miércoles, 6 de junio de 2012

LOS DOCUMENTOS SOBRE LA REPARACIÓN DE LA ERMITA DE SAN ROQUE EN EL AÑO 1703


1.
En su libro de La Montaña de Valdeburón de 1980, el padre Martino dio a conocer un documento del año 1703 en regesto (n.169), sin editarlo, por el que el pueblo de Oseja vendía dos términos comunales, uno en Trecoro y otro en Las Vallejas de Berrunde, para poder costear la reparación de la ermita de San Roque. 

Esto es correcto en lo que se refiere a la finalidad que perseguían los vecinos de Oseja de conseguir fondos para financiar la obra de San Roque, aunque no se trata de un documento de venta, sino de dos documentos distintos y de diferente naturaleza jurídica. 

En el primero de ellos (efectivamente) se vende «un pedaço de término común en Trecoro» que está «metido montte y con grandes árboles yntratables para poderlos cultibar» a Juan Fernández y su mujer, María Díaz de Caldevilla, vecinos de Oseja, por mil reales de vellón.  Pero en el segundo documento no se vende ninguna propiedad en Las Vallejas, sino lo que es más interesante: se empeña.  

El receptor del término empeñado es Martín Alonso, vecino de Oseja, quien «presta» por ello 200 reales a la comunidad vecinal. A cambio, Martín Alonso podrá disfrutar de dicho prado durante un tiempo limitado: el que tarden los vecinos de Oseja en devolverle los 200 reales prestados («y que durante que no se los buelban, gozará y posseherá dicho término que enpeñan. Y que no le perturbarán en el gozo y possessión de dicho término asta la redençión de la dicha cantidad»).

En el apartado 4º de este artículo edito tales documentos, omitiendo únicamente el desarrollo formulístico de las cláusulas finales del primer instrumento, por su extensión y porque no aporta nada relevante. En cambio, el segundo documento, de más corta redacción, está transcrito en su integridad. Lo contenido entre corchetes se debe a las dificultades de lectura originadas por la apretada costura del legajo.

2.
En ambos documentos se dice que lo obtenido de las propiedades vendidas y empeñadas se destina al pago de la reforma de la «ermita y atrio» de San Roque por «estar yntratable para la deçencia del dicho santuario». Al contrario de lo que se escribió en el documento sobre la ermita de San Pelayo de Pio, aparece aquí el atrio o pórtico que no tenía la de San Pelayo y que sigue teniendo la de San Roque. 

Quizás la arquitectura que ha llegado a nuestros días mantenga elementos de la obra hecha en aquel año de 1703. Tampoco sabemos durante cuánto tiempo ha estado el suelo invadiendo los muros de la ermita, si los 300 años que nos separan de 1703 o menos.  

Según se ve en la primera foto, en la actualidad el suelo sobrepasa el zócalo a partir de la mitad de los muros laterales. La segunda foto muestra el nivel de sedimentación 70 años antes.  

 Foto reciente de la ermita de San Roque (fotografía de E. Rivero Granda).

Foto sacada en la década de 1940. Compárense el nivel del suelo en relación 
al zócalo en una y otra fotografía, y la ausencia de ventana.

Como se ve, existen diferencias entre ambas fotografías en este sentido pero no son demasiado llamativas. De manera que la sedimentación que se observa ha de ser más antigua.

Aparte de esto, la fotografía de los años 40 demuestra que debió existir alguna otra intervención porque este muro tiene en la actualidad una ventana que no aparece en la fotografía antigua:

Aquí se observa la ventana que no aparece en la foto de los años 40. Gracias, Josefina, por la imagen y    la información.  

Dicha intervención hubo de ser parcial, quizás limitada solo al vano, ya que de otra manera no se explicaría el engrosamiento del suelo. En este momento, no tengo suficientes datos para determinar si dicha ventana era antigua y permaneció tapiada durante algún tiempo o si se abrió con posterioridad a los años 40 y si existen registros documentales que aclaren el hecho. Tampoco sé si por el tipo de ventana, por las características de los muros o por los materiales utilizados puede deducirse algo útil. Así que dejaremos este asunto pendiente para otra ocasión. 

