domingo, 8 de marzo de 2015

NIVELES DEMOGRÁFICOS Y RIQUEZA PATRIMONIAL EN SAJAMBRE TRAS LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA



Vamos a observar los niveles de riqueza/pobreza a través de las contribuciones fiscales de los sajambriegos que vivieron en los años 1824 y 1825. Y vamos a hacerlo fijándonos en un impuesto concreto, que se aplicaba sobre la renta personal: el llamado «de paja y utensilios». 

Los ayuntamientos estuvieron obligados durante mucho tiempo a alojar y costear la manutención de las tropas cuando éstas se desplazaban a sus términos municipales. Dicha obligación terminó por transformarse en un impuesto directo llamado «de paja y utensilios».  Se creó en el año 1736 unificando los anteriores tributos de cuarteles (para financiar el alojamiento de las tropas: 1718), y de utensilios (para costear los gastos de camas, luz, aceite, leña, vinagre y sal que causaban dichos alojamientos: 1719), a lo que se sumaba el forraje de las caballerías. De acuerdo con las Ordenanzas promulgadas el 27 de octubre de 1760, el impuesto se repartió entre las provincias y pueblos, utilizando como base sus padrones vecinales (1). La irregularidad en la imposición y cobro de este impuesto fue subsanada y unificada en 1824, estableciendo como únicos exentos a los jornaleros, a los pobres de solemnidad y a los clérigos. En el año 1817 se suprimió y en 1824 se restableció por un máximo de 20 millones de reales.

En el Archivo de la Casa Piñán se conserva la información sobre lo que el Concejo de Sajambre pagó al rey en 1825 en razón del impuesto de “paja y utensilios”, que ascendió a un total de 12.174 reales. La recaudación se hizo conforme al Real Decreto de 7 de julio de 1824 y a las Instrucciones dictadas para su recaudación el 1 de julio del mismo año (2).

La carga iba dirigida a todos los individuos útiles, tanto nobles como pecheros (art. 1º de las Instrucciones), a excepción del clero (art. 2º), e incluyendo a quienes poseyeran bienes en lugares distintos a los de su residencia (art. 4º). Pero se aclara:
En la clase de vecinos útiles para esta contribución no se comprenden los jornaleros que no tengan otro modo de vivir que el de su trabajo, ni los que por notoriedad carezcan de medios para contribuir (art. 6º).
Constituían motivo de desgravación:
A los bienes raíces se les bajarán las cargas legales, anotándoles así en las relaciones (art. 15º). De los edificios se rebajará, además de las cargas legales, lo que se acredite con documentos fehacientes haber importado en el año las quiebras, reparos y otros gastos de conservación (art.16º). En el ramo de ganadería se graduará, prudencialmente, lo que sea justo rebajar por razones de pérdidas en el año (art. 17º).
Asimismo se les compensaba si en las familias existían militares: con 3 reales por brigadier o coronel, 2 reales el teniente, real y medio por capitán efectivo o teniente coronel graduado, 1 real por capitán graduado, teniente o subteniente, capellán o cirujano; 12 maravedís por un soldado de infantería y 16 por uno de caballería.

El documento que se conserva en el Archivo de la Casa Piñán resulta interesante por varios motivos. Primero, porque proporciona una visión general de la situación económica del valle poco más de diez años después de la Guerra de la Independencia, que fue nefasta para los municipios rurales y, segundo, porque la lista de sajambriegos está sacada del último padrón vecinal efectuado, como en él se especifica. Lo que se conserva es una copia certificada, hecha el 3 de junio de 1825, a partir del original expedido el 15 de enero del mismo año. En él se registran los nombres de quienes tenían la categoría jurídica de vecino, con «casa hita», lo que proporciona indirectamente el número aproximado de habitantes.

A comienzos de 1825 había un total de 185 casas abiertas y unos 925 habitantes en todo el valle, una población ciertamente disminuida por la guerra y la mortandad, la sucesión de crisis de subsistencia, la consiguiente emigración, las epidemias, el aumento de la presión fiscal del Estado y de la Iglesia, y la nueva invasión francesa del año 1823, lo que hizo que el campo español de todo el reino viviera una situación desesperada entre 1814 y 1824. 

