viernes, 2 de noviembre de 2018

EL USO DE VARAS DE CUENTAS EN SAJAMBRE DURANTE EL SIGLO XVI


En el año 1586, los sajambriegos tuvieron que efectuar un recuento fiscal del pago de alcabalas y de las actividades productivas de cada uno de los vecinos de los pueblos del concejo para enviarlo a la hacienda regia.  Para recabar toda esta información, nombraron por representantes a Pedro de Gonzalo, Suero de Vierdes y Juan de Prieto, por Oseja; Gonzalo Piñán y Diego de la Caneja, por Soto; Juan Fernández, por Ribota; Hernando Díez, Juan de Redondo y Hernando de Prieto, por Vierdes y Pio, junto a Alonso Martínez de Oseja, juez del concejo, y a Diego Fernández de Cueto Luengo, escribano del rey afincado en Soto, que escrituró los documentos.

Cuando quisieron dar cumplimiento a las órdenes reales al respecto, que exigían efectuar un traslado de los libros y registros en los que debía haber quedado escrito el reparto de la alcabala de los años 1579, 1580, 1581, 1582, 1583 y 1584:

 Que digan e declaren quánto an repartido y pagado cada uno de los dichos vezinos en los dichos seis años y que para ello traxesen los memoriales y libros que tienen.

Los sajambriegos se vieron obligados a dejar constancia de lo siguiente:

A lo qual respondieron los dichos diputados que no tienen libros, ni memoriales, ni se husan asentar por memoria los dichos repartimientos, sino en baras y en palos de madero. Nota en el margen izquierdo: Que reparten por varas y no por scripto y no pueden dar traslado de ningún repartimiento y las causas (1).

Las varas y palos tallados fueron herramientas de cálculo utilizadas por todos los pueblos de la Tierra desde el Paleolítico Superior. En 1994, Georges Ifrah introducía de la siguiente manera el capítulo dedicado a este recurso mnemotécnico en su monumental historia de los números:

La práctica del tallado tiene al menos cuarenta milenios de antigüedad. Técnica primitiva y sin porvenir, diríamos. Primitiva ciertamente, pero no sin porvenir. Ha llegado hasta hoy casi sin alteración, a través de milenios de evolución, de historia y de civilizaciones. Sin saberlo, nuestros ancestros idearon hace más de treinta mil años el invento que habría de batir una de las marcas de longevidad de todos los tiempos. Ni siquiera la rueda es tan antigua. Solo el uso del fuego puede rivalizar con él (2). 

Hueso de Ishango con marcas de conteo.
Los instrumentos más primitivos están ligados al Homo Sapiens y fueron encontrados en África (Ishango) y en Europa en el período comprendido entre los 35.000 y los 20.000 años, perpetuándose hasta el siglo XIX en Inglaterra para uso institucional (suprimidos en 1826); entre los pastores escandinavos, célticos, alemanes, toscanos, dálmatas, alpinos y húngaros hasta la década de 1830; o en las panaderías rurales de Francia hasta el año 1900 (3).  En el Museo de León se conservan dos varas de sauce procedentes del Palacio de los condes de Luna. En la actual provincia de León, el uso de estos instrumentos contables ya se documenta en el siglo XV.

Por tanto, lo sucedido en Sajambre durante el siglo XVI se inserta en la casuística conocida y, al mismo tiempo, la geografía leonesa del uso de estas varas de cuentas se extiende desde la Montaña Occidental, perteneciente a los dominios del Condado de Luna, hasta la Montaña Oriental, porque en Maraña pasó lo mismo que en Sajambre. En el documento de 1586 elaborado por Tristán Álvarez de Riero, juez ordinario del concejo de Maraña y escribano del rey, se dejó constancia de que ellos tampoco pudieron hacer copia de los registros de alcabalas porque no los tenían, a causa de

Averse hecho en rayas fechas en baras y no en escrito, por averse perdido y no poder aver raçón dellas (4). 

Es decir, los dos casos de Sajambre y de Maraña atestiguan que esta práctica, tan característica de las sociedades ágrafas, todavía existía a finales del siglo XVI en el entorno de los Picos de Europa. Por lo que no sería nada raro que algo similar hubiera quedado registrado en las averiguaciones o en otros documentos de carácter fiscal o económico de Valdeón, de Valdeburón o de otros concejos de la comarca.

Museo de León
El tallado de varas o palos sufrió una evolución desde la Prehistoria. Por los casos conocidos, sabemos que cada pueblo desarrolló una notación distinta, partiendo de las marcas más antiguas y universales que fueron las rayas verticales, normalmente agrupadas en número de cinco (por los cinco dedos de la mano). Desde esta variedad más antigua, los pastores europeos se sirvieron de muescas y signos de diferentes tamaños, formas o intensidades formando conjuntos que llegaron a constituir una auténtica codificación, hecha por individuos que no sabían leer ni escribir. Pero es que, aparte de la pérdida de la memoria popular que nos permitiría hoy comprender tales marcas, hay que resaltar que los cómputos podían tener diversas funciones, lo que dificulta más su interpretación. Por ejemplo, las cantidades grabadas en una de las varas del Museo de León (aumentar la fotografía adjunta) se podrían descifrar sin demasiada dificultad. Lo que se desconoce es para qué servía dicha vara o qué era lo que estaba representando esta notación. 

