sábado, 6 de noviembre de 2010

MÁS SOBRE OBRAS PÍAS EN LOS SIGLOS XVII Y XVIII (1).

Aparte de la Obra Pía del Arcediano, ya conocemos la fundación que en el año 1666 hizo María González y de la que se benefició el linaje de los Alonso Tielve de Oseja. Esta familia mantuvo el Tielve en su apellido hasta el siglo XIX, para perderlo en esa misma centuria. Por otras fuentes que nos dicen donde vivían, sabemos que los descendientes actuales de este linaje deben ser los miembros de alguna de las familias apellidadas Alonso procedentes del barrio de La Pandiella. Asentados en Oseja desde el siglo XVII por lo menos, tuvieron vinculaciones familiares con la localidad cabraliega de Tielve, lo que hubo de suceder forzosamente con anterioridad a 1600.

A finales de ese mismo siglo, Juan de Gonzalo fundó otra Obra Pía para el linaje de los González, de Oseja. En 1703 Andrés de Viya fundó otra Obra Pía para el linaje de los Viya, de Soto. Y a comienzos del siglo XVIII, Gonzalo Simón fundó otra Obra Pía para el linaje de los Simón, de Ribota.

Ya sabemos que los principales objetivos de estas fundaciones piadosas eran tres: a) obtener ventajas fiscales al vincular los bienes fundacionales a la Iglesia, pues las propiedades eclesiásticas no estaban sometidas a imposiciones tributarias; b) favorecer económicamente a la familia del fundador; y c) adquirir prestigio e influencia en la comunidad. Exactamente igual que en la actualidad.

Pero aparte de la información económica que puedan transmitir las obras pías, también constituyen una interesante fuente genealógica, ya que cuando conservamos varios documentos podemos seguir en ellos la línea sucesoria y las filiaciones de los grupos familiares que fueron favorecidos por tales instituciones. En los próximos posts hablaré de las Obras Pías de los González, los Viya y los Simón, dando por seguro que en los muchos documentos que faltan por estudiar aparecerán otras.

domingo, 3 de octubre de 2010

EL ROBO DE LA VIRGEN DE SOTO Y LAS DILIGENCIAS PARA SU RECUPERACIÓN (1658-1660).

Imagen de la Virgen Madre, talla de 1658. Iglesia parroquial de Nuestra Señora de las Nieves (Soto de Sajambre).


A Benjamín Martino, que habría
disfrutado con esta historia.
In memoriam.



Por lo que sabíamos hasta el momento, la elegante imagen de la Virgen y el Niño que se encuentra en el altar mayor de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de las Nieves, de Soto de Sajambre, fue donada por los canónigos Diego de la Caneja, tío y sobrino, en el año 1658 al vecindario de la localidad sajambriega, según relató el padre Martino siguiendo el contenido de un documento conservado en un archivo privado(1).

Pero ahora sabemos que dos años después de la fecha del anterior documento, la imagen de la Virgen Madre todavía no había llegado a Soto. ¿La causa? Aparentemente, un robo. En el año 1660 continuaban las diligencias para su rescate.

En el protocolo de Gonzalo Piñán de Cueto Luengo correspondiente al año 1660 se conserva el documento en el que me baso para hacer esta afirmación. Por desgracia, se trata de uno de los registros notariales del siglo XVII que se hallan en mal estado de conservación, faltando bastantes fragmentos por rotura del soporte y estando otros severamente afectados por la humedad.

El papel roto es imposible de recuperar y sólo en pasajes muy concretos se puede deducir alguna palabra. La humedad hizo que la tinta se fuera diluyendo hasta casi desaparecer en la mitad superior de cada página, lo que afectó a una parte considerable del documento. Pese a ello, en algunos lugares he podido recuperar varios renglones gracias al tratamiento informático de la imagen. Entre paréntesis aparecerá lo que se ha perdido por completo y entre corchetes lo que se restaura, se deduce o se podría recuperar aplicando, por ejemplo, luz ultravioleta sobre el documento original.

