martes, 8 de diciembre de 2015

CASAS DE HIDALGOS EN SAJAMBRE


Durante el Antiguo Régimen, la mayor parte de la población del valle de Sajambre (un 74% en el siglo XVII) perteneció al estamento nobiliario, aunque en el escalafón más bajo de la nobleza: el de los hidalgos. Ninguno ellos tuvo título nobiliario y la mayor parte trabajaron para ganarse la vida, a causa de su bajo nivel económico y de la escasa productividad de la tierra.  Todos los hidalgos y una parte de los pecheros eran propietarios de los bienes raíces que trabajaban. Sin embargo, las propiedades solían ser pocas, de baja calidad y de exigua extensión, debido al minifundio imperante en la zona y a la mala calidad de los suelos. Únicamente, los que acumularon una mayor riqueza patrimonial pudieron tener algunas rentas. Todos los demás (la mayoría) trabajaban con sus propias manos. 

Los hidalgos de mejor posición en la comunidad vivían en casas que destacaban en el caserío por su tamaño y por algunas características de construcción que servían como elementos distintivos de ostentación de su estatus. Vamos a hacer un recorrido por lo que vamos sabiendo sobre las casas de hidalgos en el Sajambre de los siglos XVI, XVII y XVIII.   

1. PALACIOS 


CASA PIÑÁN DE OSEJA 

El único palacio que existió en Sajambre fue la Casa Piñán. Bajo la designación y categoría de palacio aparece en los documentos oficiales de la época. Por ejemplo, en una tasación que se efectúa por orden de la  Real Chancillería de Valladolid. En ella leemos:  ...más tassa el dicho Facundo, maestro de carpintería, vigas principales, puertas, ventanas de la dicha cassa palacio, suelos, desbanes... Y más dos órrios, uno dentro y otro fuera pegado a dicha cassa palacio, con sus tejas... La cita completa puede leerse en mi monografía de 2015 (1).

Este palacio rural fue construido ex novo entre 1626 y 1639 sobre un conjunto de tierras que el cura de Oseja y Soto, y comisario de la Inquisición, Domingo Piñán de Cueto Luengo, fue comprando a diferentes propietarios sajambriegos.  Pongamos un ejemplo. A causa de una disputa familiar, nos enteramos que la madre de Gonzalo Piñán, sobrino del anterior, había accedido a compensar a María de Felipe con una propiedad cuando el Comisario Piñán trató de haçer la casa que hizo en el lugar de Oseja, en el término que está dicha casa tenía María de Phelipe una tierra y no se la quiso dar hasta que yo le di una tierra que mi padre me dio... Otros propietarios de tierras en el lugar en el que hoy se levanta la Casa Piñán se llamaron Pedro Díaz de Caldevilla, Alonso Redondo o  Sancho Díaz (2).

Es decir, no existió ninguna construcción previa en el lugar en el que se levantó la Casa Piñán (que está muy bien documentada en el archivo familiar), sino solamente las tierras de la ería de Palacio que, en aquellos tiempos, llegaban hasta dicho emplazamiento. De hecho, en el año 1662, las tierras del Palacio todavía ocupaban el lugar en el que  hoy está la farmacia de Oseja (3).

En la primera mitad del siglo XVII, cuando Domingo Piñán llega a Oseja, el sitio donde se construyó la casa de los Piñán de Cueto Luengo se conocía como El Cuérano de Palacio. "Cuérano" es una palabra del asturleonés oriental, muy utilizada en Cabrales y en Liébana, que puede significar dos cosas: o lugar resguardado, o parcelado con fincas de distintos propietarios (4). En este caso, ambos sentidos coinciden, sobre todo el segundo.

En consecuencia, el origen de la Casa Piñán está sobradamente documentado, de manera que no ha lugar a especulación alguna. Las fuentes conservadas demuestran la inexactitud de quien afirmó, sin ningún fundamento científico, que dicha casa había sido un monasterio medieval. Sabemos, incluso, que los vecinos de Oseja ayudaron al acarreto de los materiales durante su construcción, según costumbre de la tierra, que todo lo cuentan casi al detalle los documentos conservados. 

