viernes, 5 de octubre de 2018

LOS HÓRREOS DE SAJAMBRE EN LOS DOCUMENTOS ANTIGUOS


Hoy se conservan muy pocos hórreos en Sajambre, pero en los siglos XV y XVI había uno delante de cada casa en los cinco pueblos del valle, porque el hórreo fue un elemento inseparable en la unidad de poblamiento sajambriega, que se componía de casa, hórreo y huerta.

El hórreo es un granero alzado sobre pilares, característico de la arquitectura tradicional en madera de todo el Norte peninsular, desde Galicia a Navarra y desde la costa cantábrica al septentrión de las provincias de León y de Palencia, que existía con seguridad en la Edad Media y quizás antes. Como se sabe, existen diferentes teorías para explicar el origen de los hórreos peninsulares. 

Índice de este artículo:

1. El contexto histórico del hórreo sajambriego. 2. Los hórreos sajambriegos más antiguos. 3. La identificación del hórreo en los documentos. 4. El uso del hórreo. 5. Elementos constructivos documentados. 6. Recapitulación. 7. Notas.

1.-EL CONTEXTO HISTÓRICO DEL HÓRREO SAJAMBRIEGO



En los valles de los Picos de Europa, el hórreo se registra en documentos del siglo IX. En un conocido caso lebaniego del año 831 se alude a varios hórreos, entre ellos uno en Camarmeña (1), hoy en el concejo asturiano de Cabrales y muy próximo a las tierras de Valdeón. En el año 1001 se registran hórreos en la Montaña de Riaño (2), en concreto en Valdoré, y en el 1046 en Taranes (Ponga).

Es verdad que estas simples menciones no nos permiten conocer la forma y peculiaridades de aquellas construcciones rurales de la Alta Edad Media y no podemos saber si tenían pegollos o, en cambio, si se hallaban más cercanas al modelo de granero romano llamado horreum. No obstante, el documento citado del año 831 especifica que los hórreos se hallaban ‘delante de las casas’, ubicación espacial característica de los orros tradicionales de Asturias, Cantabria y León.

Dado que en los valles de Sajambre y de Valdeón existió población en el período altomedieval, hay que pensar que sus habitantes tenían hórreos (fuera cual fuera su forma), como los tenían todos sus comarcanos.

Según los estudiosos de estas materias, el prototipo más arcaico en esta zona del norte peninsular era el de un granero alzado sobre cuatro pegollos, de pequeñas dimensiones y de planta cuadrada, con paredes de madera o de varas entretejidas (sardo) y cubierto a dos aguas con techo de tabla o de paja (3). Así debemos imaginar el hórreo medieval. A lo largo del siglo XV se empezaría a introducir la teja en la cubrición; y a partir del siglo XVII se difundieron las paneras, es decir, hórreos de mayor tamaño y planta rectangular sustentados en seis o más pegollos. Esta difusión se produce desde la zona nuclear asturiana comprendida entre los ríos Sella y Nalón (4).

En el Sajambre de la Edad Moderna, como también en Asturias, no todos los campesinos fueron propietarios de un hórreo. La fragmentación de la propiedad por la transmisión hereditaria originó una división interna de esta construcción rural con partes (medio hórreo, un cuarto de hórreo, incluso medio cuarto de hórreo) que se vendían y se arrendaban. Estas transacciones, en una sociedad con graves carencias económicas que sufrió además muchas crisis de subsistencia durante su historia, fueron una de las causas por las que muchos vecinos de Sajambre ya carecían de hórreo a mediados del siglo XVIII. Además de los inventarios post mortem, la situación quedó registrada en los volúmenes del Catastro de Ensenada de 1752. En Asturias, el inicio del retroceso del hórreo se produce en la misma época: entre 1650 y 1750.

En 1752 había en Sajambre 109 vecinos de casa abierta y 65 hórreos. En el año 2005 solo quedaban 26 hórreos (5).

2.- LOS HÓRREOS SAJAMBRIEGOS MÁS ANTIGUOS



Los primeros documentos conservados que mencionan hórreos en Sajambre son del siglo XVI, en concreto de los años 1577, 1594, 1595, 1598 y 1600. Proceden de Soto, porque allí vivían los Piñán sajambriegos en aquellos tiempos y la mayor parte de los registros que hemos utilizado son los que se conservan en su archivo familiar. Por ejemplo, el documento del 29 de abril de 1598 dice lo siguiente: 


Vos vendo... el quarto de un hórrio que yo tengo en este lugar de Soto, delante de mi casa de morada que se parte con Pedro Piñán y con vos, los dichos compradores, con su techo y madera en la forma y manera que de presente está. El qual dicho quarto de órrio, que ba dicho, con su parte de suelo bos bendo, con todas sus entradas y salidas, usos y costumbres, derechos y serbidunbres.


Los vendedores fueron Juan Díaz de Vallobal y su mujer, María de Vallobal, quienes ya compartían el hórreo con los Piñán, los cuales terminaron por hacerse con el granero entero aquel año de 1598. Otros propietarios de hórreos documentados en Soto, en el siglo XVI, fueron  Mayor Alonso (1577); María de Vega (1594); Catalina, casada con Diego de la Caneja (1595) y María Sánchez (1600), todas mujeres viudas que se ven obligadas a vender su hacienda para sobrevivir.

En cuanto a Oseja, la noticia más antigua que conozco hasta el momento corresponde a un orio en La Yana, que tenían los hermanos Gonzalo e Inés Canín con anterioridad al año 1624 y que vendieron al comisario Domingo Piñán.


Hórreo Piñán de 1626 en la década de 1980
No obstante, Oseja conserva los restos del hórreo datado más antiguo de todo el valle y el más antiguo de la provincia de León en su modalidad.  La variedad a la que me refiero es la de la panera que, según los estudios efectuados al día de hoy, empezaría a difundirse desde la zona centro-oriental de Asturias.



Hórreo Piñán de 1626 en la actualidad
La panera en cuestión es el hórreo de los Piñán de Cueto Luengo que llegó intacto a los años 80 del siglo XX y que hoy está derruido en la corralada de la Casa Piñán. Era enteramente de madera, con 9 pegollos y tejado a cuatro aguas. Este hórreo ya existía en el año 1626, aunque su ubicación original no es la que ahora tiene, como veremos más adelante.



 

3.- LA IDENTIFICACIÓN DEL HÓRREO EN LOS DOCUMENTOS SAJAMBRIEGOS


 

En la documentación siempre se utiliza la forma órrio u hórrio, pero José Díaz y Díaz-Caneja atestigua el uso de la variante asturleonesa orro en la edición póstuma de su Vocabulario sajambriego (p.395). 

