Hasta aquí la leyenda registrada en la citada obra. Cualquier conocedor de las religiones antiguas peninsulares ha podido constatar ya el extraordinario trasfondo mítico de esta tradición. Veamos cuál es.
En primer lugar, el hecho de que Barbarona fuese un ser al que se le tenía miedo nos indica que nos encontramos ante un mito precristiano.
En segundo lugar, la leyenda contiene muchos de los atributos que caracterizan a la Diosa Madre indoeuropea (ástures y cántabros eran pueblos indoeuropeos) y que según Julio Caro Baroja (Ritos y mitos inequívocos, 1974) son los siguientes:
1) Es una mujer selvática y montaraz.
2) Posee una fuerza sobrehumana.
3) Es rubia, blanca y hermosa.
4) Es cruel y de carácter viril.
5) Vive en las cuevas.
6) Asusta y reduce a los caminantes para luego seducirles.
7) Mata a sus amantes despeñándolos.
8) Se traslada a grandes distancias sólo con un paso, y se hace ver en simas y precipicios.
A esto hay que añadir que, en la interpretación vasca del mito, este ser vuela y a veces se la ve peinando su cabellera.
La leyenda sajambriega no nos dice nada sobre el aspecto físico de Barbarona, por lo que no sabemos si quizás fue perdiendo su belleza original según se fue transformando en un ser cruel por efecto de las religiones que la combatían. Sea como fuere, son muchos los elementos que coinciden.
Su nombre, Barbarona, nos lleva directamente al punto 4. La mención explícita a su fuerza, al punto 2. Sus andanzas por riscos y peñas, al punto 1. El miedo que causa a las gentes, al punto 6. El punto 8 y la interpretación vasca están presentes cuando se lanza desde lo más alto al fondo de los valles, lógicamente volando. Asimismo, encontramos un paralelismo entre la versión vasca y la leyenda sajambriega cuando se aparece a los humanos peinando su cabellera. Y muy posiblemente también viviera en cuevas. Recordemos que se halla junto a la Cueva de Burdió cuando asusta al tío Calvo; y cerca del molino del Buseco, en donde se aparece a las mujeres de Oseja, existe una gran cueva con el mismo nombre. No parece una casualidad la mención de estos dos lugares (con cuevas) en esta leyenda.
Y, por último, la Diosa Madre es también la diosa de la fecundidad y de la tierra. A Barbarona le gustan los molinos, lugar en el que se transforman los frutos de la agricultura, lugar al que se llevan los productos que entrega a los humanos la Madre (diosa) Tierra.