Los censos históricos conservados, disponibles en el Instituto Nacional de Estadística, informan sobre la lenta recuperación demográfica del valle a lo largo del convulso siglo, sacudido por tres guerras civiles, hambrunas y epidemias:
1857: 926 habitantes.
1860: 911 habitantes.
1877: 1019 habitantes.
1887: 1188 habitantes.
1897: 1210 habitantes.
1900: 1223 habitantes.
En 1825, las 185 casas abiertas se dividían de la siguiente manera: en Oseja, 70; en Soto, 36; en Ribota, 33; en Pió, 28 y en Vierdes, 18. La localidad que posee vecinos con las rentas más altas es Oseja.  Proporcionalmente, el pueblo con rentas más bajas es Soto y el pueblo con rentas medias más extendidas entre la población y, por tanto, el más equilibrado, es Pió.

El nivel más alto de contribución se sitúa entre 300 y 400 reales, y el más bajo en menos de 40 reales. Como se ha dicho, los vecinos considerados pobres no cotizan.  El mayor índice de pobreza se encuentra en Oseja, siendo mujeres (viudas y solteras) y jornaleros. En total, se registran 38 pobres en el municipio, 6 de ellos de solemnidad (en Oseja y Ribota).

La contribución general del Concejo, es decir, los 12.174 reales no fue de las más bajas del reino. Para hacernos una idea, resultó ser algo menos de la mitad de lo que pagó la ciudad de Úbeda en 1820 por el mismo concepto (3). El montante aportado equivalía a 158 carros de vino (4).  

OSEJA 

Nivel más alto:

Entre 400 y 200 reales de contribución (ordenados de más a menos): Don Alejandro Piñán de Cueto Luengo; Fernando de Acevedo; Manuel de Bulnes; Don José Díaz-Caneja y José Caneja.

Entre 200 y 100 reales (14 casos), de más a menos: José Calvo, los menores de José Díaz-Caneja (cuyos nombres no se mencionan), Fausto de Vega, Manuel Díaz Puente, Dominga Sánchez, Manuel de Mendoza, José Alonso Tielve, Luis Acevedo, Andrés Díaz, Julián de Bulnes, Manuel Díaz de Oseja, Agustín Piñán, Gregorio Alonso y Julián Caneja con 100 reales de contribución.

Nivel más bajo:

Entre 30 y 40 reales (5 casos): Rafael Acevedo, labrador; Lorenza Alonso, viuda; Fausto Alonso, sastre; José de Posada, labrador, y Frutos Fernández, maestro de primeras letras.

Entre 20 y 30 reales de contribución (2 casos): Fermín Alonso, carpintero, y Atanasio de Vega, labrador.

16 Pobres: la mayoría eran mujeres viudas y solteras (María Mendoza, jornalera; María Alonso; Rosenda de Mendoza; María Valbuena, jornalera; Teresa Blanco, pobre de solemnidad; Joaquina Alonso, pobre de solemnidad; Ana María Varales, pobre de solemnidad; Isabel Alonso, jornalera; María González, viuda; Micaela Piñán; Ana María Piñán, viuda). Hombres (Manuel Acevedo, pobre de solemnidad; José Alonso; Ángel Alonso, jornalero; Lorenzo Caneja y José Díez). 

RIBOTA 

Nivel más alto:

Entre 400 y 200 reales (1 caso): Pedro Fernández.

Entre 200 y 100 reales (1 vecino): Julián Alonso.

Nivel más bajo:

Entre 20 y 35 reales: José de Granda, labrador; Juan Alonso, labrador; Pedro de María, labrador; Ramona Fernández, viuda.

Entre 10 y 20 reales: Lucas Caneja, jornalero.

Siete pobres (2 de solemnidad): mujeres (Ramona Sánchez, pobre de solemnidad; Gerbana Díez, viuda; Cecilia Díez, viuda; Leonor del Cuadriello, viuda; y Dominga Díez, viuda) y hombres (Matías González, pobre de solemnidad, y Froilán González). 

PIÓ 

Nivel más alto:

Entre 400 y 200 reales: nadie.

Entre 200 y 100 reales (2 vecinos): José Díez (174 reales) y Miguel de Granda (101 reales).

Nivel medio:

Entre 40 y 100 reales: 19 vecinos.

Nivel más bajo:

Solo hay una persona por debajo de 40 reales: Ramón de la Puente (29 reales).