3. 
En las reformas de San Roque participó el mismo cantero al que se contrata tres meses antes para trasladar la ermita de San Pelayo: Antonio García Álvarez. Interviene también Pedro Ribero, que aparecía como testigo en el documento de Pio. Y como carpintero trabajó en San Roque un artífice distinto al contratado en Pio que llevaba por nombre Juan del Puerto. Los dos canteros eran vecinos del concejo de Llanes, aunque nada sabemos al respecto sobre Juan del Puerto. 

4.

DOCUMENTO nº 1
1703, noviembre, 7. Oseja.
El pueblo de Oseja, reunido en concejo, vende a Juan Fernández y a su mujer, vecinos del lugar, un pedazo de término comunal en Trecoro a cambio de 1000 reales que se destinarán al reparo de la ermita y atrio de San Roque.

       Archivo de la Casa Piñán, Sección 1,  leg.1703.

En el lugar de Oseja, concejo de Sajanbre, a siete días del mes de nobienbre de mil setecientos y tres años, ante mi escribano y testigos que abajo yrán declarados, parescieron presentes Domingo Díaz de Caldebilla, rejidor, Manuel Díaz de la Caneja, escribano, Gregorio Díaz de Oseja, Juan Alonso Tielbe, Marcos Alonsso, Juan Díaz de Caldebilla, Martín Alonsso, Juan Alonsso de Quintana, Pedro de Suero Piñán, Lorenzo Alonsso de la Mata, Agustín Díaz de Caldebilla, Gregorio de Azebedo, Juan de Bega, mayor, Juan de Bega, menor, Agustín de Bega, Manuel de Possada, Pedro Díaz de Caldebilla, mayor, Pedro Díaz de Caldebilla, menor, Agustín Moñiz, Josseph Alonsso, Lorenzo Alonsso Tielbe, Josseph Barales, Marcos Barales, Pedro Díaz de Coco, Luis de Acevedo Billarruel, Julián de Bega, Roque Bermejo, Pedro de Vega, Francisco Díaz de Caldebilla, todos vecinos destte dicho lugar, juntos de mancomún, con renunciación de leyes de la mancomunidad como en ellas se contiene, que no les balgan. 

Y estando en la parte y sitio acostunbrados, como lo tienen de costunbre, de se juntar para azer y conferir las cosas tocanttes a la utilidad de la república, a son de canpana tañida que yo, el escribano, doi fee aberla oido, y por los demás ausentes, güérfanos y biudas de dicho lugar, presentaron caución de racto, grato e mutante pacto de que estarán y pasan por lo contenido en esta escritura, so espresa obligación de sus personas y bienes y de los propios y rentas que les tocan o tocar pueden. 

Y dijeron que mediante la hermita y atrio de San Roque estaba yndecentte para el adorno del santto, por cuya causa los vecinos de dicho lugar reformaron dicha hermita con canteros y carpinteros. Y para la refición de ella dijeron y otorgaron que benden en benta real por espacio de el término limitado que les pareciere a Juan Fernández y María Díaz de Caldebilla, su muger, vecinos de dicho lugar, que sea para los susodichos y sus hijos, herederos y causantes, y para quien de los unos y los // otros hubiere boz, causa, título o raçón a lo aber y heredar en qualquiera manera, es a saber: un pedaço de término común en el término de La Huquera, que se dice Trecoro, que linda de un lado con prado de los conpradores y del otro frontea con el río caudal y del otro con el Cerrisço de La Maeda y parez que hiço los herederos de Juan Martínez «Pasos».  

Y se lo benden libre de censo, tributo, anibersario, ni otra ninguna carga por precio y quantía de mil reales de bellón en que los dichos otorgantes y conprador fueron ajustados, bueno a bueno, por estar dicho término metido montte y con grandes árboles yntratables para poderlos cultibar.  

