jueves, 20 de septiembre de 2012

NUEVAS NOTICIAS SOBRE LA OBRA DEL ARCEDIANO DON PEDRO DÍAZ DE OSEJA (2): el Camino del Beyo.



Gracias a los testimonios documentales publicados en el artículo «La Senda del Arcediano y el Camino del Beyo: nuevos documentos para su historia», editado por el Real Instituto de Estudios Asturianos, ya no existe ninguna duda sobre la vigencia del Camino del Beyo en el siglo XVII y sobre las intenciones al respecto del Arcediano.  De hecho, a Don Pedro Díaz de Oseja le preocupaba especialmente este camino, al que otorga prioridad en las reparaciones que costeaba, expresándolo de manera clara y reiterada en su testamento: «prefiriendo siempre el Camino del Beyo». 

Cuando en 1708 los sajambriegos se quejan a los canónigos de la Catedral de Oviedo por los atrasos de nueve años que les debían, les transmiten los inconvenientes que padecen por tener la obra de los caminos a medio hacer a causa de la falta de financiación, tanto en el Camino Real, como «lo mismo el camino o hoz que dicen El Bejo».  

El empleo del término «hoz» es inequívoco y despeja cualquier duda sobre el uso antiguo de lo que en el siglo XX se conocía como la Senda del Beyo. A su vez, la grafía Bejo es un fenómeno frecuente en la época, producto de la castellanización que los notarios públicos hacían de los topónimos autóctonos. 

Por consiguiente, queda demostrada documentalmente la existencia de un camino (senda peonil) a través del Desfiladero de Los Beyos que estaba en uso durante los siglos XVII y XVIII. Y queda demostrado también que los sajambriegos cumplieron la voluntad del arcediano y, tras su muerte, empezaron a trabajar en el camino del Beyo, pues en la primera década del Setecientos esta obra se hallaba más avanzada que la del camino real.

Pero es que, además, esta constatación nos obliga a observar las intenciones del arcediano con otra perspectiva: su principal preocupación era arreglar el camino del Beyo, en mayor medida que el camino real. Dado que lo que más le preocupaba eran «los malos pasos» que convenía reparar, es más que posible que su interés residiera en la peligrosidad del camino. Ello no obsta para que hoy tengamos que descubrirnos ante la clarividencia y la modernidad del arcediano, al fijar su atención en una ruta que, más de 200 años después, se convertiría en carretera nacional y en la principal comunicación de Sajambre con el exterior. 

Asimismo, a decir de los documentos, fueron los sajambriegos los que se encargaron de disponer la reparación del camino del Beyo y de sus puentes, que debían ser los mismos que describe Sebastián de Miñano en 1828, cuyo reportaje publiqué en una de las páginas independientes de este mismo blog.  Por lo tanto, este antiguo camino se convierte en un eslabón más de la cadena (cada vez más potente) que une el pasado de Sajambre con el Principado de Asturias.  

Como no podía ser de otra manera, al Beyo se entraba por Covarcil, pero el camino se prolongaba por el fondo del valle cruzando el pueblo de Ribota de Abajo y enlazando con otros ramales del camino real. 

Me consta que el recorrido de este antiguo camino a lo largo del Beyo está siendo estudiado y espero con impaciencia la publicación de esta investigación.   

------------------------
FUENTE: Elena E. Rodríguez Díaz, «La Senda del Arcediano y el Camino del Beyo: nuevos documentos para su historia», en Boletín del Real Instituto de Estudios Asturianos, núm. 175-176 (2010), pp.95-116  ISSN: 0020-384X. 

NUEVAS NOTICIAS SOBRE LA OBRA DEL ARCEDIANO DON PEDRO DÍAZ DE OSEJA (1): el Camino Real



En el núm. 175-176 del Boletín de Letras del Real Instituto de Estudios Asturianos ha salido publicado en el presente año, aunque con fecha de 2010, un artículo titulado «La Senda del Arcediano y el Camino del Beyo: nuevos documentos para su historia» . Voy a referirme hoy a algunos de los aspectos allí tratados que el lector interesado encontrará con mayor desarrollo en la publicación, así como la edición de los ocho documentos relativos a la temática, entre los que se encuentra una carta autógrafa de Don Pedro Díaz de Oseja dirigida al comisario Don Domingo Piñán de Cueto Luengo. 


1. ¿CUÁL FUE LA INTENCIÓN PRINCIPAL DEL ARCEDIANO SOBRE LOS CAMINOS?

En su testamento de 1665, Don Pedro manifiesta claramente su principal deseo: rehacer «los malos pasos» de los principales caminos que atravesaban Sajambre.  Esos malos pasos corresponden a los tramos que se internaban en las angosturas y precipicios de la Cordillera y, en concreto, a los que conducían y salvaban los puertos de Beza y Pontón por lo que se refiere al camino real. 

El camino real que cruzaba Sajambre es el mismo que llegaba desde Valdeburón y que se dirigía a la costa cruzando los concejos asturianos de Amieva y de Cangas de Onís. Da igual el nombre que tomara a su paso por los diferentes concejos y poblaciones, el camino en sí mismo era un único camino. 

Por eso, no debiera hablarse de «Camino Real de Amieva» o de camino real de Sajambre porque ni un lugar, ni el otro, era su destino o su origen, como tampoco Valdeburón o Cangas de Onís. En realidad, este camino real fue la principal vía de comunicación del Oriente asturiano hasta la primera mitad del siglo XIX. 

2. ¿EN QUÉ AÑOS SE RECONSTRUYÓ EL CAMINO REAL?

Don Pedro Díaz de Oseja dejó dispuesto en su testamento de 1665 que una parte de su fortuna se destinara a rehacer el camino real del oriente astur, pero la obra había empezado bastante antes y, a juzgar por los documentos que vamos rescatando del olvido, parece que los trabajos se llevaron a cabo en un dilatado espacio de tiempo que, por los datos conocidos, podemos dividir en varias etapas. 

El propio Don Pedro manifiesta en su testamento que ya llevaba gastados unos cuantos maravedís en la reparación de los caminos y así es en efecto, porque alrededor de la primavera del año 1642 es muy posible que ya se hubiera finalizado el tramo amievense de la hoy llamada Senda del Arcediano. 

A juzgar por lo que cuentan los documentos, la obra se empieza en Amieva y se termina en Sajambre. El broche de la etapa asturiana pudo ser la construcción de la "alberguería" de Saúgo y, posiblemente también, de la capilla que allí guardaba una imagen mariana.  Don Pedro habla de la alberguería por él proyectada en la carta autógrafa que publiqué en el citado artículo del BRIDEA.  

La alberguería de Saúgo se construyó en poco más de dos meses, según los deseos del propio arcediano, durante la primavera y el verano de 1642. En su construcción debieron colaborar los amievenses, pero también los sajambriegos, pues la obra se dirigía desde Sajambre. La persona comisionada por el arcediano para organizar los trabajos fue su sobrino, el canónigo de Oviedo Don Diego de la Caneja, natural de Soto de Sajambre, en donde podemos documentarlo durante ese mismo año.  

Una vez que el arcediano fallece en 1665, los sajambriegos van a encontrar numerosas dificultades para materializar las mandas piadosas de su benefactor sufriendo varios retrasos en la obra de los caminos.  

En 1701 se atendían las pedreras de Berrunde y en 1708, cuarenta y tres años después de la muerte del arcediano, los trabajos seguían inconclusos y los sajambriegos todavía no habían llegado a Los Trabanzos.  El documento dice que se estaba trabajando en el tramo que va «desde La Portilla que llaman de Berrunde hasta el collado do dizen Los Trabanzos». 

El último tramo, desde Los Trabanzos a Pontón, debió efectuarse como muy pronto en la segunda década del siglo XVIII. O más. 

3. ¿CUÁL FUE LA CAUSA DE LOS RETRASOS?

