martes, 16 de febrero de 2016

SAN JUAN DE VALDEÓN EN LAS FUENTES DOCUMENTALES SAJAMBRIEGAS


Desconozco las razones para datar los restos arqueológicos encontrados en Posada de Valdeón, asignados a una iglesia o ermita dedicada a San Juan, en el siglo XII, y si dicha datación se basa únicamente en sus características edilicias (nave única y cabecera cuadrada), un esquema característico de las iglesias rurales de la zona desde el Románico, aunque no exclusivamente de dicho período, ya que se siguió reproduciendo en épocas posteriores en las construcciones más modestas.  En alguno de los artículos periodísticos que he manejado se hablaba de hallazgos cerámicos y necrópolis anexa, lo que son fuentes de datación más fiables. 

De otro lado, no me parece adecuado el argumento que supone que por el hecho de no mencionarse este templo en los documentos del siglo XI y principios del XII, que yo estudié en mi monografía sobre Valdeón, las ruinas halladas deban ser anteriores a tales fechas (1), sino todo lo contrario. La ausencia de este templo en esos documentos, algunos de los cuales describen la zona en la que se encontraron las ruinas, indica que San Juan se construyó, seguramente, con posterioridad.

En tercer lugar, tampoco sé si los historiadores del lugar poseen testimonios escritos antiguos sobre dicha iglesia,  pues toda la información que poseo procede de lo publicado en medios periodísticos.

Lo que puedo aportar es un dato del año 1613El 20 de enero de dicho año murió y se enterró en Santa María de Oseja, Pedro Domingo, mozo, natural de Caldevilla de Valdeón. Entre las misas votivas, se mencionan las dedicadas a Nuestra Señora de Corona, Santa Eulalia, San Pedro y San Juan de Valdeón.

A no ser que mis datos estén desfasados, como ya he advertido, por lo que sé a día de hoy, este documento puede ser el primer testimonio escrito o, quizás, el más antiguo que habla de la iglesia de San Juan de Valdeón. A principios del siglo XVII, todavía estaba en pie y con culto, de manera que, a falta de suficientes fuentes medievales, quizás los historiadores locales debieran revisar los protocolos notariales de la Edad Moderna, que se conservan en el Archivo Histórico Provincial de León, en busca de más información sobre este santuario que, en dicha época, era ya una simple ermita.

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NOTAS

martes, 8 de diciembre de 2015

CASAS DE HIDALGOS EN SAJAMBRE


Durante el Antiguo Régimen, la mayor parte de la población del valle de Sajambre (un 74% en el siglo XVII) perteneció al estamento nobiliario, aunque en el escalafón más bajo de la nobleza: el de los hidalgos. Ninguno ellos tuvo título nobiliario y la mayor parte trabajaron para ganarse la vida, a causa de su bajo nivel económico y de la escasa productividad de la tierra.  Todos los hidalgos y una parte de los pecheros eran propietarios de los bienes raíces que trabajaban. Sin embargo, las propiedades solían ser pocas, de baja calidad y de exigua extensión, debido al minifundio imperante en la zona y a la mala calidad de los suelos. Únicamente, los que acumularon una mayor riqueza patrimonial pudieron tener algunas rentas. Todos los demás (la mayoría) trabajaban con sus propias manos. 

Los hidalgos de mejor posición en la comunidad vivían en casas que destacaban en el caserío por su tamaño y por algunas características de construcción que servían como elementos distintivos de ostentación de su estatus. Vamos a hacer un recorrido por lo que vamos sabiendo sobre las casas de hidalgos en el Sajambre de los siglos XVI, XVII y XVIII.   

1. PALACIOS 


CASA PIÑÁN DE OSEJA 

El palacio documentado más antiguo que existió en Sajambre fue la Casa Piñán. Bajo la designación y categoría de palacio aparece en los documentos oficiales de la época. Por ejemplo, en una tasación que se efectúa en 1699 por orden de la  Real Chancillería de Valladolid. En ella leemos:  ...más tassa el dicho Facundo, maestro de carpintería, vigas principales, puertas, ventanas de la dicha cassa palacio, suelos, desbanes... Y más dos órrios, uno dentro y otro fuera pegado a dicha cassa palacio, con sus tejas... (1).

Este palacio rural fue construido ex novo entre 1626 y 1639 sobre un conjunto de tierras que el cura de Oseja y Soto, y comisario de la Inquisición, Domingo Piñán de Cueto Luengo, fue comprando a diferentes propietarios sajambriegos.  Pongamos un ejemplo. A causa de una disputa familiar, nos enteramos que la madre de Gonzalo Piñán, sobrino del anterior, había accedido a compensar a María de Felipe en 1636 con una propiedad cuando el Comisario Piñán trató de haçer la casa que hizo en el lugar de Oseja, en el término que está dicha casa tenía María de Phelipe una tierra y no se la quiso dar hasta que yo le di una tierra que mi padre me dio... Otros propietarios de tierras en el lugar en el que hoy se levanta la Casa Piñán se llamaron Pedro Díaz de Caldevilla, Alonso Redondo o  Sancho Díaz (2).

Es decir, no existió ninguna construcción previa en el lugar en el que se levantó la Casa Piñán (que está muy bien documentada en el archivo familiar), sino solamente las tierras de la ería de Palacio que, en aquellos tiempos, llegaban hasta dicho emplazamiento. De hecho, en el año 1662, las tierras del Palacio todavía ocupaban el lugar en el que  hoy está la farmacia de Oseja (3).

