lunes, 26 de enero de 2009

MITOLOGÍA DE SAJAMBRE (I.3): BARBARONA

En el Vocabulario sajambriego (2001, 89) se dice que Barbarona era una mujer fantasma que poseía tal fuerza que era capaz de parar con la mano el rodezno del molino más potente, se tiraba al fondo de los valles y las simas desde las más elevadas montañas sin hacerse daño, se dedicaba a asustar a las gentes a las que se les aparecía en cuanto empezaban a hablar de ella. Algunos la consideraban real, aunque loca embrujada y otros afirmaban haberla escuchado o haberla visto. Las mujeres que iban al molino del Buseco y se preguntaban temerosas “¿Estará acá Barbarona?”, escuchaban su respuesta “Acá estó, acá estó, agarrada al rodezno’l molín”. Y cuando un vecino de Oseja, llamado el tío Calvo, pasaba con su carro por debajo de la cueva de Burdió vio a Barbarona asomada en lo alto de la peña diciéndole: “Calvín, calveto, / allá me tiro en tu carreto / peinando el mi moñeto”. Y cuando el tío Calvo se dio la vuelta, pudo ver a Barbarona en el carro peinando su cabellera.
Hasta aquí la leyenda registrada en la citada obra. Cualquier conocedor de las religiones antiguas peninsulares ha podido constatar ya el extraordinario trasfondo mítico de esta tradición. Veamos cuál es.
En primer lugar, el hecho de que Barbarona fuese un ser al que se le tenía miedo nos indica que nos encontramos ante un mito precristiano.
En segundo lugar, la leyenda contiene muchos de los atributos que caracterizan a la Diosa Madre indoeuropea (ástures y cántabros eran pueblos indoeuropeos) y que según Julio Caro Baroja (Ritos y mitos inequívocos, 1974) son los siguientes:
1) Es una mujer selvática y montaraz.
2) Posee una fuerza sobrehumana.
3) Es rubia, blanca y hermosa.
4) Es cruel y de carácter viril.
5) Vive en las cuevas.
6) Asusta y reduce a los caminantes para luego seducirles.
7) Mata a sus amantes despeñándolos.
8) Se traslada a grandes distancias sólo con un paso, y se hace ver en simas y precipicios.
A esto hay que añadir que, en la interpretación vasca del mito, este ser vuela y a veces se la ve peinando su cabellera.
La leyenda sajambriega no nos dice nada sobre el aspecto físico de Barbarona, por lo que no sabemos si quizás fue perdiendo su belleza original según se fue transformando en un ser cruel por efecto de las religiones que la combatían. Sea como fuere, son muchos los elementos que coinciden.
Su nombre, Barbarona, nos lleva directamente al punto 4. La mención explícita a su fuerza, al punto 2. Sus andanzas por riscos y peñas, al punto 1. El miedo que causa a las gentes, al punto 6. El punto 8 y la interpretación vasca están presentes cuando se lanza desde lo más alto al fondo de los valles, lógicamente volando. Asimismo, encontramos un paralelismo entre la versión vasca y la leyenda sajambriega cuando se aparece a los humanos peinando su cabellera. Y muy posiblemente también viviera en cuevas. Recordemos que se halla junto a la Cueva de Burdió cuando asusta al tío Calvo; y cerca del molino del Buseco, en donde se aparece a las mujeres de Oseja, existe una gran cueva con el mismo nombre. No parece una casualidad la mención de estos dos lugares (con cuevas) en esta leyenda.
Y, por último, la Diosa Madre es también la diosa de la fecundidad y de la tierra. A Barbarona le gustan los molinos, lugar en el que se transforman los frutos de la agricultura, lugar al que se llevan los productos que entrega a los humanos la Madre (diosa) Tierra.
Creo que este mito está relacionado con el siguiente que estudiaremos: el de la Berronera.

MITOLOGÍA DE SAJAMBRE (I.2): EL (RE)NUBERU.

Aunque desde hace casi 100 años no hay recuerdo en Sajambre del Nuberu, sabemos que este personaje mitológico formó parte de las creencias populares del valle, como se comprobará en un instante.
El Nuberu o Reñubeiru, también llamado Xuan Cabrito en Asturias, es un genio maligno que gobierna las tormentas, el rayo y el granizo, se desplaza montado encima de las nubes, se dedica a causar males a los hombres y a las cosechas y tiene la apariencia de un viejo barbado, vestido con pieles de cabra y sombrero de ala ancha. El Nuberu puede ahuyentarse asustándolo con el repique de las campanas o conjurándolo para que se aleje o cambie su trayectoria.
Tres elementos que llegaron hasta el siglo XX sirven para atestiguar la antigua creencia en este ser:
1. En el acervo lingüístico sajambriego, la palabra “renobera” que significa “mujer malvada” es una clara transposición femenina del término Reñubeiru (el nuberu) galaico (ver El habla y la cultura popular de Oseja de Sajambre, 169).
2. Hasta mediados del siglo XX existía la creencia en Sajambre de que tocar las campanas servía para alejar las tormentas. Este hecho fue registrado como contemporáneo por Ángel Fernández en el libro anteriormente citado de 1959.
3. Hasta la misma centuria, a veces se aludía a la posibilidad de “conjurar la nube” para que descargase el granizo en otro lugar, lo que yo misma he escuchado en conversaciones con habitantes de Sajambre.

domingo, 25 de enero de 2009

MITOLOGÍA DE SAJAMBRE (I.1): SERES FABULOSOS.