El carácter de palacio de la Casa Piñán se completaba con la capilla señorial de Santo Domingo que servía de panteón familiar y que, como gráficamente describen las fuentes, mandó construir el propio Domingo Piñán "al mismo tiempo y con la misma manufactura" que su casa. Esta capilla se levantaba frente al palacio, al lado de la antigua iglesia de Santa María de Oseja, pero fuera de su estructura. Es decir, no fue una capilla interior de la iglesia, sino un edificio independiente, que poseía en su interior un altar con un retablo de madera de nogal y varias tumbas de piedra labrada. Todo está documentado.  

El palacio rural de los Piñán es de fábrica rústica, con muros de mampostería, pero tiene una serie de características que lo distinguen del resto del humilde caserío no solo de Oseja, sino de todo el valle. En primer lugar, su tamaño. Todavía en la actualidad, 400 años después, la casa de vivienda, de planta rectangular, es una de las más grandes del concejo.

A ello hay que sumar la corralada, rodeada por un muro que, en su origen, estaba totalmente cerrada al exterior. Es decir, todo el conjunto residencial y anexos agropecuarios estaban rodeados por un muro alto que impedía a los habitantes de Oseja ver el interior. A dicha corralada se accedía por una puerta formada por un gran arco de medio punto, capaz de permitir la entrada de carros y carruajes.  Como solía ser habitual en estos casos, el interior de dicha corralada estaba (y está) empedrado. En un lateral de la portalada se abría una pequeña ventana abocinada, con derrame externo, rematada también en arco de medio punto, que permitía a los habitantes de la casa observar el exterior sin ser vistos.  

El arco redondo o de medio punto es uno de los elementos arquitectónicos y visuales característicos de las casas de la hidalguía rural. Normalmente, se localizaba en las fachadas principales (puertas o ventanas). Pero, en este caso, se optó por colocarlos en el acceso a la propiedad, porque era lo que se veía desde fuera, ya que la puerta principal quedaba oculta por el muro que rodeaba y cerraba todo el recinto. Al mismo tiempo, el considerable tamaño del arco de entrada es un claro elemento de ostentación. Quede claro que esta expresión debe entenderse siempre en el contexto de austeridad que caracteriza toda la arquitectura antigua sajambriega.  De hecho, este arco es el de mayor tamaño que se conserva y no me extrañaría que también lo hubiera sido en el momento de la construcción de esta casona señorial. 

Para la puerta principal de la vivienda se elige una solución adintelada, de buen tamaño y con molduras cultas en las esquinas, aunque nuevamente muy sencillas. Los otros elementos nobles, al exterior, son los sillares de las esquinas y ventanas superiores y, sobre todo, los vanos abocinados con derrame externo del piso bajo. Este tipo de ventana no tenía una función militar (la tendría si el derrame hubiera sido interno), sino que fue un recurso arquitectónico que se puso de moda en el siglo XVI como adorno de casas nobles y que servía para otorgar una apariencia de antigüedad a la construcción que, evidentemente, no era tal. Del mismo modo, en la misma época, algunos palacios y casonas norteñas construyeron torres que imitaban a las medievales y que no tenían ninguna función defensiva, sino simplemente de mera ostentación. 

En su interior, la casa palacio de los Piñán tiene otra serie de elementos característicos, en los que no me voy a detener, porque quiero centrarme únicamente en uno de ellos, que debió ser una verdadera novedad en el Sajambre de la época. Me refiero a la primera cocina de chimenea que se documenta en Sajambre. La Casa Piñán tuvo dos cocinas: una alta, de humo, y otra baja, de chimenea. La de chimenea se describe ya en el inventario de bienes del comisario Domingo Piñán de Cueto Luengo. 

En los siglos XVII y XVIII, la propiedad de los Piñán de Cueto Luengo en el barrio de Caldevilla de Oseja fue mayor que en la actualidad, pues llegaba hasta el camino real de arriba, es decir, hasta lo que hoy es la calle que va al barrio de Quintana.    

