miércoles, 11 de noviembre de 2009

EL PUEBLO DE PÍO CON ANTERIORIDAD A 1814 (2-1): molinos e iglesias.

En una venta efectuada el 13 de enero de 1660 se nombra como lugar de emplazamiento del prado que es objeto de la transacción “la Güera del Molino”, situada junto al río caudal, o sea, junto a la corriente principal. Y a comienzos de 1714, el vecino de Pío, Silvestre Gutiérrez, poseía un molino que se describe de la siguiente manera:

Un molino prósimo a moler en el río de Las Agüeras, que es todo suyo y muy bueno, y está sobre sí y no tiene con quien partir” (Archivo Piñán, 1714-01-25).

Parece, por tanto, que la instalación era nueva y que Silvestre era su único dueño. No sé si se trata de una refacción del molino documentado en 1660 o si son dos diferentes. Seguro los naturales de Pío lo distinguirán mejor que yo.

Como ya sabemos, en Pío existió un templo dedicado a San Pelayo, de cuya fundación no se tiene noticia alguna.

En el año 1980, el padre Martino informaba de la localización de la primera referencia a dicha ermita, que aparecía en un documento del año 1703. Desde entonces y hasta el día de hoy, este documento fue el único conocido que hablaba del San Pelayo de Pío. Recordaré que se trata del contrato que los vecinos del lugar establecieron con carpinteros y canteros de Llanes para trasladar y reconstruir el templo: “...en disposición de mudar la hermita del glorioso San Pelayo del lugar donde se alla al dicho lugar de Pío, por estar dicha hermita muy deteriorada. Todos los vecinos, unánimes y conformes, ajustaron la obra de la dicha hermita... sin alterar ni inobar” (1).

Según parece deducirse de la redacción, el emplazamiento original no se hallaba dentro de lo que entonces era el pueblo de Pío, sino (como quiere la tradición) por debajo del caserío y junto al camino de Vierdes. Cabe suponer que este lugar y algunas tierras de sus alrededores fuera lo que en el año 1676 se conocía como “el Balle de San Pelayo, deste lugar de Pió”, en donde los lugareños poseían prados que limitaban “con heredad de la Obra Pía que fundó el Doctor Osexa, arcediano que fue de Villaviciosa y con heredad de Phelipe de Redondo, vecino deste lugar de Pió” (Archivo Piñán, Gonzalo Piñán de Cueto Luengo, 1676-04-04). En documentos posteriores seguiremos encontrándonos con el topónimo. Sirva de ejemplo uno de 1814 en el que se escribe: “Yten declaro que la jaza de San Pelayo que yo poseo en la pradería de Campo Labagua, término de este lugar...”.

El deterioro del que habla el testimonio de 1703 nos hace suponer la mucha antigüedad de la ermita y los nuevos documentos que vamos conociendo nos permiten adelantar su datación. Como está sucediendo con otros templos del valle, también en este caso podemos proporcionar información novedosa al respecto.

El topónimo anterior de 1676 ya nos lleva al siglo XVII, pero todavía podemos ir una década más atrás. En el testamento que Juan Redondo (a quien por cierto llamaban Xan) escritura en el año 1667 aparece una misa dedicada “al señor San Pelallo” (Archivo Piñán, Gonzalo Piñán de Cueto Luengo, 1667-01-13), testimonio que se convierte, por ahora, en el más antiguo, aunque estoy segura de que según vayamos teniendo acceso a nuevos documentos podremos ir adelantando la datación de todos los templos del valle.

A partir de este momento, el culto a San Pelayo se refleja de distintas maneras en las mandas testamentarias de los vecinos de Pío. En su testamento de 1712, don Toribio Díaz Prieto dispone que se entregue una vaca a San Pedro de Orzales y “otra baca al glorioso San Pelayo, y no más que fallezca se entreguen a los mayordomos que fuessen de dichos santuarios las bacas referidas, que assí es mi boluntad” (Archivo Piñán, Agustín Piñán de Cueto Luengo, 1712-03-10). Como era natural y como mandaban las ordenanzas del Concejo, lo que el cura de Ribota califica de santuario tenía su propio mayordomo.

