miércoles, 11 de noviembre de 2015

SOBRE LOS ESCASOS HALLAZGOS ROMANOS EN SAJAMBRE

Toda la Península Ibérica fue conquistada por los romanos, por lo que el territorio conocido más tarde como Sayambre/ Sajambre pasó a formar parte del Imperio tras las guerras ástur-cántabras. El extraordinario avance de la arqueología en todo el norte Cantábrico en las últimas décadas ha ido proporcionando no pocas sorpresas y descartando muchas teorías, empezando por casi todas las formuladas sobre el territorio de Valdeburón.

En segundo lugar, el avance paralelo del conocimiento histórico tanto entre los arqueólogos, como asimismo entre los epigrafistas, latinistas, paleógrafos e historiadores, en general, de la Antigüedad Tardía y de la alta Edad Media hispanas ha proporcionado también importantes precisiones sobre la época del Reino visigodo de Toledo, del desplazamiento geográfico y de los cambios sufridos por las realidades administrativas romanas durante la dominación visigoda y de la incardinación de los territorios de una parte importante del Norte transmontano en los Ducados visigodos de Asturias y de Cantabria.  En concreto, está asumido que los territorios del Oriente asturiano que constituyeron el núcleo primigenio del Reino de Asturias ya formaban parte, a inicios del siglo VIII, del Ducado de Asturias. 

Así, se ha demostrado la invalidez de las viejas teorías indigenistas de Barbero y Vigil que tanto éxito tuvieron, pero que tan poco acertadas fueron, lo que descarta cualquier opinión basada en tales hipótesis. Se ha demostrado la romanización del Norte transmontano desde la época imperial. Se están ubicando geográficamente las principales batallas de la conquista romana de cántabros y ástures, gracias a los interesantes hallazgos arqueológicos en las actuales Comunidades Autónomas de Cantabria, Castilla y León y Asturias, y gracias a la arqueología de la guerra que ha ido desarrollando Eduardo Peralta Labrador y sus discípulos. Se acepta la introducción del cristianismo en el Ducado de Asturias ya durante la Antigüedad Tardía con comunidades cristianas en Gijón, pero también en las cercanías de Covadonga, aunque todo esto fuera escaso y probablemente superficial.

En la situación historiográfica en la que nos encontramos, Sajambre sigue quedando al margen de los principales escenarios de la conquista y de la colonización romana, algo bastante lógico porque se encuentra enclavado en la zona más áspera de la Cordillera. Esto no quiere decir que no fuera romanizado. Todo lo contrario. Si existió población, que no lo sabemos con certeza, fue romanizada como el resto del territorio peninsular. Entonces, ¿por qué no hay indicios? ¿Por falta de investigación? Negativo. La zona ha sido prospectada y no se han hallado evidencias reseñables, más allá de asentamientos prehistóricos. ¿Está el pueblo de Oseja construido encima de algún poblado romano? Seguramente no, por eso a la hora de cimentar las nuevas edificaciones, nunca se ha encontrado el más mínimo vestigio, porque las tumbas que aparecieron en La Cortina, de Oseja, hace años y han vuelto a aparecer ahora, con la construcción del Centro de Interpretación del Parque Nacional, son tumbas de lajas claramente medievales, semejante a las que yo misma vi en Valdeón y a las que se han excavado en diferentes lugares de Asturias.

Pensemos con lógica. El territorio sajambriego no es apto para la agricultura, principal fuente de riqueza hasta la industrialización. Por eso, durante toda su historia, los sajambriegos se vieron forzados a ir a buscar pan fuera de Sajambre. Tampoco hay extracciones de mineral conocidas en la época antigua. No hay oro, que era lo que interesaba a los romanos. Y la masa boscosa, que ha llegado hasta la actualidad, debió haber sido mucho más frondosa en aquellos tiempos. En consecuencia, no existía en Sajambre nada que interesara económicamente a los romanos para que estos fundaran una explotación agropecuaria o villa. Asimismo, el lugar se encontraba alejado de núcleos urbanos y la arqueología está demostrando que tampoco existieron por aquí razones estratégicas.

Esta realidad sigue reproduciéndose en la alta Edad Media. En Sajambre no existieron importantes monasterios porque la tierra era muy pobre. 

La Iglesia estableció las principales instituciones monásticas en lugares ricos o con posibilidades de explotación económica, de los que podía extraer una ganancia no solo espiritual. Por eso, en el entorno en el que nos encontramos, los monasterios medievales más poderosos estaban situados en los lugares más fértiles, es decir, en la vega del Sella/Seya (San Pedro de Villanueva) y en las proximidades de Potes (San Martín de Turieno, llamado luego Santo Toribio de Liébana). Dejando a un lado el fenómeno eremítico, el resto de los territorios circundantes de la Cordillera Cantábrica se llenaron de iglesias y pequeños monasterios en la alta Edad Media, que tenían por objeto reorganizar el territorio y la población que allí habitaba, a fin de explotar las pocas riquezas que proporcionaba una tierra áspera, montuosa y boscosa, cuya principal actividad productiva fue la ganadería.

De igual forma, aquellas iglesias y pequeños monasterios fueron implantándose también para afianzar el cristianismo y evitar la reaparición de los cultos paganos, lo que corría el riesgo de alejar a los fieles de las iglesias y privar a los eclesiásticos y a los nobles de mano de obra y, en suma, de sus principales fuentes de sustento y enriquecimiento (1). En todo el Norte, muchas de esas iglesias y pequeños monasterios fueron de fundación privada y, durante algún tiempo, nobles laicos fueron sus propietarios. Cuando Sajambre entra en la historia escrita, lo hace de la mano de una familia noble leonesa que es propietaria de un monasterio en Oseja. Pero eso forma parte de otro capítulo de la Historia del que no vamos a hablar aquí.  