La Mitología sajambriega tienen muchas conexiones con la asturiana, pero también con la cántaba, lo que no es otra cosa que la pertenecia de Sajambre al sustrato precristiano dominante en el norte peninsular. En este primer capítulo hablaré de los seres fabulosos a través de las ánimas benditas, el nuberu, la barbarona, la berronera, el cuélebre, el diañu, los duendes, las jianas, el pellitero o el sancinojo. En el segundo capítulo me referiré a los vestigios de antiguas deidades que se han conservado en Soto, Vegabaño, Peña Santa o Trecoro y de antiguas divinizaciones de las aguas, los bosques, los árboles, las piedras, los animales o los astros.

ÁNIMAS BENDITASExceptuando los más jóvenes, todos los demás recordaremos sin dificultad los rezos e imprecaciones de nuestras madres o abuelas a las ánimas benditas. Esta veneración lleva implícita tres arcaicas creencias: las antiguas concepciones religiosas sobre la vida después de la muerte de los pueblos prerromanos, el ancestral culto a los antepasados y el miedo al “regreso” de los difuntos.
En 1959, Ángel Fernández González recogió algunas historias relacionadas con estos asuntos en su libro El habla y la cultura popular de oseja de Sajambre y en las pp.157-158, así como también en la p.155 del Vocabulario sajambriego de José Díaz y Díaz-Caneja, se describe una interesantísima costumbre que se llevaba a cabo en la noche de difuntos o poco antes de Navidad.
Los mozos, en silenciosa comitiva, recorrían una a una las casas del pueblo pidiendo “una limosna para las ánimas benditas”. Llevaban dos sacos: uno para las ánimas propiamente y otro para las “ánimas vivas”, es decir, para ellos mismos. La gente entregaba los corrapios o corras de panoyas de maiz hechos la primera noche de esbilla para las ánimas y, de vez en cuando, se les daba a los mozos algunas nueces o avellanas. El maiz se subastaba al día siguiente y lo obtenido era disfrutado por los mozos.
No resulta difícil interpretar esta tradición, cuyo origen precristiano está fuera de toda duda.
Las corras de maíz que son, además, las primeras corras que se hacen en la primera esbilla, se entregan como ofrenda a las Ánimas en una ceremonia que se desarrolla en el solsticio de invierno o en la noche de difuntos, el último día de noviembre.
En este culto a las Ánimas se produce un interesante efecto de sincretismo. A nosotros nos llega el hecho ya asimilado por el Cristianismo, para el que estos espíritus son las almas de los desdichados que aguardan en el Purgatorio su destino final en el Cielo. Sin embargo, bajo esta lectura asimilada al Cristianismo se esconden creencias más antiguas, como las concepciones religiosas indoeuropeas (ástures y cántabros eran pueblos indoeuropeos), en las que los muertos debían efectuar un largo viaje hasta la llegada a su destino en un paraíso astral, lo que hacían guiándose por la puesta del sol.
En relación con estas creencias se encuentra también el antiquísimo convencimiento de que los muertos podían dejarse ver por los vivos en los momentos inmediatamente posteriores a la muerte. De ahí, la extendida creencia en Sajambre de que los difuntos podían aparecerse a los familiares o amigos hasta dos o tres días después del fallecimiento. De hecho, el riesgo de aparaciones no terminaba, digamos que oficialmente, hasta el cabo de año tras la misa de aniversario. De ahí, que la importancia de ésta fuera tan grande como la del funeral.
E igualmente, esta presencia de las Ánimas benditas en la mentalidad popular hay que vincularla con la arraigada creencia de todo el norte penisnsular en la Güestia, Santa Compaña o procesión de almas en pena, propensas a dejarse ver con las primeras luces del alba cuando los cazadores subían al monte.
Sería interesante efectuar una recogida sistemática de historias relacionadas con las Ánimas benditas en los cinco pueblos de Sajambre. Al menos, yo todavía recuerdo algunas de las que contaba mi abuela. Y junto a ello, registrar también todos los aspectos cultuales que se desarrollaban en las iglesias del valle y en los que “intervenían” las Ánimas. Por ejemplo, muchos de los testamentos de los siglos XVII y XVIII poseían mandas con la orden de celebrar misas dedicadas a las Ánimas benditas en general.

viernes, 23 de enero de 2009

LA ERMITA DE SAN PELAYO DE PIÓ

El niño Pelayo, de 13 años, era sobrino de Hermigio, obispo de Tuy. Ambos fueron capturados y llevados a Córdoba como rehenes en el año 920. La tradición dice que Pelayo sufrió martirio en la ciudad califal y que sus restos fueron trasladados, primero, a Oviedo en el 994 (monasterio de San Pelayo) y más tarde a León. Su culto se extendió rápidamente por todo el norte peninsular a partir del siglo XI.

Esto indica que la advocación de la ermita de Pió no puede ser anterior al año 1.000. También sabemos que a comienzos del siglo XVIII, en el año 1703, el templo se hallaba en estado ruinoso (lo que denota antigüedad) y que se trasladó desde su antiguo emplazamiento al pueblo de Pió. El documento habla de bóveda, vanos, campanario, piedra y madera.