Otro caso es el de María Fernández de Mendoza, natural de Cordiñanes, que vivía en Pío por haberse casado con José Redondo Mayón y que hace testamento en el año 1787. En su encargo de misas votivas no se olvida de Santa Eulalia de Valdeón ni de la Virgen de Corona, pero además ordena la celebración de una misa por su alma en “San Pelayo, en su santa cassa”. Y lo mismo sucede con otro José Redondo, viudo de Marina Redondo, que en 1814 sigue encargando misas “al glorioso San Pelayo”.

La ermita de San Pelayo debía ser una obra de mampostería, seguramente de una única nave que, como dice el documento de 1703, tenía una bóveda con huecos y macizos, un campanario para una única campana y una puerta en el medio, sin duda rematada en arco. La imagino parecida a San Pedro de Orzales, aunque posiblemente de tamaño más reducido.


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NOTAS
(1) Eutimio Martino, La Montaña de Valdeburón, Madrid 1980, n.168, pp.128-129.

lunes, 9 de noviembre de 2009

EL PUEBLO DE PIÓ ANTES DE 1814 (1): el caserío.

Este documento de 1813 (Archivo Piñán) coloca la tilde sobre la "o" para la auténtica pronunciación del topónimo: Pió.
Compárese el caso anterior con la forma verbal ("se pidió") claramente acentuada en el mismo documento de 1813. En ambos casos, al llevar tilde la vocal final, no se coloca el signo diacrítico sobre la "i" latina que la precede.
En nuestro recorrido documental por los pueblos del Valle le corresponde el turno ahora al pueblo de Pío, del que ya tenemos noticias en el año 1004 y cuyos habitantes siguen apareciendo en documentos bajomedievales.

Cuando en una escritura de cargo y data, fechada en 1616, se quiso distinguir a dos vecinos de Pío llamados de la misma manera, no se les designó añadiendo a su nombre el del barrio o lugar en el que vivían, sino que se expresó de la siguiente forma: “Pedro Redondo de arriba” y “Pedro Redondo de abajo”. Esta pudo ser una fórmula elegida por su brevedad y suficientemente clara para su autor, porque poco después encontramos identificaciones de viviendas con sus correspondientes topónimos: “el casar de la casa de La Riva” que lindaba con la casa de morada de Juan Redondo en Pío (1666-01-13).

Tengo que aclarar que de todos los documentos que conozco hasta el momento, los que se refieren a Pío son los menos expresivos en cuanto a información concreta sobre el caserío. Pese a esto, está documentada La Cuesta del Pindal en 1714 y la antroponimia nos permite establecer otros lugares de poblamiento en los alrededores de la localidad. Pero vayamos poco a poco.

Cuando el vecino de Pío Toribio Redondo funda 30 misas de aniversario por 30 años en 1676, establece como fundamento económico para la celebración de tales oficios varios prados, tierras y su casa de vivienda que describe así: “la mi casa nueva de piedra, madera y texa que está delante de la que vivo”. La alusión a la cubrición de teja es interesante porque, como ya hemos visto en otros posts, un documento datado en 1664 describía una casa de pastores como “casa de tabla, piedra y paxa” situada en la Majada Vieja, en donde también nos constan invernales cubiertos de teja en la misma época ("una casa enbernal de la Maxada Biexa de texa con la eredad questá alrredor (sic)"). Esto quiere decir que en la segunda mitad del siglo XVII todavía convivían los dos sistemas de cubrición en Pío, en cuyas majadas han perdurado (más que en otros lugares de Sajambre) los techos cónicos de los chozos fabricados con troncos.