En la mayor parte de los documentos, el hórreo se identifica por sus linderos, es decir, con los nombres de los dueños del resto del orro o por elementos espaciales de referencia:

Yten un órrio questá en dicho lugar, que linda con el camino que ba para el Beyo y con órrio de erederos de Pedro Díaz (Ribota, 1718). 

Como sucedía con la casa de vivienda, los antojanos formaban parte de la propiedad del hórreo:

El medio órrio de quatro aguadas que está a la parte de afuera de la cassa y cercado del dicho Gonzalo Piñán, mi hermano, con todos sus antoxanos (Oseja, palacio Piñán, 1663). 

La mayor parte de las menciones documentales son de carácter genérico. Pero algunas veces los hórreos se describen someramente. Son estos documentos los que más nos interesan en esta ocasión. 

En el Sajambre actual (y en el del siglo XX) no se distingue entre hórreo y panera. Con independencia de sus dimensiones, en Sajambre se habla siempre de orro u hórrio.  Sin embargo, en la documentación antigua aparece alguna vez la voz panera:

Y abiendo rexistrado dichos jurados el órrio y paneras de dicho difunto... (Oseja, 1711).

Tiene un órrio de madera fundado sobre quatro pies que sirve de panera (Soto, 1752). 

El último caso procede del Catastro de Ensenada, documento que utiliza el término ‘panera’ constantemente. Pero ha de entenderse en relación al uso que se da al hórreo (para guardar pan: cereal panificable) y no como clasificación tipológica, como demuestra el caso de este hórreo de cuatro pegollos que poseía Manuel de Posada en Soto. 

4.- EL USO DEL HÓRREO


En la sociedad tradicional el uso del hórreo fue básicamente el de un lugar de almacenaje de grano, al resguardo de la humedad del suelo y de los roedores:

Estando dicha mi mujer, quieta y pacífica, en el órrio que era de Domingo de la Fuente, atropando un poco de pan y maíz que se avía esgranado por dicho órrio del cesto de cierto pan y maíz que partieron Juan Redondo y dicha mi mujer, por erenzia de Pedro Redondo, mi ermano... (Pio, 1675).

Pero en la realidad el hórreo podía tener usos variopintos y guardarse en él no solo granos y harinas, sino también queso, carne, legumbres, frutos secos, patatas, ropa de casa y de vestir, cestos o calderos: 

Dos cargas de maíz en grano, quatro celemines de alubias, seis de cebada y dos fanegas de patatas que guardaba en un cuarto de hórreo (Vierdes, 1813).

Pareció en lorrio lo siguiente: Çinco sávanas de hilo negro y otra en casa, seis. Una almohada fundida. Yten cinco tocas, tres de cerro y dos de ruán. Yten otra toca de çerro por coser. Yten dos mesas de manteles de la tierra. Yten una pieça de lieno de siete baras. Yten una toca de sovremar amarilla. Yten dos pares de mangas de tienda. Yten siete quesos de arno y puño. Una fanega de escanda y otra de çevada, otra de arbexos y havas y una fanega de nueçes y un quarto de Cosme Díez, vezino, de carne de baca salado. Y un caldero. Yten una cama de casa, tres mantas y una quadra. Yten una mantilla de paño, viexa, y tres sayas de sayal. Yten doçe madexas destopa (Oseja, 1661).  

Obsérvese en este último documento la manera de identificar los quesos: siete quesos de arno y puño. En la llingua asturleonesa, un arno es un recipiente hecho con corteza de árbol, que recibe distintos nombres según su uso. Por ejemplo, el arno para hacer la colada era la quijiella. Pero en Sajambre, el término arno se refiere específicamente a un molde de madera para hacer queso, que el Vocabulario sajambriego define así: «un aro, tubo o vaso sin fondo, formado casi siempre por una tira de corteza de tilo, de puntas solapadas y cosidas con pleita, que se coloca sobre una tabla o piedra plana para echar en él la cuajada hasta que ésta pierde el suero y adquiere consistencia» (p.68). A su vez, la voz puño en este contexto ha de referirse al queso fresco, hecho sin molde.

Aquel hórreo de 1661 pertenecía a Dominga de Acevedo y en él guardaba ropa de casa (manteles, sábanas, una almohada) y de su persona (tocas, mangas, sayas, una mantilla), telas hechas (una pieza de siete varas de lino) y por hacer (doce madejas de estopa). Había además carne de vaca salada (véase el uso del género neutro típicamente asturleonés en carne de baca salado) que pertenecía a su vecino Cosme Díaz.

Había también una cama de casa, tres mantas y una quadra, que podían ser dos cosas: simplemente ropa de cama, si interpretamos esto de la misma manera que la expresión ‘una mesa de manteles’; o bien un jergón con sábanas y almohada, además de tres mantas y la especie de edredón hecho con pieles que era la cuadra. Hay que señalar que cuando se describe la ropa de cama en la documentación notarial se hace siempre con la expresión una cama de ropa, nunca con el giro una cama de casa, como aquí sucede. Por lo que, a lo mejor, había un jergón vestido para que alguno de los hijos de la dueña durmiera allí. De hecho, en Asturias, algunas familias numerosas utilizaban a veces el hórreo para alojar a alguno de sus miembros o a algún visitante con motivo, por ejemplo, de una boda (6).

Entre los usos del hórreo habría que considerar también el solorro o espacio cubierto que quedaba bajo el hórreo, donde se guardaba el carro, la leña o se aprovechaba para actividades diversas en los meses cálidos.

5.- ELEMENTOS CONSTRUCTIVOS DOCUMENTADOS



Cuando se describen los hórreos sajambriegos se pueden mencionar uno o varios de sus elementos constructivos: la madera, el número de pegollos, la cubierta, las aguadas o algún aspecto estructural. 

La madera

Lo más normal es el uso de voces genéricas como madera o tabla:

Un quarto de órrio en dicho barrio de Quintana, de madera y texa (Oseja, 1675).

El hórrio viexo del Rivero de Quintana, de madera y texa (Oseja, 1675).

Un quarto de un órrio de texa y tabla en el lugar de Pio (Pio, 1677).

Aunque a veces se especifica el tipo de madera:

Un órrio de roble (Vierdes, 1668).

De roble era también un hórreo que tenía Inés de Cimavilla en Vegacerneja, documentado en el año 1627.

