lunes, 30 de marzo de 2009

"EL PALACIO" DE OSEJA: UN CENTRO DE PODER DE HACE MÁS DE MIL AÑOS (I).

En Oseja existe un lugar llamado El Palacio que la carretera nacional divide en El Palacio de Arriba y El Palacio de Abajo, un amplio espacio situado en el centro de la villa, perfectamente delimitado por lo que antaño fueron el cementerio medieval, las tierras de la Iglesia, ciertos caminos antiguos y el caserío campesino.

La toponimia conservó el nombre de El Palacio hasta la actualidad y los documentos de los siglos XVI, XVII y XVIII describen unas tierras de labor así llamadas entre las que existían viviendas campesinas que, a su vez, sirvieron para identificar a sus moradores en la comunidad. Este doble uso de El Palacio como tierras de cultivo y como lugar de habitación desde, al menos, el siglo XVI, indica que el edificio que dio nombre al lugar era muy anterior al 1.500. Un segundo indicio de antigüedad es la existencia de otros vestigios que hablan de una explotación de carácter feudal en Oseja, como sucede con Las Sienras. Otra evidencia es la geografía misma del lugar y el emplazamiento en un medio rural y aislado como es Sajambre. E, incluso, al hilo de la exposición quizás podamos llegar a percibir cuál fue la primitiva estructura del poblamiento en Oseja.

El nombre de lo que hoy es un barrio de la capital del valle y la antigüedad que se desprende de las menciones documentales desde el siglo XVI son testimonios patentes de la presencia de un antiguo palatium señorial que sirvió como núcleo de explotación económica del distrito rural que tenía adscrito y como centro de administración señorial con funciones judiciales. Estos palatia nunca regían y explotaban una única aldea, sino que ejercían su poder económico y jurisdiccional sobre varias aldeas del entorno. Por las características topográficas de la zona, tales aldeas bien pudieron ser las que con el tiempo conformarían el Concejo de Sajambre.

En este viaje que nos va a hacer retroceder en el tiempo más de mil años, nos servirán como guía los trabajos del mayor especialista español en el mundo rural de la Alta Edad Media, don José Ángel García de Cortázar, quien además es un magnífico conocedor de la historia rural del norte peninsular.

sábado, 28 de marzo de 2009

LINAJE DEL ARCEDIANO (II): descendientes de la hermana Francisca.

Por razón de sus casamientos, las hermanas del Arcediano echaron raíces en Oseja, Soto y Valdeón. Coincido con el padre Martino en que Francisca fue la hermana mayor.

Francisca casó en Oseja con el hidalgo notorio, Alonso Díaz de Caldevilla, del que ya había enviudado en el año 1618. Dos años antes, el 14 de septiembre de 1616, aparece como “Francisca Fernández, ama y hermana de Pedro Díaz” (1). En aquellos años era el ama de su hermano, cuando éste disfrutaba del curato de Oseja y cuya posesión se hallaba legalmente en entredicho. En tal fecha y estando Pedro Díaz ausente, se notifica a Francisca que el futuro Arcediano ha agotado todos los plazos y cuenta con tres días para satisfacer la indemnización de 40.000 maravedíes a que había sido condenado por efectuar una permuta fraudulenta, bajo las severas penas de cárcel y excomunión mayor. El 23 de junio de 1618, Francisca se halla presente cuando el enviado del obispo de León notifica a la feligresía, reunida en misa mayor, que el Arcediano ha sido depuesto de su beneficio de cura párroco de Oseja y su anexo Soto (2).

El matrimonio de Francisca y Alonso tuvo un hijo seguro, llamado Juan Díaz de Caldevilla, a quien el Arcediano entrega en foro parte de sus casas en el barrio de Las Cortes: “la qual cassa se la tengo dada en foro a Juan Díaz de Caldevilla, mi sobrino, hijo de Françisca Díaz, mi hermana”.

Dicho Juan Díaz de Caldevilla tenía en el año 1665 un hija llamada Isabel Díaz que casó con Juan Fernández del Corral, vecino de Soto de Sajambre.

Con ésta o con una de las ramas de los descendientes de la hermana María (más bien creo que esto último), pudo estar emparentado otro “sobrino” que el Arcediano menciona en su testamento y que lleva el apellido Díaz: Matías Díaz, muerto antes de 1665.