En la primera mitad del siglo XVII, cuando Domingo Piñán llega a Oseja, el sitio donde se construyó la casa de los Piñán de Cueto Luengo se conocía como El Cuérano de Palacio. "Cuérano" es una palabra del asturleonés oriental, muy utilizada en Cabrales y en Liébana, que puede significar dos cosas: o lugar resguardado, o parcelado con fincas de distintos propietarios (4). En este caso, ambos sentidos coinciden, sobre todo el segundo.

En consecuencia, el origen de la Casa Piñán está sobradamente documentado, de manera que no ha lugar a especulación alguna. Las fuentes conservadas demuestran la inexactitud de quien afirmó, sin ningún fundamento científico, que dicha casa había sido un monasterio medieval. Sabemos, incluso, que los vecinos de Oseja ayudaron al acarreto de los materiales durante su construcción, según costumbre de la tierra, que todo lo cuentan casi al detalle los documentos conservados. Se trata de un palacio rural propio de una labrador acomodado, que además acogía a la rama principal de un linaje de hidalgos notorios. La corralada era el patio del palacio, con la estructura interior propia de los palacios rurales de la época. No hay nada medieval, ni eclesiástico, en esta construcción que, además, está muy bien documentada.  

El carácter de palacio de la Casa Piñán se completaba con la capilla señorial de Santo Domingo que servía de panteón familiar y que, como gráficamente describen las fuentes, mandó construir el propio Domingo Piñán "al mismo tiempo y con la misma manufactura" que su casa. Esta capilla se levantaba frente al palacio, al lado de la antigua iglesia de Santa María de Oseja, pero fuera de su estructura. Es decir, no fue una capilla interior de la iglesia, sino un edificio independiente, que poseía en su interior un altar con un retablo de madera de nogal y varias tumbas de piedra labrada. Todo está documentado.  

El palacio rural de los Piñán es de fábrica rústica, con muros de mampostería, pero tiene una serie de características que lo distinguen del resto del humilde caserío no solo de Oseja, sino de todo el valle. En primer lugar, su tamaño. Todavía en la actualidad, 400 años después, la casa de vivienda, de planta rectangular, es una de las más grandes del concejo.

A ello hay que sumar la corralada, rodeada por un muro que, en su origen, estaba totalmente cerrada al exterior, es decir, era propiamente un patio que impedía a los habitantes de Oseja ver el interior. A dicho patio se accedía por una puerta formada por un gran arco de medio punto, capaz de permitir la entrada de carros y carruajes.  Como solía ser habitual en estos casos, el interior estaba (y está) empedrado. En un lateral de la portalada se abría una pequeña ventana abocinada, con derrame externo, rematada también en arco de medio punto, que permitía a los habitantes de la casa observar el exterior sin ser vistos.  

El arco redondo o de medio punto es uno de los elementos arquitectónicos y visuales característicos de las casas de la hidalguía rural. Normalmente, se localizaba en las fachadas principales (puertas o ventanas). Pero, en este caso, se optó por colocarlos en el acceso a la propiedad, porque era lo que se veía desde fuera, ya que la puerta principal quedaba oculta por el muro que rodeaba y cerraba todo el recinto. Al mismo tiempo, el considerable tamaño del arco de entrada es un claro elemento de ostentación. Quede claro que esta expresión debe entenderse siempre en el contexto de austeridad que caracteriza toda la arquitectura antigua sajambriega.  De hecho, este arco es el de mayor tamaño que se conserva y no me extrañaría que también lo hubiera sido en el momento de la construcción de esta casona señorial. 

Para la puerta principal de la vivienda se elige una solución adintelada, de buen tamaño y con molduras cultas en las esquinas, aunque nuevamente muy sencillas. Los otros elementos nobles, al exterior, son los sillares de las esquinas y ventanas superiores y, sobre todo, los vanos abocinados con derrame externo del piso bajo. Este tipo de ventana no tenía una función militar (la tendría si el derrame hubiera sido interno), sino que fue un recurso arquitectónico que se puso de moda en el siglo XVI como adorno de casas nobles y que servía para otorgar una apariencia de antigüedad a la construcción que, evidentemente, no era tal. Del mismo modo, en la misma época, algunos palacios y casonas norteñas construyeron torres que imitaban a las medievales y que no tenían ninguna función defensiva, sino simplemente de mera ostentación. 

En su interior, la casa palacio de los Piñán tiene otra serie de elementos característicos, en los que no me voy a detener, porque quiero centrarme únicamente en uno de ellos, que debió ser una verdadera novedad en el Sajambre de la época. Me refiero a la primera cocina de chimenea que se documenta en Sajambre. La Casa Piñán tuvo dos cocinas: una alta, de humo, y otra baja, de chimenea. La de chimenea se describe ya en el inventario de bienes del comisario Domingo Piñán de Cueto Luengo. 

En los siglos XVII y XVIII, la propiedad de los Piñán de Cueto Luengo en el barrio de Caldevilla de Oseja fue mayor que en la actualidad, pues llegaba hasta el camino real de arriba, es decir, hasta lo que hoy es la calle que va al barrio de Quintana.    

2. CASAS SOLARIEGAS 


CASA DE LOS DÍAZ/DÍEZ DE CALDEVILLA EN OSEJA

El elemento más representativo de la casa solariega es el blasón, situado en alguna de las fachadas principales. Sabemos que en Oseja existieron casas blasonadas, aunque no se conserva ninguna. La mejor documentada pertenecía la familia Díaz de Caldevilla y tenía dos elementos edilicios típicos de la casa hidalga: 1) el escudo de armas y 2) una torre o torreón, que destacaba visualmente en el entorno.  