2. CASAS SOLARIEGAS 


CASA DE LOS DÍAZ/DÍEZ DE CALDEVILLA EN OSEJA

El elemento más representativo de la casa solariega es el blasón, situado en alguna de las fachadas principales. Sabemos que en Oseja existieron casas blasonadas, aunque no se conserva ninguna. La mejor documentada pertenecía la familia Díaz de Caldevilla y tenía dos elementos edilicios típicos de la casa hidalga: 1) el escudo de armas y 2) una torre o torreón, que destacaba visualmente en el entorno.  

El escudo era el de los Díaz y los Díez, pues en Sajambre estos patronímicos eran el mismo apellido, con un mismo origen genealógico, como se documenta claramente en boca de los propios sajambriegos en el año 1699 (5). El escudo estaba debajo de la torre y el conjunto se localizaba en el barrio de Las Cortes, de Oseja. No me extiendo porque ya hemos tratado esto en entradas anteriores. 

CASA DE LOS PIÑÁN DE CUETO LUENGO EN SOTO 

En el año 1595 la casa solariega de los Piñán se localizaba detrás de lo que es La Cortina, de la que eran propietarios en gran parte y con la que lindaban; y llegaba hasta el camino real que atravesaba el pueblo, a la altura de la iglesia, que sigue siendo el camino vecinal actual. Era una muy buena propiedad que, en 1636, poseía una gran corralada cercada, con dos casas, una huerta y tres hórreos en su interior, portaladas, varios aposentos en una de las viviendas y otras dependencias (6).  

No sabemos si esta casona tenía escudos heráldicos, pero lo que sí sabemos es que eran propietarios de una torre que, en el año 1636, estaba en ruinas. Al igual que en el caso de los Díaz o Díez de Caldevilla, la propiedad o construcción de casas solariegas junto a torres fue característico de las casonas señoriales de Asturias y Cantabria en el siglo XVI.

La propiedad de los Piñán de Cueto Luengo en Soto es la mejor de todas las que se documentan en dicho lugar durante la segunda mitad del siglo XVI y primera del XVII, y, como se observa, también poseía una gran corralada. En realidad, era la única que existía en Soto en dicha época.  

3. CASONAS 


CASA CANDAMO EN SOTO

Un ejemplo claro de casona rural sajambriega es la Casa Candamo de Soto, construida no antes de mediados del siglo XVII, que también poseyó arcos de medio punto, como todavía puede verse. Según el Catastro de 1752, la casa se componía de portal, bodega y tres caballerizas por lo bajo, cocina, una sala, cinco cuartos, dos corredores y pajar por lo alto, además de dos corrales junto a la casa. Así pues, una vez más, corral y arcos.

CASA PIÑÁN DE CUETO LUENGO EN LA PANDIELLA (OSEJA)

Por su parte, los hermanos Pedro y Matías Piñán de Cueto Luengo poseyeron una casa en el barrio de La Pandiella, que lindaba con la Cárcel, por lo que sabemos más o menos dónde estaba. Esta casa también tenía una corralada y, al menos, una puerta de arco por donde se sirve el establo de los susodichos, que era una puerta prinçipal que tiene dicha casa por donde se serbía dicho establo della (1658). De nuevo, corralada y arco.

CASA DE TORIBIO DÍEZ PRIETO EN RIBOTA DE ABAJO

Toribio Díez Prieto fue cura de Ribota y su anexo, Vierdes, hasta el año 1712, en que murió. Construyó una casona en La Vega del Soto, junto al río Seya, que dejó a sus sobrinos de Prioro, localidad de la que era natural, aunque fundó una capellanía, cuyos administradores fueron los miembros de su familia y los Gómez de Ribota.

Contó con una capilla privada bajo la advocación del santo de su nombre, como era habitual en estos casos. La capilla y el conjunto residencial estuvo cercado por un muro, donde también existía una corralada, en la que había una huerta y dos hórreos. No sabemos si tuvo arcos, aunque no nos extrañaría que así fuera, dadas las características señoriales del conjunto y la función visual de dichos elementos en la arquitectura de los más acomodados. 


