FOTO 1.- Página inicial de las Ordenanzas consideradas hasta el momento de 1701/1711 (Oseja de Sajambre, Archivo del Ayuntamiento, doc. 1, f.1rº).
FOTO 2.- Las firmas mostradas están hechas por la misma persona que el texto, la particular forma de la g lo delata.
FOTO 3.- Compárese la supuesta suscripción de Agustín Piñán de Cueto Luengo que aparece en las Ordenanzas con su firma auténtica. Ni la escritura, ni la rúbrica se asemejan en nada.
FOTO 4.- Las dos menciones de la fecha, en cantidades desarrolladas, que se leen en el doc. n. 1 del Archivo del Ayuntamiento de Oseja de Sajambre.
Hay algo que llama poderosamente la atención cuando abrimos este documento: la mala presentación y el descuido de la persona que copió las Ordenanzas. Ni un escribano público, ni un “fiel de fechos” (secretario de Ayuntamiento) lo habrían hecho así. Podemos estar seguros de que esta copia no fue hecha por un profesional, sino por una persona que no tenía práctica alguna ni en copiar documentos, ni en escribir textos de cierta extensión.
Muestro únicamente la primera página (Foto 1) que funcionaba como un incipit y a la que normalmente se le otorgaba un tratamiento algo más destacado que al resto del documento. Conocedor de esta costumbre, más por haberla visto que por haberla hecho él mismo, nuestro escribano intenta destacar las primeras líneas con una separación y un módulo de escritura más grande, a modo de título. Sin embargo, su ejecución es tan torpe e imperfecta que las líneas de escritura están torcidas, la distancia entre palabras y entre renglones es irregular y las letras están emborronadas. Así sucede, en mayor o en menor medida, a lo largo de los 28 folios que ocupan estas Ordenanzas. Esta manera de proceder es absolutamente impropia en un documento pasado a limpio y ejecutado por quien conocía bien su oficio.
Pero lo que quiero destacar especialmente es que las 6 firmas que aparentemente validan esta copia no son autógrafas y, por tanto, no son auténticas, sino que están hechas todas por una misma mano. Naturalmente, la mano es la de nuestro escribano anónimo. Y este hecho no se debe a la delegación que una persona analfabeta hacía en otra que sabía escribir para que suscribiese por ella el documento, porque da la casualidad de que uno de los que firma es un personaje muy conocido y bien documentado: el bien alfabetizado notario público de Sajambre, Agustín Piñán de Cueto Luengo (a.1685-1722).
Para comprobar esta afirmación y no extendernos demasiado (podría hacer el análisis paleográfico hasta el más mínimo detalle), vamos a fijarnos en dos aspectos que son determinantes. Primero, en la personal apariencia que el copista de las Ordenanzas otorga a letra la g minúscula de tradición humanística, con ese particularmente ondulante y sinuoso caído, que resulta ser un rasgo de estilo que lo identifica sin ningún género de dudas.
En la Foto 2 pueden verse varios ejemplos extraídos del texto de las Ordenanzas (“guardando”, “luego”, “lugar”), junto con dos de las supuestas firmas en las que aparece la misma forma de g.
En la Foto 3 muestro la suscripción de Agustín Piñán de Cueto Luengo que aparece en el documento de las Ordenanzas, junto con la firma auténtica de dicho escribano público extraída de uno de sus protocolos notariales. Este Agustín Piñán está documentado desde antes de 1685 hasta 1722, fecha de su muerte en la localidad de Vegacerneja. Como se aprecia en la imagen, la firma de las Ordenanzas no tiene nada que ver con la suscripción auténtica.
Cada vez estoy más convencida que las irregularidades en la fecha pudieron estar provocadas por la impericia de este artífice que, por equivocación o por cansancio, se hizo un lío con los números y en un lugar escribió “año de mil setecientos uno” y en otro “año de mil setecientos once”. Compruébese en la Foto n. 4.


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