sábado, 31 de enero de 2026

LA CASA DE LOS DÍAZ-CANEJA EN EL BARRIO DE QUINTANA DE OSEJA: Una disputa familiar de 1847



Presento primero el documento que voy a analizar para extenderme a continuación. Se trata de una carta del obispo Díaz-Caneja, en la que se expresa en términos muy duros sobre una de sus cuñadas y sus sobrinos, amenazándolos con desheredarlos a todos. 


Carta de Ignacio Díaz-Caneja y Sosa a Juan Piñán de Cueto Luengo sobre la disputa que había entre su cuñada, Vicenta Piñán, y sus sobrinos por el testamento de su hermano, José Díaz-Caneja y Sosa.

 A.     Oseja de Sajambre, Archivo de la Familia Piñán, Correspondencia. Doble cuartilla de papel.

 

Oviedo, 15 de septiembre de 1847

 Amigo Juan: 

Recibo una carta escrita por ti en nombre de nuestra hermana y si te he de confesar la verdad, sobre serme terrible la muerte del hermano, me afecta la desunión y poca armonía de sus hijos y madre en sus asuntos de interés. Sé que alguno quiere anular el testamento, otros que no valga el 5º mandado en el mismo y todos temiendo las mejoras que su madre podrá hacer a favor de alguno de ellos. Yo deseando la unión de la madre con los hijos y el honor de todos, te confieso que me ha sido muy terrible la especie de que algunos de ellos quiere(n) anular el testamento de su padre, con el fin de anular la manda hecha a otro hermano por empeño de su madre. Para unirles en // (1v) este punto hazles saber que mi deseo es el que se observe dicho testamento, cediendo la casa a José que su padre le mandó. Y si esto no cabe en la 5º, el esceso (sic) lo pagaré yo para repartirse entre sus hermanos.  

Por lo que hace a nuestra hermana, nunca he tenido intención de defraudarla, sino de reducirla a razón. Yo querría que no hubiera división y anúnciales para que se aprovechan de ellos por los días de su vida si los necesitase más que para tranquilidad de sus hijos se obligan a no mejorar a ninguno de ellos y dejades el residuo de ellos para que los repartiesen entre sí a partes iguales como verdaderos hermanos, y de este modo viviesen tranquilos, y ella asegurase así su conciencia, porque estas mejoras siempre son contrarias al amor que // (2r) los padres deben tener a todos sus hijos, hablando generalmente. Y si se empeñase no obstante en hacer alguna mejora, bienes propios tiene de su legítima. De esta manera queda todo el caudal a su disposición, los hijos dan pruebas de que aprecian a su madre y la madre de que ama igualmente a todos sus hijos.  

Hazles saber a todos este mi pensamiento, y que, si alguno se opusiere a él, ninguno de mis sobrinos cuente conmigo para cosa alguna hasta tanto que no sepa que se ha compuesto todo en paz.  

Que Vicenta tenga esta carta por suya, pues que para ella la escribo, la que debe suponer que, si la viese en alguna necesidad, la preferiría al socorro de otras. Da la explicación y manda a tu amigo y beso tu mano, Ygnacio Díaz Caneja (rúbrica).  

Espero me avises con prontitud del resultado. 

*

 El que cuatro meses más tarde sería nombrado obispo de Oviedo habla en esta carta sobre las disputas familiares que se produjeron tras la muerte de su hermano, José Díaz-Caneja y Sosa. Aunque no se le nombra en ningún momento, la misiva va destinada a Juan Piñán de Cueto Luengo, hermano de Vicenta Piñán, quien a su vez se había casado con José Díaz-Caneja y Sosa. No hay duda de esta atribución, ya que al final de su escrito, Ignacio Díaz-Caneja dice: «Que Vicenta tenga esta carta por suya, pues que para ella la escribo».   

De manera que la que se identifica al inicio de la carta como «nuestra hermana» es Vicenta Piñán de Cueto Luengo (1) y la expresión «sobre serme terrible la muerte del hermano» se refiere a José Díaz-Caneja y Sosa Martino y Tovar. 

En el testamento de José, este dejaba la casa familiar del barrio de Quintana íntegramente a su hijo José Díaz-Caneja Piñán, aunque la madre quería favorecer a otro de los hermanos que no se nombra y estaba sembrando discordia entre todos sus hijos para conseguir lo que quería. No sabemos si a quien deseaba favorecer era a Tomás, el único varón aparte de José, o alguna de las hijas. Ignacio Díaz-Caneja se manifiesta totalmente en contra de la madre y les conmina a todos a cumplir el testamento del padre.  