El caso sajambriego corresponde a repartos del impuesto de la alcabala entre el vecindario y las cantidades registradas tuvieron cierta complejidad. Lo sabemos porque 

Yten dixeron los dichos diputados que abían hallado la bara en que está cortada la alcabala de lo que paga cada vezino el terçio deste mayo próximo pasado y es lo syguiente (5).  

Nótese cómo se refieren a lo que está cortado en el palo, no a lo que está escrito, pintado o expresión similar.  De entrada, estos cortes y las rayas de los marañeses confirman que la técnica utilizada fue la del grabado y no otra modalidad (como el uso de la tinta que hicieron los ingleses en la Edad Media).

La vara localizada correspondía a uno de los tres plazos anuales (tercio) para pagar el impuesto de la alcabala, en este caso, por parte del vecindario de Oseja y lo que se hizo fue volcar en un documento escrito el contenido de la vara encontrada. Al conservarse dicho documento, comprobamos que había cantidades enteras y fracciones que se expresaron en reales, medios reales, cuartillos y maravedís, siendo la unidad del real el número entero y las fracciones los medios reales, los cuartillos y los maravedís (6). Además, cada cantidad correspondía a cada uno de los 46 vecinos de Oseja y, como se ve en los siguientes fragmentos, no se trataba de cantidades homogéneas:

Pedro Prieto y Bartolomé Díez, dos reales.
Pedro de Alonso, sesenta y tres maravedís.
Diego Díez de la Pandiela, dos reales y doze maravedís.
Juan Martínez, real y medio.
Alonso Cabrero, un real y quartillo.
Diego Moniz, tres quartillos.
Ysabel, biuda, doze maravedís.
Pedro de Gonzalo y Juan de Gonzalo, siete reales.
Juan de Hernando y su madre, çiento e quarenta e dos maravedís y medio.
Azebedo y sus hermanos, tres quartillos.
Juana de Granda, medio real.
Gonçalo Canín, çinco quartillos.

Por fuerza, los sajambriegos de 1500 tuvieron que poseer un sistema organizado de signos que permitiera distinguir los números enteros de las fracciones, al tiempo que cada cantidad quedara asignada claramente a cada vecino. Todo esto en una única vara, pues los documentos siempre se refieren a ella en singular. 

Si se hubiera conservado alguna de estas varas sajambriegas, el documento de 1586 haría las veces de una Piedra Rosetta y podríamos descifrar los signos grabados en los palos del valle que, supongo, no serían de sauce (como los del Museo de León), sino de madera de roble o de alguno de los árboles autóctonos. Pero, hoy por hoy, las fuentes no permiten precisar más. Ahora bien, la constatación del uso de esta técnica de contabilidad tan arcaica en Sajambre durante el siglo XVI ya me parece muy interesante en sí misma, porque además extiende a la Montaña Oriental lo ya conocido para la Montaña Occidental leonesa. Aparte de todo esto, el documento que "traduce" el contenido de la vara de Oseja podría servir de pista para el desciframiento de las varas leonesas conservadas. 



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NOTAS

(1) Archivo General de Simancas, Expedientes de Hacienda, leg.164-20, f.5r.
(2) Georges Ifrah, Historia universal de las cifras. La inteligencia de la Humanidad contada por los números y el cálculo, Espasa Calpe, 1997 (2ª ed.), p.173.
(3) Ibídem, pp.175-177.
(4) AGS, Expedientes de Hacienda, leg.164-20, 3r.
(5) Ibídem, f.10v.
(6) El cuartillo era la cuarta parte de un real y 1 real equivalía a 34 maravedís.

viernes, 5 de octubre de 2018

LOS HÓRREOS DE SAJAMBRE EN LOS DOCUMENTOS ANTIGUOS


Hoy se conservan muy pocos hórreos en Sajambre, pero en los siglos XV y XVI había uno delante de cada casa en los cinco pueblos del valle, porque el hórreo fue un elemento inseparable en la unidad de poblamiento sajambriega, que se componía de casa, hórreo y huerta.

El hórreo es un granero alzado sobre pilares, característico de la arquitectura tradicional en madera de todo el Norte peninsular, desde Galicia a Navarra y desde la costa cantábrica al septentrión de las provincias de León y de Palencia, que existía con seguridad en la Edad Media y quizás antes. Como se sabe, existen diferentes teorías para explicar el origen de los hórreos peninsulares. 

Índice de este artículo:

1. El contexto histórico del hórreo sajambriego. 2. Los hórreos sajambriegos más antiguos. 3. La identificación del hórreo en los documentos. 4. El uso del hórreo. 5. Elementos constructivos documentados. 6. Recapitulación. 7. Notas.

1.-EL CONTEXTO HISTÓRICO DEL HÓRREO SAJAMBRIEGO



En los valles de los Picos de Europa, el hórreo se registra en documentos del siglo IX. En un conocido caso lebaniego del año 831 se alude a varios hórreos, entre ellos uno en Camarmeña (1), hoy en el concejo asturiano de Cabrales y muy próximo a las tierras de Valdeón. En el año 1001 se registran hórreos en la Montaña de Riaño (2), en concreto en Valdoré, y en el 1046 en Taranes (Ponga).

Es verdad que estas simples menciones no nos permiten conocer la forma y peculiaridades de aquellas construcciones rurales de la Alta Edad Media y no podemos saber si tenían pegollos o, en cambio, si se hallaban más cercanas al modelo de granero romano llamado horreum. No obstante, el documento citado del año 831 especifica que los hórreos se hallaban ‘delante de las casas’, ubicación espacial característica de los orros tradicionales de Asturias, Cantabria y León.

