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lunes, 20 de abril de 2026

UNA CARTA DE JOAQUÍN DÍAZ-CANEJA Y SOSA EN EL ARCHIVO DE LA FAMILIA PIÑÁN DE OSEJA DE SAJAMBRE (1804)

 

Si en el artículo anterior veíamos una carta autógrafa de Ignacio Díaz-Caneja y Sosa, esta vez voy a dar a conocer otra carta escrita en Madrid, el 19 de septiembre de 1804 y firmada solo con el nombre de pila de un Joaquín, que no dice a quién va dirigida, pero que tuvo que ser a su hermano José Díaz-Caneja y Sosa, cuñado de Froilán Piñán que, años más tarde, se documenta como cura del Burgo Ranero (León), según publicó la Gaceta de Madrid del 29 de abril de 1862.  En ella, Joaquín Díaz-Caneja transmite el resultado de una consulta legal que él había efectuado sobre los derechos de Froilán a entrar en el Seminario Cantábrico, institución a la que se había agregado la obra pía de estudiantes de Espinama fundada por Alejandro Rodríguez de Cosgaya, tío de la madre de dicho Froilán. La carta menciona también otros asuntos legales relativos a Sajambre, de los que se encargaba Joaquín en la corte. La misiva está cancelada, tachada con tinta de la época, por lo que dejó de tener valor para los Piñán por las razones que se verán en un instante. Aun así, se conservó.

Tampoco se dice en ningún lugar que el Joaquín que firma solo con su nombre de pila sea el futuro ministro de Gracia y Justicia. Pero la carta se envió a un hermano suyo relacionado con los Piñán de Cueto Luengo, como fue José, casado con Vicenta Piñán (ver artículo anterior); al final de la carta se refiere a un Ignacio con el que mantiene correspondencia; está residiendo en Madrid; entiende de leyes y se mueve en las altas esferas del reino. En esa época y contexto solo podía ser Joaquín Díaz-Caneja y Sosa. Además, la comparación de su escritura con otros documentos conservados en los archivos madrileños no dejan lugar a dudas sobre su autografía.

Presento primero el documento y, a continuación, lo comento. Que a nadie extrañe la ortografía de la carta porque es la de la época. Esa ortografía es una pátina de veracidad.

 

1804, septiembre, 19. Madrid.

Carta de Joaquín Díaz-Caneja y Sosa a su hermano José sobre el dinero que este le enviaba para sufragar diversos encargos jurídicos en los que Joaquín trabajaba, entre ellos algunos de interés para los vecinos de Sajambre. Se detalla el resultado de una consulta legal sobre la obra pía de estudiantes de Espinama, recientemente agregada al Seminario Cantábrico, a la que tenía derecho Froilán Piñán de Cueto Luengo y Rodríguez de Cosgaya.

A.- Oseja de Sajambre, Archivo de la Familia Piñán, Correspondencia. Doble cuartilla de papel.

 

Madrid, 19 de septiembre 804.

Señor hermano:

Antes que vuestra merced saliese para la Montaña, me escribió vuestra merced haciéndome unos cargos demasiado exactos y calculados con respecto a sus atrasos, que no ignoraba, y al mismo tiempo parecía quererme suponer implicado y aún motor de las impertinencias con que pudo ir Salvador a hablarle a vuestra merced de dinero. Pero estas oficiosidades suyas coinciden bien poco con la claridad con que yo me he explicado y con la íntima persuasión que tenía de los atrasos de vuestra merced, máxime haviendo yo escrito pocos días antes manifestando hallarme en el (tachado), lo que solo en este caso huviera hecho, cuya carta persuadirá a vuestra merced que ninguna parte pude tener en la conversación a Salvador. También recibí otra de vuestra merced desde Oseja con los papeles que la acompañaron, en cuya virtud hice al instante dos representaciones por Sajambre para los fines que expresaban, de cuyo re// (1v) resultado (sic) avisaré a su tiempo.

Sobre la pretensión de Don Alejandro quise tomar mayores informes, pues tenía algunas noticias, aunque confusas, de la agregación del Colegio de Espinama al Seminario Cantábrico. Se ha seguido sobre ello un expediente muy reñido, en el que se han encontrado el Consejo y el Ministro de Estado. Hay aquí una sociedad llamada Cantábrica con quien tendré que entenderme. Por último, me avoqué con uno de sus principales individuos, aunque hay en ella Grandes de España, y después de haver hablado largamente sobre el asunto y de haverme dado el plan, que acompaño, nos ha ocurrido la dificultad siguiente sobre que debiera informar con brevedad y exactitud Don Alejandro.

Por las constituciones de Espinaba (sic) solo debía haver en el Colegio trece pupilos entre los que parece también que deben contarse los dos que estudiasen en Universidad con la asignación // (2r) de los 250 ducados. Y el Seminario Cantábrico se ha hecho cargo en este año de los mismos trece pupilos, entre quienes no suena Froylán, ni creo el otro que obtenga la plaza de Universidad. Bajo este supuesto se necesita saber: 1º) Si quando estaban ocupadas las dos plazas de Universidad había 11 ó 13 pupilos en Espinama o lo que es lo mismo, si los dos entraban para completar los 13. 2º) Por quién quedó la plaza >vacante< en 801, y quién obtenía y obtiene la otra, y si este se le ha asistido en todos estos años con los 250 ducados. 3º) Si no haviendo los Patronos dado el debido nombramiento al Froylán quedó una plaza vacante de las 13 o si se propasaron ellos a nombrar algún otro pupilo en perjuicio de Froylán, mediante a que estaban este año completos los 13. Y, por último, si Don Alejandro hizo su pretensión formal >(tachado: en forma)< y acostumbrada para que se diese el nombramiento a Froylán, pues si la hizo y sin embargo pasaron los Patronos a nombrar otro de menos derecho, será nula esta elección, y // (2v) resul (sic) será el pleito del día contra el nombrado y los Patronos. En caso de que todas estas noticias resulten a su favor será preciso que las embíe justificadas en lo que pueda. Yo no puedo decir quanto dinero será necesario para este asunto y para el de Oseja, pues ni hay trarifa (sic), ni se saben los trámites que pueden tener. Pero bien podrían por pronta providencia embiar una onza cada parte.

Hoy me escribe Ygnacio que esos vecinos están esperando con ansia las resultas del recurso que todavía no ha venido del Corregidor de León, a quien se remitió a informe, pues temen les ejecuten. No deben tener miedo por esta parte, pues en quanto esté pendiente la instancia en el Consejo, ya se librará bien qualquiera juez de tomar conocimiento en ella. Y de consiguiente ninguno puede ni debe tampoco por ahora despachar ejecución contra esos vecinos por las rentas, máxime quando ese Alcalde y el Corregidor de León saben pende en el Consejo.