El escudo era el de los Díaz y los Díez, pues en Sajambre estos patronímicos eran el mismo apellido, con un mismo origen genealógico, como se documenta claramente en boca de los propios sajambriegos en el año 1699 (5). El escudo estaba debajo de la torre y el conjunto se localizaba en el barrio de Las Cortes, de Oseja. No me extiendo porque ya hemos tratado esto en entradas anteriores. 

CASA DE LOS PIÑÁN DE CUETO LUENGO EN SOTO 

En el año 1595 la casa solariega de los Piñán se localizaba detrás de lo que es La Cortina, de la que eran propietarios en gran parte y con la que lindaban; y llegaba hasta el camino real que atravesaba el pueblo, a la altura de la iglesia, que sigue siendo el camino vecinal actual. Era una muy buena propiedad que, en 1636, poseía una gran corralada cercada, o sea un patio, con dos viviendas, una huerta y tres hórreos en su interior, portaladas, varios aposentos en una de las viviendas y otras dependencias (6).  

No sabemos si esta casona tenía escudos heráldicos, pero lo que sí sabemos es que eran propietarios de una torre que, en el año 1636, estaba en ruinas. Al igual que en el caso de los Díaz o Díez de Caldevilla, la propiedad o construcción de casas solariegas junto a torres fue característico de las casonas señoriales de Asturias y Cantabria en el siglo XVI.

La propiedad de los Piñán de Cueto Luengo en Soto es la mejor de todas las que se documentan en dicho lugar durante la segunda mitad del siglo XVI y primera del XVII, y, como se observa, también poseía una gran corralada. En realidad, era la única que existía en Soto en dicha época.  

3. CASONAS 


CASA CANDAMO EN SOTO

Un ejemplo claro de casona rural sajambriega es la Casa Candamo de Soto, construida no antes de mediados del siglo XVII, que también poseyó arcos de medio punto, como todavía puede verse. Según el Catastro de 1752, la casa se componía de portal, bodega y tres caballerizas por lo bajo, cocina, una sala, cinco cuartos, dos corredores y pajar por lo alto, además de dos corrales junto a la casa. Así pues, una vez más, corral y arcos.

CASA PIÑÁN DE CUETO LUENGO EN LA PANDIELLA (OSEJA)

Por su parte, los hermanos Pedro y Matías Piñán de Cueto Luengo poseyeron una casa en el barrio de La Pandiella, que lindaba con la Cárcel, por lo que sabemos más o menos dónde estaba. Esta casa también tenía una corralada y, al menos, una puerta de arco por donde se sirve el establo de los susodichos, que era una puerta prinçipal que tiene dicha casa por donde se serbía dicho establo della (1658). De nuevo, corralada (patio) y arco.

CASA DE TORIBIO DÍEZ PRIETO EN RIBOTA DE ABAJO

Toribio Díez Prieto fue cura de Ribota y su anexo, Vierdes, hasta el año 1712, en que murió. Construyó una casona en La Vega del Soto, junto al río Seya, que dejó a sus sobrinos de Prioro, localidad de la que era natural, aunque fundó una capellanía, cuyos administradores fueron los miembros de su familia y los Gómez de Ribota.

Contó con una capilla privada bajo la advocación del santo de su nombre, como era habitual en estos casos. La capilla y el conjunto residencial estuvo cercado por un muro, donde también existía una corralada (patio), en la que había una huerta y dos hórreos. No sabemos si tuvo arcos, aunque no nos extrañaría que así fuera, dadas las características señoriales del conjunto y la función visual de dichos elementos en la arquitectura de los más acomodados. 


CASA DE JUAN MANUEL DE POSADA ARNERO EN OSEJA

La actual casa rectoral de Oseja la construyó Juan Manuel de Posada Arnero, cura de Oseja y Soto, y en su testamento se la dejó a su sobrino, porque formaba parte de su patrimonio personal. El sobrino la vendió a principios del siglo XVIII.

Se construyó como una casona rural, podemos decir que al estilo de la tierra. La propiedad fue mayor que en la actualidad y el antojano cercado que hoy conserva no es más que una parte mínima de su antigua corralada, dentro de la cual estaba el hórreo. Esta casa, construida en la segunda mitad del siglo XVII, también conserva ventanas con arco de medio punto. 

4. PEQUEÑAS CASAS DE HIDALGOS


Además de esto, están las casas que no destacaban por su tamaño y que no poseían la corralada o patio señorial, pero tenían algún arco de medio punto. 

Una es la conocida como Casa Amancia, en Oseja, con arco en la puerta principal, que tuvo otro en una ventana y que se levanta en el barrio más noble de la localidad. Otras dos se conservan en los barrios de La Pandiella y El Coto.






En estos últimos casos, las construcciones son muy sencillas, de pequeñas dimensiones y tan solo destacan del resto por los arcos de sus fachadas.

En Oseja y Soto también quedan restos de caserones en ruinas con arcos en puertas y ventanas que deben interpretarse en este contexto.

Un caso de Oseja todavía conservaba, al menos la última vez que yo lo vi, el arranque de un arco en lo que parecía una puerta. Me refiero a las ruinas que se hallan en el barrio de Quintana, junto a la ería de Palacio. No sé a quién pertenece ese caserón, pero la casa antigua de los Díaz-Caneja, también bastante bien documentada en testamentos e inventarios de bienes desde mediados del siglo XVII, lindaba con la ería del Palacio y el camino del Ribero.   

Tampoco sé a quién pertenece el caserón de Soto con un pequeño arco por ventana, que se ve en la fotografía inferior.