Lo que se conserva en el Archivo de la Casa Piñán de Oseja de Sajambre es una carta de poder otorgada el día 2[1] de diciembre de 1660, mediante la cual el Pueblo de Soto, reunido a concejo, comisiona a Juan de Granda, a Toribio de Viya y quizás a una tercera persona para que acudan a la capital del Principado, supuestamente a denunciar el robo de una imagen de Nuestra Señora que les pertenecía por donación del bachiller don Diego de la Caneja, canónigo de la catedral de Oviedo, y con la que se había quedado Sebastián de Asiego, vecino del concejo de Parres en el Principado de Asturias.

Por culpa del mal estado de conservación no queda del todo clara la misión de los representantes nombrados por la Junta Vecinal de Soto y tampoco nos acabamos de enterar del todo sobre las circunstancias de la sustracción de la imagen. Tal y como está redactado el documento, no parece que se debiera al robo de ningún facineroso, sino más bien al hurto de la imagen por parte de algún intermediario en la entrega o por alguien que la interceptó antes de su llegada a Soto de Sajambre.

Omitimos la relación de vecinos de Soto asistentes a la reunión vecinal y las cláusulas finales de la carta de poder:

[Sepan quantos] por esta pública escriptura de poder vieren como nos, los vecinos y moradores del lugar de Soto, concexo de Saxambre, en la Merindad de Baldeburón, estando juntos en nuestro concexo [a son de] canpana tañida, según lo tenemos de costunbre para las cosas tocantes y concernientes a la utilidad del dicho lugar, especialmente su merçed de Cosme de Suero, juez hordinario... (se enumeran los vecinos presentes a concejo), todos juntos, unánimes y conformes, nemine discrepante, otorgamos y conocemos que por quanto el bachiller don Diego de la Canexa, canónigo de la Santa Yglesia de Oviedo y natural deste dicho lugar y conçexo, nos hiço oferta y mandó el prototipo y imagen de Nuestra Señora para la parroquia deste dicho lugar, y aviendo sido por nosotros açeptada la dicha oferta, el dicho canónigo nos remitió dicha imagen. Y veniendo dirixida a este dicho lugar, Sebastián de Asiego, veçino del lugar y conçexo de Parres, recoxió dicha ymagen y la puso en su capilla, diciendo la quería para sí. Y aunque por parte deste dicho lugar se remitió por dicha ymagen con horden de dicho canónigo, no la a querido, ni quiere dar. Por ende, usando de la dicha oferta por nos açeptada, dicimos y realmente otorgamos que damos nuestro poder cunplido quan bastante se requiere y en (...) es neçesario y más pueda y deva valer, con todas las (...) Derecho neçesarias, de suerte q[ue] por falta de(...) a Juan de Granda, r(...), Torivio de Vi[ya] (...)m[ero] de la qu[e](...) / (...) especialmente para que puedan parecer y pare[scan] (...) [...] de dicha ciudad y Principado y [...] nuestro señor y señor de su Real Consexo y ante [...] qualesquier juezes, justicias de el rei, nuestro señor, y pedir en forma al dicho [...] [de ... y más ... efecto se ... dada y se nos] entregue y para ello [...] (continúan las cláusulas acostumbradas hasta llegar a la fecha) Otorgamos ansí en el dicho lugar de Soto, del dicho concexo, a veinte y [uno del] mes de diciembre del año de mil y seiscientos y sesenta, estando pre[sentes p]or testigos: el bachiller Francisco de Horcasitas, cura del dicho lugar [...] y Gregorio [de A]cevedo, vecinos del dicho con[cexo] (...) en el [dicho lu]gar de Soto, a los quales (...) [firmaron los que] supieron y por los [que no, un testigo a ruego] (...)" (Archivo de la Casa Piñán, Notarial, Protocolos, Gonzalo Piñán 1660).

Desgraciadamente, no sabemos cómo se resolvió el conflicto. ¿Recuperó Soto la imagen que le había regalado don Diego de la Caneja? ¿O la que hoy se conserva en su iglesia parroquial es otra también antigua, pero distinta de la que fue donada originariamente? ¿Por qué no intervino el Arcediano de inmediato, pues entonces ya era la cabeza del Arcedianazgo al que estaba supeditado el concejo de Parres? Y si intervino, ¿por qué no tuvo éxito? ¿Quién era este ladrón llamado Sebastián de Asiego?

Y si los vecinos de Soto consiguieron finalmente su objetivo y recuperaron la imagen, ¿cuánto tiempo en total tardaría esta Virgen “peregrina” en llegar a Soto desde que salió de Oviedo en el año 1658?