La qual dicha cantidad se aplicó para el edificio y reparo de dicho santuario. Y los dio y entregó dicho conprador antes y primero de la fecha desta escriptura a Anttonio García y a Juan del Puerto y a Pedro Ribero, personas peritas de cantería y carpintería que hicieron dicha hermita. Y en raçón de la entrega que de presentte no parece a mayor abundamiento, renunziaron las leyes de la ejecución del engaño non numerata pecunia, prueba, paga y más del casso como en ellas se contiene, que no les balgan. Y de dicha cantidad otorgaron carta de pago rasa, finiquito en toda forma y se obligaron de no les pedir la dicha cantidad en ningún tienpo del mundo, por confesar como confesaron estar satisfechos dichos maestros. Y luego que esta escriptura es fecha y otorgada se desisten y apartan...  //...

Siendo testigos: Gregorio Alonsso Tielbe y Lorenço Barales y Mathías Piñán, naturales destte dicho lugar, a los quales y otorgantes yo, escribano doi fee conozco. Y lo firmaron los que supieron, y por los que no uno destos, de que doi fee y lo firmo.

Manuel Díaz de la Caneja (rúbrica). Gregorio Díaz de Oseja (rúbrica). Agustín Díaz de Caldevilla (rúbrica). Lorenzo Alonso de la Mata (rúbrica). Pedro de Suero (rúbrica). Manuel de Posada Harnero (rúbrica). Testigo, Lorenco Barales (rúbrica). Testigo, Matías Piñán de Queto Luengo (rúbrica). Luis de Acebedo Billarruel (rúbrica).
Ante mí, Agustín Piñán de Cueto Luengo (rúbrica). 


DOCUMENTO nº 2
1703, noviembre, 8. Oseja.
El pueblo de Oseja, reunido en concejo, empeña un término en Las Vallejas de Berrunde por 200 reales, entregándose a Martín Alonso, vecino del lugar, para que lo disfrute mientras no se le devuelvan los doscientos reales prestados. El dinero se destina a las obras de reforma de la ermita de San Roque.

      Archivo de la Casa Piñán, Sección 1, leg.1703.

En el lugar de Oseja, concejo de Sajanbre, a ocho días del mes de nobienbre de mil setecientos y tres años, ante mi escribano y testigos que abajo yrán declarados, parescieron presentes Domingo Díaz de Caldebilla, rejidor destte dicho lugar, Manuel Díaz de la Caneja, escribano, entranbos por su magestad, Dios le guarde, Gregorio Díaz de Oseja, Juan Alonso Tielbe, Juan Díaz de Caldebilla, Juan Díaz de la Caneja, Manuel Díaz de la Caneja, menor, Lucas y Agustín Díaz de Caldebilla, hermanos, Francisco Díaz de Caldebilla, Josseph Alonso, Pedro Díaz de Caldebilla, mayor, Juan de Bega, mayor, Lorenço Alonsso Tielbe, Juan Alonsso, Pedro de Bega, Agustín de Bega, Luis de Azevedo, Billarruel, Pedro Amigo Piñán, todos vecinos dél, juntos y de mancomún, con renunciación de leyes de la mancomunidad como en ellas se contiene, que no les balgan. Y doi fee son la mayor y más sana parte de los vecinos de dicho lugar. Y por los ausentes, güérfanos y biudas presentaron caución de racto, grato e mutante pacto de que estarán y passarán por lo contenido en esta escritura a son de canpana tañida de que yo, el escribano, doi fee aberla oido. 

Y dijeron que mediante este presente año los vecinos de dicho lugar espresados se animaron al reparo y edificio de la hermita y atrio del señor San Roque por estar yntratable para la deçencia del dicho santuario, por cuya causa Anttonio García y Pedro Ribero y Juan del Puerto, maestros peritos del arte de cantería y carpintería, adornaron dicha hermitta y atrio, y por los pocos medios que los otorganttes //y demás vecinos de dicho lugar tienen, enpeñaron un pedaço de [tér]mino común a Martín Alonsso, vecino dél, por el tiempo limi[ta]do que les pareciere, por cantidad de ducientos reales q[ue] presttó a dichos vecinos y les dio en nonbre de ellos a dichos más[...]. De que se dieron por contentos y entregados de dicha cantidad [por] conoçer están satisfechos dichos maestros. 

Y de ellos les dieron [y o]torgaron carta de pago rassa, finiquito en toda for[ma]. Y se obligaron de que no le pedirán la dicha cantidad en ningún tiempo ni le perturbarán en la possesión del dicho p[eda]ço de término que enpeñan. 

El qual está sitio en el balle [de] Berrunde, que se dice Las Ballexas. Y linda con dicho balle y r[ío] caudal y con la cañada de los ganados bacunos. 

Y se lo enpeñan por los dichos ducientos reales. Y que durante que no se los bu[el]ban, gozará y posseherá dicho término que enpeñan. Y que no le perturbarán en el gozo y possessión de dicho término asta la redençión de la dicha cantidad. Y asimismo pagarán [...] los edificios y mejoramientos que en ello hubiere hecho. 

Y par[a] que mejor lo cunplirán, obligaron sus personas y bienes, [pre]sentes y futuros, y los propios y rentas de dicho lugar que les to[can] o tocar pueden con poder que dieron a las justiçias de su magestad conpetentes para que se lo hagan cunplir como sentencia definitiba passada en cosa juzgada. Renunziaron las leyes de su fabor y la minoridad de dicho lugar, con la general del derecho en forma. 

Siendo testigos de dicho lugar: Pedro de Suero, Anttonio García y Julián de Bega, estantes y naturales en estte dicho lugar. A los quales y otorgantes yo, escribano doi fee conozco. Y lo firmaron los que supieron y por los que no, un testigo. Y en fe dello lo firmé.

Lucas Díaz de Caldevilla (rúbrica). Manuel Díaz de la Caneja (rúbrica). Gregorio Díaz de Oseja (rúbrica). Agustín Díaz de Caldevilla (rúbrica). //Lorenzo Alonso (rúbrica). Pedro Amigo Piñán (rúbrica). Manuel Díaz de la Caneja (rúbrica). Pedro Díaz de Caldevilla (rúbrica). Luis de Acebedo Billarruel (rúbrica). Antonio García Álbarez (rúbrica).
Ante mí, Agustín Piñán de Cueto Luengo (rúbrica).

lunes, 28 de mayo de 2012

BARRIOS Y FAMILIAS DE RIBOTA ENTRE LOS SIGLOS XV Y XVIII (y 5).


Sobre Ribota habría que hablar de muchas cosas más, como del Quintanal habitado desde 1411, en donde vivió la familia Martínez durante los siglos XV, XVI y parte del XVII. 

Habría que hablar de la familia Gómez que llegan a Ribota de la mano de Julián Gómez, párroco del lugar y contemporáneo del Arcediano.  Y de los Simón, y de los Andrés, y de los Granda y de los Díaz. 

Habría que hablar de los dos Caminos Reales que se juntan en la localidad: el Camino Real de Pontón que discurre por todo el fondo del valle hasta enlazar con el Camino Real del Beyo en Covarcil, esa obra de ingeniería sajambriega que está por estudiar. Y habría que hablar también del ramal del Camino Real que subía por Monarga hacia Soto.

Habría que hablar del camino de Niajo que se documenta desde principios del siglo XVII, de las casas y casares con techo de paja que había en La Espinera,  en La Escareda, en Songa y en La Yana del Arguyo. Habría que hablar de La Cortina o cortinas de Ribota. En 1711 era un prado lo que se nombra como La Cortina de Rumiyar y en otro documento de 1712 se habla del uso como prado de un lugar llamado La Cortina, sin más precisiones.     

