jueves, 14 de mayo de 2015

PROSOPOGRAFÍA DE LOS OFICIOS PÚBLICOS EN SAJAMBRE (I): ALCALDES CONSTITUCIONALES Y REGIDORES ANTERIORES A 1850.


En la actual casa de Ayuntamiento existe una colección de retratos de quienes ocuparon el cargo de Alcalde en el siglo XX, aunque incompleta, pues la última vez que vi dicha galería faltaba el retrato de D. Juan Carlos Piñán Díaz.  Desconozco si se ha incorporado recientemente.  
 
Tampoco estaría mal que se añadieran retratos de otros alcaldes del siglo XX, de los que se conservan fotografías, como Francisco Díaz-Caneja, y la carencia de imágenes de otros podría suplirse con una lista de quienes ostentaron dicho cargo en los siglos XIX y XX. 
 
La nómina que voy a ofrecer a continuación debe completarse con los documentos que se guardan en el Archivo Municipal, una tarea que no he podido acometer todavía. Sirvan, de momento, los alcaldes constitucionales más antiguos que aparecen registrados en los documentos del Archivo de la Casa Piñán.
 

ALCALDES CONSTITUCIONALES DEL CONCEJO DE SAJAMBRE 

 

1813 (Constitución de Cádiz): Don Luis de Martino, natural y vecino de Soto.  
 
1821 (Trienio Liberal): Don Juan Bautista Piñán (de Cueto Luengo) Rodríguez, Alcalde y Presidente del Ayuntamiento constitucional de Sajambre, natural y vecino de Oseja. 
 
1838 (aplicación de la Constitución progresista de 1837): Don Juan Muñiz, vecino de Oseja. 
 
1842 (gobierno progresista, regencia de Espartero): Don Manuel Alonso Valbuena, Presidente constitucional del Ayuntamiento de Sajambre, vecino de Oseja. 
 
Luis de Martino no es solo el primer alcalde conocido, sino también el primer Alcalde del Ayuntamiento en el sentido moderno del término, ya que con anterioridad a la Constitución de 1812, Sajambre se regía por el sistema concejil, lo que reaparecerá en el XIX cada vez que se produzca una involución.
 

REGIDORES


Regidor: en el Antiguo Régimen equivalía a los presidentes de los pueblos o vecindades. En Sajambre era un cargo electo anual y nunca se llegó a patrimonializar.

Los documentos conservados nos están permitiendo también saber quiénes ocuparon los restantes oficios públicos sajambriegos desde la Edad Media: jueces, escribanos de ayuntamiento, notarios, fieles de fechos, alcaldes de la Santa Hermandad, cuadrilleros, procuradores generales, siseros y, por supuesto, regidores. 
 
Lo que sucede es que dicha documentación no está seriada, por lo que siempre existirán lagunas y periodos sin información. De otro lado, la naturaleza de las fuentes que han llegado a la actualidad condiciona también el contenido, con datos unas veces indirectos y otras, entresacados de testimonios documentales variopintos, como cuando se especifica el cargo que ocupa un determinado vecino al deslindar una propiedad en un inventario de bienes. Lo que quiero decir es que la relación que publico no procede necesariamente de documentos municipales o vecinales, sino de fuentes muy dispares, entre las que predominan los ámbitos privado y judicial. 
 
Por desgracia, la mayor parte de los documentos producidos por los concejos, pueblos o juntas vecinales se ha perdido. Primero, porque en los primeros tiempos las disposiciones emanadas de las asambleas no debían ponerse por escrito (Edad Media y gran parte del siglo XVI). Más tarde porque los documentos de cada pueblo eran custodiados por los regidores o presidentes, pasando de uno a otro según se sucedían en el oficio. Los pueblos de mayor densidad demográfica poseían un arca destinada a guardar sus documentos, la copa y otros atributos concejiles, pero en la mayor parte de los casos los papeles del concejo quedaban en las casas particulares de los presidentes hasta que terminaban por desaparecer. Por estas razones, la reconstrucción de la historia de las asambleas vecinales tiene un valor añadido. Ofrezco hoy un pequeño conjunto de piezas aisladas y ensambladas cronológicamente, que han sido extraídas de documentos dispares y que aspiro a poder completar en un futuro (aunque sea imposible hacerlo al cien por cien). 

Una última aclaración, la vecindad de Ribota y las de Pio y Vierdes estuvieron separadas, unas veces, y juntas, otras, a lo largo de la Edad Moderna. Dado que la información no procede de documentos municipales, sino de fuentes variopintas, no siempre me ha sido posible separar dichas vecindades. Por esta causa, presento los regidores de Ribota y Verdes-Pio de manera conjunta.  