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NOTAS
(1) Eutimio Martino, Hombres de Sajambre, León 1987, 28. Véase cómo Francisca toma el apellido de su madre.
(2) Eutimio Martino, Hombres de Sajambre, 27-29 y 33.

jueves, 26 de marzo de 2009

NOTAS SOBRE MOVILIDAD DE POBLACIÓN EN SAJAMBRE ENTRE 1300 Y 1700.

Ya vimos en otro lugar cómo las necesidades obligaron a muchos sajambriegos a huir de su tierra natal en busca de fortuna, desperdigándose por España e, incluso, partiendo hacia Las Indias en fecha tan temprana como 1512. Me interesa ahora fijarme en las gentes que llegaban a Sajambre y se establecían en valle. ¿De dónde procedían? ¿Eran muchos o eran pocos? ¿Cuáles fueron las razones que les llevaron a instalarse en este concejo?

Para intentar responder a estas preguntas vamos a prestar atención a los apellidos de los vecinos de Sajambre y a las alusiones que los documentos hagan sobre su origen geográfico. Y lo haremos sobre un centenar de documentos datados entre los años 1300 y 1700. Lógicamente, las fuentes no siempre son expresivas o no podemos contar con toda la información que desearíamos sobre los individuos documentados. Pese a ello, los casos con datos útiles proporcionan el siguiente resultado:

1. La conclusión más patente es la escasa presencia de apellidos foráneos en el período analizado, dominando de manera clara los nombres autóctonos que se repiten. Respondemos de esta manera a uno de los interrogantes planteados.

2. Entre los inmigrantes, un 50% se compone de personas de origen asturiano, especialmente de los concejos de Cangas de Onís (Caño, Labra, Següenzo), Amieva (Vega de Cien, Amieva) y Cabrales (Tielve, Bulnes). Un 16’66% son gentes originarias de Acebedo y Burón (Lario, Cuénabres). Un 11’11% llegaron de Valdeón, un 5’55% de Cantabria y otro 16’66% eran individuos de procedencias desconocidas.

3. Cuando tenemos la suerte de que la documentación sea expresiva, nos topamos con algunas de las razones que llevaron a estos individuos a asentarse en Sajambre entre el 1300 y finales del 1.600. Una de ellas fue la del matrimonio (como Ana Sánchez de Vega, natural del concejo de Amieva, que se casa con un miembro de la familia Piñán) o las relaciones ilegítimas (como María de Acebedo, quien tras vivir amancebada dejó cuatro hijos en Oseja). Otra causa es la llegada de curas, vicarios o tenientes de cura, con el arribo ocasional de algunos familiares que acaban quedándose en el valle (Juan González de Prada y tal vez Juan Manuel de Posada).

A partir del siglo XVIII parece observarse una movilidad algo mayor, aunque no en demasía. La mejora en las vías de comunicación debió contribuir bastante.

Para saber qué sucedió con los vecinos de Sajambre establecidos en los concejos circundantes tendríamos que manejar fuentes de tales lugares. De momento, sólo puedo mencionar lo que he observado en los documentos de Valdeón y lo que se desprende de la propia documentación sajambriega.

Como simples ejemplos podemos citar a Juan de Sajambre, que está documentado en Posada de Valdeón entre 1425 y 1443. Juan de Ribota, que vive en Valdeón en 1551. Juana Díez de Oseja, que se fue a vivir a Amieva al casarse con Juan Fernández Prunales de Granda; y su hermana, Catalina, que se marchó de Oseja cuando casó con el asturiano Fernando Poleto (1632). Manuel Díez de la Caneja, que vive en el concejo de Parres en 1692; etc.

Allende Pontón encontramos a la familia de Alfonso Pérez de Vierdes que tenía propiedades en Portilla de la Reina alrededor del año 1408 (le dedicaré un post en breve). Dos vecinos de Ribota que están documentados en 1607 en Vegacerneja (1). Juan del Collado, natural de Pío, que siendo vecino de Pedrosa, reside en León mientras se prepara para cantar misa. Sebastián Fernández de Cueto Luengo, originario de Ribota, que es clérigo en Gradefes, al igual que Domingo Piñán mientras estuvo de cura en la parroquia de Santo Adriano del mismo lugar, o el Arcediano cuando se fue a Bulnes, Oviedo y Madrid para formarse; o Juan Pérez de Oseja que vivió en Valladolid en 1603; o Cosme Díaz de Caldevilla, que casó en Madrid con dama de la duquesa de Osuna; o Gonzalo Asturiano, natural de Soto, que embarcó para las Indias; etc, etc, etc.

