domingo, 14 de noviembre de 2010

MÁS NOTICIAS DEL BARRIO DE LA PANDIELLA DE OSEJA.


Como ya dijimos en otra ocasión, el significado de Estrada es el de “camino empedrado”, una designación medieval de lo que en el siglo XVII se llamaba Camino Real y que a través de este lugar se internaba en el barrio de Las Cortes pasando por La Piedra Bellida: “Yten ynventariaron una tierra de dos carros de abono en la hería de Palacio, linda con tierra del glorioso San Pedro y tierra de Marta La Yana y el Camino Real de La Piedra Vellida” (Archivo de la Casa Piñán, Notarial, Sajambre, Gonzalo Piñán, leg. 1668). A decir de los documentos, este ramal del Camino Real cruzaba el barrio de Las Cortes para descender después hacia Ribota.

En la época del Arcediano, en medio del barrio de La Pandiella había una gran huerta que estaba rodeada por huertos particulares, por la fragua y por el Camino Real. En 1625, los herederos de Juan González de Prada la venden al Comisario de la Inquisición, Domingo Piñán de Cueto Luengo, y décadas más tarde, perteneciendo ya a otros dueños, se hipoteca en un censo escriturado a favor del cura de Ribota, Toribio Díaz Prieto: “ytten ypottecaron la güerta que esttá en medio del barrio de La Pandiella, que linda con la fragua del concejo y del otro lado con el Camino Real y frontea con casa de Marcos Martín, vecino de dicho lugar” (Archivo de la Casa Piñán, Notarial, Sajambre, Gonzalo Piñán, leg.1668).

La condición de fragua “del concejo” que vemos en este documento aparece también en el ya citado de 1625: “...más le bendemos para con esto una güerta nuestra, sitia en el dicho lugar de Oseja, que linda con fragua del concejo y por bajo con el Camino Real y por otra parte con güerto de Alonso, el herrero”. (Archivo de la Casa Piñán, Notarial, Sajambre, Sancho Díaz de Ribota, leg.1625-1633). Gracias a ambas noticias podemos decir que, al igual que sucedía en otros concejos de la Merindad, la fragua pertenecía a los bienes de propios del Pueblo de Oseja. Además de este local de Oseja, sabemos también de la existencia de otra fragua en Soto.

También comentamos en otra entrada que las casas que tienen o tuvieron un arco de medio punto en su puerta de entrada deben datarse con anterioridad a mediados del siglo XVIII. La antigua cárcel de Oseja lo tenía y, en este caso, sabemos que su construcción fue anterior a 1575. A mediados del siglo XVII se edificó otra casa con arco junto a la cárcel.

En el año 1658, los hermanos Matías y Pedro Piñán habían construido una casa cuya puerta principal se encontraba en el portal que daba acceso a su establo y que se compartía con Mateo Francisco: “Una casa que tienen en el barrio de La Pandiella de dicho lugar, junto a la Cárcel Real del Concejo, sobre razón de una puerta principal que tiene dicha casa por donde se serbía de dicho establo della, que dicha puerta es en el portal, que es parte con Mateo Francisco y porque dicha puerta con el establo de adelante de dicha casa parece ser de dicho Pedro y Matías Piñán...” (Archivo de la Casa Piñán, Notarial, Sajambre, Tomás Díaz de la Caneja, 1658-1677).

Dos años más tarde, en 1660, un nuevo vecino, llamado Diego Muñiz, pleitea con los hermanos Piñán porque el portal dificultaba la entrada a su bodega. Gracias a esta diferencia sabemos que el portal de los Piñán estaba cerrado, cubierto de teja y se entraba en él por una puerta en arco (“la puerta de arco por donde se sirve el establo de los susodichos”) que perjudicaba los derechos de paso de Diego Muñiz.

La concordia se alcanza cuando los Piñán aceptan construir otra puerta para que su vecino pudiera llegar hasta su bodega con comodidad: “que la puerta de arco y portal sobre que se letiga aya de quedar y quede por los dichos Matías y Pedro Piñán cumpliendo los susodichos con el costo de la media puerta que se a de acer para el servicio de dicho Diego Muñiz, acia la parte de la cárcel y Camino Real. Y los dichos Pedro y Matías Piñán ayan de dexar patente el servicio para la bodega del dicho Diego Muñiz, que linda con el portal de los dichos Matías y Pedro Piñán. Y ansimismo, los dichos Matías y Pedro Piñán an de dar al dicho Diego Muñiz diez y seis reales de bellón por razón de la texa que pusso sobre dicho portal.” Matías y Pedro Piñán se comprometen también a “dexar trabaxar a dicho Diego Muñiz por los días de su bida en dicho portal y no en más, y esto se entiende con el susodicho y no con sus erederos” (Archivo de la Casa Piñán, Notarial, Sajambre, Gonzalo Piñán, leg. 1660, ff. 22rº-vº).