En el pueblo de Pío tenía su casa Lorenzo Gutiérrez que se componía de “cocina sola” y además poseía “una vigada de casa de establo y pajar” que lindaba con herederos de Pedro Fernández y Jacinto Díaz, y un cuarto de hórreo que compartía con Pedro Hidalgo y los herederos de Juan de La Puente (1714-09-09). En el mismo año, Silvestre Gutiérrez vivía junto a La Cuesta del Pindal en una casa de dos vigadas que se componía de cocina, pajar y caballeriza. Delante de la casa, había un hórreo que Silvestre compartía con los herederos del “Griego” y de Pedro Cabrero (1714-01-25).

Encontramos también que una vecina de Vierdes era dueña en 1813 de “otro quarto de casa en el lugar de Pió a do dicen El Collado, según linda con Pablo y Miguel Díez” (1813-09-20). No estoy segura si El Collado forma parte del casco urbano o si es lugar alejado del pueblo, pero su frecuente aparición formando parte de la antroponimia indica, con absoluta seguridad, que este lugar estuvo habitado desde antiguo. Las personas llamadas Del Collado en Pío son muy abundantes, por lo menos desde Juan del Collado, clérigo de menores órdenes, natural de Pío, vecino de Pedrosa y residente en León que formaba parte de la clientela del arcediano de Mayorga en el año 1609 (1) y que era dueño de un prado situadao “en el lugar de Pió do dizen Canpo Lavagua” que lindaba con “el río caudal de Beruyano y camino del monte” (Archivo Piñán, Esc. León 1609-12-09).

Dada la frecuencia con la que los topónimos aparecen en los nombres propios, otros dos lugares que también estuvieron habitados son La Puente y Collado Mayón. Comencemos por este último que, desde la Edad Media hasta la actualidad, aparece bajo las siguientes variantes Manjón, Majón, Mayón, Bayón y Mallón. Las formas Manjón y Majón aparecen desde el año 1304 en personas originarias de Vierdes. Mayón y Mallón son el mismo término, y Bayón lo interpreto (sin seguridad) como confusión de las labiales “b” y “m”. Los documentos medievales utilizan desde el año 1304 las formas Manjón y Majón. En los posteriores al siglo XVI se registran Majón, Mayón o Bayón, esta última de manera esporádica. Lo que nunca aparece es Mallón que, sin embargo, es la forma que se utiliza en toda la cartografía moderna, ya que este apellido tiene su origen en el Collao Mayón (Collado Mallón en los mapas) que se encuentra situado en las proximidades de la Pica Ten. El documento del año 1304 hace que este apellido sea uno de los más antiguos de Sajambre; por ejemplo, un siglo y medio anterior al característico Caneja.

Por su parte, La Puente como apellido, tan frecuente en los vecinos de Pío de los siglos XVII y XVIII, tiene su origen en el lugar del mismo nombre situado junto al pueblo de Pío, entre éste y la riega La Congostura, que desde luego también estuvo habitado. Como parte de antropónimos, también se documentan De la Nozaleda y De la Campana, este último relacionado -quizás- con alguna persona originaria de Vierdes.


PRÓXIMA ENTRADA: EL PUEBLO DE PÍO ANTES DE 1814, molinos e iglesias.

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NOTAS(1) Dice el documento que Juan del Collado estaba “en casa y servizio de don Luis de Santiesteban, arçediano de Mayorga” en la Iglesia de León (Archivo Piñán, Esc. León 1609-12-09).

viernes, 9 de octubre de 2009

EL PUEBLO DE RIBOTA ENTRE 1550 Y 1835: una curiosa noticia sobre los cierres de las tierras labrantías.


Los documentos de Ribota proporcionan una noticia tan curiosa sobre los antiguos materiales de construcción utilizados en Sajambre para los cercados y cierres de las fincas que se merece una entrada individual. Con ella empezamos a hablar del terrazgo cultivado en Ribota durante los siglos del Antiguo Régimen.

Aparece en una nota de 1665 referida a la demanda que una vecina del lugar presenta ante el juez ordinario del concejo porque le habían desbaratado el cierre de una tierra.

En Rivota, concejo de Saxanbre, a tres días del mes de ab[ril] de 1665, se querelló Luisa Díaz de Santiago Gómez por decir que teniendo çerrada la parez de la tierra de la Vega de parez seca abetunada con tierra y cardos, de suerte que estava mui segura, sin poder entrar... que no por ello el dicho acusado la descompuso y la tiró a la parte de afuera”. Ambos litigantes se avienen “con advertencia que Santiago Gómez ponga la parez de suerte que esté para guardar, espinándola la dicha Luisa Díaz”.

Tres cosas hay en este testimonio:

1º) La costumbre de espinar las cerraduras ha perdurado hasta la actualidad, utilizándose para ello la variedad del espino albar o espinera.

2º) El betún o brea hubo de emplearse como aislante de la humedad y, supuestamente, se habría echado por encima del barro ya seco.

3º) Pared hecha con “tierra y cardos”. A la última palabra le falta un signo diacrítico: una cedilla. Para decir "çardo". Es decir, sardo. Véanse las entradas más recientes tituladas "Casas pajizas de Sajambre" para ampliar la información al respecto de esta investigación en curso.

miércoles, 7 de octubre de 2009

EL PUEBLO DE RIBOTA ENTRE 1550 Y 1835: ¿cuándo se abandonó la ermita de San Pedro de Orzales?


Los documentos que he consultado hasta ahora no hablan explícitamente del posible caserío situado en el barrio alto de Ribota. Hablan, sobre todo, de huertas, tierras, prados, cuevas y caminos, que estudiaré en los posts siguientes. Con una excepción: la iglesia de San Pedro de Orzales.

Al haber dedicado las primeras entradas de este blog a hablar del origen histórico y de las características arquitectónicas de esta ermita, voy a referirme ahora a la devoción que los sajambriegos tuvieron a San Pedro de Orzales, observándola a través de las mandas piadosas de los testamentos realizados en los siglos XVII, XVIII y principios del XIX. Estas noticias nos van a permitir también empezar a delimitar la época hasta la que estuvo en uso este templo y, con ello, acercarnos al momento de su abandono.

Reproduzco una muestra de las mandas de misas dedicadas a San Pedro de Orzales por vecinos de los cinco pueblos del valle desde el siglo XVII hasta el final de la Guerra de la Independencia. Todos los documentos se guardan en el Archivo Piñán.

1636-10-24: manda de Sebastián Fernández, natural de Ribota, para que “me digan otras misas rezadas en San Pedro de Horzales”.

1649-04-28: Gerónima Díaz, viuda de Pedro Díaz de Caldevilla, vecina de Ribota, ordena “otras dos misas al señor San Pedro y es mi intenzión se digan en la ermita del señor San Pedro que está en el término de Rivota deste concejo”.

1666-01-13: manda de misas de Juan Redondo, vecino de Pío, “otra al señor San Pedro”.

1669-04-01: manda de misas de Catalina Díaz, viuda de Juan Fernández y vecina de Ribota, “otra al señor San Pedro”.

1699-04-20: manda de misas de Catalina Díaz de Vega, mujer de Damián Fernández y vecina de Ribota, “dos al glorioso San Pedro de Orçales que me abra las puertas del Cielo”.

1711-04-15: manda de misas de Toribio González, vecino de Oseja, “otra al señor San Pedro de Orzales”.

1711-06-01: manda de misas de Toribio Díaz, vecino de Oseja: “dos al señor San Pedro de Orzales”.

1712-02-01: manda de Ana Sánchez de Vega, viuda de Gonzalo Piñán de Cueto Luengo y vecina de Oseja, de 3 misas “al glorioso San Pedro”.

