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sábado, 31 de enero de 2026

LA CASA DE LOS DÍAZ-CANEJA EN EL BARRIO DE QUINTANA DE OSEJA: Una disputa familiar de 1847



Presento primero el documento que voy a analizar para extenderme a continuación. Se trata de una carta del obispo Díaz-Caneja, en la que se expresa en términos muy duros sobre una de sus cuñadas y sus sobrinos, amenazándolos con desheredarlos a todos. 


Carta de Ignacio Díaz-Caneja y Sosa a Juan Piñán de Cueto Luengo sobre la disputa que había entre su cuñada, Vicenta Piñán, y sus sobrinos por el testamento de su hermano, José Díaz-Caneja y Sosa.

 A.     Oseja de Sajambre, Archivo de la Familia Piñán, Correspondencia. Doble cuartilla de papel.

 

Oviedo, 15 de septiembre de 1847

 Amigo Juan: 

Recibo una carta escrita por ti en nombre de nuestra hermana y si te he de confesar la verdad, sobre serme terrible la muerte del hermano, me afecta la desunión y poca armonía de sus hijos y madre en sus asuntos de interés. Sé que alguno quiere anular el testamento, otros que no valga el 5º mandado en el mismo y todos temiendo las mejoras que su madre podrá hacer a favor de alguno de ellos. Yo deseando la unión de la madre con los hijos y el honor de todos, te confieso que me ha sido muy terrible la especie de que algunos de ellos quiere(n) anular el testamento de su padre, con el fin de anular la manda hecha a otro hermano por empeño de su madre. Para unirles en // (1v) este punto hazles saber que mi deseo es el que se observe dicho testamento, cediendo la casa a José que su padre le mandó. Y si esto no cabe en la 5º, el esceso (sic) lo pagaré yo para repartirse entre sus hermanos.  

Por lo que hace a nuestra hermana, nunca he tenido intención de defraudarla, sino de reducirla a razón. Yo querría que no hubiera división y anúnciales para que se aprovechan de ellos por los días de su vida si los necesitase más que para tranquilidad de sus hijos se obligan a no mejorar a ninguno de ellos y dejades el residuo de ellos para que los repartiesen entre sí a partes iguales como verdaderos hermanos, y de este modo viviesen tranquilos, y ella asegurase así su conciencia, porque estas mejoras siempre son contrarias al amor que // (2r) los padres deben tener a todos sus hijos, hablando generalmente. Y si se empeñase no obstante en hacer alguna mejora, bienes propios tiene de su legítima. De esta manera queda todo el caudal a su disposición, los hijos dan pruebas de que aprecian a su madre y la madre de que ama igualmente a todos sus hijos.  

Hazles saber a todos este mi pensamiento, y que, si alguno se opusiere a él, ninguno de mis sobrinos cuente conmigo para cosa alguna hasta tanto que no sepa que se ha compuesto todo en paz.  

Que Vicenta tenga esta carta por suya, pues que para ella la escribo, la que debe suponer que, si la viese en alguna necesidad, la preferiría al socorro de otras. Da la explicación y manda a tu amigo y beso tu mano, Ygnacio Díaz Caneja (rúbrica).  

Espero me avises con prontitud del resultado. 

*

 El que cuatro meses más tarde sería nombrado obispo de Oviedo habla en esta carta sobre las disputas familiares que se produjeron tras la muerte de su hermano, José Díaz-Caneja y Sosa. Aunque no se le nombra en ningún momento, la misiva va destinada a Juan Piñán de Cueto Luengo, hermano de Vicenta Piñán, quien a su vez se había casado con José Díaz-Caneja y Sosa. No hay duda de esta atribución, ya que al final de su escrito, Ignacio Díaz-Caneja dice: «Que Vicenta tenga esta carta por suya, pues que para ella la escribo».   

De manera que la que se identifica al inicio de la carta como «nuestra hermana» es Vicenta Piñán de Cueto Luengo (1) y la expresión «sobre serme terrible la muerte del hermano» se refiere a José Díaz-Caneja y Sosa Martino y Tovar. 

En el testamento de José, este dejaba la casa familiar del barrio de Quintana íntegramente a su hijo José Díaz-Caneja Piñán, aunque la madre quería favorecer a otro de los hermanos que no se nombra y estaba sembrando discordia entre todos sus hijos para conseguir lo que quería. No sabemos si a quien deseaba favorecer era a Tomás, el único varón aparte de José, o alguna de las hijas. Ignacio Díaz-Caneja se manifiesta totalmente en contra de la madre y les conmina a todos a cumplir el testamento del padre.  

PERSONAJES AQUÍ REFERIDOS 

JUAN PIÑÁN DE CUETO LUENGO Y RODRÍGUEZ DE COSGAYA 

Juan Piñán, a quien se dirige la carta, fue el tercero de este nombre entre los documentados conservados. Se registra en 1813, 1835, 1837, 1840, 1847 y 1851 en el archivo de la Familia Piñán. Debió ser el padre de Juan Bautista y Bernarda Piñán. Hermano de Vicenta Piñán y concuñado de Ignacio Díaz-Caneja.

 VICENTA PIÑÁN DE CUETO LUENGO Y RODRÍGUEZ DE COSGAYA 

Fue hija de María Magdalena Rodríguez de Cosgaya y de Alejandro Piñán (II) de Cueto Luengo y Fernández del Campillo. Este Alejandro fue tataranieto de Gonzalo Piñán de Cueto Luengo, el escribano público, y cuarto nieto de Marcos Piñán, vecino de Soto. Vicenta fue hermana de Froilán Agustín (párroco del Burgo Ranero), Juan (el anterior), Alejandro (militar, residente en León) y Ana María.  