REGIDORES DE OSEJA
 
1659: Cosme de Acevedo (hijo de Diego de Acevedo; segunda generación de Acevedos asentados en Sajambre, todavía pecheros; nació en 1601; en 1662 fue arrendatario de tabaco en Sajambre y Valdeón; tuvo 5 hijos). 1661: Pedro Alonso Llano. 1666: Pablo Díez. 1668: Andrés Díez. 1670: Pedro Muñiz. 1677: Pablo Díez. 1680: Pedro de Vega. 1684: Juan Alonso Tielve (patrono de la obra pía familiar). 1688: Pedro de Suero Piñán. 1697: Domingo Díaz de Caldevilla. 1709: Santiago Alonso. 1710: Agustín Díaz de Caldevilla. 1711: Francisco Díaz. 1712: Antonio Díaz. 1714: Lucas Díaz de Caldevilla (hijo de José Díaz de Caldevilla y descendiente de la familia del Arcediano en Oseja). 1715: Manuel Díaz de Caldevilla. 1718: Toribio Díaz de Caldevilla. 1719: Francisco Piñán. 1800: Matías Sánchez. 1803: Fausto de Vega. 1809: Fausto de Vega. 1810: Fausto de Vega. 1815: Manuel Díaz de Oseja. 1816: Tomás Rodríguez. 1825: Manuel Piñán. 1826: Manuel Piñán. 1828: José Díaz-Caneja Piñán (hijo de José Díaz-Caneja y Sosa y Vicenta Piñán de Cueto Luengo, llamado siempre Don José). 1837: José de Posada (en 1819 tuvo un hijo con Fausta de Acevedo). 1842: Víctor Acevedo.  

REGIDORES DE SOTO 

1611: Caneja. 1642: Cosme de Suero. 1652: Juan de Viya. 1661: Toribio de Suero. 1662: Juan Simón. 1665: Miguel Muñiz. 1670: Juan González. 1672: Lupercio Díez. 1680: Cosme de Suero. 1697: Antonio de Palacio. 1708: Juan de Mendoza. 1709: Pedro de Mendoza (muere antes de 1722; casado con Isabel Fernández, de Ribota; padre de Pedro de Mendoza). 1710: Manuel de Posada (sobrino del cura Juan Manuel de Posada e hijo ilegítimo de su hermano Diego). 1711: Pedro Sánchez. 1712: Domingo Díaz de Coco. 1715: José González. 1717: José Sánchez. 1718: Pedro Sánchez. 1719: Manuel Díaz de Coco. 1800: Martín de Suero. 1803: José de Martino. 1810: Anselmo de Martino. 1816: Luis de Martino (primer alcalde constitucional de Sajambre; se convierte en regidor de Soto con Fernando VII). 1842: Lorenzo González.    

REGIDORES DEL TERCIO DE ALLENDE L’AGUA 

1652: Pedro Redondo. 1661: Toribio de la Puente. 1680: Toribio del Collado. 1684: Cosme de Granda (vecino de Vierdes). 1697: Juan Díaz de la Caneja (vecino de Ribota). 1708: Marcial Blanco (vecino de Vierdes). 1709: Pedro Díaz de la Caneja (vecino de Ribota). 1710: Juan de la Puente. 1711: Pedro Díaz. 1712: Juan Gargallo (vecino de Pio). 1715: Lorenzo Díaz. 1718: Pedro Mayón (vecino de Pio). 1719: Ventura Sánchez. 1720: Clemente de Granda (vecino de Vierdes; hijo de Juan de Granda y padre de Pedro de Granda; desempeñó otros oficios públicos; fundó una obra pía para su familia). 1758: Pedro de Granda (vecino de Ribota; marido de Isabel Redondo; hijo de Clemente de Granda y abuelo de José de Granda; patrono de la obra pía familiar fundada por Clemente de Granda). 1800: José Redondo Mayón (vecino de Pio). 1802: José Díaz de Caldevilla. 1803: José Díaz de Caldevilla. 1809: un vecino de Vierdes. 1810: Cruz Fernández (vecino de Ribota). 1816: Joaquín Simón (los Simón de Ribota poseyeron una obra pía familiar fundada por Gonzalo Simón). 1828: Florián González. 1835: Julián Díez. 1837: Francisco Fernández (vecino de Ribota). 1837: Toribio Simón. 1842: Manuel Granda Díez. 