1712-03-10: en su testamento, don Toribio Díaz Prieto, cura de Ribota, dona “una baca al señor San Pedro de Orçales y esta se entregue no más que fallezca al mayordomo de dicho santuario”.

1714-05-31: manda de misas de Dominga Alonso, vecina de Soto, de “otra misa al glorioso San Pedro”.

1716-04-07: manda de Juan Alonso, vecino de Oseja, en la que “asimismo mando vna sábana de lienzo delgado, cordalón y longeo(?) al señor San Pedro de Orzales para que la pongan en su altar de su santa cassa para que esté con más adorno”.

1716-04-07: manda de misas de Juana Alonso, vecina de Oseja, de “dos al señor San Pedro de Orzales”.

1718-04-21: manda de misas de Francisco Piñán, vecino de Oseja, de “otra al señor San Pedro, otra al señor San Juan”.

1787: manda de misas de María Fernández de Mendoza, vecina de Pío, de “otra a San Pedro”.

1813: manda de misas de Ángela Díaz de Caldevilla, vecina de Vierdes, de “otra al señor San Pedro”.

1815: manda de misas de Manuel Díez, vecino de Ribota, de “otra a San Pedro”.

A partir de mediados del siglo XIX deja de mencionarse la ermita de San Pedro, aunque sabemos que una vez abandonada, se siguieron celebrando misas en honor a San Pedro en la iglesia de San Juan, en donde una vez al año acudía una representación oficial de los cinco pueblos del Concejo para una ceremonia que estuvo vigente hasta 1925 (Vocabulario Sajambriego, voz Monarga, p.371). Del origen y razón de ser de esta ceremonia se ha perdido la memoria, pero por alguna causa el culto a San Pedro de Orzales fue un vínculo de unión entre los cinco pueblos de Sajambre desde época inmemorial.

Sigamos. Por razón de esta continuidad del culto a San Pedro en Ribota de Abajo, nos puede quedar la duda de si algunas de las últimas misas a él dedicadas en el siglo XIX se celebraron ya en San Juan. Por eso, vamos a intentar ir sobre seguro y empezar a datar el uso y el consiguiente abandono del templo. Los antiguos testamentos nos la proporcionan una aproximación, lo cual ya es un avance muy importante en nuestro conocimiento de las ruinas cristianas más antiguas de Sajambre.

Con absoluta seguridad, la ermita de San Pedro siguió estando en uso hasta el año 1716, que es cuando se dona “una sábana de lienzo delgado” para colocarla sobre “su altar de su santa cassa” y probablemente lo estuvo también hasta la primera mitad del siglo XIX.  Según las piezas numismáticas que se han ido encontrando a lo largo de varios años, la datación más temprana que proporcionan es de la época de los Reyes Católicos, lo que es coherente con la información transmitida en las fuentes documentales.


martes, 6 de octubre de 2009

EL PUEBLO DE RIBOTA ENTRE 1550 Y 1835: Ribota de Abajo (4).

En el último post de este artículo vimos lo que dicen los documentos sobre la iglesia de San Juan Bautista de Ribota. Vamos a considerar ahora otro elemento de análisis: los restos materiales que se conservan junto a la iglesia actual. La tradición local los asigna a la iglesia antigua y no existe impedimento alguno para no creerlo. Pero yo me pregunto, ¿a cuál de las iglesias antiguas documentadas pertenecen estas ruinas?
Existen 2 posibilidades:

PRIMERA. Que la iglesia actual se construyera ex novo en 1924 y que los restos que hay frente a ella pertenecieran a la iglesia construída o reconstruída en 1785-1790. Si se confirmara que lo que se hizo entre estos años de finales del siglo XVIII fue una construcción y no una reconstrucción, entonces la iglesia primitiva se habría perdido. En el caso contrario, cabe albergar la esperanza de hallar algún elemento que permita saber algo sobre aquel antiguo templo. Por otra parte, habría que consultar el proyecto elaborado para la construcción de 1924.