Pero la mayoría de casas con arcos en sus puertas y en algunas ventanas se hallaban en el barrio principal de la localidad, el de Las Cortes, que será el siguiente en nuestro recorrido histórico por los barrios de Oseja.

lunes, 8 de noviembre de 2010

MÁS SOBRE OBRAS PÍAS EN LOS SIGLOS XVII Y XVIII (y 3): los Viya y los Simón.

Andrés de Viya, vecino de Soto, funda en su testamento del 31 de julio de 1703 dos obras pías sobre un doblén o buey de dos años con la condición de que el patrono fuera siempre un miembro de su familia. La primera fundación se establece con el Santuario de la Virgen de la Velilla, una de las devociones más arraigadas de Sajambre, y su patrono debía ser su hijo Pedro. La segunda obra pía la funda en Oseja y su primer patrono debía corresponder a su hijo Juan, aunque con él ya se había gastado parte de su hacienda porque en cierta época “se causaron más deudas que intereses por acidentes que sucedían en el susodicho y su poca fortuna”. Su hija Isabel y sus descendientes quedaban segundos en el derecho para acceder al cargo de administrador.

La importancia del prestigio en la comunidad que le suponía al fundador y a su estirpe el haber instituido y estar a cargo de una obra pía queda patente en una de las condiciones que establece Andrés de Viya en su fundación. Tras enunciar lo que debía hacerse para conservar y enriquecer la obra pía, añade que si llegara el caso de no poder mantenerla, con las ganancias que se tuvieran debía comprarse alguna res o hacerse algo “para que aya memoria de la dicha Obra Pía” (Archivo de la Casa Piñán, Notarial, Sajambre, Agustín Piñán de Cueto Luengo, leg.1703).

Hasta el momento, los primeros Viyas de los que tengo noticia en Sajambre datan del siglo XVI. Con anterioridad a 1550 vivieron en Soto de Sajambre Juan de Viya y su mujer, Elvira Gutiérrez, quienes engendraron a Álvaro Díez de Viya o, simplemente, Álvaro de Viya (1560-1574) y a Juan Blanco de Vierdes. Así aparecen documentados estos dos “hermanos” en una venta fechada el 28 de febrero de 1574 (Archivo de la Casa Piñán, Notarial, Sajambre, Diego Fernández de Cueto Luengo, leg.1545-1592), posiblemente por estar el segundo casado con una hermana del primero. Álvaro de Viya muere entre 1574 y 1577, momento a partir del cual empieza a documentarse su hijo, Pedro de Viya, también vecino de Soto. Durante el siglo XVII, los Viya siguen documentándose más en Soto que en Oseja. Vivían en el barrio de El Corral y, por lo que sabemos, a esta familia puede deberse la introducción del maíz en Sajambre. De todas formas, se conserva la partida de defunción de María de Viya, vecina de Oseja y mujer de Juan Bermejo, que murió el 2 de marzo de 1645, sin hijos, dejando por heredero a su sobrino Francisco de Viya. No se dice de dónde era vecino este sobrino. En 1701 vivía en Oseja un Juan de Viya.

El apellido Simón aparece ya en un documento del 19 de diciembre del año 1545 en un Juan Simón que también era vecino de Soto. Y hay que decir que de allí fueron la mayoría de los Simones que aparecen en los protocolos notariales sajambriegos. Sin embargo, es un vecino de Ribota, llamado Pedro Simón, quien reclama el patronato de una obra pía fundada por “su tío”, Gonzalo Simón, hacía más de 20 años.

Conservamos el informe del abogado, Juan de Baños, que prepara la apelación y el documento no lleva fecha. No obstante, la escritura y la ortografía indican que debe datarse en el siglo XVIII. Tampoco se dice en el texto de dónde era originario Gonzalo Simón y sólo se habla de la existencia de un pleito entre el vecino de Ribota y Pedro Redondo, natural de Pío, a causa de la propiedad de un buey que el primero decía pertenecer a la obra pía de su familia.

domingo, 7 de noviembre de 2010

MÁS SOBRE OBRAS PÍAS EN LOS SIGLOS XVII Y XVIII (2): los González.

Las Obras Pías fundadas en las familias González, Viya y Simón, al igual que la establecida entre los Alonso, dejaron por capital un cierto número de bueyes de labranza con instrucciones precisas sobre cómo se debían criar, vender y comprar para ir manteniendo la fundación y, en el mejor de los casos, para ir aumentándola con el tiempo.

En la Obra Pía de los González, de Oseja, se especifica que “...para conprar y bender los bueyes que diere de sí la administración y ansimismo los que se conpraren, han de ser añojos y nobillos de corto prezio y éstos se den al pariente más cercano y más pobre hasta que lleguen a diez años, y entonces se bendan y de su balor se pongan otros del género dicho, y no bueyes abentajados que, siéndolo, no se podría mantener dicha Obra Pía...” (Archivo de la Casa Piñán, Notarial, Sajambre, Agustín Piñán de Cueto Luengo, leg.1711).