De manera que la ermita de San Pelayo debe encuadrarse entre el año 1.000 y el 1.700, aunque a juzgar por el estado en el que se encontraba a comienzos del siglo XVIII y su advocación, debemos suponer una fábrica medieval, románica o gótica. Ahora bien, esto no excluye que el templo hubiera podido cambiar de advocación y fuese, en realidad, más antiguo.

Su traslado y restauración costó más o menos lo que el contemporáneo aderezo de la ermita de San Roque. Hay que pensar, por tanto, que fuera de reducidas dimensiones, estilo popular, planta cuadrangular o ligeramente rectangular, una única nave, alguna ventana, una puerta con arco, paredes de mapostería, un pequeño pórtico empedrado y un campanario para una sola campana.

domingo, 18 de enero de 2009

LA MÁS ANTIGUA DELIMITACIÓN DE SAJAMBRE

Cuando en el año 1005, el abad Vegito dona dos tercias partes de todas sus propiedades al monasterio de Sahagún, hay un determinado momento que expresa que lo que dona lo hace con todo lo que dichos bienes contienen y especifica que dona todo lo que (se entiende) tiene disperso por Sajambre. Estas matizaciones aparecen expresadas en el documento con fórmulas y frases características de la práctica jurídico-diplomática de la época. Es necesario comprenderlas para saber interpretar correctamente el pasaje. Sólo me ocupará dos párrafos.

Para expresar que con las tierras y prados donados ha de entenderse también todo lo que ellos contienen, utiliza una fórmula genérica de transmisión de la propiedad que tiene esta función: “in omni mea hereditate in montibus, in fontibus, in terras, in pumares, in ce[r]erales, in solares, in ortales, in nugares, in molinariis ” (“toda mi heredad: en montes, en fuentes, en tierras, en manzanos, en colmenas, en solares, en huertos, en nogales, en molinos”). Y para indicar que entrega una parte de “todo” lo que tiene en Sajambre, estén sus bienes donde estén, se repite la expresión “ubicumque ea potueritis inuenire” (“dondequiera que se puedan encontrar”).

Después de enumerar los nombres de sus principales posesiones, se dice que tales bienes se pueden encontrar en todo Sajambre, de la siguiente manera: “et in toto Saliamen, ubi illorum potueritis inuenire, siue de comparacione quomodo et de parentorum meorum, in Porto de Ueza usque in Borelio et Bezenas, duas tercias in omni mea hereditate”. Traducción: “y en todo Sajambre, dondequiera que se encuentren, ya sea por compra, ya por herencia de mis padres, desde el Puerto de Veza hasta Borelio y Bezenas, (dono) dos tercias partes de toda mi heredad ”.

Lo que quiero explicar es que, en esta época, ya existe un concepto de Sajambre como territorio delimitado. Es cierto que en diplomas anteriores ya aparece individualizado mediante el nombre Saliame y se donan propiedades que llegaban “hasta” Saliame o que se hallaban “en” Saliame, pero en tales casos nada se dice de cuáles podían ser entonces los límites de la tierra así llamada. En cambio, en el documento de Vegito se especifica: “in toto Saliame…in Porto de Ueza usque in Borelio et Bezenas…” (“en todo Sajambre… desde el Puerto de Veza hasta Borelio y Bezenas”).

Veza no supone problemas y sigue siendo límite con el concejo de Amieva, Bezenas es el actual Becenes y sigue estando en el límite con el concejo de Burón. Y Borelio es una forma toponímica no localizada. Pero si nos fijamos bien, nos percatamos que falta el límite con el concejo de Valdeón. Y el límite con Valdeón que se repite una y otra vez en los documentos medievales más tardíos es “Barrelio” (véase en mi libro Valdeón: Historia y Colección Diplomática, Oviedo 2000), o sea, el Collao Barreyo.

Parece claro (yo no tengo ninguna duda), que este “Borelio” de comienzos del año 1.000 es una corrupción del copista del Becerro de Sahagún, por equivocarse al copiar lo que a partir del siglo XIII se documenta como "Barrelio": el nombre antiguo del Collao Barreyo (en Valdeón se conoce como Collao Barrejo). No existen razones paleográficas para confundir una “a” con una “o” en ninguna de las dos modalidades de escritura visigótica, pero los frecuentísimos errores de copia podían tener otras muchas motivaciones.

viernes, 16 de enero de 2009

VIERDES A COMIENZOS DEL AÑO MIL (II): LOS APELLIDOS MÁS ANTIGUOS DEL VALLE.

En el Texto: ..., in hereditate de Petro Gaianiz, ...

En las suscripciones del Escatocolo: Ego, Uegito abba, hunc testamentum a me factum confirmo (signum). Bellito Monniz confirmans. Flain Rodriguiz confirmans. Centi testes. Bellito testes. Sendino testes. Rodericus notuit et confirmans (signum).


Un abad llamado Vegitus, otro posible clérigo de nombre Rodericus, los laicos Petro Gaianiz, Bellito Monniz, Flain Rodriguiz, así como Centi, Bellito y Sendino son los sajambriegos más antiguos que aparecen documentados.

1. Al margen de la existencia o no de un establecimiento eclesiástico en el lugar, estos nombres y la realidad del terrazgo que describe el documento hacen plausible la existencia de una aldea en Vierdes a comienzos del año 1.000.

2. El proceso de formación de los apellidos patronímicos que se estaba desarrollando en toda la Península en esta época ha dejado como muestra, en este documento, tres ejemplos que se expresan bajo formas romances: Gaianiz (>Gayanez), Monniz (>Muñiz) y, sobre todo, Rodriguiz (>Rodríguez). Son, por tanto, los apellidos sajambriegos más antiguos que conocemos.

3. Los nombres (Vegitus, Petrus, Gaianus, Bellitus, Monius, Flainus, Rodericus, Centius y Sendinus) reflejan, a pequeña escala, dos de los tres sustratos étnicos de la sociedad hispana altomedieval: el de origen visigodo y el hispanorromano.

4. El nombre VEGITUS procede del romano Vegetus, origina la forma romance Vegito y tuvo una gran difusión en la Hispania romana, como sobradamente muestran los repertorios epigráficos: Quinto Valerio Vegeto fue un cónsul y senador de origen cordobés en el año 91 d.C.; Cayo Mario Vegeto, un duumviro de Tarazona en el siglo I; Iulius Vegetus y Lucius Vibius Vegetus fueron dos oferentes hispanos; Lucius Antonius Vegetus, de los turduli, aparece en una inscripción emeritense del siglo II; etc.

5. PETRUS GAIANIZ está formado por un nombre latino (Petrus>Pedro), estrechamente vinculado al Cristianismo, y un patronímico que significa “hijo de Gayano” y que puede tener dos orígenes: A) puede proceder del vasco Gaian o B) puede identificarse con un Gaianus o Gayanus, en recuerdo del mártir cristiano del siglo III-IV. Es un laico.

6. BELLITO MONNIZ se compone del nombre romano Bellitus (>Bellido, queda en la toponimia de Oseja: La Piedra Bellida) y del prelatino, Monius, como patronímico. Es un laico.

7. FLAIN RODRIGUIZ está compuesto también de nombre latino (Flainus>Laín) y patronímico germánico (Rodericus/Roderici). Es un laico. ¿Le pondrían este nombre de pila como homenaje a los que señoreaban la comarca, los Flaínez leoneses?

8. CENTI, BELLITO Y SENDINO no llevan apellido, al igual que VEGITO. Y tampoco lo porta el escribano del documento, llamado RODERICUS (>Rodrigo). Centi debe ser un Centius, de etimología romana, como Bellitus y para Sendino, extendido hoy como apellido, hay varias interpretaciones. Lo que me interesa resaltar aquí es otra cosa. En la Alta Edad Media, las mujeres y los clérigos solían designarse sólo con el nombre de pila. Así se cumple escrupulosamente en los casos valdeones de los siglos XI y XII, y así sucede también con Vegito, cuya nominación simple no nos sorprende al conocer su condición eclesiástica.

9. Pero, ¿qué sucede con RODERICUS? Dada su calidad de alfabetizado, el signo que utiliza y su carencia de apellido, me inclino a pensar que también era un clérigo.

10. ¿Y qué podríamos decir de CENTI, BELLITO y SENDINO? ¿Serían monjes del monasterio que Eutimio Martino quiere para Vierdes o de algún otro monasterio de la zona? La única carencia del apellido no es prueba concluyente al respecto, pero tampoco puede descartarse como hipótesis.

VIERDES A COMIENZOS DEL AÑO MIL (I).

Al final de la primera columna, la rúbrica (a modo de resumen) anuncia el inicio del documento LXXII: Testamentum Uegiti abbatis de totam sua hereditate in Saliamne.

Desde que empecé este blog no he dedicado ningún artículo monográfico ni a Vierdes, ni a Pío, lo que es algo imperdonable. Así que para remediarlo, voy a hablar de ambos lugares antes de retomar el asunto de la capellanía de Soto.

De Vierdes, quiero comentar algunas cosas que aparecen en la donación que hace Vegito al monasterio de Sahagún en el año 1.005. Y sobre Pío hablaré de los vestigios que nos llevan a los tiempos de la llegada del Cristianismo a Sajambre . Comienzo por Vierdes.

Como se sabe, en el cartulario conocido como Becerro Gótico de Sahagún, escrito en el año 1.100, se copió la donación que hizo un abba llamado Uegitus al monasterio de Sahagún. El Becerro ya ha sido volcado en internet y puede consultarse y bajarse en el portal PARES, aunque naturalmente hay que conocer la escritura visigótica para poder leerlo.

Como sucede con muchos de estos antiguos documentos, a menudo han sido adulterados al haberse transmitido por copias de copias de copias y suele haber en ellos pasajes conflictivos o susceptibles de poseer más de una interpretación por motivos textuales, paleográficos, jurídicos o históricos. Es lo que sucede con algún renglón de este documento, aunque no voy a referirme a ello y sólo diré que coincido plenamente con la opinión del padre Martino al suponer que el original (no conservado) se escribió en Vierdes.

Por esta razón, hay que suponer que los confirmantes y testigos que asisten al acto documental fueron vecinos del lugar. Y de Vegito sabemos que era originario de la zona, porque las propiedades que dona formaban parte de la herencia que recibió de sus padres, como expresa el propio documento. Junto a Vegito aparecen otros 7 nombres propios que, aunque pocos, son los más antiguos de todos los sajambriegos que están documentados hasta el momento. Otra cosa que ofrece la donación de Vegito, posiblemente la más antigua delimitación del concejo que conocemos.