La peste de Málaga se ha extendido ya, según dicen, a Alicante y otros pueblos.

Mande vuestra merced a su hermano, Joaquín (rúbrica).

 

ALEJANDRO PIÑÁN DE CUETO LUENGO Y FERNÁNDEZ DEL CAMPILLO

El que se nombra como Don Alejandro es Alejandro Piñán de Cueto Luengo y Fernández del Campillo, muerto entre 1808 y 1824 y padre de Froilán, Juan, Alejandro, Vicenta y Ana María Piñán.

Este Alejandro fue el que se casó con María Magdalena Rodríguez de Cosgaya (m. 1813), hija, a su vez, de Juan Manuel y doña Bernarda Rodríguez de Cosgaya. Esta última fue hermana de don Alejandro Rodríguez de Cosgaya y ambos hijos de Santos Rodríguez de Cosgaya y de Ana Fernández de Noriega. El lebaniego Alejandro Rodríguez de Cosgaya murió en México rico, soltero y sin descendencia directa, dejando por herederos a sus hermanos Alberto, Matías y a tres hermanas más, en las personas de sus maridos, por no tener la mujer personalidad jurídica en aquella época. Una de esas hermanas se llamó Bernarda y su marido, Juan Manuel Rodríguez de Cosgaya, padres de la María Magdalena que casó en Oseja. En concreto, dejó a su hermano Matías como primer heredero en su obra pía, con indicación de que le sucediera, primero, su sobrino Tomás Rodríguez de Cosgaya, después Víctor Rodríguez de Cosgaya, hermano del anterior y, en tercer lugar, su cuñado Juan Manuel, marido de Bernarda. De manera que los hijos de María Rodríguez de Cosgaya fueron herederos del indiano siempre por detrás de los sobrinos varones de las líneas masculinas. Así, los Piñán de la casa grande de Oseja tuvieron derechos en la obra pía de estudiantes de Espinama, primero, y en el Seminario Cantábrico, después. En su archivo de Oseja se guarda una copia del 1 de abril de 1783 del testamento del fundador, otorgado en México el 5 de julio de 1768, y una copia simple de 1821 del testamento de María Magdalena Rodríguez de Cosgaya, otorgado en Oseja, el 10 de julio de 1813, que son los documentos que me sirven de guía para los parentescos familiares. 

Esta obra pía fue la modalidad elegida por Alejandro Rodríguez de Cosgaya para fundar una escuela en su pueblo natal de Espinama, como hiciera 200 años más tarde Félix de Martino en Soto de Sajambre y 100 años antes el arcediano de Villaviciosa, Pedro Díaz, en su pueblo de Oseja. Según sus propias palabras, la escuela era “para que sirviese de educación y enseñanza a treze niños, desde ponerles la cartilla en la mano hasta haver aprendido Filosofía”, es decir, un establecimiento que cubría lo que hoy llamaríamos la enseñanza primaria y la secundaria con trece alumnos becados. Los patronos debían ser siempre “mis parientes, los más inmediatos que tengan el apellido De Cosgaya y sean varones”. Para ello dejó varias rentas y unos cinco millones de reales repartidos en tres partidas para la construcción y dotación de la casa que albergara la escuela (obra iniciada en 1749) y de una capilla dedicada a la Virgen del Rosario, para mantener a los profesores y al cura encargado de la capellanía y para sufragar los gastos de los 13 estudiantes becados que se seleccionaban entre su parentela y su pueblo. La escuela admitía además a otros alumnos que pagaban su matrícula y costeaban sus propios gastos.

Según la carta que publico, Alejandro Piñán estaba intentando colocar a su cuñado Froilán en la escuela de Espinama que, para entonces, se había integrado en lo que se llamó el Real Seminario Cantábrico de Educación, principal institución educativa de Santander, predecesora del Instituto Cantábrico, que no fue un “seminario” para la formación del clero secular, como entendemos el término hoy en día. Sin embargo, Joaquín informa que dicho Froilán no había sido seleccionado en el año 1804. Seguramente entonces fue cuando se canceló la carta.  

 

LOS PIÑÁN DE CUETO LUENGO EN EL REAL SEMINARIO CANTÁBRICO DE EDUCACIÓN


Froilán no pudo entrar en el colegio de Espinama en 1804, pero en 1808 don Alejandro Piñán había conseguido plaza en dicha institución para su hijo homónimo. Sin embargo, el Seminario Cantábrico fue clausurado por orden de José Bonaparte en 1811 durante la ocupación francesa.

No obstante, la deriva principal de los alumnos de dicho Seminario fue la de continuar su formación en la milicia o en la universidad. Así que no sería raro que la estancia del último Alejandro Piñán mencionado facilitara su acceso a la carrera de armas, ya que terminó sus días como militar en la ciudad de León. Claro que también pudo decantarse por la vida castrense tras los años de lucha contra el francés. 


OTROS NEGOCIOS JURÍDICOS EN MADRID SOBRE SAJAMBRE


No queda claro cuál fue la sentencia que los sajambriegos estaban esperando de la máxima instancia judicial del reino tras el recurso que se menciona. La expresión de “por las rentas” me hace sospechar algún pleito que pudo estar relacionado con la renta de las alcabalas, impuesto del Antiguo Régimen sobre las ventas que equivaldría – salvando las distancias – al IVA actual. Digo esto porque en la documentación privada se conservan algunos documentos hasta épocas tardías sobre conflictos derivados por el pago e impago de la alcabala que los sajambriegos estaban obligados a entregar a la Casa de Prado y sus herederos: un rescoldo de los antiguos derechos señoriales que los Prado tuvieron en Sajambre desde la Baja Edad Media.

Quien informa a Joaquín sobre la inquietud que sufrían los vecinos de Sajambre es un Ignacio, que ha de ser su hermano, el futuro obispo de Oviedo. Según se ve, José le enviaba dinero periódicamente para sufragar los gastos de sus actuaciones y, quizás, también acudía a Madrid para tratar con su hermano directamente ("antes de que vuestra merced saliese para la Montaña"). Un tal Salvador, que me es desconocido, debió meter cizaña entre los hermanos  a causa de aquellos dineros. 

