Gracias a los testimonios documentales publicados
en el artículo «La Senda del Arcediano y el Camino del Beyo: nuevos documentos
para su historia», editado por el Real
Instituto de Estudios Asturianos, ya no existe ninguna duda sobre la
vigencia del Camino del Beyo en el siglo XVII y sobre las intenciones al respecto del Arcediano. De hecho, a Don
Pedro Díaz de Oseja le preocupaba especialmente este camino, al que otorga
prioridad en las reparaciones que costeaba, expresándolo de
manera clara y reiterada en su testamento: «prefiriendo
siempre el Camino del Beyo».
Cuando en 1708 los sajambriegos se quejan a los canónigos
de la Catedral de Oviedo por los atrasos de nueve años que les debían, les transmiten
los inconvenientes que padecen por tener la obra de los caminos a medio hacer a
causa de la falta de
financiación, tanto en el Camino Real, como «lo
mismo el camino o hoz que dicen El
Bejo».
El
empleo del término «hoz» es inequívoco y despeja cualquier duda sobre el uso
antiguo de lo que en el siglo XX se conocía como la Senda del Beyo. A su vez,
la grafía Bejo es un fenómeno
frecuente en la época, producto de la castellanización que los notarios públicos hacían de
los topónimos autóctonos.
Por
consiguiente, queda demostrada documentalmente la existencia de un camino (senda peonil) a
través del Desfiladero de Los Beyos que estaba en uso durante los siglos XVII y
XVIII. Y queda demostrado también que los sajambriegos cumplieron la voluntad del arcediano y, tras su muerte, empezaron a trabajar en el camino del Beyo, pues en la primera década del Setecientos esta obra se hallaba más avanzada que la del camino real.
Pero
es que, además, esta constatación nos obliga a observar las intenciones del arcediano con otra perspectiva: su principal preocupación era arreglar el camino del Beyo, en mayor medida que el camino real. Dado que lo que más le preocupaba eran «los
malos pasos» que convenía reparar, es más que posible que su interés residiera
en la peligrosidad del camino. Ello no obsta para que hoy tengamos que descubrirnos ante la
clarividencia y la modernidad del arcediano, al fijar su atención en una ruta que,
más de 200 años después, se convertiría en carretera nacional y en la principal
comunicación de Sajambre con el exterior.
Asimismo, a
decir de los documentos, fueron los sajambriegos los que se encargaron de
disponer la reparación del camino del Beyo y de sus puentes, que debían ser los
mismos que describe Sebastián de Miñano en 1828, cuyo reportaje publiqué en una
de las páginas independientes de este mismo blog. Por lo tanto, este antiguo camino se convierte
en un eslabón más de la cadena (cada vez más potente) que une el pasado de Sajambre con el Principado de Asturias.
Como
no podía ser de otra manera, al Beyo se entraba por Covarcil, pero el camino se
prolongaba por el fondo del valle cruzando el pueblo de Ribota de Abajo y
enlazando con otros ramales del camino real.
Me
consta que el recorrido de este antiguo camino a lo largo del Beyo está siendo estudiado y espero con impaciencia la publicación de esta investigación.
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FUENTE:
Elena E. Rodríguez Díaz, «La Senda del Arcediano y el Camino del Beyo:
nuevos documentos para su historia», en Boletín
del Real Instituto de Estudios
Asturianos, núm. 175-176 (2010), pp.95-116
ISSN: 0020-384X.