lunes, 14 de septiembre de 2009

EL PUEBLO DE SOTO ENTRE 1550 Y 1830 (2): el barrio de La Caspariella.

Anverso de una moneda de 2 maravedís de Felipe III (1603) encontrada en Sajambre.

Otro de los céntricos lugares del Soto actual es lo que aparece en los documentos como “el barrio de La Caspariella”, presente en el año 1616 en el nombre de un Pedro Díaz de la Caspariella y en 1669 en el de otro Pedro Díez de La Caspariella, quizás un hijo del anterior (Oseja, Archivo Piñán, cuentas de Gonzalo Piñán de 1616 y José Díaz de Caldevilla 1669-04-01 respectivamente). En estos casos el topónimo era, como ya sabemos, una adición que indicaba el lugar “donde tienen sus casas de morada” (Madrid, AHN, Cons. Ord., exp. 1531).

Los vecinos de Soto pronuncian hoy Gaspariella, debido a la confusión C- G que hemos heredado del latín, pero la forma correcta es la que aparece en los documentos antiguos. En leonés, una 'caspariella' es un 'cásparo' pequeño, o sea, un suelo pizarroso o un lugar en donde aflora la pizarra. No muy lejos de Sajambre, encontramos este mismo topónimo. Me refiero al barrio del Cásparo de la localidad leonesa de Prioro.

En el barrio de La Caspariella se ubicaba lo que a principios del siglo XIX era un caserón abandonado conocido en el lugar como La Cocinona:

“...inventariaron... la tercera parte de un casarón llamado La Cocinona, sito en dicho barrio de La Caspariella, fronteando con la Calle Real...” Las otras partes de este caserón pertenecían a Juan Lorenzo de Martino y a los herederos de Salvador Díaz de Oseja (Archivo Piñán, José Antonio Díaz de la Caneja, 1805-12-06).

Este aumentativo parece indicar que nos encontramos ante los restos de alguna casa antigua y destacada por sus dimensiones y, en consecuencia, por la importancia de sus dueños en la comunidad. Lo que no sabemos es si era el mismo edificio que lo que en la misma fecha se conocía como La Casona:

La huerta que linda con la riega de La Casona tiene en dicha huerta este caudal: doscientos reales” (Ibídem).

Estas dos propiedades pertenecían a la misma familia: los herederos de los difuntos Pedro Díaz de la Caneja e Isabel González. Ambos vivían en una casa, cuyos espacios internos y externos son descritos por el notario de la siguiente manera:

La casa donde vivía la difunta, sita en este barrio de La Caspariella, que linda con la riegona del Campo...” se componía de “la bodeguita, mandada a Bernarda, tasada en trescientos cuarenta reales”, a la que se accedía desde el portal. En el piso de arriba, la vivienda tenía dos cuartos, cuya mitad lega a uno de sus hijos: “...la media casa de arriba dividida en aposentos, con su alto y con su bajo... en setecientos cuarenta reales...”. A la entrada había una “pajareta que está delante de la dicha casa, que es caedizo de la casa de caballeriza de Juan Lorenzo de Martino, se tasó en 20 ducados”. A la casa de morada pertenecía “el sitio de un medio órrio por bajo de casa que se halla hecho huerto, tasado en veinte reales” y que estaba situado mirando a La Cocinona. En el mismo lugar poseían también “otro huerto lindando con la casa de vivienda, que fue casar, tasado en cien reales”. Al final del documento se especifica que todos estos bienes formaban parte de la herencia del marido difunto, Pedro Díaz de la Caneja, que ahora pasaban a los tres hijos Lucas, Bernarda y Tomás (Archivo Piñán, José Antonio Díaz de la Caneja, 1805-12-05/06).

En La Caspariella se encontraba también la casa de María Díaz de Caldevilla que en 1813 se componía de bodega, caballeriza y pajar en el piso bajo y cocina y cuarto en el piso de arriba, “fronteando con la riega y el camino real”.

PRÓXIMA ENTRADA: la iglesia y los barrios de La Caneja y Vallobal.

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