CASA DE JUAN MANUEL DE POSADA ARNERO EN OSEJA

La actual casa rectoral de Oseja la construyó Juan Manuel de Posada Arnero, cura de Oseja y Soto, y en su testamento se la dejó a su sobrino, porque formaba parte de su patrimonio personal. El sobrino la vendió a principios del siglo XVIII.

Se construyó como una casona rural, podemos decir que al estilo de la tierra. La propiedad fue mayor que en la actualidad y el antojano cercado que hoy conserva no es más que una parte mínima de su antigua corralada, dentro de la cual estaba el hórreo. Esta casa, construida en la segunda mitad del siglo XVII, también conserva ventanas con arco de medio punto. 

4. PEQUEÑAS CASAS DE HIDALGOS


Además de esto, están las casas que no destacaban por su tamaño y que no poseían corralada, pero tenían algún arco de medio punto. 

Una es la conocida como Casa Amancia, en Oseja, con arco en la puerta principal, que tuvo otro en una ventana y que se levanta en el barrio más noble de la localidad. Otras dos se conservan en los barrios de La Pandiella y El Coto.






En estos últimos casos, las construcciones son muy sencillas, de pequeñas dimensiones y tan solo destacan del resto por los arcos de sus fachadas.

En Oseja y Soto también quedan restos de caserones en ruinas con arcos en puertas y ventanas que deben interpretarse en este contexto.

Un caso de Oseja todavía conservaba, al menos la última vez que yo lo vi, el arranque de un arco en lo que parecía una puerta. Me refiero a las ruinas que se hallan en el barrio de Quintana, junto a la ería de Palacio. No sé a quién pertenece ese caserón, pero la casa antigua de los Díaz-Caneja, también bastante bien documentada en testamentos e inventarios de bienes desde mediados del siglo XVII, lindaba con la ería del Palacio y el camino del Ribero.   

Tampoco sé a quién pertenece el caserón de Soto con un pequeño arco por ventana, que se ve en la fotografía inferior.



En cualquier caso, todas estas casas pertenecieron a labradores que, en algún momento, lograron una mejor posición económica, sin llegar nunca al nivel de los propietarios de palacios y casonas, y quisieron distinguirse  de sus vecinos mediante el uso de un elemento arquitectónico distintivo, como fue el arco, que situaban intencionadamente en lugares visibles de sus viviendas.

5. PARA FINALIZAR

 

 

El arco deja de utilizarse a partir de 1800 y las corraladas siguieron construyéndose, aunque fueron disminuyendo de tamaño y mudando su función, destinándose a guardar el carro y poco más.  Estos casos más recientes tienen ya muy poco que ver con las grandes corraladas de los siglos XVI y XVII.

En segundo lugar, como se ve, los palacios y casonas sajambriegas de los siglos XVI, XVII y XVIII solían tener un corral, que se designa en los documentos con el término asturleonés de corralada, siempre con el sentido de "corral grande" cerrado sobre sí. Es paradigmática la de los Piñán, de Caldevilla (Oseja), de forma cuadrada o rectangular. La corralada servía de cohesión para el conjunto de vivienda y los restantes anexos con función agropecuaria que existían dentro de dicho recinto cercado. En el interior de las corraladas se distribuían las viviendas principales, las viviendas secundarias, los hórreos (al menos uno), establos (a veces llamados caballerizas), hornos (bodegas), pajares (o tenadas) y, a veces, capillas.  Es decir, la corralada sajambriega cumplía la función que tenía el patio en las casonas señoriales de Asturias, Cantabria y  del resto de la provincia de León durante la Edad Moderna.  La corralada sajambriega es, por tanto, un espacio cerrado, generalmente cuadrado o rectangular, que se sitúa siempre delante de la vivienda principal y que en los siglos XVI, XVII y XVIII poseyeron muy pocas casas en el valle. Por ejemplo, los pueblos de Vierdes y Pio carecieron de este elemento constructivo durante todo este periodo.

El otro aspecto característico es el  arco de medio punto, que servía para establecer una distinción entre iguales en una sociedad en la que dominaba el estamento nobiliario. Esa diferencia venía dada por la hacienda o patrimonio acumulado, que parece ser directamente proporcional al tamaño de las casas y a la presencia de la corralada y del arco de medio punto.   Las casas más principales poseyeron ambos elementos. Y las más modestas entre las mejores se limitaron a la presencia de arcos en sus fachadas.

