martes, 17 de marzo de 2009

LA FAMILIA PATERNA DEL ARCEDIANO (6): la casa natal del Arcediano en 1655.

En un artículo que el padre Martino publicó en el año 1981 se proporcionaba la descripción que el propio Arcediano hacía de las casas que en el año 1655, diez años antes de su muerte, poseía en el barrio de Las Cortes, en donde describe su casa natal de la siguiente manera:

"...las mis casas que yo tengo en el barrio de Las Escortes, en el dicho lugar de Oseja... con el hórrio entero que está delante de dicha casa... con más la huerta de avellanos que está pegada a la dicha casa y el casar viejo que está delante de ella, con todas sus entradas y salidas, usos y servidumbre, según linda la dicha casa, hórrios y huerta con el camino que va desde El Vallejo a Caldevilla por la parte principal, y por un lado con la riega que viene de la fuente de La Yana; y de un lado de la parte de atrás, linda dicha casa y huerta con la ería que llaman de Cobilones..." (1).

1. La entrada de la casa principal daba al camino que iba del Vallejo a Caldevilla, mientras que la parte trasera lindaba con una huerta de avellanos y la ería de Cobilones. Frente a la casa, había un hórreo (hoy perdido) y detrás de ella, una huerta que aun existe (2).

2. Por su testamento de 1665 sabemos que el edificio que albergó la escuela se construyó pegado a su casa natal y no delante de ella, por lo que no queda claro qué era “el casar viejo que está delante”.

3. Lo que aquí se describe es la unidad básica de la organización tradicional del espacio rural en estas tierras. La edificación principal estaría formada por la vivienda con su antojana, establo y pajar. En el exterior, estaban el hórreo para el grano y la huerta para plantaciones frutales. Este esquema se repite en otras casas del valle en los siglos XVII y XVIII y se mantuvo inalterado desde la Edad Media hasta el siglo XIX y, en muchos casos, XX.

En la época del Arcediano muchas casas debían ser todavía casas terrenas, de una sola planta, aunque quizás no lo fuera la del Arcediano, porque su padre poseía un nivel social más elevado que sus paisanos, por su oficio de notario público. Es, precisamente, el siglo XVII la época en la que empiezan a levantarse los segundos pisos en las casas rurales asturianas.
Por la fotografía de finales del siglo XIX, sabemos que la casa era de mampostería. Así se describe también otra casa de Oseja en un documento del Archivo Piñán, en donde se dice que "el quarto de la casa de cal y canto a donde al presente mora, que se parte con casa de Alonso Díaz y linda con casa de herederos de Juan Díez de Caldebilla". El documento lo escritura el padre del Arcediano, Diego Díaz, en 1594. Los mismos nombres se repiten. ¿Estaremos ante los miembros de la misma familia? El que entrega un cuarto de su casa es el propio Juan Díez de Caldevilla (¿hermano, tío, primo de Diego Díaz quizás?), casado con María de Vega, originaria de Soto.

No existirían todavía los corredores. El corredor con su balaustrada de madera aparece tras la difusión del cultivo del maíz, pero en el medio rural asturiano no se difunde hasta la segunda mitad del siglo XIX. Las innovaciones arquitectónicas en el valle vendrían de la mano de los que habían salido de las montañas y poseían medios económicos para ello. Fue lo que hizo el propio Arcediano cuando transformó su vieja casa natal (lo veremos en el siguiente y último post de este capítulo).

Tampoco habría galerías, los corredores cerrados con vidrio, pues se difunden en el siglo XIX.

En el siglos XVII y XVIII debía estar reciente el abandono de la cubrición vegetal en hórreos, chozos e invernales y en el XVII todavía se documenta en Pío. En los años 1751 y 1783 todavía existían casas techadas con paja en Valdeón, así como hórreos “pajizos” (3) y chozos en las majadas. Una fotografía de 1891 muestra varios chozos con cubierta vegetal de forma cónica en Frañana (4).

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NOTAS
(1) E. Martino, “Don Pedro Díaz de Oseja, fundador del Colegio de San José de Oviedo (I)”, Boletín del Instituto de Estudios Asturianos 103 (1981), 112.
(2) Mi agradecimiento a Lourdes Vega por sus útiles observaciones.
(3) G. Mañana Vázquez, La Garganta del Cares, 2 vol., Oviedo 2003, apéndice documental.
(4) Conde de Sain-Saud, Por los Picos de Europa. Desde 1881 a 1924, Gijón 1995, 55.

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