Dado que en los valles de Sajambre y de Valdeón existió población en el período altomedieval, hay que pensar que sus habitantes tenían hórreos (fuera cual fuera su forma), como los tenían todos sus comarcanos.

Según los estudiosos de estas materias, el prototipo más arcaico en esta zona del norte peninsular era el de un granero alzado sobre cuatro pegollos, de pequeñas dimensiones y de planta cuadrada, con paredes de madera o de varas entretejidas (sardo) y cubierto a dos aguas con techo de tabla o de paja (3). Así debemos imaginar el hórreo medieval. A lo largo del siglo XV se empezaría a introducir la teja en la cubrición; y a partir del siglo XVII se difundieron las paneras, es decir, hórreos de mayor tamaño y planta rectangular sustentados en seis o más pegollos. Esta difusión se produce desde la zona nuclear asturiana comprendida entre los ríos Sella y Nalón (4).

En el Sajambre de la Edad Moderna, como también en Asturias, no todos los campesinos fueron propietarios de un hórreo. La fragmentación de la propiedad por la transmisión hereditaria originó una división interna de esta construcción rural con partes (medio hórreo, un cuarto de hórreo, incluso medio cuarto de hórreo) que se vendían y se arrendaban. Estas transacciones, en una sociedad con graves carencias económicas que sufrió además muchas crisis de subsistencia durante su historia, fueron una de las causas por las que muchos vecinos de Sajambre ya carecían de hórreo a mediados del siglo XVIII. Además de los inventarios post mortem, la situación quedó registrada en los volúmenes del Catastro de Ensenada de 1752. En Asturias, el inicio del retroceso del hórreo se produce en la misma época: entre 1650 y 1750.

En 1752 había en Sajambre 109 vecinos de casa abierta y 65 hórreos. En el año 2005 solo quedaban 26 hórreos (5).

2.- LOS HÓRREOS SAJAMBRIEGOS MÁS ANTIGUOS



Los primeros documentos conservados que mencionan hórreos en Sajambre son del siglo XVI, en concreto de los años 1577, 1594, 1595, 1598 y 1600. Proceden de Soto, porque allí vivían los Piñán sajambriegos en aquellos tiempos y la mayor parte de los registros que hemos utilizado son los que se conservan en su archivo familiar. Por ejemplo, el documento del 29 de abril de 1598 dice lo siguiente: 


Vos vendo... el quarto de un hórrio que yo tengo en este lugar de Soto, delante de mi casa de morada que se parte con Pedro Piñán y con vos, los dichos compradores, con su techo y madera en la forma y manera que de presente está. El qual dicho quarto de órrio, que ba dicho, con su parte de suelo bos bendo, con todas sus entradas y salidas, usos y costumbres, derechos y serbidunbres.


Los vendedores fueron Juan Díaz de Vallobal y su mujer, María de Vallobal, quienes ya compartían el hórreo con los Piñán, los cuales terminaron por hacerse con el granero entero aquel año de 1598. Otros propietarios de hórreos documentados en Soto, en el siglo XVI, fueron  Mayor Alonso (1577); María de Vega (1594); Catalina, casada con Diego de la Caneja (1595) y María Sánchez (1600), todas mujeres viudas que se ven obligadas a vender su hacienda para sobrevivir.

En cuanto a Oseja, la noticia más antigua que conozco hasta el momento corresponde a un orio en La Yana, que tenían los hermanos Gonzalo e Inés Canín con anterioridad al año 1624 y que vendieron al comisario Domingo Piñán.


Hórreo Piñán de 1626 en la década de 1980
No obstante, Oseja conserva los restos del hórreo datado más antiguo de todo el valle y el más antiguo de la provincia de León.  Además es el más antiguo de España en su modalidad. La variedad a la que me refiero es la de la panera que, según los estudios efectuados al día de hoy, empezaría a difundirse desde la zona centro-oriental de Asturias.



Hórreo Piñán de 1626 en la actualidad
La panera en cuestión es el hórreo de los Piñán de Cueto Luengo que llegó intacto a los años 80 del siglo XX y que hoy está derruido en la corralada de la Casa Piñán. Era enteramente de madera, con 9 pegollos y tejado a cuatro aguas. Este hórreo ya existía en el año 1626, aunque su ubicación original no es la que ahora tiene, como veremos más adelante. Este hórreo se documenta de forma ininterrumpida desde 1626 hasta la actualidad.



 

3.- LA IDENTIFICACIÓN DEL HÓRREO EN LOS DOCUMENTOS SAJAMBRIEGOS


 

En la documentación siempre se utiliza la forma órrio u hórrio, pero José Díaz y Díaz-Caneja atestigua el uso de la variante asturleonesa orro en la edición póstuma de su Vocabulario sajambriego (p.395). 

En la mayor parte de los documentos, el hórreo se identifica por sus linderos, es decir, con los nombres de los dueños del resto del orro o por elementos espaciales de referencia:

Yten un órrio questá en dicho lugar, que linda con el camino que ba para el Beyo y con órrio de erederos de Pedro Díaz (Ribota, 1718). 

Como sucedía con la casa de vivienda, los antojanos formaban parte de la propiedad del hórreo:

El medio órrio de quatro aguadas que está a la parte de afuera de la cassa y cercado del dicho Gonzalo Piñán, mi hermano, con todos sus antoxanos (Oseja, palacio Piñán, 1663). 

La mayor parte de las menciones documentales son de carácter genérico. Pero algunas veces los hórreos se describen someramente. Son estos documentos los que más nos interesan en esta ocasión. 