Dos meses antes de la fecha de esta carta se había iniciado otro brote de la epidemia de fiebre amarilla que azotó Andalucía entre 1800 y 1804, que es la peste de Málaga a la que se refiere Joaquín al final de su escrito. Fue traída por los barcos que procedían del Caribe americano y, como bien indica el sajambriego, se extendió hasta Alicante en 1804. En 1806 se publicaba el libro titulado  Breve descripción de la fiebre amarilla padecida en las Andalucías, del médico real  Juan Manuel de Aréjula, enviado por Carlos IV para tomar medidas ante la enorme mortandad.


sábado, 31 de enero de 2026

LA CASA DE LOS DÍAZ-CANEJA EN EL BARRIO DE QUINTANA DE OSEJA: Una disputa familiar de 1847

Presento primero el documento que voy a analizar para extenderme a continuación. Se trata de una carta del obispo Díaz-Caneja, en la que se expresa en términos muy duros sobre una de sus cuñadas y sus sobrinos, amenazándolos con desheredarlos a todos. 

1847, septiembre, 15. Oviedo.

Carta de Ignacio Díaz-Caneja y Sosa a Juan Piñán de Cueto Luengo sobre la disputa que había entre su cuñada, Vicenta Piñán, y sus sobrinos por el testamento de su hermano, José Díaz-Caneja y Sosa.

 A.     Oseja de Sajambre, Archivo de la Familia Piñán, Correspondencia. Doble cuartilla de papel.

 

Oviedo, 15 de septiembre de 1847

 Amigo Juan: 

Recibo una carta escrita por ti en nombre de nuestra hermana y si te he de confesar la verdad, sobre serme terrible la muerte del hermano, me afecta la desunión y poca armonía de sus hijos y madre en sus asuntos de interés. Sé que alguno quiere anular el testamento, otros que no valga el 5º mandado en el mismo y todos temiendo las mejoras que su madre podrá hacer a favor de alguno de ellos. Yo deseando la unión de la madre con los hijos y el honor de todos, te confieso que me ha sido muy terrible la especie de que algunos de ellos quiere(n) anular el testamento de su padre, con el fin de anular la manda hecha a otro hermano por empeño de su madre. Para unirles en // (1v) este punto hazles saber que mi deseo es el que se observe dicho testamento, cediendo la casa a José que su padre le mandó. Y si esto no cabe en la 5º, el esceso (sic) lo pagaré yo para repartirse entre sus hermanos.  

Por lo que hace a nuestra hermana, nunca he tenido intención de defraudarla, sino de reducirla a razón. Yo querría que no hubiera división y anúnciales para que se aprovechan de ellos por los días de su vida si los necesitase más que para tranquilidad de sus hijos se obligan a no mejorar a ninguno de ellos y dejades el residuo de ellos para que los repartiesen entre sí a partes iguales como verdaderos hermanos, y de este modo viviesen tranquilos, y ella asegurase así su conciencia, porque estas mejoras siempre son contrarias al amor que // (2r) los padres deben tener a todos sus hijos, hablando generalmente. Y si se empeñase no obstante en hacer alguna mejora, bienes propios tiene de su legítima. De esta manera queda todo el caudal a su disposición, los hijos dan pruebas de que aprecian a su madre y la madre de que ama igualmente a todos sus hijos.  

Hazles saber a todos este mi pensamiento, y que, si alguno se opusiere a él, ninguno de mis sobrinos cuente conmigo para cosa alguna hasta tanto que no sepa que se ha compuesto todo en paz.  

Que Vicenta tenga esta carta por suya, pues que para ella la escribo, la que debe suponer que, si la viese en alguna necesidad, la preferiría al socorro de otras. Da la explicación y manda a tu amigo y beso tu mano, Ygnacio Díaz Caneja (rúbrica).  

Espero me avises con prontitud del resultado. 

*

 El que cuatro meses más tarde sería nombrado obispo de Oviedo habla en esta carta sobre las disputas familiares que se produjeron tras la muerte de su hermano, José Díaz-Caneja y Sosa. Aunque no se le nombra en ningún momento, la misiva va destinada a Juan Piñán de Cueto Luengo, hermano de Vicenta Piñán, quien a su vez se había casado con José Díaz-Caneja y Sosa. No hay duda de esta atribución, ya que al final de su escrito, Ignacio Díaz-Caneja dice: «Que Vicenta tenga esta carta por suya, pues que para ella la escribo».   

De manera que la que se identifica al inicio de la carta como «nuestra hermana» es Vicenta Piñán de Cueto Luengo (1) y la expresión «sobre serme terrible la muerte del hermano» se refiere a José Díaz-Caneja y Sosa Martino y Tovar. 

En el testamento de José, este dejaba la casa familiar del barrio de Quintana íntegramente a su hijo José Díaz-Caneja Piñán, aunque la madre quería favorecer a otro de los hermanos que no se nombra y estaba sembrando discordia entre todos sus hijos para conseguir lo que quería. No sabemos si a quien deseaba favorecer era a Tomás, el único varón aparte de José, o alguna de las hijas. Ignacio Díaz-Caneja se manifiesta totalmente en contra de la madre y les conmina a todos a cumplir el testamento del padre.  

PERSONAJES AQUÍ REFERIDOS 

JUAN PIÑÁN DE CUETO LUENGO Y RODRÍGUEZ DE COSGAYA 

Juan Piñán, a quien se dirige la carta, fue el tercero de este nombre entre los documentados conservados. Se registra en 1813, 1835, 1837, 1840, 1847 y 1851 en el archivo de la Familia Piñán. Debió ser el padre de Juan Bautista y Bernarda Piñán. Hermano de Vicenta Piñán y concuñado de Ignacio Díaz-Caneja.

 VICENTA PIÑÁN DE CUETO LUENGO Y RODRÍGUEZ DE COSGAYA 

Fue hija de María Magdalena Rodríguez de Cosgaya y de Alejandro Piñán (II) de Cueto Luengo y Fernández del Campillo. Este Alejandro fue tataranieto de Gonzalo Piñán de Cueto Luengo, el escribano público, y cuarto nieto de Marcos Piñán, vecino de Soto. Vicenta fue hermana de Froilán Agustín (párroco del Burgo Ranero), Juan (el anterior), Alejandro (militar, residente en León) y Ana María.  

María Magdalena fue pariente y heredera directa de Alejandro Rodríguez de Cosgaya (1697-1768), natural de Espinama, que emigró a México, donde hizo fortuna y fundó una obra pía de estudiantes en su localidad natal. Creo que los eruditos lebaniegos que han estudiado a este último personaje no conocen los documentos conservados en el Archivo Piñán.   