SOBRE LA ÚNICA MONEDA ROMANA ENCONTRADA 

La ausencia de asentamientos romanos de importancia en Sajambre explican la carencia, casi absoluta, de hallazgos de época romana. Y viceversa.

La aparición de una única moneda en Regulera es un hecho harto significativo y coherente con la inexistencia de otros hallazgos de similar época. No olvidemos que los silencios también transmiten información y que las monedas viajan con sus dueños.

En documentos tardíos, el lugar de Regulera aparece escrito como Río de Lera, sin evidencias de acción antrópica. 

SOBRE LA SUPUESTA CALZADA ROMANA DE SAJAMBRE  

Ya sabemos que el camino de montañeros que hoy se conoce como Senda del Arcediano fue un tramo de un antiguo camino real documentado en la Edad Moderna que, desde la Meseta, llegaba a Ribadesella. Los documentos del siglo XVI dicen que se usaba para ir a Madrid. Una parte de este camino coincide con lo que se llama uia Saliamica (o vía de Sajambre) en documentos de finales del siglo X.

Los historiadores del pasado supusieron que dicho camino pudo haber sido una calzada porque creían que durante la alta Edad Media solían aprovecharse los viejos caminos romanos, en lugar de construirse otros nuevos. Pero esto no tiene por qué significar que la "vía de Sajambre" fuera una carretera romana, ya que pudo ser un simple camino local entre montañas, una salida natural o una cañada ganadera. Además una supuesta vía por este lugar no aparece en ninguno de los itinerarios romanos conocidos, ni siquiera en el de Lépido. Todas las noticias históricas que existen son de la Edad Media y de la Edad Moderna. La primera, del siglo X, es solo nominativa (vía de Sajambre). La segunda del año 1129, cuando Alfonso VII exime de impuestos al albergue de Pontón, situado al pie de la Cordillera, junto a dicho camino. La tercera del XIII cuando Alfonso X confirma la exención anterior. La cuarta del XV con la ampliación del albergue por la gran cantidad de viajeros y la construcción de la capilla mariana, que todavía se conserva, y de ahí en adelante hasta su abandono.

También está perfectamente documentado cómo, entre los años 1640 y 1714, el tramo de lo que Pedro Díaz de Oseja, arcediano de Villaviciosa, llamó el "antiguo camino" entre los puertos de Beza y Pontón fue total y programáticamente reconstruido, por lo que las evidencias arqueológicas más antiguas debieron desaparecer por completo.

¿Fue construido este camino por los romanos? No lo parece en absoluto. Es más, en su tramo entre Soto y Angón yo diría que de ninguna manera. ¿Fue transitado este camino por los romanos? Seguramente sí, porque no hay que olvidar una cosa: estamos hablando de la principal salida natural del valle. No sería raro que existiera una senda transitada, incluso, en una época anterior a la propia Roma si es que hubo población en la zona, como dan a entender los hallazgos megalíticos. Otra cosa es que fuera una calzada. Eso es muy distinto y más que improbable, improbabilísimo, al menos en el tramo más montañoso.  

SOBRE UNA VIEJA PIEDRA DE MOLINO DE MANO  

En el año 1979, el padre Martino daba noticia del hallazgo de una piedra de molino antigua, que estaba encajada en el muro de un invernal de Berrunde que pertenece a la familia Díaz-Caneja.

Durante algún tiempo, nadie supo de dicha piedra y hacia 1987 (o posiblemente algo después) tuve la ocasión de ver y fotografiar una muela antigua de molino que Virgilio Díaz Vega guardaba en el desván del ayuntamiento de Oseja de Sajambre, a la que llamaba un castro, es decir, una piedra pequeña y redondeada en lengua asturiana (o en lengua leonesa, como se prefiera, porque es lo mismo), (2). 

En aquella ocasión, el señor Díaz Vega me permitió fotografiar dicho castro, para lo cual sacó la piedra del ayuntamiento, ayudado por su hijo, y la apoyó en la pared lateral de dicho edificio, que hoy es un acceso pavimentado a un aparcamiento particular, o sea, el espacio que existía y existe entre la casa consistorial y la casa de concejo (no “del pueblo”), (3).

Como puede verse en la fotografía comparativa que proporciono, se trata de la misma piedra que el padre Martino vio en 1979. Me pregunto si todavía estará en el desván del edificio de ayuntamiento.  


Si así fuera, mi recomendación es que se lleve a un museo o se musealice en Sajambre. En cualquier caso, los propietarios del invernal en el que se encontró son los dueños de dicha muela.  


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NOTAS

(1) No debe olvidarse que la sociedad medieval estaba estructurada en tres órdenes. En la cúspide de la pirámide social se encontraban los oratores (los que rezan), es decir, los clérigos, cuya misión en el mundo era rezar para asegurar la salvación del resto de la sociedad. Les seguían los bellatores (los guerreros), o sea, los caballeros y nobles, cuya función era la de combatir para defender al resto de la sociedad. Y en el escalafón más bajo estaban los laboratores (los que trabajan), es decir, todos los que no eran oratores o bellatores, cuya función en la sociedad era trabajar para mantener a los clérigos y a los nobles. Oratores y bellatores fueron una minoría en todos los reinos de la Europa medieval.