Otra casa hidalga que debió tener su origen en una casa fuerte bajomedieval (siglo XV) fue la llamada Casa del Conde, situada en el barrio de Las Cortes, en Oseja, que poseyó aspilleras con derrame interno y un arco de medio punto en una ventana de considerable tamaño para la localidad. Esta ventana fue uno de los muchos añadidos que sufrió dicho edificio y, en la parte más antigua del mismo, existió también una estrecha puerta de arco redondo, con dovelas pequeñas, más parecida (aunque no exactamente igual) a la de La Torre de Caldevilla, que tampoco llegó intacta al siglo XX, pero que poseyó una indiscutible fábrica bajomedieval.   

Por último, otro elemento arquitectónico, ahora  en el interior de las viviendas, que también marcaba distinción con las casas tradicionales de la mayoría de la población, es lo que en los documentos se define como ventanas de asiento. Es decir, poyos de piedra pegados a los vanos, que servían para sentarse a contemplar el exterior. Estas ventanas tampoco tuvieron ninguna función militar, sino que pertenecieron a una clase social que podía disfrutar de momentos de ocio y que, en el medio rural, fueron utilizadas por hidalgos acomodados a partir del siglo XVI. 

La Casa Piñán conserva ventanas de asiento, que se describen en los documentos antiguos. Llegué a oír que la Casa Amancia, de Oseja, también tenía una ventana de este tipo. Y en las fuentes aparece un caso en el testamento de Cristóbal González, vecino de Oseja y marido de María Alonso, natural de Caldevilla de Valdeón. En él deja a sus nietos la cocina con su sala de la mi casa nueba, con sus altos y bajos, entradas y salidas, y ventana de asiento que tiene (1695). Esos nietos se llamaban Francisco y Tomás Alonso, hijos de Tomás Alonso y de Juliana González.  
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NOTAS
(1) Elena E. Rodríguez Díaz, Notas y cuadernos de notas de los Piñán, escribanos públicos de Sayambre (1659-1721), ed. Academia de la Llingua Asturiana – Universidad de Oviedo, 2015, p.11.
(2) Ibídem, p.9, nota 7.
(3) Toda esta información y la que menciono a continuación sobre la Casa Piñán está publicada con mayor detalle en el libro citado anteriormente, ibídem, pp.7-18.
(4) Xosé Lluis García Arias, Diccionario general de la lengua asturiana, voz cuéranu, on line: http://mas.lne.es/diccionario/palabra/15386
(5) Elena E. Rodríguez Díaz, “El proceso de imposición de modelos lingüísticos en la Edad Moderna: el caso del patronímico Díaz/Díez en Sayambre”, Lletres asturianes. Boletín de l’Academia de la Llingua Asturiana, 113, 2015, pp.45-63:
(6) Esta información también puede leerse con más detalle en la obra citada en la nota 1.  

5 comentarios:

lourdes vega dijo...

Muy bien y yo al menos lo veo muy realista y así debía de ser tal como tu nos lo describes sobre todo porque está todo documentado y ante tanta documentación no hay más discusión...asi, tal cual debía ser la realidad Sajambriega en las distintas épocas.... Gracias por tu trabajo incansable Elena.

Elena E. Rodríguez Díaz dijo...

De nada, Lourdes.
Estoy muy descontenta con Blogger, el servidor de este blog. No siempre guarda los cambios que efectúo y se desconfigura constantemente.

Elena dijo...

Es una suerte que se conserven tantas fuentes. Gracias a ello se puede reconstruir parte del pasado con fundamento.

Belén Menéndez Solar dijo...

Cada vez que entro en tu erudito blog me preparo un café y disfruto cual chiquilla. Cuando por fin conocí esa maravillosa Casa Piñán, tu nombre aparecía por doquier... Gracias, Elena. Un fuerte abrazo vecino.

Elena dijo...

Gracias a ti, Belén. Te debo una respuesta, pero yo también ando de viaje. En breve te escribiré. Un fuerte abrazo.

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