Naturalmente, la financiación. 

Los albaceas del Don Pedro Díaz, es decir, los canónigos de la Catedral de Oviedo, libraban a regañadientes o no libraban la dotación anual que el arcediano había dispuesto para rehacer los caminos en Sajambre (220 reales) y las restantes mandas testamentarias.  

En el año 1708, la Catedral de Oviedo debía a los sajambriegos el importe correspondiente a 9 años.    

4. ¿SABEMOS ALGO SOBRE LAS PERSONAS QUE TRABAJARON EN EL CAMINO REAL?

En su carta de 1642, el Arcediano solicita a varios vecinos de Oseja las herramientas que tuvieran, si éstas fueran necesarias, para la construcción de la alberguería. Uno de ellos es el propio Domingo Piñán de Cueto Luengo, que hacía poco había terminado de construir su casa y capilla, así como un tal «Juan, hijo de Julián», cuyo apellido no se menciona.  

Esta petición del arcediano da a entender una colaboración entre los beneficiados por la obra, de manera que acompañando a las herramientas quizás también ayudaron a la construcción de la hospedería algunos vecinos de Sajambre.   
Conocemos asimismo el nombre propio de uno de los maestros de cantería que trabajaron en el tramo el Camino Real a su paso por Sajambre y, en concreto, por Berrunde en el año 1701. Se llamaba Martín Sánchez de Toro y cobraba la totalidad del presupuesto anual destinado a los caminos: 220 reales de vellón, pagándole los sajambriegos «cada braza en cuadro a tres reales y medio».  

--------------------------------
*Elena E. Rodríguez Díaz, «La Senda del Arcediano y el Camino del Beyo: nuevos documentos para su historia», Boletín del Real Instituto de Estudios Asturianos, núm. 175-176 (2010), pp.95-116.  ISSN: 0020-384X. 

domingo, 16 de septiembre de 2012

EL MOLINO Y EL LAVADERO DE CALDEVILLA EN 1815 (y 2).



Veíamos en el post anterior cómo el concejo de Oseja había denunciado la obra de un nuevo molino que pretendía construirse en Ruseria y leíamos las argumentaciones del Pueblo por boca de sus representantes legales.

La Fuentona en la actualidad.
 El molino que Isidoro González quería construir con el agua de La Fuentona era un molino de cubo, lo que suponía una innovación para Oseja, en donde solo existían los tradicionales molinos que se movían con la fuerza del río.  Como viene siendo habitual en la mentalidad campesina en general y en la sajambriega en particular, las gentes se opusieron a la novedad por la fuerte desconfianza que les causaba la iniciativa arremetiendo con el tremendismo y la dureza que vimos en el post anterior contra Isidoro González.  

La variedad del «molino de cubo» se utilizaba para lugares en donde la corriente de agua era escasa, como sucedía con el arroyo que salía de La Fuentona. La rueda se movía por la presión que alcanzaba el agua recogida en un depósito vertical y circular, llamado cubo, que accionaba la rueda según se iba vaciando.   

Al defenderse de las acusaciones de los vecinos de Oseja, el dueño del molino precisa las características y el emplazamiento exacto de la construcción:  

«Los ymaginados perjuicios que dibulgan los contrarios temiéndose que yo haga algún alberque por bajo de la Fuente de Monasterio a donde pudiera suceder algún daño, éste se evita porque prometo no hacer allí alberque alguno, supuesto que el agua de dicha fuente la yntrodujo en un huerto mío ynmediato para su riego, a donde pienso hacer toda la maniobra, y el cubo a de principiar en dicho huerto cerrado, y el molino bajo el mismo huerto, sin que pueda seguirse daño a ninguno, que por lo mismo conpré y derribé un nogal que avía a donde se funda el sitio que tengo principiado a cimentar. Por lo que dicho enbargo nace de pura malicia... » (1815, agosto, 9).  