Habría que hablar de los lugares del barrio de Arriba y de que su poblamiento no es antiguo. Apenas hay menciones concretas a viviendas en el barrio alto durante la Edad Moderna. Únicamente en un par de casos de 1711 y 1721 se dice que las casas de morada se hallaban entre el camino de San Pedro y el camino de Soto (1711) o junto al camino que iba a San Pedro (1721), pero sin poder precisar mucho más. 

Habría que hablar también del terrazgo cerealístico de Santa Gracia, La Viña, Tablero, La Vega, Moneo, La Mata, Tamancia, etc.  Pero por el momento quiero terminar deteniéndome solo en dos topónimos:  Ondinas y El Taraniello de Moneo.  

 “Yten un carro de yerba donde diçen Hondinas término de dicho lugar que linda [...] obra pía que fundó el doctor Osexa, arçediano que fue de Villaviçiosa, y con el río de San Pedro. Yten una tierra de quatro carros de abono en El Taraniello de Moneo” (1660). “Yten ynventriaron una tierra de dos carros de avono en El Taraniello de Moneo” (1669). “Yten ynventariaron una tierra de dos carros de abono en Hondinas, camino de San Pedro” (1669). En 1828 seguían formando parte de la Obra Pía del Arcediano los lugares de El Pradón de Ondinas, La Canga de Ondinas y La Haza de Ondinas.  

El Taraniello de Moneo es como El Taraniello de Vierdes y como tantos otros lugares del norte y, en particular, de la región de Picos de Europa, llamados igual. ¿Son topónimos relacionados con la abundancia de piedra? ¿O existiría en Moneo otro antiguo santuario al aire libre dedicado al dios céltico del trueno?  ¿Y Ondinas? ¿Cómo entender este topónimo que se repite, por ejemplo, en La Ondina de Pen del vecino concejo de Amieva? ¿Es acaso un derivado del ondar euskérico (“arena”) según dice mi amigo Ramón(1)? ¿Hay arena en el Ondinas de Ribota? ¿O hemos de suponerlo latino en su «hondura»? ¿No es el lugar sajambriego muy semejante al río que fluye bajo el castañedo llamado Ondines en Villaviciosa(2)? 

No puedo proporcionar respuestas, no las tengo. Aunque al recordar la presencia constante de lo acuático en Ribota, me gusta imaginar a los antiguos sajambriegos temiendo el acecho de los genios femeninos del agua, las ondinas, por estos parajes solitarios.   

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NOTAS
(1) R. Sordo Sotres, Notas gramaticales y toponimia no latina en Asturias, cantabria, León y Palencia, 1997, p.155.
(2) R. Sordo Sotres, Toponimia de Asturias, Cantabria y León, s.l., s.f., p.349.

viernes, 25 de mayo de 2012

BARRIOS Y FAMILIAS DE RIBOTA ENTRE LOS SIGLOS XV Y XVIII (4): La Pandiella, La Casiella, Güérgula, La Puente.


LA PANDIELLA

Cerca de la Casa de La Lastra se encuentra el lugar llamado La Pandiella que también aparece en la documentación. Durante varias generaciones vivió allí una familia apellidada Díaz/Díez, en la que se repite el nombre de Pedro Díaz de La Pandiella:

«Pedro Díez de La Pandiella y María Díaz, vecinos de Ribota» (1663); Pedro Díaz de La Pandiella, también llamado Pedro Díaz de Ribota en el mismo documento (1669); Pedro Díaz de la Pandiella (1670); Pedro Díaz de La Pandiella (1721); etc. 

En algunos años, como en 1701, se registra un Pedro Díaz de La Pandiella en Ribota y un Pedro Díaz de La Pandiella en Oseja, de manera que al problema de la homonimia se suma también en algunas ocasiones el de la identidad toponímica. En 1701 había además otro Pedro Díaz en Soto, pero gracias a Dios en dicho pueblo no se nombra por aquellos años ninguna Pandiella. 