A estas dos cosas (nombres propios y límites del territorio que entonces se llamaba Saliame) es a lo que me voy a referir en los capítulos siguientes.

domingo, 11 de enero de 2009

CAPELLANÍAS Y OBRAS PÍAS EN EL ANTIGUO RÉGIMEN

Retomo el artículo de las Fundaciones que hubo en Sajambre con una definición previa de estas instituciones características del Antiguo Régimen. Obras Pías y Capellanías eran fundaciones perpetuas que, según definió algún autor, se encontraban a medio camino "entre la beneficencia y la familiaritas". Es asunto muy estudiado y, por tanto, bien conocido. Cito únicamente una obra clásica de cabecera: Bartolomé Clavero, Mayorazgo. Propiedad feudal en Castilla (1369-1836), Madrid 1974.
La Capellanía consistía en la dotación de una plaza vitalicia de cura (un capellán) que se vinculaba a una ermita o templo ya existente o a una capilla privada con la obligación de cierto número de misas que el capellán se comprometía a realizar por el alma del fundador y, habitualmente, también por su familia. De esta manera, los fundadores aseguraban quién rezase por ellos, requisito imprescindible para acortar las penas del Purgatorio y poder alcanzar la salvación eterna. Para el mantenimiento de la capellanía y manutención del cura, el fundador destinaba una parte de su patrimonio que generara rentas, establecía el tipo de capellanía, las condiciones del disfrute, nombraba al patrono o administrador, designaba al beneficiario y establecía el proceso de sucesión cuando la capellanía quedara vacante.
La Obra Pía era una fundación, generalmente de carácter benéfico, en la que se establecían una serie de servicios piadoso-asistenciales más o menos amplios sobre una base patrimonial, fijando también las condiciones, los beneficiarios y el funcionamiento.
Los bienes que se destinaban a tales instituciones formaban un todo indivisible que pasaba a formar parte del patrimonio de la Iglesia como propiedades vinculadas, por lo que, en la mayor parte de los casos, no se podían enajenar sin el permiso de las autoridades eclesiásticas. Capellanías y Obras Pías existían en las ciudades, pero sobre todo se prodigaban en los ambientes rurales, más desatendidos y necesitados que la población urbana de la época.
Bajo estas fundaciones benéfico-asistenciales se camuflaban, en realidad, estrategias socioeconómicas mucho más terrenales que espirituales y mucho más interesadas que altruistas. Veamos por qué.
1º.- En uno y en otro caso, los beneficiarios solían ser los familiares del fundador, con lo que este tipo de instituciones proporcionaban medios de vida a los allegados sin que las propiedades y sus rentas (al ser bienes eclesiásticos) estuvieran sometidas a carga alguna, libres de impuestos, diríamos hoy.
Recuérdese, por ejemplo, la capellanía fundada en Soto por Juana González de Coco que debía estar ocupada por su sobrino, Domingo Piñán y tras la muerte de éste, por algún miembro de su familia. Sólo en su defecto, podrían beneficiarse los vecinos de Soto.
2º.- La vinculación del patrimonio que permitían las capellanías y obras pías era un recurso útil para los que no poseían mayorazgos, ya que mediante estas instituciones se adquirían unas rentas fijas que facilitaban el camino hacia el ennoblecimiento.
Hemos de aclarar que la sociedad de los siglos XVI, XVII y XVIII era una sociedad estamental pero no cerrada, ya que existían medios para ascender en la escala social. El mayor afán del pueblo llano era convertirse en noble y el empeño del hidalgo era entrar en la nobleza de título. Los honores militares y la carrera eclesiástica eran dos medios para conseguir la promoción social, pero incluso para alcanzar cargos en la Iglesia era necesario haber poseído previamente otros beneficios (de ahí la enconada lucha del Arcediano por el curato de Oseja). Una tercera vía para entrar a formar parte del estamento nobiliario era el enriquecimiento (tras muchas de las "probanzas de nobleza" del siglo XVIII se encontraba, de hecho, una compra de las mismas). La fundación de mayorazgos perseguía este fin, como hacia idéntico lugar se encaminaban también las capellanías y obras pías. La razón: tales instituciones convertían a sus beneficiarios en rentistas.
3º.- Estas fundaciones servían como un instrumento de prestigio social y un medio de ostentación, en especial en el lugar del nacimiento del promotor, que era a donde estaban adscritas la mayor parte de estas instituciones. Del fundador se conservaba el recuerdo por "su generosidad" y los herederos y familiares se beneficiaban -también- de tales reconocimientos, adquiriendo preeminencia social. Una reminiscencia de esta función que estoy describiendo ha perdurado hasta el día de hoy, pues todavía se intentan forzar los árboles genealógicos para hacerse descendiente de un arcediano, de un obispo o de un ministro.
Podrá comprenderse ahora la extraordinaria difusión que tuvieron estas fundaciones "piadosas" durante el Antiguo Régimen. Pese a todo, las que lograron alcanzar sufuciente prestigio y fueron útiles a la sociedad adquirieron consideración como entidades de interés público y fueron integradas en las actuaciones sociales del Estado Liberal del siglo XIX. En otros casos, como le sucedió a las Obras Pías del Arcediano y del Obispo Díaz-Caneja, desaparecieron con la Desamortización.
En Sajambre existieron varias obras pías y capellanías, que de seguro irán aumentando según vayamos conociendo nuevos documentos. Como el fenómeno era general y Sajambre no fue ninguna excepción, nos encontramos con situaciones muy similares en los concejos vecinos.