Por tanto, el depósito de agua estaría en el huerto propiedad de Isidoro González, topográficamente más alto que el molino que iba a construir en la orilla del camino, cuya integridad y la del lavadero se aseguran: 

«Se dejará tránsito y cañada suficiente para tránsito de ganados de toda especie. El labadero quedará como se halla. Las aguas nunca podrán hacer los daños que se proponen porque ya no le hacen, ni aora, ni aunque tomen otra dirección pueden hacerle balsa. Para aquél tampoco pienso hacerla. Y así queda devanecido lo que se dice de aogar los niños. Toda la represa que de éstas pueda hacerse queda dentro de mi misma posesión y en caso de haver daño, yo solo le esperimentaría» (1815, agosto, 9).  

Por lo que se dice, el molino proyectado constaría exclusivamente de un cubo, sin ningún estanque adicional, que se iría llenando con el agua convenientemente canalizada de La Fuentona hacia el huerto que, a decir de otros documentos, estaba cercado, lo que a su vez minimizaba o, incluso, impedía  los hipotéticos peligros que podían suponer estas instalaciones.  

El conjunto del mecanismo que se quería construir se iba a hacer en una propiedad particular de Isidoro formada por el huerto y por el solar que había ocupado el nogal derribado. No obstante, sí parece que el edificio del molino sobrepasaba en algo estos límites, según las palabras del propio Isidoro:   

«El terreno público que la máquina pueda ocupar no pasa de doce pies (3’65 m). El perjuicio que de aquí pueda provenir es ymaginario por la utilidad que resulta y a él ningún perjuicio deve ésta echar» (1815, agosto, 9).   

Lo que no tolera Isidoro González es la injusta acusación sobre el carácter público del huerto que era de su propiedad. La falsedad de este argumento parece demostrarse al no volver a mencionarse el hecho en la restante documentación del pleito:

«El otro reparo que se pone en el otro escrito de la pretensión a que contesto es en todas sus partes despreciable e impertinente. Por tener solo mala causa se propone. Yo tengo título y dominio en el huerto, y aunque no le tubiera no es de este juicio el ventilarlo, pero le tengo y me hallo en quieta y pacífica posesión. Y si sobre esta certeza el contrario quiere disputar, que lo haga en otro juicio» (1815, agosto, 9).   

Al margen de estas respuestas a las acusaciones del Pueblo de Oseja, el emprendedor sajambriego justifica de la siguiente manera y por las siguientes razones la conveniencia de su molino: 

«Este molino, estando en medio de la población, es más útil que todos los que hay en todos sus términos. Es éste un país nevosísismo, de ir a los otros molinos, (lo) que solo se puede verificar peonilmente, se siguen muchos perjuicios que no habrá quando yo ponga corriente (a) mi muela. Aquí, desde casa, a pie o de a caballo o con carro, qualquiera puede conducir sus moliendas» (1815, agosto, 9).    

Esta afirmación y otra noticia de 1819 a la que nos referiremos en un instante dan a entender que el molino de La Yana, documentado en 1759, no se hallaba en funcionamiento. Pero la verdad es que la idea de Isidoro González era buena. Los lectores de este blog ya pudieron comprobar los problemas que originaba el difícil y concurrido tránsito del camino del Valleyo hacia los molinos de Carunde. Y cabe asimismo imaginarse muy bien los incómodos trabajos de la población al tener que recorrer la distancia que separaba el caserío del Buseco, a la ida y a la vuelta, con los caminos completamente cubiertos de nieve. 

Los documentos conservados no contienen la sentencia de este pleito, pero en la zona de La Fuentona existió un molino en el siglo XX que perteneció a la familia González, así que quizás ganaron el litigio. Nada sé de las características técnicas de dicha construcción, si era verdaderamente de cubo y si se conserva en la actualidad alguna huella de aquel depósito, aunque intuyo una respuesta negativa dada la transformación y urbanización del lugar.  