Vicenta Piñán de Cueto Luengo está documentada también en 1813, 1821 y 1856, cuando se registra su fallecimiento en el año 1855, en casa de su hija Ana María y de su yerno Víctor Acevedo. 

Vicenta casó con José Díaz de la Caneja y Sosa. Hijos conocidos fueron José, María, Tomás, Juana y Antonia Díaz-Caneja, por este orden.  

JOSÉ DÍAZ DE LA CANEJA Y SOSA MARTINO Y TOVAR 

Hermano de Ignacio y Joaquín Díaz de la Caneja, que se convierte en Díaz-Caneja a partir de ellos. El apellido «Díaz de la Caneja» empezó a usarse como compuesto desde los hijos de Tomás Díez/Díaz de la Caneja (primero del nombre) en el último cuarto del siglo XVII, pero el Díaz-Caneja actual no es anterior al siglo XIX.  Se casó con Vicenta Piñán de Cueto Luengo y fue padre de José, María, Tomás, Juana y Antonia Díaz-Caneja.   

JOSÉ DÍAZ-CANEJA Y PIÑÁN DE CUETO LUENGO 

Hijo primogénito de José Díaz-Caneja y Sosa y de Vicenta Piñán de Cueto Luengo. Sobrino carnal de Ignacio y Joaquín Díaz-Caneja y Sosa. 

Todos los Piñán sajambriegos pierden el apéndice toponímico «de Cueto Luengo» en el siglo XIX, quedando este personaje llamado simplemente José Díaz-Caneja Piñán. La conjunción copulativa que unía los apellidos paterno y materno entre los nobles titulados y los hidalgos de todo el Occidente peninsular empieza a desaparecer también en el siglo XIX.   

José Díaz-Caneja Piñán desempeñó varios oficios públicos, como regidor de Oseja en 1828 (hoy equivaldría al presidente de la junta vecinal de dicho pueblo) y en 1856 aparece como «alcalde del ayuntamiento constitucional» de Sajambre en el Bienio Progresista. 

Su padre, José Díaz-Caneja y Sosa, muerto en el mes de septiembre de 1847, dejó a su hijo José la casa familiar en su testamento. Dice el obispo en su carta: «hazles saber que mi deseo es el que se observe dicho testamento, cediendo la casa a José que su padre le mandó». Esto fue motivo de conflicto entre la madre y los restantes hermanos, pues esta (Vicenta Piñán) quería favorecer a otro de sus hijos, alguno quería invalidar el testamento del padre y todos desconfiaban de las maniobras de la madre: «Sé que alguno quiere anular el testamento, otros que no valga el 5º mandado en el mismo y todos temiendo las mejoras que su madre podrá hacer a favor de alguno de ellos». 

No queda claro a quién quería favorecer la madre. Ignacio no da nombres. Pero es evidente que la principal causante de las disputas fue Vicenta Piñán. Las duras palabras del obispo sobre las desigualdades causadas por la madre y la amenaza última a todos sus sobrinos si no acataban el testamento de su padre, no dejan lugar a dudas.   

LA CASA OBJETO DEL LITIGIO 

La casa familiar que José Díaz-Caneja y Sosa dejó a su hijo homónimo era la del barrio de Quintana o una parte de ella, porque no sabemos si se dividió entre los restantes hermanos. Lo que sabemos por los documentos conservados es que en Sajambre quedaron José y Manuel, que Tomás desapareció en la Guerra de la Independencia, que Juan fue cura en Castilfalé, que Pelayo se fue de Sajambre con su hermano el cura, que Ignacio y Joaquín también se fueron de Sajambre, que Rosa murió joven y que María tuvo tres hijos: Julián, Agustín y María, quienes ya no portaban el Díaz-Caneja como primer apellido. 

Esta casa había llegado a poder de los Díaz-Caneja en la segunda mitad del siglo XVII y con anterioridad había pertenecido a Juan Alonso de la Mata. Todavía en una delimitación de propiedades de 1814, dicha casa lindaba con la ería de Palacio, tal y como se describe constantemente en los documentos de los siglos XVII y XVIII.   

Según los registros conservados, el primogénito de cada generación solía heredar la casa familiar de Quintana, o el grueso de ella, desde el matrimonio de Tomás Díaz de la Caneja con María Alonso, quienes tuvieron cinco hijos: el primogénito Juan (bisabuelo de Ignacio y Joaquín), Tomás, Manuel, María y Catalina (casada con Juan de Granda). El 22 de enero de 1675, Juan era el tutor de sus hermanos menores de edad Tomás y María. El padre fue el escribano del número y de ayuntamiento (equivalente al actual secretario de ayuntamiento) que se hizo llamar Tomás Díez/Díaz de Oseja cuando cambió su residencia de Ribota a Oseja a causa de su matrimonio. Sin embargo, en todos los documentos familiares (algunos autógrafos) se registra siempre como Díez/Díaz de la Caneja (2). Y hay unos cuantos documentos porque, entre otras cosas, hubo pleito entre los hermanos a la muerte de uno de ellos que había sido cura (3). Este primer Tomás fue el tercer hijo varón de Sancho Díaz de Ribota y Juliana de la Caneja, fundadores del linaje. Como se recordará, Sancho Díaz de Ribota también fue escribano público. De hecho, esta fue la escribanía más antigua del concejo, como a menudo recuerda el propio Tomás en sus documentos y algunos de sus descendientes del mismo oficio hasta el siglo XVIII inclusive. 

Propiamente, la casa de Quintana fue la de la mujer del primer Tomás, María Alonso, que había heredado de su padre Juan Alonso de la Mata. En el inventario de 21 de enero de 1675 de esta María Alonso, que murió cuando ya era viuda del escribano Tomás, se lee cómo la casa lindaba con la ería de Palacio, que es uno de los límites de la casa de los Díaz-Caneja que se repite hasta el siglo XIX inclusive. En el siglo XVII lindaba también con casa de Pedro de la Mata, bautizado Pedro Alonso de la Mata. Su inventario la describe genéricamente de la siguiente manera: «Primeramente ynventariaron la cassa de la continua morada en que vivía la susodicha, de piedra, madera y texa, con sus altos y vaxos, antoxanos y servidunbres, según linda con la hería de Palacio y casa de Pedro de la Mata, vecino de dicho lugar» (4).  Sabemos que Tomás (I) Díaz de la Caneja adquirió muchas propiedades durante su ejercicio como escribano público y quizás ampliara la vivienda original que transmitió después a su hijo mayor. Además, cabe pensar que el Tomás que llegó a ser merino mayor de Valdeburón en el siglo XVIII también hiciera mejoras con el enriquecimiento que implicaba el desempeño de dicho cargo. 

