el lugar llamado La Pandiella que también aparece en la documentación. Durante varias generaciones vivió allí una familia apellidada Díaz/Díez, en la que se repite el nombre de Pedro Díaz de La Pandiella:

«Pedro Díez de La Pandiella y María Díaz, vecinos de Ribota» (1663); Pedro Díaz de La Pandiella, también llamado Pedro Díaz de Ribota en el mismo documento (1669); Pedro Díaz de la Pandiella (1670); Pedro Díaz de La Pandiella (1721); etc. 

En algunos años, como en 1701, se registra un Pedro Díaz de La Pandiella en Ribota y un Pedro Díaz de La Pandiella en Oseja, de manera que al problema de la homonimia se suma también en algunas ocasiones el de la identidad toponímica. En 1701 había además otro Pedro Díaz en Soto, pero gracias a Dios en dicho pueblo no se nombra por aquellos años ninguna Pandiella. 

LA CASIELLA

En 1721 se describe «otra cassa que se dize La Casiella» que lindaba con el camino que iba para La Pandiella. La casa había pertenecido a Dominga Díaz y a su marido, Domingo Díaz, sastres que habían sido de Ribota hasta el fallecimiento primero del marido y en 1721 de su mujer. 

Parece que por aquellos años del siglo XVIII la casa se utilizaba sólo para usos ganaderos: “ytten otra casa que se dize La Casiella que se conpone de establo y pajar y linda con el camino por todas partes que ba para La Pandiella», y por el momento no la tengo registrada en épocas anteriores.

EL BARRIO DE GÜÉRGULA

Todo en Ribota está relacionado con el agua, mucho más que en cualquier otro pueblo de Sajambre. Así se ve también en el nombre de uno de sus barrios, el de Güérgula, un topónimo onomatopéyico que hace referencia al ruido o borboteo del río Sella a su paso por el lugar. 

En los siglos XVII y XVIII se decía Güérgola, exactamente igual a la Foz de La Güérgola que se localiza actualmente en el Parque Natural de Somiedo, en donde lo que más destaca del emplazamiento es el ruido que hace el agua de un arroyo al precipitarse en un descenso lleno de pequeñas cascadas. 

En Güérgula vivían algunos de los Fernández de Ribota que se independizaron del solar familiar de La Vega del Soto. En 1668, Francisco Fernández denuncia a su medio hermano Lupercio porque

en el barrio de Güérgola, donde tiene su cassa y a donde rebuelve su carro, sitio que debe estar libre para el serbicio de todos, Lupercio Fernández, su ermano, arma una cassa en gran perjuicio suyo de manera que no puede rebolver el carro para llegar a su cassa”. 

Francisco y Lupercio eran hermanos de padre, el Juan Fernández muerto en 1662, cuyo inventario publicamos en este mismo artículo.

Años más tarde, el 9 de abril de 1699, los hermanos María y Domingo Fernández venden a Lupercio Fernández y Clara Díaz

quinientos reales de cassa sita en el barrio de Guérgola, según linda de un lado con casa de Domingo Fernández, bendedor, y de la otro lado con casa de los bendedores y conprador y con el río caudal”. 

El 13 de enero de 1717 se vende una vigada de casa “que está sita en el barrio de Güérgola que se conpone de madera y teja, cal y arena”, una de tantas casas de Sajambre que todavía en el siglo XVIII no estaba hecha de piedra. 

Hasta 1719 los Simón de Ribota también poseyeron una casa en Güérbula. Pero el 13 de enero de 1719, Juan de Dobreganes y su mujer, Isabel Simón, así como Francisco Díaz de Caldevilla, viudo de María Simón, su primera mujer, y las hijas y herederos de Domingo Simón y María Andrés, todos vecinos de Ribota, venden a Tomás Andrés y Ana de la Puente:

Una bigada de cassa con sus antoxanos que le corresponde atrás y adelante, que está sita en el barrio de Güérgola, que se compone de madera y teja, cal y arena, y linda dicha bigada de cassa con sus antoxanos por dos partes, con cassa de los conpradores y con güerta de Domingo Fernández”. 

LA PUENTE

Algún lugar de Ribota conocido como La Puente dio nombre a otra familia y a las propiedades que allí existían.  

Un inventario de 1669 habla de «la cassa de la Güerta de La Puente que son tres quartos de cassa» y que pertenecía a los hermanos De la Puente: María, viuda de Juan Díaz; Toribio de la Puente, casado con María Díaz, y padre de Pedro de la Puente; y Juan de La Puente.  

A esta familia perteneció también Catalina de La Puente (1664), dueña que fue de la pisa en aquel año, o Miguel de La Puente que había nacido en el año 1650 y que se sigue documentando en 1674, así como la anteriormente citada Ana de la Puente, casada con un miembro de otra familia de Ribota, los Andrés.

También existía el apellido De La Puente en Pio y en Soto, pero por ahora no me consta el parentesco entre ests tres familias. No obstante, todos los De la Puente sajambriegos aparecen como hidalgos en los patrones.

La Casa de La Puente, o de la Huerta de La Puente, tenía un hórreo delante y un huerto «debajo de él», lindaba con el río caudal y con la casa de la familia Simón, de Ribota. 

No sé si este será el mismo lugar que «la puente del molino» que a veces se menciona en los documentos de Ribota y tampoco sé si este puente del molino es lo que en 1718 se nombra como “un molino que está en el río de Mazera”.  Lo cierto es que en el año de 1598 aparece en la documentación un vecino de Ribota llamado Pedro Macero, que bien podría haber el adoptado este apellido por vivir junto al puente que salvaba ¿el río Macera? Tampoco sé si este topónimo sigue existiendo. Los naturales de Ribota quizás puedan precisar algo mejor todo esto.