LA OLIGARQUÍA SAJAMBRIEGA 


Según esto, da la sensación que el desempeño de oficios públicos en Sajambre estuvo bastante repartido entre las distintas familias del valle. Nada más lejos de la realidad. En este blog ya nos hemos referido en otras ocasiones a las posibilidades de enriquecimiento, ascenso social y poder que suponía el desempeño de oficios públicos en el Antiguo Régimen. De manera que, aunque los más influyentes compartieran dicho poder, eso no significaba, ni mucho menos, que renunciaran a él.

Añado, a continuación, algunos números más para que se perciba el fenómeno con mayor claridad y se comprendan mejor las raíces de la influencia que determinadas familias siguieron teniendo en la Edad Contemporánea. 

Los miembros del linaje Piñán de Cueto Luengo desempeñaron oficios públicos durante 61 años en diferentes períodos de los siglos XVI, XVII, XVIII y primera mitad del XIX. Los Piñán también poseyeron autoridad eclesiástica (comisario de la Inquisición) durante otros 31 años, es decir, ostentaron poder político en el valle a lo largo de un total de 92 años documentados (posiblemente, más). A ellos correspondió además la hegemonía económica del valle. 

Los miembros de la familia Díaz-Caneja desempeñaron oficios públicos durante un total de 118 años documentados en los siglos XVII, XVIII y primera mitad del XIX. 

Los miembros de la Casa de la Caneja, de Soto, desempeñaron oficios públicos (Merino Mayor, juez) un total de 10 años documentados (no parece que fuera más): 8 años por sí mismos y otros 2 a través de sus criados (alcaldes de la Santa Hermandad). Los canónigos de la familia no tenían poder de iure en Sajambre, al pertenecer el valle al obispado de Léon y ellos al de Oviedo. Sin embargo, sí tuvieron poder de facto por este motivo, en ambas mitades del siglo XVII.  La Casa de la Caneja se alió con los Díaz-Caneja en un intento por afianzar su poder que, no obstante, se acabaría extinguiendo en el segundo cuarto del siglo XVIII. 

Los miembros de la familia del Arcediano en Oseja y en Soto desempeñaron oficios públicos a lo largo de un total de 64 años documentados. El propio Arcediano se alió con los Piñán de Cueto Luengo para controlar la vida política del municipio y, en concreto, la de Oseja, al ser él arcediano de Oviedo y pertenecer Sajambre a la diócesis de León.  A su vez, la alianza de la Casa de la Caneja con los Díaz-Caneja a fines del XVII e inicios del XVIII hizo que estas cuatro familias se convirtieran en las más poderosas de Sajambre, formando una auténtica oligarquía local, alimentada por redes de clientelismo y constantes alianzas. 

 

domingo, 19 de abril de 2015

EVOLUCIÓN DEL ANALFABETISMO EN SAJAMBRE DURANTE LA ETAPA ESTADÍSTICA


Aclaraciones previas

Los datos que he podido recopilar de los censos históricos proceden de la página del Instituto Nacional de Estadística. Se contabilizan los habitantes de hecho, siendo mínima la diferencia entre la población de hecho y la de derecho en tales años. La información general está extraída de la obra de Antonio Viñao Frago, como su libro Escuela para todos: educación y modernidad en la España del siglo XX, Madrid, Marcial Pons, 2004; o sus trabajos, "Escolarización y alfabetización", en J. Monés (coord.), La educación en el siglo XX, Barcelona, 2006, pp.19-35; y  "La alfabetización en España: un proceso cambiante de un mundo multiforme", en P.L. Moreno Martínez y C. Navarro García, C. (coords.), Perspectivas históricas de la educación de personas adultas, vol 3, nº1, Universidad de Salamanca, 2009. Por último, hay que advertir que el avance de la alfabetización fue desigual en muchos aspectos, empezando por el de las propias destrezas, ya que en el pasado no todo el que sabía leer tenía por qué saber escribir, sino que ambas habilidades podían estar disociadas. Por tanto, cuando hablemos de analfabetos totales nos estaremos refiriendo a las personas que no sabían leer ni escribir. Y cuando tratemos de los analfabetos parciales, estaremos refiriéndonos a los que habían aprendido a leer, pero no sabían escribir.  
Comienzo por proporcionar las fuentes estadísticas y dejo el análisis de los números para un segundo momento. Incluyo la tasa general de analfabetismo del vecino concejo de Valdeón, a fin de distinguir lo que pueden ser variaciones locales, de lo que fue una tendencia general.  
1. FUENTES

AÑO 1841

Tasa general de analfabetismo en España: 75'8% (60'8% de analfabetismo masculino y 90'8% de analfabetismo femenino).  Fuente: Antonio Viñao Frago (2009: 7).