(2) Para los significados del término castro/castru en asturleonés, consúltese el Diccionario General de la Lengua Asturiana, de Xosé Lluis García Arias, accesible on line: http://mas.lne.es/diccionario/

(3) Las casas del pueblo aparecen por vez primera en Rusia a finales del siglo XIX. En España, la “Casa del Pueblo” es una institución socialista, que agrupaciones sindicales, cooperativas y afiliados vinculados al Socialismo español fundan y financian. Por esta razón, todo el que llega a Sajambre y ve dicho letrero en este edifico de Oseja debe pensar que, en dicha localidad, el PSOE ha de ser un partido muy poderoso para tener una Casa del Pueblo en un Ayuntamiento tan pequeño. En cualquier caso, el edificio en cuestión es “la casa de concejo”, donde se celebraban las reuniones vecinales desde que se construyó. La voz “pueblo” como sustituta de “concejo”, o asamblea vecinal, no aparece en la documentación sajambriega antes de 1800, difundiéndose en su segunda mitad. Además, su uso parece estar relacionado con dos cosas: 1º) con la difusión de las ideas de la Revolución Francesa (bien por la invasión napoleónica, bien por las reformas liberales del XIX) y 2º) con la incoporación de Sajambre a la provincia de León.  Fuera de este ámbito administrativo y con anterioridad a la fecha arriba mencionada, los documentos hablan siempre de “concejo”. Por tanto, la voz autóctona y tradicional es la de “concejo”, en tanto que “pueblo” (utilizado como sinónimo) es un término claramente importado. Personalmente, todavía recuerdo oir llamar a este edificio “el concejo” allá por mis años mozos. 

sábado, 10 de octubre de 2015

EL APROVECHAMIENTO MADERERO Y LOS MEDIOS Y CUARTOS VECINOS: UNA ORDENANZA DEL AÑO 1800.