En cualquier caso, todas estas casas pertenecieron a labradores hidalgos o pecheros que, en algún momento, lograron una mejor posición económica, sin llegar nunca al nivel de los propietarios de palacios o casonas señoriales, y quisieron distinguirse  de sus vecinos mediante el uso de un elemento arquitectónico distintivo, como fue el arco, que situaban intencionadamente en lugares visibles de sus viviendas. Como en otros lugares, la actividad de la carretería pudo facilitar el enriquecimiento de algunos pecheros, quienes también podrían haberse permitido la construcción de una puerta en arco para sus residencias. 

5. PARA FINALIZAR

 

 

El arco deja de utilizarse a partir de 1800 y las corraladas siguieron construyéndose, para entonces ya sin ningún significado señorial. Fueron disminuyendo de tamaño y mudando su significado social y su función, destinándose a guardar el carro y poco más.  Estos casos más recientes tienen ya muy poco que ver con los patios de los palacios rurales de los siglos XVI y XVII.

Pero en los siglos XVI, XVII y XVIII los palacios sajambriegos solían tener un patio cercado y cerrado al exterior, que se designa en los documentos con el término asturleonés de corralada, siempre con el sentido de espacio grande cerrado sobre sí. Es paradigmático el de los Piñán, de Caldevilla (Oseja). Aquí la corralada o patio servía de cohesión para el conjunto de vivienda y los restantes anexos con función agropecuaria que existían dentro de dicho recinto cercado. En su interior se distribuían las viviendas principales, las viviendas secundarias, los hórreos (al menos uno), establos (a veces llamados caballerizas), hornos (bodegas), pajares (o tenadas) y, a veces, capillas.  Es decir, lo que se documenta como corralada es exactamente lo mismo que el patio de los palacios y casonas señoriales de Asturias, Cantabria y  del resto de la provincia de León durante la Edad Moderna.  En los pueblos de Vierdes y Pio no se documenta ningún elemento constructivo de estas características durante todo este periodo.

El otro aspecto característico es el  arco de medio punto, que servía para establecer una distinción entre iguales en una sociedad en la que dominaba el estamento nobiliario. Esa diferencia venía dada por la hacienda o patrimonio acumulado.   Las casas más principales poseyeron patio y arco o arcos. Las más modestas entre las mejores se limitaron a la presencia de arcos en sus fachadas. 

Otra casa hidalga que debió tener su origen en una casa fuerte bajomedieval (siglo XV) fue la llamada Casa del Conde, situada en el barrio de Las Cortes, en Oseja, que poseyó aspilleras con derrame interno (función defensiva) y un arco de medio punto en una ventana de considerable tamaño para la localidad. Esta ventana fue uno de los muchos añadidos que sufrió dicho edificio y, en la parte más antigua del mismo, existió también una estrecha puerta de arco redondo, con dovelas pequeñas, más parecida (aunque no exactamente igual) a la de La Torre de Caldevilla, que tampoco llegó intacta al siglo XX, pero que poseyó una indiscutible fábrica bajomedieval.   

Por último, otro elemento arquitectónico, ahora  en el interior de las viviendas, que también marcaba distinción con las casas tradicionales de la mayoría de la población, es lo que en los documentos se define como ventanas de asiento. Es decir, poyos de piedra pegados a los vanos, que servían para sentarse a contemplar el exterior. Estas ventanas tampoco tuvieron ninguna función militar, sino que pertenecieron a una clase social que podía disfrutar de momentos de ocio y que, en el medio rural, fueron utilizadas por hidalgos acomodados a partir del siglo XVI. 

La Casa Piñán conserva ventanas de asiento, que se describen en los documentos antiguos. Llegué a oír que la Casa Amancia, de Oseja, también tenía una ventana de este tipo. Y en las fuentes aparece un caso en el testamento de Cristóbal González, vecino de Oseja y marido de María Alonso, natural de Caldevilla de Valdeón. En él deja a sus nietos la cocina con su sala de la mi casa nueba, con sus altos y bajos, entradas y salidas, y ventana de asiento que tiene (1695). Esos nietos se llamaban Francisco y Tomás Alonso, hijos de Tomás Alonso y de Juliana González.  

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NOTAS
(1) Año 1699: ...Más tassan todo el molino que llaman de Carunde, que es del dicho palacio y cassa los dichos dos maestros de cantería y carpintería... Más tassa el dicho Facundo, maestro de carpintería, vigas principales,  puertas y ventanas de la dicha cassa palacio, suelos, desbanes..., más dos orrios, uno dentro y otro fuera, pegado a dicha cassa palacio, con sus tejas..., publicado en Elena E. Rodríguez Díaz, Notas y cuadernos de notas de los Piñán, escribanos públicos de Sayambre (1659-1721), ed. Academia de la Llingua Asturiana – Universidad de Oviedo, 2015, p.11.
(2) Ibídem, p.9, nota 7.
(3) Toda esta información y la que menciono a continuación sobre la Casa Piñán está publicada con mayor detalle en el libro citado anteriormente, ibídem, pp.7-18.
(4) Xosé Lluis García Arias, Diccionario general de la lengua asturiana, voz cuéranu, on line: http://mas.lne.es/diccionario/palabra/15386
(5) Elena E. Rodríguez Díaz, “El proceso de imposición de modelos lingüísticos en la Edad Moderna: el caso del patronímico Díaz/Díez en Sayambre”, Lletres asturianes. Boletín de l’Academia de la Llingua Asturiana, 113, 2015, pp.45-63:
(6) Esta información también puede leerse con más detalle en la obra citada en la nota 1.  

miércoles, 11 de noviembre de 2015

SOBRE LOS ESCASOS HALLAZGOS ROMANOS EN SAJAMBRE

Toda la Península Ibérica fue conquistada por los romanos, por lo que el territorio conocido más tarde como Sayambre/ Sajambre pasó a formar parte del Imperio tras las guerras ástur-cántabras. El extraordinario avance de la arqueología en todo el norte Cantábrico en las últimas décadas ha ido proporcionando no pocas sorpresas y descartando muchas teorías, empezando por casi todas las formuladas sobre el territorio de Valdeburón.