María Magdalena fue pariente y heredera directa de Alejandro Rodríguez de Cosgaya (1697-1768), natural de Espinama, que emigró a México, donde hizo fortuna y fundó una obra pía de estudiantes en su localidad natal. Creo que los eruditos lebaniegos que han estudiado a este último personaje no conocen los documentos conservados en el Archivo Piñán.   

Vicenta Piñán de Cueto Luengo está documentada también en 1813, 1821 y 1856, cuando se registra su fallecimiento en el año 1855, en casa de su hija Ana María y de su yerno Víctor Acevedo. 

Vicenta casó con José Díaz de la Caneja y Sosa. Hijos conocidos fueron José, María, Tomás, Juana y Antonia Díaz-Caneja, por este orden.  

JOSÉ DÍAZ DE LA CANEJA Y SOSA MARTINO Y TOVAR 

Hermano de Ignacio y Joaquín Díaz de la Caneja, que se convierte en Díaz-Caneja a partir de ellos. El apellido «Díaz de la Caneja» empezó a usarse como compuesto desde los hijos de Tomás Díez/Díaz de la Caneja (primero del nombre) en el último cuarto del siglo XVII, pero el Díaz-Caneja actual no es anterior al siglo XIX.  Se casó con Vicenta Piñán de Cueto Luengo y fue padre de José, María, Tomás, Juana y Antonia Díaz-Caneja.   

JOSÉ DÍAZ-CANEJA Y PIÑÁN DE CUETO LUENGO 

Hijo primogénito de José Díaz-Caneja y Sosa y de Vicenta Piñán de Cueto Luengo. Sobrino carnal de Ignacio y Joaquín Díaz-Caneja y Sosa. 

Todos los Piñán sajambriegos pierden el apéndice toponímico «de Cueto Luengo» en el siglo XIX, quedando este personaje llamado simplemente José Díaz-Caneja Piñán. La conjunción copulativa que unía los apellidos paterno y materno entre los nobles titulados y los hidalgos de todo el Occidente peninsular empieza a desaparecer también en el siglo XIX.   

José Díaz-Caneja Piñán desempeñó varios oficios públicos, como regidor de Oseja en 1828 (hoy equivaldría al presidente de la junta vecinal de dicho pueblo) y en 1856 aparece como «alcalde del ayuntamiento constitucional» de Sajambre en el Bienio Progresista. 

Su padre, José Díaz-Caneja y Sosa, muerto en el mes de septiembre de 1847, dejó a su hijo José la casa familiar en su testamento. Dice el obispo en su carta: «hazles saber que mi deseo es el que se observe dicho testamento, cediendo la casa a José que su padre le mandó». Esto fue motivo de conflicto entre la madre y los restantes hermanos, pues esta (Vicenta Piñán) quería favorecer a otro de sus hijos, alguno quería invalidar el testamento del padre y todos desconfiaban de las maniobras de la madre: «Sé que alguno quiere anular el testamento, otros que no valga el 5º mandado en el mismo y todos temiendo las mejoras que su madre podrá hacer a favor de alguno de ellos». 

No queda claro a quién quería favorecer la madre. Ignacio no da nombres. Pero es evidente que la principal causante de las disputas fue Vicenta Piñán. Las duras palabras del obispo sobre las desigualdades causadas por la madre y la amenaza última a todos sus sobrinos si no acataban el testamento de su padre, no dejan lugar a dudas.   

LA CASA OBJETO DEL LITIGIO 

La casa familiar que José Díaz-Caneja y Sosa dejó a su hijo homónimo era la del barrio de Quintana o una parte de ella, porque no sabemos si se dividió entre los restantes hermanos. Lo que sabemos por los documentos conservados es que en Sajambre quedaron José y Manuel, que Tomás desapareció en la Guerra de la Independencia, que Juan fue cura en Castilfalé, que Pelayo se fue de Sajambre con su hermano el cura, que Ignacio y Joaquín también se fueron de Sajambre, que Rosa murió joven y que María tuvo tres hijos: Julián, Agustín y María, quienes ya no portaban el Díaz-Caneja como primer apellido. 

Esta casa había llegado a poder de los Díaz-Caneja en la segunda mitad del siglo XVII y con anterioridad había pertenecido a Juan Alonso de la Mata. Todavía en una delimitación de propiedades de 1814, dicha casa lindaba con la ería de Palacio, tal y como se describe constantemente en los documentos de los siglos XVII y XVIII.   

Según los registros conservados, el primogénito de cada generación solía heredar la casa familiar de Quintana, o el grueso de ella, desde el matrimonio de Tomás Díaz de la Caneja con María Alonso, quienes tuvieron cinco hijos: el primogénito Juan (bisabuelo de Ignacio y Joaquín), Tomás, Manuel, María y Catalina (casada con Juan de Granda). El 22 de enero de 1675, Juan era el tutor de sus hermanos menores de edad Tomás y María. El padre fue el escribano del número y de ayuntamiento (equivalente al actual secretario de ayuntamiento) que se hizo llamar Tomás Díez/Díaz de Oseja cuando cambió su residencia de Ribota a Oseja a causa de su matrimonio. Sin embargo, en todos los documentos familiares (algunos autógrafos) se registra siempre como Díez/Díaz de la Caneja (2). Y hay unos cuantos documentos porque, entre otras cosas, hubo pleito entre los hermanos a la muerte de uno de ellos que había sido cura (3). Este primer Tomás fue el tercer hijo varón de Sancho Díaz de Ribota y Juliana de la Caneja, fundadores del linaje. Como se recordará, Sancho Díaz de Ribota también fue escribano público. De hecho, esta fue la escribanía más antigua del concejo, como a menudo recuerda el propio Tomás en sus documentos y algunos de sus descendientes del mismo oficio hasta el siglo XVIII inclusive. 