Después de sufrir la incomprensión de sus vecinos, en 1819 un hermano de Isidoro, llamado Pedro González, denuncia a Santos Díaz de Oseja y a José Díaz de la Caneja Piñán por un molino harinero que pretendían construir en el barrio de Las Cortes movido con el agua de la fuente de La Yana.  Dicho molino debía ser el que se documenta en el año 1759 perteneciente en parte a Don Joaquín de Sosa, de quien debió heredarlo su pariente, José Díaz de la Caneja Piñán. 

El argumento principal defendido por Santos y por José para la construcción del molino de La Yana era la conveniencia de poseer un molino dentro del pueblo para mayor comodidad de los vecinos a fin de que no tuvieran que desplazarse a los más alejados de Carunde o El Buseco.  

José Díaz de la Caneja figura en los documentos que rechazaban el proyecto de Isidoro González cuatro años antes. Los argumentos que combatía en 1815 contra uno de sus vecinos eran exactamente los mismos que defendía en 1819 para su propio beneficio.  
 

sábado, 15 de septiembre de 2012

EL MOLINO Y EL LAVADERO DE CALDEVILLA EN 1815 (1).



Ya sabemos que los molinos de Oseja se concentraban, a las afueras de la localidad, en los ríos Buseco y Carunde. A comienzos del siglo XIX había en el Buseco ocho molinos en funcionamiento y los documentos describen cuatro activos y varios arruinados en Carunde, así como otro en Las Salgueras. Pero, al igual que en Soto y en Ribota, también existieron molinos situados en el casco de la población, como el de La Yana que describe un documento de 1759 y uno más junto a La Fuentona que llegó al siglo XX.

Por lo que parece, un molino de cubo situado en Ruseria, entre los barrios de Caldevilla y La Pandiella, se empezó a cimentar a principios del mes de junio de 1815. Su dueño era el vecino de Oseja Isidoro González, que había sido el regidor del lugar en el año 1811, cuando fue reclutado para combatir en la Guerra de la Independencia. 

La obra se inició sin licencia del Pueblo, ocupando por una parte el solar que quedó tras haber derribado un nogal que el propio Isidoro González había comprado para este fin y, por otra parte, invadiendo terreno del común. A su vez, el mencionado nogal se localizaba junto a un huerto cercado que Isidoro tenía en el lugar, pero el molino se proyectó para edificarse fuera de dicho huerto.  

El concejo de Oseja, a través de su regidor Manuel Díaz de Oseja Rodríguez, denunció el proyecto, dictaminándose el embargo de la obra el 10 de junio de 1815 bajo la severa multa de 100 ducados e iniciándose un pleito que se prolongaría durante el resto de 1815 y el año siguiente de 1816.  

Vamos a detenernos en este pleito porque varios de sus documentos describen el entorno de La Fuentona a comienzos del siglo XIX, es decir, cuarenta años antes de que el lugar fuera remodelado por la construcción del muro de contención que rodea la actual iglesia parroquial de Oseja. 

Una vez formalizada y aceptada la denuncia por el juez ordinario, a la sazón Don Pedro Díez de Lerones, se ordenó que cada parte nombrara un perito encargado de informar sobre las ventajas e inconvenientes del proyecto. Isidoro González nombró a Manuel Díaz de Caldevilla, vecino de Soto, y el Pueblo de Oseja a Manuel Hidalgo, vecino de Pio.  En este post vamos a conocer los argumentos de los vecinos de Oseja y en el siguiente, los de Isidoro González.

La argumentación del Pueblo de Oseja fue vertida en tres documentos del 10 de junio, 1 de septiembre y 9 de diciembre de 1815 que se conservan en el Archivo de la Casa Piñán. Sus principales razones fueron las siguientes: 

1º) Los daños que causaría la construcción de una alberca necesaria para alimentar convenientemente el molino y las consecuencias negativas por desviar la corriente de La Fuentona, llamada siempre Fuente de Monasterio.