Los pegollos que se documentan con anterioridad a 1815 son siempre de madera: 

Un órrio de cureña que es fundado sobre pies de madera contiguo a la casa de morada, pero al lado de afuera de su corralada y lindando con calle pública (Oseja, palacio Piñán, 1805). 

Tiene un órrio de madera fundado sobre quatro pies de lo mismo que sirve de panera para el recojimiento de granos, está dentro del corral suyo (Oseja, barrio de La Pandiella, propiedad de los Alonso Tielve, 1752).

El número de apoyos


En los documentos sajambriegos, los pegollos del hórreo se denominan pies, una traducción de los escribanos de la voz asturleonesas pegollo usada en la tierra (7).

En la actualidad, Sajambre es el único lugar de la Montaña Oriental leonesa cuyos hórreos poseen mayoritariamente más de 4 pegollos (66%), una proporción que es incluso mayor que la del conjunto de Asturias (31’5%), (8).

Sin embargo, no siempre fue así. Hasta 1800 lo que abundaba eran los hórreos de cuatro pegollos, a veces con un pilar suplementario para reforzar la sujeción de la cámara. Será durante el siglo XVII cuando empiecen a aparecer algunos casos de planta rectangular, con seis o más pies, aunque esta modalidad seguirá siendo minoritaria, al menos, entre 1600 y 1750. 

Cuatro pegollos

Más tres órrios de quatro pies, dos delante de las dichas casas y uno de atrás de ella, todo en dicho corral (Soto, casa de los Piñán de Cueto Luengo, 1636).

Un corral pegado a dicha casa de bibienda con un órrio en el medio, de quatro pies (Oseja, palacio Piñán, 1652).

Un orrio de quatro pies (Soto, propiedad de Juan de Martino, 1699).

Un órrio de madera fundado sobre quatro pies de lo mismo que sirve de panera para el recojimiento de granos (Oseja, 1752).  

Cinco pegollos

Yten inventariaron un órrio que está delante de dicha cassa en que vivía dicho difunto, de madera y texa, es de çinco pies y de cureña (Soto, 1675).

Tiene un órrio de madera fundado sobre zinco pies de lo mismo que sirve de panera (Ribota, propiedad de Manuel Fernández, 1752).

Seis pegollos

Un órrio de cuatro pies, sito en este barrio, digo de seis pies (Vierdes, 1812).

Nueve pegollos

Un órrio de quatro aguadas y nuebe pies que está delante de la casa (Oseja, casa del cura, 1720).

Un órrio en el casco de este lugar, en lugar de panera, que está fundado en nuebe pies, de madera (Oseja, palacio Piñán, 1752).

Como hemos dicho, el primer hórreo grande (de 9 pegollos) que se construye en Sajambre fue el que los Piñán de Cueto Luengo tenían en Oseja y que ya existía en el año 1626. El segundo hórreo conocido con similares características perteneció al cura de Oseja, Juan Manuel de Posada Arnero, quien mandó hacerlo para su casa de Oseja entre 1665 y 1699. Durante toda la Edad Moderna, los únicos casos conocidos con 9 pies son estos dos hórreos. Y no por casualidad.

En los siglos XVII y XVIII, el tamaño de los hórreos fue proporcional a la riqueza de sus dueños y a las necesidades de almacenamiento de sus cosechas. Por esta razón, estos grandes hórreos fueron un elemento claro de ostentación de las élites y de alto valor simbólico en aquella modesta sociedad aldeana, en la que predominaban los pequeños hórreos compartidos.

Tras los Piñán y su palacio de Caldevilla, otro miembro de la baja nobleza asturiana que fue cura párroco de Oseja y Soto mandó construir un hórreo de iguales dimensiones en su casa de Las Cortes. Esta casa la heredó su sobrino, Manuel de Posada, y este la vendió cuando contrajo matrimonio en Soto de Sajambre a principios del siglo XVIII. Las rentas derivadas de los diezmos, de la vida pastoral y de la actividad prestamista convirtieron al clero parroquial sajambriego en uno de los principales hacendados durante toda la Edad Moderna. Además, en este caso, sabemos que el cura Posada se lucró indebidamente a costa de sus feligreses, cobrando precios excesivos en los oficios cultuales y en la práctica sacramental. Los sajambriegos lo denunciaron y el obispo de León tomó medidas contra él en 1671.  

La cubierta 

Paja 

Los hórreos más antiguos estuvieron cubiertos de paja y en el siglo XVII se estaba finalizando la transición al hórreo de teja, de tal manera que en la centuria siguiente no se documenta ya ningún hórreo con techo de paja. Es decir, que los hórreos cubiertos de paja debieron dominar el paisaje rural sajambriego durante toda la Edad Media, iniciándose la cubrición con teja quizás a finales del siglo XV y, con seguridad, a lo largo del siglo XVI. En el 1600 todavía se documentan muchas casas, invernales y hórreos pajizos y en 1700 todas las construcciones rústicas sajambriegas están ya cubiertas solo de teja, excepto los chozos de las majadas.

Yten tres quartos de orrio, de techo asimismo de paxa, sitio en el barrio de Llamedio... linda con heredad de Domingo la Puente y ería del Hoyo (Pio, 1667).

 Iten un quarto de órrio techado de paxa (Pio, 1668).

Un quarto de un órrio techado de paxa en el barrio de Quintana, según parte con órrio de Agustín y Pedro de Vega (Oseja, 1668).

Yten inbentariaron otro pedaço de órrio situado en dicho barrio de Caldevilla que al presente está de teja (Oseja, 1677). [Seguramente porque antes estaba de paja.]

Teja  

Algunos autores consideran que las cubiertas de teja se empezaron a extender en los hórreos asturianos durante la Baja Edad Media, sobre todo en el siglo XV. Los pocos documentos medievales conservados no nos permiten saber lo que sucedió en Sajambre, pero lo que sí podemos afirmar es que, por lo menos, a finales del siglo XVI ya existían en Soto y en Oseja hórreos cubiertos de teja.

No hemos encontrado menciones a la fabricación local de teja o teya en el siglo XVI, pero sí en el XVII con teyeras activas en Oseja y en Soto. A partir de mediados del siglo XVIII, en estas tejeras debieron trabajar artesanos llaniscos, quienes viajaban por toda la región (asturiana y leonesa) practicando su antiguo oficio. En la toponimia menor sajambriega quedan restos de esta actividad.