En el Sajambre del Antiguo Régimen todo lo relacionado con el corte de la madera estaba reglamentado, tanto por normas consuetudinarias, como por ordenanzas escritas, como asimismo por leyes reales que impedían la tala sin control. Entre ese conjunto de normativas se incluían también leyes sobre el corte de los acebos, corte de ramas en general y la fabricación de costanas.  
En la documentación sajambriega se utiliza el término costana como sinónimo de sardo, es decir, tejido hecho con ramas de árboles. O mejor, varas, habitualmente de avellano, entrelazadas para la fabricación de tablazones de suelos y tabiques usados en la construcción de casas, establos, pajares e invernales, pero también para otras muchas finalidades, como los cierres de fincas; las cajas que se ponían en carros y rametos para contener la carga menuda, como el abono; pesebres; repisas que se colocaban encima del llar, en la cocina de humo tradicional, donde se ponían a secar las castañas, a turrar las avellanas o a ahumar el embutido; rastras, etc.  Los términos sardo y costana, con el significado de tejido formado por varas entrelazadas, forman parte del léxico asturleonés (1) y están muy bien documentados en el Archivo de la Casa Piñán.   
He leído, en alguna fuente no autorizada, la identificación de la costana con la vara. Esto es absolutamente inexacto, ya que en los documentos sajambriegos de los siglos XVII, XVIII y XIX queda clara la identificación del sardo con la costana, utilizándose la voz vara para el componente básico de estos tableros y las palabras costana o sardo para las piezas ya fabricadas. Se habla, así, del «descote de baras». Y es más, cuando las varas ya están entretejidas pero todavía no se les ha dado un uso concreto, se utiliza la palabra costana. Mientras que, cuando dichos tejidos ya se han utilizado, se prefiere la voz sardo.  De manera que, cuando se habla de un par de costanas, no se trata de dos varas (como se ha escrito), sino de dos piezas de sardo ya tejidas. 
En el año 1800 hubo pleito porque algunos vecinos cortaban más ramas de las que les correspondía. El conflicto se resolvió ante el Merino Mayor de Valdeburón, quien dictó sentencia tras una apelación (de este conflicto se conservan varios documentos en el Archivo de la Casa Piñán). En base a dicha sentencia se redactó una ordenanza municipal de «cota de baras» el 14 de marzo de 1800, en la que se estableció también una «cota fija de los pares de costanas que avía de llevar cada vecino en cada un año», de tal forma «que en ninguna manera pueda sacar ningún vecino de este concejo, ni pueda fabricar sino ocho pares de costanas». Obsérvese bien el uso del término «fabricar» relacionado con las costanas, que no tendría ningún sentido si estuvieran hablando de varas.  Por su parte, la prohibición de «sacar» costanas, hacía referencia a la exportación de esta manufactura que hacían los sajambriegos en sus viajes anuales a Tierra de Campos. 
El contenido detallado de la ordenanza municipal es el siguiente. 
Quienes tenían la categoría jurídica de «vecinos» podían cortar varas para fabricar al año un máximo de ocho pares de costanas o, en su caso, un máximo de doce pares de costanizos también al año.  En cambio, los «medios vecinos» solo podían cortar varas para fabricar al año un máximo de cuatro pares de costanas o seis pares de costanizos. O sea, la mitad que el vecino pleno. A su vez, al «cuarto de vecino» solo se le permitía cortar varas para fabricar al año dos pares de costanas o tres pares de costanizos, es decir, la mitad que el medio vecino. 
Ahora bien, ¿quiénes eran esos «medios y cuartos vecinos»? Para responder a esta pregunta debemos tener claro, primero, el concepto de «vecino» en el Antiguo Régimen. 
En el actual Código Civil (art. 14 y 15), la vecindad se adquiere por residencia continuada de dos años o mediante espontánea petición si concurren determinados supuestos legales que permiten abreviar la concesión.  En la Edad Media y en la Edad Moderna, «vecino» era el cabeza de casa, el que vivía y había vivido durante un periodo determinado de forma independiente en la localidad, razón por la cual el concejo o asamblea vecinal le reconocía su calidad de vecino. Por su parte, los residentes que no estaban avencindados en el pueblo eran los «moradores». 
Ser «vecino» suponía tener una serie de beneficios en el lugar y en el municipio, por lo que al vecino pleno se le reconocían todos los derechos derivados del aprovechamiento y de la explotación de los bienes comunes. Los «moradores» carecían de tales derechos. A los «medios vecinos» solo les correspondía la mitad de los beneficios de un vecino común.  Y el «cuarto de vecino» solo tenía derecho a la mitad de lo que correspondía al medio vecino.
En el Antiguo Régimen, la categoría de vecino estaba vinculada al concepto de sujeto fiscal, por eso la principal finalidad de los padrones de población era la de conocer la capacidad impositiva de una localidad. Los vecinos plenos podían pertenecer al estamento de los pecheros y al estamento nobiliario (hidalgos). El hidalgo estaba exento del pago de impuestos reales. El pechero, en cambio, contribuía con dichas cargas. Por tanto, los vecinos hidalgos, por sus privilegios, y los vecinos pecheros, por el pago de los impuestos, tenían pleno derecho en el aprovechamiento y explotación de los bienes comunales. En cambio, los que pagaban menos, recibían menos beneficios. Era lo que sucedía con los medios y cuartos vecinos.  
Los «medios vecinos» eran las viudas de vecinos fallecidos. 
En Sajambre, llegó como costumbre al siglo XX la potestad de las viudas para formar parte de las asambleas vecinales, y esto se observa sin problema en documentos de la segunda mitad del 1800 y en 1900. Sin embargo, las viudas nunca se incluyen en las relaciones vecinales que se enumeran en muchos documentos del 1600, del 1700 y de principios de 1800, ni siquiera de manera genérica, pese a que en tales épocas el número de viudas fue mucho más elevado que en la época Contemporánea. Esto indica que, en los siglos del Antiguo Régimen, se cumplieron las leyes generales del reino que marginaban a la mujer de cualquier atribución jurídico-administrativa. Es decir, que la mujer (fuese cual fuese su condición) no podía formar parte de un órgano colegiado legislativo y ejecutivo de carácter local como eran las asambleas vecinales. Por tanto, durante el Antiguo Régimen, las mujeres sajambriegas que vivieron sin dependencia de varón, bien porque fueran viudas, bien porque eran solteras, aunque se las consideraba vecinas de forma nominal, nunca lo fueron de pleno derecho y nunca formaron parte de la asamblea vecinal. 
Por último, el «cuarto de vecino» fue una categoría que no existió en todos los lugares, pero que, cuando sucedía, solía corresponder a los menores de edad, huérfanos, que vivían solos y a las mujeres solteras que vivían independientes. 
El concepto de «cuarto de vecino» terminó por desaparecer o por unificarse con el de «medio vecino», como se observa en muchos lugares. A su vez, el concepto de «medio vecino» debió sufrir algunos cambios durante la etapa en la que empezaban a desaparecer las estructuras del Antiguo Régimen, porque, en el año 1841, el Diccionario de la Academia Española definía el «medio vecino» como «el que en distinto pueblo de su residencia, pagando la mitad de las contribuciones, puede tener sus ganados en los pastos comunes» (3).
Volvamos ahora a las varas, costanas y costanizos.  
La ordenanza de 1800 decreta penas y multas detalladas para cada par de costanas o de costanizos que excedieran la cota fija anual. La pena era la confiscación de las varas y de las costanas excedidas, cuya ganancia por su venta debía revertir al común. La multa era de cien reales, «que han de pagar irremisiblemente sin que de ellos se pueda hacer gracia alguna» todo aquel que transgrediera dichas normas. Los mismos cien reales se disponen también como sanción para todo el que «se anticipe a cortar antes que la Justicia y ayuntamiento hagan el descote por los días que se permita». 
Además, se establece un procedimiento para evitar abusos, gracias al cual nos enteramos de algunas normas consuetudinarias. Así, estaba asentado por costumbre que todo el que estuviera incapacitado físicamente para acudir a cortar madera, en ésta o en otras circunstancias, pudiera delegar en una tercera persona. Pero había sucedido que algunos enviaban a otros, bajo dicho pretexto, sin estar impedidos y acudiendo también ellos mismos a la corta, por lo cual al final recolectaban el doble. Abusaban asimismo quienes, bajo la excusa de ir a llevar la comida a los que estaban cortando, recolectaban ellos también. 
El procedimiento reglamentado para paliar estos excesos fue el siguiente. El día establecido para el descote de varas, el regidor o su teniente debían convocar a son de campana tañida, haciendo recuento de todos los que iban a cortar, presentándose éstos ante las autoridades. A continuación, el regidor o su sustituto debían controlar la actividad de tala y multar a los que se averiguara que habían cortado de más. Igualmente, debían confiscar «las baras para el común» y las que con algún «pretesto se llebe bara alguna otra persona con el disimulo de que ban a llebar de comer a los obreros o acarrear las que han cortado». 
Se determinó, por último, que si se fabricaban más costanas de las autorizadas «y si las llebasen a tierra de Castilla, lo que allá baliesen avían de entregar efectivo lo que enteramente allá baliesen».  

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NOTAS
(1)   Xosé Lluis García Arias, Diccionario General de la Llingua Asturiana .

(2)   Diccionario de la lengua castellana por la Academia Española, París: Vicente Salvá, 1841, voz Vecino.

jueves, 14 de mayo de 2015

PROSOPOGRAFÍA DE LOS OFICIOS PÚBLICOS EN SAJAMBRE (I): ALCALDES CONSTITUCIONALES Y REGIDORES ANTERIORES A 1850.


En la actual casa de Ayuntamiento existe una colección de retratos de quienes ocuparon el cargo de Alcalde en el siglo XX, aunque incompleta, pues la última vez que vi dicha galería faltaba el retrato de D. Juan Carlos Piñán Díaz.  Desconozco si se ha incorporado recientemente.  
 