LA CASIELLA

En 1721 se describe «otra cassa que se dize La Casiella» que lindaba con el camino que iba para La Pandiella. La casa había pertenecido a Dominga Díaz y a su marido, Domingo Díaz, sastres que habían sido de Ribota hasta el fallecimiento primero del marido y en 1721 de su mujer. 

Parece que por aquellos años del siglo XVIII la casa se utilizaba sólo para usos ganaderos: “ytten otra casa que se dize La Casiella que se conpone de establo y pajar y linda con el camino por todas partes que ba para La Pandiella», y por el momento no la tengo registrada en épocas anteriores.

EL BARRIO DE GÜÉRGULA

Todo en Ribota está relacionado con el agua, mucho más que en cualquier otro pueblo de Sajambre. Así se ve también en el nombre de uno de sus barrios, el de Güérgula, un topónimo onomatopéyico que hace referencia al ruido o borboteo del río Sella a su paso por el lugar. 

En los siglos XVII y XVIII se decía Güérgola, exactamente igual a la Foz de La Güérgola que se localiza actualmente en el Parque Natural de Somiedo, en donde lo que más destaca del emplazamiento es el ruido que hace el agua de un arroyo al precipitarse en un descenso lleno de pequeñas cascadas. 

En Güérgula vivían algunos de los Fernández de Ribota que se independizaron del solar familiar de La Vega del Soto. En 1668, Francisco Fernández denuncia a su medio hermano Lupercio porque

en el barrio de Güérgola, donde tiene su cassa y a donde rebuelve su carro, sitio que debe estar libre para el serbicio de todos, Lupercio Fernández, su ermano, arma una cassa en gran perjuicio suyo de manera que no puede rebolver el carro para llegar a su cassa”. 

Francisco y Lupercio eran hermanos de padre, el Juan Fernández muerto en 1662, cuyo inventario publicamos en este mismo artículo.

Años más tarde, el 9 de abril de 1699, los hermanos María y Domingo Fernández venden a Lupercio Fernández y Clara Díaz

quinientos reales de cassa sita en el barrio de Guérgola, según linda de un lado con casa de Domingo Fernández, bendedor, y de la otro lado con casa de los bendedores y conprador y con el río caudal”. 

El 13 de enero de 1717 se vende una vigada de casa “que está sita en el barrio de Güérgola que se conpone de madera y teja, cal y arena”, una de tantas casas de Sajambre que todavía en el siglo XVIII no estaba hecha de piedra. 

Hasta 1719 los Simón de Ribota también poseyeron una casa en Güérbula. Pero el 13 de enero de 1719, Juan de Dobreganes y su mujer, Isabel Simón, así como Francisco Díaz de Caldevilla, viudo de María Simón, su primera mujer, y las hijas y herederos de Domingo Simón y María Andrés, todos vecinos de Ribota, venden a Tomás Andrés y Ana de la Puente:

Una bigada de cassa con sus antoxanos que le corresponde atrás y adelante, que está sita en el barrio de Güérgola, que se compone de madera y teja, cal y arena, y linda dicha bigada de cassa con sus antoxanos por dos partes, con cassa de los conpradores y con güerta de Domingo Fernández”. 

LA PUENTE

Algún lugar de Ribota conocido como La Puente dio nombre a otra familia y a las propiedades que allí existían.  

Un inventario de 1669 habla de «la cassa de la Güerta de La Puente que son tres quartos de cassa» y que pertenecía a los hermanos De la Puente: María, viuda de Juan Díaz; Toribio de la Puente, casado con María Díaz, y padre de Pedro de la Puente; y Juan de La Puente.  

A esta familia perteneció también Catalina de La Puente (1664), dueña que fue de la pisa en aquel año, o Miguel de La Puente que había nacido en el año 1650 y que se sigue documentando en 1674, así como la anteriormente citada Ana de la Puente, casada con un miembro de otra familia de Ribota, los Andrés.