En el Sajambre actual (y en el del siglo XX) no se distingue entre hórreo y panera. Con independencia de sus dimensiones, en Sajambre se habla siempre de orro u hórrio.  Sin embargo, en la documentación antigua aparece alguna vez la voz panera:

Y abiendo rexistrado dichos jurados el órrio y paneras de dicho difunto... (Oseja, 1711).

Tiene un órrio de madera fundado sobre quatro pies que sirve de panera (Soto, 1752). 

El último caso procede del Catastro de Ensenada, documento que utiliza el término ‘panera’ constantemente. Pero ha de entenderse en relación al uso que se da al hórreo (para guardar pan: cereal panificable) y no como clasificación tipológica, como demuestra el caso de este hórreo de cuatro pegollos que poseía Manuel de Posada en Soto. 

4.- EL USO DEL HÓRREO


En la sociedad tradicional el uso del hórreo fue básicamente el de un lugar de almacenaje de grano, al resguardo de la humedad del suelo y de los roedores:

Estando dicha mi mujer, quieta y pacífica, en el órrio que era de Domingo de la Fuente, atropando un poco de pan y maíz que se avía esgranado por dicho órrio del cesto de cierto pan y maíz que partieron Juan Redondo y dicha mi mujer, por erenzia de Pedro Redondo, mi ermano... (Pio, 1675).

Pero en la realidad el hórreo podía tener usos variopintos y guardarse en él no solo granos y harinas, sino también queso, carne, legumbres, frutos secos, patatas, ropa de casa y de vestir, cestos o calderos: 

Dos cargas de maíz en grano, quatro celemines de alubias, seis de cebada y dos fanegas de patatas que guardaba en un cuarto de hórreo (Vierdes, 1813).

Pareció en lorrio lo siguiente: Çinco sávanas de hilo negro y otra en casa, seis. Una almohada fundida. Yten cinco tocas, tres de cerro y dos de ruán. Yten otra toca de çerro por coser. Yten dos mesas de manteles de la tierra. Yten una pieça de lieno de siete baras. Yten una toca de sovremar amarilla. Yten dos pares de mangas de tienda. Yten siete quesos de arno y puño. Una fanega de escanda y otra de çevada, otra de arbexos y havas y una fanega de nueçes y un quarto de Cosme Díez, vezino, de carne de baca salado. Y un caldero. Yten una cama de casa, tres mantas y una quadra. Yten una mantilla de paño, viexa, y tres sayas de sayal. Yten doçe madexas destopa (Oseja, 1661).  

Obsérvese en este último documento la manera de identificar los quesos: siete quesos de arno y puño. En la llingua asturleonesa, un arno es un recipiente hecho con corteza de árbol, que recibe distintos nombres según su uso. Por ejemplo, el arno para hacer la colada era la quijiella. Pero en Sajambre, el término arno se refiere específicamente a un molde de madera para hacer queso, que el Vocabulario sajambriego define así: «un aro, tubo o vaso sin fondo, formado casi siempre por una tira de corteza de tilo, de puntas solapadas y cosidas con pleita, que se coloca sobre una tabla o piedra plana para echar en él la cuajada hasta que ésta pierde el suero y adquiere consistencia» (p.68). A su vez, la voz puño en este contexto ha de referirse al queso fresco, hecho sin molde.

Aquel hórreo de 1661 pertenecía a Dominga de Acevedo y en él guardaba ropa de casa (manteles, sábanas, una almohada) y de su persona (tocas, mangas, sayas, una mantilla), telas hechas (una pieza de siete varas de lino) y por hacer (doce madejas de estopa). Había además carne de vaca salada (véase el uso del género neutro típicamente asturleonés en carne de baca salado) que pertenecía a su vecino Cosme Díaz.

Había también una cama de casa, tres mantas y una quadra, que podían ser dos cosas: simplemente ropa de cama, si interpretamos esto de la misma manera que la expresión ‘una mesa de manteles’; o bien un jergón con sábanas y almohada, además de tres mantas y la especie de edredón hecho con pieles que era la cuadra. Hay que señalar que cuando se describe la ropa de cama en la documentación notarial se hace siempre con la expresión una cama de ropa, nunca con el giro una cama de casa, como aquí sucede. Por lo que, a lo mejor, había un jergón vestido para que alguno de los hijos de la dueña durmiera allí. De hecho, en Asturias, algunas familias numerosas utilizaban a veces el hórreo para alojar a alguno de sus miembros o a algún visitante con motivo, por ejemplo, de una boda (6).

Entre los usos del hórreo habría que considerar también el solorro o espacio cubierto que quedaba bajo el hórreo, donde se guardaba el carro, la leña o se aprovechaba para actividades diversas en los meses cálidos.

5.- ELEMENTOS CONSTRUCTIVOS DOCUMENTADOS



Cuando se describen los hórreos sajambriegos se pueden mencionar uno o varios de sus elementos constructivos: la madera, el número de pegollos, la cubierta, las aguadas o algún aspecto estructural. 

La madera

Lo más normal es el uso de voces genéricas como madera o tabla:

Un quarto de órrio en dicho barrio de Quintana, de madera y texa (Oseja, 1675).

El hórrio viexo del Rivero de Quintana, de madera y texa (Oseja, 1675).

Un quarto de un órrio de texa y tabla en el lugar de Pio (Pio, 1677).

Aunque a veces se especifica el tipo de madera:

Un órrio de roble (Vierdes, 1668).