EL FIN DE LAS JUNTAS VECINALES DE SAJAMBRE



Aquí está el documento entero sobre el intento por incorporar algunas propiedades de los Pueblos al patrimonio municipal. Como dice este mismo documento, parece que en el año 1925 hubo otro intento bajo circunstancias diferentes que, por desgracia, no se especifican. Se me ocurre que, por la fecha de la que se trata, quizás el intento estuvo relacionado con la construcción de la central del Zarambral, que se hizo sin licencia municipal y que dio origen a un largo y duro pleito que, como bien dice el padre Martino, dividió a las gentes de Sajambre.
En algún momento habría que estudiar a fondo este episodio de la historia contemporánea de Sajambre.

viernes, 9 de enero de 2009

PARTIDA DE BAUTISMO DE JOAQUÍN FLORIÁN DÍAZ-CANEJA Y SOSA

*1777, agosto 17. Oseja de Sajambre.
Partida de bautismo de Joaquín Florián Díaz-Caneja y Sosa, nacido el 11 de agosto de 1777.

[A].- Original no conservado. Se hallaba en el folio 103 vuelto del Libro de Bautismos de la parroquia de Santa María de Oseja que empezaba en el año de 1735 y terminaba en el de 1779.

B.- Madrid, Archivo Histórico Nacional, Estado-Carlos III, Exp.1819: expediente de limpieza de sangre de Joaquín Díaz-Caneja y Sosa (1821-07-29), ff.11 vº - 12 rº.

En la parroquia de Santa María, del lugar de Oseja, a diez y siete de agosto de mil setecientos y setenta y siete, bauticé cristianamente a un niño que se llamó Joaquín Florián, hijo legítimo // de don Tomás Díaz de la Caneja, vecino y natural de este lugar de Oseja, y de doña María de Sosa, natural de Vidanes, y ambos vecinos de este lugar de Oseja. Nació dicho niño día once de dicho mes.
Sus abuelos paternos: don Tomás Díaz de la Caneja y doña Rosa de Martino, difuntos, vecinos que fueron de este lugar.
Sus abuelos maternos: don José de Sosa y doña María de Tobar, difuntos y vecinos que fueron del lugar de Vidanes.
Fueron sus padrinos: Agustín Piñán, vecino de este lugar, y Francisca de la Yglesia, estante en el mismo y natural de la ciudad de Medina de Rioseco.
Fueron testigos: José Calvo, Martín Díaz y Pedro Díaz, vecinos de este lugar de Oseja.
Y por verdad lo firmó, dicho día, mes y año, don Marcelo Barrio.

PARTIDA DE MATRIMONIO DEL PADRE DE IGNACIO Y JOAQUÍN DÍAZ-CANEJA Y SOSA

* 1750, febrero 4. Oseja de Sajambre.
Partida de matrimonio de Tomás Díaz de la Caneja y Martino, padre de Joaquín e Ignacio Díaz-Caneja y Sosa.

[A].- Original no conservado. Se hallaba en el folio 16 de un Libro de Casados “de a pliego y forrado en pergamino”, de la parroquia de Santa María de Oseja que empezaba en el año de 1722.

B.- Madrid, Archivo Histórico Nacional, Estado-Carlos III, Exp.1819: expediente de limpieza de sangre de Joaquín Díaz-Caneja y Sosa (1821-07-29), f.26 vº.

En Oseja de Sajambre y febrero quatro de mil setecientos y cincuenta, habiendo precedido las tres canónicas municiones que dispone el santo Concilio de Trento, de mi licencia, don Matías Aiega, cura de Ribota, casé y velé in facie eclesie a don Tomás Díaz de la Caneja, hijo legítimo de don Tomás Díaz de la Caneja y doña Rosa de Martino, vecinos de ésta de Oseja, y a doña María de Sosa y Tobar, hija lexítima de don José de Sosa y Villapadierna y de doña María de Tobar y Gil, vecinos que fueron del lugar de Vidanes.
Fueron testigos: don Lupercio Díaz de Oseja, vicario de cura en el lugar de Soto, don Melchor González de Candamo y Juan de Martino, vecinos del dicho de Soto.
Y en fe de ello, como cura de dichos lugares de Oseja y Soto, lo firmó Joaquín de Sosa y Tobar.

PARTIDA DE BAUTISMO DE PELAYO, HERMANO DE IGNACIO Y JOAQUÍN DÍAZ-CANEJA Y SOSA

* 1762, octubre 17. Oseja de Sajambre.
Partida de bautismo de Pelayo Díaz-Caneja y Sosa, nacido el 10 de octubre de 1762.

[A].- Original no conservado. Se hallaba en el folio 79 vuelto del Libro de Bautismos de la parroquia de Santa María de Oseja que empezaba en el año de 1735.

B.- Inserta en una Carta Ejecutoria de Hidalguía otorgada por Carlos III en Valladolid, el 15 de julio de 1799, al propio don Pelayo Díaz-Caneja y Sosa (de A).