Propiamente, la casa de Quintana fue la de la mujer del primer Tomás, María Alonso, que había heredado de su padre Juan Alonso de la Mata. En el inventario de 21 de enero de 1675 de esta María Alonso, que murió cuando ya era viuda del escribano Tomás, se lee cómo la casa lindaba con la ería de Palacio, que es uno de los límites de la casa de los Díaz-Caneja que se repite hasta el siglo XIX inclusive. En el siglo XVII lindaba también con casa de Pedro de la Mata, bautizado Pedro Alonso de la Mata. Su inventario la describe genéricamente de la siguiente manera: «Primeramente ynventariaron la cassa de la continua morada en que vivía la susodicha, de piedra, madera y texa, con sus altos y vaxos, antoxanos y servidunbres, según linda con la hería de Palacio y casa de Pedro de la Mata, vecino de dicho lugar» (4).  Sabemos que Tomás (I) Díaz de la Caneja adquirió muchas propiedades durante su ejercicio como escribano público y quizás ampliara la vivienda original que transmitió después a su hijo mayor. Además, cabe pensar que el Tomás que llegó a ser merino mayor de Valdeburón en el siglo XVIII también hiciera mejoras con el enriquecimiento que implicaba el desempeño de dicho cargo. 

La casa está documentada y descrita en los documentos de los siglos XVII y XVIII. Uno de los primeros, aparte del inventario anterior, es la partición de herencia de los hijos del primer Tomás Díaz de la Caneja, fechada el 22 de enero de 1675, que se divide «en cuartas partes» para cuatro hermanos, porque el quinto hermano, llamado Tomás, había sido condenado y desterrado de Sajambre por asesinato. En lo relativo a la casa principal, el padre había favorecido al primogénito en su testamento: «la quarta parte de la cassa de la continua morada en que vivían dichos difuntos, sacada la manda que hizo dicho Tomás Díez a Juan Díez, su hixo» (5). 

En el inventario post mortem de este Juan Díez/Díaz de la Caneja, bisabuelo de Ignacio y Joaquín, fechado en el año 1711, el edificio de la vivienda se describe así: «la cassa en que bibía dicho difunto que se compone de rezibimiento, cozina, aposentos, bodega, bajo portal, caballeriza y pajar, que linda de un lado con cassa de Lorenzo Alonsso de la Mata y de otro lado con la hería de Palacio». Poseía también dos hórreos, dos huertos pegados a la casa de los Alonso y otra casa más en el mismo lugar que lindaba con los herederos de Juan y Pedro de Vega. Nada se dice de los establos para el ganado que también debía poseer, pues contaba con 25 cabezas de ganado mayor, 34 de ganado menudo, 4 caballos y dos cerdos. 

            Debe aclararse que, en esta época, apenas se describen “aposentos” (en plural) en las casas sajambriegas que, sin embargo, no faltaban en la de los Piñán de Cueto Luengo, en las de los curas locales y pocas más. Pero también se habla de un «bajo portal», algo que no se incluía en los inventarios de bienes sajambriegos, salvo que hubiera construcciones en ellos, como gallineros. El hecho de que se haya contemplado aquí quiere decir que era digno de destacarse y de incluirlo en un inventario de propiedades, seguramente por su tamaño. De otro lado, la caballeriza de la casa no era para guardar el ganado, sino para «quatro caballos aparejados para pan y bino».  El Catastro de Ensenada de 1752 aclara el número de aposentos de la casa de Tomás Díaz de la Caneja (padre de Ignacio y Joaquín): «Tiene una casa en que biue que se compone de portal, vodega y caballeriza por lo baxo y cozina por lo alto, tiene otros dos quartos. Tiene de largo quarenta y cinco pies, y de fondo treinta, y nuebe de alto» y seguía lindando con la ería del Palacio y calles del concejo. Una advertencia sobre esta fuente: al contrastar la información contenida en el Catastro de Ensenada con la de los documentos notariales se observa cómo todos los vecinos de Sajambre mintieron todo lo que pudieron a los oficiales reales. Al fin y al cabo, eran conscientes de que se estaban registrando sus propiedades para luego cobrarles impuestos.  

En el archivo de la familia Piñán hay también una partición de bienes de los hijos de José Díaz-Caneja y Sosa y Vicenta Piñán fechada el 13 de febrero de 1856, unos meses antes del fallecimiento del obispo Ignacio Díaz-Caneja, que murió en noviembre de ese mismo año. En ella, todos los hermanos, menos José, se repartieron huertos, tierras, prados y «la mitad de La Casica que se halla al frente de la casa de Don Juan Piñán», que había pertenecido a la madre, Vicenta Piñán. La casa familiar del barrio de Quintana no se incluye. José preside dicha partición, pero no interviene en ella. En los deslindes de las propiedades se ve que José ya tenía su parte y que «la casa de esta herencia», a la que se alude en algún pasaje, seguía lindando con El Palacio. Esto en 1856.  