De roble era también un hórreo que tenía Inés de Cimavilla en Vegacerneja, documentado en el año 1627.

Los pegollos que se documentan con anterioridad a 1815 son siempre de madera: 

Un órrio de cureña que es fundado sobre pies de madera contiguo a la casa de morada, pero al lado de afuera de su corralada y lindando con calle pública (Oseja, palacio Piñán, 1805). 

Tiene un órrio de madera fundado sobre quatro pies de lo mismo que sirve de panera para el recojimiento de granos, está dentro del corral suyo (Oseja, barrio de La Pandiella, propiedad de los Alonso Tielve, 1752).

El número de apoyos


En los documentos sajambriegos, los pegollos del hórreo se denominan pies, una traducción de los escribanos de la voz asturleonesas pegollo usada en la tierra (7).

En la actualidad, Sajambre es el único lugar de la Montaña Oriental leonesa cuyos hórreos poseen mayoritariamente más de 4 pegollos (66%), una proporción que es incluso mayor que la del conjunto de Asturias (31’5%), (8).

Sin embargo, no siempre fue así. Hasta 1800 lo que abundaba eran los hórreos de cuatro pegollos, a veces con un pilar suplementario para reforzar la sujeción de la cámara. Será durante el siglo XVII cuando empiecen a aparecer algunos casos de planta rectangular, con seis o más pies, aunque esta modalidad seguirá siendo minoritaria, al menos, entre 1600 y 1750. 

Cuatro pegollos

Más tres órrios de quatro pies, dos delante de las dichas casas y uno de atrás de ella, todo en dicho corral (Soto, casa de los Piñán de Cueto Luengo, 1636).

Un corral pegado a dicha casa de bibienda con un órrio en el medio, de quatro pies (Oseja, palacio Piñán, 1652).

Un orrio de quatro pies (Soto, propiedad de Juan de Martino, 1699).

Un órrio de madera fundado sobre quatro pies de lo mismo que sirve de panera para el recojimiento de granos (Oseja, 1752).  

Cinco pegollos

Yten inventariaron un órrio que está delante de dicha cassa en que vivía dicho difunto, de madera y texa, es de çinco pies y de cureña (Soto, 1675).

Tiene un órrio de madera fundado sobre zinco pies de lo mismo que sirve de panera (Ribota, propiedad de Manuel Fernández, 1752).

Seis pegollos

Un órrio de cuatro pies, sito en este barrio, digo de seis pies (Vierdes, 1812).

Nueve pegollos

Un órrio de quatro aguadas y nuebe pies que está delante de la casa (Oseja, casa del cura, 1720).

Un órrio en el casco de este lugar, en lugar de panera, que está fundado en nuebe pies, de madera (Oseja, palacio Piñán, 1752).

Como hemos dicho, el primer hórreo grande (de 9 pegollos) que se construye en Sajambre fue el que los Piñán de Cueto Luengo tenían en Oseja y que ya existía en el año 1626. El segundo hórreo conocido con similares características perteneció al cura de Oseja, Juan Manuel de Posada Arnero, quien mandó hacerlo para su casa de Oseja entre 1665 y 1699. Durante toda la Edad Moderna, los únicos casos conocidos con 9 pies son estos dos hórreos. Y no por casualidad.

En los siglos XVII y XVIII, el tamaño de los hórreos fue proporcional a la riqueza de sus dueños y a las necesidades de almacenamiento de sus cosechas. Por esta razón, estos grandes hórreos fueron un elemento claro de ostentación de las élites y de alto valor simbólico en aquella modesta sociedad aldeana, en la que predominaban los pequeños hórreos compartidos.

Tras los Piñán y su palacio de Caldevilla, otro miembro de la baja nobleza asturiana que fue cura párroco de Oseja y Soto mandó construir un hórreo de iguales dimensiones en su casa de Las Cortes. Esta casa la heredó su sobrino, Manuel de Posada, y este la vendió cuando contrajo matrimonio en Soto de Sajambre a principios del siglo XVIII. Las rentas derivadas de los diezmos, de la vida pastoral y de la actividad prestamista convirtieron al clero parroquial sajambriego en uno de los principales hacendados durante toda la Edad Moderna. Además, en este caso, sabemos que el cura Posada se lucró indebidamente a costa de sus feligreses, cobrando precios excesivos en los oficios cultuales y en la práctica sacramental. Los sajambriegos lo denunciaron y el obispo de León tomó medidas contra él en 1671.  

La cubierta 

Paja 

Los hórreos más antiguos estuvieron cubiertos de paja y en el siglo XVII se estaba finalizando la transición al hórreo de teja, de tal manera que en la centuria siguiente no se documenta ya ningún hórreo con techo de paja. Es decir, que los hórreos cubiertos de paja debieron dominar el paisaje rural sajambriego durante toda la Edad Media, iniciándose la cubrición con teja quizás a finales del siglo XV y, con seguridad, a lo largo del siglo XVI. En el 1600 todavía se documentan muchas casas, invernales y hórreos pajizos y en 1700 todas las construcciones rústicas sajambriegas están ya cubiertas solo de teja, excepto los chozos de las majadas.

Yten tres quartos de orrio, de techo asimismo de paxa, sitio en el barrio de Llamedio... linda con heredad de Domingo la Puente y ería del Hoyo (Pio, 1667).

 Iten un quarto de órrio techado de paxa (Pio, 1668).

Un quarto de un órrio techado de paxa en el barrio de Quintana, según parte con órrio de Agustín y Pedro de Vega (Oseja, 1668).