En segundo lugar, el avance paralelo del conocimiento histórico tanto entre los arqueólogos, como asimismo entre los epigrafistas, latinistas, paleógrafos e historiadores, en general, de la Antigüedad Tardía y de la alta Edad Media hispanas ha proporcionado también importantes precisiones sobre la época del Reino visigodo de Toledo, del desplazamiento geográfico y de los cambios sufridos por las realidades administrativas romanas durante la dominación visigoda y de la incardinación de los territorios de una parte importante del Norte transmontano en los Ducados visigodos de Asturias y de Cantabria.  En concreto, está asumido que los territorios del Oriente asturiano que constituyeron el núcleo primigenio del Reino de Asturias ya formaban parte, a inicios del siglo VIII, del Ducado de Asturias. 

Así, se ha demostrado la invalidez de las viejas teorías indigenistas de Barbero y Vigil que tanto éxito tuvieron, pero que tan poco acertadas fueron, lo que descarta cualquier opinión basada en tales hipótesis. Se ha demostrado la romanización del Norte transmontano desde la época imperial. Se están ubicando geográficamente las principales batallas de la conquista romana de cántabros y ástures, gracias a los interesantes hallazgos arqueológicos en las actuales Comunidades Autónomas de Cantabria, Castilla y León y Asturias, y gracias a la arqueología de la guerra que ha ido desarrollando Eduardo Peralta Labrador y sus discípulos. Se acepta la introducción del cristianismo en el Ducado de Asturias ya durante la Antigüedad Tardía con comunidades cristianas en Gijón, pero también en las cercanías de Covadonga, aunque todo esto fuera escaso y probablemente superficial.

En la situación historiográfica en la que nos encontramos, Sajambre sigue quedando al margen de los principales escenarios de la conquista y de la colonización romana, algo bastante lógico porque se encuentra enclavado en la zona más áspera de la Cordillera. Esto no quiere decir que no fuera romanizado. Todo lo contrario. Si existió población, que no lo sabemos con certeza, fue romanizada como el resto del territorio peninsular. Entonces, ¿por qué no hay indicios? ¿Por falta de investigación? Negativo. La zona ha sido prospectada y no se han hallado evidencias reseñables, más allá de asentamientos prehistóricos. ¿Está el pueblo de Oseja construido encima de algún poblado romano? Seguramente no, por eso a la hora de cimentar las nuevas edificaciones, nunca se ha encontrado el más mínimo vestigio, porque las tumbas que aparecieron en La Cortina, de Oseja, hace años y han vuelto a aparecer ahora, con la construcción del Centro de Interpretación del Parque Nacional, son tumbas de lajas claramente medievales, semejante a las que yo misma vi en Valdeón y a las que se han excavado en diferentes lugares de Asturias.

Pensemos con lógica. El territorio sajambriego no es apto para la agricultura, principal fuente de riqueza hasta la industrialización. Por eso, durante toda su historia, los sajambriegos se vieron forzados a ir a buscar pan fuera de Sajambre. Tampoco hay extracciones de mineral conocidas en la época antigua. No hay oro, que era lo que interesaba a los romanos. Y la masa boscosa, que ha llegado hasta la actualidad, debió haber sido mucho más frondosa en aquellos tiempos. En consecuencia, no existía en Sajambre nada que interesara económicamente a los romanos para que estos fundaran una explotación agropecuaria o villa. Asimismo, el lugar se encontraba alejado de núcleos urbanos y la arqueología está demostrando que tampoco existieron por aquí razones estratégicas.

Esta realidad sigue reproduciéndose en la alta Edad Media. En Sajambre no existieron importantes monasterios porque la tierra era muy pobre. 

La Iglesia estableció las principales instituciones monásticas en lugares ricos o con posibilidades de explotación económica, de los que podía extraer una ganancia no solo espiritual. Por eso, en el entorno en el que nos encontramos, los monasterios medievales más poderosos estaban situados en los lugares más fértiles, es decir, en la vega del Sella/Seya (San Pedro de Villanueva) y en las proximidades de Potes (San Martín de Turieno, llamado luego Santo Toribio de Liébana). Dejando a un lado el fenómeno eremítico, el resto de los territorios circundantes de la Cordillera Cantábrica se llenaron de iglesias y pequeños monasterios en la alta Edad Media, que tenían por objeto reorganizar el territorio y la población que allí habitaba, a fin de explotar las pocas riquezas que proporcionaba una tierra áspera, montuosa y boscosa, cuya principal actividad productiva fue la ganadería.

De igual forma, aquellas iglesias y pequeños monasterios fueron implantándose también para afianzar el cristianismo y evitar la reaparición de los cultos paganos, lo que corría el riesgo de alejar a los fieles de las iglesias y privar a los eclesiásticos y a los nobles de mano de obra y, en suma, de sus principales fuentes de sustento y enriquecimiento (1). En todo el Norte, muchas de esas iglesias y pequeños monasterios fueron de fundación privada y, durante algún tiempo, nobles laicos fueron sus propietarios. Cuando Sajambre entra en la historia escrita, lo hace de la mano de una familia noble leonesa que es propietaria de un monasterio en Oseja. Pero eso forma parte de otro capítulo de la Historia del que no vamos a hablar aquí.  