AÑO 1877. Habitantes (1.019). Varones (498). Hembras (521).

Tasa general de analfabetismo en Sajambre: 57’3%

Analfabetismo masculino: 35’1%

Analfabetismo femenino: 78’5%

 Tasa general de analfabetismo en Valdeón: 65’7%  

 Analfabetismo masculino: 29’7%  

 Analfabetismo femenino: 94’2%          


AÑO 1887. Habitantes (1.188). Varones (622). Hembras (566).

Tasa general de analfabetismo en Sajambre: 48’9%

Analfabetismo masculino: 27’3%

Analfabetismo femenino: 72’6%

Tasa general de analfabetismo en Valdeón: 45’9%

Analfabetismo masculino: 25’3%  

Analfabetismo femenino: 93’9%    


AÑO 1897.  Habitantes (1.210).

AÑO 1900. Habitantes (1.223). Varones (596). Hembras (627).

Tasa general de analfabetismo en Sajambre: 53’6% (de la cual un 8’3% es un analfabetismo parcial)

Analfabetismo masculino: 34’2% (28’3% totales y 5’8% parciales)

Analfabetismo femenino: 72% (61’4% totales y 10’6% parciales)

Tasa general de analfabetismo en Valdeón: 57’1%

Analfabetismo masculino: 23'7%

Analfabetismo femenino: 82'7%


AÑO 1910. Habitantes (1.179). Varones (562). Hembras (617).

Tasa general de analfabetismo en Sajambre: 42’4% (de la cual un 3’9% es un analfabetismo parcial)

Analfabetismo masculino: 29’3% (27’4% totales y 3’9% parciales)

Analfabetismo femenino: 72% (48’4% totales y 5’8% parciales)

Tasa general de analfabetismo en Valdeón: 52’3%

Analfabetismo masculino: 29’7%

Analfabetismo femenino: 69’4%

Alfabetismo neto en España (mayores de 10 años): 56'2%


AÑO 1920. Habitantes (1.205). Varones (561). Hembras (644).

Tasa general de analfabetismo en Sajambre: 26’2% (de la cual un 1’7% es un analfabetismo parcial)

Analfabetismo masculino: 21% (19’2% totales y 1’7% parciales)

Analfabetismo femenino: 30’7% (29% totales y 1’7% parciales)

Tasa general de analfabetismo en Valdeón: 44%

Analfabetismo masculino: 25’5%

Analfabetismo femenino: 59’5%

Alfabetismo neto en España (mayores de 10 años): 50'6%


AÑO 1930.  Habitantes (1.181).
 Alfabetismo neto en España (mayores de 10 años): 32'4%

AÑO 1940. Habitantes (1.194). Varones (561). Hembras (606).

Tasa general de analfabetismo en Sajambre: 13%

Analfabetismo masculino: 5’8%

Analfabetismo femenino: 15’8%

Tasa general de analfabetismo en Valdeón: 25’4%

Analfabetismo masculino: 19’8%

Analfabetismo femenino: 30%

Analfabetismo neto en España (mayores de 10 años): 23'1%

AÑO 1950. Habitantes (1.079). No hay datos de alfabetización por municipios, solo datos generales por provincia. 

AÑO 1960. Habitantes (1.028). No hay datos de alfabetización por municipios, solo datos generales por provincia. 

AÑO 1970. Habitantes (687). No hay datos de alfabetización por municipios, solo datos generales por provincia. 

AÑO 1981. Habitantes (505). 

AÑO 1986. Habitantes (453). 

AÑO 1991. Habitantes (383). Analfabetos: 8 (2%).

2. ANÁLISIS

Hacia 1877, tanto Sajambre como Valdeón arrancan con un índice de analfabetismo bastante similar que sobrepasa la mitad de su población. La tasa es algo más elevada en Valdeón por poseer un índice muy alto de analfabetismo femenino, que compensa con mayor número de individuos del género masculino alfabetizados que en Sajambre. Otro tanto sucede en los restantes municipios de lo que hoy se llama Montaña Oriental leonesa, que ofrecen todos valores situados por encima del 50% de la población, como Burón con un 57'9%, Acebedo con un 60'3%, Boca de Huérgano con un 56'6%  e, incluso, Cistierna con un 60% de analfabetismo general.  