«Ysidoro González, vecino de este mismo lugar, yntenta hacer un molino en la Fuente de Monasterio, de que se pueden temer graves perjuicios qe (sic) por la escasez de l’agua precisa hacer un gran alverqe con peligro de haogarse especialmente los niños y por lo mismo, este Pueblo no ha qerido darle licencia y porqe hai molinos sobrantes en el río ha donde puede él fabricar si quiere» (1815, junio, 10).

«Y reunidas las aguas y estancadas allí se hará un atolladero de muy difícil, quando no, de imposible tránsito, lo que ahora se puede y debe evitar. Con lo espuesto concurre que si se diere lugar al proyecto del Ysidoro González  por necesidad tiene que extrabiar las aguas de su natural corriente y dirigirlas hacia el sitio de Barroseria, en donde ya se hicieron profundas simas que se aumentarán notablemente por lo quevradizo de aquel terreno, declive, en que se advierten ya profundas grietas que amenzan funestas desgracias» (1815, diciembre, 9).

2º) El perjuicio que se hacía al lavadero público y al abrevadero del ganado que allí existían, así como el estrechamiento del camino de Novenas.

«Y de hacerle en dicha fuente, ympide el labadero y Camino Real para el pago de Nobenas, por lo qe (sic) pido se embargue bajo de una grave multa» (1815, junio, 10).

«Provoca al pueblo de mi vecindad el intolerable inconveniente de pribarle substancialmente del bebedero de sus ganados, en quanto cerrada aquella cañada y apretado considerablemente, si se llegasen a encontrar dos bueis en aquel reducido estrecho se podrían maltratar y acaso matar, lo que de ningún modo debemos tolerar los demás vecinos, ni yo, ni esclavizar la livertad y franquicia con que ahora se halla dicho bebedero, ni menos pribarnos de la que tenemos para el aprovechamiento del labadero de las ropas del pueblo, que vendrá a quedar inutilizado por la ya apuntada razón si se diere lugar al proyecto contrario, como también el camino inmediato destruido al tránsito de los carros que desde inmemorial tiempo a esta parte sirvió para la condución de abono para muchas de nuestras heredades y para otros indispensables usos» (1815, diciembre, 9)

3º) Los inconvenientes que iba a causar el estancamiento de aguas en dicho lugar. 

«Y reunidas las aguas y estancadas allí se hará un atolladero de muy difícil, quando no, de imposible tránsito, lo que ahora se puede y debe evitar. Con lo espuesto concurre que si se diere lugar al proyecto del Ysidoro González por necesidad tiene que extrabiar las aguas de su natural corriente y dirigirlas hacia el sitio de Barroseria, en donde ya se hicieron profundas simas que se aumentarán notablemente por lo quevradizo de aquel terreno, declive, en que se advierten ya profundas grietas que amenzan funestas desgracias» (1815, diciembre, 9).

4º) La apropiación de terreno del común.  

«Que el terreno y sitio en que el Ysidoro González pretende fabricar el nuevo molino no es de su particular dominio, sino común de todo el vecindario, a quien por ahora no acomoda benderle y sí gozarle en la forma que se halla... Otrosí digo que el huerto contrario... se halla en terreno que fue común del Pueblo, por lo que a su merced buelbo a suplicar se sirva mandar que el Ysidoro González en el acto de la notificación presente el título de pertenencia o escritura de venta que tenga de aquel terreno» (1815, diciembre, 9).  

5º) La no necesidad de dicho molino por los muchos que ya existían en otros lugares.

«Y aunque quiere protestar el contrario la necesidad de aquel artafacto, le creemos muy distante de probarla, quando en el bien cercano Río de Buseco hay hasta un número de ocho molinos que subministran aun mayor despacho que el que puede ocurrir al vecindario de Oseja...» (1815, diciembre, 9).




 Una cosa se debe destacar antes de seguir adelante: estos documentos proporcionan una fecha ante quem para datar el lavadero de Caldevilla que todavía se conserva y que, como se dice aquí, ya existía en el año 1815. Por tanto, esta construcción tradicional tiene más de 200 años de antigüedad.