Yten inbentariaron otro pedaço de órrio situado en dicho barrio de Caldevilla que al presente está de teja (Oseja, 1677). [Seguramente porque antes estaba de paja.]

Teja  

Algunos autores consideran que las cubiertas de teja se empezaron a extender en los hórreos asturianos durante la Baja Edad Media, sobre todo en el siglo XV. Los pocos documentos medievales conservados no nos permiten saber lo que sucedió en Sajambre, pero lo que sí podemos afirmar es que, por lo menos, a finales del siglo XVI ya existían en Soto y en Oseja hórreos cubiertos de teja.

No hemos encontrado menciones a la fabricación local de teja o teya en el siglo XVI, pero sí en el XVII con teyeras activas en Oseja y en Soto. A partir de mediados del siglo XVIII, en estas tejeras debieron trabajar artesanos llaniscos, quienes viajaban por toda la región (asturiana y leonesa) practicando su antiguo oficio. En la toponimia menor sajambriega quedan restos de esta actividad.

Formas de la cubierta 

Entre los expertos, la cubrición a dos aguas se considera una de las características del hórreo arcaico, modelo que se ha perpetuado en Valdeón, en la Montaña Oriental leonesa, en Liébana y en el concejo de Ponga. Sin embargo, la cubierta a dos aguas es el único aspecto del prototipo más antiguo que permaneció en Sajambre, ya que las restantes características arquitectónicas de los hórreos sajambriegos que llegan al siglo XXI están mucho más cercanas al hórreo asturiano que al leonés (9).

Hórreo de Oseja
A dos aguas

Parece que en el siglo XVII, las dos aguadas pudieron ser más frecuentes de lo que aparece en los documentos. Creo que el hecho de las escasas menciones a esta modalidad pudo deberse a que era lo general, algo coherente con lo observado respecto a las dimensiones y al número de pegollos: si dominaban los hórreos pequeños, de planta cuadrada y cuatro pies, puede que la cubierta fuera a dos aguas, como tantos ejemplares del resto de la comarca de Riaño.

Un órrio de roble de dos aguadas que está delante de la casa(Vierdes, 1668). 

Excepto menciones ocasionales, como el caso anterior, cuando los documentos describen la forma de las cubiertas, lo hacen para resaltar los hórreos a cuatro aguas. Mi interpretación es que se describe lo que era la excepción, porque la mayoría de los hórreos sajambriegos de los siglos XVII y XVIII debían estar cubiertos a dos aguas. 

A cuatro aguas 

En el siglo XVII, la presencia de tejados a cuatro aguas está relacionada con los hórreos de 9 pegollos. Es decir, con el hórreo de los Piñán y con el de Juan Manuel de Posada Arnero. Esto indica que la disposición a cuatro aguas fue una introducción foránea en lo que hasta entonces había sido la tradición de las dos aguadas. Naturalmente, esta influencia foránea procedía de Asturias, pues los tejados a cuatro vertientes son elemento característico del hórreo asturiano.

Hórreo Piñán (1626):

El medio órrio de quatro aguadas que está a la parte de afuera de la cassa y cercado del dicho Gonzalo Piñán, mi hermano (1663).  Le benden la porzión de órrio que está al lado de abajo del corral, junto a la yglessia de dicho lugar, que linda con órrio de dicho menor y camino real y corral (1729).

Estas ventas entre hermanos y otros documentos familiares, como el inventario post mortem del comisario Piñán se refieren al hórreo/panera de nuebe pies, pegado a la dicha casa y cerca del corral, que todo parte uno con otro y con el camino real por todas partes(1652). Este gran hórreo estuvo fuera de la corralada de la casa palacio hasta que se metió dentro del corral cuando se construyó la carretera de Sahagún a Las Arriondas a finales del siglo XIX. Con anterioridad, dentro de este patio señorial lo que había era un hórreo más pequeño de cuatro pegollos, también documentado en el año 1626.

El conjunto de los  testimonios documentales y la memoria familiar sirven para precisar la localización antigua. El hórreo, que aguantó casi 400 años en pie y del que todavía pueden verse los pegollos y los trabes arruinados, fue construido originalmente fuera del patio cercado, entre el palacio que edificó el comisario Piñán, la antigua iglesia de Santa María de Oseja y el tramo del camino real que cruzaba el barrio de Caldevilla en dirección al de Las Cortes. Es decir, tuvo que cambiarse de sitio porque entorpecía el trazado de la carretera actual.

Hórreo del cura Posada (1665-1699):

Un órrio de quatro aguadas (1711); el órrio de quatro aguadas que está delante de dicha casa y la güerta de ortoliza que está inmediato a dicho órrio y casa, con más la tierra del Cimploño que está pegada a dicha casa (1718); un órrio de quatro aguadas y nuebe pies que está delante de la casa (1720).

Las cuatro aguadas dejan de ser signo de distinción de las élites en el siglo XVIII, cuando empiezan a difundirse entre los habitantes del valle hasta llegar a convertirse en la modalidad mayoritaria:

Hórreo de Oseja
Ytem un órrio que está delante de dicha casa de quatro aguas, que linda con dicha cassa de un lado (Soto, propiedad de los Mendoza, 1710).

La mitad de un órrio de quatro aguadas (Vierdes, propiedad de Pedro Redondo, 1713).  

En el año 2005, el 54% de los hórreos sajambriegos conservados estaban cubiertos a cuatro aguas al estilo asturiano (10).



