sábado 7 de enero de 2012

EL GANADO MENUDO EN SAJAMBRE DURANTE LOS SIGLOS XVII Y XVIII (2): el ganado caprino y lanar.

Amaltea, la nodriza de Zeus, con el niño dios y un fauno. Año  1615.
Bernini, Gallería Borghese (Roma).


Los inventarios de bienes sólo utilizan categorías de género y edad para referirse a ovejas y cabras.

Los hombres de los siglos XVI y XVII gustaban de la carne de carnero, que nunca faltaba en las mesas de las celebraciones más destacadas. Al considerarlo un manjar, era la ofrenda votiva que distinguía y que nunca faltaba entre los más principales, mientras que el pueblo sólo recurría a estas carnes suculentas cuando había que cumplir alguna promesa importante o se pretendía agasajar a santos y ministros.  Éste podría haber sido el motivo de la escasa presencia del carnero en los inventarios de bienes, siempre presente en la Casa Piñán o en las casas de los curas del valle, pero esporádico entre todos los demás. Si era celebrado como manjar en el siglo, se cotizaría bien y se vendería pronto.

Las crías de la oveja reciben los nombres de cordero/a y cordero/a lechazo/a cuando tienen menos de un año y borro/a, cuando la cría ya ha cumplido el año:  “dos corderas, la una del año pasado y la otra lechaça” (1669); “seis obejas con dos corderos lechaços” (1675); “tres ovejas y un cordero lechazo” (1668); “una ovexa con una borra y un cordero lechaço” (1668); “dos ovexas sin crias” (1667); “yten diez ovejas en que entran las crías” (1715); “seis obejas y un carnero, un borro de un año” (1715); “quatro obejas para parir” (1715).

A los caprinos se les llama cabras, al macho castrado se le designa como castrón y las crías se denominan cabritos/as, chivatos, cabritos/as lechazos/as cuando tienen menos de un año e iguedas cuando ya han cumplido los dos años: “tres cabras con dos cabritos” (1600); “una cabra y una igueda y una cabrita” (1667); “cinco cabras con quatro cabritas” (1667); “dos cabras con dos cabritas lechaças” (1669); “tres cabras, las dos tienen un cabrito lechaço y la otra está escosa” (1669); “yten ynbentariaron un cabrito de dos años” (1706); “”tres cabras, dos yguedas y un castrón” (1706); con más dos cabras y un castrón cojudo que sirbe de padre para las cabras, con más una cabrita” (1715); “cinco cabras, las tres paridas y las otras yguedas del año pasado” (1719); “tres cabras parideras, un chivato, una cabrita y un cabrito” (1719); “dos yaguedas (sic), dos obejas” (1709).

Otro término que también se utiliza es el de recillo que, en Sajambre, significa siempre crías recién nacidas: “doçe reçillos de obexas...mas tres reçillos de cabras” (1699); “yten nueve recillos de obejas y corderos” (1701).

Por el momento no hay suficiente información para saber si en el antiguo Sajambre existieron cabras bermeyas u ovejas xaldas asturianas. No sería raro que, al menos, hubiera existido la cabra de pelo rojo, por tratarse de una raza característica del Oriente de Asturias y especialmente adaptada al terreno más abrupto. 

Una aproximación al número de cabras que tenían los vecinos de Oseja en el año 1664 la proporciona una querella transmitida en una nota in cartulis fechada el 16 de mayo. Juan Díez y Juan de Vega, por sí y en nombre de los vecinos de Las Cortes del pueblo de Oseja, se querellaron de Pedro Díez de La Lastra, el mozo, natural de Ribota, “por aver llevado prendadas çiento y más cabras de la vecería del monte de Monarga y aver dado de palos y maltratado a Marina de la Llomba, pastora del lugar”.  Como causa del secuestro, la apaleada declara que sucedió “por aver entrado quatro cabras en los arvexos y llevaron un grande ataxo de cabras del dicho monte...  en el Ballejo de Monarga”.  En cambio, lo que yo no entiendo es qué hacían en Monarga las cabras de Oseja. ¿No sería precisamente esto el motivo de la prendada y no la razón que aduce Marina de la Llomba?   