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NOTAS
(1) Eutimio Martino, La Montaña de Valdeburón, ed. Universidad Pontificia de Comillas, Madrid 1980, n.147, p.115.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

LA TORRE DE OSEJA DE SAJAMBRE: primeras noticias documentales.

Poco a poco van apareciendo los antiguos edificios sajambriegos de los que teníamos noticia por haber llegado al siglo XX y otros desconocidos de los que ahora vamos sabiendo de su existencia. En este caso, le toca el turno a La Torre de Oseja. No obstante, hay que lamentar lo poco que se prodiga en una documentación en la que abundan las noticias sobre el barrio de Caldevilla.

Como ya habíamos explicado en otras entradas, es muy probable que esta construcción tuviera su origen en una torre o casa fuerte señorial de la Baja Edad Media. Pero a partir del siglo XV, estos edificios pierden totalmente su sentido originario convirtiéndose en torreones anexos a casas solariegas o siendo ocupadas por habitantes del lugar para diferentes usos. Uno de estos usos fue el de adaptar los viejos caserones medievales para lugares de habitación y vivienda. Y esto último parece ser lo que le sucedió a La Torre de Oseja, ocupada por más de una familia. Hasta el momento conozco 4 documentos: tres hablan de La Torre directamente y el cuarto lo hace de manera indirecta.

El primer caso está datado en Oseja, el 21 de febrero de 1667, y se trata del testamento incompleto de Cosme Díaz de Caldevilla, casado con Catalina González, y padre de Fabián, Dominga y María, que tras las mandas piadosas encarga lo siguiente: “Yten mando se paguen diez y ocho reales a Juan Alonso de Liébana. E la refición de La Torre, de techo y trillado y paredes lo hiçimos Pedro Díaz, mi ermano, y yo y es medio a medio en pago de la misma cosa, de la parte que toca a Juan Díaz, mi sobrino, le tengo dado cinco ducados”(Oseja de Sajambre, Archivo de la Casa Piñán, Notarial, Gonzalo Piñán de Cueto Luengo 1667, último folio).

Es decir, que la familia Díaz de Caldevilla reconstruyó el techo y las paredes de La Torre con anterioridad a febrero del año 1667, utilizando paja en la obra, posiblemente la techumbre, como vimos que en estos mismos años poseían todavía muchas casas en todo Sajambre. Si la construcción poseyó alguna vez una cubierta almenada, quizás fue entonces cuando la perdió, porque al siglo XX habría de llegar con teja y a cuatro aguas.

El principal motivo de esta refacción debió estar relacionado con la ocupación que varias familias hicieron del edificio. En el inventario de bienes de este Cosme Díaz de Caldevilla, datado el 18 de junio de 1667, leemos lo siguiente: “Primeramente declararon ser y aver quedado del dicho Cosme Díaz, difunto, la cassa de su continua morada donde vivía, en La Torre, e que es una cozina. Tócale desta cozina, le toca la quinta parte de ella, dividida entre çinco hermanos. Linda con casa de Andrés Díaz y herederos de Julián de Palaçio”. El documento expresa más adelante cómo la vivienda de los Díaz de Caldevilla está separada de los restantes inquilinos por una división interna hecha de madera: “según lo parte el tablado que linda con casa de Pedro de Caldevilla y cassa de los herederos de los Palaçios”.

Este Cosme Díaz de Caldevilla es homónimo del primo del Arcediano, pero este último estaba casado con Francisca Rodríguez, no con Catalina González, y murió en Madrid, no en Oseja. De manera que, en principio, no hay ninguna conexión entre estas familias.

El anteriormente citado Pedro de Caldevilla que vivía en La Torre y que, en realidad, se llamaba Pedro Díaz de Caldevilla muere en el año 1675 y entre sus bienes se inventaría "un quarto de cassa en La Torre, en que al presente vive Andrés Díez, declarante", es decir, el Andrés Díaz también mencionado en el documento de 1667.