PERSONAJES AQUÍ REFERIDOS 

JUAN PIÑÁN DE CUETO LUENGO Y RODRÍGUEZ DE COSGAYA 

Juan Piñán, a quien se dirige la carta, fue el tercero de este nombre entre los documentados conservados. Se registra en 1813, 1835, 1837, 1840, 1847 y 1851 en el archivo de la Familia Piñán. Debió ser el padre de Juan Bautista y Bernarda Piñán. Hermano de Vicenta Piñán y concuñado de Ignacio Díaz-Caneja.

 VICENTA PIÑÁN DE CUETO LUENGO Y RODRÍGUEZ DE COSGAYA 

Fue hija de María Magdalena Rodríguez de Cosgaya y de Alejandro Piñán (II) de Cueto Luengo y Fernández del Campillo. Este Alejandro fue tataranieto de Gonzalo Piñán de Cueto Luengo, el escribano público, y cuarto nieto de Marcos Piñán, vecino de Soto. Vicenta fue hermana de Froilán (párroco del Burgo Ranero), Juan (el anterior), Alejandro (militar, residente en León) y Ana María.  

María Magdalena fue pariente y heredera de Alejandro Rodríguez de Cosgaya (1697-1768), natural de Espinama, que emigró a México, donde hizo fortuna y fundó una obra pía de estudiantes en su localidad natal. Creo que los eruditos lebaniegos que han estudiado a este último personaje no conocen los documentos conservados en el Archivo Piñán.   

Vicenta Piñán de Cueto Luengo está documentada también en 1813, 1821 y 1856, cuando se registra su fallecimiento en el año 1855, en casa de su hija Ana María y de su yerno Víctor Acevedo. 

Vicenta casó con José Díaz de la Caneja y Sosa. Hijos conocidos fueron José, María, Tomás, Juana y Antonia Díaz-Caneja, por este orden.  

JOSÉ DÍAZ DE LA CANEJA Y SOSA MARTINO Y TOVAR 

Hermano de Ignacio y Joaquín Díaz de la Caneja, que se convierte en Díaz-Caneja a partir de ellos. El apellido «Díaz de la Caneja» empezó a usarse como compuesto desde los hijos de Tomás Díez/Díaz de la Caneja (primero del nombre) en el último cuarto del siglo XVII, pero el Díaz-Caneja actual no es anterior al siglo XIX.  Se casó con Vicenta Piñán de Cueto Luengo y fue padre de José, María, Tomás, Juana y Antonia Díaz-Caneja.   

JOSÉ DÍAZ-CANEJA Y PIÑÁN DE CUETO LUENGO 

Hijo primogénito de José Díaz-Caneja y Sosa y de Vicenta Piñán de Cueto Luengo. Sobrino carnal de Ignacio y Joaquín Díaz-Caneja y Sosa. 

Todos los Piñán sajambriegos pierden el apéndice toponímico «de Cueto Luengo» en el siglo XIX, quedando este personaje llamado simplemente José Díaz-Caneja Piñán. La conjunción copulativa que unía los apellidos paterno y materno entre los nobles titulados y los hidalgos de todo el Occidente peninsular empieza a desaparecer también en el siglo XIX.   

José Díaz-Caneja Piñán desempeñó varios oficios públicos, como regidor de Oseja en 1828 (hoy equivaldría al presidente de la junta vecinal de dicho pueblo) y en 1856 aparece como «alcalde del ayuntamiento constitucional» de Sajambre en el Bienio Progresista. 

Su padre, José Díaz-Caneja y Sosa, muerto en el mes de septiembre de 1847, dejó a su hijo José la casa familiar en su testamento. Dice el obispo en su carta: «hazles saber que mi deseo es el que se observe dicho testamento, cediendo la casa a José que su padre le mandó». Esto fue motivo de conflicto entre la madre y los restantes hermanos, pues esta (Vicenta Piñán) quería favorecer a otro de sus hijos, alguno quería invalidar el testamento del padre y todos desconfiaban de las maniobras de la madre: «Sé que alguno quiere anular el testamento, otros que no valga el 5º mandado en el mismo y todos temiendo las mejoras que su madre podrá hacer a favor de alguno de ellos». 

No queda claro a quién quería favorecer la madre. Ignacio no da nombres. Pero es evidente que la principal causante de las disputas fue Vicenta Piñán. Las duras palabras del obispo sobre las desigualdades causadas por la madre y la amenaza última a todos sus sobrinos si no acataban el testamento de su padre, no dejan lugar a dudas.   