También existía el apellido De La Puente en Pio y en Soto, pero por ahora no me consta el parentesco entre ests tres familias. No obstante, todos los De la Puente sajambriegos aparecen como hidalgos en los patrones.

La Casa de La Puente, o de la Huerta de La Puente, tenía un hórreo delante y un huerto «debajo de él», lindaba con el río caudal y con la casa de la familia Simón, de Ribota. 

No sé si este será el mismo lugar que «la puente del molino» que a veces se menciona en los documentos de Ribota y tampoco sé si este puente del molino es lo que en 1718 se nombra como “un molino que está en el río de Mazera”.  Lo cierto es que en el año de 1598 aparece en la documentación un vecino de Ribota llamado Pedro Macero, que bien podría haber el adoptado este apellido por vivir junto al puente que salvaba ¿el río Macera? Tampoco sé si este topónimo sigue existiendo. Los naturales de Ribota quizás puedan precisar algo mejor todo esto.  

lunes, 21 de mayo de 2012

BARRIOS Y FAMILIAS DE RIBOTA ENTRE LOS SIGLOS XV Y XVIII (3): la casa de San Juan y la casa de La Lastra.


LA CASA DE SAN JUAN

En un documento del año 1668 leemos: 

«Digo que teniendo yo una cassa que llaman de San Juan en el lugar de Ribota deste Concejo, mía propia, con una cortina y güerta a la gaxa y bocero de dicha cassa, que dicha cassa y cortina parte y confina con cassa y eredad de erederos de Antonio Díez y el rivero que llaman de La Llongar y el Hoyo de San Juan». 

Esta casa que se describe era la que heredaron los hijos del escribano Sancho Díaz de Ribota y su mujer, Juliana de la Caneja, y en la que vivieron los que se quedaron en Ribota. 

El matrimonio engendró a Julián, Miguel, Cosme, Pablo, Tomás, Lupercio, Alonso, Ana y Luisa Díaz de la Caneja. Julián vivió en Ribota y sustituyó a su padre en la escribanía pero murió antes de 1659; Cosme murió antes de 1662; Miguel se fue de Sajambre; Pablo se convirtió en clérigo y murió en el año 1662;  Tomás sustituyó a su hermano en la escribanía, se casó en Oseja y se fue a vivir a la casa de su mujer en Quintana haciéndose llamar a partir de entonces Tomás Díaz de Oseja (ancestro de Ignacio y Joaquín); Ana y Alonso casaron en Oseja, hijo del último será el díscolo Manuel Díaz de la Caneja, del que tanto hemos hablado en este blog; y Luisa se casó con Cosme Sánchez yéndose a vivir a Soto, de donde era el marido. En la casa familiar de Ribota solo quedó Lupercio y su mujer Marta Díaz. 

Los hijos del escribano recibieron de sus difuntos padres propiedades por todo el Concejo, pero los hermanos que se marcharon de Ribota fueron vendiendo lo que allí les había tocado a Lupercio, en tanto que éste vendió a Tomás y a Alonso las propiedades que su mujer, Marta Díaz, había heredado en Oseja. Cuando Luisa enviudó, dejó Soto y se volvió a Ribota para vivir con su hermano en «la casa de San Juan». 

El documento citado al inicio, aunque incompleto, relata el conflicto de Luisa Díaz de la Caneja con Juan de la Puente y precisa mejor la situación de esta casa que lindaba con El Hoyo de San Juan y con La Llongar:

«Juan de la Puente, por ser enemigo mío capital y verme probe y sin fuerzas, puso quexa de mí ante vuestra merced, diçiendo que yo le debo servidunbre por dicha cortina para otra eredad que llaman La Güerta de San Juan, todo lo qual es maliçiosamente intentado».

Así pues, esta casa se hallaba entre El Hoyo y la Huerta de San Juan, deduzco que en las proximidades de la vieja iglesia.  