Formas de la cubierta 

Entre los expertos, la cubrición a dos aguas se considera una de las características del hórreo arcaico, modelo que se ha perpetuado en Valdeón, en la Montaña Oriental leonesa, en Liébana y en el concejo de Ponga. Sin embargo, la cubierta a dos aguas es el único aspecto del prototipo más antiguo que permaneció en Sajambre, ya que las restantes características arquitectónicas de los hórreos sajambriegos que llegan al siglo XXI están mucho más cercanas al hórreo asturiano que al leonés (9).

Hórreo de Oseja
A dos aguas

Parece que en el siglo XVII, las dos aguadas pudieron ser más frecuentes de lo que aparece en los documentos. Creo que el hecho de las escasas menciones a esta modalidad pudo deberse a que era lo general, algo coherente con lo observado respecto a las dimensiones y al número de pegollos: si dominaban los hórreos pequeños, de planta cuadrada y cuatro pies, puede que la cubierta fuera a dos aguas, como tantos ejemplares del resto de la comarca de Riaño.

Un órrio de roble de dos aguadas que está delante de la casa(Vierdes, 1668). 

Excepto menciones ocasionales, como el caso anterior, cuando los documentos describen la forma de las cubiertas, lo hacen para resaltar los hórreos a cuatro aguas. Mi interpretación es que se describe lo que era la excepción, porque la mayoría de los hórreos sajambriegos de los siglos XVII y XVIII debían estar cubiertos a dos aguas. 

A cuatro aguas 

En el siglo XVII, la presencia de tejados a cuatro aguas está relacionada con los hórreos de 9 pegollos. Es decir, con el hórreo de los Piñán y con el de Juan Manuel de Posada Arnero. Esto indica que la disposición a cuatro aguas fue una introducción foránea en lo que hasta entonces había sido la tradición de las dos aguadas. Naturalmente, esta influencia foránea procedía de Asturias, pues los tejados a cuatro vertientes son elemento característico del hórreo asturiano.

Hórreo Piñán (1626):

El medio órrio de quatro aguadas que está a la parte de afuera de la cassa y cercado del dicho Gonzalo Piñán, mi hermano (1663).  Le benden la porzión de órrio que está al lado de abajo del corral, junto a la yglessia de dicho lugar, que linda con órrio de dicho menor y camino real y corral (1729).

Estas ventas entre hermanos y otros documentos familiares, como el inventario post mortem del comisario Piñán se refieren al hórreo/panera de nuebe pies, pegado a la dicha casa y cerca del corral, que todo parte uno con otro y con el camino real por todas partes(1652). Este gran hórreo estuvo fuera de la corralada de la casa palacio hasta que se metió dentro del corral cuando se construyó la carretera de Sahagún a Las Arriondas a finales del siglo XIX. Con anterioridad, dentro de este patio señorial lo que había era un hórreo más pequeño de cuatro pegollos, también documentado en el año 1626.

El conjunto de los  testimonios documentales y la memoria familiar sirven para precisar la localización antigua. El hórreo, que aguantó casi 400 años en pie y del que todavía pueden verse los pegollos y los trabes arruinados, fue construido originalmente fuera del patio cercado, entre el palacio que edificó el comisario Piñán, la antigua iglesia de Santa María de Oseja y el tramo del camino real que cruzaba el barrio de Caldevilla en dirección al de Las Cortes. Es decir, tuvo que cambiarse de sitio porque entorpecía el trazado de la carretera actual.

Hórreo del cura Posada (1665-1699):

Un órrio de quatro aguadas (1711); el órrio de quatro aguadas que está delante de dicha casa y la güerta de ortoliza que está inmediato a dicho órrio y casa, con más la tierra del Cimploño que está pegada a dicha casa (1718); un órrio de quatro aguadas y nuebe pies que está delante de la casa (1720).

Las cuatro aguadas dejan de ser signo de distinción de las élites en el siglo XVIII, cuando empiezan a difundirse entre los habitantes del valle hasta llegar a convertirse en la modalidad mayoritaria:

Hórreo de Oseja
Ytem un órrio que está delante de dicha casa de quatro aguas, que linda con dicha cassa de un lado (Soto, propiedad de los Mendoza, 1710).

La mitad de un órrio de quatro aguadas (Vierdes, propiedad de Pedro Redondo, 1713).  

En el año 2005, el 54% de los hórreos sajambriegos conservados estaban cubiertos a cuatro aguas al estilo asturiano (10).



Elementos estructurales 

Cureña 

En varias ocasiones, el hórreo sajambriego se retrata con la voz cureña:

Un hórreo de cureña y teja delante de la casa (Soto, 1668).

Yten inventariaron un órrio de cureña y teja (Soto, de Miguel Múñiz, 1678).

Un órrio de cureña que es fundado sobre pies de madera (Oseja, 1805).

Cureña es el nombre que tiene, en el asturleonés oriental (dominio lingüístico al que pertenece Sajambre), cada uno de los tablones que forman las paredes del hórreo y que, en otros lugares, se denominan colondras

Ahora bien, conocemos dos casos que nos hacen sospechar que el término cureña tenía en Sajambre un sentido adicional. En el primero de ellos se escribe lo siguiente:

Yten inventariaron un órrio que está delante de dicha cassa en que vivía dicho difunto, de madera y texa, es de çinco pies y de cureña (Soto, de Julián González, 1675).  

Si se dice que el hórreo era ‘de madera y teja’, ¿por qué añadir además que era ‘de cureña’?

El segundo caso se expresa así:

Medio órrio de madera y texa, es de cureña, situado en el barrio de Caldevilla... Yten inventariaron otro medio órrio de madera y texa, es de trasla (o tiasla), situado en dicho bario (Oseja, 1671).

Transcribo el pasaje completo para que no quede duda del contexto en el que aparecen los términos sobre los que vamos a tratar:

Yten ynventariaron medio órrio de madera y texa, es de cureña, situado en el barrio de Caldevilla, linda este órrio con Gracia de Gonçalo, órrio suyo  y con cassa de Andrés Díez, vecino de dicho lugar, y con el güerto de hortoliça de Christóbal Gonçález. Yten ynventariaron otro medio órrio de madera y texa, es de trasla (o tiasla), situado en el dicho  bario, linda este ório con ório de Pablos de Redondo y órrio de Torivia Gonçález, vecinos deste lugar

...de madera y texa es de trasla...
...esta tiera... Véase el punto de la /i/ de tierra encima de la /e/

Se mencionan dos hórreos, ambos de madera y teja, pero uno “es de cureña” y el otro “es de trasla o tiasla”, palabra que no está clara porque, en esta escritura, la /i/ puede hacerse igual a una /r/ redonda de ejecución rápida, pudiendo interpretarse de dos maneras: 1) Como una /r/ redonda, donde la palabra sería ‘trasla’. 2) O como una /i/, si consideramos que el signo diacrítico de esta vocal está desplazado a la derecha (lo que sucede con mucha frecuencia, como muestro en otro caso de este mismo documento). Aquí el punto de la /i/ sería el pequeño signo que se sitúa encima de la primera /a/. Según esto, el término se convertiría en un ‘tiasla’. Paleográficamente, las dos lecturas son posibles.