La naturaleza de las obras pías suponía que del capital fundacional (en este caso bueyes) debían beneficiarse los miembros más pobres de la familia, quienes no podían venderlos ni efectuar ninguna otra transacción económica con ellos, ya que esa prerrogativa estaba reservada a los administradores, que eran siempre el cura de la parroquia y el pariente más cercano al fundador. Al ser la Iglesia la dueña de los bienes, en caso de conflicto se dependía de la jurisdicción diocesana.

Por eso cuando Miguel Acebedo permutó por su cuenta un buey que había recibido de la obra pía, su patrono, Toribio González, lo denuncia ante el Obispo de León: “...el dicho Miguel de Azebedo teme[rosa]mente para apremutar dicho buey por [...], bolbió a hazer otra premuta sin lizenzia de los referidos cura y patrono, por cuia causa se a atrasado y danificado dicha Obra Pía. Sobre que protestó dar querella criminal o en la forma que más aya lugar ante el señor Obispo que al presente es deste Obispado o su discreto Probisor, a quien toca el conozimiento desta causa...” (Archivo de la Casa Piñán, Notarial, Sajambre, Agustín Piñán de Cueto Luengo, leg.1703).

Cuando este Toribio González hace testamento el 15 de abril de 1711, los 5 bueyes de la obra pía estaban en poder de “Roque Bermejo, uno; Antonio Díaz, otro; la viuda de Diego Alonso, otro; Josseph, otro; la viuda de Juan Alonso, otro” (Archivo de la Casa Piñán, Notarial, Sajambre, Agustín Piñán de Cueto Luengo, leg.1711).

Sabemos que Juan de Gonzalo había fundado esta Obra Pía, lo que no sabemos es cuándo, aunque hubo de ser como pronto en la segunda mitad del siglo XVII porque en el año 1703 ya era patrono Toribio González y antes lo había sido su padre, Pedro González, muerto con anterioridad a 1701. De esta fecha conservamos el testamento de su viuda, Elena Díaz de Caldevilla, y el inventario de bienes de la casa. Además del promogénito Toribio, también fueron hijos suyos Manuel, María, Toribia y Ana.

Toribio González hace testamento en el año 1711 dejando por herederos a sus hijos Toribio, Dionisio, Manuel, María y Micaela González. Su primogénito, Juan González, había muerto antes de 1711. Sin embargo, en el patronato de la obra pía familiar no le sucede ninguno de sus hijos, sino Juan González de Bulnes, vecino de Soto y heredero a su vez del que fuera cura de Oseja hasta el mes de enero de ese mismo año, Pedro González (ver post de 4 de noviembre de 2010), por lo que ambos debían ser parientes del fundador.

sábado, 6 de noviembre de 2010

MÁS SOBRE OBRAS PÍAS EN LOS SIGLOS XVII Y XVIII (1).

Aparte de la Obra Pía del Arcediano, ya conocemos la fundación que en el año 1666 hizo María González y de la que se benefició el linaje de los Alonso Tielve de Oseja. Esta familia mantuvo el Tielve en su apellido hasta el siglo XIX, para perderlo en esa misma centuria. Por otras fuentes que nos dicen donde vivían, sabemos que los descendientes actuales de este linaje deben ser los miembros de alguna de las familias apellidadas Alonso procedentes del barrio de La Pandiella. Asentados en Oseja desde el siglo XVII por lo menos, tuvieron vinculaciones familiares con la localidad cabraliega de Tielve, lo que hubo de suceder forzosamente con anterioridad a 1600.

A finales de ese mismo siglo, Juan de Gonzalo fundó otra Obra Pía para el linaje de los González, de Oseja. En 1703 Andrés de Viya fundó otra Obra Pía para el linaje de los Viya, de Soto. Y a comienzos del siglo XVIII, Gonzalo Simón fundó otra Obra Pía para el linaje de los Simón, de Ribota.

Ya sabemos que los principales objetivos de estas fundaciones piadosas eran tres: a) obtener ventajas fiscales al vincular los bienes fundacionales a la Iglesia, pues las propiedades eclesiásticas no estaban sometidas a imposiciones tributarias; b) favorecer económicamente a la familia del fundador; y c) adquirir prestigio e influencia en la comunidad. Exactamente igual que en la actualidad.

Pero aparte de la información económica que puedan transmitir las obras pías, también constituyen una interesante fuente genealógica, ya que cuando conservamos varios documentos podemos seguir en ellos la línea sucesoria y las filiaciones de los grupos familiares que fueron favorecidos por tales instituciones. En los próximos posts hablaré de las Obras Pías de los González, los Viya y los Simón, dando por seguro que en los muchos documentos que faltan por estudiar aparecerán otras.