7 pobres, todos hombres: Pedro Díez, mozo de casa abierta, jornalero; Torcuato Redondo, pastor; Manuel Simón, pastor; Isidoro Redondo, jornalero; Francisco Díez, jornalero; Miguel Mayón; Francisco de la Puente. 

VIERDES 

Nivel más alto:

Entre 400 y 200 reales: nadie.

Entre 200 y 100 reales: 5 vecinos (Manuel de Granda Mayón, 180 reales; Gregorio Fernández, 164 reales; María González, viuda, 123 reales; Pelayo de Granda, 121 reales; y Froilán de Granda, 106 reales).

Nivel más bajo:

Entre 10 y 25 reales de contribución (3 casos): Antonio de Granda, Joaquín de Granda y Francisco de Granda.

Pobres: Brígida Redondo, viuda. 

SOTO 

Nivel más alto:

Entre 400 y 200 reales: Andrés Díaz (200’17 reales de contribución).

Entre 200 y 100 reales (1 vecino): Manuel de Martino, 144 reales.

Nivel más bajo:

Entre 20 y 30 reales de contribución: Juan Muñiz, labrador; Manuel Caldevilla, labrador; Ángel Caldevilla, labrador; Miguel Sánchez, labrador; Martín de Suero, labrador; Fausto de Martino, labrador, y Juan Manuel de Posada, pastor.

7 Pobres: viudas (Clara de Martino, María Lozano, María Sánchez, Ana María de Posada) y jornaleros (Manuel Sánchez, Francisco de Posada, Andrés de Granda). 

HACENDADOS FORASTEROS 

El que más contribuye es Don José Valdés (300 reales), vecino del concejo de Piloña, aunque con bastante menos cantidad que los Piñán de Cueto Luengo. A mucha distancia, le siguen Matías Piñán (40 reales), vecino del concejo de Cabrales, y Fausta de la Caneja (30 reales), vecina de Margolles, todos en el Principado de Asturias. 

PROFESIONES 

Entre los que no cotizan, exceptuando los pobres y los 10 casos de jornaleros/as, se mencionan únicamente dos curas párrocos, el de Oseja y el de Ribota: Eugenio Reyero (en Oseja) e Isidoro Pérez (en Ribota). 

Labradores/as: la mayoría. 

Pastores: 3 (Juan Manuel de Posada, en Soto, Torcuato Redondo y Manuel Simón, en Pió). 

Sastres: 1 (Fausto Alonso, en Oseja). 

Carpinteros: 2 (Fermín Alonso y José Alonso Díaz, en Oseja). 

Maestro de primeras letras: 1 (Frutos Fernández, de Oseja).

Tratantes: 1 (Esteban González, en Ribota).

Solo llevan el tratamiento de Don, Alejandro Piñán de Cueto Luengo, José Díaz-Caneja, José Valdés y los clérigos locales. Lo que hoy es una simple fórmula de respeto (Don/Doña), fue antiguamente un privilegio reservado a las jerarquías eclesiásticas y a quienes, siendo de extracción noble, tenían casa solariega y escudo de armas.  Y, aunque en el siglo XIX dicho tratamiento ya estaba bastante desnaturalizado, no es nada raro encontrar casos, como el de este documento sajambriego, en el que se sigue utilizando como un claro elemento de distinción social.

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NOTAS

(1) Victoriano Martín Martín, “Análisis económico y economía aplicada en el pensamiento económico español de los siglos XVIII y XIX”, en Estudios de Historia y de Pensamiento económico. Homenaje al profesor Francisco Bustelo García del Real, Madrid: Universidad Complutense, 2003, pp.223, 230.

(2)  Colección de Reales Decretos y Órdenes pertenecientes a la Real Hacienda desde el 6 de mayo de 1823 hasta fin de 1824, vol. I, Madrid, Imprenta Real, pp.380-385.

(3)  http://www.vbeda.com/gines/tomo1/a346.pdf

(4)  En 1825, el vecino de Oseja, Atanasio de Vega, vendió a dos vecinos de Ribota un carro de vino por Navidad a cambio de 77 reales. De manera que, grosso modo, la contribución total del Concejo equivalía a 158 carros de vino. 



martes, 6 de enero de 2015

EPISODIOS SAJAMBRIEGOS DE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA: EL CASO DE SANTIAGO RODRÍGUEZ


A juzgar por la documentación conservada, los años más duros fueron los de 1809, 1810 y 1811. De las levas y de los sajambriegos que pelearon en aquella contienda, que terminaron presos, tullidos o desaparecidos, ya hablamos en otras ocasiones en este mismo blog. De igual modo, en el año 1810 se registran gastos en pólvora, entre ellos una libra (casi medio kilo) «para la quebrada de La Ruada», en el Camino Real.  Pero a los enfrentamientos y a la sangría humana, hay que sumar el enorme daño económico, con las rapiñas permanentes y las incautaciones de ganado, hacinas de hierba, grano, vino, cecina, manteca o queso, así como las abusivas y constantes peticiones de dinero, a menudo desorbitadas, con las consiguientes represalias en caso de no satisfacer lo exigido.

Una de las víctimas de tales circunstancias fue el vecino de Oseja llamado Santiago Rodríguez.

En el año 1811, Santiago Rodríguez era el Procurador Síndico General del Concejo de Sajambre o Personero del Común, un oficio público que tenía como función representar al municipio ante las instancias superiores. Esta magistratura concejil, que no existió en Sajambre durante el siglo XVII, se elegía cada año, el 1 de enero, en los siglos XVIII y XIX.

Pues bien, sucedió que, el 18 de noviembre de 1811, los franceses exigieron a los sajambriegos, según sus propias palabras, «la satisfacción de un exorbitante pedido», «de una inmensa cantidad», que consistió en la entrega de 20.000 reales en un plazo máximo de 24 horas. Tras reunir 10.000 reales, los vecinos de Oseja enviaron a Santiago Rodríguez con dicha cantidad para intentar calmar a los invasores. Sucedió que, al pasar por el Puerto de Pontón, un alférez arrebató las monedas al sajambriego, quien al llegar a Riaño fue apresado, llevándolo atado e «ignominiosamente conducido» a la ciudad de León, donde se le encarceló durante 34 días, los 3 primeros en total aislamiento y completa oscuridad, maniatado como iba. Después de ser liberado, gracias a las gestiones de su mujer, Santiago Rodríguez reclamó al Concejo de Sajambre los salarios que le correspondían por cada uno de los días que estuvo privado de libertad.

En el Archivo de la Casa Piñán se conserva el expediente de esta solicitud de indemnización, que el sajambriego tuvo que pelear, ya que los vecinos de Soto, Pio y Vierdes se negaron a reconocer sus derechos. No así los de Oseja y Ribota, que dieron el visto bueno a la reclamación desde el principio.

Nada mejor que la propia voz de Santiago Rodríguez para conocer los hechos de primera mano. La narración que hizo en su declaración ante el juez transmite muy bien el clima de angustia y terror que vivieron los sajambriegos en aquellos años.

Declaración de Santiago Rodríguez:

«Dijo que el año pasado de mil ochocientos y once, siendo el que declara Procurador Síndico General de este Conzejo de Sajambre, estando una tropa francesa a la distancia de legua y media de este dicho Conzejo, ymbiaron un ofiçio a la Xusticia remitiesen inmediatamente veinte mil reales, que decían se les debía de un pedido atrasado y otro presente, y que no los remitiendo en las veinte y cuatro oras, se presentase el juez y el cura más antiguo de este Conzejo, y de no verificarse uno u otro pasarían a hacer un ejemplar “novisto”. Y que llenos de temor porque ya en otra ocasión avían quemado varios lugares ymmediatos a estos pueblos, mandó el juez que los regidores de este Conzejo concurriesen con el dinero que pudiesen juntar para librarnos de la ymbasión que se nos amenazaba. Esto fue el día diez y ocho de Noviembre de aquel año de once, que en la misma noche este pueblo de Osexa juntó diez mil reales. Y no habiendo concurrido los demás regidores con su contingente, determinó el juez y este lugar de Oseja fuese yo a entregar los diez mil reales, a ver si con esto se les podía detener, porque especialmente este pueblo espirementaría la primera benganza. Y el juez le suplicó se presentase en su nombre e yciese presente que no podían más.
 Con lo que salió, de aquí, y llegando al puerto de Pontón, que dista algo más de una legua de este pueblo, salió un alférez de este mismo lugar (que acaso dio quenta del repartimiento), con otros cinco soldados, y me obligaron a entregarles toda la moneda, bajo de un recivo que me dieron. Y con él pasé haser noche con dicha tropa. Y el general le dijo que todo era fingido y mandó prenderle, que atado le llebaron a la ciudad de León, a donde estubo preso en la cárcel de León, que en tres días no vio lud ninguna, privado de toda comunicación, lleno de lacería, que después me pusieron en otro calabozo más benigno, a donde permaneció asta el día veinte y uno de Diziembre. Que a fuerza de empeños que movió su muger, la que llevó memorial en nombre de este Conzejo al yntendente, Don Manuel Ciarán, con lo que salió de la cárcel el día veinte y uno de diciembre, habiendo estado preso desde el día diez y nuebe de Diciembre, digo de Noviembre anterior. Que el yntendente le respondió que se viniese em pad, y que si el Conzejo tuviese fuerzas para resistirse, no ymbiasen dinero, pero en caso de no tener fuerzas, no se cuidasen em ymbiar el dinero o que de lo contrario esperimentaríamos mala resulta. Que vino a este Conzejo y dio la misma razón.
Que el Conzejo se estubo quieto asta el mes de mayo. Que haviendo echo otra asomada acia esta tierra los franceses, determinó el Conzejo ymbiar a Ysidoro González, vezino de este lugar, y Anselmo de Martino, vezino del lugar de Soto, para que fuesen a León y llebasen los diez mil reales que avía buelto a restituir el alférez, que se les avía cogido en el Puerto de Pontón, y que el que declara hizo presente a este Conzejo se valiesen de la señora yndiana que havía sido empeño para salir de su prisión, y que de echo este Conzejo la regaló con una arroba de manteca y, por su mediación, se compuso los franceses con nueve mil reales. Y con su prisión y empeños aorraron mil ducados».  


Resumiendo, este lance estuvo provocado por la precipitación de los vecinos de Oseja a causa del miedo, pues no esperaron la recaudación de las restantes vecindades y enviaron al pobre Santiago Rodríguez con el pedido disminuido. ¡Cómo estarían de aterrorizados para reunir 10.000 reales en escasas horas!

El miedo estaba motivado por lo que el propio sajambriego declara: porque ya en otra ocasión avían quemado varios lugares ymmediatos a estos pueblos. Naturalmente, se refería los incendios de 1809 en Pedrosa y Boca de Huérgano, pero sobre todo del cercano Burón, que el escribano Juan Bautista Gómez de Caso describe de la siguiente manera cuando envía una petición de ayuda al rey diecisiete días después de la devastación ocurrida el 5 de abril:

Señor.
La villa de Valdeburón, capital del valle y Merindad de este nombre y a su voz el infraescrito Alcalde Principal de ella, no pudiendo pasar personalmente a consolarse con el dulce acatamiento de Vuesta Majestad, embía por el occéano los clamores de sus vecinos que, errantes y sin abrigo, a la ventura de los tiempos presentan el más lastimoso espectáculo. Fue destruido aquel pueblo por los franceses en una manera que demuestra al mundo la immoralidad y barbarie de estos modernos scitas. Saqueron quanto pudo serbir de cebo a su voraz codicia. Degollaron doce personas, sólo por la complacencia de verter sangre inocente sin otro motibo. Y, últimamente, incendiaron de cien casas, poco más o menos, las ochenta y nuebe, con todos los haberes que se hallaban dentro, algunas personas que yacían descuidadas y no pocos ganados que no pudieron salbar por lo repentino del acontecimiento. Verificóse éste a las seis y media de la mañana del día 5 del que rige, sin más pretesto que el haberse señalado aquel pueblo en vituallar las tropas del cuerpo franco asturiano, comandado por el célebre joben D. Juan Díaz Porlier, y cooperado a sus felices expediciones como más largamente se especifica en los papeles públicos de Obiedo y, con particularidad, en la Gaceta del 19 de éste. Los valdeburoneses, señor, cuio natibo ardimiento y valentía mereció el antiguo axioma “potros y mozos en Valdeburón”, se glorian de su misma mina quando consideran que procede ocasionalmente de aver serbido a la patria. Pero los infelices avrán de perecer si Vuestra Majestad, como única madre y tutora de los huérfanos vasallos “de Fernando”, no trata de socorrerles en tan santas y beneméritas tribulaciones. Quedan, pues, pendientes de la beneficencia de Vuestra Majestad. Ínterin eleban al cielo sus ferborosos ruegos por la felicidad y acierto de este soberano congreso, en que se vincula el bien de toda esta monarchia. Obiedo y abril, 22 del 809. Señor, a los pies de Vuestra Majestad, humilde y fiel vasallo. Juan Bautista Gómez de Casso (Madrid, Archivo Histórico Nacional, Estado, legajo 22, doc. n.286).