¿Pero qué era una trasla o tiasla? No he localizado ningún término similar. Ni en el Vocabulario sajambriego, ni en otros vocabularios locales, ni en el Diccionario general de la lengua asturiana, ni en el de la lengua española, ni en el Corpus Diacrónico del Español, ni en Diccionario de Autoridades, ni en el Covarrubias, ni en la bibliografía especializada sobre hórreos asturianos, leoneses, cántabros e, incluso, gallegos. Si intentásemos explicarlo desde el castellano, nos inclinaríamos por un ‘trasla’ ¿relacionado, quizás, con el carácter desmontable de los hórreos? Lo cierto es que lo correcto es interpretarlo desde el asturleonés, que era la lengua local.

Ahora bien,  considerando cómo se ha escrito el pasaje (con una estructura sintáctica paralela), parece que se están refiriendo a las tablas que forman la cámara o caja del hórreo, ya que eso es la cureña y posiblemente sea también la trasla o tiasla.

Actualmente no se conservan en Sajambre hórreos con los tablones de sus paredes en horizontal, pero posiblemente los hubo, ya que los conocemos en Valdeón, en otros lugares de la Montaña Oriental leonesa y en el vecino concejo asturiano de Ponga. Y dado que la voz cureña se refiere, en Asturias y en Sajambre (11), a tablas dispuestas en sentido vertical, me pregunto si las traslas o tiaslas no serían las mismas tablas colocadas en sentido horizontal.

Mi hipótesis es la siguiente: resulta factible pensar que cuando los documentos sajambriegos hablan de ‘un hórreo de madera, teja y cureña’ estén estableciendo una distinción tipológica en base a un elemento constructivo (la cureña) que se colocaba verticalmente, frente a la trasla o tiasla que se disponía en horizontal. 

Hórreo de piña 

Volvamos a una de las descripciones del hórreo grande que construyó el comisario Domingo Piñán de Cueto Luengo para su casa de Oseja:

Un órrio, fuera de dicho corral, de piña y nuebe pies, pegado a la dicha casa y cerca del corral (1652).

No sé cuál es el significado exacto de ‘un hórreo de piña’, aunque podría vincularse a las pinas o clavos de madera que se usaban a veces en el montaje de los hórreos (12) y que pudo haber tenido alguna conexión con la puerta apinazada que se documenta en 1812. Por desgracia, al estar hoy la panera de los Piñán arruinada, no creo que pueda comprobarse el uso (o no) de estas piezas cónicas de fijación. 

El corredor

Un órrio de cuatro pies, sito en este barrio, digo de seis pies, fronteando con casas de Gregorio de Granda y Pedro de Granda, con su cerca y portillera, el que se tasó en 80 ducados – 880 reales (Vierdes, propiedad de Pedro Simón, 1812).


Aquí tenemos la descripción de una panera de corredor típicamente asturiana. Este último elemento arquitectónico (el corredor llamado aquí cerca) empieza a difundirse en los hórreos y en las viviendas sajambriegas (al igual que en Asturias) en el siglo XVIII. El corredor más antiguo documentado en Sajambre hasta el momento data del año 1752 y se hallaba en la casa de vivienda de Manuel Piñán, vecino de Soto.

En un 25% de los hórreos sajambriegos que existían en el año 2005 había alguna clase de corredor, lo que nuevamente vincula a Sajambre con la tradición asturiana, muy al contrario de lo que sucede al respecto en Valdeón y en el resto de la Montaña Oriental leonesa, ya que las pequeñas dimensiones de los hórreos impiden el añadido de corredores (13). Pero en este caso, al igual que en el de la introducción de la panera y de las cuatro aguadas, comprobamos que no se trata de un elemento de la tradición autóctona. 

6. RECAPITULACIÓN


Esto es lo que podemos decir por el momento de los hórreos sajambriegos, de lo cual obtenemos ya una conclusión precisa. Lo que llegó a los siglos XX y XXI, y que ha sido objeto de análisis por los especialistas contemporáneos, es el resultado de los cambios acaecidos en los últimos siglos, con muchas influencias foráneas que triunfaron sobre las soluciones tradicionales.

Si hoy no dominan los hórreos de cuatro pegollos en Sajambre no es porque nunca existieran, sino porque desde 1700 se construyeron hórreos más grandes que fueron sustituyendo a los antiguos, más pequeños. Lo mismo sucedió con el cambio de las dos aguadas a las cuatro aguadas a partir de 1700.

Si hoy no se conservan hórreos con los tablones de la caja en horizontal no creemos que sea porque nunca los hubo, sino porque empezaron a desaparecer en el 1600. Quedaría por dilucidar por qué desaparecieron en Sajambre y se mantuvieron en Valdeón, en los Beyos, en Liébana y en el resto de la Montaña Oriental leonesa.

Respecto a Sajambre, los especialistas han concluido dos cosas. Primero, que existe un parentesco entre los hórreos de toda la cuenca alta del Sella (Beyos, Amieva, Sajambre), formando un nicho diferenciado dentro de la clasificación tipológica general de los hórreos cantábricos (14).

Segundo, que los hórreos de Sajambre son los que más influencia asturiana acusan en toda la vertiente oriental leonesa (15). La documentación histórica nos permite saber que dicho fenómeno arranca del 1600, debido a las preferencias arquitectónicas de las élites dominantes, y se va difundiendo en el 1700.

Habría que estudiar más a fondo si dicha difusión se produjo por imitación de las élites (sobre todo los techos a cuatro aguas) o por otras causas, entre las que pudo estar el enriquecimiento puntual de algunos sajambriegos gracias a la actividad de la carretería y de la arriería, cuya reventa de excedentes (16) reportó prosperidad económica en algunos casos, materializándose en la mejora de las viviendas y quizás también de los hórreos.