C.- Madrid, Archivo Histórico Nacional, Estado-Carlos III, Exp.1819: expediente de limpieza de sangre de Joaquín Díaz-Caneja y Sosa (1821-07-29), ff. 24 vº - 25 rº (de B).

En la yglesia parroquial de Santa María de Oseja, yo, don Baltasar Fernández, cura de esta villa, en diez y siete de octubre de mil setecientos sesenta y dos, bapticé solemnemente a un niño que se llamó Pelayo y nació el día diez de dicho mes, hijo legítimo de don Tomás Díaz de la Caneja y de doña María de Sosa y Tovar, vecinos de esta villa.
Fueron sus padrinos don Vicente de Sosa y Tovar, clérigo de menores y natural del lugar de Vidanes, y doña // Luisa del Arenal, natural del lugar de Pendes, de la provincia de La Liébana.
Sus abuelos paternos: don Tomás Díaz de la Caneja y doña Rosa de Martino, vecinos de esta villa. Maternos: don José de Sosa y María de Tovar, vecinos del lugar de Vidanes. Advertí al padrino la cognación espiritual y más obligaciones. La madrina no tocó al baptizado y así no contrajo parentesco.
Y para la asistencia del dicho baptizo fueron testigos don Lupercio Díaz de Oseja y Manuel Díaz de Caldevilla, vecinos de esta villa.
Y para que conste, lo firmo este día, mes y año ut supra. Baltasar Fernández.

PARTIDA DE BAUTISMO DEL PADRE DE IGNACIO Y JOAQUÍN DÍAZ-CANEJA Y SOSA

* 1717, diciembre 29. Oseja de Sajambre.
Partida de bautismo de Tomás Díaz de la Caneja y Martino, padre de Joaquín e Ignacio Díaz-Caneja y Sosa.

B.- Madrid, Archivo Histórico Nacional, Estado-Carlos III, Exp.1819: expediente de limpieza de sangre de Joaquín Díaz-Caneja y Sosa (1821-07-29), f. 25 rº.

En Oseja de Sajambre y diciembre, veinte e nueve de mil setecientos diez y siete, siendo testigos el señor Agustín Piñán de Cuetoluengo, Manuel Díaz de la Caneja y Juan de Suero, vecinos del dicho lugar, como cassa de la parroquial de él, bapticé con auto solemne a Tomás, hijo legítimo de don Tomás Díaz de la Caneja y doña Rosa de Martino, vecinos de ésta de Oseja.
Fueron sus padrinos: Alejandro Piñán de Cuetoluengo, mozo, soltero y natural de esta villa, Ysabel Díaz de la Caneja, mujer de Juan de Martino, vecino de Soto. Advertíles la cognación espiritual y más obligaciones de educarle en la doctrina christiana.
Doy fe de ello y lo firmo como tal cura de este lugar dicho día, mes y año. Don Francisco Rodríguez Reyero.

TESTAMENTO DEL PADRE DE IGNACIO Y JOAQUIN DÍAZ-CANEJA

*1795, septiembre 30. Oseja, en el barrio de Quintana.
Tomás Díaz de la Caneja y Martino hace testamento e instituye por únicos herederos a sus nueve hijos: Pelayo, José, Manuel, Tomás, Juan, Ignacio, Joaquín y María, y a sus nietos Julián, Agustín y María, hijos de Rosa, difunta.

B.- Madrid, Archivo Histórico Nacional, Estado-Carlos III, Exp.1819: expediente de limpieza de sangre de Joaquín Díaz-Caneja y Sosa (1821-07-29), ff. 13rº y vº (extracto).

(f.12vº) En seguida nos constituimos yo, el infraescripto fiel de fechos y procurador síndico general en la villa de Oseja, y casa de Manuel de Mendoza, vecino de la // (f.13rº) misma, a cuyo cargo corre el archivo de documentos públicos de la escribanía del Ayuntamiento de este Concejo, a quien leí y notifiqué el Auto que antecede. Y enterado de él, nos franqueó el archivo y puso de manifiesto todos los documentos que se hallaban en su poder. Y habiéndoles reconocido en el protocolo de testamento del año mil setecientos noventa y cinco, encontré uno que su tenor a la letra es como sigue:


Testamento de don Tomás Díaz de la Caneja.
Yn Dey nomine, amen.
Sépase por esta pública escritura de testamento, última y postrimera voluntad, mandas y legados en él contenidos, vieren que yo, don Tomás Díaz de la Caneja, vecino de esta villa de Oseja, en sana salud y entendimiento natural según Dios nuestro señor me le ha dado y creyendo como firmemente creo en el sacrosanto misterio de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero, como en todo lo demás que tiene, cree y confiere nuestra madre la Yglesia Católica, Apostólica y Romana, en cuya fe y creencia protesto de vivir y morir, y para estar prevenido a la muerte que es consiguiente a toda criatura racional, hago y ordeno este mi testamento. Para lo qual digo, elijo por mi intercesora y abogada a la reyna de los ángeles, María Santísma, Madre de Dios y Señora nuestra, al Ángel glorioso de mi guarda, santo de mi nombre, santos y santas de mi devoción y más de la corte celestial, con cuyo patrocinio y amparo espero mi salvación y afianzo el acierto y le doy principio en esta forma.
Lo primero, mando y encomiendo mi ánima a Dios, nuestro Señor, que la crió y redimió.