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NOTAS
(1) http://www.altoesla.com/Historia/Apellidos_AltoEsla.htm

MÁS SOBRE APELLIDOS SAJAMBRIEGOS: Martino y Bulnes.

MARTINO: Me referí a este apellido al hablar de los patronímicos y, en concreto, de aquellos que tenían su origen en un nombre de pila sin la presencia del sufijo –z. Allí mencionaba también cómo Martino debe entenderse como una simple variante asturleonesa de Martín, derivada directamente de la forma latina (Martinus) y recordaba para ello tanto el caso del monje viajero, Santo Martino de León, como los varios topónimos así designados en lengua romance (entradas de 2008-10-18 y 2008-10-12, etiqueta: Nombres).

Quiero ahora hablar de los casos que aparecen en los documentos de los archivos históricos. La forma más antigua que conozco hasta el momento utilizada como apellido en la comarca es la de un Gonzalo Martino que aparece en un documento fechado el 18 de julio del año 1409. Este “Gonçalo Martino” fue vecino de Riaño y uno de los procuradores que arriendan para su concejo el término de El Frade al concejo de Valdeón por 6 años (1).

Tanto el Martino sajambriego, como los “otros Martinos” documentados en todo el antiguo reino de León, han de tener dos únicas procedencias: o patronímica o toponímica. Toponímico sería el origen del apellido de este Gonzalo si procediera del lugar de Valmartino (>valle de Martinus), a 3 km de Cistierna y a 30 km del propio Riaño. Y patronímico sería si se quisiera indicar, por ejemplo, "Gonzalo (hijo) de Martino".

Son razones por las que no creo plausible una idea que goza de cierto predicamento entre algunos vecinos de Soto y que afirma que el apellido Martino sajambriego tuvo un origen italiano. No es argumento aceptable que exista un apellido idéntico en Italia (como tantas otras palabras, pues las dos lenguas tienen el mismo origen en el latín, en este caso en la voz latina Martinus). No considero aceptable esta hipótesis cuando está perfectamente documentada en España y, en concreto, en el solar del antiguo reino de León, la forma romance en nombres y en apellidos; cuando Soto jamás se caracterizó por ser un enclave abierto a la influencia foránea, sino todo lo contrario; y cuando lo que este apellido atestigua es, en realidad, la pervivencia de una arraigada tradición lingüística autóctona.

En Sajambre, el apellido Martino ya aparece en los padrones de 1552 y está sobradamente documentado en los siglos XVI y XVII hasta la actualidad. Estoy convencida de que si no aparece antes en las fuentes es por la escasez de documentos conservados.

BULNES:
Naturalmente, el origen de este apellido es de carácter toponímico y procede de la aldea cabraliega así llamada. Documentado en Cabrales y Liébana desde la Edad Media como indicativo de procedencia, no aparece en los padrones sajambriegos de 1552 y 1555. La primera persona, documentalmente conocida, que portaba este topónimo en su nombre fue la madre del Arcediano, Juana Fernández, llamada de Bulnes, no porque fuera éste su segundo apellido sino porque procedía de este pueblo cabraliego. El Arcediano nace hacia 1583, luego hemos de situar a Juana Fernández en Oseja en el último tercio del siglo XVI.

Durante la mayor parte del siglo XVII sólo hubo una familia que llevaba el Bulnes en su apellido: la de Juan Díez de Bulnes que está documentado en 1607 como vecino de Soto de Sajambre, (Archivo Piñán, Sancho Díaz 1607-11-20). El apellido aparece en los padrones de 1680 como “Díez de Bulnes” vinculado únicamente al pueblo de Soto (5). Hay que esperar a 1705 para encontrar una segunda familia, la de Juan González de Bulnes, que fue juez del Concejo de Sajambre.

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NOTAS
(1) El documento está editado íntegramente en mi estudio: Elena E. Rodríguez Díaz, Valdeón: Historia y Colección Diplomática. El occidente de Picos de Europa en la Edad Media, ed. RIDEA, Oviedo 2000, n.19, 245-246.
(2) Los casos son muy abundantes en la documentación sajambriega: Xuan de Gutierre, Xuan de Gonzalo, Pedro de Suero, María de Simón, etc.
(3) Puede verse en Valdeón: Historia y Colección Diplomática, 324.
(4) Basta hacer una pequeña indagación superficial en la base de datos del Portal de Archivos Españoles.
(5) E. Martino, La Montaña de Valdeburón, Madrid 1980, 122.