Elementos estructurales 

Cureña 

En varias ocasiones, el hórreo sajambriego se retrata con la voz cureña:

Un hórreo de cureña y teja delante de la casa (Soto, 1668).

Yten inventariaron un órrio de cureña y teja (Soto, de Miguel Múñiz, 1678).

Un órrio de cureña que es fundado sobre pies de madera (Oseja, 1805).

Cureña es el nombre que tiene, en el asturleonés oriental (dominio lingüístico al que pertenece Sajambre), cada uno de los tablones que forman las paredes del hórreo y que, en otros lugares, se denominan colondras

Ahora bien, conocemos dos casos que nos hacen sospechar que el término cureña tenía en Sajambre un sentido adicional. En el primero de ellos se escribe lo siguiente:

Yten inventariaron un órrio que está delante de dicha cassa en que vivía dicho difunto, de madera y texa, es de çinco pies y de cureña (Soto, de Julián González, 1675).  

Si se dice que el hórreo era ‘de madera y teja’, ¿por qué añadir además que era ‘de cureña’?

El segundo caso se expresa así:

Medio órrio de madera y texa, es de cureña, situado en el barrio de Caldevilla... Yten inventariaron otro medio órrio de madera y texa, es de trasla (o tiasla), situado en dicho bario (Oseja, 1671).

Transcribo el pasaje completo para que no quede duda del contexto en el que aparecen los términos sobre los que vamos a tratar:

Yten ynventariaron medio órrio de madera y texa, es de cureña, situado en el barrio de Caldevilla, linda este órrio con Gracia de Gonçalo, órrio suyo  y con cassa de Andrés Díez, vecino de dicho lugar, y con el güerto de hortoliça de Christóbal Gonçález. Yten ynventariaron otro medio órrio de madera y texa, es de trasla (o tiasla), situado en el dicho  bario, linda este ório con ório de Pablos de Redondo y órrio de Torivia Gonçález, vecinos deste lugar

...de madera y texa es de trasla...
...esta tiera... Véase el punto de la /i/ de tierra encima de la /e/

Se mencionan dos hórreos, ambos de madera y teja, pero uno “es de cureña” y el otro “es de trasla o tiasla”, palabra que no está clara porque, en esta escritura, la /i/ puede hacerse igual a una /r/ redonda de ejecución rápida, pudiendo interpretarse de dos maneras: 1) Como una /r/ redonda, donde la palabra sería ‘trasla’. 2) O como una /i/, si consideramos que el signo diacrítico de esta vocal está desplazado a la derecha (lo que sucede con mucha frecuencia, como muestro en otro caso de este mismo documento). Aquí el punto de la /i/ sería el pequeño signo que se sitúa encima de la primera /a/. Según esto, el término se convertiría en un ‘tiasla’. Paleográficamente, las dos lecturas son posibles.

¿Pero qué era una trasla o tiasla? No he localizado ningún término similar. Ni en el Vocabulario sajambriego, ni en otros vocabularios locales, ni en el Diccionario general de la lengua asturiana, ni en el de la lengua española, ni en el Corpus Diacrónico del Español, ni en Diccionario de Autoridades, ni en el Covarrubias, ni en la bibliografía especializada sobre hórreos asturianos, leoneses, cántabros e, incluso, gallegos. Si intentásemos explicarlo desde el castellano, nos inclinaríamos por un ‘trasla’ ¿relacionado, quizás, con el carácter desmontable de los hórreos? Lo cierto es que lo correcto es interpretarlo desde el asturleonés, que era la lengua local.

Ahora bien,  considerando cómo se ha escrito el pasaje (con una estructura sintáctica paralela), parece que se están refiriendo a las tablas que forman la cámara o caja del hórreo, ya que eso es la cureña y posiblemente sea también la trasla o tiasla.

Actualmente no se conservan en Sajambre hórreos con los tablones de sus paredes en horizontal, pero posiblemente los hubo, ya que los conocemos en Valdeón, en otros lugares de la Montaña Oriental leonesa y en el vecino concejo asturiano de Ponga. Y dado que la voz cureña se refiere, en Asturias y en Sajambre (11), a tablas dispuestas en sentido vertical, me pregunto si las traslas o tiaslas no serían las mismas tablas colocadas en sentido horizontal.

Mi hipótesis es la siguiente: resulta factible pensar que cuando los documentos sajambriegos hablan de ‘un hórreo de madera, teja y cureña’ estén estableciendo una distinción tipológica en base a un elemento constructivo (la cureña) que se colocaba verticalmente, frente a la trasla o tiasla que se disponía en horizontal. 

Hórreo de piña 

Volvamos a una de las descripciones del hórreo grande que construyó el comisario Domingo Piñán de Cueto Luengo para su casa de Oseja:

Un órrio, fuera de dicho corral, de piña y nuebe pies, pegado a la dicha casa y cerca del corral (1652).

No sé cuál es el significado exacto de ‘un hórreo de piña’, aunque podría vincularse a las pinas o clavos de madera que se usaban a veces en el montaje de los hórreos (12) y que pudo haber tenido alguna conexión con la puerta apinazada que se documenta en 1812. Por desgracia, al estar hoy la panera de los Piñán arruinada, no creo que pueda comprobarse el uso (o no) de estas piezas cónicas de fijación. 

El corredor

Un órrio de cuatro pies, sito en este barrio, digo de seis pies, fronteando con casas de Gregorio de Granda y Pedro de Granda, con su cerca y portillera, el que se tasó en 80 ducados – 880 reales (Vierdes, propiedad de Pedro Simón, 1812).