El ganado menudo y, en particular, las cabras suelen aparecer en los documentos como víctimas de los lobos. En el año 1814, a la vuelta de una vecería, Manuel de Bulnes, vecino de Oseja, comprueba que el lobo había matado a una de sus cabras que se había distanciado del rebaño, razón por la cual denuncia al vecero, Santiago Rodríguez.  Y un año más tarde, tres rapaces de Oseja acabaron ante la justicia por culpa de una cabra comida por los lobos.

Corría el año de 1815 cuando el alcalde de la Santa Hermandad (entiéndase la policía de la época) investiga un incendio provocado que se había producido “en el monte de la Edrada, que pues que de las declaraciones resulta havían sido Francisco, hijo de Manuel Díaz, Vicente, hijo de José Alonso, y Tomás Piñán, hijo de la viuda de Pacho, los que así la avían (hecho) lo confiesan, como asimismo haver llevado el fuego en que dimanó el incendio por orden de María Varales para que quemaran los despojos de la cavra que días antes le havían comido los lovos, lo que tanvién confiesan los testigos”.  Una vez aclaradas las circunstancias del incendio, el denunciante pide que se haga responsable “a la María de los daños causados, pues que a no haver sido su orden o mandato acaso los muchachos no huvieran llevado el fuego y de consiguiente no se huviera esperimentado el incendio”.   

Además del lobo, el ganado menudo también era víctima de la hechicería. En 1668, se denuncia a Juliana Bermejo, viuda de Julián Díaz, por decir que María de Tejo y Dominga Andrés embrujaban las ovejas para que no dieran leche:  “la dicha acusada, pospuesto el temor de Dios nuestro Señor, se a jatado muchas veces en las ocasiones y partes que se hallava en la conversación y en ellas dicía que María de Texo, muger del querellante, le avía llevado en cierta ocasión la leche de sus ovexas a diezmo y después que se lo avía llevado que no hallara xamás leche que sacar a sus ovexas. Y ansimismo en muchas partes dixo que Dominga Andrés, hixa deste querellante, en el monte prendía las ovexas de dicha Juliana Vermexa y las tentava el ubre, y que por esta raçón avía apartado las sus ovexas de la veçería... Dixo avía gran escándalo en el lugar y se dice la dicha Juliana induce y da a entender que las dichas María de Texo y Dominga Andrés son hechiçeras”.  

2 comentarios:

Lourdes Vega dijo...

Pues sí, en Sajambre con el cerdo se mataban unas cabras o unas ovejas o corderos y tenían el arreglo para todo el año y eso, hasta hace bien poco...Los nombres que se les daban eran poco más o menos que ahora. Sí en Monarga iban y siguen yendo los ganados de Oseja igual que los de Ribota en eso es igual para todo Sajambre los prendaban lo mismo, cuando el terreno etaba Coto, era para todos y todos disfrutaban de los mismos pastos cuando se descotaba.- Algo de las Camuñas todavía existía en mis tiempos. Y...me hizo gracia lo de las hechiceras María y Dominga...una tontería grande.No te digo lo de las Gallinas...con los enseres.

Elena dijo...

Buenas noches, Lourdes. Gracias por aclarar lo de Monarga, claro, ahora ya entiendo que las cabras de Oseja anduvieran por allí. En el documento se habla de plantaciones de arbejos en Monarga, en esa época era un lugar de aprovechamiento mixto, con tierras y prados. Toda una tentación para los ganados. Las gallinas... cada vez que aparecen entre perolas... es que las estoy viendo, ellas a su aire paseándose por delante del escribano y de quienes hacían el inventario.