La realidad paralela de Valdeón y Sajambre al iniciar el período se evidencia una década después, en 1887, cuando la tasa general de iletrados en Sajambre (48'9%) supera ahora a la valdeonesa (45'9%). En cualquier caso, ambos consiguen situarse por debajo del 50% de analfabetos, manteniendo Valdeón los valores anteriores: menos hombres iletrados que Sajambre, pero un mayor analfabetismo femenino. De hecho, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, el Norte peninsular (a excepción de Galicia e incluyendo León) poseerá los índices más bajos de analfabetismo del país. 
La debilidad de aquellos logros queda patente en el último año del siglo, 1900, cuando se registra un aumento de las tasas generales en ambos concejos, manteniéndose las mujeres sajambriegas en un 72% de analfabetismo, pero aumentando los hombres su proporción, lo que hace que tanto Valdeón, como Sajambre, vuelvan a superar el 50% de analfabetismo, con valores del 57’1% y del 53’6% respectivamente.  
En el año 1910 desciende el índice general en Sajambre porque lo que disminuye es el analfabetismo masculino, pues las mujeres siguen en el mismo 72% de 1900. De hecho, en 20 años, la población femenina del valle solo mejora un 0’6%. La tasa general baja 11’2 puntos, situándose en un 42’4% de analfabetismo general. En cambio, el índice general de Valdeón disminuye gracias al aumento de la alfabetización femenina, que supera a sus vecinas sajambriegas, mientras que el analfabetismo masculino es prácticamente idéntico al del concejo de Sajambre.  
La sorpresa es el año 1920, cuando el índice general sajambriego se coloca en un 26’2%, bajando de golpe 16’2 puntos, mientras que la tasa de Valdeón, un 44%, disminuye 8’3 puntos.  
En el contexto general del Estado español está ampliamente aceptado que las décadas de 1920 y 1930 fueron sendos momentos de expansión de la alfabetización en el siglo XX. Pero la realidad que muestran estos números es que el destacado avance ya se había producido en Sajambre al inicio de los años 20 y, en consecuencia, los factores que han de explicar el fenómeno debemos buscarlos en los años posteriores a 1910 y anteriores a 1920.  
A mi modo de ver, habría que considerar dos condicionantes: uno estructural y más importante, que hizo que el índice de analfabetismo en Valdeón sufriera la mayor caída desde 1887, pero también Burón que pasa del 36'2% de 1910 al 26'4% de 1920; Acebedo del 31'1% al 19%; y, sobre todo, Riaño del 58'9% al 24'7%. Otro condicionante quizás fuera coyuntural y de carácter local. Pienso en la escuela de Soto fundada por Don Félix de Martino, cuyos efectos ya se dejan sentir alrededor de 1920. Porque aunque la escuela se inaugura un 21 de agosto de 1907, el periodo transcurrido entre dicha fecha y el censo de 1910 era demasiado pequeño como para que sus frutos quedaran evidenciados en las estadísticas. En cambio, eso sucede en 1920, cuando ya habían pasado 13 años desde la apertura del colegio fundado por el emigrante sajambriego. 
Existe un elemento más que quiero destacar con respecto al censo de 1920 y es el tremendo avance que ofrece la alfabetización femenina, pasando de un 72% de analfabetismo en 1910 a un 30’7% en 1920, es decir, bajando ¡41’3 puntos! Y el hecho vuelve a ser coyuntural en parte, ya que en Valdeón aunque hay mejora, ésta se limita a un descenso más moderado de 10 puntos en el analfabetismo femenino. ¿Qué pasó en Sajambre con las niñas que multiplicaron por 4 su escolarización y alfabetización en tan solo diez años? Una parte de la responsabilidad puede volver a tenerla la escuela de Soto, a la que acceden niñas desde sus inicios, pero también debió existir un impulso en el resto de las escuelas públicas del valle.    
El siguiente descenso importante del analfabetismo (que es espectacular en Valdeón)  se sitúa al final de la década de 1930. El fenómeno es claramente estructural, ya que fue general en todo el país, gracias a la extensión de la escolarización, la implantación de la red escolar, las campañas de alfabetización y la reforma del Magisterio llevadas a cabo por la II República. A pesar de ello, en 1940 todavía existía en Sajambre un 13% de analfabetismo que, no obstante, fue la tasa más baja de la comarca, ya que, por ejemplo, la de Valdeón era del 25’3%, la de  Burón del 17’2%, la de Riaño del 17’3%, la de Acebedo del 18’3%, la de Boca de Huérgano del 18’2%, la de Prioro del 18’9% o la de la propia Cistierna del 18’5%.  