SEGUNDA. Que la iglesia actual se edificara sobre una posible refacción hecha en 1785-1790 y que las ruinas pertenezcan a la iglesia documentada con anterioridad a 1785.

La vegetación y la maleza han invadido totalmente los vestigios, y yo siempre los he visto en el verano, que es el peor momento para poder apreciar algo interesante entre lo que se haya conservado. El otoño y, sobre todo, el invierno (sin nieve) es la mejor época para fotografiar con detalle estas ruinas, tratando de observar el tipo de obra, el posible arranque de bóvedas, restos de puertas o ventanas, indicios de cubriciones, etc.

Lo que sí podemos decir es que, a juzgar por lo que se ve, parece haber sido un templo de reducidas dimensiones con una única nave y que el elevado índice de deterioro indica que los vecinos del lugar reutilizaron las piedras de la vieja iglesia en casas o en construcciones rústicas.

A modo de resumen, podemos afirmar los siguientes datos seguros:

1º.- Desde 1636 y posiblemente antes existió una iglesia bajo la advocación de San Juan Bautista en el barrio de Abajo de Ribota (¿será casualidad: Ribota vinculada a un santo hidróforo y ahora a uno hidrófilo?).

2º.- Entre los años 1785 y 1790 se lleva a cabo una construcción o una reconstrucción (falta por determinar) de la vieja iglesia que perduró hasta la segunda década del siglo XX.

A alguna de estas dos fábricas pertenecen los vestigios materiales conservados.

3º.- Cerca de las ruinas ha de existir un cementerio antiguo, porque los feligreses de Ribota estuvieron sepultándose dentro del recinto sagrado y en sus proximidades inmediatas, al menos, durante todo el siglo XVII y el siglo XVIII.

4º.- Entre 1924 y 1927 se construye la iglesia actual utilizando como modelo arquitectónico la de Oseja.

viernes, 2 de octubre de 2009

EL PUEBLO DE RIBOTA ENTRE 1550 Y 1835: Ribota de Abajo (3).

Iglesia de San Juan Bautista de Ribota (Foto de Mª Aurora Fernández).

La actual iglesia parroquial de San Juan Bautista de Ribota fue construida entre 1924 y 1927 a imitación de la que en Oseja se edificó a costa de las fortunas de los hermanos Díaz-Caneja y Sosa en 1855.

Según un documento dado a conocer en 1980 por el padre Martino (Valdeburón, n.207), parece que la iglesia se "reconstruyó" entre 1785 y 1790. Tengo que matizar la afirmación de Eutimio Martino cuando habla de “construcción” de esta iglesia en el año 1785 porque los nuevos documentos, que no se conocían cuando se publicó La Montaña de Valdeburón y que yo he localizado en el Archivo Piñán, atestiguan la existencia de esta iglesia 150 años antes. Por esos documentos sabemos que la fecha más antigua conocida hasta el momento en la que aparece la iglesia de San Juan de Ribota corresponde al año 1636 (Archivo Piñán, Gradefes 1636-10-24). No obstante, volveré sobre esto en el siguiente post. Lo que no sabemos es cuando se transforma en parroquia.

La organización parroquial del Tercio de Allende el Agua fue cambiando con el paso del tiempo por culpa de la mayor o menor solvencia económica de los pueblos. Cuando los diezmos y las restantes cargas eclesiásticas de una feligresía eran escasas para mantener un beneficio curado, bien por la pobreza del lugar, o bien por existir una merma demográfica, el obispado hacía depender administrativamente una iglesia de otra. Es lo que le sucedió a Soto con respecto a Oseja y a Vierdes-Pío con respecto a Ribota a partir de 1527 (Martino: Valdeburón, n.78), porque durante la Baja Edad Media la parroquia de Santa Marina de Vierdes fue independiente.