La casa está documentada y descrita en los documentos de los siglos XVII y XVIII. Uno de los primeros, aparte del inventario anterior, es la partición de herencia de los hijos del primer Tomás Díaz de la Caneja, fechada el 22 de enero de 1675, que se divide «en cuartas partes» para cuatro hermanos, porque el quinto hermano, llamado Tomás, había sido condenado y desterrado de Sajambre por asesinato. En lo relativo a la casa principal, el padre había favorecido al primogénito en su testamento: «la quarta parte de la cassa de la continua morada en que vivían dichos difuntos, sacada la manda que hizo dicho Tomás Díez a Juan Díez, su hixo» (5). 

En el inventario post mortem de este Juan Díez/Díaz de la Caneja, bisabuelo de Ignacio y Joaquín, fechado en el año 1711, el edificio de la vivienda se describe así: «la cassa en que bibía dicho difunto que se compone de rezibimiento, cozina, aposentos, bodega, bajo portal, caballeriza y pajar, que linda de un lado con cassa de Lorenzo Alonsso de la Mata y de otro lado con la hería de Palacio». Poseía también dos hórreos, dos huertos pegados a la casa de los Alonso y otra casa más en el mismo lugar que lindaba con los herederos de Juan y Pedro de Vega. Nada se dice de los establos para el ganado que también debía poseer, pues contaba con 25 cabezas de ganado mayor, 34 de ganado menudo, 4 caballos y dos cerdos. 

            Debe aclararse que, en esta época, apenas se describen “aposentos” (en plural) en las casas sajambriegas que, sin embargo, no faltaban en la de los Piñán de Cueto Luengo, en las de los curas locales y pocas más. Pero también se habla de un «bajo portal», algo que no se incluía en los inventarios de bienes sajambriegos, salvo que hubiera construcciones en ellos, como gallineros. El hecho de que se haya contemplado aquí quiere decir que era digno de destacarse y de incluirlo en un inventario de propiedades, seguramente por su tamaño. De otro lado, la caballeriza de la casa no era para guardar el ganado, sino para «quatro caballos aparejados para pan y bino».  El Catastro de Ensenada de 1752 aclara el número de aposentos de la casa de Tomás Díaz de la Caneja (padre de Ignacio y Joaquín): «Tiene una casa en que biue que se compone de portal, vodega y caballeriza por lo baxo y cozina por lo alto, tiene otros dos quartos. Tiene de largo quarenta y cinco pies, y de fondo treinta, y nuebe de alto» y seguía lindando con la ería del Palacio y calles del concejo. Una advertencia sobre esta fuente: al contrastar la información contenida en el Catastro de Ensenada con la de los documentos notariales se observa cómo todos los vecinos de Sajambre mintieron todo lo que pudieron a los oficiales reales. Al fin y al cabo, eran conscientes de que se estaban registrando sus propiedades para luego cobrarles impuestos.  

En el archivo de la familia Piñán hay también una partición de bienes de los hijos de José Díaz-Caneja y Sosa y Vicenta Piñán fechada el 13 de febrero de 1856, unos meses antes del fallecimiento del obispo Ignacio Díaz-Caneja, que murió en noviembre de ese mismo año. En ella, todos los hermanos, menos José, se repartieron huertos, tierras, prados y «la mitad de La Casica que se halla al frente de la casa de Don Juan Piñán», que había pertenecido a la madre, Vicenta Piñán. La casa familiar del barrio de Quintana no se incluye. José preside dicha partición, pero no interviene en ella. En los deslindes de las propiedades se ve que José ya tenía su parte y que «la casa de esta herencia», a la que se alude en algún pasaje, seguía lindando con El Palacio. Esto en 1856.  

De otro lado, la amenaza del obispo en 1847 de desheredar a sus sobrinos si no respetaban el testamento de su hermano José, en el que se entregaba la casa al hijo del mismo nombre, no se cumplió, pues todos los parientes del obispo se beneficiaron de sus bienes. Por lo que finalmente se acató el testamento de José Díaz-Caneja y Sosa, como asimismo demuestra la partida de 1856.  

El lugar en el que se levantaba la casa original de los Díaz-Caneja con sus propiedades adyacentes (hórreos, huertos) está ocupado hoy por edificaciones de diferentes propietarios que no son anteriores a 1900 y, en cualquier caso, tampoco son anteriores a 1856.  En todo este conjunto de viviendas y construcciones agropecuarias únicamente parecen antiguas las molduras cultas del dintel de la puerta de lo que llegó a la segunda mitad del siglo XX como establo, situado en el interior del corral que hoy pertenece a la familia Mendoza, y que podrían haber formado parte, quizás, de una edificación del siglo XVII o XVIII por su semejanza con las molduras del dintel de la puerta de la Casa Piñán, siendo mucho más modestas las de Quintana. Dicho establo perteneció a la herencia de Francisca Díaz-Caneja (mi bisabuela). 

Pero las dos casas que están en el mismo corral tampoco son la casa original de los Díaz-Caneja, como no lo es la casa que perteneció a Pedro Díaz-Caneja (padre de Pepe Caneja). Las dos casas en un mismo corral pertenecieron a dos hermanos: Francisca Díaz-Caneja (casada con Ramón Díaz Piñán, secretario del ayuntamiento) y Ramiro Díaz-Caneja (casado con Jesusa Piñán). Ambos también fueron hermanos de Pedro Díaz-Caneja (casado con Francisca, conocida como la tía Quica, padre de Pepe Caneja y abuelo de Tomás Díaz-Caneja, conocido en el lugar como Tomasín). Hermanos de Francisca, Ramiro y Pedro fueron asimismo Fernando, Domingo, Julia y Juan.  Estos siete hermanos fueron hijos de Pedro Díaz-Caneja y María Acevedo.  

La casa antigua, donde nacieron los hermanos Díaz-Caneja y Sosa en 1769 (Ignacio) y en 1777 (Joaquín), fue muy diferente a la casa de Pedro Díaz-Caneja, a la de Ramiro Díaz-Caneja o a la de Francisca Díaz-Caneja.  En realidad, el lugar que ocuparon la casa, los hórreos y los huertos de los Díaz-Caneja está hoy completamente desfigurado con respecto al siglo XVIII. 

¿SIGUE EXISTIENDO LA CASA EN LA QUE NACIERON IGNACIO Y JOAQUÍN DÍAZ-CANEJA Y SOSA?  