SOBRE LA ÚNICA MONEDA ROMANA ENCONTRADA 

La ausencia de asentamientos romanos de importancia en Sajambre explican la carencia, casi absoluta, de hallazgos de época romana. Y viceversa.

La aparición de una única moneda en Regulera es un hecho harto significativo y coherente con la inexistencia de otros hallazgos de similar época. No olvidemos que los silencios también transmiten información y que las monedas viajan con sus dueños.

En documentos tardíos, el lugar de Regulera aparece escrito como Río de Lera, sin evidencias de acción antrópica. 

SOBRE LA SUPUESTA CALZADA ROMANA DE SAJAMBRE  

Ya sabemos que el camino de montañeros que hoy se conoce como Senda del Arcediano fue un tramo de un antiguo camino real documentado en la Edad Moderna que, desde la Meseta, llegaba a Ribadesella. Los documentos del siglo XVI dicen que se usaba para ir a Madrid. Una parte de este camino coincide con lo que se llama uia Saliamica (o vía de Sajambre) en documentos de finales del siglo X.

Los historiadores del pasado supusieron que dicho camino pudo haber sido una calzada porque creían que durante la alta Edad Media solían aprovecharse los viejos caminos romanos, en lugar de construirse otros nuevos. Pero esto no tiene por qué significar que la "vía de Sajambre" fuera una carretera romana, ya que pudo ser un simple camino local entre montañas, una salida natural o una cañada ganadera. Además una supuesta vía por este lugar no aparece en ninguno de los itinerarios romanos conocidos, ni siquiera en el de Lépido. Todas las noticias históricas que existen son de la Edad Media y de la Edad Moderna. La primera, del siglo X, es solo nominativa (vía de Sajambre). La segunda del año 1129, cuando Alfonso VII exime de impuestos al albergue de Pontón, situado al pie de la Cordillera, junto a dicho camino. La tercera del XIII cuando Alfonso X confirma la exención anterior. La cuarta del XV con la ampliación del albergue por la gran cantidad de viajeros y la construcción de la capilla mariana, que todavía se conserva, y de ahí en adelante hasta su abandono.

También está perfectamente documentado cómo, entre los años 1640 y 1714, el tramo de lo que Pedro Díaz de Oseja, arcediano de Villaviciosa, llamó el "antiguo camino" entre los puertos de Beza y Pontón fue total y programáticamente reconstruido, por lo que las evidencias arqueológicas más antiguas debieron desaparecer por completo.

¿Fue construido este camino por los romanos? No lo parece en absoluto. Es más, en su tramo entre Soto y Angón yo diría que de ninguna manera. ¿Fue transitado este camino por los romanos? Seguramente sí, porque no hay que olvidar una cosa: estamos hablando de la principal salida natural del valle. No sería raro que existiera una senda transitada, incluso, en una época anterior a la propia Roma si es que hubo población en la zona, como dan a entender los hallazgos megalíticos. Otra cosa es que fuera una calzada. Eso es muy distinto y más que improbable, improbabilísimo, al menos en el tramo más montañoso.  

SOBRE UNA VIEJA PIEDRA DE MOLINO DE MANO  

En el año 1979, el padre Martino daba noticia del hallazgo de una piedra de molino antigua, que estaba encajada en el muro de un invernal de Berrunde que pertenece a la familia Díaz-Caneja.

Durante algún tiempo, nadie supo de dicha piedra y hacia 1987 (o posiblemente algo después) tuve la ocasión de ver y fotografiar una muela antigua de molino que Virgilio Díaz Vega guardaba en el desván del ayuntamiento de Oseja de Sajambre, a la que llamaba un castro, es decir, una piedra pequeña y redondeada en lengua asturiana (o en lengua leonesa, como se prefiera, porque es lo mismo), (2). 

En aquella ocasión, el señor Díaz Vega me permitió fotografiar dicho castro, para lo cual sacó la piedra del ayuntamiento, ayudado por su hijo, y la apoyó en la pared lateral de dicho edificio, que hoy es un acceso pavimentado a un aparcamiento particular, o sea, el espacio que existía y existe entre la casa consistorial y la casa de concejo (no “del pueblo”), (3).

Como puede verse en la fotografía comparativa que proporciono, se trata de la misma piedra que el padre Martino vio en 1979. Me pregunto si todavía estará en el desván del edificio de ayuntamiento.  


Si así fuera, mi recomendación es que se lleve a un museo o se musealice en Sajambre. En cualquier caso, los propietarios del invernal en el que se encontró son los dueños de dicha muela.  


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NOTAS

(1) No debe olvidarse que la sociedad medieval estaba estructurada en tres órdenes. En la cúspide de la pirámide social se encontraban los oratores (los que rezan), es decir, los clérigos, cuya misión en el mundo era rezar para asegurar la salvación del resto de la sociedad. Les seguían los bellatores (los guerreros), o sea, los caballeros y nobles, cuya función era la de combatir para defender al resto de la sociedad. Y en el escalafón más bajo estaban los laboratores (los que trabajan), es decir, todos los que no eran oratores o bellatores, cuya función en la sociedad era trabajar para mantener a los clérigos y a los nobles. Oratores y bellatores fueron una minoría en todos los reinos de la Europa medieval.

