domingo, 14 de diciembre de 2008

LA DESAPARICIÓN DE LAS JUNTAS VECINALES DE SAJAMBRE EN EL SIGLO XX (final).



El pasado 19 de agosto de 2008 terminaba la primera parte de la conferencia que impartí en Soto de Sajambre preguntándome por qué en Valdeón se habían conservado Juntas Vecinales y en Sajambre habían desaparecido. Me preguntaba qué pudo suceder para que se perdiera uno de los bienes más preciados del Patrimonio Histórico sajambriego, porque este rango tiene, como lo reconocen las leyes, una práctica antiquísima cuyos orígenes más remotos son anteriores a la llegada de la propia Roma y en la que se conservó, además, la esencia del espíritu democrático popular de las comunidades de aldea.

La respuesta parece estar en el solapamiento de una doble realidad sociopolítica: una realidad de derecho y otra de hecho. La “situación de derecho” reconocía la existencia de Entidades Locales Menores dentro de los Municipios pudiendo disponer de administración propia, con sus alcaldes pedáneos, sus Juntas Vecinales en régimen de concejo abierto, sus ingresos y sus bienes. Por eso, en nuestro valle los Pueblos siguieron reuniéndose a concejo en el siglo XX, siguieron ostentando la propiedad de los montes no desamortizados y conservando su patrimonio. Sin embargo, en épocas de predominio de un gobierno local articulado en base a la existencia de redes clientelares y amparado por determinados sistemas políticos que utilizaban similares instrumentos de control social que las estrategias del patronazgo, las Juntas Vecinales (aun estando reconocidas por las leyes vigentes) se convirtieron en instituciones incómodas cuando lo que se pretendía era poseer el control absoluto del poder local (incluido el económico). Esta “situación de hecho” será la primera causa de la desaparición de esta antigua institución.

El procedimiento elegido para desmantelar la organización tradicional de las Juntas Vecinales en Sajambre fue el de ir arrebatando a los Pueblos la base de su sustento económico, lo que les permitía mantenerse como una institución descentralizada del Ayuntamiento matriz: la propiedad de los montes. Al carecer de fuentes de ingresos y de bienes propios que administrar y gobernar, las entidades menores fueron dejando de tener sentido hasta desaparecer. En la historia de la Edad Contemporánea de Sajambre (que también está por escribir), la lamentable desaparición de las Juntas Vecinales es un tema que merece ser estudiado en profundidad para conocer con detalle el porqué, el para qué y exactamente el cómo. Con respecto a esto último, las fuentes documentales conservadas en distintos archivos ilustran sobre lo sucedido en aquellos años. En algunos registros conservados se retrata el uso de procedimientos que fueron rechazados por las propias autoridades del Estado.
Las fotografías que encabezan este post muestran la parte dispositiva de un documento de la autoridad del Distrito Forestal de León, en el que se devuelve al Ayuntamiento de Oseja de Sajambre una solicitud, dirigida a la Dirección General de Montes, del Ministerio de Agricultura, en la que se pedía que los predios ns. 489 y 490 del Catálogo General de Montes de la Provincia de León, en donde aparecían adscritos a los correspondientes Pueblos que eran sus legítimos dueños, pasaran a figurar como propiedad única del Ayuntamiento de Oseja de Sajambre. Por proceder esta petición de una decisión unilateral y no haberse respetado el procedimiento administrativo que exigía la Ley, la autoridad competente devuelve la petición al Ayuntamiento de Sajambre expresándose en los términos que pueden leerse en las fotografías adjuntas. Documentos como éste están esperando su historiador.

FIN DEL ARTÍCULO


martes, 25 de noviembre de 2008

MITOS DE SAJAMBRE: "AQUÍ NUNCA HUBO ANALFABETOS"

1. Con este artículo inicio una nueva sección dedicada a explicar o a buscar el origen de algunos MITOS (antiguos o modernos) que se prodigan en el valle, y comienzo con una afirmación recurrente y frecuentísima entre las gentes de estas tierra: "Aquí nunca hubo analfabetos".