Por tanto, puede afirmarse que, en la primera mitad del siglo XX, Sajambre está más adelantada en este aspecto que la generalidad de España y que de ello también participa, aunque en menor medida, la Montaña Oriental, exceptuando el caso de Valdeón.

¿Cuál fue la causa de este atraso de Valdeón, si en 1877 y 1887 los índices de partida eran bastante similares a los de Sajambre? A mi parecer, una de las razones principales debió haber sido la incomunicación viaria. Esto nunca había sido un problema cuando todo el mundo utilizaba los caminos tradicionales (a pie, con carretas o con caballerías). Pero cuando el transporte empieza a servirse de vehículos motorizados y de vías preparadas para ello, se inicia el aislamiento de Valdeón. Sajambre, por el contrario, quedó bien comunicada con el exterior gracias a la carretera nacional de Sahagún a Las Arriondas, construida en las últimas décadas del siglo XIX. 

domingo, 8 de marzo de 2015

NIVELES DEMOGRÁFICOS Y RIQUEZA PATRIMONIAL EN SAJAMBRE TRAS LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA



Vamos a observar los niveles de riqueza/pobreza a través de las contribuciones fiscales de los sajambriegos que vivieron en los años 1824 y 1825. Y vamos a hacerlo fijándonos en un impuesto concreto, que se aplicaba sobre la renta personal: el llamado «de paja y utensilios». 

Los ayuntamientos estuvieron obligados durante mucho tiempo a alojar y costear la manutención de las tropas cuando éstas se desplazaban a sus términos municipales. Dicha obligación terminó por transformarse en un impuesto directo llamado «de paja y utensilios».  Se creó en el año 1736 unificando los anteriores tributos de cuarteles (para financiar el alojamiento de las tropas: 1718), y de utensilios (para costear los gastos de camas, luz, aceite, leña, vinagre y sal que causaban dichos alojamientos: 1719), a lo que se sumaba el forraje de las caballerías. De acuerdo con las Ordenanzas promulgadas el 27 de octubre de 1760, el impuesto se repartió entre las provincias y pueblos, utilizando como base sus padrones vecinales (1). La irregularidad en la imposición y cobro de este impuesto fue subsanada y unificada en 1824, estableciendo como únicos exentos a los jornaleros, a los pobres de solemnidad y a los clérigos. En el año 1817 se suprimió y en 1824 se restableció por un máximo de 20 millones de reales.

En el Archivo de la Casa Piñán se conserva la información sobre lo que el Concejo de Sajambre pagó al rey en 1825 en razón del impuesto de “paja y utensilios”, que ascendió a un total de 12.174 reales. La recaudación se hizo conforme al Real Decreto de 7 de julio de 1824 y a las Instrucciones dictadas para su recaudación el 1 de julio del mismo año (2).

La carga iba dirigida a todos los individuos útiles, tanto nobles como pecheros (art. 1º de las Instrucciones), a excepción del clero (art. 2º), e incluyendo a quienes poseyeran bienes en lugares distintos a los de su residencia (art. 4º). Pero se aclara:
En la clase de vecinos útiles para esta contribución no se comprenden los jornaleros que no tengan otro modo de vivir que el de su trabajo, ni los que por notoriedad carezcan de medios para contribuir (art. 6º).
Constituían motivo de desgravación:
A los bienes raíces se les bajarán las cargas legales, anotándoles así en las relaciones (art. 15º). De los edificios se rebajará, además de las cargas legales, lo que se acredite con documentos fehacientes haber importado en el año las quiebras, reparos y otros gastos de conservación (art.16º). En el ramo de ganadería se graduará, prudencialmente, lo que sea justo rebajar por razones de pérdidas en el año (art. 17º).
Asimismo se les compensaba si en las familias existían militares: con 3 reales por brigadier o coronel, 2 reales el teniente, real y medio por capitán efectivo o teniente coronel graduado, 1 real por capitán graduado, teniente o subteniente, capellán o cirujano; 12 maravedís por un soldado de infantería y 16 por uno de caballería.

El documento que se conserva en el Archivo de la Casa Piñán resulta interesante por varios motivos. Primero, porque proporciona una visión general de la situación económica del valle poco más de diez años después de la Guerra de la Independencia, que fue nefasta para los municipios rurales y, segundo, porque la lista de sajambriegos está sacada del último padrón vecinal efectuado, como en él se especifica. Lo que se conserva es una copia certificada, hecha el 3 de junio de 1825, a partir del original expedido el 15 de enero del mismo año. En él se registran los nombres de quienes tenían la categoría jurídica de vecino, con «casa hita», lo que proporciona indirectamente el número aproximado de habitantes.