Tampoco estaría mal que se añadieran retratos de otros alcaldes del siglo XX, de los que se conservan fotografías, como Francisco Díaz-Caneja, y la carencia de imágenes de otros podría suplirse con una lista de quienes ostentaron dicho cargo en los siglos XIX y XX. 
 
La nómina que voy a ofrecer a continuación debe completarse con los documentos que se guardan en el Archivo Municipal, una tarea que no he podido acometer todavía. Sirvan, de momento, los alcaldes constitucionales más antiguos que aparecen registrados en los documentos del Archivo de la Casa Piñán.
 

ALCALDES CONSTITUCIONALES DEL CONCEJO DE SAJAMBRE 

 

1813 (Constitución de Cádiz): Don Luis de Martino, natural y vecino de Soto.  
 
1821 (Trienio Liberal): Don Juan Bautista Piñán (de Cueto Luengo) Rodríguez, Alcalde y Presidente del Ayuntamiento constitucional de Sajambre, natural y vecino de Oseja. 
 
1838 (aplicación de la Constitución progresista de 1837): Don Juan Muñiz, vecino de Oseja. 
 
1842 (gobierno progresista, regencia de Espartero): Don Manuel Alonso Valbuena, Presidente constitucional del Ayuntamiento de Sajambre, vecino de Oseja. 
 
Luis de Martino no es solo el primer alcalde conocido, sino también el primer Alcalde del Ayuntamiento en el sentido moderno del término, ya que con anterioridad a la Constitución de 1812, Sajambre se regía por el sistema concejil, lo que reaparecerá en el XIX cada vez que se produzca una involución.
 

REGIDORES


Regidor: en el Antiguo Régimen equivalía a los presidentes de los pueblos o vecindades. En Sajambre era un cargo electo anual y nunca se llegó a patrimonializar.

Los documentos conservados nos están permitiendo también saber quiénes ocuparon los restantes oficios públicos sajambriegos desde la Edad Media: jueces, escribanos de ayuntamiento, notarios, fieles de fechos, alcaldes de la Santa Hermandad, cuadrilleros, procuradores generales, siseros y, por supuesto, regidores. 
 
Lo que sucede es que dicha documentación no está seriada, por lo que siempre existirán lagunas y periodos sin información. De otro lado, la naturaleza de las fuentes que han llegado a la actualidad condiciona también el contenido, con datos unas veces indirectos y otras, entresacados de testimonios documentales variopintos, como cuando se especifica el cargo que ocupa un determinado vecino al deslindar una propiedad en un inventario de bienes. Lo que quiero decir es que la relación que publico no procede necesariamente de documentos municipales o vecinales, sino de fuentes muy dispares, entre las que predominan los ámbitos privado y judicial. 
 
Por desgracia, la mayor parte de los documentos producidos por los concejos, pueblos o juntas vecinales se ha perdido. Primero, porque en los primeros tiempos las disposiciones emanadas de las asambleas no debían ponerse por escrito (Edad Media y gran parte del siglo XVI). Más tarde porque los documentos de cada pueblo eran custodiados por los regidores o presidentes, pasando de uno a otro según se sucedían en el oficio. Los pueblos de mayor densidad demográfica poseían un arca destinada a guardar sus documentos, la copa y otros atributos concejiles, pero en la mayor parte de los casos los papeles del concejo quedaban en las casas particulares de los presidentes hasta que terminaban por desaparecer. Por estas razones, la reconstrucción de la historia de las asambleas vecinales tiene un valor añadido. Ofrezco hoy un pequeño conjunto de piezas aisladas y ensambladas cronológicamente, que han sido extraídas de documentos dispares y que aspiro a poder completar en un futuro (aunque sea imposible hacerlo al cien por cien). 

Una última aclaración, la vecindad de Ribota y las de Pio y Vierdes estuvieron separadas, unas veces, y juntas, otras, a lo largo de la Edad Moderna. Dado que la información no procede de documentos municipales, sino de fuentes variopintas, no siempre me ha sido posible separar dichas vecindades. Por esta causa, presento los regidores de Ribota y Verdes-Pio de manera conjunta.  

REGIDORES DE OSEJA
 
1659: Cosme de Acevedo (hijo de Diego de Acevedo; segunda generación de Acevedos asentados en Sajambre, todavía pecheros; nació en 1601; en 1662 fue arrendatario de tabaco en Sajambre y Valdeón; tuvo 5 hijos). 1661: Pedro Alonso Llano. 1666: Pablo Díez. 1668: Andrés Díez. 1670: Pedro Muñiz. 1677: Pablo Díez. 1680: Pedro de Vega. 1684: Juan Alonso Tielve (patrono de la obra pía familiar). 1688: Pedro de Suero Piñán. 1697: Domingo Díaz de Caldevilla. 1709: Santiago Alonso. 1710: Agustín Díaz de Caldevilla. 1711: Francisco Díaz. 1712: Antonio Díaz. 1714: Lucas Díaz de Caldevilla (hijo de José Díaz de Caldevilla y descendiente de la familia del Arcediano en Oseja). 1715: Manuel Díaz de Caldevilla. 1718: Toribio Díaz de Caldevilla. 1719: Francisco Piñán. 1800: Matías Sánchez. 1803: Fausto de Vega. 1809: Fausto de Vega. 1810: Fausto de Vega. 1815: Manuel Díaz de Oseja. 1816: Tomás Rodríguez. 1825: Manuel Piñán. 1826: Manuel Piñán. 1828: José Díaz-Caneja Piñán (hijo de José Díaz-Caneja y Sosa y Vicenta Piñán de Cueto Luengo, llamado siempre Don José). 1837: José de Posada (en 1819 tuvo un hijo con Fausta de Acevedo). 1842: Víctor Acevedo.  