Esa precipitación fue, precisamente, el argumento utilizado por las vecindades de Soto, Pio y Vierdes para no contribuir a la indemnización de Santiago Rodríguez. Y nosotros nos quedamos sin conocer el desenlace, como asimismo sin saber lo que hizo María González, mujer de Santiago, que logró la libertad del sajambriego y la rebaja de los dineros, y que se me antoja la verdadera heroína de esta historia. Santiago Rodríguez murió en Oseja en el año 1828.

He aquí una buena materia prima para alguna novela de aventuras. Quién sabe si algunx de lxs escritorxs que existen en el valle se animará algún día a darle forma literaria.    

martes, 18 de noviembre de 2014

EL APELLIDO PIÑÁN EN EL SIGLO XIII


Recientemente, he localizado 5 testimonios documentales, que son los más antiguos hasta el momento, del apellido Piñán.  Se hallan en documentos fechados en los años 1236, 1239 (2 casos), 1245 y 1248. Proceden de los fondos del monasterio de San Vicente de Oviedo.   
                                                                                                                                                                                                                                                                                                            
1236, abril, 4. Oviedo.
María Pétriz y su familia venden a Sancho Fernándiz y su mujer la mitad de la casa que fue de sus padres, situada enfrente del camino que va al Pontón de Mercado, en la ciudad de Oviedo (1).

Al delimitar la propiedad, vemos que ésta se localizaba “inter casas de monasterio Sancti Vincencio et inter casa de Pinnan”, claramente Piñán. 


1239, noviembre, 1. Oviedo.
Sancho Fernándiz y su mujer venden a Pedro Rubio el quiñón de una casa que estaba en la calle de La Noceda, en la ciudad de Oviedo (2).

Entre los testigos de esta venta se encuentra Dominico Pinnan, es decir, Domingo Piñán.


1239, noviembre, 1. Oviedo.
Dominga, hija de Pedro Lorénciz, vende a Pedro Rubio y a su mujer la parte de una casa que perteneció a sus padres en La Noceda (3).

Entre los testigos aparece un Iohannes Pinnan, o sea, un Juan Piñán. 


1245, noviembre, 30. Oviedo.
Los hermanos Miguel y Menén Fernándiz de Rañeces retiran una demanda que habían puesto contra el monasterio de San Vicente de Oviedo por una propiedad en Las Regueras (4).

Entre quienes confirman el hecho se encuentra Iohannes Pinnan (Juan Piñán). 


1248, marzo, 21. Oviedo.

Benita, viuda de Ioanini, su hija y sus nietos pactan con sus parientes para que lleven lo que habían heredado en Olivares (Oviedo), que era un aforamiento de San Vicente, a cambio de quedar con la mitad de la fruta que se recogiera (5).

Entre los testigos aparece Domingo Yannes Pinán, es decir, Domingo Yañez Piñán. 


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Todas estas grafías antiguas (Pinnan, Pinan) se registran también en los documentos sajambriegos desde 1526 para referirse a los Piñán de Cueto Luengo.

Y aunque Juan y Domingo fueron nombres muy frecuentes, tanto en la Edad Media como en la Edad Moderna, estos casos asturianos son los testimonios más antiguos de dos de las designaciones que llevaron varios miembros de la familia Piñán de Cueto Luengo en los siglos XVI y XVII, entre ellos el propio comisario de la Inquisición y cura de Oseja y Soto, Don Domingo Piñán. 


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NOTAS
(1)   Celia Álvarez Arias y Miguel Metzeltin, Documentos orixinales del monasteriu de San Vicente d’Uviéu, t. I (1231-1238), Uviéu, 2008, n.75.
(2)  Andrea M. Miranda Duque y Celia Álvarez Arias, Documentos orixinales del monasteriu de San Vicente d’Uviéu, t. II (1239-1250), Uviéu, 2008, n.112.
(3)  Ibídem, n.113.
(4)  Ibídem, n.247.
(5)  Ibídem, n.301.