A comienzos de 1825 había un total de 185 casas abiertas y unos 925 habitantes en todo el valle, una población ciertamente disminuida por la guerra y la mortandad, la sucesión de crisis de subsistencia, la consiguiente emigración, las epidemias, el aumento de la presión fiscal del Estado y de la Iglesia, y la nueva invasión francesa del año 1823, lo que hizo que el campo español de todo el reino viviera una situación desesperada entre 1814 y 1824. 

Los censos históricos conservados, disponibles en el Instituto Nacional de Estadística, informan sobre la lenta recuperación demográfica del valle a lo largo del convulso siglo, sacudido por tres guerras civiles, hambrunas y epidemias:
1857: 926 habitantes.
1860: 911 habitantes.
1877: 1019 habitantes.
1887: 1188 habitantes.
1897: 1210 habitantes.
1900: 1223 habitantes.
En 1825, las 185 casas abiertas se dividían de la siguiente manera: en Oseja, 70; en Soto, 36; en Ribota, 33; en Pió, 28 y en Vierdes, 18. La localidad que posee vecinos con las rentas más altas es Oseja.  Proporcionalmente, el pueblo con rentas más bajas es Soto y el pueblo con rentas medias más extendidas entre la población y, por tanto, el más equilibrado, es Pió.

El nivel más alto de contribución se sitúa entre 300 y 400 reales, y el más bajo en menos de 40 reales. Como se ha dicho, los vecinos considerados pobres no cotizan.  El mayor índice de pobreza se encuentra en Oseja, siendo mujeres (viudas y solteras) y jornaleros. En total, se registran 38 pobres en el municipio, 6 de ellos de solemnidad (en Oseja y Ribota).

La contribución general del Concejo, es decir, los 12.174 reales no fue de las más bajas del reino. Para hacernos una idea, resultó ser algo menos de la mitad de lo que pagó la ciudad de Úbeda en 1820 por el mismo concepto (3). El montante aportado equivalía a 158 carros de vino (4).  

OSEJA 

Nivel más alto:

Entre 400 y 200 reales de contribución (ordenados de más a menos): Don Alejandro Piñán de Cueto Luengo; Fernando de Acevedo; Manuel de Bulnes; Don José Díaz-Caneja y José Caneja.

Entre 200 y 100 reales (14 casos), de más a menos: José Calvo, los menores de José Díaz-Caneja (cuyos nombres no se mencionan), Fausto de Vega, Manuel Díaz Puente, Dominga Sánchez, Manuel de Mendoza, José Alonso Tielve, Luis Acevedo, Andrés Díaz, Julián de Bulnes, Manuel Díaz de Oseja, Agustín Piñán, Gregorio Alonso y Julián Caneja con 100 reales de contribución.

Nivel más bajo:

Entre 30 y 40 reales (5 casos): Rafael Acevedo, labrador; Lorenza Alonso, viuda; Fausto Alonso, sastre; José de Posada, labrador, y Frutos Fernández, maestro de primeras letras.

Entre 20 y 30 reales de contribución (2 casos): Fermín Alonso, carpintero, y Atanasio de Vega, labrador.

16 Pobres: la mayoría eran mujeres viudas y solteras (María Mendoza, jornalera; María Alonso; Rosenda de Mendoza; María Valbuena, jornalera; Teresa Blanco, pobre de solemnidad; Joaquina Alonso, pobre de solemnidad; Ana María Varales, pobre de solemnidad; Isabel Alonso, jornalera; María González, viuda; Micaela Piñán; Ana María Piñán, viuda). Hombres (Manuel Acevedo, pobre de solemnidad; José Alonso; Ángel Alonso, jornalero; Lorenzo Caneja y José Díez). 

RIBOTA 

Nivel más alto:

Entre 400 y 200 reales (1 caso): Pedro Fernández.

Entre 200 y 100 reales (1 vecino): Julián Alonso.

Nivel más bajo:

Entre 20 y 35 reales: José de Granda, labrador; Juan Alonso, labrador; Pedro de María, labrador; Ramona Fernández, viuda.

Entre 10 y 20 reales: Lucas Caneja, jornalero.

Siete pobres (2 de solemnidad): mujeres (Ramona Sánchez, pobre de solemnidad; Gerbana Díez, viuda; Cecilia Díez, viuda; Leonor del Cuadriello, viuda; y Dominga Díez, viuda) y hombres (Matías González, pobre de solemnidad, y Froilán González). 