REGIDORES DE SOTO 

1611: Caneja. 1642: Cosme de Suero. 1652: Juan de Viya. 1661: Toribio de Suero. 1662: Juan Simón. 1665: Miguel Muñiz. 1670: Juan González. 1672: Lupercio Díez. 1680: Cosme de Suero. 1697: Antonio de Palacio. 1708: Juan de Mendoza. 1709: Pedro de Mendoza (muere antes de 1722; casado con Isabel Fernández, de Ribota; padre de Pedro de Mendoza). 1710: Manuel de Posada (sobrino del cura Juan Manuel de Posada e hijo ilegítimo de su hermano Diego). 1711: Pedro Sánchez. 1712: Domingo Díaz de Coco. 1715: José González. 1717: José Sánchez. 1718: Pedro Sánchez. 1719: Manuel Díaz de Coco. 1800: Martín de Suero. 1803: José de Martino. 1810: Anselmo de Martino. 1816: Luis de Martino (primer alcalde constitucional de Sajambre; se convierte en regidor de Soto con Fernando VII). 1842: Lorenzo González.    

REGIDORES DEL TERCIO DE ALLENDE L’AGUA 

1652: Pedro Redondo. 1661: Toribio de la Puente. 1680: Toribio del Collado. 1684: Cosme de Granda (vecino de Vierdes). 1697: Juan Díaz de la Caneja (vecino de Ribota). 1708: Marcial Blanco (vecino de Vierdes). 1709: Pedro Díaz de la Caneja (vecino de Ribota). 1710: Juan de la Puente. 1711: Pedro Díaz. 1712: Juan Gargallo (vecino de Pio). 1715: Lorenzo Díaz. 1718: Pedro Mayón (vecino de Pio). 1719: Ventura Sánchez. 1720: Clemente de Granda (vecino de Vierdes; hijo de Juan de Granda y padre de Pedro de Granda; desempeñó otros oficios públicos; fundó una obra pía para su familia). 1758: Pedro de Granda (vecino de Ribota; marido de Isabel Redondo; hijo de Clemente de Granda y abuelo de José de Granda; patrono de la obra pía familiar fundada por Clemente de Granda). 1800: José Redondo Mayón (vecino de Pio). 1802: José Díaz de Caldevilla. 1803: José Díaz de Caldevilla. 1809: un vecino de Vierdes. 1810: Cruz Fernández (vecino de Ribota). 1816: Joaquín Simón (los Simón de Ribota poseyeron una obra pía familiar fundada por Gonzalo Simón). 1828: Florián González. 1835: Julián Díez. 1837: Francisco Fernández (vecino de Ribota). 1837: Toribio Simón. 1842: Manuel Granda Díez. 

LA OLIGARQUÍA SAJAMBRIEGA 


Según esto, da la sensación que el desempeño de oficios públicos en Sajambre estuvo bastante repartido entre las distintas familias del valle. Nada más lejos de la realidad. En este blog ya nos hemos referido en otras ocasiones a las posibilidades de enriquecimiento, ascenso social y poder que suponía el desempeño de oficios públicos en el Antiguo Régimen. De manera que, aunque los más influyentes compartieran dicho poder, eso no significaba, ni mucho menos, que renunciaran a él.

Añado, a continuación, algunos números más para que se perciba el fenómeno con mayor claridad y se comprendan mejor las raíces de la influencia que determinadas familias siguieron teniendo en la Edad Contemporánea. 

Los miembros del linaje Piñán de Cueto Luengo desempeñaron oficios públicos durante 61 años en diferentes períodos de los siglos XVI, XVII, XVIII y primera mitad del XIX. Los Piñán también poseyeron autoridad eclesiástica (comisario de la Inquisición) durante otros 31 años, es decir, ostentaron poder político en el valle a lo largo de un total de 92 años documentados (posiblemente, más). A ellos correspondió además la hegemonía económica del valle. 

Los miembros de la familia Díaz-Caneja desempeñaron oficios públicos durante un total de 118 años documentados en los siglos XVII, XVIII y primera mitad del XIX. 

Los miembros de la Casa de la Caneja, de Soto, desempeñaron oficios públicos (Merino Mayor, juez) un total de 10 años documentados (no parece que fuera más): 8 años por sí mismos y otros 2 a través de sus criados (alcaldes de la Santa Hermandad). Los canónigos de la familia no tenían poder de iure en Sajambre, al pertenecer el valle al obispado de Léon y ellos al de Oviedo. Sin embargo, sí tuvieron poder de facto por este motivo, en ambas mitades del siglo XVII.  La Casa de la Caneja se alió con los Díaz-Caneja en un intento por afianzar su poder que, no obstante, se acabaría extinguiendo en el segundo cuarto del siglo XVIII. 

Los miembros de la familia del Arcediano en Oseja y en Soto desempeñaron oficios públicos a lo largo de un total de 64 años documentados. El propio Arcediano se alió con los Piñán de Cueto Luengo para controlar la vida política del municipio y, en concreto, la de Oseja, al ser él arcediano de Oviedo y pertenecer Sajambre a la diócesis de León.  A su vez, la alianza de la Casa de la Caneja con los Díaz-Caneja a fines del XVII e inicios del XVIII hizo que estas cuatro familias se convirtieran en las más poderosas de Sajambre, formando una auténtica oligarquía local, alimentada por redes de clientelismo y constantes alianzas. 