De otro lado, la amenaza del obispo en 1847 de desheredar a sus sobrinos si no respetaban el testamento de su hermano José, en el que se entregaba la casa al hijo del mismo nombre, no se cumplió, pues todos los parientes del obispo se beneficiaron de sus bienes. Por lo que finalmente se acató el testamento de José Díaz-Caneja y Sosa, como asimismo demuestra la partida de 1856.  

El lugar en el que se levantaba la casa original de los Díaz-Caneja con sus propiedades adyacentes (hórreos, huertos) está ocupado hoy por edificaciones de diferentes propietarios que no son anteriores a 1900 y, en cualquier caso, tampoco son anteriores a 1856.  En todo este conjunto de viviendas y construcciones agropecuarias únicamente parecen antiguas las molduras cultas del dintel de la puerta de lo que llegó a la segunda mitad del siglo XX como establo, situado en el interior del corral que hoy pertenece a la familia Mendoza, y que podrían haber formado parte, quizás, de una edificación del siglo XVII o XVIII por su semejanza con las molduras del dintel de la puerta de la Casa Piñán, siendo mucho más modestas las de Quintana. Dicho establo perteneció a la herencia de Francisca Díaz-Caneja (mi bisabuela). 

Pero las dos casas que están en el mismo corral tampoco son la casa original de los Díaz-Caneja, como no lo es la casa que perteneció a Pedro Díaz-Caneja (padre de Pepe Caneja). Las dos casas en un mismo corral pertenecieron a dos hermanos: Francisca Díaz-Caneja (casada con Ramón Díaz Piñán, secretario del ayuntamiento) y Ramiro Díaz-Caneja (casado con Jesusa Piñán). Ambos también fueron hermanos de Pedro Díaz-Caneja (casado con Francisca, conocida como la tía Quica, padre de Pepe Caneja y abuelo de Tomás Díaz-Caneja, conocido en el lugar como Tomasín). Hermanos de Francisca, Ramiro y Pedro fueron asimismo Fernando, Domingo, Julia y Juan.  Estos siete hermanos fueron hijos de Pedro Díaz-Caneja y María Acevedo.  

La casa antigua, donde nacieron los hermanos Díaz-Caneja y Sosa en 1769 (Ignacio) y en 1777 (Joaquín), fue muy diferente a la casa de Pedro Díaz-Caneja, a la de Ramiro Díaz-Caneja o a la de Francisca Díaz-Caneja.  En realidad, el lugar que ocuparon la casa, los hórreos y los huertos de los Díaz-Caneja está hoy completamente desfigurado con respecto al siglo XVIII. 

¿SIGUE EXISTIENDO LA CASA EN LA QUE NACIERON IGNACIO Y JOAQUÍN DÍAZ-CANEJA Y SOSA?  

La casa en la que nacieron estos próceres sajambriegos en el barrio de Quintana, de Oseja, limitaba con el camino del Ribero y con las tierras de El Palacio, tenía vivienda con una portalada grande, dos hórreos, una caballeriza, un pajar y dos huertos. Un detalle más: durante toda la Edad Moderna, en las casas hidalgas y acomodadas de Sajambre se utilizó un elemento arquitectónico de estatus que fue el arco de medio punto. Considerando el poder que los Díaz-Caneja ya tenían en el siglo XVIII, me extraña muchísimo que su casona no tuviera algún arco.  

Frente a la zona que describo quedan unas ruinas con restos de arco o, al menos, creo que llegué a verlas hace no mucho. Esa propiedad limita, como dicen los documentos de 1700, con la tierra de la rectoría o con la Huerta del Cimploño, que es lo mismo, y está claramente identificada en los documentos del siglo XVIII. Perteneció a otra rama de los Díaz de la Caneja: los descendientes de Manuel, hijo del primer Tomás y hermano de Juan Díaz de la Caneja, que tuvo un hijo llamado Damián Díaz de la Caneja, que fue quien heredó la casa que limitaba con El Cimploño.  

La casa original del primer Tomás y de su hijo, Juan Díaz de la Caneja, se fue dividiendo por la transmisión hereditaria. Los hórreos y los huertos desaparecieron porque sus emplazamientos se fueron urbanizando. Las casas viejas se demolieron y se construyeron otras más modernas. El corral que hoy existe no es antiguo. Ninguna de estas viviendas tiene la cocina por lo alto, como se describe en el siglo XVIII, ni tampoco la prolongación del tejado hacia la fachada principal formando una amplia portalada o porche, ni sus lindes coinciden con lo que indica el conjunto de la documentación histórica.  

En resumen, la respuesta a la pregunta que da título a este epígrafe es negativa: la casa natal de los célebres hermanos Díaz-Caneja y Sosa ya no existe y no corresponde a ninguna vivienda actual.   

Lo que quedó en Quintana no es la casa en la que nacieron Ignacio, Joaquín y sus hermanos y hermanas, sino el espacio en el que dicha casa se localizaba, que hoy está ocupado por construcciones posteriores que corresponden, cada una, solo a una parte de dicho espacio, que se repartió entre distintos miembros del linaje Díaz-Caneja.   

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 NOTAS  

(1) Me pregunto si Vicenta Piñán no sería analfabeta o, en caso de haber recibido alguna instrucción, que no escribiera bien, porque es el hermano el que toma la pluma por ella para escribir a Ignacio Díaz-Caneja, como se dice en las primeras líneas.  