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NOTAS


(1) A. Floriano Cumbreño, Diplomática española del período astur, Oviedo, 1949, I, n.39.
(2) J. A. Fernández Flórez y M. Herrero de la Fuente, Colección documental del monasterio de Santa María de Otero de las Dueñas (854-1108), León, 1999, pp.75 y 115.
(3) A. Graña García y J. López Álvarez, “Dos nuevas vías para el estudio del hórreo asturiano: Una hipótesis sobre su origen y una clasificación de sus decoraciones”, en J. M. Gómez Tabanera (dir.), Eugeniusz Frankowsky. Hórreos y palafitos de la península ibérica, Madrid, 1986, pp. 459-461.
(4) Ibídem.
(5) E. Algorri García, Evolución y distribución territorial de las técnicas constructivas  en la arquitectura popular. El caso del hórreo cantábrico, tesis doctoral, Universidad de León, 2015, p.129.
(6) Los asturianos. Raíces culturales y sociales de una identidad, Oviedo, 2005, p.144.
(7) E. Algorri García, ob. cit, p.155.
(8) En el Vocabulario sajambriego se recogen las voces pegollo y pegollera, y asimismo en A. R. Fernández González, El habla y la cultura popular de Oseja de Sajambre, Oviedo, 1959.
(9) E. Algorri García, ob. cit., pp.185, 209, 254, 258-259.
(10) Ibídem, pp. 258, 259.
(11) Vocabulario sajambriego, p.171.
(12) E. Algorri García, ob. cit., define la pina como una “pieza cónica de madera que hace una función parecida al clavo” (p.44). Por su parte, las variantes pina/piña se explican claramente en el asturleonés de la zona y, en los propios documentos, es frecuente encontrar el mismo fenómeno lingüístico en casos como escaño/escano, añojo/anojo, compañía/companía, véase E. E. Rodríguez Díaz, Notas y cuadernos de notas de los Piñán, escribanos públicos de Sayambre (1659-1721), Academia de la Llingua Asturiana – Universidad de Oviedo, 2015.
(13) Ibídem, pp.277, 278.
(14) E. Algorri García, ob. cit., p.299.
(15) E. Algorri García, ob. cit., passim.
(16) E. E. Rodríguez Díaz, “Carreteros y arrieros de Sajambre. El intercambio de mercancías en la Montaña Oriental leonesa (siglos XVI-XVIII)”, Estudios Humanísticos. Historia, 14 (2015), pp.39-71.




viernes, 14 de septiembre de 2018

MÁS DATOS SOBRE LA ERMITA DE SAN ROQUE DE OSEJA DE SAJAMBRE (SIGLO XVI)


La ermita de San Roque en la década de 1940.
Aunque a este tema ya le dedicamos una entrada en el mes de junio del año 2012, con la edición de dos documentos de 1703, vamos ahora a aportar más información que nos permitirá empezar a delimitar, con apoyo documental, la época en la que se construyó esta ermita.

1.- SOBRE LA FUNDACIÓN


A las afueras de la localidad de Oseja de Sajambre existe una pequeña ermita dedicada a San Roque, justo en la orilla de lo que fue el camino real que hoy se conoce como la Senda del Arcediano. San Roque es el patrón de Oseja y los vecinos celebran una romería en el lugar el 16 de agosto.

No conocemos la fecha exacta de su fundación, pero ya existía entre 1598 y 1600, por lo que su edificación ha de ser anterior a este período. Lo veremos en un instante con mayor detalle, porque antes son necesarias una serie de aclaraciones históricas.

En primer lugar, la construcción de este templo no puede ser anterior a la difusión del culto al santo de Montpellier, sanador y peregrino. Dicho culto se extiende por Europa en los años comprendidos entre 1468 y 1505. En 1508, Francisco de Ávila ya incluye al santo en La vida y la muerte o Vergel de discretos, que dedicó al cardenal Cisneros: San Roque, tan illustrado, / varón de gran penitencia, / patrón y gran abogado / de la fiera pestilencia (1). En el Norte de España, la devoción a San Roque se documenta a partir de la primera mitad del siglo XVI, cronología a la que pertenece -por ejemplo- la capilla del hospital de peregrinos de Llanes, que pasó a llamarse de San Roque en algún momento anterior al año 1541 (2). Según esto, la ermita de Oseja debió fundarse después de 1468 y con más probabilidad en el siglo XVI.

En segundo lugar, en el santoral católico, a San Roque se le considera protector contra la peste y otras enfermedades infecciosas, por lo que con la construcción de ermitas o el cambio de advocación de otras, las gentes buscaban una intercesión milagrosa y la protección del santo ante la amenaza de enfermedad y de muerte, o bien le agradecían el final de una mortandad. Por ejemplo, la importancia de la devoción a San Roque en tiempos de peste se constata en un documento del 10 de junio de 1600, en el que se solicita al rey licencia para escribir a las ciudades y villas de Castilla, con voto en Cortes, a fin de tramitar la canonización de San Roque, considerando los travajos questos reynos han padecido de algunos años a esta parte de la enfermedad de peste, que todavía dura en algunas partes dellos, y las muchas y grandes mercedes que Dios, nuestro Señor, ha hecho librando deste mal por la interçesión del bienaventurado Sant Roque a los que en él se han encomendado (3).

Una de las epidemias de peste más virulentas y mejor conocidas sucedió entre los años 1596 y 1602, razón por la cual el padre Martino propuso este origen cronológico para la ermita de San Roque de Oseja en 1980: "como por otro lado sabemos de la peste de fines del siglo XVI..., resulta muy probable que date de cuando esta peste" (4).

Analicemos la cuestión a la luz de las fuentes conservadas.

La peste bubónica llegó a España en un barco procedente de Flandes que arribó al puerto de Santander el 5 de noviembre de 1596, extendiéndose por los caminos de la costa (Laredo, Castro Urdiales, Ribadesella hacia el Oeste y San Sebastián hacia el Este) en 1597-1598 y por los caminos del interior en 1598-1599, para llegar dicho año a Castilla, Andalucía y la costa mediterránea. El norte cantábrico fue la zona de la Península Ibérica más castigada y solo en Asturias y en la ciudad de Santander, la peste cercenó a las dos terceras partes de la población. En el conjunto de aquella España de poco más de 8 millones de almas, se cree que perdieron la vida de 500.000 a 600.000 personas (5). En Asturias, los peores años fueron 1598 y 1599, siendo 1599 el año en el que la peste atlántica azotó la Península con mayor intensidad.
 