 

domingo, 19 de abril de 2015

EVOLUCIÓN DEL ANALFABETISMO EN SAJAMBRE DURANTE LA ETAPA ESTADÍSTICA


Aclaraciones previas

Los datos que he podido recopilar de los censos históricos proceden de la página del Instituto Nacional de Estadística. Se contabilizan los habitantes de hecho, siendo mínima la diferencia entre la población de hecho y la de derecho en tales años. La información general está extraída de la obra de Antonio Viñao Frago, como su libro Escuela para todos: educación y modernidad en la España del siglo XX, Madrid, Marcial Pons, 2004; o sus trabajos, "Escolarización y alfabetización", en J. Monés (coord.), La educación en el siglo XX, Barcelona, 2006, pp.19-35; y  "La alfabetización en España: un proceso cambiante de un mundo multiforme", en P.L. Moreno Martínez y C. Navarro García, C. (coords.), Perspectivas históricas de la educación de personas adultas, vol 3, nº1, Universidad de Salamanca, 2009. Por último, hay que advertir que el avance de la alfabetización fue desigual en muchos aspectos, empezando por el de las propias destrezas, ya que en el pasado no todo el que sabía leer tenía por qué saber escribir, sino que ambas habilidades podían estar disociadas. Por tanto, cuando hablemos de analfabetos totales nos estaremos refiriendo a las personas que no sabían leer ni escribir. Y cuando tratemos de los analfabetos parciales, estaremos refiriéndonos a los que habían aprendido a leer, pero no sabían escribir.  
Comienzo por proporcionar las fuentes estadísticas y dejo el análisis de los números para un segundo momento. Incluyo la tasa general de analfabetismo del vecino concejo de Valdeón, a fin de distinguir lo que pueden ser variaciones locales, de lo que fue una tendencia general.  
1. FUENTES

AÑO 1841

Tasa general de analfabetismo en España: 75'8% (60'8% de analfabetismo masculino y 90'8% de analfabetismo femenino).  Fuente: Antonio Viñao Frago (2009: 7).


AÑO 1877. Habitantes (1.019). Varones (498). Hembras (521).

Tasa general de analfabetismo en Sajambre: 57’3%

Analfabetismo masculino: 35’1%

Analfabetismo femenino: 78’5%

 Tasa general de analfabetismo en Valdeón: 65’7%  

 Analfabetismo masculino: 29’7%  

 Analfabetismo femenino: 94’2%          


AÑO 1887. Habitantes (1.188). Varones (622). Hembras (566).

Tasa general de analfabetismo en Sajambre: 48’9%

Analfabetismo masculino: 27’3%

Analfabetismo femenino: 72’6%

Tasa general de analfabetismo en Valdeón: 45’9%

Analfabetismo masculino: 25’3%  

Analfabetismo femenino: 93’9%    


AÑO 1897.  Habitantes (1.210).

AÑO 1900. Habitantes (1.223). Varones (596). Hembras (627).

Tasa general de analfabetismo en Sajambre: 53’6% (de la cual un 8’3% es un analfabetismo parcial)

Analfabetismo masculino: 34’2% (28’3% totales y 5’8% parciales)

Analfabetismo femenino: 72% (61’4% totales y 10’6% parciales)

Tasa general de analfabetismo en Valdeón: 57’1%

Analfabetismo masculino: 23'7%

Analfabetismo femenino: 82'7%


AÑO 1910. Habitantes (1.179). Varones (562). Hembras (617).

Tasa general de analfabetismo en Sajambre: 42’4% (de la cual un 3’9% es un analfabetismo parcial)

Analfabetismo masculino: 29’3% (27’4% totales y 3’9% parciales)

Analfabetismo femenino: 72% (48’4% totales y 5’8% parciales)

Tasa general de analfabetismo en Valdeón: 52’3%

Analfabetismo masculino: 29’7%

Analfabetismo femenino: 69’4%

Alfabetismo neto en España (mayores de 10 años): 56'2%


AÑO 1920. Habitantes (1.205). Varones (561). Hembras (644).

Tasa general de analfabetismo en Sajambre: 26’2% (de la cual un 1’7% es un analfabetismo parcial)

Analfabetismo masculino: 21% (19’2% totales y 1’7% parciales)

Analfabetismo femenino: 30’7% (29% totales y 1’7% parciales)

Tasa general de analfabetismo en Valdeón: 44%

Analfabetismo masculino: 25’5%

Analfabetismo femenino: 59’5%

Alfabetismo neto en España (mayores de 10 años): 50'6%


AÑO 1930.  Habitantes (1.181).
 Alfabetismo neto en España (mayores de 10 años): 32'4%

AÑO 1940. Habitantes (1.194). Varones (561). Hembras (606).

Tasa general de analfabetismo en Sajambre: 13%

Analfabetismo masculino: 5’8%

Analfabetismo femenino: 15’8%

Tasa general de analfabetismo en Valdeón: 25’4%

Analfabetismo masculino: 19’8%

Analfabetismo femenino: 30%

Analfabetismo neto en España (mayores de 10 años): 23'1%

AÑO 1950. Habitantes (1.079). No hay datos de alfabetización por municipios, solo datos generales por provincia. 

AÑO 1960. Habitantes (1.028). No hay datos de alfabetización por municipios, solo datos generales por provincia. 

AÑO 1970. Habitantes (687). No hay datos de alfabetización por municipios, solo datos generales por provincia. 

AÑO 1981. Habitantes (505). 

AÑO 1986. Habitantes (453). 

AÑO 1991. Habitantes (383). Analfabetos: 8 (2%).

2. ANÁLISIS

Hacia 1877, tanto Sajambre como Valdeón arrancan con un índice de analfabetismo bastante similar que sobrepasa la mitad de su población. La tasa es algo más elevada en Valdeón por poseer un índice muy alto de analfabetismo femenino, que compensa con mayor número de individuos del género masculino alfabetizados que en Sajambre. Otro tanto sucede en los restantes municipios de lo que hoy se llama Montaña Oriental leonesa, que ofrecen todos valores situados por encima del 50% de la población, como Burón con un 57'9%, Acebedo con un 60'3%, Boca de Huérgano con un 56'6%  e, incluso, Cistierna con un 60% de analfabetismo general.  