(2) De hecho, en los documentos de 1675, todos estos personajes aparecen nombrados como Díez, no como Díaz. Sobre el uso indistinto de las formas Díez y Díaz en Sajambre durante los siglos XVI, XVII y XVIII, ver Elena E. Rodríguez Díaz, “El proceso de imposición de modelos lingüísticos en la Edad Moderna: el caso del patronímico Díaz/Díez en Sayambre”, Lletres asturianes. Boletín de l’Academia de la Llingua Asturiana, 113 (2015), pp. 45-63.  

(3) Elena E. Rodríguez Díaz, Catálogo de documentos notariales del concejo de Sajambre (1659-1694), Sevilla, 2024, núms. 96-105, 110, 119-120 y pp. 52-55, 57, 60.  

(4) Elena E. Rodríguez Díaz, Catálogo de documentos notariales del concejo de Sajambre (1659-1694), Sevilla, 2024, núm. 422, p. 163.  

(5) Elena E. Rodríguez Díaz, Catálogo de documentos notariales del concejo de Sajambre (1659-1694), Sevilla, 2024, núm. 402, pp. 156-157.  

lunes, 21 de noviembre de 2011

EL BARRIO DE QUINTANA DE OSEJA (2): el caserío.

Voy a intentar plasmar en una especie de plano narrativo virtual cómo era una parte del barrio de Quintana entre 300 y 400 años atrás. Los referentes topográficos serán el Camino Real, el Camino del Ribero, la ería de Palacio y la tierra del Cimploño que, en el siglo XVII, ocupaba todo el espacio comprendido entre la Casa Rectoral (en la zona alta del barrio de Las Cortes) y el caserío del barrio de Quintana. Aun así,  hemos de aproximarnos a la antigua geografía humana del lugar con mucha precaución porque los caminos pudieron haber ido modificando parte de su trazado con el tiempo o la ería de Palacio pudo haber ocupado una mayor o menor extensión que en la actualidad.   

Esta aproximación a la antigua fisonomía de Quintana servirá asimismo para mostrar las dificultades de interpretación que ofrecen los documentos antiguos. A pesar de su extensión, mantengo el artículo en un único post para no romper el encadenamiento que existe entre cada uno de los siguientes párrafos y subapartados.   

1. En los años 1660, 1667, 1671, 1675, 1701, 1711 y 1752 se documentan las casas que la familia Vega tenía en Quintana y que se van dividiendo a causa de la transmisión hereditaria.  En 1675, la “casa nueva” de Juan de Vega se hallaba “según linda con casa de Domingo Amigo y Juan Amigo y de Juan Díez de Caldevilla y con la güerta”.  La mujer de este Juan de Vega se llamaba Eugenia Amigo, así que probablemente era pariente de los vecinos apellidados de la misma manera.  

En otro pasaje del mismo documento se dice que la huerta anteriormente citada se hallaba detrás de la casa, que limitaba con la ería de Palacio y con un huerto que, a su vez, lindaba con el Camino del Ribero: “yten ynventariaron un güerto de hortoliça en el dicho barrio de Quintana, linda con la güerta de tras de cassa y con el Camino Real del Rivero de Quintana”. Por tanto, el huerto de Juan de Vega debía bordear su casa nueva por alguno de los laterales y la casa debía localizarse entre El Palacio y el Camino del Ribero. Esta disposición se confirma en un documento de 1701 del que hablaremos en el punto 2. 

La edificación de la “casa nueva” de Juan de Vega provocó un conflicto por derechos de paso con la familia Amigo que se solucionó en 1667 tras establecerse un protocolo entre Domingo Amigo y Juan de Vega. En este documento se dice que el antojano de la casa de los Amigo “está junto y  pegado al Camino Real que ba al barrio de Las Escortes”, o sea, al Camino del Ribero, junto al cual se hallaba también la casa de Juan de Vega, lo que hacía que los carros de uno y de otro no pudieran pasar a los respectivos pajares cuando coincidían en dicho camino. Los Amigo tenían también un “güerto de ortoliça, que está debajo de la dicha casa de los Amigos y delante del órrio de dicho Juan de Vega”.  

La casa nueva de los Vega se había hecho “bajo” la casa vieja, lo que creo debe interpretarse como que la casa nueva se hallaba más abajo en el Camino del Ribero.  Por su parte, esa “casa vieja” de la familia Vega limitaba con la casa de Pedro Alonso de la Mata (o Pedro de la Mata) y “con el Camino del Rivero que ba para Las Escortes”, lo que se confirma en el inventario post mortem de Pedro de la Mata (o Alonso de la Mata), fechado en 1675 y un mes antes que el de Juan de Vega, cuando se dice que su casa de morada lindaba “con cassa de Juan de Vega y sus herederos y con el órrio nuevo y camino de Las Escortes”.  

Los Mata (o Alonso de la Mata) eran dueños también del “órrio viexo del Rivero de Quintana, de madera y texa, según linda con órrio de Juan de Vega”.  Este último hórreo es el que se describe en el inventario de Juan de Vega de 1675 como “otro quarto de órrio en el dicho barrio de Quintana, de madera y texa, que linda con órrio de los herederos de Pedro de la Mata y de Agustín y Torivio de Vega, vecinos de dicho lugar”.  A su vez, en el inventario de la viuda de Pedro de Vega (1671) y madre del Agustín de Vega citado se describe un cuarto de hórreo que lindaba con hórreo Toribio de Vega, Juan de Vega y Pedro de la Mata. Es decir, el mismo hórreo perteneciente a varios vecinos del mismo lugar. 

