jueves, 2 de junio de 2011

DON MOISÉS DÍAZ-CANEJA PIÑÁN: el primer historiador de Sajambre y la falsa tradición oral sobre El Piquero.

En Soto de Sajambre llegó hasta la actualidad una “tradición oral” que afirmaba que el antiguo pueblo de Soto emplazado en El Piquero había desaparecido por culpa de un argao que cayó de Beza.  No hace mucho que yo misma, hablando con personas mayores del lugar, escuché como defendían dicha tradición.     

Hoy podemos afirmar que no existió ninguna “tradición oral” al respecto y que lo único que “recuerda” la auténtica tradición local es la antigua existencia de un asentamiento humano en la zona de El Piquero, que hoy sabemos fue el barrio de Cueto Luengo todavía habitado en el siglo XVII.   

El origen de lo que la gente de Soto fue repitiendo en el siglo XX y hasta la actualidad, olvidándose de quién y cómo se formuló por primera vez esta explicación, se encuentra en las notas manuscritas que legó a la posteridad Don Moisés Díaz-Caneja Piñán (1904-1962) y que ha guardado su familia, a la que agradezco desde aquí su amabilidad al proporcionármelas. 

En sus Apuntes descriptivos y reseña histórica del lugar de Soto de Sajambre, Don Moisés Díaz-Caneja escribió los siguientes párrafos:

“¿Por qué se despobló o desapareció el pueblo de El Piquero? Es indudable que aunque El Piquero reúne algunas buenas condiciones de habitabilidad, tiene o tenía algunos inconvenientes:  1º) Su proximidad a la peña de Beza por la parte céntrica de ésta, que es la más pendiente, en donde en invierno suelen bajar formidables aludes de nieve (argaos), tierra, peñascos y troncos de árboles, como lo demuestra toda la ería o loma de Cueto Luengo, Piquero y Justaciello, que es terreno pedregoso y todo de aluvión o acarreo; ahora ya no son tan frecuentes ni fáciles esos aludes, por haberse formado obstáculos de lomas, árboles y peñascos que a través de los siglos se han ido formando. Es posible que un alud destruyera en todo o en parte dicho pueblo y la gente optó por retirarse a lugar seguro y no distante del anterior y por eso eligieron el sitio actual a primera vista resguardado de ese peligro.  2º) El segundo inconveniente de estar allí el pueblo es la carencia de aguas suficientes para los molinos, por tanto se corrieron al lugar actual no muy distante del otro, donde, como se ve, debido a la confluencia de varios arroyos, podía disponerse de agua bastante para la molinería… 

Es también posible que el citado pueblo del Piquero no hubiese sido pueblo propiamente dicho, sino algún mesón o mesones o ventas u hostelería con fragua y capilla, para subvenir las necesidades del tránsito de caminantes.

En resumen (sigue Don Moisés subrayando esta expresión): la tradición afirma que allí estuvo el pueblo primeramente y el apellido Piñán tan antiguo en Sajambre allí radicaba, pues en los escritos antiguos se decía siempre a los de ese apellido “Piñán de Cuetoluengo” y Cuetoluengo es la loma próxima al Piquero, luego, que aquí hubo un pueblo más o menos grande, parece cosa cierta y fuera de duda.

El pueblo, al trasladarse, salvo que lo hiciera por alguna catástrofe efecto de las nieves, debió hacerlo paulatinamente y tal vez perduraría allí alguna venta y fragua para uso de los caminantes, sobre todo mientras el tránsito fue por allí, ya que posteriormente el ascenso a Beza se hizo por Tuliendes, Valdelosciegos...” (M. Díaz-Caneja Piñán, Apuntes…, in.1925, manuscrito inédito, pp.86-87).

Comentario:

Siempre que Don Moisés habla de alguna tradición oral sajambriega lo indica con claridad. En este caso, sólo menciona como tradición oral la antigua existencia de un pueblo en El Piquero y presenta como hipótesis personal y razonada la posibilidad de que un argao o alud destruyera o afectara al asentamiento. Todos los vecinos de Soto conocen estas notas manuscritas de Don Moisés directa o indirectamente, sea porque las hayan leído o porque las hayan oído relatar. Así, con el tiempo, la hipótesis de Don Moisés tuvo el privilegio de convertirse en “tradición oral”.  El pueblo de Soto se apropió de una explicación muy verosímil y la transmitió como una tradición oral.    

Conocedora de la humildad que todos sus contemporáneos le reconocían a Don Moisés y del amor que éste profesaba a su tierra, estoy segura que se sentiría muy orgulloso de esta apropiación popular.  Pero los historiadores debemos establecer los límites, sobre todo al tratarse de algo tan alterable como la transmisión oral. 

Tanto estos Apuntes escritos por un joven Moisés entre 1925 y 1936, como otras noticias históricas sobre Sajambre que también se conservan de su puño y letra demuestran que Don Moisés Díaz-Caneja Piñán procedía científicamente y era riguroso en sus juicios históricos. Puedo ejemplificar esta aseveración de muchas maneras, pero me referiré de momento sólo a dos aspectos que considero fundamentales.     

1º) Don Moisés es escrupulosamente respetuoso con la metodología histórica en el tratamiento de las fuentes y transmite lo contenido en los registros primarios y secundarios diferenciándolos y ajustándose al método y a la realidad de los hechos. Las afirmaciones por él formuladas que se derivan de los documentos conservados en la Catedral de Oviedo (que llegó a conocer muy bien por su trabajo de archivero capitular) son rigurosas y exactas.     

2º) Y de sus deducciones debe decirse que la gran mayoría encajan como anillo al dedo con lo que están mostrando los documentos del Archivo de la Casa Piñán (que Don Moisés no conoció), lo que demuestra que la mayor parte de sus interpretaciones eran acertadas.        

Todo lo que Don Moisés Díaz-Caneja escribió sobre Soto y sobre el valle entre 1925 y 1962 nunca se publicó. Con ello, los sajambriegos perdieron al que sin duda fue el primero de sus historiadores.  

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