Aquí tenemos la descripción de una panera de corredor típicamente asturiana. Este último elemento arquitectónico (el corredor llamado aquí cerca) empieza a difundirse en los hórreos y en las viviendas sajambriegas (al igual que en Asturias) en el siglo XVIII. El corredor más antiguo documentado en Sajambre hasta el momento data del año 1752 y se hallaba en la casa de vivienda de Manuel Piñán, vecino de Soto.

En un 25% de los hórreos sajambriegos que existían en el año 2005 había alguna clase de corredor, lo que nuevamente vincula a Sajambre con la tradición asturiana, muy al contrario de lo que sucede al respecto en Valdeón y en el resto de la Montaña Oriental leonesa, ya que las pequeñas dimensiones de los hórreos impiden el añadido de corredores (13). Pero en este caso, al igual que en el de la introducción de la panera y de las cuatro aguadas, comprobamos que no se trata de un elemento de la tradición autóctona. 

6. RECAPITULACIÓN


Esto es lo que podemos decir por el momento de los hórreos sajambriegos, de lo cual obtenemos ya una conclusión precisa. Lo que llegó a los siglos XX y XXI, y que ha sido objeto de análisis por los especialistas contemporáneos, es el resultado de los cambios acaecidos en los últimos siglos, con muchas influencias foráneas que triunfaron sobre las soluciones tradicionales.

Si hoy no dominan los hórreos de cuatro pegollos en Sajambre no es porque nunca existieran, sino porque desde 1700 se construyeron hórreos más grandes que fueron sustituyendo a los antiguos, más pequeños. Lo mismo sucedió con el cambio de las dos aguadas a las cuatro aguadas a partir de 1700.

Si hoy no se conservan hórreos con los tablones de la caja en horizontal no creo que sea porque nunca los hubo, sino porque empezaron a desaparecer en el 1600. Quedaría por dilucidar por qué desaparecieron en Sajambre y se mantuvieron en Valdeón, en los Beyos, en Liébana y en el resto de la Montaña Oriental leonesa.

Respecto a Sajambre, los especialistas han concluido dos cosas. Primero, que existe un parentesco entre los hórreos de toda la cuenca alta del Sella (Beyos, Amieva, Sajambre), formando un nicho diferenciado dentro de la clasificación tipológica general de los hórreos cantábricos (14).

Segundo, que los hórreos de Sajambre son los que más influencia asturiana acusan en toda la vertiente oriental leonesa (15). La documentación histórica nos permite saber que dicho fenómeno arranca del 1600, debido a las preferencias arquitectónicas de las élites dominantes, y se va difundiendo en el 1700.

Habría que estudiar más a fondo si dicha difusión se produjo por imitación de las élites (sobre todo los techos a cuatro aguas) o por otras causas, entre las que pudo estar el enriquecimiento puntual de algunos sajambriegos gracias a la actividad de la carretería y de la arriería, cuya reventa de excedentes (16) reportó prosperidad económica en algunos casos, materializándose en la mejora de las viviendas y quizás también de los hórreos.



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NOTAS


(1) A. Floriano Cumbreño, Diplomática española del período astur, Oviedo, 1949, I, n.39.
(2) J. A. Fernández Flórez y M. Herrero de la Fuente, Colección documental del monasterio de Santa María de Otero de las Dueñas (854-1108), León, 1999, pp.75 y 115.
(3) A. Graña García y J. López Álvarez, “Dos nuevas vías para el estudio del hórreo asturiano: Una hipótesis sobre su origen y una clasificación de sus decoraciones”, en J. M. Gómez Tabanera (dir.), Eugeniusz Frankowsky. Hórreos y palafitos de la península ibérica, Madrid, 1986, pp. 459-461.
(4) Ibídem.
(5) E. Algorri García, Evolución y distribución territorial de las técnicas constructivas  en la arquitectura popular. El caso del hórreo cantábrico, tesis doctoral, Universidad de León, 2015, p.129.
(6) Los asturianos. Raíces culturales y sociales de una identidad, Oviedo, 2005, p.144.
(7) E. Algorri García, ob. cit, p.155.
(8) En el Vocabulario sajambriego se recogen las voces pegollo y pegollera, y asimismo en A. R. Fernández González, El habla y la cultura popular de Oseja de Sajambre, Oviedo, 1959.
(9) E. Algorri García, ob. cit., pp.185, 209, 254, 258-259.
(10) Ibídem, pp. 258, 259.
(11) Vocabulario sajambriego, p.171.
(12) E. Algorri García, ob. cit., define la pina como una “pieza cónica de madera que hace una función parecida al clavo” (p.44). Por su parte, las variantes pina/piña se explican claramente en el asturleonés de la zona y, en los propios documentos, es frecuente encontrar el mismo fenómeno lingüístico en casos como escaño/escano, añojo/anojo, compañía/companía, véase E. E. Rodríguez Díaz, Notas y cuadernos de notas de los Piñán, escribanos públicos de Sayambre (1659-1721), Academia de la Llingua Asturiana – Universidad de Oviedo, 2015.
(13) Ibídem, pp.277, 278.
(14) E. Algorri García, ob. cit., p.299.
(15) E. Algorri García, ob. cit., passim.
(16) E. E. Rodríguez Díaz, “Carreteros y arrieros de Sajambre. El intercambio de mercancías en la Montaña Oriental leonesa (siglos XVI-XVIII)”, Estudios Humanísticos. Historia, 14 (2015), pp.39-71.