2. Para comprobar su veracidad, lo primero que debemos hacer es cuestionar lo que significa en esta afirmación la palabra "NUNCA", porque ¿se refiere a las presentes generaciones? ¿A todo el siglo XX? ¿O a mucho más tiempo quizás? En una conversación mantenida con gentes de Oseja durante este verano había quien extendía tal afirmación "al menos, hasta el siglo XIX". Cuando los documentos medievales querían aludir a algo muy antiguo, utilizaban esta hermosa expresión: "hasta que memoria de hombres no alcanza". En este caso y de ser cierto lo que nos ocupa, sería más probable que este "nunca" (que a los vecinos de Oseja les gusta enfatizar) se limite a la memoria reciente. No obstante, me dispongo a comprobarlo documentalmente.
De otro lado, la historia local ha venido insistiendo en la importancia que tuvo para la educación del lugar la fundación que hizo el Arcediano de Villaviciosa,

Pedro Díaz de Oseja, en el año 1665 al incluir entre sus mandas testamentarias la dotación de una escuela elemental en Oseja. ¿Se referirá, acaso, la tradición oral a que a partir de la época de dicha fundación desaparecieron los analfabetos? ¿Podrá atestiguarse un "efecto Arcediano" en este asunto?

3. Para comprobarlo, decidí indagar en las fuentes documentales que mencionan la capacidad de firmar de otorgantes y testigos en un período amplio de tiempo, que establecí entre los años 1500 y 1880, aunque cabe señalar que este objetivo se ve condicionado por dos factores: a) al tratarse de una etapa preestadística, tendremos que servirnos de un muestreo; y b) el número de fuentes útiles condiciona el número final de individuos computados y su cronología. Según esto, los resultados han sido obtenidos de un total de 78 documentos que aportan información sobre 619 individuos (545 hombres y 74 mujeres). El exiguo número de mujeres se debe a la incapacidad jurídica que les fue impuesta por las sociedades patriarcales (por no decir otra cosa).

miércoles, 12 de noviembre de 2008

MÁS SOBRE APELLIDOS SAJAMBRIEGOS (V): VARALES, REVUELTA, GRANDA, PANADERO Y SIMÓN.

VARALES.- Las variantes más antiguas aparecen siempre documentadas como Barales. Atestiguado en Oseja ininterrumpidamente desde 1552 hasta la actualidad. Es muy probable que tuviera origen en un oficio, sobre todo conociendo la antigua dedicación de los vecinos de Sajambre al trabajo de la madera. El origen de Varales se entendería por la especialización artesanal que también explica el origen de apellidos como Rueda o Correa.

REVUELTA.- Apellido que viene siendo considerado originario del Valle del Pas, en Cantabria, aunque existe un foco asentado en el concejo asturiano de Aller desde los epílogos de la Edad Media.- Por las noticias que poseo a día de hoy (susceptibles de corrección en caso de inexactitud por mi parte), este apellido llega a Sajambre en la primera mitad del siglo XX instalándose en Oseja.

GRANDA.- Al igual que el caso ya analizado de VEGA, es forma toponímica que procede de una palabra de origen prerromano que sirve para designar “una elevación estéril o un suelo de piedra o arenoso”. Muy extendido en el Cantábrico occidental, especialmente en tierras asturianas. Su uso como apellido puede proceder de algún emplazamiento así designado bien de la toponimia mayor, o bien de la menor.- En Sajambre aparece documentado desde 1552, localizándose los testimonios más antiguos en Oseja. En 1631, un “Xuan Granda” poseía una casa en La Pandiella, junto a las Cortinas Viejas.

PANADERO.- Apellido que tiene su origen en la identificación por el oficio, en el mismo sentido que casos tan comunes como Herrero, Sastre, Alcalde, Guerrero, o de otros como Merino, Ferrer, Jurado, Ballester, Fuster, Sabater, etc.- Se documenta en Sajambre, en concreto en Oseja, desde 1996 y adquiere oficialidad el 26 de octubre de dicho año.

SIMÓN.- Apellido utilizado también como nombre y documentado en Soto y Oseja desde el año 1552; bajo la grafía “Ximón” aparece en Ribota en 1621.

Una de las estrategias en la formación de los apellidos españoles fue la siguiente: la costumbre tradicional del mundo rural de designar y distinguir a las personas indicando el vínculo con el padre, la madre o los respectivos consortes (“Pepe el de María”, “Esperanza la de Esteban”) fue un práctica antigua que, con el uso frecuente y el paso del tiempo, se fue simplificando (“Pepe de María”, “Juana de Simón”) hasta convertirse los antropónimos de referencia en apellidos autónomos. Este es el origen de SIMÓN como apellido y, junto a la posibilidad toponímica, explicaría también el origen de MARTINO. Veámoslo a través de las propias fuentes documentales.

Si nos fijamos, por ejemplo, en los documentos notariales del siglo XVII encontramos casos como el de los vecinos de Oseja llamados “Pedro de Gonzalo” en 1632 y “Pedro Gonzalo” en 1669; “Juan de Francisco” (1631, 1632); “María de SIMÓN” (1627); “María de Santos” (1631); “Alfonso de Martino” (1627); “Toribio de Suero” (1633); o la forma evolucionada de “Pedro Miguel” a mediados del siglo XVII.