(2) Para los significados del término castro/castru en asturleonés, consúltese el Diccionario General de la Lengua Asturiana, de Xosé Lluis García Arias, accesible on line: http://mas.lne.es/diccionario/

(3) Las casas del pueblo aparecen por vez primera en Rusia a finales del siglo XIX. En España, la “Casa del Pueblo” es una institución socialista, que agrupaciones sindicales, cooperativas y afiliados vinculados al Socialismo español fundan y financian. Por esta razón, todo el que llega a Sajambre y ve dicho letrero en este edifico de Oseja debe pensar que, en dicha localidad, el PSOE ha de ser un partido muy poderoso para tener una Casa del Pueblo en un Ayuntamiento tan pequeño. En cualquier caso, el edificio en cuestión es “la casa de concejo”, donde se celebraban las reuniones vecinales desde que se construyó. La voz “pueblo” como sustituta de “concejo”, o asamblea vecinal, no aparece en la documentación sajambriega antes de 1800, difundiéndose en su segunda mitad. Además, su uso parece estar relacionado con dos cosas: 1º) con la difusión de las ideas de la Revolución Francesa (bien por la invasión napoleónica, bien por las reformas liberales del XIX) y 2º) con la incoporación de Sajambre a la provincia de León.  Fuera de este ámbito administrativo y con anterioridad a la fecha arriba mencionada, los documentos hablan siempre de “concejo”. Por tanto, la voz autóctona y tradicional es la de “concejo”, en tanto que “pueblo” (utilizado como sinónimo) es un término claramente importado. Personalmente, todavía recuerdo oir llamar a este edificio “el concejo” allá por mis años mozos. 

sábado, 10 de octubre de 2015

EL APROVECHAMIENTO MADERERO Y LOS MEDIOS Y CUARTOS VECINOS: UNA ORDENANZA DEL AÑO 1800.


En el Sajambre del Antiguo Régimen todo lo relacionado con el corte de la madera estaba reglamentado, tanto por normas consuetudinarias, como por ordenanzas escritas, como asimismo por leyes reales que impedían la tala sin control. Entre ese conjunto de normativas se incluían también leyes sobre el corte de los acebos, corte de ramas en general y la fabricación de costanas.  
En la documentación sajambriega se utiliza el término costana como sinónimo de sardo, es decir, tejido hecho con ramas de árboles. O mejor, varas, habitualmente de avellano, entrelazadas para la fabricación de tablazones de suelos y tabiques usados en la construcción de casas, establos, pajares e invernales, pero también para otras muchas finalidades, como los cierres de fincas; las cajas que se ponían en carros y rametos para contener la carga menuda, como el abono; pesebres; repisas que se colocaban encima del llar, en la cocina de humo tradicional, donde se ponían a secar las castañas, a turrar las avellanas o a ahumar el embutido; rastras, etc.  Los términos sardo y costana, con el significado de tejido formado por varas entrelazadas, forman parte del léxico asturleonés (1) y están muy bien documentados en el Archivo de la Casa Piñán.   
He leído, en alguna fuente no autorizada, la identificación de la costana con la vara. Esto es absolutamente inexacto, ya que en los documentos sajambriegos de los siglos XVII, XVIII y XIX queda clara la identificación del sardo con la costana, utilizándose la voz vara para el componente básico de estos tableros y las palabras costana o sardo para las piezas ya fabricadas. Se habla, así, del «descote de baras». Y es más, cuando las varas ya están entretejidas pero todavía no se les ha dado un uso concreto, se utiliza la palabra costana. Mientras que, cuando dichos tejidos ya se han utilizado, se prefiere la voz sardo.  De manera que, cuando se habla de un par de costanas, no se trata de dos varas (como se ha escrito), sino de dos piezas de sardo ya tejidas. 
En el año 1800 hubo pleito porque algunos vecinos cortaban más ramas de las que les correspondía. El conflicto se resolvió ante el Merino Mayor de Valdeburón, quien dictó sentencia tras una apelación (de este conflicto se conservan varios documentos en el Archivo de la Casa Piñán). En base a dicha sentencia se redactó una ordenanza municipal de «cota de baras» el 14 de marzo de 1800, en la que se estableció también una «cota fija de los pares de costanas que avía de llevar cada vecino en cada un año», de tal forma «que en ninguna manera pueda sacar ningún vecino de este concejo, ni pueda fabricar sino ocho pares de costanas». Obsérvese bien el uso del término «fabricar» relacionado con las costanas, que no tendría ningún sentido si estuvieran hablando de varas.  Por su parte, la prohibición de «sacar» costanas, hacía referencia a la exportación de esta manufactura que hacían los sajambriegos en sus viajes anuales a Tierra de Campos. 
El contenido detallado de la ordenanza municipal es el siguiente. 
Quienes tenían la categoría jurídica de «vecinos» podían cortar varas para fabricar al año un máximo de ocho pares de costanas o, en su caso, un máximo de doce pares de costanizos también al año.  En cambio, los «medios vecinos» solo podían cortar varas para fabricar al año un máximo de cuatro pares de costanas o seis pares de costanizos. O sea, la mitad que el vecino pleno. A su vez, al «cuarto de vecino» solo se le permitía cortar varas para fabricar al año dos pares de costanas o tres pares de costanizos, es decir, la mitad que el medio vecino. 
Ahora bien, ¿quiénes eran esos «medios y cuartos vecinos»? Para responder a esta pregunta debemos tener claro, primero, el concepto de «vecino» en el Antiguo Régimen. 
En el actual Código Civil (art. 14 y 15), la vecindad se adquiere por residencia continuada de dos años o mediante espontánea petición si concurren determinados supuestos legales que permiten abreviar la concesión.  En la Edad Media y en la Edad Moderna, «vecino» era el cabeza de casa, el que vivía y había vivido durante un periodo determinado de forma independiente en la localidad, razón por la cual el concejo o asamblea vecinal le reconocía su calidad de vecino. Por su parte, los residentes que no estaban avencindados en el pueblo eran los «moradores». 
Ser «vecino» suponía tener una serie de beneficios en el lugar y en el municipio, por lo que al vecino pleno se le reconocían todos los derechos derivados del aprovechamiento y de la explotación de los bienes comunes. Los «moradores» carecían de tales derechos. A los «medios vecinos» solo les correspondía la mitad de los beneficios de un vecino común.  Y el «cuarto de vecino» solo tenía derecho a la mitad de lo que correspondía al medio vecino.
En el Antiguo Régimen, la categoría de vecino estaba vinculada al concepto de sujeto fiscal, por eso la principal finalidad de los padrones de población era la de conocer la capacidad impositiva de una localidad. Los vecinos plenos podían pertenecer al estamento de los pecheros y al estamento nobiliario (hidalgos). El hidalgo estaba exento del pago de impuestos reales. El pechero, en cambio, contribuía con dichas cargas. Por tanto, los vecinos hidalgos, por sus privilegios, y los vecinos pecheros, por el pago de los impuestos, tenían pleno derecho en el aprovechamiento y explotación de los bienes comunales. En cambio, los que pagaban menos, recibían menos beneficios. Era lo que sucedía con los medios y cuartos vecinos.  
Los «medios vecinos» eran las viudas de vecinos fallecidos. 
En Sajambre, llegó como costumbre al siglo XX la potestad de las viudas para formar parte de las asambleas vecinales, y esto se observa sin problema en documentos de la segunda mitad del 1800 y en 1900. Sin embargo, las viudas nunca se incluyen en las relaciones vecinales que se enumeran en muchos documentos del 1600, del 1700 y de principios de 1800, ni siquiera de manera genérica, pese a que en tales épocas el número de viudas fue mucho más elevado que en la época Contemporánea. Esto indica que, en los siglos del Antiguo Régimen, se cumplieron las leyes generales del reino que marginaban a la mujer de cualquier atribución jurídico-administrativa. Es decir, que la mujer (fuese cual fuese su condición) no podía formar parte de un órgano colegiado legislativo y ejecutivo de carácter local como eran las asambleas vecinales. Por tanto, durante el Antiguo Régimen, las mujeres sajambriegas que vivieron sin dependencia de varón, bien porque fueran viudas, bien porque eran solteras, aunque se las consideraba vecinas de forma nominal, nunca lo fueron de pleno derecho y nunca formaron parte de la asamblea vecinal. 
Por último, el «cuarto de vecino» fue una categoría que no existió en todos los lugares, pero que, cuando sucedía, solía corresponder a los menores de edad, huérfanos, que vivían solos y a las mujeres solteras que vivían independientes. 
El concepto de «cuarto de vecino» terminó por desaparecer o por unificarse con el de «medio vecino», como se observa en muchos lugares. A su vez, el concepto de «medio vecino» debió sufrir algunos cambios durante la etapa en la que empezaban a desaparecer las estructuras del Antiguo Régimen, porque, en el año 1841, el Diccionario de la Academia Española definía el «medio vecino» como «el que en distinto pueblo de su residencia, pagando la mitad de las contribuciones, puede tener sus ganados en los pastos comunes» (3).
Volvamos ahora a las varas, costanas y costanizos.  
La ordenanza de 1800 decreta penas y multas detalladas para cada par de costanas o de costanizos que excedieran la cota fija anual. La pena era la confiscación de las varas y de las costanas excedidas, cuya ganancia por su venta debía revertir al común. La multa era de cien reales, «que han de pagar irremisiblemente sin que de ellos se pueda hacer gracia alguna» todo aquel que transgrediera dichas normas. Los mismos cien reales se disponen también como sanción para todo el que «se anticipe a cortar antes que la Justicia y ayuntamiento hagan el descote por los días que se permita». 
Además, se establece un procedimiento para evitar abusos, gracias al cual nos enteramos de algunas normas consuetudinarias. Así, estaba asentado por costumbre que todo el que estuviera incapacitado físicamente para acudir a cortar madera, en ésta o en otras circunstancias, pudiera delegar en una tercera persona. Pero había sucedido que algunos enviaban a otros, bajo dicho pretexto, sin estar impedidos y acudiendo también ellos mismos a la corta, por lo cual al final recolectaban el doble. Abusaban asimismo quienes, bajo la excusa de ir a llevar la comida a los que estaban cortando, recolectaban ellos también. 
El procedimiento reglamentado para paliar estos excesos fue el siguiente. El día establecido para el descote de varas, el regidor o su teniente debían convocar a son de campana tañida, haciendo recuento de todos los que iban a cortar, presentándose éstos ante las autoridades. A continuación, el regidor o su sustituto debían controlar la actividad de tala y multar a los que se averiguara que habían cortado de más. Igualmente, debían confiscar «las baras para el común» y las que con algún «pretesto se llebe bara alguna otra persona con el disimulo de que ban a llebar de comer a los obreros o acarrear las que han cortado». 
Se determinó, por último, que si se fabricaban más costanas de las autorizadas «y si las llebasen a tierra de Castilla, lo que allá baliesen avían de entregar efectivo lo que enteramente allá baliesen».  

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NOTAS
(1)   Xosé Lluis García Arias, Diccionario General de la Llingua Asturiana .

(2)   Diccionario de la lengua castellana por la Academia Española, París: Vicente Salvá, 1841, voz Vecino.