Ya sabemos que una cortina son tierras de labranza cercadas por un muro, en este caso de un único dueño, pero ¿qué son «la gaja y bocero» en cuya dirección parece que se hallaban dicha cortina y la huerta?  

Dudo mucho que un ayudante de escribano rural en pleno siglo XVII hubiese escrito «bocero» pensando en una pronunciación latina para un «boquero». Tendría que haber estudiado «gramática» el muchacho, lo que correspondía en la época al segundo nivel de la enseñanza. Pero por entonces en Sajambre, lo único que podía cursarse era el grado elemental. De otro lado, aunque he revisado vocabularios y diccionarios, no alcanzo a saber qué puede significar la palabra «gaxa» (debe leerse gaja)  que precede al «bocero».  

Únicamente, en el «Vocabulario de la Montaña» que ha editado la Revista Comarcal encuentro dos términos que pudieron haberse utilizado de manera metafórica: «bocera», una herida o fisura que sale en la boca; y «gajar» como sinónimo de desgarrar o romper rasgando. ¿Tendría aquella casa alguna grieta claramente distinguible que se utiliza en el documento como referencia espacial? ¿O alguien sabe de algún significado mejor para estas dos palabras de la antigua lengua sajambriega

LA CASA DE LA LASTRA

Una lastra o llastra es una piedra grande y plana que debió existir (o existe, esto no lo sé) en el lugar de Ribota así llamado y que dio nombre a una casa y a sus moradores. En diferentes documentos de 1664 1665 y 1667, entre los más antiguos, leemos:

«...sobre deçir el camino peonil por donde se yba a la casa de La Lastra» (1665); «la media casa de La Lastra» (1665); «en el camino y senda que ba para la casa de La Lastra... y ocupó el antojano de dicha casa con una partida de leña» (1667); «en dicho lugar do se dice La Lastra, la qual dicha casa de La Lastra...» (1706); etc.

Quienes vivieron allí, llevaron como indicación de procedencia en su nombre un «de La Lastra»: 

«Pedro Díaz de La Lastra» nacido en 1625, quizás el padre de «Pedro Díaz de La Lastra, el moço, vezino del lugar de Ribota» (1664); «Pedro Díaz de La Lastra, el viejo» (1665); «Juana Díaz de La Lastra» (1665); «Pedro Díaz de la Lastra por sí, Pedro, Julián y Damián Díaz, sus hijos» (1670); «Manuel Díaz de La Lastra, hidalgo notorio» (1715); «la biuda de Pedro Díaz deLa Lastra que se llama Ysabel Díaz, dueña notoria» (1715); «Ana Díaz, biuda de Julián Díaz de La Lastra, dueña notoria» (1715); etc.  

En 1706 muere un Pedro Díaz de la Caneja, cuya vivienda estaba pegada a la casa palacio que construyó en Ribota Don Toribio Díaz Prieto. A fin de quedarse con la propiedad, Díaz Prieto se la cambió por otra casa en La Lastra, que se había comprado con los bienes de la mujer de Pedro Díaz.  Según esto, es muy posible que a este Pedro Díaz le sorprendiera la muerte en medio de la transacción (situación de la que pudo aprovecharse Díaz Prieto), pues la casa se incluye en el inventario de sus bienes aclarando que había sido cambiada con el cura de Ribota.

En un pleito de 1667 sobre un problema de servidumbres de paso leemos:

«Que es verdad que entre la casa de Pedro Díaz de La Lastra y el güerto de Pedro Díez avía un camino por donde se servía la casa de La Lastra, yva y venía la xente a dicha casa y los ganados de los vecinos y ansimismo tiene ocupado el antoxano de la cassa de La Lastra con el llinero». 

La casa era de dos pisos y se componía de cocina, pajar y establo, con un huerto de hortaliza en la parte de atrás y un hórreo pegado a la casa. Se hallaba junto al Camino Real.