El 14 de agosto de 1598 la peste de landres ya campaba a sus anchas por las tierras de la Montaña Oriental leonesa, como sabemos por Prioro (6), y continuaba activa en 1599, como sabemos por  Burón. Y aunque en el año 1602 la infección empezó a remitir, todavía existieron muertes y rebrotes en diferentes lugares de España.

En Sajambre, sabemos que la familia Piñán, entonces residente en el pueblo de Soto, perdió a 7 de sus miembros, además de un criado. Las víctimas fueron Pedro Piñán y su mujer, María Sánchez; Juan Piñán y su mujer, Inés de Mendoza; tres hijos de este último matrimonio, uno muy pequeño; y un criado de la familia, llamado Juan. Pedro y Juan Piñán fueron hermanos del Gonzalo Piñán (m.1624) que fue, a su vez, padre de Domingo Piñán de Cueto Luengo, cura de Oseja y Soto, comisario de la Inquisición y constructor del palacio de Oseja. En total, la peste se llevó a ocho personas de una misma casa, por lo que podemos imaginar fácilmente la magnitud que debió alcanzar la mortandad en el valle. 


2.- LAS NOTICIAS DOCUMENTALES SOBRE LA ERMITA DE SAN ROQUE


El documento más antiguo que menciona el San Roque sajambriego no está fechado, pero por su contenido y su escritura tuvo que hacerse entre 1598 y 1600, como vamos a ver a continuación.  

Se trata de unos apuntes contables que el Gonzalo Piñán citado hizo en varias hojas y cuartillas cosidas entre sí, en las que consignó diversos asuntos de carácter económico. Allí se menciona una misa en San Roque a pan, vino y cera entre las deudas contraídas a causa de la celebración de los funerales de sus hermanos Pedro y Juan Piñán. 

Entre las cuartillas hay un recibo del cura de Oseja y Soto, a la sazón Juan González de Prada, fechado el 29 de enero de 1602, en el que se da por satisfecho del pago de los oficios fúnebres de los Piñanes fallecidos. Esto nos proporciona una fecha ante quem. De otro lado, sabemos que el 4 de mayo de 1598 los hermanos de Gonzalo Piñán y su cuñada Inés todavía estaban vivos, de donde obtenemos una referencia post quem. Por último, también se conserva un documento del 8 de diciembre de 1600, en el que se habla de Pedro Piñán y de Juan Piñán como difuntos.

Por tanto, los apuntes contables que nos interesan fueron escritos después del 4 de mayo de 1598 y no más allá del 29 de enero de 1602. Pero, en concreto, la anotación sobre San Roque ha de ser anterior al 8 de diciembre de 1600, fecha en la que Pedro y Juan Piñán ya habían muerto. Es decir, nos estamos moviendo en los años en los que la peste atlántica estaba azotando la comarca. Y para entonces, la ermita de San Roque de Oseja ya existía. 

Gracias a estos documentos, podemos descartar que los sajambriegos construyeran la capilla de Oseja para agradecer al santo de Montpellier el final de la peste, al contrario de lo sucedido en Las Rozas, lugar del vecino concejo de Cangas de Onís, cuyos habitantes se comprometieron por escrito en 1599 a construir una capilla dedicada a San Roque si el santo les liberaba de la infección bubónica que sufrían (7), cosa que hicieron cuando finalizó el contagio. En cambio, en Sajambre, ya existía una ermita con esta advocación antes de que se terminara la peste, lo que significa que el San Roque de Oseja se fundó con seguridad antes de finales del año 1600 y con probabilidad antes de 1599, época en la que pudieron fallecer Pedro y Juan Piñán por haber sido el año de mayor intensidad de la peste en España y en los alrededores de Sajambre (Asturias, Liébana, Burón).

¿Levantarían los sajambriegos la ermita de San Roque hacia 1596-1597, justo antes de la llegada del mal, cuando ya había gente muriendo en la vecina Cantabria? Lo desconocemos por el momento. Pero no debemos olvidar que el culto a San Roque en la región está documentado antes de la peste de 1596 (en Llanes, antes de 1541). 

En consecuencia, según el estado actual de la investigación, se abre una doble posibilidad:  1ª) Que la ermita de San Roque de Oseja se construyera antes de 1596 (durante la peste de 1582-1583 o de alguna epidemia previa).  2ª) Que se hiciera en los primeros momentos de la peste atlántica (1596-1597). 

El siguiente testimonio documental que conocemos sobre San Roque fue hecho el 6 de noviembre de 1611

En el lugar de Soto de Sajambre, a seis de noviembre de el año de mil y seiscientos y onze años, declararon ante mí, Sebastián Fernández, clérigo vicario del lugar de Osexa y Soto, y juez de comisión por el arcediano de Mayorga y visitador general para ello en su destrito de arzedianazgo, para tomar las quentas de la ermita de San Roque y San Julián. Nota dorsal: Memoria de lo que se respondió que era del señor San Roque

Lo que sucede es que de esta visita pastoral solo conservamos una hoja suelta en el Archivo de la Casa Piñán, que no alcanza a incluir las propiedades de San Roque, sino tan solo las de San Julián de Soto.

En 1613 situaba el padre Martino la plantación de nogales en el término de San Roque por parte del Arcediano (8). 

Don Pedro Díaz de Oseja vuelve a referirse a San Roque, ahora a la devoción, cuando escribe a Domingo Piñán de Cueto Luengo desde Roma, en el mes de junio de 1622, anunciando un jubileo: Anuncio un jubileo para el señor San Roque (9). A partir de este momento, las misas votivas a San Roque aparecen de forma constante en la mayoría de los testamentos sajambriegos de los siglos XVII, XVIII y XIX, sobre todo de los vecinos de Oseja.

Desde 1700 la iglesia poseyó la doble advocación de ermita de San Roque y Nuestra Señora de Belén, culto que se mantuvo hasta 1828 por lo menos, como vimos en un post del año 2010

Nos preguntábamos entonces si la imagen de la que hablaban los documentos fue una pintura o una talla. El testamento de Polonia Piñán, de 1717, parece dar a entender que podría haberse tratado de una escultura:

Yten mando que en biendiéndose la mi baca llamada Pejana, que lo que saliesse de ella, en mercado o fuera de él, se dé a la Birgen de Belén, empleándolo en alguna cossa para su adorno y decencia (Testamento de Polonia Piñán, Oseja, 1717).

Lo que no sabemos es si dicha escultura o talla de madera pudo haber sido la misma que aparece entre los bienes que el cura Pedro González tenía en su casa de Oseja en 1711: 

Una imagen de bulto redondo de Nuestra Señora de Belén (Inventario post mortem de Pedro González, cura de Oseja y Soto, 1711).