Parece que durante el siglo XVI y parte del XVII la parroquia matriz es San Pedro de Ribota, pero en los testamentos San Juan Bautista empieza a figurar como la iglesia titular en 1669:

1669: Catalina Díaz, viuda de Juan Fernández, dispone en su testamento que su cuerpo “sea sepultado en la iglessia parroquial de San Juan de Rivota” (Archivo Piñán, José Díaz de Caldevilla, 1669-04-01).

1698: "El liçenciado don Thorivio Díaz Prieto, cura de San Juan de Ribota y su anexo Santa Marina de Vierdes en este concexo de Saxanbre" (Archivo Piñán, copia en papel sellado de 1699).

1699: Catalina Díaz de Vega, mujer de Damián Fernández, dispone en su testamento “que mi cuerpo sea sepultado en la iglesia parroquial de San Juan de Ribota” (Archivo Piñán, Agustín Piñán de Cueto Luengo 1699-04-20).

1712: “...el licenciado don Thorivio Díaz Prieto, cura que soi deste lugar de Ribota y Bierdes su anejo en este concejo de Sajanbre” y “...en la parroquial de San Juan deste dicho lugar donde soi párroco...” (Archivo Piñán, Agustín Piñán de Cueto Luengo 1712-03-10).

Sin embargo, existen dos documentos discordantes. El primero es de 1649 y parece dar a entender que también entonces San Juan era la parroquia titular: “la ermita del señor San Pedro que está en el término de Rivota” (Archivo Piñán, Gonzalo Piñán 1649-04-28). Sin embargo, cuando se supone que la iglesia de San Juan Bautista estaba ya a la cabeza de la parroquia desde tiempo atrás, un documento de 1714 se expresa de la siguiente manera: “…Don Josseph Díaz de Viego, bicario en la parroquial de San Pedro de Ribota y Santa Marina deste dicho lugar” (Archivo Piñán, Agustín Piñán de Cueto Luengo 1714-04-22).

No sé si durante un espacio corto de tiempo llegaron a existir dos parroquias en Ribota, la de San Pedro de Orzales y la de San Juan Bautista, aunque la existencia del anexo de Santa Marina vinculado a ambas parece desmentirlo. Pero en Ribota pudo haber sucedido en algún momento lo que sucedió en Caín durante el siglo XV, cuando existían allí dos parroquias (San Salvador y Santo Tomás), una en el Caín de Arriba y otra en el Caín de Abajo. Al igual que el pueblo valdeonés de Caín, también Ribota tiene un barrio de Arriba y un barrio de Abajo.

Aunque también pudiera existir en los testamentos algo parecido a lo que observamos en Soto cuando los vecinos se referían a su iglesia de Santa María como “parroquial”, en el momento en el que todavía era un anexo de la de Oseja. Lo cierto es que estos problemas no están resueltos y hace falta volver a bucear en los fondos documentales del Archivo Histórico Diocesano de León, del que me separan ahora mismo unos 900 kilómetros.

Al margen de estas cuestiones de la administración diocesana, la iglesia de San Juan está presente en las mandas de misas de los devotos sajambriegos desde principios del siglo XVII. Ya vimos en otro post, la manda de Sebastián Fernández de Cuetoluengo en 1636. Como ejemplos, podemos mencionar también la de la vecina de Ribota María González de Oseja (Archivo Piñán, Tomás Díaz de Oseja 1667-09-13) o la orden de Manuel Díez de que le dijera una misa “a San Juan Bautista, patrono de esta yglesia” y varios aniversarios “que se digan en el altar privilegiado de dicha parroquia de San Juan” (Archivo Piñán, testamento escrito por el párroco Isidro Pérez, 1815-01-15). Y don Toribio Díaz Prieto dispone en su testamento del mes de marzo de 1712 que se le entierre en el altar mayor de dicha iglesia: “Yten mando que quando su dibina magestad fuesse serbido de llebarme desta presente bida a la otra, que mi cuerpo sea sepultado en la capilla mayor de la iglesia parroquial deste dicho lugar, donde soi cura, en la parte más decente y desocupada y se pague a la fábrica los derechos acostunbrados, que así es mi boluntad”.

jueves, 1 de octubre de 2009

EL PUEBLO DE RIBOTA ENTRE 1550 Y 1835: Ribota de Abajo (1).