La casa en la que nacieron estos próceres sajambriegos en el barrio de Quintana, de Oseja, limitaba con el camino del Ribero y con las tierras de El Palacio, tenía vivienda con una portalada grande, dos hórreos, una caballeriza, un pajar y dos huertos. Un detalle más: durante toda la Edad Moderna, en las casas hidalgas y acomodadas de Sajambre se utilizó un elemento arquitectónico de estatus que fue el arco de medio punto. Considerando el poder que los Díaz-Caneja ya tenían en el siglo XVIII, me extraña muchísimo que su casona no tuviera algún arco.  

Frente a la zona que describo quedan unas ruinas con restos de arco o, al menos, creo que llegué a verlas hace no mucho. Esa propiedad limita, como dicen los documentos de 1700, con la tierra de la rectoría o con la Huerta del Cimploño, que es lo mismo, y está claramente identificada en los documentos del siglo XVIII. Perteneció a otra rama de los Díaz de la Caneja: los descendientes de Manuel, hijo del primer Tomás y hermano de Juan Díaz de la Caneja, que tuvo un hijo llamado Damián Díaz de la Caneja, que fue quien heredó la casa que limitaba con El Cimploño.  

La casa original del primer Tomás y de su hijo, Juan Díaz de la Caneja, se fue dividiendo por la transmisión hereditaria. Los hórreos y los huertos desaparecieron porque sus emplazamientos se fueron urbanizando. Las casas viejas se demolieron y se construyeron otras más modernas. El corral que hoy existe no es antiguo. Ninguna de estas viviendas tiene la cocina por lo alto, como se describe en el siglo XVIII, ni tampoco la prolongación del tejado hacia la fachada principal formando una amplia portalada o porche, ni sus lindes coinciden con lo que indica el conjunto de la documentación histórica.  

En resumen, la respuesta a la pregunta que da título a este epígrafe es negativa: la casa natal de los célebres hermanos Díaz-Caneja y Sosa ya no existe y no corresponde a ninguna vivienda actual.   

Lo que quedó en Quintana no es la casa en la que nacieron Ignacio, Joaquín y sus hermanos y hermanas, sino el espacio en el que dicha casa se localizaba, que hoy está ocupado por construcciones posteriores que corresponden, cada una, solo a una parte de dicho espacio, que se repartió entre distintos miembros del linaje Díaz-Caneja.   

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 NOTAS  

(1) Me pregunto si Vicenta Piñán no sería analfabeta o, en caso de haber recibido alguna instrucción, que no escribiera bien, porque es el hermano el que toma la pluma por ella para escribir a Ignacio Díaz-Caneja, como se dice en las primeras líneas.  

(2) De hecho, en los documentos de 1675, todos estos personajes aparecen nombrados como Díez, no como Díaz. Sobre el uso indistinto de las formas Díez y Díaz en Sajambre durante los siglos XVI, XVII y XVIII, ver Elena E. Rodríguez Díaz, “El proceso de imposición de modelos lingüísticos en la Edad Moderna: el caso del patronímico Díaz/Díez en Sayambre”, Lletres asturianes. Boletín de l’Academia de la Llingua Asturiana, 113 (2015), pp. 45-63.  

(3) Elena E. Rodríguez Díaz, Catálogo de documentos notariales del concejo de Sajambre (1659-1694), Sevilla, 2024, núms. 96-105, 110, 119-120 y pp. 52-55, 57, 60.  

(4) Elena E. Rodríguez Díaz, Catálogo de documentos notariales del concejo de Sajambre (1659-1694), Sevilla, 2024, núm. 422, p. 163.  

(5) Elena E. Rodríguez Díaz, Catálogo de documentos notariales del concejo de Sajambre (1659-1694), Sevilla, 2024, núm. 402, pp. 156-157.  

sábado, 21 de junio de 2025

LA MEMORIA HISTÓRICA LEONESA MALTRATADA

El Oratorio de San Felipe Neri, en Cádiz, fue la sede de las Cortes que elaboraron la Constitución española de 1812. Por este motivo, esta iglesia es monumento histórico artístico desde 1907. 

Sus muros están plagados de placas conmemorativas de las distintas provincias españolas, incluidas las hispanoamericanas, en las que se recuerda a los representantes de cada una de ellas en las Cortes de Cádiz. Varias se colocaron en el aniversario de 1912, pero otras muchas se han ido poniendo después, tras la llegada de la democracia a España.

León no está. 

La provincia de León nunca ha querido poner una inscripción con el nombre de los cuatro diputados y, entre ellos, el sajambriego Joaquín Díaz Caneja, que no solo fue diputado, sino también uno de los secretarios que firmó la primera constitución democrática de España: Joaquín Díaz Caneja, diputado por León, secretarioUn hijo de Sajambre en la vanguardia del progresismo de la época. 

Esto es una vergüenza. 

Cuando busqué entre tantas placas la de León y comprobé su ausencia, pasé del estupor a la tristeza y a la indignación. Juro que se me cayeron las lágrimas. ¡¿Pero a qué se debe este olvido por parte de la provincia y Diputación de León?! ¿A mezquinas razones políticas? ¿Es que el PP ni siquiera quiere reconocer a sus hijos más ilustres en un hecho tan relevante para la Historia de España, fuera cual fuera la orientación política de dicha Constitución? 

¿O se debe, acaso, a simple dejadez? ¡¿Cómo es posible que nadie haya denunciado esto antes?! A mí me da una vergüenza enorme, gigantesca, ver allí epígrafes conmemorativos de toda la geografía peninsular y americana, menos el de la provincia de León. Por supuesto, Asturias está desde 1912 y con una inscripción bien grande y visible. 

Pero ¡¿por qué falta León?!  

Esto es un maltrato a la memoria histórica leonesa por parte de la Diputación de León y del Ayuntamiento de Oseja de Sajambre en el pasado, ya que los ayuntamientos también podían poner placas o, en su caso, mover los hilos para cofinanciar la inscripción entre la Diputación y otros ayuntamientos implicados. Por ejemplo, el de Vidanes o los lugares de origen de los restantes diputados leoneses.   


Oratorio de San Felipe Neri en Cádiz. Las inscripciones se extienden por los muros adyacentes, incluido el edificio donde hoy está el Centro de Interpretación. Fuente de la imagen: Wikipedia.