Juan de Vega era dueño también de otro medio hórreo que lindaba con el hórreo de Juan Díaz de Caldevilla y con el Camino del Ribero. Este hórreo partía con los herederos de su hermano, Pedro de Vega, y con el hórreo de la familia Alonso de la Mata. La aparición de un Díaz de Caldevilla añade el nombre de otra familia que también residía en el lugar, como veremos en el punto 5. 

2. La “casa vieja” de Juan de Vega se partía con sus hermanos y con los herederos de sus hermanos, llamados Pedro, Toribio, Agustín, Julián de Vega, nombres que se repiten en varias generaciones de esta familia. Por su parte, la “casa nueva” de Juan de Vega se fue dividiendo entre sus hijos y los herederos de sus hijos. Así, en 1701 en el inventario post mortem de un Pedro de Vega se dice que su casa de morada lindaba con la de Dominga de Vega (hija del Juan de Vega muerto en 1675) y con la casa de Juan Alonso de la Mata, y que detrás de esta casa había una huerta y pegado a la casa había también un huerto, es decir, este documento de 1701 confirma lo que expusimos al respecto en el punto 1 al analizar el documento de 1675. Este Pedro de Vega había construido también una casa nueva que lindaba con la casa de Juan de Vega (hijo del homónimo que muere en 1675) y con la casa de Lorenzo Alonso de la Mata.   

3. El 19 de mayo de 1711 se escritura el inventario post mortem de Juan Díaz de la Caneja, hijo del escribano público Tomás Díaz de la Caneja y bisabuelo de Ignacio y Joaquín Díaz-Caneja y Sosa. Su casa se describe así: “primeramente inbentariaron la cassa en que bibía dicho difunto que se conpone de rezebimiento, cozina, apossentos, bodega, bajo, portal, caballeriza y pajar, que linda de un lado con cassa de herederos de Lorenzo Alonsso de La Mata y de otro lado con la hería de Palaçio”.   

Esta descripción no coincide con lo que llegó al siglo XX como casa familiar de Ignacio y Joaquín Díaz-Caneja. Primero, la casa del bisabuelo era considerablemente más grande y segundo, se levantaba junto a la ería de Palacio y junto a la casa de Lorenzo Alonso de la Mata que, a su vez, limitaba con la casa de Pedro de Vega, la cual estaba al lado de la casa de Dominga de Vega, hija del Juan de Vega muerto en 1675, o sea, que en aquella época los Díaz-Caneja vivían al lado de los Alonso de la Mata y de los Vega de Quintana, en la zona que se hallaba entre El Palacio y el Camino del Ribero.

Sabemos que Juan Díaz había ido adquiriendo la parte que sus hermanos poseían en la casa familiar, como lo demuestra un documento de 1707 cuando Catalina Díaz de la Caneja, casada en Vierdes, vende a su hermano “la parte de cassa que le correspondió en el barrio de Quintana, que es en la que biven los dichos Juan Díaz y Ana Díez”.  De esta manera el bisabuelo de Ignacio y Joaquín pudo hacerse con una buena propiedad inmobiliaria. La casa familiar a la que nos referimos era la de su padre, el escribano Tomás Díaz quien, al mudarse a Oseja desde Ribota, se instaló en la casa que su mujer tenía en el barrio de Quintana.

Inmediatamente después de la casa de morada, el inventario de Juan Díaz de la Caneja describe otra casa en Quintana, más modesta “que se conpone de cozina, establo y pajar, según la heredó de Juan Alonsso, su tío, que linda de un lado con cassa de herederos de Pedro de Bega y con güerto de herederos de Juan de Bega”. Se menciona también “un poco de güerto que está pegado a la casa de Juan Alonsso, que linda con güerto de Pedro de Vega por todas partes”.  Este Juan Alonso era el hermano de María Alonso, mujer del escribano Tomás Díaz de la Caneja, y de Ana Alonso, quien en 1660 vendió la parte de la casa familiar que le correspondió por herencia de su padre, Juan Alonso de Quintana, a su hermana María y a su cuñado Tomás.  La vecindad de la casa del padre con los Vega de Quintana indica que, casi con seguridad, la madre de Juan Díaz de la Caneja pertenecía a la familia de los Alonso de la Mata.

Pero esta casa que Juan Díaz de la Caneja hereda de su tío tampoco se hallaba en el lugar en el que hoy se levanta la casa de los Díaz-Caneja, pues limitaba con la casa de Pedro de Vega (cfr. punto 2) y con el huerto de Juan de Vega (cfr. punto 1). Es decir, volvía a localizarse en la parte del barrio de Quintana comprendida entre El Palacio y el Camino del Ribero. 

Considerando que los hórreos se encontraban delante de las casas de morada o en sus proximidades inmediatas, veamos qué dice el documento de 1711 sobre la ubicación de los hórreos del bisabuelo de Ignacio y Joaquín.  El inventario de Juan Díaz de la Caneja registra dos hórreos: “medio hórrio en dicho barrio que linda por todas partes con hórrio de Juan Amigo” e “yten otro medio órrio en dicho barrio que linda con órrio de herederos de Juan de Bega por todas partes”. 