LA CASA OBJETO DEL LITIGIO 

La casa familiar que José Díaz-Caneja y Sosa dejó a su hijo homónimo era la del barrio de Quintana o una parte de ella, porque no sabemos si se dividió entre los restantes hermanos. Lo que sabemos por los documentos conservados es que en Sajambre quedaron José y Manuel, que Tomás desapareció en la Guerra de la Independencia, que Juan fue cura en Castilfalé, que Pelayo se fue de Sajambre con su hermano el cura, que Ignacio y Joaquín también se fueron de Sajambre, que Rosa murió joven y que María tuvo tres hijos: Julián, Agustín y María, quienes ya no portaban el Díaz-Caneja como primer apellido. 

Esta casa había llegado a poder de los Díaz-Caneja en la segunda mitad del siglo XVII y con anterioridad había pertenecido a Juan Alonso de la Mata. Todavía en una delimitación de propiedades de 1814, dicha casa lindaba con la ería de Palacio, tal y como se describe constantemente en los documentos de los siglos XVII y XVIII.   

Según los registros conservados, el primogénito de cada generación solía heredar la casa familiar de Quintana, o el grueso de ella, desde el matrimonio de Tomás Díaz de la Caneja con María Alonso, quienes tuvieron cinco hijos: el primogénito Juan (bisabuelo de Ignacio y Joaquín), Tomás, Manuel, María y Catalina (casada con Juan de Granda). El 22 de enero de 1675, Juan era el tutor de sus hermanos menores de edad Tomás y María. El padre fue el escribano del número y de ayuntamiento (equivalente al actual secretario de ayuntamiento) que se hizo llamar Tomás Díez/Díaz de Oseja cuando cambió su residencia de Ribota a Oseja a causa de su matrimonio. Sin embargo, en todos los documentos familiares (algunos autógrafos) se registra siempre como Díez/Díaz de la Caneja (2). Y hay unos cuantos documentos porque, entre otras cosas, hubo pleito entre los hermanos a la muerte de uno de ellos que había sido cura (3). Este primer Tomás fue el tercer hijo varón de Sancho Díaz de Ribota y Juliana de la Caneja, fundadores del linaje. Como se recordará, Sancho Díaz de Ribota también fue escribano público. De hecho, esta fue la escribanía más antigua del concejo, como a menudo recuerda el propio Tomás en sus documentos y algunos de sus descendientes del mismo oficio hasta el siglo XVIII inclusive. 

Propiamente, la casa de Quintana fue la de la mujer del primer Tomás, María Alonso, que había heredado de su padre Juan Alonso de la Mata. En el inventario de 21 de enero de 1675 de esta María Alonso, que murió cuando ya era viuda del escribano Tomás, se lee cómo la casa lindaba con la ería de Palacio, que es uno de los límites de la casa de los Díaz-Caneja que se repite hasta el siglo XIX inclusive. En el siglo XVII lindaba también con casa de Pedro de la Mata, bautizado Pedro Alonso de la Mata. Su inventario la describe genéricamente de la siguiente manera: «Primeramente ynventariaron la cassa de la continua morada en que vivía la susodicha, de piedra, madera y texa, con sus altos y vaxos, antoxanos y servidunbres, según linda con la hería de Palacio y casa de Pedro de la Mata, vecino de dicho lugar» (4).  Sabemos que Tomás (I) Díaz de la Caneja adquirió muchas propiedades durante su ejercicio como escribano público y quizás ampliara la vivienda original que transmitió después a su hijo mayor. Además, cabe pensar que el Tomás que llegó a ser merino mayor de Valdeburón en el siglo XVIII también hiciera mejoras con el enriquecimiento que implicaba el desempeño de dicho cargo. 

La casa está documentada y descrita en los documentos de los siglos XVII y XVIII. Uno de los primeros, aparte del inventario anterior, es la partición de herencia de los hijos del primer Tomás Díaz de la Caneja, fechada el 22 de enero de 1675, que se divide «en cuartas partes» para cuatro hermanos, porque el quinto hermano, llamado Tomás, había sido condenado y desterrado de Sajambre por asesinato. En lo relativo a la casa principal, el padre había favorecido al primogénito en su testamento: «la quarta parte de la cassa de la continua morada en que vivían dichos difuntos, sacada la manda que hizo dicho Tomás Díez a Juan Díez, su hixo» (5). 

En el inventario post mortem de este Juan Díez/Díaz de la Caneja, bisabuelo de Ignacio y Joaquín, fechado en el año 1711, el edificio de la vivienda se describe así: «la cassa en que bibía dicho difunto que se compone de rezibimiento, cozina, aposentos, bodega, bajo portal, caballeriza y pajar, que linda de un lado con cassa de Lorenzo Alonsso de la Mata y de otro lado con la hería de Palacio». Poseía también dos hórreos, dos huertos pegados a la casa de los Alonso y otra casa más en el mismo lugar que lindaba con los herederos de Juan y Pedro de Vega. Nada se dice de los establos para el ganado que también debía poseer, pues contaba con 25 cabezas de ganado mayor, 34 de ganado menudo, 4 caballos y dos cerdos. 

            Debe aclararse que, en esta época, apenas se describen “aposentos” (en plural) en las casas sajambriegas que, sin embargo, no faltaban en la de los Piñán de Cueto Luengo, en las de los curas locales y pocas más. Pero también se habla de un «bajo portal», algo que no se incluía en los inventarios de bienes sajambriegos, salvo que hubiera construcciones en ellos, como gallineros. El hecho de que se haya contemplado aquí quiere decir que era digno de destacarse y de incluirlo en un inventario de propiedades, seguramente por su tamaño. De otro lado, la caballeriza de la casa no era para guardar el ganado, sino para «quatro caballos aparejados para pan y bino».  El Catastro de Ensenada de 1752 aclara el número de aposentos de la casa de Tomás Díaz de la Caneja (padre de Ignacio y Joaquín): «Tiene una casa en que biue que se compone de portal, vodega y caballeriza por lo baxo y cozina por lo alto, tiene otros dos quartos. Tiene de largo quarenta y cinco pies, y de fondo treinta, y nuebe de alto» y seguía lindando con la ería del Palacio y calles del concejo. Una advertencia sobre esta fuente: al contrastar la información contenida en el Catastro de Ensenada con la de los documentos notariales se observa cómo todos los vecinos de Sajambre mintieron todo lo que pudieron a los oficiales reales. Al fin y al cabo, eran conscientes de que se estaban registrando sus propiedades para luego cobrarles impuestos.  

En el archivo de la familia Piñán hay también una partición de bienes de los hijos de José Díaz-Caneja y Sosa y Vicenta Piñán fechada el 13 de febrero de 1856, unos meses antes del fallecimiento del obispo Ignacio Díaz-Caneja, que murió en noviembre de ese mismo año. En ella, todos los hermanos, menos José, se repartieron huertos, tierras, prados y «la mitad de La Casica que se halla al frente de la casa de Don Juan Piñán», que había pertenecido a la madre, Vicenta Piñán. La casa familiar del barrio de Quintana no se incluye. José preside dicha partición, pero no interviene en ella. En los deslindes de las propiedades se ve que José ya tenía su parte y que «la casa de esta herencia», a la que se alude en algún pasaje, seguía lindando con El Palacio. Esto en 1856.  

De otro lado, la amenaza del obispo en 1847 de desheredar a sus sobrinos si no respetaban el testamento de su hermano José, en el que se entregaba la casa al hijo del mismo nombre, no se cumplió, pues todos los parientes del obispo se beneficiaron de sus bienes. Por lo que finalmente se acató el testamento de José Díaz-Caneja y Sosa, como asimismo demuestra la partida de 1856.  

El lugar en el que se levantaba la casa original de los Díaz-Caneja con sus propiedades adyacentes (hórreos, huertos) está ocupado hoy por edificaciones de diferentes propietarios que no son anteriores a 1900 y, en cualquier caso, tampoco son anteriores a 1856.  En todo este conjunto de viviendas y construcciones agropecuarias únicamente parecen antiguas las molduras cultas del dintel de la puerta de lo que llegó a la segunda mitad del siglo XX como establo, situado en el interior del corral que hoy pertenece a la familia Mendoza, y que podrían haber formado parte, quizás, de una edificación del siglo XVII o XVIII por su semejanza con las molduras del dintel de la puerta de la Casa Piñán, siendo mucho más modestas las de Quintana. Dicho establo perteneció a la herencia de Francisca Díaz-Caneja (mi bisabuela). 

Pero las dos casas que están en el mismo corral tampoco son la casa original de los Díaz-Caneja, como no lo es la casa que perteneció a Pedro Díaz-Caneja (padre de Pepe Caneja). Las dos casas en un mismo corral pertenecieron a dos hermanos: Francisca Díaz-Caneja (casada con Ramón Díaz Piñán, secretario del ayuntamiento) y Ramiro Díaz-Caneja (casado con Jesusa Piñán). Ambos también fueron hermanos de Pedro Díaz-Caneja (casado con Francisca, conocida como la tía Quica, padre de Pepe Caneja y abuelo de Tomás Díaz-Caneja, conocido en el lugar como Tomasín). Hermanos de Francisca, Ramiro y Pedro fueron asimismo Fernando, Domingo, Julia y Juan.  Estos siete hermanos fueron hijos de Pedro Díaz-Caneja y María Acevedo.  