Última página de la Constitución de 1812. La última suscripción es la de "Joaquín Díaz Caneja, diputado por León, secretario". Como se ve, escribió "Díaz", no Díez como se ha publicado en algunos libros y artículos. 

martes, 20 de octubre de 2020

LOS LIBROS SACRAMENTALES ERRÓNEOS DE 1762 A 1774 DE LA PARROQUIA DE OSEJA Y SOTO

Mediante documento expedido en León el 21 de mayo de 1776, el tribunal eclesiástico del Obispado, en la persona de José Fernández de Velasco y Pantoja, arcediano de Triacastela, ordena al cura de Oseja y su anexo, Soto, que a la sazón era el sajambriego Lupercio Díaz de Oseja, que se corrijan y se rehagan todos los libros sacramentales que dejó su antecesor, Baltasar Fernández, difunto, por estar llenos de errores y omisiones. 

Esto afectó a todos los libros de bautizados, velados, casados y difuntos de los años comprendidos entre 1762 y 1774, es decir, durante todo el ejercicio del párroco Baltasar Fernández, por contener “errores sustanciales” y ausencias de partidas, siendo “conveniente enmendarlos y reintegrarlos con la nezesaria solemnidad” y actuar “con la devida celeridad y prontitud” para evitar todos los inconvenientes derivados.  

Para estas fechas, el contenido de los libros sacramentales estaba ya reglamentado y solía respetarse, salvo en casos de errores, olvidos e incompetencias de los párrocos; omisiones que se producían por enfermedad, ausencia o muerte de los curas; o por las dificultades sucedidas en períodos de epidemias y guerras. En el caso que nos ocupa, se trata de una absoluta y continuada negligencia de Baltasar Fernández durante todo el tiempo que estuvo al cargo de la parroquia de Oseja y de su anexo, Soto.  

Por este motivo, el tribunal eclesiástico del Obispado de León dispone el inmediato “embargo de los vienes que ubiere dejado (Baltasar Fernández) con qualquiera otros frutos y rentas a él pertenecientes, los quales se depositen en persona segura y abonada a la  disposición del tribunal”, haciendo responsable a Lupercio Díaz de Oseja de la refacción de todos los asientos de los mencionados libros sacramentales, ante la presencia de testigos que fueran indicando los errores y su corrección, y dejando constancia escrita de sus testimonios.

Esta refacción de los libros de bautizados, matrimonios y difuntos de los vecinos de Oseja y Soto entre 1762 y 1774 afectó, por ejemplo, a varios miembros de la familia de Ignacio y Joaquín Díaz-Caneja, con partidas de bautismo y de defunción que se conservan hoy en el Archivo Histórico Diocesano de León y que son defectuosas. En realidad, afectó a todas las familias de Oseja y de Soto en alguna manera en aquellos casos de bautizados, casados y difuntos entre 1762 y 1774.  

Los libros sacramentales (mal) hechos por Baltasar Fernández se conservan hoy en el Archivo Histórico Diocesano de León. En el Archivo de la Casa Piñán, de Oseja de Sajambre, solo hay una refacción parcial de los bautismos de Oseja, con inclusión de la declaración de testigos, siguiendo las pautas formales que ordena la disposición judicial, en un legajo de 75 folios de papel, donde se reproducen (corregidas) algunas partidas comprendidas entre los años 1767 a 1774, indicando los errores del párroco anterior y subsanándolos. Es decir, de todas las correcciones ordenadas por el tribunal leonés, solo se conserva ese legajo de 75 folios, si es que también se llegaron a enmendar los restantes libros sacramentales afectados, porque por lo que yo llegué a ver, los libros que se conservan en León con estas fechas son los defectuosos, no sus correcciones.  Es fácil saber si nos encontramos ante la versión defectuosa o ante su corrección con un vistazo rápido, sin detenernos a leer los contenidos, fijándonos en quién firma el asiento: si el que firma es Baltasar Fernández será la partida defectuosa y si firma Lupercio Díaz de Oseja será su corrección.  Dicho de otra forma, hay que desconfiar de todo aquello que esté  escrito y/o firmado por Baltasar Fernández.

Por la enumeración de errores que dicho legajo contiene, sabemos que Baltasar Fernández no llevó nunca una anotación puntual de la administración de los sacramentos en Oseja y en Soto, anotando a menudo las partidas de bautismo semanas y meses después de la celebración del sacramento, muy probablemente de memoria, sin haber tomado o conservado notas, por lo que se equivocaba de forma reiterada en el nombre de los bautizados, en los nombres de los padres, padrinos y abuelos, en las fechas de los nacimientos  y bautizos y, en el peor de los casos, ni siquiera apuntaba las partidas de bautismo.  A juzgar por lo que dice el documento del tribunal eclesiástico leonés, debemos pensar que hizo lo mismo con los libros de velados, casados y difuntos.   

Esta incompetencia manifiesta del cura párroco de Oseja debió originar muchísimos conflictos y no pocos trastornos, sobre todo en la celebración de los matrimonios de Oseja y de Soto de aquellos años, porque, en la sociedad de la Edad Moderna, una de las finalidades de los libros sacramentales era el registro detallado de la consanguinidad y afinidad de los feligreses, tanto del parentesco carnal, como de la cognación espiritual que adquirían, en este caso, los padrinos de un bautizado (sucedía lo mismo en la confirmación). Recuérdese que en aquella época se consideraba incesto el parentesco y la afinidad hasta el cuarto grado y que, debido al alto nivel de endogamia que existía en el mundo rural, eran muchos los que se veían obligados a solicitar una dispensa apostólica para poder casarse. En la segunda mitad del siglo XVIII, era obligación del párroco indagar en la consanguinidad y afinidad de los contrayentes antes de autorizar la celebración de un matrimonio, lo que se hacía en base a la información que transmitían los libros sacramentales.   

En este legajo de 75 folios hay además otro tipo de información histórica, que no he deshilvanado del todo por falta de tiempo, pero del que voy a poner un ejemplo para terminar.

El documento de la Casa Piñán demuestra que el linaje Díaz-Caneja, de Oseja, ya había emparentado con los Sosa de Vidanes antes del casamiento de Tomás Díaz con María de Sosa. Un tío del Tomás que fue padre de Ignacio y de Joaquín ya estaba casado con una Sosa de Vidanes que, a su vez, fue tía de la mujer de Tomás. Según esto y los cánones de la época, hubo relación de afinidad entre Tomás Díaz de la Caneja y María de Sosa, por lo que debieron necesitar dispensa papal para contraer matrimonio. Espero poder indagar más sobre ese personaje femenino (fuentes hay) para dedicarle una entrada independiente más adelante.   

Resumiendo, todos aquellos que hayan sacado información de alguna partida de bautismo, matrimonio o defunción de vecinos de Oseja y de Soto entre los años 1762 y 1774, de los libros sacramentales que se conservaron en Sajambre hasta que fueron depositados en León, que sepan que es muy probable que las notas tomadas sean erróneas o contengan errores.  

miércoles, 17 de septiembre de 2014

SAJAMBRIEGOS QUE FUERON MERINOS MAYORES DE LA MERINDAD DE VALDEBURÓN




De los 23 Merinos Mayores de Valdeburón que tengo documentados hasta el día de hoy, 6 fueron sajambriegos. El número debió ser algo mayor, aunque al conservarse incompleta la serie documental debemos conformarnos con lo que nos van brindando los testimonios escritos del pasado.  

El cargo de Merino Mayor fue el más codiciado de la comarca y el que mayor prestigio social y poder político reportaba tanto a quien lo ostentaba, como a su familia. 

Su función era exclusivamente judicial, en grado de apelación o juez de segunda instancia, que diríamos hoy. Además, tenía derecho a un porcentaje de las multas impuestas, por lo que el cargo también reportaba notables ingresos a su titular. Solo podía ser desempeñado por nobles y, según los privilegios de la Merindad, era elegido por los concejos, excepto en los períodos en los que formó parte del Principado de Asturias.

Como se va ver muy claramente en la relación que adjunto, quienes desempeñaron el cargo pertenecieron a familias que se casaron entre sí, formando redes de poder. Los sajambriegos distinguidos con dicho honor, documentados hasta el momento, fueron los siguientes.

1666: DON LEONARDO GARCIA, vecino de Soto y marido de Dña. Francisca de la Caneja, descendiente del Arcediano Don Pedro Díaz de Oseja.


Hidalgo notorio, natural del concejo de Amieva, casó con la hermana del arcediano de Villaviciosa, Don Diego de la Caneja. Una hija suya emparentó con los Gómez de Caso de Burón al contraer matrimonio con el tercer Alonso Gómez de Caso, otra de las familias con Merinos Mayores de Valdeburón. Vivía en la casa que poseía su mujer en Soto, llamada con el tiempo la Casa Candamo. Ocupó varios oficios públicos en Sajambre.


1677: DON LEONARDO GARCIA, vecino de Soto, natural del Amieva y marido de Dña. Francisca de la Caneja, descendiente del Arcediano Don Pedro Díaz de Oseja.

1679: DON LEONARDO GARCIA, vecino de Soto, natural del Amieva y marido de Dña. Francisca de la Caneja, descendiente del Arcediano Don Pedro Díaz de Oseja.

Antes de 1698: JUAN DE MARTINO, vecino y natural de Soto. 


De condición hidalga, aunque sin la categoría de notorio. Casado con María Fernández, en su inventario post mortem se dice que dejó por hijos menores a “Juan, Manuela, Rosa, María y Ana Martínez” (los Martino de Soto a veces aparecen en los documentos como Martínez). Esta Rosa Martínez o De Martino es la abuela de Ignacio y Joaquín Díaz-Caneja y Sosa y, por tanto, el Juan de Martino que había sido Merino Mayor fue bisabuelo de los célebres hermanos sajambriegos.

Vivió en una casa compuesta de “cocina, sala, aposentos, bodega y portal, y establos, que en todo son seis bigadas de casa con su portal al lado de atrás, según linda con el río caudal y con los güertos que están al lado de arriba de dicha casa y con casa de los herederos de Pedro Alonso”. Es uno de los pocos sajambriegos laicos que tenían varios censos a su favor, préstamos que hace abundantemente a partir de 1663. Murió en junio de 1699.


1698: DON LEONARDO GARCÍA DE LA CANEJA Y MENDOZA, vecino y natural de Soto.


También llamado Leonardo García de Mendoza. Hijo de Don Leonardo García y Francisca de la Caneja, descendiente del Arcediano Don Pedro Díaz de Oseja y miembro de la Casa de la Caneja. Ocupó varios oficios públicos en Sajambre. Por lo que sé hasta el momento, los miembros de la Casa de la Caneja igualan a los Gómez de Caso, de Burón, en el número de veces que fueron elegidos para ocupar el cargo de Merino Mayor de la Merindad de Valdeburón.


1699: DON LEONARDO GARCÍA DE LA CANEJA Y MENDOZA, vecino y natural de Soto.



1705: GREGORIO DÍAZ DE OSEJA, vecino y natural de Oseja.


Nacido en 1652, es de quien menos datos poseo hasta el momento. Era hermano de Pablo Díaz de Oseja, hijo de Lupercio Díaz de Oseja (fallecido en 1705) y nieto de Julián Díaz de Oseja, quien había construido una capilla funeraria para su familia, llamada de San Antonio, en el lado izquierdo de la iglesia de Santa María de Oseja, donde desde entonces se enterraron los de este apellido.  


1742: TOMÁS DÍAZ DE LA CANEJA Y DÍAZ DE CALDEVILLA, vecino y natural de Oseja.  Durante su gobierno fue Teniente de Merino Mayor, Don Melchor González de Candamo, vecino de Soto, casado con una hija de Don Leonardo García de Mendoza y, para entonces, cabeza visible de la Casa de la Caneja.


Hijo de Juan Díaz de la Caneja y nieto de Tomás Díaz de la Caneja, el que se hizo llamar Díaz de Oseja y fuera escribano público del número y del ayuntamiento del Concejo de Sajambre. Este Tomás Díaz de la Caneja casó con Rosa de Martino, hija del que también fue Merino Mayor de Valdeburón, Juan de Martino.
Por consiguiente, los hermanos Ignacio y Joaquín Díaz-Caneja y Sosa fueron nietos y bisnietos de Merinos Mayores de Valdeburón. 


Antes de 1777: MARCOS ALONSO-TIELVE, vecino y natural de Oseja.


Ya era anciano cuando se le eligió como Merino Mayor, pero el hecho se recordó con orgullo en la familia. Los Alonso-Tielve, asentados en Oseja, eran originarios de Tielve, en el concejo asturiano de Cabrales y antes de llegar a Sajambre se instalaron en Valdeón. Su solar sajambriego fue el barrio de La Pandiella, de Oseja, y su casa estaba situada entre las actuales escuelas y El Campo. A partir de mediados del siglo XIX pierden el apéndice toponímico de su apellido pero siguen documentándose en Oseja. Sus descendientes sajambriegos llegan al siglo XX. Los Alonso-Tielve desempeñaron otros oficios públicos en Sajambre (regidores, jueces, fieles de fechos, etc).