Cuarenta años antes, una de las casas de Juan de Vega lindaba con la casa de Juan Amigo (cfr. punto 1), luego el primer hórreo de los Díaz-Caneja se encontraba en las proximidades de la casa de los Amigo que, a su vez, lindaba con una de las casas de los Vega. Y el segundo hórreo de los Díaz-Caneja que lindaba con los Vega quizás fuera el mismo que, cuarenta años antes, pertenecía a los Vega y a la familia Alonso de la Mata (cfr. punto 1). ¿Recibiría Juan Díaz de la Caneja el medio hórreo descrito más arriba por herencia de la familia de su madre, María Alonso, por pertenecer ésta al linaje de los Alonso de la Mata? Me inclino a creer que sí.  De todas formas, los hórreos de los herederos de Juan de Vega se hallaban junto al Camino del Ribero y todas las propiedades que lindaban con las casas, hórreos, huertas y huertos del bisabuelo de Ignacio y Joaquín pertenecían a los Vega, a los Amigo y a los Alonso (de la Mata), cuyas casas se hallaban entre lo que era El Palacio y el Camino del Ribero en aquel entonces, lo que es plenamente coherente con la aparición de la ería de Palacio como linde de la antigua casa de los Díaz-Caneja. 

4. En 1668, Pedro de Granda tenía una casa en Quintana en la que vivía. Esta casa lindaba con la de sus hermanos, por un lado, y con el “Camino Real”, por el otro. Frente a esta casa se hallaba el hórreo que, a su vez, se encontraba situado junto al de los hermanos Pedro y Juan de Vega. Nos encontramos, por tanto, en la misma zona que estamos describiendo. La casa de los Granda estaba cubierta de teja, pero la cocina y el hórreo estaban cubiertos de paja.  Y en cuanto a este “Camino Real” que se utiliza como referente espacial, ¿qué camino era? ¿El que iba a Soto o el que bajaba al barrio de Las Cortes?

5. Otra de las familias que vivían en Quintana por aquellos años era la de José Díaz de Caldevilla, escribano público, primer administrador de la obra pía del Arcediano y posible pariente del mismo por esta causa. La ubicación de la casa de los Díaz de Caldevilla en Quintana la proporciona el Catastro de 1752 cuando dice que limitaba con la casa de Manuel de Vega, con el Camino del Ribero al norte y con la tierra del Cimploño al sur.  Frente a la casa de los Díaz de Caldevilla había un hórreo que lindaba “a los quatro aires con las calles del concejo”.

La casa de este Manuel de Vega que menciona el Catastro de Ensenada formaba parte de la heredad de los Vega de Quintana, en concreto de la casa que Juan de Vega construyó en 1667 y que lindaba con la familia Amigo y con la casa de Juan Díaz de Caldevilla, como asimismo uno de los hórreos de aquel Juan de Vega lindaba con el de los Díaz de Caldevilla (cfr. punto 1). Manuel de Vega fue hijo de Domingo de Vega y nieto de Juan de Vega. En 1701 quedó huérfano de padre junto a su hermana María.

En 1711, uno de los jurados que efectúan el inventario post mortem de Juan Díaz de la Caneja se llamaba Francisco Díaz de Caldevilla. Los inventarios de bienes siempre eran hechos ante la presencia de algún miembro de la familia del difunto y algún vecino cercano al fallecido, quienes juraban ante el escribano y juez del lugar. O sea que este Francisco Díaz de Caldevilla vivía al lado, o muy cerca, de Juan Díaz de la Caneja.   

En el actual barrio de Quintana, Camino del Rivero abajo, se conservan los restos de un caserón derruido que, a juzgar por sus características, debió ser casa de importancia en sus tiempos. ¿De los Díaz de Caldevilla quizás? ¿O de los Díaz de la Caneja?

6. En Quintana vivieron durante el 1.600 otras familias apellidadas González (Cristóbal, José, Ana), Martínez (Juan Martínez Pasos), Piñán (Domingo), Díaz/ Díez o Díaz de Quintana (Damián, Pablo, Pedro), cuyas casas no podemos localizar por el momento.

7. En conclusión y siempre según el estado actual de nuestro conocimiento puede decirse que

A. Las casas documentadas bordeaban la ería de Palacio y se extendían por una franja comprendida entre dichas tierras y lo que entonces era el Camino del Ribero.

B. Todas las casas tenían una huerta detrás de las viviendas, algunas tenían un huerto en un lateral, todas poseían al menos un hórreo delante y algunas estaban todavía cubiertas de paja a mediados del siglo XVII. 

C. Frente a ellas había varios hórreos, cuatro o cinco con seguridad. 

D. Las casas, hórreos, huertas y huertos de la familia Vega tuvieron una extensión mayor y/o una ubicación diferente a la que se conoció en el siglo XX. 

E. La casa del bisabuelo de Ignacio y Joaquín Díaz-Caneja era mucho mayor que la que llegó al siglo XX y debía, además, ser una de las destacadas de Oseja, ya que sólo en las más principales se menciona la existencia de “aposentos”.  Pero lo que resulta más llamativo en este caso es que se hallaba en un emplazamiento distinto, pues lindaba con la ería de Palacio y con una de las casas de los Vega.    

F. La división de las casas y de los hórreos a causa de las herencias, así como las mejoras y construcción de nuevas viviendas y de nuevos hórreos que se llevan a cabo en casi todas las generaciones, además de compras o de la movilidad de la población, son algunos de los factores de cambio que marcan diferencias importantes entre lo que describen los protocolos notariales de la Edad Moderna y lo que llegó al siglo XX y recuerdan los más veteranos. No podemos extrañarnos en absoluto porque los 300 y 400 años que distan entre ellos y nosotros son muchos años. 


sábado, 19 de noviembre de 2011

EL BARRIO DE QUINTANA DE OSEJA (1): caminos, fuentes, tierras.

