Entre 1925 y 1928 fue maestro de la escuela pública de Oseja de Sajambre, Marcelino Reyero Riaño, a donde llegó tras ganar la plaza por oposición. Reyero fue, por tanto, contemporáneo de Leonardo Barriada en Sajambre, y junto a él participó también en el volumen de 1927 derivado de uno de los encuentros pedagógicos que se celebraron en León durante el segundo tercio del siglo XX.
Las aportaciones de Reyero a esta obra colectiva versaron sobre “La escuela y el libro” (pp.42-46) y “El Diario escolar” (pp.69-72). En el primer artículo critica tanto el uso como único recurso didáctico del libro de texto típico de la escuela tradicional, como la total carencia de ellos del más extremo liberalismo educativo. Pero su presencia en esta publicación obedece, sobre todo, a su aportación sobre la puesta en práctica llevada a cabo en Oseja de Sajambre de una de las técnicas pedagógicas defendidas por la Escuela Activa: la del diario escolar o historia de la escuela, que debían redactar los niños con meras orientaciones del maestro.
“Por parte de los niños el trabajo consistirá en que un escolar cada día se dedique a ir anotando en el cuaderno, destinado a tan fin, los hechos ocurridos en clase, lecciones explicadas, trabajos realizados y otros sucesos que por su importancia y por la relación que tengan con la escuela y los niños, merezcan ser consignados en el diario, y pueden incluirse los ocurridos en la localidad, acostumbrando a los niños de este modo a observar la sociedad en que viven y poder tener así un conocimiento más exacto de ella. Los asuntos consignados en el diario lo estarán no de una manera breve, sino detallada…, juntamente con algún dibujo que sea expresión de lo escrito” (pp.70-71).
Termina enumerando las ventajas del método en el desarrollo intelectual del niño, gracias a la capacidad de observación que despierta, “la autoeducación que origina el tener que pensar, hablar y razonar por cuenta propia y la predisposición literaria que en ellos ha de manifestarse” (p.72).
Hace años deposité en el Archivo del Ayuntamiento de Oseja de Sajambre varios de estos diarios escolares hechos entre 1934 y 1937, a los que nos hemos referido en este blog en alguna otra ocasión (2008-07-17). Desconocíamos entonces quién había sido el iniciador de esta práctica que llegó hasta el año 1937. Aquí tenemos la respuesta.
Los cuadernos conservados que son anteriores a la Guerra Civil están escritos por los niños exactamente como Reyero los describe, con sus impresiones diarias, desde que se levantaban y desayunaban hasta que terminaban la jornada escolar. Los textos tienen una frescura inigualable y en ellos podemos asistir a la vida cotidiana y a las enseñanzas recibidas, resumidas por las inteligencias infantiles que nos llegan directamente gracias a las palabras de los niños y a sus dibujos, con su vocabulario, sus expresiones, sus faltas de ortografía y su espontaneidad.
En cambio, el último cuaderno de 1937, que fue hecho en un Sajambre controlado por los nacionales, es sólo un monólogo del maestro, escrito de su puño y letra con una caligrafía impecable pero sin contener ni uno solo de los requisitos para los que este recurso didáctico fue creado y, sobre todo, sin que se permitiera a los niños “pensar, hablar y razonar por cuenta propia”, como defendía Reyero en el año 1927.
Marcelino Reyero Riaño fue natural de la cercana localidad buronesa de Casasuertes, en donde nació un 26 de abril de 1899(1). Comenzó su carrera como maestro nacional de Oseja de Sajambre entre los años 1925 y 1928 para convertirse en Inspector de Enseñanza Primaria durante la II República, después de que las autoridades republicanas asumieran para la enseñanza pública los principios de la Escuela Nueva que años antes se habían desarrollado en las escuelas privadas de fundación laica. Tras la sublevación militar del 17 de julio de 1936 y a diferencia de tantos compañeros suyos, Marcelino Reyero no sufrió los efectos de la represión que afectó al Magisterio español por haberse adherido a la causa rebelde desde el inicio mismo de la Guerra Civil y haberse puesto inmediatamente al servicio del Estado Nacional que entonces iniciaba su andadura.
Así, en noviembre de 1936, los nacionales organizan la primera Junta leonesa que tendría como misión depurar la escuela pública de la influencia “de la masonería, el judaísmo y el marxismo” y expurgar las bibliotecas escolares de la provincia, encargándose de la inspección, incautación y destrucción de los libros que habían llegado a los pueblos gracias a las Misiones Pedagógicas. Según el Boletín Oficial de la Provincia de 2 de noviembre de 1936, dicha comisión estuvo formada por los siguientes miembros: “El Ilustre Sr. Don Olegario Díaz-Caneja, Canónigo Penitenciario de la Catedral de León. Doña Ursicina Martínez Gallego, Directora del Museo Arqueológico de León. Doña Purificación Merino Villegas, Inspectora Jefe de 1ª Enseñanza de León. D. Marcelino Reyero Riaño, Inspector de 1ª Enseñanza de Jaén, agregado a León. D. Rafael Castrillo Martínez, Maestro Nacional de León” (2).
En 1938, Reyero era asesor técnico del Ministerio de Educación Nacional, en la Jefatura Nacional del Servicio de Enseñanza Primaria y continuó siéndolo hasta 1943. Poco después se convierte en el secretario de la comisión encargada de redactar el texto de la Ley de Enseñanza Primaria de 18 de julio de 1945. Y entre 1943 y 1965 desempeñó el alto cargo de Consejero Nacional de Educación, entre otros honores alcanzados durante el Régimen.
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Entre la vanguardia del magisterio que participó en las publicaciones leonesas de 1926 y 1927 hubo, tras la Guerra Civil, fusilados, encarcelados, represaliados y forzados al exilio (Rafael Álvarez García, Julio Marcos Candanedo, Vicente Valls y Anglés, Francisca Bohigas Gavilanes, Manuel González Linacero, Agustín Alonso Jambrina, Antonio Berna Salido), partidarios de los sublevados y activistas del Régimen (Marcelino Reyero Riaño, Rafael Olmos Escobar) y miembros de la “tercera España”. No me refiero a la de Paul Preston, sino a la de Andrés Trapiello, a aquella España que se vio arrastrada a elegir entre uno de los dos bandos.
A diferencia de DON LEONARDO BARRIADA, que optó por seguir ejerciendo su profesión de maestro anónimamente dentro de los márgenes que le permitía la oficialidad, Marcelino Reyero eligió la vía de los méritos políticos en el nuevo estado contribuyendo al desmantelamiento de los avances pedagógicos que se habían logrado en España con anterioridad a la Dictadura Franquista (al fin y al cabo, no todo había sido 'república').
Con el talento y el reconocimiento que poseía Leonardo Barriada, si éste hubiera querido involucrarse en las instituciones educativas del Estado Nacional como hizo Reyero u otros con mucha menos valía que él, habría conseguido tantos o más honores que aquéllos. Sin embargo, el maestro de Soto de Sajambre eligió otro camino.
A mi parecer, este contrapunto engrandece la figura de Don Leonardo Barriada.
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NOTAS
(1) Toda la información biográfica de Marcelino Reyero Riaño está sacada de la siguiente dirección web http://www.casasuertes.com/Marcelino%20Reyero.htm
(2) José Andrés de Blas, “La Guerra Civil española y el mundo del libro: censura y represión cultural (1936-1937)”, Represura (2006), nota 84. Disponible on line: