jueves, 19 de noviembre de 2009

SOBRE SAJAMBRIEGOS QUE LUCHARON EN LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA: los hermanos Matías y Toribio Simón, de Vierdes.

Cuarenta sajambriegos se alistaron para pelear contra los franceses en la Guerra de la Independencia. Otros, que se quedaron en Sajambre, arriesgaron su vida en diversos cometidos que tuvieron que afrontar, bien por obedecer al invasor, bien por servir a la causa patriótica o, sencillamente, por imperiosas necesidades de supervivencia. En ocasiones, los documentos nos regalan pequeños retazos de sus historias personales.

El matrimonio de Vierdes formado por Pedro Simón e Isabel Cañón, casados en segundas nupcias, tuvo 5 hijos: Joaquín, casado con Isidora Redondo; Modesto, casado con Francisca de Granda; Celestina, también llamada Celeste y Celesta, casada con Isidoro Redondo; Matías y Toribio. Todos ellos tuvieron como medio hermano a Pedro Simón de Granda, hijo del primer matrimonio de Pedro Simón con Isabel de Granda. Los hermanos solteros, Matías y Toribio, se alistaron y combatieron con los Voluntarios de León.

Cuando el padre muere en el año 1812 y se hace inventario de sus bienes a principios de diciembre al objeto de dividir la herencia entre los hermanos, nos enteramos de la suerte corrida por los dos combatientes.

En aquellos días, Matías se encontraba “sirviendo en la presente guerra”, en tanto que el más joven de los hermanos “se halla prisionero en Francia desde la toma de Astorga de el año anterior y no ay noticia de su paradero ni de su salud” (Archivo Piñán, 1812-12-01/03). Escueta pero amarga frase, en la que se trasluce la incertidumbre y se adivina la tristeza de sus allegados y de su anciana madre.

Tenemos aquí, en este joven de Vierdes, a uno de los heroicos defensores de la ciudad de Astorga que, tal vez, jamás pudo regresar a su tierra natal; un héroe sajambriego del que hemos recuperado su memoria. A lo mejor, alguno de los descendientes de esta familia se reconoce en alguno de los nombres que acostumbran a repetirse en las sagas familiares y si no, conservemos su recuerdo como merece su sacrificio.

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