El barrio de Quintana recibía a los viajeros que llegaban a Oseja desde Asturias siguiendo el Camino Real: “un carro de abono en el término del Buseco, bajo del Camino Real que ba para Soto” (1713).  En la Edad Moderna, los accesos documentados al barrio fueron los mismos que en la actualidad: el Camino Real, en su doble dirección, y el Camino del Rivero.

El tramo del Camino Real que conecta Caldevilla con Quintana recibe hoy el nombre de La Calleja, un topónimo que en los siglos XVII, XVIII y principios del XIX no estaba relacionado con el Camino Real propiamente dicho, sino con la ería de Sobrequintana: “yten dos carros de abono en la hería de Sobrequintana do se dice La Calleja” (1701); “una haza de tierra que dizen Callexa de Quintana en 330 reales” (1796); “dos carros de abono en La Calleja en la ería de Sobrequintana” (1816).  El hecho de que siempre se relacione La Calleja con las tierras de labor indica que no había por allí ninguna vivienda. 

Lo que no sé es si se puede identificar La Calleja con lo que en 1668 se nombra como “el sendero” de Sobrequintana, junto al cual se hallaba “El Canguito de Sobrequintana”. 

Relacionada con esta ería aparece también la Fuente Quintana, muy documentada a lo largo de los siglos XVII y XVIII siempre como linde de alguna propiedad en Sobrequintana, como por ejemplo:  “yten dos carros de abono en dicha hería do se dize La Fuente Quintana, que linda de un lado con heredad de Jossephe Gonçalez y de otro lado con heredad de la biuda de Lorenzo Alonso de la Mata” (1714).   

La fuente actual fue construida en 1816 y lleva la siguiente inscripción: (Cruz) / SE HIZO A COSTA DE[L] [R(e)V(ere)N] D(o) D(on) / JUAN DIAZ CANEJA / CURA  CASTILFALÉ / NAT(ura)L DE ESTA VILLA DE / OSEXA AÑO / DE 1816.  El nombre completo del donante es el de Juan Díaz-Caneja y Sosa, natural del barrio de Quintana y uno de los hermanos de Ignacio y Joaquín (1).

Desde el caserío de Quintana se llegaba al barrio de Las Cortes por el Camino del Ribero, también llamado Camino Real del Ribero: “el Camino Real que baja al barrio de Las Escortes” (1667); “con el camino del Rivero que ba para Las Escortes..., linda con la güerta de tras de cassa y con el Camino Real del Rivero de Quintana” (1675); “yten otra tierra de tres carros de abono que haçen tres celemines de sembradura en La Rotella, linda con tierra de María de Phelipe y con el Camino Real del Rivero” (1665). 

El barrio de Quintana se hallaba flanqueado por las tierras de las erías de Palacio y Sobrequintana. Como su nombre indica, la segunda de ellas se localizaba ladera arriba por encima del barrio del mismo nombre. Entre los topónimos que los protocolos notariales sitúan en dicho lugar se encuentran: El Llano de Sobrequintana (Yano, Yaño), La Horca (La Orca), Pozo Calero, La Pasera de Pozo Calero (o La Pasera, junto a ella hay un sendero que va a Berrunde), El Camino de los Rocinos, El Barrial de Arriba (o El Barrial), El Riego, la fuente del Riego (“El Riego que linda con la fuente del Riego y la cerradura”: 1671), La Fuente Quintana, La Sienra (Xenra o Jenrra) Lluenga, La Llambria (Lambria), El Corral de Vierdes, El Eregalle, La Cuesta del Eregalle (Heregalle), Los Acebos (Aceos), Las Rozas, Los Espinadales, Canta El Cuco, Val de Palombo, La Palombera, El Canguito de Sobrequintana, El Vallejón de Sobrequintana, La Xenega, El Cuadro (en El Llano de Sobrequintana), La Xeriella, La Martina, Sobre La Riba Godin, El Pumar, La Rotella, Las Cerezales de la Barga (¿o los cerezales de la barga?), El Hiniesto, etc (2). 

En este barrio también se hallaba La Cortina de Quintana, llamada asimismo la Huerta de Quintana que en 1659 pertenecía a Juan de Vega, vecino del barrio, y a sus consortes, quienes el 7 de marzo decidieron cerrar dicha propiedad con un muro: “...sobre el cierro y parez con que está cercada una heredad que en común tenemos, que llaman La Cortina de Quintana”, originándose queja del regidor y vecinos de Oseja “por dezir hera conçejil y que lo avíamos añadido a la dicha güerta” “un poco açia la parte de San Roque”, lo que acabó dirimiéndose ante el teniente de Merino, Gaspar Gómez de Caso, quien ordenó “que haçiendo perjuicio la recojiésemos y bolbiésemos a hacer por donde acostumbrábamos. Y nosotros cunpliendo con lo que vuestra merced nos mandó, juntamos al regidor y becinos del dicho lugar y estando  juntos les pedimos fuesen a ber el dicho çierro y sin daño señalasen y almojonasen la parte por donde abíamos de haçer el dicho çierro. Y ellos lo hiçieron y señalaron”. Y viéndose que el cierre no causaba perjuicio alguno, el 27 de marzo de 1659 reconoció el señor teniente de Merino estar bien hecho el muro levantado por los Vega de Quintana. 

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NOTAS
(1) Por coincidir con signos utilizados en el lenguaje HTML e interferir en el sistema de edición web, los interlineados de la inscripción no están incluidos en los signos convencionales. Utilizo los corchetes rectos con esa función.
(2) Incluyo entre paréntesis variantes ortográficas documentadas. La cursiva indica que los topónimos se transcriben de manera literal.