Es decir, al igual que la designación del tipo “María (la) de Simón” acabó derivando en la simplificación “María SIMÓN”, el apellido MARTINO (variante leonesa de Martín como dije en otro lugar) bien pudo proceder de una primitiva identificación expresada al modo de, por ejemplo, “Juana (la) de MARTINO”.

domingo, 2 de noviembre de 2008

LA CAPELLANÍA DE LA VIRGEN DEL PÓPOLO (II): la fundadora, doña Juana González de Coco.

Juana González de Coco estableció en 1625 una fundación piadosa que consistió en una capellanía adscrita a la iglesia de Soto que llevaba por nombre “capellanía de la Virgen del Pópolo” (Eutimio Martino, Valdeburón, n.139). Definiré esta institución más adelante porque ahora quiero centrarme en la personalidad de la fundadora.
El apellido González es un patronímico que significa "hijo de Gonzalo" y, aunque hoy haya desaparecido, el apellido Coco se documenta desde el año 1598. El documento fundacional de la capellanía dice que Juana González era originaria de Soto y en Soto aparece el apellido Coco en la fecha más temprana (1598), cuando se menciona “la casa de Pedro de Coco” (Archivo Piñán, Toribio de Granda 1598-05-04). En un documento hecho en Oseja en 1633, uno de los testigos se llama Agustín Fernández de Coco (Archivo Piñán, Sancho Díaz 1633-12-21). En 1659, Baltasara Díaz de Coco, mujer de Ventura Díaz, tenía un prado en el Verrunde de Oseja (Archivo Piñán, 1659). En 1680, el apellido Coco vuelve a documentarse en Soto (Eutimio Martino, Valdeburón, n.157). Y en 1794 se cita a un Manuel Alonso de Coco (Colección Particular, Francisco de Mendoza 1798-03-10).


Pero la noticia más interesante nos la proporciona el documento fundacional cuando menciona al primer beneficiario de su capellanía: su sobrino Domingo Piñán, a la sazón cura de Oseja y su anexo, Soto. Se trata de Domingo Piñán de Cuetoluengo, el mismo que construyó una parte de la Casa Palacio de Oseja, así como la capilla señorial de Santo Domingo, que fue Comisario del Santo Oficio y que es, hasta el momento, el personaje más antiguo que conocemos del linaje Piñán.


El parentesco debía venir por línea materna y coincide en nombre con la mujer del hermano de Domingo, llamado Gonzalo Piñán, documentado en el año 1579 y muerto antes de 1636, cuyos hijos María González (viuda de Alonso de Biya en 1592), Juan Piñán y Pedro Piñán están documentados en Soto, mientras que Agustín Piñán y Gonzalo Piñán lo están en Oseja junto a su tío Domingo. Al ser el nombre de Agustín poco frecuente en el Sajambre de esta época y aparecer siempre vinculado a la familia Piñán, a este Agustín que fue sobrino carnal del comisario y que vemos en documentos de mediados del seiscientos, bien pudo ponérsele el nombre de algún antepasado; de manera que, tal vez, el Agustín Fernández de Coco documentado en 1633 perteneciera a esta misma familia. Nótese también la reproducción del nombre de la fundadora en uno de los hijos de Gonzalo Piñán de Cuetoluengo que, por lo que sé a día de hoy, hace el número I de los Gonzalos de esta familia.


La fundación de la capellanía nos dice otra cosa interesante: Juana González de Coco vivía en Madrid, tenía propiedades inmobiliarias en dicha ciudad y suficiente caudal para establecer una fundación piadosa en su pueblo natal. Esto quiere decir que la familia Piñán debía disfrutar de una holgada situación económica antes de la aparición en la escena sajambriega de Domingo Piñán. No en vano, este personaje había estudiado en la Universidad, alcanzado el grado de licenciado y obtenido el curato de Santo Adriano de Gradefes antes de llegar a Oseja en 1621. Ninguna de estas cosas habrían sido posibles sin medios económicos. Hay que remarcar también que, entre 1598 y 1622, vemos a su hermano Gonzalo Piñán y a su mujer, Juana González (la homónima de la fundadora), comprando propiedades en Sajambre.


En resumen, esta primera Fundación sajambriega documentada estuvo vinculada al pueblo de Soto, fue establecida por un miembro de la familia Piñán y disfrutada por otro miembro de la misma saga.


PRÓXIMO CAPÍTULO (de este artículo): la institución de la capellanía en el Antiguo Régimen.