Algunos años después, el 27 de septiembre de 1718, un sajambriego avecindado en Medina Sidonia otorga carta de poder para que su representante legal se haga cargo de la herencia que le corresponde por la muerte de sus padres y hermanos. La carta de poder, hecha ante tres escribanos públicos de la localidad gaditana, está otorgada por Juan Bautista Díaz de La Torre de Caldevilla, “natural de la villa de Osexa” e “hijo lexítimo de Joseph Díes de la Torre de Caldevilla y de Francisca Gonzáles, su lexítima muger, mis padres defunttos, vezinos y natturales que fueron de dicha villa” (Oseja de Sajambre, Archivo de la Casa Piñán, Notarial, Agustín Piñán de Cueto Luengo; original cosido al protocolo de 1718).

Lo que sucede es que cuando se efectúa el inventario de bienes en Oseja, el 22 de junio de 1719, la Justicia y el escribano público de Sajambre se refieren a los miembros de esta familia llamándoles “Juan Bautista Díaz de Caldevilla, vezino que pareze ser de la ciudad de Medina Sidonia, natural que fue de este dicho lugar... por carta de poder espezial para partir y dibidir los vienes que quedaron por fin y muertte de Jossephe Díaz de Caldebilla y Francisca González, padres del referido Juan Bautistta Díaz”. ¡La Torre ha desaparecido de sus apellidos!

Es más que evidente que Juan Bautista había adoptado como apellido este rimbombante “De La Torre de Caldevilla” cuando sólo le correspondía como tal un vulgar “Díaz”. Bien lo sabían la Justicia y el escribano de Sajambre cuando atinadamente lo suprimieron tanto del nombre del hijo, como del de sus progenitores.

Pero lo que aquí nos interesa es que si Caldevilla se trata de una indicación de procedencia que ya conocemos bien, La Torre también debió serlo, posiblemente porque como en el caso de 1667 esta familia era una de las que vivía en el viejo caserón medieval a comienzos del siglo XVIII. Y todos estos Díaz de Caldevilla debieron pertenecer, posiblemente, al mismo linaje.

miércoles, 21 de julio de 2010

EL CULTO A LA VIRGEN DE BELÉN EN OSEJA.

Durante la Edad Moderna, en Oseja de Sajambre se rindió culto a tres advocaciones marianas: a Santa María convertida en Nuestra Señora de la Asunción a partir de comienzos del siglo XIX, a la Virgen del Rosario y a la Virgen de Belén.

Esta última devoción aparece con frecuencia en los testamentos del siglo XVIII, no habiéndola registrado hasta el momento en la documentación del siglo precedente. El culto, relacionado con la maternidad, tuvo una gran difusión en España gracias a la predicación de los franciscanos, aunque no sabemos cuál pudo haber sido la vía de penetración en Sajambre.

Los propios documentos nos dicen que la imagen venerada en Oseja se guardaba en la capilla de San Roque. Por eso, durante el siglo XVIII la cofradía radicada en este templo llevaba por nombre Cofradía de San Roque y de la Virgen de Belén.

1709-08-07, Soto: “Dos misas a la Serenísima Reina de los Ángeles Virgen de Belén”.

1711-04-15, Oseja: “Otra a la Virgen de Belén”.

1711-06-01, Oseja: “Dos a la Virgen de Belén”.

1712-02-01, Oseja: “Seis a la gloriosa Virgen de Belén”.

1716-04-07, Oseja: “Dos a la Virgen de Belén”.

1716-09-12, Oseja: “Una misa a la Virgen de Belén”.

1796-08-21, Oseja: “Otra a Nuestra Señora de Belén y San Roque“.

1805-02-26, Soto: “Y otra a Nuestra Señora de Belén en su capilla de Oseja suplicando a la Soberana Señora ponga mi alma en carrera de salvación y me alivie de las penas del Purgatorio. Y mando que por cada una se dé la limosna de seis reales”.

1813-12-28, Oseja: “Tres misas votivas: la una a Nuestra Señora de la Asunción, nuestra Soberana Patrona; la otra a Nuestra Señora del Rosario; y la otra a Nuestra Señora de Belén, sita en la capilla de San Roque de esta dicha villa. Ésta con la limosna de ocho reales y las otras dos de a quatro reales”.

1828-03-04, Oseja: “Una misa a Nuestra Señora de Belén dicha también en su capilla”.

Creo que en la ermita de San Roque de Oseja existe un cuadro con la imagen de la Virgen y el Niño, que es la iconografía más característica de esta advocación. Lo que no recuerdo son sus características formales y, de ser una pintura original, si puede asignarse al siglo XVIII.