La realidad paralela de Valdeón y Sajambre al iniciar el período se evidencia una década después, en 1887, cuando la tasa general de iletrados en Sajambre (48'9%) supera ahora a la valdeonesa (45'9%). En cualquier caso, ambos consiguen situarse por debajo del 50% de analfabetos, manteniendo Valdeón los valores anteriores: menos hombres iletrados que Sajambre, pero un mayor analfabetismo femenino. De hecho, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, el Norte peninsular (a excepción de Galicia e incluyendo León) poseerá los índices más bajos de analfabetismo del país. 
La debilidad de aquellos logros queda patente en el último año del siglo, 1900, cuando se registra un aumento de las tasas generales en ambos concejos, manteniéndose las mujeres sajambriegas en un 72% de analfabetismo, pero aumentando los hombres su proporción, lo que hace que tanto Valdeón, como Sajambre, vuelvan a superar el 50% de analfabetismo, con valores del 57’1% y del 53’6% respectivamente.  
En el año 1910 desciende el índice general en Sajambre porque lo que disminuye es el analfabetismo masculino, pues las mujeres siguen en el mismo 72% de 1900. De hecho, en 20 años, la población femenina del valle solo mejora un 0’6%. La tasa general baja 11’2 puntos, situándose en un 42’4% de analfabetismo general. En cambio, el índice general de Valdeón disminuye gracias al aumento de la alfabetización femenina, que supera a sus vecinas sajambriegas, mientras que el analfabetismo masculino es prácticamente idéntico al del concejo de Sajambre.  
La sorpresa es el año 1920, cuando el índice general sajambriego se coloca en un 26’2%, bajando de golpe 16’2 puntos, mientras que la tasa de Valdeón, un 44%, disminuye 8’3 puntos.  
En el contexto general del Estado español está ampliamente aceptado que las décadas de 1920 y 1930 fueron sendos momentos de expansión de la alfabetización en el siglo XX. Pero la realidad que muestran estos números es que el destacado avance ya se había producido en Sajambre al inicio de los años 20 y, en consecuencia, los factores que han de explicar el fenómeno debemos buscarlos en los años posteriores a 1910 y anteriores a 1920.  
A mi modo de ver, habría que considerar dos condicionantes: uno estructural y más importante, que hizo que el índice de analfabetismo en Valdeón sufriera la mayor caída desde 1887, pero también Burón que pasa del 36'2% de 1910 al 26'4% de 1920; Acebedo del 31'1% al 19%; y, sobre todo, Riaño del 58'9% al 24'7%. Otro condicionante quizás fuera coyuntural y de carácter local. Pienso en la escuela de Soto fundada por Don Félix de Martino, cuyos efectos ya se dejan sentir alrededor de 1920. Porque aunque la escuela se inaugura un 21 de agosto de 1907, el periodo transcurrido entre dicha fecha y el censo de 1910 era demasiado pequeño como para que sus frutos quedaran evidenciados en las estadísticas. En cambio, eso sucede en 1920, cuando ya habían pasado 13 años desde la apertura del colegio fundado por el emigrante sajambriego. 
Existe un elemento más que quiero destacar con respecto al censo de 1920 y es el tremendo avance que ofrece la alfabetización femenina, pasando de un 72% de analfabetismo en 1910 a un 30’7% en 1920, es decir, bajando ¡41’3 puntos! Y el hecho vuelve a ser coyuntural en parte, ya que en Valdeón aunque hay mejora, ésta se limita a un descenso más moderado de 10 puntos en el analfabetismo femenino. ¿Qué pasó en Sajambre con las niñas que multiplicaron por 4 su escolarización y alfabetización en tan solo diez años? Una parte de la responsabilidad puede volver a tenerla la escuela de Soto, a la que acceden niñas desde sus inicios, pero también debió existir un impulso en el resto de las escuelas públicas del valle.    
El siguiente descenso importante del analfabetismo (que es espectacular en Valdeón)  se sitúa al final de la década de 1930. El fenómeno es claramente estructural, ya que fue general en todo el país, gracias a la extensión de la escolarización, la implantación de la red escolar, las campañas de alfabetización y la reforma del Magisterio llevadas a cabo por la II República. A pesar de ello, en 1940 todavía existía en Sajambre un 13% de analfabetismo que, no obstante, fue la tasa más baja de la comarca, ya que, por ejemplo, la de Valdeón era del 25’3%, la de  Burón del 17’2%, la de Riaño del 17’3%, la de Acebedo del 18’3%, la de Boca de Huérgano del 18’2%, la de Prioro del 18’9% o la de la propia Cistierna del 18’5%.  

Por tanto, puede afirmarse que, en la primera mitad del siglo XX, Sajambre está más adelantada en este aspecto que la generalidad de España y que de ello también participa, aunque en menor medida, la Montaña Oriental, exceptuando el caso de Valdeón.

¿Cuál fue la causa de este atraso de Valdeón, si en 1877 y 1887 los índices de partida eran bastante similares a los de Sajambre? A mi parecer, una de las razones principales debió haber sido la incomunicación viaria. Esto nunca había sido un problema cuando todo el mundo utilizaba los caminos tradicionales (a pie, con carretas o con caballerías). Pero cuando el transporte empieza a servirse de vehículos motorizados y de vías preparadas para ello, se inicia el aislamiento de Valdeón. Sajambre, por el contrario, quedó bien comunicada con el exterior gracias a la carretera nacional de Sahagún a Las Arriondas, construida en las últimas décadas del siglo XIX.