¿Por qué se perdió la advocación de la Virgen de Belén? No lo sabemos. Pero la devoción a San Roque en Sajambre fue claramente mayor que la de la Virgen madre. Quizás, con el tiempo, eso se convirtiera en una razón determinante. No obstante, en la ermita de Oseja todavía se conserva una vieja pintura con la representación de la Virgen y el Niño.

3.- LAS PROPIEDADES 


En los deslindes de fincas se mencionan pocas veces los prados y tierras pertenecientes a San Roque, cuyas propiedades no debieron ser muchas en los siglos XVII y XVIII. He aquí un par de ejemplos:

Y más os vendo palmiento de otro carro de yerba, so la misma cuesta, que linda con heredad de San Roque y con prado de vos, la compradora, y por la parte de abajo con la cañada que va para Pontón (Carta de venta, Oseja, 1657).

Una propiedad de Antonio Díaz de Coco en Sobre Quintana lindaba con tierra de Nuestra Señora de Belén (Catastro de Ensenada, año 1752, AMO, Lib. 1, f.118r).

De 1810 se conserva una relación de bienes que muestra, efectivamente, las escasas propiedades de dicho templo:

Vienes del Santuario de Sant Roque y Nuestra Señora de Belén.
Un carro de yerba en el sitio del Bao, linda con prado de Agustín Alonso y matas que le rodean.
Medio carro de yerba en Los Pontigos, linda con el camino de Los Pontigos y con prado de Don Marcos Balbuena.
Yten medio en Cardal, linda por dos partes con Josef Calbo.
Yten un celemín de sembradura en La Redondiella, linda con María de la Puente y Phelipa Mendoza.
Yten otro celemín en Mato, linda con Juan Manuel González y Manuel Díaz de Osexa.
Yten medio en la ería de Cubilones, linda con Josef Alonso y herederos de Manuel Piñán y camino real.
Yten dos en Las Cortinas Viejas, (do) dicen La Corrada, linda con Calbo y viuda de Clemente Acevedo.
Yten uno en Palacio, linda con Canexa, el regidor, y Francisco Piñán.
Yten uno en Nobenas, linda con Francisco González y cerradura.
Yten medio en Palacio, linda con Josefa Piñán y con Fernando Acevedo.
Yten uno en La Palomera, linda con Acevedo y el regidor Canexa.
Yten uno en Barrial, linda con Manuel Canexa y herederos de Manuel Barales.
Yten medio en Camín de los Rocinos, linda con Fausto Bega y el Francisco Piñán.
Yten uno en La Calleja de Sobrequintana, linda con la bereda y ribas.  

4.- LA TITULARIDAD 


La ermita de San Roque siempre perteneció al pueblo de Oseja, razón por la cual todo lo relativo a dicho templo se decidía en la asamblea vecinal.

No se conoce la existencia de mayordomo antes del siglo XX, a diferencia de lo sucedido con la ermita de San Julián de Soto, cuyo primer mayordomo documentado fue el Gonzalo Piñán, padre del comisario. 

5.- SOBRE LA REFORMA DE 1703 


En el año 1703 se lleva a cabo una reforma de la ermita y del pórtico de San Roque por estar indecentes para el adorno del santo, seguramente a causa de algún mandato de los jueces visitadores de la diócesis. Para financiar los gastos, los vecinos de Oseja se vieron obligados a vender una propiedad y a empeñar otra. Pueden leerse los documentos en el post del año 2012

De la obra se encargaron Antonio García, Juan del Puerto y Pedro Ribero, que procedían del concejo de Llanes y que, en aquel mismo año de 1703, trasladaron y reconstruyeron la ermita de San Pelayo de Pio. Pero a diferencia de este último caso, los registros conservados no dicen nada sobre las reformas arquitectónicas que se hicieron, más allá de especificar la presencia del pórtico, que también pudo tener la ermita primitiva.

Desconocemos si la fábrica actual es la misma que la de 1703, excepción hecha de algunas pequeñas modificaciones que se hicieron en el siglo XX (apertura de vanos). Pero a juzgar por cómo afecta el avance de la sedimentación del terreno a los muros de la ermita, habiendo invadido ya una de las ventanas, hay que suponerle una cierta antigüedad.   

En cualquier caso, dada su sencillez, la estructura básica del templo debe ser la misma que la de 1703 y, posiblemente, también de la iglesia anterior: una capilla pequeña, de una sola nave, con una puerta en arco de medio punto y pórtico cubierto, sustentado por estrechos pilares de madera a uso de la tierra. La gran puerta en arco encaja en la cronología de 1703, pero no estaría presente en la iglesia del siglo XVI con seguridad. La cubrición a tres aguas del atrio podría ser una de las mejoras del año 1703, ya que la imagino más humilde en sus orígenes.  

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NOTAS

(1) Edición de Pedro M. Cátedra, Universidad Pontificia de Salamanca, 2000, p.295.
(2) J. I. Santos Rodríguez, El hospital de peregrinos y el culto a San Roque en la villa de Llanes, tesis doctoral, Universidad de Oviedo, 2013, pp. 97, 111-117. 
(3) Archivo General de Simancas, Patronato Real, Cortes de Castilla, Leg. 85, doc. n.495.
(4)  E. Martino, La Montaña de Valdeburón, Madrid, 1980, p.129.
(5) B. Benassar et alii, Historia Moderna, Akal Textos, Madrid, 2005 (5ª ed.), p.291.
(6) En el año 2006, Pedro Gómez Gómez publicaba su lectura de un Libro de difuntos de la villa de Prioro, iniciado en 1597, donde se registraron los fallecidos en dicho lugar a causa de la peste de 1598, ver P. Gómez Gómez, La lucha secular por la supervivencia en la Montaña de Riaño, Universidad de Oviedo, 2006, pp.251-261.
(7) F. J. Rozada Martínez, "Un notario-tallista y la devoción a San Roque en Las Rozas", artículo en el diario asturiano La Nueva España, del jueves 15 de agosto de 2013.
(8) E. Martino, Hombres de Sajambre (Leyenda de los dos hermanos),  Diputación Provincial, León, 1987, p.25.
(9) E. E. Rodríguez Díaz, “Autógrafos de Pedro Díaz de Oseja, arcediano de Villaviciosa (1621-1665), en el Archivo de la Casa Piñán”, Boletín de Letras del Real Instituto de Estudios Asturianos, n.185-186 (2015), n.2.