Sigue la recomendación del alma, señalamiento de sepultura, mandas piadosas, legados testamentarios y alvaceado, y a su conclusión la cláusula siguiente:


Y en el remanente que reste de todos mis bienes, derechos y acciones que hoy me tocan y en lo venidero me podrán corresponder, instituyo por mis únicos herederos a don Manuel, don Tomás, don Juan, don Ygnacio, don Joaquín, doña María y a doña Rosa, difunta, y en su nombre a don Julián, Agustín y María, mis nietos, y todos mis hijos legítimos y de la dicha doña María de Sosa, mi legítima mujer, para que los hayan y hereden con la bendición de Dios y la mía.
Este es mi testamento, última y postrimera voluntad, el qual quiero tenga efecto después de mis / (f.13vº) días y por este revoco qualquier otro que antes de ahora haya echo de palabra, por escrito o en otra forma, para que ninguno se quede ni haga fee, sólo éste que ahora ordeno, quiero valga en forma y contenido.
Así lo otorgo ante el presente escribano público en este barrio de Quintana a treinta días del mes de septiembre, año de mil setecientos y noventa y cinco.
De que fueron testigos: Pedro Díaz de Oseja, Manuel de Vega, Martín y Juan Alonso Mendoza, vecinos de este dicho variio llamados y rogados.
Y el otorgante a quien doy fe, conozco está en su sano juicio, lo firmó y firmé, de que doy fe. Tomás Díaz de la Caneja.
Ante mí, Francisco de Mendoza.

Así consta del mencionado protocolo que en dicho archivo se volvió a recoger, al que en caso necesario me remito y para que conste y obre los efectos que convenga lo firmo y certifico. Fecha ut supra.
Otrosí, después de firmado dicho testamento se hallan aclamados por herederos únicos del testador a sus hijos legítimos don Pelayo y don José, y de su conjunta doña María de Sosa, por olvido del escribano.
Como fiel de fechos, Pedro Fernández (rúbrica).

PARTIDA DE BAUTISMO DEL ABUELO DE IGNACIO Y JOAQUÍN DÍAZ-CANEJA

* 1682, diciembre 25. Oseja de Sajambre.
Partida de bautismo de Tomás Díaz de la Caneja y Díaz de Caldevilla, abuelo de Joaquín e Ignacio Díaz-Caneja y Sosa.

[A].- Original no conservado. Se hallaba en el folio 1 de un Libro de Bautismos “de a cuartilla forrado en pergamino”, de la parroquia de Santa María de Oseja que empezaba en el año de 1672.

B.- Madrid, Archivo Histórico Nacional, Estado-Carlos III, Exp.1819: expediente de limpieza de sangre de Joaquín Díaz-Caneja y Sosa (1821-07-29), f.25 vº - 26rº.



En la parroquia de Santa María de Oseja, a veinte y cinco días del mes de diciembre de mil seiscientos ochenta y dos, yo, Juan Manuel de Posada, cura de este lugar, bauticé solemnemente a esti niño que se llamó Tomás. Y nació el día veinte y cinco de este mes, hijo legítimo de don Juan Díaz de la Caneja y de doña Ana Díaz de Caldevilla, vecinos de este dicho lugar.
Fueron sus padrinos Manuel Díaz de la Caneja, escribano de este Concejo, y Catalina Díaz de la Caneja, vecina del lugar de Vierdes. Advertí la cognación del parentesco espiritual y más obligaciones del padrino. La madrina no tocó al bautizado.
Fueron testigos: Agustín Piñán de Cuetoluengo, vecino de este lugar, y Mateo Francisco, su criado.
Y como cura lo firmó Juan Manuel de Posada.

PARTIDA DE MATRIMONIO DEL ABUELO DE IGNACIO Y JOAQUÍN DÍAZ-CANEJA

* 1703, octubre 3. Oseja de Sajambre.
Partida de matrimonio de Tomás Díaz de la Caneja y Díaz de Caldevilla, abuelo de Joaquín e Ignacio Díaz-Caneja y Sosa.

[A].- Original no conservado. Se hallaba en el folio 59 vuelto de un Libro de Casados “de a cuartilla forrado en pergamino”, de la parroquia de Santa María de Oseja que empezaba en el año de 1601.

B.- Madrid, Archivo Histórico Nacional, Estado-Carlos III, Exp.1819: expediente de limpieza de sangre de Joaquín Díaz-Caneja y Sosa, previo a la concesión de la Real Orden de Carlos III (1821-07-29), f.26 rº.

Oseja, a tres de octubre de mil setecientos tres, casé y velé en facie celeste, habiendo corrido las tres moniciones que el santo Concilio dispone y no habiendo resultado impedimento alguno a don Tomás Díaz de la Caneja, hijo legítimo de don Juan Díaz de la Caneja y doña Ana Díaz de Caldevilla, vecinos de esta parroquial de Oseja, y a doña Rosa de Martino, hija legítima de don Juan de Martino y doña Ana de Mendoza, vecina de este lugar de Soto.
Fueron sus padrinos Juan González y María Alonso, vecino del lugar de Soto y ésta de Oseja.
Fueron testigos: Agustín Piñán y Domingo Alonso, vecinos de esta de Oseja.
Y en fe de ello, como cura párroco, lo firmó Pedro González.