PIÓ 

Nivel más alto:

Entre 400 y 200 reales: nadie.

Entre 200 y 100 reales (2 vecinos): José Díez (174 reales) y Miguel de Granda (101 reales).

Nivel medio:

Entre 40 y 100 reales: 19 vecinos.

Nivel más bajo:

Solo hay una persona por debajo de 40 reales: Ramón de la Puente (29 reales).

7 pobres, todos hombres: Pedro Díez, mozo de casa abierta, jornalero; Torcuato Redondo, pastor; Manuel Simón, pastor; Isidoro Redondo, jornalero; Francisco Díez, jornalero; Miguel Mayón; Francisco de la Puente. 

VIERDES 

Nivel más alto:

Entre 400 y 200 reales: nadie.

Entre 200 y 100 reales: 5 vecinos (Manuel de Granda Mayón, 180 reales; Gregorio Fernández, 164 reales; María González, viuda, 123 reales; Pelayo de Granda, 121 reales; y Froilán de Granda, 106 reales).

Nivel más bajo:

Entre 10 y 25 reales de contribución (3 casos): Antonio de Granda, Joaquín de Granda y Francisco de Granda.

Pobres: Brígida Redondo, viuda. 

SOTO 

Nivel más alto:

Entre 400 y 200 reales: Andrés Díaz (200’17 reales de contribución).

Entre 200 y 100 reales (1 vecino): Manuel de Martino, 144 reales.

Nivel más bajo:

Entre 20 y 30 reales de contribución: Juan Muñiz, labrador; Manuel Caldevilla, labrador; Ángel Caldevilla, labrador; Miguel Sánchez, labrador; Martín de Suero, labrador; Fausto de Martino, labrador, y Juan Manuel de Posada, pastor.

7 Pobres: viudas (Clara de Martino, María Lozano, María Sánchez, Ana María de Posada) y jornaleros (Manuel Sánchez, Francisco de Posada, Andrés de Granda). 

HACENDADOS FORASTEROS 

El que más contribuye es Don José Valdés (300 reales), vecino del concejo de Piloña, aunque con bastante menos cantidad que los Piñán de Cueto Luengo. A mucha distancia, le siguen Matías Piñán (40 reales), vecino del concejo de Cabrales, y Fausta de la Caneja (30 reales), vecina de Margolles, todos en el Principado de Asturias. 

PROFESIONES 

Entre los que no cotizan, exceptuando los pobres y los 10 casos de jornaleros/as, se mencionan únicamente dos curas párrocos, el de Oseja y el de Ribota: Eugenio Reyero (en Oseja) e Isidoro Pérez (en Ribota). 

Labradores/as: la mayoría. 

Pastores: 3 (Juan Manuel de Posada, en Soto, Torcuato Redondo y Manuel Simón, en Pió). 

Sastres: 1 (Fausto Alonso, en Oseja). 

Carpinteros: 2 (Fermín Alonso y José Alonso Díaz, en Oseja). 

Maestro de primeras letras: 1 (Frutos Fernández, de Oseja).

Tratantes: 1 (Esteban González, en Ribota).

Solo llevan el tratamiento de Don, Alejandro Piñán de Cueto Luengo, José Díaz-Caneja, José Valdés y los clérigos locales. Lo que hoy es una simple fórmula de respeto (Don/Doña), fue antiguamente un privilegio reservado a las jerarquías eclesiásticas y a quienes, siendo de extracción noble, tenían casa solariega y escudo de armas.  Y, aunque en el siglo XIX dicho tratamiento ya estaba bastante desnaturalizado, no es nada raro encontrar casos, como el de este documento sajambriego, en el que se sigue utilizando como un claro elemento de distinción social.

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NOTAS

(1) Victoriano Martín Martín, “Análisis económico y economía aplicada en el pensamiento económico español de los siglos XVIII y XIX”, en Estudios de Historia y de Pensamiento económico. Homenaje al profesor Francisco Bustelo García del Real, Madrid: Universidad Complutense, 2003, pp.223, 230.

(2)  Colección de Reales Decretos y Órdenes pertenecientes a la Real Hacienda desde el 6 de mayo de 1823 hasta fin de 1824, vol. I, Madrid, Imprenta Real, pp.380-385.

(3)  http://www.vbeda.com/gines/tomo1/a346.pdf

(4)  En 1825, el vecino de Oseja, Atanasio de Vega, vendió a dos vecinos de Ribota un carro de vino por Navidad a cambio de 77 reales. De manera que, grosso modo, la contribución total del Concejo equivalía a 158 carros de vino.