El caserío del barrio de Abajo se acomodaba en las dos orillas del río Sella alternándose las casas, los hórreos y los establos y pajares con las huertas, las tierras labrantías y los molinos. Empecemos por estos últimos.

En el año 1636 había un molinoen el río caudal”, o sea, en el fondo del valle, junto a la Huerta del Cascayo y en donde tenía su casa de morada Sebastián Fernández de Cueto Luengo, hijo del lugar, clérigo presbítero y mayordomo del monasterio de Santa María de Gradefes (Archivo Piñán, 1636-10-24).

De 1665 conservamos una nota del escribano público, en la que se menciona “la puente del molino” (ver foto, pinchar para ampliarla) cuando se deslindan ciertas propiedades en Ribota de Abajo. Procedo a transcribir la nota entera porque de este modo los buenos conocedores de la toponimia menor podrán ubicar y/o identificar, mejor que yo, ese puente y ese molino. Hay que aclarar que al tratarse de una “nota”, o sea, del resumen previo que el notario hacía antes de redactar en forma el documento, la redacción es escueta y esquemática.

En Osexa de Saxambre, a 19 de junio de 1665, Juan Díez otorgó venta a favor de Lupercio Fernández y Petrona Díaz, su muger, de toda la parte que tiene en la güerta que está devaxo de la casa, con sus árboles frutales, linda con el río de Güeyo y río de Sella y eredad de los conpradores. Y ansimismo la parte que tiene en la casa antigua que era de Juan Díez, su padre, linda con casa de Lupercio y Julián. Más la parte que tiene en la Vega del Soto, que linda con Catalina, digo con Domingo Amigo, casa y heredad y con el Camino Real. Más la parte que tiene en la güerta de arriva, que linda con heredad de Seçilia Fernández y la puente del molino. Libres todos estos vienes, por preçio 70 ducados, que confesó aver reçibido 41. Toriuio Alonso, y Marcos Alonso, Juan hixo” (Archivo Piñán, notas de Gonzalo Piñán de Cueto Luengo del año 1665).

Según otra noticia de 1712, también era dueño de un molino don Toribio Díaz Prieto, cura de Ribota, Vierdes y Pío a finales del siglo XVII y principios del XVIII. El molino se hallaba en Ribota de Abajo, junto a su casa de morada. Describiremos esta casa en el siguiente post.

Otro documento de 1718 habla de “un molino que está en el río de Mazera (o Matera), que está junto al Camino Real que ba para encima de la villa” (Archivo Piñán, 1718-12-22). Esta última expresión indica que estaban escribiendo en Ribota de Abajo y, por tanto, que el río mencionado debía ser alguna de las riegas que vierten sus aguas al Sella. No he podido, o no he sabido, identificar el topónimo de Mazera o Matera.

El Catastro de 1752 informa indirectamente sobre la identidad de los que debían ser propietarios de un molino harinero de una rueda en Ribota: Francisco Gómez y sus hermanos, habida cuenta de que, en los documentos de este siglo, el apellido Gómez sólo aparece relacionado con el pueblo de Ribota.

Parece que en estas noticias hay, con seguridad, al menos dos molinos distintos: uno situado en el interior del barrio de Abajo sobre el cauce principal del Sella (el de 1636) y otro debía estar en alguno de sus afluentes (el descrito en 1718). Los naturales de Ribota sabrán ubicar además la “puente del molino”, cuya localización yo desconozco, aunque pudiera estar en el barrio de Arriba.