La casa antigua, donde nacieron los hermanos Díaz-Caneja y Sosa en 1769 (Ignacio) y en 1777 (Joaquín), fue muy diferente a la casa de Pedro Díaz-Caneja, a la de Ramiro Díaz-Caneja o a la de Francisca Díaz-Caneja.  En realidad, el lugar que ocuparon la casa, los hórreos y los huertos de los Díaz-Caneja está hoy completamente desfigurado con respecto al siglo XVIII. 

¿SIGUE EXISTIENDO LA CASA EN LA QUE NACIERON IGNACIO Y JOAQUÍN DÍAZ-CANEJA Y SOSA?  

La casa en la que nacieron estos próceres sajambriegos en el barrio de Quintana, de Oseja, limitaba con el camino del Ribero y con las tierras de El Palacio, tenía vivienda con una portalada grande, dos hórreos, una caballeriza, un pajar y dos huertos. Un detalle más: durante toda la Edad Moderna, en las casas hidalgas y acomodadas de Sajambre se utilizó un elemento arquitectónico de estatus que fue el arco de medio punto. Considerando el poder que los Díaz-Caneja ya tenían en el siglo XVIII, me extraña muchísimo que su casona no tuviera algún arco.  

Frente a la zona que describo quedan unas ruinas con restos de arco o, al menos, creo que llegué a verlas hace no mucho. Esa propiedad limita, como dicen los documentos de 1700, con la tierra de la rectoría o con la Huerta del Cimploño, que es lo mismo, y está claramente identificada en los documentos del siglo XVIII. Perteneció a otra rama de los Díaz de la Caneja: los descendientes de Manuel, hijo del primer Tomás y hermano de Juan Díaz de la Caneja, que tuvo un hijo llamado Damián Díaz de la Caneja, que fue quien heredó la casa que limitaba con El Cimploño.  

La casa original del primer Tomás y de su hijo, Juan Díaz de la Caneja, se fue dividiendo por la transmisión hereditaria. Los hórreos y los huertos desaparecieron porque sus emplazamientos se fueron urbanizando. Las casas viejas se demolieron y se construyeron otras más modernas. El corral que hoy existe no es antiguo. Ninguna de estas viviendas tiene la cocina por lo alto, como se describe en el siglo XVIII, ni tampoco la prolongación del tejado hacia la fachada principal formando una amplia portalada o porche, ni sus lindes coinciden con lo que indica el conjunto de la documentación histórica.  

En resumen, la respuesta a la pregunta que da título a este epígrafe es negativa: la casa natal de los célebres hermanos Díaz-Caneja y Sosa ya no existe y no corresponde a ninguna vivienda actual.   

Lo que quedó en Quintana no es la casa en la que nacieron Ignacio, Joaquín y sus hermanos y hermanas, sino el espacio en el que dicha casa se localizaba, que hoy está ocupado por construcciones posteriores que corresponden, cada una, solo a una parte de dicho espacio, que se repartió entre distintos miembros del linaje Díaz-Caneja.   

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 NOTAS  

(1) Me pregunto si Vicenta Piñán no sería analfabeta o, en caso de haber recibido alguna instrucción, que no escribiera bien, porque es el hermano el que toma la pluma por ella para escribir a Ignacio Díaz-Caneja, como se dice en las primeras líneas.  

(2) De en hecho, en los documentos de 1675, todos estos personajes aparecen nombrados como Díez, no como Díaz. Sobre el uso indistinto de las formas Díez y Díaz en Sajambre durante los siglos XVI, XVII y XVIII, ver Elena E. Rodríguez Díaz, “El proceso de imposición de modelos lingüísticos en la Edad Moderna: el caso del patronímico Díaz/Díez en Sayambre”, Lletres asturianes. Boletín de l’Academia de la Llingua Asturiana, 113 (2015), pp. 45-63.  

(3) Elena E. Rodríguez Díaz, Catálogo de documentos notariales del concejo de Sajambre (1659-1694), Sevilla, 2024, núms. 96-105, 110, 119-120 y pp. 52-55, 57, 60.  

(4) Elena E. Rodríguez Díaz, Catálogo de documentos notariales del concejo de Sajambre (1659-1694), Sevilla, 2024, núm. 422, p. 163.  

(5) Elena E. Rodríguez Díaz, Catálogo de documentos notariales del concejo de Sajambre (1659-1694), Sevilla, 2024, núm. 402, pp. 156-157.  

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